Berk era sinónimo de crimen.

La ciudad, alguna vez una gran metrópolis, era ahora un nido de ratas donde la corrupción, los asaltos y los asesinatos eran tan comunes como salir a dar una vuelta a la manzana, o tan siquiera salir a comer con alguien cercano. La gente vivía con miedo y los mafiosos tenían a la policía en sus manos, nadie se atrevía hacer nada y la ciudad continuaba pudriéndose.

O al menos eso era lo que pasaba, hasta que el apareció…

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En una noche común, una familia integrada por tres, un padre, una madre y su hijo de doce años caminaban felizmente por las calles después de haber visto una película en el cine, los tres se la habían pasado muy bien y estaban disfrutando un gran momento, en sus mentes nada podía salir mal; cuan equivocados estaban.

Sin haberlo notado habían caminado directamente a un callejón lleno de vagabundos, la calle estaba llena de basura tirada al suelo y botes de basura a punto de reventar, además de que los focos de las luces estaban fundidos por lo que la única luz era la de la luna.

La familia no se fijó que un vagabundo se les quedo viendo, luego se puso de pie y comenzó a seguirlos, y justo cuando la familia estaba a punto de girar en la esquina, otro hombre apareció y apunto con una pistola al padre, llevaba puesto ropa malgastada y sucia.

-Hágale un favor al niño y no grite-le dijo el hombre.

El padre estaba a punto de responderle, cuando el otro hombre que se les había quedado viendo apareció por detrás con la pistola en mano, el padre miro a ambos asaltantes y luego a su familia.

-Está bien, tómeselo con calma-dijo-¿Qué quiere?

-Dinero, tarjetas, joyas, relojes, ¡Todo!-dijo el primer hombre.

-Está bien-dijo el padre-Hagan lo diga.

Se puso enfrente de su familia y saco su cartera y se la dio al asaltante, luego se quitó el reloj que tenía en su muñeca y se lo entrego al ladrón.

-Ahora la dama-dijo.

-¡No!-el padre alzo la voz.

-¡Deme el dinero o le juro que le meto un tiro a todos ustede…-las palabras del ladrón quedaron en el aire cuando un extraño objeto plateado lo golpeo en la mano, haciendo que tirara el arma al suelo.

-¡¿Qué demonios?!-pregunto el segundo ladrón, que estaba detrás de la familia.

Antes de que pudiera hacer otra cosa, algo cayó encima de él, una sombra que comenzó a golpearlo hasta dejarlo inconsciente, la madre grito y tomo a su hijo y lo puso contra la pared, mientras que el padre se apartó al ver a la sombra.

La sombra se incorporó y miro al padre, el primer asaltante miro furiosos hacia la sombra, comenzó a correr hacia el para tratar de taclearlo pero la sombra le dio una patada que lo mando a volar.

Por un momento las cosas se quedaron en silencio mientras el padre corría hacia su familia y la abrazaba, el niño comenzó a llorar en el regazo de sus padres y la madre le beso la frente, el padre beso en la cabeza a su hijo y luego miro de nuevo a la sombra, pero esta ya había desaparecido, junto con uno de los ladrones.

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Cuando el primer asaltante recupero la conciencia, lo primero que pudo notar fue que estaba a cinco pisos de altura del suelo, y que no estaba en el borde de la azotea, sino que una mano lo sostenía en el aire, una mano que podría soltarlo en cualquier momento.

El asaltante grito y miro a quien lo estaba sosteniendo, no era un hombre sino una bestia, una bestia negra con ojos plateados que lo miraban fijamente, era un demonio.

-¡No me mates, por favor no me mates!-suplico el ladrón.

-No te voy a matar-dijo el demonio con calma pero con frialdad-Quiero que me hagas un favor, quiero que le cuentes a todos tus amigos sobre mí.

-¡¿Qué eres?!-pregunto el ladrón, casi haciéndose del baño en los pantalones.

El demonio lo acerco hacia él y lo miro directamente a los ojos.

-Soy Furia Nocturna.

Luego arrojo al ladrón hacia la azotea, cuando este se recuperó y voltea a ver hacia el borde, el demonio había desaparecido.

El ladrón se desmayó en ese mismo momento.

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Asilo Arkham:

-A pesar de todo Dr. Black, nos gusta tenerlo aquí-le dijo el Doctor Katzenbach al psicólogo Pitch Black mientras ambos caminaban por los pasillos del Asilo.

-Dr. Katzenbach, le agradezco mucho por haberme dado esta oportunidad-dijo Pitch deteniéndose-Después de mi pequeño incidente en Nueva York… las oportunidades escasean.

