La fresa, el gato y la flor de cerezo.

— ¿Lil' Pumpkin?—inquirió Grimmjow, frunciendo el ceño. Desanduvo sus pasos, subiendo la escalera de dos en dos, y se deslizó con elegancia por el pasillo delimitado entre la baranda y los departamentos—. ¿Estás bien?

Los ojos de Ichigo se habían quedado clavados en el alto hombre pálido, observándolo como si se hubiese levantado desde una tumba. Completamente estático, con la boca entreabierta, la única palabra que había salido de sus labios aún flotando en el aire, como si la hubiesen escrito sobre sus cabezas.

La atmósfera tensa se estiraba cada vez más, como un elástico amenazando con cortarse. Grimmjow frunció el ceño hacia el peli naranja, que parecía completamente incapaz de salir de su estupor. Parecía haberse quedado atrapado en un limbo, muy lejos de allí, un lugar donde nadie podía alcanzarlo.

—Ha pasado mucho tiempo—comentó suavemente el extraño. Al echarle una ojeada evaluadora, el peli azul notó que era muy bien parecido, con su rostro de facciones afiladas aunque extrañamente delicadas, aquellos ojos azules muy oscuros, tan impresionantes como los suyos, y aquella piel de porcelana que parecía resplandecer en plateado bajo las luces de las farolas que iluminaban el estacionamiento—. ¿Dos años ya?

Ichigo abrió la boca para decir algo, pero la cerró de inmediato. Como si despertara del sopor de un sueño muy pesado, parpadeó confuso, para luego fruncir el ceño en su expresión de marca registrada. El pequeño aleteo de pánico que se había levantado en el estómago de Grimmjow se asentó al notar que, por fin, el muchacho había vuelto en sí.

— ¿Qué haces aquí, Byakuya?

Su voz sonó afilada y fría, un tono que nunca le había escuchado. Sabía que ese tipo, el tal Byakuya, debía ser alguien importante para Ichigo. Si no, la tensión en sus hombros no sería tanta, la precaución moviéndose sigilosa tras sus ojos marrones entornados no estaría allí.

El peli azul se debatía entre interferir en aquella burbuja incómoda que solamente los encerraba a ellos dos, o simplemente girarse sobre sus talones y dejarlos en paz. Sin embargo, algo en la forma en la que Byakuya miraba a Ichigo hizo que un estremecimiento caliente y desagradable le bajara por la espalda.

—Grimmjow—dijo Ichigo entonces, girándose hacia él. Le dedicó una tensa sonrisa, dándole una muy corta mirada de soslayo al azabache—. ¿Pueden tú y los muchachos adelantarse?

— ¿Estás seguro?—inquirió, mirándolo a los ojos. Sentía la acuciante necesidad de meterse entre él y el recién llegado, como si Ichigo necesitara protección. Sabía de antemano que el peli naranja era completamente capaz de defenderse por sí mismo, pero sus más básicos instintos le decían que no lo dejara solo.

Aunque, lamentablemente, eso no era su decisión.

Pumpkin asintió con la cabeza, inhalando profundamente. Por la forma en la que su rostro se contrajo, cualquiera podía creer que estaba dirigiéndose a la guerra y no a conversar con alguien de su pasado.

Cuando Ichigo se mordió el labio, Grimmjow supo que no podía simplemente irse.

— ¿Sabes? Que ellos se adelanten. Yo me quedo contigo.

Los ojos marrones de Kurosaki se ampliaron como platos, clavándose en él. A Grimmjow no se le pasó desapercibido el agradecimiento que brilló en ellos como un faro, desapareciendo tan rápido que casi pensó que había perdido el juicio.

Algo más envalentonado, Ichigo se giró hacia Byakuya, que los miraba de hito en hito. Grimmjow pudo notar entonces la delicada curva de su cuello, que caía como el mármol tallado hacia sus clavículas, cubiertas por una camisa negra.

Tenía que admitirlo: el bastardo estaba buenísimo. Buenísimo en plan darle contra el ropero hasta aparecer en Narnia.

Grimmjow, por su parte, se inclinó por la baranda, atrayendo la atención de sus amigos. Los ceños fruncidos y las expresiones de molestia no se hicieron esperar, pero él los interrumpió de inmediato, haciéndoles señas para que se marcharan al café. Después de todo, no estaba demasiado lejos, así que no iba a tardar mucho en alcanzarlos.

