PARTE II

EL DESPERTAR


XV

La Tierra de las Almas Perdidas


Arendelle

Hace Algún Tiempo

Mientras los Héroes buscaban desesperados un medio para volver al Bosque Encantado y encontrar al en aquel entonces nuevo Ser Oscuro, en el Reino más importante de las Tierras del Norte ocurrían una serie de desapariciones sin explicación alguna.

Habían transcurrido dos semanas desde que la primera desaparición tuvo lugar en una de las Aldeas de las Colinas al sur del Reino, y nadie tenía pista de nada.

Los vecinos sólo afirmaron ver a las personas caminando a medianoche como si estuvieran en una especie de trance, y cuando trataban de detenerlos, una fuerza invisible los arrojaba lejos de las víctimas.

La Guardia Real fue notificada de inmediato luego de la segunda desaparición, y el General Alberick puso al tanto a la Reina Elsa sin perder más tiempo, así fue como ella llamó a sus ministros y se pusieron a trabajar.

Poco tiempo pasó para que las noticias llegaran a los oídos de Anna y Kristoff, así que, Elsa no tuvo más remedio que dejarlos participar sabiendo que si se negaba los tendría a los dos husmeando por los pasillos o corriendo por el bosque junto con Sven, por eso prefería tenerlos vigilados.

Por cada día de reuniones sobre hipótesis de lo que sucedía, una persona desaparecía, la Reina lo sabía, sabía que su pueblo quería respuestas, quería sentirse a salvo y era su deber asegurarse de eso, esa era la razón que la motivaba a seguir más que cualquier otro involucrado en el consejo.

Una noche, mientras sus ministros, Anna, Kristoff y el General Alberick dormían de cansancio en la cámara de guerra, la Reina de Arendelle fue a la Biblioteca Real en busca de respuestas, sabía que era imposible encontrar la razón real de las desapariciones, pero sabía que definitivamente la Magia estaba totalmente involucrada. Revisó el pequeño apartado que su padre tenía sobre el tema, y en una página amarillenta dentro de un libro rojo encontró una receta de un hechizo particularmente familiar para ella: el hechizo localizador.

Preparó todo para dejar la poción lista, tomó una muñeca que una madre desesperada había llevado días antes al Salón del Trono, vertió la poción sobre ella y la observó flotar, para después, seguirla con dirección al Fiordo tras el Castillo y a la Montaña del Norte.

Corrió toda la noche, y a la mitad de la madrugada, pasando la tienda de Oaken, en lo más profundo del bosque nebuloso encontró una cabaña maltrecha y olvidada gracias a esa muñeca de trapo flotante. La muñeca se detuvo frente a la vieja puerta de entrada y Elsa usó sus poderes para forzar la cerradura.

Al destruirla, dejó atrás sus modales y pateó la puerta al puro estilo de cierta mujer rubia que se convirtió en su amiga allá en la lejana Storybrooke, Maine.

─Pensé que la Reina de Arendelle era un poco más… refinada. ─Pronunciaba un hombre frente a ella y dándole la espalda a la puerta.

─Una escoria como tú no merece ningún respeto. ─Exclamaba Elsa mirando a su alrededor.

En el interior de la cabaña el ambiente se sentía muy pesado y tétrico, además se percibía un aire frío ayudado por la puerta abierta. En cada rincón del lugar había mesas llenas de frascos con pociones e ingredientes mágicos, múltiples libros de varios tamaños y colores, algunos abiertos y otros encimados, y al lado, en la pared izquierda estaba pegado un viejo mapa que iba desde Arendelle hasta el inhóspito Reino de Northdale, un viejo aliado comercial al noreste de su hogar.

─Sé que no está acostumbrada a que alguien le replique, pero, ¿podría saber el motivo por el cual usted se está refiriendo a mí de esa manera?

─Después de lo que hiciste en el pasado y de lo que estás haciendo ahora, ¿te atreves a preguntar eso, Reinhard? ─Inquiría la Reina con voz firme.

El hombre dejó de añadir ingredientes al caldero humeante que tenía enfrente y apoyó ambas manos sobre la mesa.

─Me parece increíble que la poderosa Reina de Arendelle sepa el nombre de un humilde y simple soldado.

