Disclaimer: La mayoría de los personajes y el universo le pertenecen a Edward Kitsis y a Adam Horowitz. Así como a ABC.


PARTE I

LA PROFECÍA


I

Mendacium


Hace Unos Meses

La Operación Ave de Fuego había funcionado. Los Héroes frustraron los planes del Dios de la Muerte, y todos veían a lo lejos a Hades siendo absorbido por un vórtice creado por los Cinco Ríos del Inframundo.

─ ¡No se saldrán con la suya! ─vociferaba Hades poco antes de ser absorbido por completo─ ¡El Precio nunca se pagó! ¡Me vengaré de ustedes! ¡Así sea lo último que haga!

Hades desapareció al fin, y los Héroes se marchaban. Ahora, Killian y Emma compartían un solo Corazón, Belle sabía toda la verdad sobre Rumple, Zelena había cambiado su vida y forma de pensar durante su estadía en el Inframundo, y su anhelado primer encuentro con Cora, y el Cocodrilo perdió su Oscuridad a manos de su nuevo amo, en un intento por salvarse del ataque de Emma, cuando Henry reescribió su historia con la Pluma del Autor.

Las Almas atrapadas al fin se marchaban a esos lugares de los que tanto han oído hablar, y se respiraba por fin un aire de paz en el Río de las Almas Perdidas.

─ ¿Qué quiso decir con eso del Precio? ─Pedía saber Rumplestiltskin.

─Nada que te interese a ti, Rumple. ─Declaraba Regina muy alterada abrazando a Robín.

─Y ahora que todos estamos a salvo, y vamos de regreso a casa ─comenzaba Hook separándose de Swan─. Yo me pregunto, ¿por qué no proseguimos con tu ejecución, y te arrojamos al Río, Cocodrilo?

─Me parece una buena idea ─agregaba Emma─. Ya no es el Ser Oscuro más Poderoso de Todos los Tiempos. Lo que significa que podemos hacerle daño.

Emma se preparó para atacar a Gold, y ningún miembro de la Operación tenía la intención de detenerla, ni siquiera Henry.

─ ¡Alto! ─ordenaba Belle interponiéndose─ Acabamos de salir de un lugar donde la Muerte está a la orden del día, y todos ustedes quieren enviar a Rumple a un lugar mucho peor que ese. ¿Qué les está pasando? Ustedes no eran así.

─El Inframundo nos cambió a todos, Amor ─replicaba Killian─, y te repetiré lo mismo que te dije cuando Mérida y Emma lo secuestraron. El Cocodrilo ha tenido muchas oportunidades, y ya demostró que nunca va a cambiar.

─Sé que Rumple nunca va a hacer algo como eso, él siempre será un adicto al poder que no sabe vivir sin la Magia, que es una persona que siempre tomará malas decisiones, aunque sea por un bien mayor, y que es un hombre que no puede ver lo bueno de la vida, aunque lo tenga frente a sus narices ─decía Belle volteando a ver a Gold─. Pero, esa no es razón suficiente para matarlo. Nadie merece un destino así, y, además, la Muerte sería más un descanso que un castigo para él, ahora que el Inframundo está casi vacío.

─Y entonces, ¿qué es lo que sugieres, Belle? ─Cuestionaba Snow.

─Exilio ─pronunciaba la Sra. Gold con voz firme y mirada fría─. En cuanto lleguemos a Storybrooke, lo sacaremos de la Ciudad, para que viva el resto de sus días lejos de nosotros, sin posibilidad de volver a vernos.

─Belle… ─empezaba Rumple, destrozado por escuchar la frialdad de las palabras de su aún esposa─. No lo hagas, no quiero perderte.

─Eso ya lo hiciste al ocultarme la verdad una vez más ─declaraba Belle con lágrimas en los ojos─. Rumplestiltskin, este será el mejor castigo para ti. Estar lejos del niño al que regalaste.

─Así se hará ─sentenciaba Regina─. Gold. Oficialmente, quedas desterrado de Storybrooke. Adonde sea que te dirijas, o lo que te pase después, no será problema nuestro. Estarás por tu cuenta.

