Él era un pirata.

Para ser más precisos él era un famoso Capitán Pirata. Su nombre era Killian Jones, pero todos lo conocían como "Capitán Garfio". Él era valiente, aventurero, y uno de los mejores luchadores de espada que existían. Tenía un fuerte carácter, lo cual le permitía mantener el respeto y orden de sus hombres.

Pero él no siempre había sido un pirata. Él había sido un niño feliz, hasta que su madre murió y su padre lo abandonó. Pero siempre tuvo a su hermano Liam con él para cuidarlo y enseñarle a ser un buen hombre. Juntos se convirtieron en hombres de la Marina Real, y cuando Liam se convirtió en Capitán, Killian decidió seguirlo como parte de su tripulación.

Su flota pertenecía al Reino de Mistheaven. Cuando el Rey George les pidió ir a un Reino llamado Neverland, en busca de una planta mágica que supuestamente los iba a ayudar a ganar una guerra que estaban enfrentando, Killian sospechó que había algo raro en el extraño pedido. En Neverland conocieron a Peter Pan, un niño demonio que les advirtió que tengan cuidado con todo lo que pertenecía a esa isla. Killian se sintió más intranquilo después de eso, sus sospechas más el discurso de Pan, lograron que no quiera saber nada con esa misión.

- Liam espera, no sé si es una buena idea agarrar esa planta. – Dijo Killian cuando su hermano estaba por agarrar la planta.

- ¿Por qué no? – Preguntó Liam confundido.

- Porque es raro que el Rey nos haya pedido eso, ¿Cómo se supone que una planta va a ayudar a ganar una guerra? – Dijo Killian con cierta ironía. – Aparte lo que dijo ese niño demonio me dejo una mala sensación. – Agregó.

- Killian, nuestro Rey es un bueno hombre, él no nos mandaría a hacer malo o peligroso. – Discutió Liam.

- No sé, yo no estaría tan seguro de eso. – Negó Killian.

- Déjame demostrártelo entonces. – Dijo Liam agarrando la planta.

Liam se llevó una hoja de la planta a la boca, y luego se desplomó en el piso. Killian lo agarró en sus brazos sintiendo una gran desesperación. Su sospecha había sido real, la planta era peligrosa y por culpa de ella su hermano murió envenenado en sus brazos.

Killian se convirtió en Pirata y en Capitán ese día, y toda la tripulación se unió a él sin dudarlo. Fue a Mistheaven dispuesto a enfrentar a George y asesinarlo por ser el culpable de la muerte de su hermano. Pero así como Killian había estado en lo cierto en que la planta era peligrosa, Liam había estado en lo cierto en que George era un buen hombre.

- ¿Dónde está el Rey? – Preguntó Killian entrando a la sala principal del castillo.

- Yo soy el Rey. – Dijo un hombre extraño.

- George es el Rey. – Discutió Killian.

- No desde que yo lo asesiné. – Explicó el extraño. - ¿Para qué querías ver a George? Si querías convertirte en un Rey, llegaste tarde Pirata. – Comentó con una sonrisa maligna.

El hombre extraño era Rumpelstiltskin, un poderoso hechicero. George no era quien los había enviado en búsqueda de la planta, sino que había sido Rumpelstiltskin. Decidido a vengar la muerte de su hermano y la de su Rey, Killian lo enfrentó. La pelea de espada la ganó él, pero al final Rumpelstiltskin se deshizo de su espada con su magia y lo dejó sin una mano.

A partir de ese día Killian usó un Garfio de metal en el lugar donde tendría que estar su mano izquierda. A partir de ese día se convirtió en uno de los Piratas más respetados de todos los Reinos, ya que siempre se encargaba de luchar contra los hombres de Rumpelstiltskin y arruinar algunas de sus misiones. Killian se había propuesto que no iba a parar hasta derrotar a ese hombre.

Killian pensaba que nunca iba a volver a ser feliz después de la muerte de su hermano, hasta que conoció a Milah. Ellos tenían una relación extraña y simplemente basada en lo sexual. Ambos sacaban lo peor del otro, pero se continuaban eligiendo una y otra vez porque creían que personas oscuras como ellos merecían estar juntas. Él creía que estaba enamorado de Milah. Ella era una mujer hermosa y fuerte. Cuando llevaban un año de estar juntos, Killian decidió proponerle matrimonio.

- ¿Me harías el honor de ser mi esposa? – Preguntó Killian de rodillas.

- No. – Negó Milah después de un largo silencio. – Lo siento, pero no puedo. – Se disculpó.

- ¿Por qué no? – Preguntó Killian poniéndose de pie a la vez que sentía que su corazón se partía.

- Porque Killian, yo me voy a casar con Rumpeltiltskin. – Justificó Milah.

- ¡¿Con Rumpelstiltskin?! ¡¿Cómo vas a casarte con él cuando es quien asesinó a mi hermano, él es mi enemigo y a hace años que estoy intentando vencerlo?! – Cuestionó Killian lleno de furia.

- Estos son tiempos de guerra, y él me quiere a mí. Tengo que aceptar, él es el único que puede mantenerme a salvo a mí y a mi familia. – Intentó explicar Milah.

- Una persona tan malvada como él no te va mantener a salvo. – Peleó Killian. - ¿Por qué lo elegís a él cuando yo te amo? – Preguntó frustrado sin comprender lo que sucedía.

- Si me amas de verdad, vas a tener que demostrarlo. – Dijo Milah.

- Por vos estoy dispuesto a hacer lo que sea. – Aseguró Killian.

- Entonces tráeme una estrella. Si sos capaz de darme una estrella, entonces en vez de casarme con Rumpelstiltskin me casaré con vos. – Dejo saber Milah su condición.

Killian volvió al Jolly Roger y emprendió camino hacia el Valle de las Estrellas. Dejo su barco en la Ciudad Dorada, a cuidado de su mejor amigo Robin y emprendió su misión. Tardó una semana a caballo y a pie, en llegar al Valle de las Estrellas. Según los mitos, aproximadamente una Estrella caía cada cien años a la tierra. Si eran correctos, la suerte estaba a su favor ya que ese año tendría que caer una. ¿Para qué querría Milah una estrella? Killian no tenía la menor idea, pero estaba dispuesto a hacerlo por ella, a demostrarle su amor y salvarla de lo terrible que podía ser un casamiento con Rumpelstiltskin.

Miró al cielo y observó por un rato su estrella favorita, la "Estrella Cisne". Esa estrella era una de las pocas cosas constantes en su vida, era la que siempre lo guiaba. Ella era la primera en estar y la última en irse, y la única presente sin importan el tiempo. Era la única que lo acompañaba sin importar su estado, ni su humor. Y claro que lo iba a acompañar, era una estrella, no era un humano que tenía la posibilidad de escaparse de él y dejarlo solo. Cerró los ojos y por primera vez le pidió un deseo: Que una estrella caiga a la tierra.

La noche que Killian llegó al Valle de las Estrellas, una estrella cayó a la tierra.