Con un encogimiento de hombros, Nnoitra terminó de bajar los últimos peldaños, seguido por Nell, que parecía un tanto decepcionada, Ulquiorra, y cerrando la marcha, Szyael. Se perdieron al bajar por la acera, unos metros más allá, desapareciendo entre la noche como si la oscuridad se los hubiese tragado.

Grimmjow frunció los labios alrededor de su cigarrillo apagado.

—Respondiendo a tu pregunta—dijo Byakuya. Su voz tenía una cadencia plana y suave, como alguien que habla dentro de una habitación llena de personas y que no tiene que esforzarse porque todos en cada rincón lo escuchen. Era francamente enervante—, Rukia ha venido de visita. Se está quedando en un hotel ahora mismo.

— ¿Y has venido tú solo?—inquirió Ichigo. Sus facciones se iluminaron ligeramente, aunque fueron reemplazadas casi de inmediato con un ceño fruncido temible—. No, eso no es lo importante. ¿Cómo conseguiste mi dirección, Bya?

Volviéndose hacia Ichigo, el peli azul no pudo evitar fruncir el ceño ante el apodo.

—Preguntando por aquí, por allá—contestó el aludido, escuetamente.

Kurosaki dejó salir un suspiro de molestia. Apretó el puente de su nariz con los dedos pulgar e índice, como si buscara calmarse ante la desagradable situación. La verdad sea dicha, Ichigo no se sentía listo para tener esa conversación con su ex novio. Era todo demasiado confuso, porque lo había amado como a nadie, y la razón por la que su relación terminó seguía haciéndolo sentir como un inútil.

Después de todo, ¿quién no se sentiría de esa forma si tu pareja decide botarte porque no lo satisfaces sexualmente?

—Escucha, Byakuya—murmuró el peli naranja por fin, bajando la mano y metiéndosela al bolsillo. Su mano libre imitó a la primera y se enfundó en la bolsa. De pronto, el muchacho parecía muy incómodo—. Ahora mismo no puedo tener esta conversación contigo. ¿Te parece si nos vemos en otra ocasión? Realmente no es un buen momen…

—Sí, Lil' Pumpkin tiene razón. Tenemos que irnos—interrumpió Grimmjow, dedicándole a Byakuya esa sonrisa depredadora suya, su labio superior recogiéndose sobre sus caninos. Los ojos azules de Byakuya lo miraron por unos momentos, como si se hubiese sorprendido, pero no pudo estar completamente seguro—. Tenemos un compromiso. Ahora, si nos disculpas…

Alargó la mano hacia Ichigo, envolviendo sus dedos alrededor de su muñeca, y comenzó a caminar, arrastrando al joven tras de sí. Un sonidito ahogado escapó de sus labios, algo que iba entre una protesta y la estupefacción, pero no dijo nada mientras Grimmjow hacía su camino por las escaleras y luego la acera.

Estaba molesto. Muy molesto.

Más allá de que Ichigo fuera un excelente ligue, Grimmjow había llegado a preocuparse realmente por él. Se llevaban bien; era casi como si se conocieran de toda una vida. Le gustaba escucharlo reírse a carcajadas, la forma en la que fruncía el ceño y en la que sus ojos siempre tenían esa chispa de alegría brillando en ellos. Pero frente a Byakuya, Ichigo parecía caer a un papel demasiado sumiso para su gusto. No le gustaba ni siquiera un poco.

— ¡Grimmjow!—se quejó Ichigo, tirando violentamente de su mano para poder liberarse. El peli azul se detuvo abruptamente, girándose a ver al muchacho, frunciendo el ceño hacia él. Clavó sus ojos en la mano de Ichigo, que sobaba suavemente la muñeca dolorida—. ¿Qué diablos te pasa?

—No actúes como si no lo supieras—bufó, sintiéndose estúpido por tener la necesidad de explicarse. Nunca la había tenido, después de todo—. Ese tipo te pone de los nervios.

—Ese tipo—siseó Ichigo, dedicándole una fría mirada—, es mi ex novio y el hermano de mi mejor amiga.

—Eso no quita que te ponga de los nervios.

El muchacho abrió la boca para decir algo, pero luego la cerró sin que ningún sonido hubiese salido de ella. Un leve sonrojo se le subió a las mejillas mientras desviaba la mirada desde Grimmjow, encontrando de pronto muy interesante una grieta en el pavimento.