Nadie agregó nada más, la gran mayoría lo miraba con rabia y frustración, pero, ya todo estaba consumado, y no sería cambiado jamás.

Todos se quedaron en silencio hasta que llegaron a Storybrooke. Ahí, entre Charming, Robín y Killian, apresaron a Gold cuando intentó escapar a su Tienda y lo llevaron a la Estación de Policía.

Snow fue junto con Belle y Zelena a buscar al Hada Azul para recoger a los niños, mientras que Emma y Regina revisaban cada centímetro de la Tienda de Gold para deshacerse de todos los artilugios Mágicos que el Cocodrilo guardaba.

Cuando terminaron, le comunicaron lo que había pasado a los habitantes de la Ciudad, y los invitaron para que fueran al límite de Storybrooke, y presenciaran el Destierro Oficial de Rumplestiltskin.

David le permitió a Gold volver a la Tienda para que hiciera sus maletas. Lo dejaron solo por un rato, y él aprovechó para sacar un viejo y pequeño libro de uno de los estantes de su Oficina. Ese libro era nada más y nada menos que las Crónicas del Ser Oscuro, y, cuando escuchó los pasos de los tres Héroes, Rumple lo guardó rápidamente entre su equipaje.

Sus custodios llegaron por él, metieron las cosas en la cajuela del Auto, y lo escoltaron al límite de Storybrooke.

Al llegar, lo obligaron a salir del Auto, Regina le lanzó los polvos anti metamorfosis, y Gold se marchó entre gritos e insultos de los habitantes que se dieron cita en el lugar, nadie sabía su próximo destino, pero, no interesaba, él ya no podría volver a casa.


Storybrooke

Hace Seis Semanas

─ ¿Estás seguro de esto? ─Preguntaba Robín afuera de Granny's.

─ ¡Por supuesto! ─respondía el niño con entusiasmo─ Tú haces muy feliz a mi mamá, ustedes dos nacieron para estar juntos. Ella no te dirá que no.

─Tienes razón. ─Recalcaba Robín jugando con la cajita en sus manos.

─Entonces, ya no perdamos más tiempo. La Operación Wilhelm Tell ha comenzado. ─Pronunciaba Henry.

─ ¡Hey! ─exclamaba Emma llegando a la entrada de Granny's con Killian, tomados de la mano─ ¿Qué están haciendo?

─Lo siento, mamá ─contestaba Henry empujando a Robín─. Asuntos clasificados de la Operación Wilhelm Tell.

─ ¿Desde cuándo sabes alemán, chico? ─Cuestionaba su madre separándose de Killian.

─Desde que tengo internet. ─Respondía el chico antes de cerrar la puerta.

Emma observó a su hijo con una mezcla de alegría, intriga y confusión por no saber lo que su hijo se traía entre manos.

─Lo que sea la Operación Wilhelm Tell, lo tiene bastante entusiasmado. ─Comentaba Hook mirando a la entrada.

─Al menos esta vez, ya se guarda el secreto. ─Replicaba Emma entre risas jugando con el anillo de compromiso en su dedo.

─Creo que ya habría sido el colmo si no lo hacía ─pronunciaba Killian volviendo a abrazar a Emma─. Dime, Swan. ¿Quieres saber en qué consiste la Operación Wilhelm Tell?

─Ellos no tenían idea de la Operación Cisne Blanco ─respondía Emma─. Déjalos disfrutar un rato, esta vez les toca a ellos.

─ ¿Y entonces, Amor? ─cuestionaba Hook─ ¿Qué es lo que haremos nosotros? Porque, si mal no recuerdo, tus padres nos están esperando ahí dentro.

─Hay muchas más cosas qué hacer para divertirse en Storybrooke que pasar el rato con Granny, mis padres y un bebé de más de tres meses de edad ─contestaba Swan con voz seductora─. Quisiera ser partícipe de la Felicidad de Regina esta noche, pero ya ha pasado un mes y medio desde que volvimos del Inframundo. ¿No te parece que ya es tiempo de comenzar a construir nuestro futuro, y alcanzar la propia Felicidad?

Luego de pronunciar esas palabras, y sin importarle estar a media calle, Emma comenzó a besarle el cuello a Killian, al poco rato, éste la detuvo, y la miró fijamente intentando ocultar su respiración.