Con incidente, Pitch se refería a que en una de sus clases como profesor de psicología en Nueva York, había sacado una pistola a mitad de la clase y después abrió fuego contra los estudiantes, un estudiante llamado Miguel Ángel resulto herido, los padres demandaron a Black quien perdió el juicio y tuvo que pagar una multa de más de $600, aun así el Dr. Katzenbach le ofreció trabajo en el Asilo Arkham de Berk.

-No se preocupe-dijo Katzenbach poniendo una mano reconfortante en el hombro de Pitch-Todos merecemos una segunda oportunidad.

Pitch sonrió.

-Ahora-prosiguió Katzenbach- Me gustaría que viera a unos de nuestros pacientes más antiguos, su nombre es Betty, está aquí después de que alucinara con que todos los aparatos en su casa le hablaban.

-Pobre chica.

Katzenbach coloco una mano sobre el perillo de una de las puertas de metal que separaban los cuartos de los pacientes con el pasillo, adentro solo hay una cama son sabanas y almohadas blancas. Betty, una mujer adulta con el pelo negro chino, está sentada en una silla mirando la pared blanca, no usa otra cosa más que la bata del hospital.

-Betty-dice el Dr. Katzenbach-Quiero presentarte a alguien, él es el Dr. Pitch Black querida, él está aquí para ayudarte-luego le susurra al oído a Pitch-Betty sufre de esquizofrenia avanzada, así que tenga cuidado.

-Leí el expediente-le asegura Black-Estaré bien, no se preocupe.

Katzenbach asiente con la cabeza y sale del cuarto cerrando la puerta, luego Black camina hasta Betty y toma otra silla, la pone en frente de la de Betty y se sienta.

-Hola Betty, ¿Cómo estamos el día de hoy?

-Bien-dijo ella en voz muy baja.

-Excelente-continuo Black, tomo un mechón de pelo de Betty y lo coloco detrás de su oreja-Dime Betty, ¿hay algo a lo que le tengas miedo?

Betty miro a Black a los ojos, quien simplemente estaba sonriendo.

-¿Cómo dice?

-Si Betty, ¿hay algo que te asuste en este mundo más que cualquier otra cosa?

-Yo no…

-Es más, déjame ayudarte-dijo Pitch tomando su maletín, lo abrió y de este saco una máscara de un espantapájaros-Vamos a probar algo.

Antes de que Betty pudiera protestar, Pitch le arrojo un extraño gas a la cara, que rápidamente entro en el cuerpo de Betty, rápidamente la pobre vio cómo millones de larvas blancas y asquerosas salían de la boca de la máscara.

Betty grito y se puso de pie, pero luego comprobó con horror que las paredes del cuarto se cerraban, aplastándola.

-¡No, por favor no!-suplico aterrada.

-No te preocupes querida-dijo Pitch caminando hacia ella-No hay nada que temer, más que al miedo mismo.

Betty grito de miedo mientras la horrible mascara del espantapájaros se acercaba más y más a ella.

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El sargento Jack Frost simplemente suspiro y miro hacia la otra ventana mientras su compañero Bunnymund aceptaba otro soborno de parte de la gente de Alvin, el dueño de Berk.

Durante sus ocho años de servicio no había hecho más que apartar la mirada mientras todos sus compañeros aceptaban sobornos de la mafia, él no los aceptaba pero mantenía la boca cerrada, sobre todo por Amy, su hermana menor, ella era apenas una adolescente y era la única familia que le quedaba, si algo llegase a pasarle Jack jamás se lo perdonaría, por eso; a pesar de ser un oficial incorruptible, no decía nada.

Bunnymund camino de nuevo hasta la patrulla y entro, luego comenzó a contar el dinero, muy a pesar de la inconformidad de Jack.

-Oye, siempre puedes tomar un poco si quieres-le dijo.

Jack lo miro.

-Ya sabes lo que pienso.

-Solo digo que si lo aceptarás, tendrías una mejor vida, para ti y para Amy, se lo merece; se lo merecen.

Jack no dijo nada y miro para el frente, de repente su comunicador sonó, Jack respondió.

-Sargento Frost aquí, ¿qué pasa?

-Paso otra vez señor, el dragón…

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En el callejón, donde la familia había sido asaltada, la policía y una ambulancia habían aparcado toda la zona, un agente les estaba tomando la declaración a la familia mientras que los médicos habían puesto a los dos asaltantes en camillas y los preparaban para su viaje al hospital, presentaban varias fracturas, Jack y Bunnymund llegaron de inmediato.

-¡Tenía ojos plateados, y era enorme, era un demonio! ¡Un demonio!-grito el ladrón que había sido llevado al techo por Furia.

-Déjame adivinar-Jack-Grande, aterrador, con cuernos en la cabeza, negro.