—Venga, Pumpkin, puedes contarme—lo persuadió, suavemente. No estaba acostumbrado a hablarle suavemente a nadie, pero realmente nadie le importaba a ese punto. Quizás Ichigo sí lo hacía—. Ya compartimos más que una agradable amistad.

Ichigo soltó una carcajada, y la tensión en los hombros de Grimmjow se relajó instantáneamente. Ni siquiera sabía por qué se sentía tan alerta, pero algo de ello hizo que una desagradable sensación de desazón se asentara en sus huesos.

—Fue mi primer novio—murmuró Kurosaki, suspirando con cansancio—. Mi primera vez.

¿Cómo competir con eso?, se dijo el peli azul, apretando los dientes.

—Y me botó porque según él, no lo satisfacía sexualmente.

Aquello hizo que Grimmjow dejara salir un sonidito estrangulado. ¿Lil' Pumpkin? ¿No satisfacerlo sexualmente? ¿Qué clase de estupidez era esa? Ichigo era, hasta el momento, el mejor ligue que el peli azul se había encontrado en toda su vida. La forma en la que hablaba dentro del dormitorio, cómo usaba su cuerpo de formas francamente increíbles, lo flexible que era, lo expresivo que resultaba ser, la sensualidad con la que hacía absolutamente todo en la cama. ¿Cómo podía una persona no estar satisfecha con él?

— ¿El tipo está ido de olla?—inquirió, antes de darse cuenta de lo que había dicho.

—Supongo que fue porque no me gustaba todo el rollo del sadomasoquismo—se encogió de hombros, quitándole importancia al asunto. No obstante, Grimmjow pudo ver el dolor que estalló en su rostro al decir aquello—. Pero no importa. Fue hace dos años y medio.

Grimmjow observó largamente al muchacho. Con veinticinco años, nunca había tenido una pareja. Ni siquiera un amigo con beneficios; no hasta Ichigo. Tampoco se había preocupado por alguna de las personas que pasaban por su cama. Pero algo en el chico era distinto, algo tenía que lo hacía sentir la necesidad de protegerlo y verlo contento.

El dolor y la humillación que brillaban en sus ojos no pertenecían allí. Era antinatural; cada célula, cada átomo de su cuerpo se lo decía. Ichigo se merecía tener una sonrisa siempre en los labios, no sentirse como una mierda porque simplemente no congenió con alguien en la cama. Mucho menos cuando se trataba de algo como eso. ¿Y qué si no estaba de acuerdo con dejarse dominar de esa forma? El BDSM requería el consentimiento de ambas partes. ¿Cuál era el problema de un polvo vainilla cuando lo que venía con ello era un video porno con piernas?

Sin mencionar las charlas interesantes, el cuidado, el cariño y la comprensión que Ichigo ofrecía.

Pero por muy enojado que Grimmjow se sintiera, había un pequeño problema.

Aquello no era su asunto.

—Vamos. Nell va a tocar en quince minutos—susurró, desviando los ojos desde Ichigo para mirar hacia la esfera del reloj en su muñeca. Pero, sobre todo, para que no viera el conflicto interno que lo arrastraba como la enfurecida marea de un día de tormenta.

— ¡Buenas noches a todos!—saludó la alegre voz de Nell. Sentada cómodamente en un alto taburete de madera, con los talones apoyados en los listones horizontales que mantenían unidas las patas y la guitarra cruzada sobre el regazo colgando de una correa de color verde agua que combinaba perfectamente con su cabello, le dedicó una sonrisa al público asistente a la función de aquella noche. El pequeño café perteneciente a su madre estaba lleno a rebosar, gente ocupando todas las mesas y asientos de la barra, e incluso parada entre las personas sentadas. Se sentía la excitación sobrevolar las cabezas de los asistente, y por un momento, Ichigo se sintió genuinamente feliz por Nell. Parecía llevarse muy bien con los clientes que iban a verla—. Como ya saben, soy Nelliel. Esta noche, voy a tocar tres canciones para ustedes.

— ¿Sólo tres?—murmuró Nnoitra, parado detrás del peli naranja. Habían llegado ligeramente tarde, así que habían perdido la posibilidad de sentarse en una de las mesas. Sin embargo, estaban muy cerca del pequeño escenario iluminado con luces magenta y azules que hacían parecer a Nell una aparición.