─Te tomaré la palabra, Amor. ─Replicaba el Capitán besándola.

El beso fue tranquilo, a pesar de las ansias que tenían uno por el otro, sus sentimientos y emociones eran los que regían sus acciones en ese momento, aunque ellos no lo quisieran así.

Los transeúntes los miraban al pasar por el lugar, mientras que ellos subían de nivel aquel beso. La Salvadora no quiso despegarse de su Amor Verdadero, y utilizó su Magia para volver a casa, una vez ahí, subieron las escaleras, entraron a la habitación, y cerraron la puerta, para así, poder hacer lo suyo con toda la privacidad que deseaban.

─Emma y Hook ya se tardaron ─comentaba Snow con Neal en brazos─. ¿No les habrá pasado algo? Deberíamos ir a buscarlos.

─Pierde cuidado, cariño ─replicaba David con fastidio al revisar su celular─. Killian al fin aprendió a usar el teléfono, y me envió un mensaje. Están en su casa, dice que los disculpemos, pero esta noche no podrán acompañarnos.

─ ¿Por qué tengo el presentimiento de que vas a matar a Hook mañana que lo veas? ─Indagaba Snow con una sonrisa en el rostro.

─Lo siento, Snow ─comentaba Charming─. Suena raro, y es muy incómodo seguir pensándolo, pero, nadie me quitará de la cabeza lo que Killian y Emma estarán...

─ ¡Aquí están sus tacos! ─Anunciaba Granny dejando las órdenes en la mesa.

─... haciendo. ─Terminaba David mirando los platos.

Dentro de Granny's todo era paz y tranquilidad. Snow y David comían plácidamente sus tacos, Belle se hacía cargo de la pequeña Hood junto con Zelena y Leroy, mientras que Henry y Robín afinaban los últimos detalles para poner en marcha la Operación Wilhelm Tell.

─Hazlo, Robín ─exclamaba Henry viendo entrar a Regina junto con Roland─. No esperes más.

El Forajido se levantó de su asiento, inhaló profundamente, y comenzó su discurso.

─ ¡Gente de Storybrooke! ─expresaba Robín─ Luego de esta última aventura en el Inframundo, de la cual creímos que no todos regresarían, ha venido a mi memoria aquel día cuando los conocí. Jamás en mi vida llegué a pensar que podría conocer al valiente Príncipe Encantador, a la Bandida Snow, o, a la mismísima Reina Malvada. Y de ella es de quien quiero hablar en esta ocasión, porque, he de decirles, que las apariencias engañan, mis amigos.

Robín consiguió la atención de todos los presentes, y se acercó a su amada quién se había sentado junto con los Charming.

─Regina, desde que nos conocimos, tuvimos un inicio muy áspero, pero, con el tiempo lo fuimos arreglando hasta lo que logramos crear hoy. Yo sé que tal vez no soy el hombre que tú mereces. He cometido demasiados errores, y es probable que sea yo el que no te merezca, sin embargo, si hay algo cierto en este Reino, es el Amor intenso que siento por ti. Regina, yo sería capaz de hacer hasta lo imposible sólo por mi amada Reina, y no voy a esperar a que otra Furia trate de llevarme de vuelta al Inframundo, o si otro Caballero cegado por la venganza aparece. Mi deseo es que tú y yo estemos juntos, por lo que nos queda de vida ─pronunciaba Robín hincándose y sacando la cajita verde del bolsillo─. Regina Mills, su Alteza, Alcaldesa de Storybrooke, Alma Gemela. ¿Me harías el grandísimo honor de compartir el resto de nuestros días como mi querida y amada esposa?

Los comensales murmuraron felices, Granny los veía conmovida, y Regina estaba muy confundida. Esa era la tercera vez que le pedían matrimonio en su larga vida. Las emociones la envolvían, y todo lo que traía dentro explotaba. Cuando al fin reaccionó, miró a Snow, y luego a Henry, ambos moviendo la cabeza, diciéndole que respondiera de manera afirmativa.

─S-Sí ─balbuceaba la Reina─. ¡Sí! Robín. Sí acepto.