─No tengo a un soldado frente a mí, sino a un sucio traidor ─replicaba Elsa─, ¿o es que acaso debo recordarte que fuiste tú el que les permitió la entrada al Príncipe Hans y a su ejército hace treinta años?

─Sólo lo hice por el bienestar de Arendelle. ─Protestaba el hombre.

─ ¡Claro! Y también es por el bien de Arendelle secuestrar aldeanos, ¿no? ─Inquiría Elsa con rabia.

─No sé de lo que habla, Majestad ─respondía Reinhard sin voltear a verla todavía─. Aquí no hay nadie.

─ ¿De verdad? ─seguía Elsa─, porque, si eso fuera cierto, esa muñeca de trapo no flotaría sobre la trampilla de tu sótano. ─Terminaba la Reina señalando a la esquina izquierda de la cabaña.

Reinhard miró a la muñeca cayendo sobre la madera y se llenó de rabia al verse descubierto.

─ ¿Cómo fuiste capaz de hallar este lugar? ─Inquiría Reinhard tomando un frasco lleno de tinta de calamar.

─Un hechizo localizador.

─Imposible ─refutaba él─, tú no puedes hacer otra cosa que no sea expulsar hielo de tus manos.

─Y tú no podías hacer nada de Magia cuando te conocí, y ahora ¡mírate! Fuiste capaz de hacer toda esta charada por ti solo.

─Haré todo lo que esté a mi alcance para cumplir mi objetivo, igual que hace treinta años ─exclamaba Reinhard con voz amenazante mientras se disponía a lanzar el frasco─, y nada ni nadie me lo va a impedir, ¡ni siquiera tú!

Reinhard lanzó el frasco con fuerza, pero, antes de que Elsa pudiera reaccionar, Anna ya la estaba haciendo a un lado y recibía el impacto por ella. Cuando el traidor trató de escapar, Kristoff apareció y le lanzó su pico directo al pie, mientras el General Alberick hacía su entrada principal detrás de la Reina.

─ ¿Cómo me encontraron? ─Preguntaba Elsa con los gritos de Reinhard de fondo.

─Uno de los sirvientes te vio en la cocina preparando un extraño brebaje, nos llamó y al leer el libro tomé uno de tus guantes y usé la poción en él, lo demás fue sencillo.

─Son demasiado sigilosos, tengo que agregar. ─Afirmaba Elsa con una sonrisa.

─La próxima vez, no hagas esto sola ─intervenía Kristoff─, sabes que siempre te ayudaremos, lo quieras o no.

─No había necesidad de recordarlo.

─ ¡Alteza! ─exclamaba Alberick desde la escalera del sótano─ ¡Aquí están todos los desaparecidos!

─Una vez más, te atrapé con las manos en la masa, Reinhard. ─Expresaba Elsa caminando hasta él, quien todavía estaba hincado por el dolor.

En ese momento, Reinhard trató de atacarla con el pico que acababa de sacar de su tobillo izquierdo, pero la Reina le congeló ambas manos dejándolo atado a la mesa del caldero.

─ ¿Qué tanto estabas haciendo en este lugar, Reinhard? ─Inquiría Anna mirando los libros de su izquierda.

Reinhard no respondió.

─Lo que sea que haya intentado este traidor, ya no importa más, porque la Reina lo detuvo a tiempo. ─Aseveraba Alberick saliendo del sótano.

Sin embargo, mientras Elsa descongelaba a Reinhard para que Alberick lo esposara, Kristoff miró a la mesa de la derecha y examinó uno de los libros, ese libro café de hojas amarillentas contenía en su interior la historia del viejo Rey Maldito, una leyenda contada por todas las Tierras del Norte desde hace más de cien años. Él conocía perfectamente la historia y los peligros que había en ella, y al alzar la mirada hacia el mapa, encontró dos lugares marcados con una cruz, uno en Northdale y el otro no muy lejos de su posición.

─Elsa ─musitaba Kristoff retrocediendo lentamente─, Anna.

─ ¿Qué sucede? ─Preguntaban las dos al unísono.

─Creo que ya sé que es lo que Reinhard está haciendo.

La Princesa y la Reina llegaron a la mesa y las dos leyeron el texto y terminaron de unir los puntos, igual que Kristoff.