-Y cuando creí que esta ciudad no podría estar más loca-añadió Bunnymund-No quiero que la prensa se entere de esto.

-Es inútil-Jack-Hoy se cumplen exactamente tres meses desde la aparición de este… dragón.

-¿Dragón?-preguntó Bunnymund.

-Se hace llamar Furia Nocturna-explico Jack-En la mitología nórdica era una especie de dragón, la más poderosa, la cría maligna del rayo y la muerte misma.

-Genial, otro loco-Bunnymund, luego vio que el comisionado Loe estaba ahí-Mierda, Jack el comisionado.

-Lo que me faltaba-añadió Jack, él y el comisionado habían tenido sus diferencias a lo largo de los años, sobre todo porque Loe, en palabras de Jack, era un hijo de la chingada.

-Vamos, hay que ponerlo al día.

-Está bien-Jack.

Empezaron a caminar hacia Loe pero en ese mismo instante, Jack reparo en la mirada agradecida de la familia.

-Él nos salvó-dijo la madre llorando-De no ser por el… no sé qué habría pasado.

Jack se quedó congelado unos momentos, analizando las palabras de la madre, y lo que en verdad significaban.

"Él nos salvó"

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Bocón estaba en la cueva dándole los últimos detalles, desde que Hipo había regresado después de haber estado ocho años en el extranjero las cosas habían estado más locas que nunca, había hecho de la vieja cueva que estaba debajo de la mansión un centro de operaciones, con una computadora, el auto alocado que había conseguido de empresas Wayne, así como una armadura corporal que luego había convertido en un traje de dragón. Aunque de dragón solo tenía el nombre pues lo único que se asemejaba al reptil era el casco con las orejas que tenía forma de U pero invertida. Hipo usaba este casco como mascara.

En el pecho tenía un símbolo, que era el de los dragones de tipo trueno, Bocón lo sabía porque había leído ese viejo manual de dragones que habían comprado hace años. El traje estaba hecho con Kevlar, por lo que era a prueba de balas.

Usaba una capa negra que en palabras del propio Hipo lo ayudaba a volar. Ya que la capa era muy vulnerable a la electricidad, se expandía cada vez que fuera electrificada, Hipo supo usar esto a su favor, ya que dedujo que como el aire tiene cargas eléctricas, cada vez que brinque de un edificio la capa se extiende y puede planear. La capa estaba unida a la máscara.

También tenía guantes con tres púas, botas negras y un cinturón que tenía todo tipo de gadgets y herramientas.

Los pensamientos de Bocón se vieron interrumpidos cuando escucho el motor del coche, que rápidamente llego a la cueva y se estaciono, La puerta del coche se abrió e Hipo salió, aun enfundado en su traje de Furia Nocturna.

El estacionamiento tenia forma circular, iluminada por luces azules que estaban en el suelo, enfrente del circulo habían unas escaleras de cinc escalones que daban a la computadora, del otro lado estaba el elevador que daba a la mansión.

En el techo de la cueva había estalagmitas de las cuales caía agua, y también había muchos murciélagos, que según Hipo, eran lo más cercano al Furia Nocturna que podría encontrar.

Hipo subió los escalones y se quitó la máscara, dejando al descubierto, su cabello de caoba rojizo estaba alborotado como siempre, tenía los ojos verdes y era delgado.

-Otra noche de diversión supongo-dijo Bocón.

-Para mí sí, no tanto para los criminales-respondió Hipo.

Cuando llego al final de las escaleras Bocón se hizo a un lado y revelo que había un pastel de chocolate encima de la mesa, con tres velitas rojas encima, todas estaban prendidas.

-Lindo Bocón-dijo Hipo-Pero no es mi cumpleaños.

-Ya lo sé-dijo Bocón como un sabio mientras se rascaba su bigote rubio-Hoy celebramos el hecho de que no ha muerto en tres meses.

Hipo rio y puso ambas manos sobre la mesa.

-Muy gracioso Bocón.

Bocón sonrió.

-Pida un deseo.

Hipo cerró los ojos y pensó, se suponía que para que un deseo se cumpliera no tenías que decirlo en voz alta, así que Hipo inmediatamente abrió los ojos y dijo su deseo en voz alta, pues sabía que no podía hacerse realidad.

-Desearía que ellos estuvieran aquí.

Soplo y apago todas las velas del pastel, Bocón coloco una mano en el hombre de Hipo y le dio unas palmaditas en la espalda.

-Lo sé, yo también los extraño.

Hipo suspiro y quito las manos de la mesa.

-Gracias por el pastel Bocón, vamos a comerlo.

Bocón sonrió.

-Muy bien, ese es el espíritu.