El Forajido puso el anillo dorado con una enorme incrustación de un rubí bastante elegante en el dedo de su ahora prometida. Después, Regina lo levantó del piso, y lo besó intensamente, con los sentimientos a flor de piel, y las lágrimas mojando sus mejillas.

─Soy la mujer más feliz del mundo. ─Confesaba Regina al oído de Robín.

Los Charming los miraban complacidos, Belle les aplaudía y Henry se acercaba a ellos junto con Roland, parecía que nada ni nadie podría destruir ese Mágico y maravilloso momento.

─De lo que Emma y Killian se están perdiendo. ─Replicaba Charming.

─Mañana se los recuerdas. ─Comentaba Snow.

Sin embargo, mientras que los miembros restantes de la Familia Real de Storybrooke disfrutaban de ese momento dichoso, gozoso y perfecto, en una de las mesas de la entrada, dos hombres se levantaban, pagaban la cuenta, y se marchaban del lugar.

─ ¿Qué es lo que vamos a hacer, hermano mayor? ─preguntaba el segundo hombre─ ¿Cómo nos apoderaremos de la Ciudad?

─Abaddon, Abaddon, Abaddon ─exclamaba el hombre moviendo su cabeza─. Lo importante aquí no es apoderarnos inmediatamente de Storybrooke, tenemos que aprovechar la oportunidad que el imbécil de Rumplestiltskin nos otorgó, pero, para despacharnos, tenemos que eliminar a nuestro más grande obstáculo.

─La Salvadora ─pronunciaba Abaddon─. ¿Y qué es lo que propones para llevar a cabo nuestro cometido?

─Nosotros no podemos tocarla, no sin pagar el Precio ─insistía su Hermano mayor─. Así que, sólo nos queda utilizar a alguien de aquí, alguien lo bastante poderoso como para erradicarla de una vez y para siempre. Alguien, como la Reina Malvada.

─Me parece que debes quitar "Malvada" del nombre, honestamente, porque dudo mucho que quiera ayudarnos. ─Replicaba Abaddon.

─Me sorprende que siendo Hermanos no pienses igual que yo ─declaraba el hombre caminando más rápido─. Abaddon, han pasado muchos años desde que Nimue y Hades nos encerraron, sin embargo, ya es momento de que volvamos a emplear la mejor habilidad que poseemos: La Mentira.

─ ¿Qué tienes en mente, Shaitan? ─Indagaba Abaddon con curiosidad.

─Acompáñame, y lo sabrás.

Ambos hombres desaparecieron en el aire, con un enorme plan encima, que involucraría a los Héroes, aunque ellos no lo quisieran.


Seis Semanas Después

El sol se dejaba ver tímidamente entre las nubes grises que cubrían el cielo de Storybrooke esa horrible, fría y triste mañana.

El Fraile Tuck, el Pequeño John, y los demás Hombres Alegres caminaban cabizbajos por el Cementerio. Detrás de ellos, estaban Belle, Zelena, cargando a su pequeña Hood, los Charming con Neal y Roland consigo, y muy atrás, Emma y Killian.

¿De verdad eso estaba pasando? Sí. Las cosas se volvieron un caos las últimas semanas, nadie lo entendía a la perfección, pero, ahí estaban, a unos pasos de despedir a ese legendario bandido, el ladrón que cambió su vida y la de los que lo rodeaban al quitarle a los ricos, y dárselo a los pobres, el Forajido más famoso de todo el Bosque de Sherwood. Su fiel y buen amigo: Robín Hood.

Roland se separó de Snow, y caminó hasta el Pequeño John, quedando justo frente a la fosa, y al ataúd. No comprendía lo que sucedía, ni por qué el nombre de su padre estaba escrito en esa lápida, tampoco quería preguntar, sólo se limitó a tomar la mano de uno de los viejos amigos de Robín, y éste último, lo cargó en brazos y se lo llevó por sugerencia del Fraile Tuck.

─ ¿Deberíamos comenzar ya? ─Preguntaba Belle muy desanimada.

─No ─respondía Snow─. No hasta que Regina y Henry lleguen.

