Ella era una estrella.

Para ser más precisos ella era la segunda estrella a la derecha, más comúnmente conocida por las personas como la "Estrella Cisne".

Era la estrella más brillante del cielo. Era la estrella que salía incluso hasta en las noches más oscuras y tormentosas. Era la primera en salir, y la última en desaparecer. Era a la que todos los marineros buscaban para poder guiarse, y a la que todos acudían para pedir sus deseos. Era un símbolo de fuerza y esperanza.

Incluso había días donde no dejaba de brillar ni por un instante, sin importar que tan claro estuviera el cielo. Los expertos en observar el cielo siempre podían encontrarla.

Pero ella no siempre había sido una estrella. Ella originalmente había sido una humana. Ella había sido una hermosa niña, de cabello dorado, ojos verdes y pequeñas pecas. Ella había sido Emma, la Princesa del Bosque Encantado. Ella había sabido lo que era el amor gracias a sus padres, ya que ella era producto del amor verdadero que ellos compartían. Sus padres David y Mary Margaret, los Reyes, habían sido personas amables y leales, habían sido los monarcas más respetados y queridos de todos los Reinos. Emma había sido feliz con ellos, pero la felicidad no duró mucho.

Cuando Emma a penas tenía cinco años, un poderoso hechicero que se hacía conocer como Rumpelstiltskin se propuso conquistar a todos lo Reinos, incluyendo el Bosque Encantado. Una noche se apareció en el castillo, David lo enfrentó mientras Mary Margaret escapaba con ella. Su madre la hizo correr por el bosque, hasta que de repente tuvieron que frenar al llegar a un gran lago. Empezaron a rodearlo, pero Rumpelstiltskin se apareció frente a ellas.

- ¿Qué es lo que queres? – Preguntó Mary Margaret ubicándose frente a su hija de manera protectora.

- Quiero el Reino y el poder de ustedes. – Respondió Rumpelstiltskin.

- Nunca podrás tenerlo, el poder no es algo que se gana, es algo que las personas le dan a uno voluntariamente. – Dijo Mary Margaret con convicción.

- Yo creo que si puedo ganarlo. – Discutió Rumpesltiltskin. – Ya asesiné a tu esposo, y ahora te mataré a vos y la niña, y así el Bosque Encantado será mío. – Explicó sus intenciones.

- Emma vete lo más lejos que puedas, corre. – Pidió Mary Margaret a su hija, con su espada lista para pelear contra el hechicero.

- Pero… - Protestó Emma, invadida por el miedo.

- Hazlo por favor. – Insistió Margaret y Emma le hizo caso yéndose corriendo de allí. – Estrellas por favor cuiden y protejan a mi amada hija, no dejen que mi sacrificio y el de mi esposo hayan sido en vano. – Deseó con fe mirando hacia el cielo lleno de estrellas.

Mary Margaret peleó valientemente contra Rumpelstiltskin, pero sus habilidades con la espada no importaron, aún cuando ganó en la pelea. Rumpelstiltskin hizo cenizas la espada de ella, luego le sacó el corazón y lo aplastó en su mano acabando con su vida.

Emma corrió lo más rápido que pudo, sin detenerse, como su madre le había pedido. Corrió siguiendo el camino del lago, creyendo que quizás iba a poder encontrar alguien que la ayude. Pero de repente Rumpelstiltskin apareció frente a ella, le dijo que había asesinado a su madre, e intentó arrancarle el corazón de su pecho. Pero eso no funcionó, el hechicero no pudo sacarle el corazón porque Emma era producto del verdadero amor. Ante la furia de eso, la tiró al lago y la convirtió en un cisne convencido de que no iba a sobrevivir mucho tiempo.

Las estrellas fueron testigo de todo lo que sucedió, y decidieron cumplir el deseo de la Reina Mary Margaret. Para cuidar y proteger a la niña la convirtieron en una estrella igual que ellas, ya que creían que el mundo humano era demasiado peligroso para una persona tan pura y proveniente del amor verdadero, el mundo humano solo la lastimaría.