A su lado, Grimmjow sonrió ampliamente, mostrándole a la nada sus afilados caninos. Ichigo tuvo que contener el gemido que luchó por dejar sus labios; era la misma sonrisa malévola que le dedicaba antes de estamparse completamente contra él y enviarlo directamente al borde del dolor y del placer.

¿Era ético que hiciera eso en público, en frente de la asexual Nelliel Tu Odelschwank? Pues no. ¿Le interesaba a Grimmjow que lo fuera? Mucho menos.

—La primera se llama This is Gospel, de Panic! At The Disco. Espero la disfruten.

Mientras la muchacha comenzaba a rasguear las cuerdas de su guitarra con una innegable habilidad, Ichigo le dedicó una mirada de soslayo a Grimmjow. El peli azul se había unido a los vítores que habían explotado desde la pequeña multitud, aplaudiendo y aullando hacia su amiga, que les dedicaba una sonrisa. Bajo las suaves luces de colores, sus ojos parecían cambiar de color a medida que lo hacía la iluminación; del morado al verde, luego al azul, luego al rojo. Su cabello había perdido el color, luciendo plateado y luego magenta, su piel brillando como latón.

Seguía sin poder creerse lo comprensivo que se había mostrado Grimmjow luego del incidente con Byakuya, y ciertamente, seguía sin poder hacer entrar en su cabeza que Byakuya Kuchiki realmente estaba en Estados Unidos. Habría podido esperar un montón de cosas, pero no que su ex estuviera en el mismo continente. Mucho menos en la misma ciudad.

Cuando Nell comenzó a cantar, Ichigo tuvo que desviar toda su atención desde Grimmjow hacia la muchacha. Había cerrado los ojos y estaba vertiendo su alma en la letra, una canción que el peli naranja había oído una que otra vez pero a la que realmente nunca le había puesto atención. Se arrepentía por ello, porque la letra sonaba francamente hermosa.

—Eh, Pumpkin—oyó que Grimmjow murmuraba en su oído—. ¿Te parece si después de que Nell se baje del escenario vamos a alguna parte?

Kurosaki le dedicó al mayor una mirada sorprendida.

— ¿Alguna parte como cuál?—inquirió, frunciendo el ceño.

—No lo sé—contestó el otro, encogiéndose de hombros—. Puedes escoger el lugar.

— ¿Estás tratando de meterte en mis pantalones, Kitty?—consultó Ichigo, cruzándose de brazos e intentando parecer severo. Sin embargo, la risita que se filtró en su voz arruinó todo el efecto.

— ¿Yo? ¿En tus pantalones, Lil' Pumpkin?—Grimmjow puso la mano derecha sobre su corazón, pareciendo ofendido—. ¿Cómo se te ocurre?

El muchacho soltó una carcajada que silenció contra el dorso de su mano. Agradecía infinitamente que Grimmjow intentara distraerlo, porque su cabeza seguía vagabundeando hacia los recuerdos felices de sus primeros meses de relación con el jefe de la familia Kuchiki. Era extraño pensar en todo ello, sobre todo tomando en cuenta la vida sexual tan activa que llevaba últimamente.

—Es para que puedas relajarte—continuó el peli azul. Su voz carecía del tono juguetón de antes y el sarcasmo que parecía llenar sus palabras cada vez que abría la boca. Se había metido las manos a los bolsillos y parecía ligeramente incómodo—. Sigues tenso después de encontrarte con él.

Ichigo le dedicó una mirada fija a Grimmjow. Lo observó detenidamente, desde los mechones que caían sobre su frente, hasta la sombra azulada de la barba que crecía en su barbilla. Lo miró a los ojos, notando cómo Grimmjow parpadeaba sorprendido, para luego sonreírle lentamente.

—Gracias por eso.

—Hey, ¿para qué son los amigos?

¿Amigos? Ichigo sabía que Grimmjow y él eran muchas cosas, pero "amigos" no era técnicamente una de ellas. Se acostaban, compartían secretos, dormían juntos, salían a parrandear de vez en cuando, vivían juntos. Pero, ¿se puede entablar una amistad con alguien con quien tienes relaciones varias veces por semana?

—Exactamente para eso—contestó, incluso aunque su debate interior amenazaba con salir por su boca.

Nelliel tocó Can't Help Falling in Love y Stay the Night. Ambas canciones hicieron que el público se volviera loco y los vítores se alzaran desde la multitud como un grito de guerra. La sonrisa kilométrica de Nell iluminaba todo el local mientras se inclinaba ligeramente para agradecer los aplausos y se colgaba la guitarra a la espalda, descendiendo del escenario con ayuda de Ulquiorra.