Emma cerró los ojos, y abrazó a Killian con más fuerza. Él podía sentir el tremendo dolor que su amada experimentaba, y se consideraba inútil al no poder evitarle ese sentimiento tan horrendo, lo único que era capaz de hacer en ese instante, era contenerla, y estar ahí para ella, ahora que más lo necesitaba.

En el mismo Cementerio, dentro de la Cripta de los Mills, Regina sostenía ese anillo en sus manos. Se sentía perdida, débil y derrotada. Todo se había consumado, y se cumplió lo que dijo en Camelot: perdió al Amor por segunda vez.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas, la rabia llenó sus pulmones, y la furia la invadió por completo.

─ ¡Fue tu culpa! ─Gritaba Regina lanzando el anillo con todas sus fuerzas hacia el espejo.

Éste último se hizo añicos, mientras que Regina destruía todo lo que tenía a su alcance, ya había soportado suficiente desde el trágico incidente, necesitaba desahogarse.

─Robín… ─sollozaba Regina dejándose caer al suelo─ lo siento. No pude salvarte.

Henry bajó, y notó lo que su madre había causado, a él también le dolía la Muerte de Robín, casi tanto como la de Killian, pero, le partía más el alma ver a Regina de esa manera.

─Mamá ─pronunciaba Henry en un susurro─. Ya es la hora.

─Yo no quiero ir. ─Replicaba su madre con un hilo de voz.

─Sé que es muy difícil y doloroso ─comenzaba Henry─, y que más quisiera yo poder hacer algo para evitar tu sufrimiento, pero no lo consigo. Robín se fue, y ni la Pluma del Autor lo puede sacar de donde está.

Su madre continuó llorando, tapando su boca con la mano. El joven Autor se acercó a ella, se arrodilló y la abrazó lo más fuerte que pudo.

─Al menos, ya está en un lugar mejor. ─La consolaba Henry a punto de que se le quebrara la voz.

Regina lo soltó, tomó de nuevo el anillo, se lo puso en el dedo, y junto a Henry, salió de la Cripta.

Una vez que llegaron, la ceremonia dio inicio. Todos estaban devastados, sólo dolor es lo que habían experimentado en últimas fechas, era absurdo, el silencio reinaba en el ambiente, Emma miraba a Regina y parecía que observaba su propio reflejo de hace unos meses. La miraba junto con Henry, sin poder acercárseles.

Luego de que el féretro comenzara a descender, los presentes lanzaron su pedazo de tierra con la pala. El silencio seguía dominando la escena, no obstante, eso cambió cuando Emma se separó de Killian, y se acercó a la pala. Todos sabían que había sido un accidente, ellos no murmuraban por esa razón, sino porque la Salvadora temblaba más que un perro chihuahueño cuando se acercó, y las pesadas lágrimas se asomaban por sus bellos ojos verdes. Al terminar, se dio la vuelta, y su mirada se encontró con la persona que menos podía ver ni enfrentar; Regina. La mujer que con el tiempo se había convertido en la amiga que Lily nunca pudo ser, la madre adoptiva de su hijo, estaba ahí, abrazando a Henry, y mirándola con odio y rencor. Los Héroes sabían que la Muerte de Robín no había sido intencional, pero también que Regina se dejaba llevar muy fácil por sus emociones.

Cuando los hombres terminaron de llenar la fosa, los asistentes le dieron sus condolencias a la Reina, y se marcharon del lugar, dejando sólo a la familia real.

Snow la reconfortaba, Charming le daba palmadas en la espalda, Belle y Henry, le daban palabras de ánimo, pero, Emma y Killian se mantenían distantes.

─Puedes hacerlo, Swan. ─Afirmaba Killian mirándola consternado.

─Está bien ─contestaba Emma tomando un respiro─. Aquí voy.

La Salvadora se acercó poco a poco, sin embargo, antes de que abriera la boca, Regina le dio un puñetazo que la mandó al césped.

─ ¡Regina! ─vociferaba Charming─ ¡¿Qué demonios pasa contigo?!

Mills no lo escuchó, y se acercó más a Emma, quien seguía en el suelo, limpiando la sangre de su labio inferior.

─ ¡Lárgate de aquí, Swan! ─ordenaba la Reina─ ¡Todo esto es culpa tuya! ¡No te quiero aquí!

