Me encanta el olor de la bruma matutina, encerrada entre las copas verdes de los árboles que adornan las que, de otra forma,serían planicies sin mayor vistosidad. Ixa'Taka resplandece cuán esmeralda que flota sin preocupaciones en los majestuosos cielos de Arcadia, bajo la suave luz del amanecer, y el opaco resplandor de la luna verde, que tenue brilla sobre sus bosques.

La belleza de éste lugar me impacta, me enamora cada vez que la veo, como si de la primera vez se tratara; como ese primer amor que se siente una sola vez en la vida sólo que, con ella, lo siento una y otra vez e incluso con mayor intensidad en algunas ocasiones.

Mi mente se llena de gozo al imaginarme flotando entre aquel follaje del color del jade, que con el rocío mañanero ante los primeros rayos del sol parece estar cubierto de polvo de diamante. Me siento capaz de volar, y mi alma se siente tan valiente que por un instante pierdo el miedo al vacío, quiero saltar y anhelo sentirme uno con aquel majestuoso paisaje de inmensurable belleza.

Grendel ya no está por aquí para opacar nuestra visita, largos son los años que han pasado desde su derrota a manos de aquel grupo de valientes Piratas Aéreos que, sin esperar nada a cambio, se embarcaron en el viaje de sus vidas.

Cierro mis ojos y casi puedo ver sus rostros juveniles, llenos de euforia por las aventuras venideras, llenos de esperanza y optimismo para el futuro. Por un momento, desearía haberles conocido en persona.

Pero, no se puede evitar el inexpugnable paso del tiempo. Afortunadamente, las leyendas nunca mueren.

El sol se abre camino en la inmensidad del cielo. Los tonos púrpura y ocre le abren camino al azul despejado de un claro día de verano, caluroso desde ya, pero lleno de una suave brisa que está cargada de tranquilidad en este vasto firmamento.

No quisiera irme. Aunque no soy de estas tierras, siento que mi corazón le pertenece al indomable verdor de Ixa'Taka, que se expande casi hasta el infinito, donde se vuelve uno con el naciente azul del cielo.

Las nubes comienzan a formarse lentamente, veo en el horizonte una pequeña silueta, que me hace sonreír al imaginar a aquellos tres jóvenes tripulantes surcar la grandeza de los cielos de Arcadia en aquella primera gran aventura.

Le dedico una sonrisa a su memoria; a fin de cuentas, de no ser por ellos, yo no estaría hoy aquí. Y acompañado de mi fiel amigo, mi loro de siete colores, cuyas plumas hoy son del verde de la luna que aún se divisa en la distancia, me doy media vuelta en una agridulce pero momentánea despedida de Ixa'Taka, y parto hacia un nuevo destino, uno que quizás me llevará a convertirme, como aquellos héroes, en leyenda.