Emma se convirtió en una estrella, pero sus recuerdos de su vida humana quedaron siempre presentes en ella. Su historia fue conocida en todos los Reinos, y por eso las personas decidieron llamarla la "Estrella Cisne".

Ella era una estrella, pero no era feliz siéndolo. Porque ella, a diferencia de las demás estrellas, sentía como una humana. Por eso era la estrella más brillante del cielo, porque su historia y recuerdos dolían demasiado. Ella sabía lo que era ser amada, y siendo una estrella tenía que soportar la soledad que eso implicaba. Pero eso era más de lo que podía soportar, y eso la hacía arder intensamente hasta explotar una y otra vez en intensos rayos de luz. Su tristeza y dolor era lo que la hacían brillar más intensamente que cualquier otra estrella. Ella quería volver a ser humana, ella quería volver a sentir lo que era el amor.

Las estrellas eran proveedoras de deseos, pero también podían pedir un deseo. Podían hacerlo una vez en sus vidas, en el cumpleaños número veintiuno. Así que cuando fue el cumpleaños número veintiuno de Emma, ella se paró frente al consejo de estrellas y pidió su deseo, el deseo que había tenido desde que fue convertida en una estrella.

- Quiero ser humana. – Deseó Emma frente a todas las demás estrellas.

- ¿Estás segura? – Preguntó la Estrella Azul.

- Si. – Asistió Emma.

- Pero Emma, sos la estrella más brillante del cielo, no podemos perderte. – Dijo la Estrella del Norte. - ¿No hay otra cosa que quieras? – Preguntó.

- No, mi único deseo es ese. – Respondió Emma con sinceridad.

- ¿Por qué querrías ser una humana cuando los humanos son seres tan terribles y desagradables? – Preguntó la Estrella Campanita.

- No todos son así, hay humanos buenos y llenos de amor. – Contestó Emma. – Yo quiero eso, quiero amor. – Explicó.

- ¿No te parece suficiente amor el que tienes como estrella? ¡Todas las personas te aman por ser la más brillante del cielo! – Dijo la Estrella María Segunda.

- Pero siendo estrella tengo que estar sola y soy miserable. – Discutió Emma.

- ¿Ni siquiera te importa el sacrificio de tus padres? – Preguntó la Estrella del Norte.

- Tu madre se sacrificó para salvarte y nos pidió que te cuidemos, ¿Para qué? ¿Para qué ahora estés deseando volver a ese mundo cruel y ponerte en peligro? – Dijo la Estrella Campanita.

- ¡Ni se les ocurra mencionar a mis padres! – Exclamó Emma.

- Alguien tiene que hacerlo porque estás cometiendo un error. – Dijo la Estrella María segunda.

- Esto no es un error, yo tengo derecho al deseo que quiera. – Peleó Emma.

- Este si es un error. – Insistió la Estrella Campanita.

- Suficiente. – Dijo la Estrella Azul interrumpiendo la discusión. – Emma estoy dispuesta a cumplir tu deseo, pero a la vez tengo que ponerle un límite para considerar el deseo que había hecho tu madre. – Dijo con calma. - ¿Estás segura que ese es tu deseo? – Volvió a preguntar.

- Si, estoy segura. – Asistió Emma.

- Bien. – Aceptó la Estrella Azul. – Te voy a conceder un mes de vida humana, si en ese tiempo conoces a tu amor verdadero podrás quedarte en la Tierra, sino deberás volver al Cielo a tu labor de Estrella. – Expresó sus condiciones.

- Acepto. – Dijo Emma con una pequeña sonrisa.

Y así la Estrella Cisne volvió a ser humana, volvió a ser Emma. En el día de su cumpleaños veintiuno, la Estrella Cisne cayó a la Tierra convertida nuevamente en una mujer humana.