─ ¡Fue un accidente, Majestad! ─argumentaba Killian, ayudando a Emma a levantarse─ Cualquiera pudo haber cometido el mismo error.

Regina parecía estar poseída, no escuchaba a nadie, sólo se enfocaba en el objeto de su enojo.

─ ¡Tú lo mataste, Emma! ¡Fue tu culpa! ─chillaba Regina muy furiosa─ ¡Tú mataste a Robín!

Charming y Snow se llevaban a una alterada Regina, mientras Emma salía corriendo del lugar.

─ ¡Swan! ─chillaba Hook comenzando a correr tras ella─ ¡Vuelve!

─Déjala sola un rato ─pedía Henry mirando a sus madres─. Necesita tiempo para despejar su mente.

El Capitán le hizo caso al niño, y dejó de correr para intentar alcanzarla.

─ ¿Y que sigue ahora, Shaitan? ─Preguntaba Abaddon desde la distancia.

─Regresar a casa, para tomar el control de todos los Reinos. ─Respondía Shaitan.

─Volveremos al Bosque Encantado. ─Afirmaba Abaddon.

─Exacto ─contestaba Shaitan dando la vuelta─. Ahora, ven. Es hora de visitar a una Reina Destruida.

Los Hombres caminaban tranquilamente, observando a reojo como se llevaban a Regina muy alterada, por alguna razón, ella no quería utilizar su Magia. Sus emociones eran una enorme enredadera que la controlaba, pero, sus Poderes no se hacían presentes.

Los Héroes se la llevaron a casa, Belle usó unos polvos que noquearon a la Reina, y entre David y Killian la dejaron en su cuarto con la puerta cerrada. Bajaron las escaleras, y se reunieron con los demás en la mesa.

─Vaya día tan horrible ─afirmaba Snow muy triste─. ¿Cómo fue que sucedió esto?

─No lo sé ─declaraba Charming dejándose caer en la silla─. Estas últimas semanas son muy borrosas, como si nos las hubieran quitado.

─Primero, Emma nos quita nuestros recuerdos, y ahora, esto. ─Decía Belle.

─Hablando de Swan ─pronunciaba Killian─. Iré a buscarla ya mismo.

─Dale más tiempo ─ordenaba su amigo─. Sé que quieres ayudarla, pero, déjala estar sola, sabes también como yo lo horrible que la estará pasando.

─Mayor razón para estar con ella en lugar de dejarla pasar sola por este infierno.

─Killian ─comenzaba Snow─. Hagamos algo. Espera sólo media hora, y después podrás correr a buscarla. Créeme, yo también quisiera estar con ella en estos momentos tan pesados y tristes, pero, necesitamos darle su espacio para que se desahogue sin problema.

El Capitán Hook asintió en silencio y se sentó al lado de Henry como niño regañado. Pasó la mano por su rostro y cabello, exasperado y exhausto a pesar de lo temprano que era.

¿Y qué hacía Emma Swan en ese momento?

La Salvadora corrió por todo el Cementerio hasta llegar a los Bosques, se sentó sobre una roca, y dejó que todo lo que traía dentro saliera. Las cosas eran muy confusas, lo que había ocurrido en esas seis semanas parecía un sueño muy borroso, una ilusión, algo parecido a una mentira bien tejida en su mente, aunque, lo único fresco en su memoria era el momento en el que el accidente pasó, el día que Emma asesinó a Robín por error.

Los tormentosos recuerdos la absorbían a cada segundo. Emma comenzó a correr una vez más sin destino definido, lo único que quería era huir del mundo, pero, no podía abandonar la Ciudad.

Al poco rato, luego de una extensa carrera, llegó al mismo acantilado por el que Robín había caído. Impresionada por el lugar, torpemente dio unos pasos hacia atrás, y cayó recargándose en el tronco de un enorme árbol.

Ya no podía más, la culpa la carcomía por dentro. Asesinó a un buen amigo, accidente o no, ella lo había arrojado a su Muerte. No había nada que discutir, ni que objetar, Regina tenía razón, todo era su culpa.