Desapareció unos momentos detrás de bambalinas y reapareció sin el instrumento colgado. Tenía una ligera pátina de sudor que le perlaba la frente y las sienes, haciendo que el ralo cabello de la zona se encrespara y brillara bajo las luces de colores que seguían prendidas. El arrebol en sus mejillas hacía que sus ojos brillaran casi como si tuviera fiebre, pero del mes que Ichigo la había conocido, nunca jamás la había visto tan feliz.

— ¿Qué les pareció?—preguntó, acercándose a ellos y enganchando su codo casualmente con el de Nnoitra. Ichigo tuvo que contener una risita—. ¿Les gustó?

—Nelliel—dijo Ulquiorra, solemnemente. La muchacha le dedicó una mirada expectante, mientras él se aclaraba la garganta en son de broma—, podrías presentarte a The X Factor.

—Estás de broma—rió ella. Sin embargo, a nadie se le pasó el sonrojo de adulación que enmascaró al de emoción.

—Eso fue genial, Nell—la felicitó Ichigo, sonriéndole—. De veras podrías hacer carrera como cantante.

La ronda de felicitaciones se repitió un par de veces, y ya a las doce de la noche, Nelliel estaba extasiada. Los seis jóvenes pidieron unas cervezas y celebraron el triunfo de la muchacha, entre risas, conversaciones y cada vez más alcohol. Ya a la una de la mañana, todos estaban relativamente ebrios, momento en el que Szyael, el más sobrio de todos, propuso volver al departamento.

Ichigo y Grimmjow, sin embargo, alegaron que iban a quedarse un rato más. A pesar de que el peli azul le había propuesto a Kurosaki ir a otro lugar, Ichigo se encontró cómodo y a gusto en ese mismo sitio. Se despidieron de los demás, mientras buscaban una mesa libre al fondo del pequeño café, y cambiaban el alcohol por algo de cafeína.

La música ambiental era suave y las luces, tenues. Mientras ambos hacían sus pedidos y esperaban por sus cafés sentados cómodamente el uno frente al otro, entablaron una amena conversación, sin tintes sexuales por primera vez desde que se conocieron. Ichigo descubrió que de hecho Nell y él eran primos hermanos por parte de madre, que tenía un hermano menor llamado Axel que vivía en Seattle con sus padres. Que su padre era un fanático acérrimo de la ciencia ficción y su madre una excelente cocinera.

Grimmjow, por su parte, escuchó atentamente la descripción que Ichigo hizo de su familia. Desde las gemelas Yuzu y Karin, de diecinueve años, pasando por su fallecida madre Masaki, hasta su loco padre, apodado «la cabra vieja» por sus tres hijos y cuyo nombre real era Isshin Kurosaki. Le relató algunas aventuras que había tenido con sus amigos Renji, Rukia e Ishida en Japón, le contó acerca de cómo había conocido a Shinji desde que eran pequeños, para luego reencontrarse en Estados Unidos.

Hasta que a Grimmjow se le ocurrió meter el dedo en la llaga:

— ¿Y qué hay de ese tipo?—inquirió, dándole un sorbo a su segunda taza de café. El hormigueo del alcohol se retiraba de su sistema, siendo reemplazado por la cafeína que le burbujeaba a través del torrente sanguíneo—. ¿El tal Byakuya?

Ichigo apretó los labios, desviando la mirada. Era increíble que pudieran tener una conversación tranquila en medio del caldeado ambiente del café, con la música, las risas, las conversaciones y las personas yendo de acá para allá. Y no obstante, se las habían arreglado para generar su propio espacio privado, sin problemas para escucharse el uno al otro, inclinados hacia delante y dejando al mundo exterior tras sus espaldas.

No quería explicarle todo a Grimmjow, porque estaba seguro que iba a pensar en que era un estúpido. Lo cierto es que Ichigo se sentía como uno; no debería dejar que una cosa como esa le afectara tanto. Pero no podía evitarlo; había tenido solamente diecinueve años cuando había estado con él. Era su primera pareja, la primera persona que le gustó de esa forma.

—Es el hermano de Rukia—relató Ichigo, cuidadosamente, envolviendo sus dedos alrededor de la taza de café. El calor hormigueó en las palmas de sus manos y las yemas de sus dedos—. Era un misterio, ¿sabes? Rukia nunca supo que estuviera con nadie. El tipo está como quiere y… yo estaba medio enamorado de él desde que lo conocí.