Emma abrazó sus piernas, posó su cabeza frente a sus rodillas, y lloró como no lo había hecho desde la muerte de Hook. No había alguien a su lado que la detuviera, al fin tenía esa paz y Soledad que necesitaba en momentos así.

De ese árbol descendía una especie de escarabajo, era de color negro, muy brillante, y las pequeñas cosas que se les llamarían ojos eran de un color rojo sangre. El insecto llegó al hombro de Emma y caminó hasta su cuello. La Salvadora se levantó de inmediato al sentir el mordisco, y la alimaña salió volando, desapareciendo antes de que ella lo viera. A pesar del fuerte y punzante dolor, Swan no le prestó importancia y continuó caminando.

Siguió su andar por el Bosque, sin importarle la lluvia, en realidad, sin importarle nada. Caminó hasta el lecho del Río, se sentó en la orilla con las piernas cruzadas, y observó su reflejo notando como las gotas de lluvia lo destrozaban a cada instante.

De un momento a otro, su cabeza comenzó a darle vueltas, el ardor de la herida se acrecentaba a cada segundo, y las cosas se ponían bastante borrosas. Emma trató de revisar la herida y usar su Magia, sin embargo, cuando la energía comenzó a asomarse por su mano sobre la lesión, un fuerte choque la hizo perder el conocimiento por completo, quedando en medio de la lluvia.

Durante todo ese tiempo, los Héroes seguían en la Mansión de Regina, tomando café, y esperando a que la lluvia se disipara.

─Killian ─decía Belle─. ¿Adónde vas?

─Ya pasó media hora ─replicaba Hook caminando hacia la puerta─. Ya puedo ir a buscar a Emma.

─Al menos llévate algo para cubrirte de la lluvia. ─Observaba David.

─Una pequeña lluvia tempranera no me asusta, amigo. ─Contestaba el Capitán antes de cerrar la puerta.

Killian tenía un mal presentimiento, muy dentro, algo le decía que las cosas estaban a punto de empeorar para todos en Storybrooke, y que la Muerte de Robín, sólo era la punta del iceberg.

Emma seguía inconsciente, el Veneno hacía efecto en ella muy rápido, los recuerdos atacaron la pequeña parte aún despierta de su cerebro, y las seis semanas pasaban volando, hasta el acontecimiento que la tenía en esa situación.


M

Robín estaba cerca del borde de aquel acantilado, tenía el arco cargado, y le apuntaba a la nada.

¡Déjame en paz! Ordenaba Robín lanzando una flecha que se incrustó en un árbol cercano a Regina.

¡Robín! exclamaba Regina llegando junto con Emma¡Detente! ¡Queremos ayudarte!

¡Largo de aquí! Gritaba el Forajido lanzando otra flecha.

Esto no sirve, Regina comentaba la Salvadora. Tenemos que detenerlo nosotras, no nos hace caso.

Déjamelo a mí afirmaba Regina preocupada, caminando lentamente a su prometido. Robín, mírame, aquí no hay nadie más, sólo nosotros tres. Nadie te hará daño.

El rostro de Robín expresaba un verdadero terror, no quería mirar a Regina, estaba bastante confundido.

Pero… Balbuceaba el Forajido.

Estás a salvo. Replicaba la Reina con una sonrisa amable.

Ella lo abrazó, y él bajó el arco, la crisis había terminado, ahora, sólo tenían que averiguar la razón de la paranoia de Robín.

Cuando se separaron, Robín volvió a cargar el arco y separó a Regina de él. En el momento en el que ambas mujeres se dieron cuenta, un Ente Oscuro flotaba frente a ellos.

¿Qué demonios es esa cosa? Preguntaba la Salvadora boquiabierta.

Lo que sea, no importa espetaba Regina creando una bola de fuego. No dejaré que lastime a Robín.

El Ente esquivó la bola de fuego, y mandó lejos a Regina, dejándola inconsciente al impactarse con un árbol.

Robín le disparó otra flecha mientras retrocedía poco a poco, y el Ente se aproximaba más a él.

Emma no se lo pensó dos veces, tenía que salvar a Robín, así que, usó su Magia para atacar al Ente. Pero, éste último desapareció cuando sintió la Magia llegar hacia él.

Swan ya no pudo hacer nada, su propia energía estaba mandando a Robín al fondo del Acantilado. Emma corrió al lugar cuando Hook, Snow, Henry y Charming llegaron.

La Salvadora estaba en shock por lo que acababa de ocurrir, Snow se llevó a Henry, mientras Killian y David miraban sin poder creer lo que sucedía. Regina despertó, y al verlos ahí, corrió hasta ese sitio.

Emma no dejaba de repetir que había sido un accidente, mientras Regina, por su parte, se rompía por dentro.

Los dos Hombres bajaron y confirmaron lo que tenían enfrente. Robín Hood, había Muerto.

M


─ ¡Swan! ─gritaba Hook desesperadamente─ ¡Emma!

Killian la encontró en medio de la lluvia, la cargó, y la metió en una pequeña cueva cercana.

No sabía por qué estaba inconsciente, todo lo que entendía y quería era que ella despertara.

─ ¡Emma! ¡Por favor! ¡Despierta! ─Ordenaba el Pirata sacudiéndola.

Emma comenzó a reaccionar, y miró a su alrededor hasta encontrarse con esos brillantes ojos azules.

─ ¿Killian? ─susurraba Emma pasando su mano por la cabeza─ ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?

─Como diría cierta chica que nunca escucha cuando fue a buscarme al Inframundo; yo siempre te encontraré. ─Replicaba Hook aliviado por ver de nuevo esos ojos verdes, mientras apartaba un mechón húmedo de la frente de Emma.

Emma sonrió con debilidad, lo que sea que le haya pasado, la había cansado bastante, ahora, él la sostenía en su regazo, y la lluvia comenzaba a cesar, no obstante, lo que le pasó a Robín, accidente o no, la seguía persiguiendo.


Casa de la Alcaldesa

Ese Mismo Instante

Regina reaccionaba por fin, el efecto del polvo había desaparecido, y ahora estaba recostada en su cama, la habitación estaba bastante oscura, pero eso no parecía importarle.

Se reincorporó, y se sentó en la cama, abrió su puño, y encontró el anillo de Compromiso todavía ahí. La rabia volvía a apoderarse de ella, y tenía intenciones de arrojarla de nuevo.

─Yo no haría eso si fuera usted. ─Comentaba un hombre en las sombras.

─ ¿Qué? ─Preguntaba Mills poniéndose de pie.

─Mi Hermano mayor tiene razón ─proseguía un segundo hombre apareciendo detrás de ella─. Ese anillo es una pieza tan bella y perfecta, sería una verdadera lástima que el rubí se destrozara al impactarse con la pared.

─Lárguense de aquí. ─Ordenaba Regina cerrando su puño.

─Alcaldesa Mills, sabemos que usted está pasando por una gran pena en estos momentos, pero, debe entender que nosotros podemos ayudarla a hacer pagar a los que la afectaron. ─Respondía El mayor de los dos Hermanos.

─ ¡Mienten! ─espetaba Regina─. En dónde él está, no podré alcanzarlo jamás, ni siquiera con la Magia más Oscura y Poderosa.

─La mentira es algo subjetivo ─replicaba Shaitan caminando por la habitación─. Al igual que la verdad. Hay una forma de llegar a Robín Hood, y nosotros sabemos el camino.

─ ¿Quién demonios son ustedes? ─Cuestionaba Regina con lágrimas en los ojos.

─Sólo dos Seres capaces de hacer su sueño realidad, dos Criaturas que pueden ser la solución a todos sus problemas, o su peor pesadilla. ─Contestaba Abaddon.

─Eso no responde a mi pregunta.

─Regina ─comenzaba Shaitan tomando su rostro con las manos─. Si tú creías que Hades o el Ser Oscuro eran lo más horrendo que te podía pasar... es porque no nos habías conocido a nosotros.

Shaitan se alejó y creó un remolino alrededor de Regina, haciendo que soltara el anillo, y ambos Hermanos se convirtieron en el mismo Ente flotante que perseguía a Robín hace unos cuantos días.

Henry corrió al escuchar el ruido, y en el momento en el que abrió la puerta, el Ente se llevaba a su madre, destruyendo la habitación de la casa.