Grimmjow apretó los labios. ¿Por qué le molestaba oír algo así? No era como si sintiera algo más que compañerismo por Ichigo…

—Cuando se me acercó, apenas lo pude creer. Me dijo que le gustaba, que quería salir conmigo. Todo fue genial al principio y luego… bueno, ya sabes el resto de la historia. Creyó que era un frígido. Y ahí vas, tomé mis cosas y me marché a Estados Unidos huyendo de él.

Dejó salir un suspiro resignado y se llevó la taza a los labios. Le dio un corto sorbo a su café, luego de soplar el vapor que se alzaba desde la bebida, haciendo todo lo posible por no mirar a Grimmjow. Le incomodaba ligeramente la fija mirada del peli azul, sus ojos como zafiros clavados sin clemencia en su cara, como buscando algo que Ichigo no podía siquiera llegar a imaginarse.

El rostro de Ichigo estaba ligeramente sonrojado debido a las cervezas y al calor que se alzaba en oleadas desde su brebaje. Los ojos color ocre parecían brillar tenuemente bajo las luces suaves del café, y su cabello estaba desparramado, oscurecido por el ligero sudor que perlaba sus sienes y encrespado en sus patillas allí donde una gota de transpiración amenazaba con dejarse caer al vacío.

Era jodidamente guapo. No, ni siquiera guapo. Eso no alcanzaba a cubrir lo que Ichigo realmente era; no había palabras en el vocabulario de Grimmjow para poder explicar el retortijón que sus tripas daban cada vez que lo miraba por mucho tiempo.

Para poder hacer algo de tiempo, imitó al peli naranja y le dio un largo sorbo a su café. Su cabeza ligeramente nublada por el alcohol etílico se estaba volviendo loca, eso era fácil de decir. Que encontrara guapo a Ichigo sobrio era lógico, el tipo podía tirarse un sarape encima e iba a seguir viéndose como una porno con piernas. Pero medio ebrio, su mente transformaba todo en un cuento de hadas en el que Grimmjow no creía.

Tener un coeficiente intelectual de ciento cincuenta puntos no le había hecho la vida más fácil. De hecho, se la había complicado de maneras innecesarias. Se había pasado años de su vida intentando descifrar las emociones que parecían llevarlos a todos al desastre, tratando de comprenderlas y asimilarlas. No lo había logrado jamás; razón por la que había comenzado a sentirse fastidiado de todo y todos. Pero entonces ese chico llegaba, con su obsesión por la limpieza, con la sensualidad que le resbalaba de los poros como sudor, con ese aroma almizclado enloquecedor. Y de pronto, las emociones que tanto había alejado por ser incapaz de entenderlas lo habían golpeado como las olas enfurecidas del mar en medio de una tormenta.

—Es un idiota—dijo de pronto, enredándose con las palabras. Ichigo le clavó sus ojos marrones, sorprendido, mientras bajaba el tazón blanco desde sus labios—. Byakuya, quiero decir.

Parpadeando confuso, el muchacho dejó la taza sobre el portavasos de goma.

—El idiota soy yo, Grimm—suspiró, apuntalando el codo en la mesa y apoyando su cabeza contra el talón de su mano. Jugueteó con el sobre de azúcar vacío, estirándolo entre los dedos de su mano izquierda y arrugándolo de nuevo—. No debería dejar que me afecte tanto.

—Es lógico que te afecte—continuó el peli azul, ya con más confianza—. Fue tu primer novio, tu primer amor. Eso siempre marca.

— ¿Y tú, Grimmjow?—inquirió Kurosaki, sonriendo ahora. Dejó el sobre de azúcar sobre la palma de su mano, observándolo atentamente como si la arruga que lo dividía en dos de manera diagonal fuera la cosa más interesante del mundo—. ¿Tienes algún primer amor que te haya marcado?

Una sonrisita se ladeó en los labios de Grimmjow, su labio superior levantándose y mostrándole al muchacho un afilado canino. Ichigo sabía lo que esos dientes podían hacer, y se maldijo en su fuero interno al estremecerse con el recuerdo.

—Mi primer amor siempre he sido yo mismo, Lil' Pumpkin.

— ¿Nada de rechazos, entonces?—bromeó.

Grimmjow soltó una carcajada.

—Por supuesto que no. Soy perfecto para mí mismo.