─ ¡¿Estás demente?! ─espetaba Elsa caminando con furia hasta él, quien ya estaba de pie─ ¡No puedes seguir con esta locura!

─ ¿Y por qué no? ─Inquiría el hombre.

─Porque está prohibido, sabes que con él no se juega, Reinhard ─replicaba Elsa─. La Reina Elizabeth lo encerró por una buena razón, y esa fue para mantenernos a todos a salvo.

─ ¡¿De verdad crees en ese viejo cuento Northdaliano?! ─espetaba Reinhard con voz maniaca─ ¡Todo lo que sabes es una mentira! ¡Él tiene el poder de cambiarlo todo! ¡Puede darte todo lo que siempre has deseado!

─ ¿Y qué es con exactitud lo que siempre has deseado? ─Intervenía Anna.

─Su lugar ─respondía Reinhard señalando a Elsa con la mirada─. Muy pronto, el Trono de Arendelle será mío, y sólo con él lo voy a conseguir.

─No conseguirás nada porque no te permitiré seguir con esto ─respondía Elsa con más rudeza que en un principio─. Reinhard, quedas bajo arresto por crímenes en contra de Arendelle y por el intento de despertar al segundo peor de los males, justo después de Rumplestiltskin. General Alberick, lléveselo.

Alberick obedeció y comenzó a arrastrarlo hacia el exterior.

─ ¡No podrás detenerme por mucho tiempo, Elsa! ¡Él volverá! ¡Y serás la primera en sentir su furia! ¡Nadie podrá detener al gran Wolfgang! ─gritaba Reinhard con ímpetu─ ¡Ni siquiera tú!

─ ¡Te equivocas! ─replicaba Elsa caminando hasta él con rapidez─ ¡Siempre que haya luz, la Oscuridad no reinará! ¡Y si yo no puedo detenerlo, tengo por seguro que la Salvadora lo hará!

Elsa no le temía a Reinhard, pero realmente estaba dispuesta a no dejarlo cumplir su cometido, y si tenía que encerrarlo en el más oscuro y frío de sus calabozos, estaba dispuesta. Ese hombre ya había perjudicado al reino una vez, y ella no lo dejaría hacerlo una segunda.

Aunque, sabía que si de alguna forma lo conseguía y despertaba a ese Antiguo Hechicero, Emma lo encontraría y acabaría con él.


Bosque Encantado

El Presente

Pasaron las horas desde que la Batalla Final entre Emma y los Dinistrio había tenido lugar, y casi al amanecer, todas las cosas horrendas que hicieron los hermanos comenzaban a disiparse.

En DunBroch, mientras despuntaba el alba cada miembro de los cuatro clanes regresaba a la normalidad, ante la mirada cansada de Dorothy quien horas antes se había ofrecido de vigía. En el Valle Rocoso, Azoka y Mulán acampaban para recuperar fuerzas y emprender su camino hacia el Reino de Mérida horas más tarde.

Y en la Aldea de los refugiados, todos los que habían sido convertidos en piedra días antes, volvían a moverse y a respirar.

August, Thomas y Phillip corrieron para cerciorarse de que todos estaban bien, pero de pronto, vieron a la distancia una caravana bastante inusual.

─ ¿Son quienes yo creo que son? ─Inquiría Grumpy con una mezcla entre incertidumbre y felicidad.

Los demás se llenaban de regocijo al ver a Snow y a Charming de vuelta luego de su misteriosa desaparición, sin embargo, esa felicidad se fue disipando conforme ellos iban avanzando y veían sus rostros llenos de confusión y preocupación. Ninguno entendía por qué, no fue sino hasta que Pinocho se dio cuenta de la razón.

─No puede ser… ─musitaba August apartándose del resto y caminando al frente─ ¿Emma?

Grumpy y compañía miraron a la caravana más confundidos que nunca, porque todos creían que Emma estaba en la Tierra sin Magia, y muerta, pero era cierto, ahí estaba.

La caravana era liderada por Snow y Charming, pero detrás de ellos iba Killian cargando a Emma todavía inconsciente en sus brazos. Después de Hook, venía Bella y atrás Ruby con Henry, quienes ayudaban a Regina a caminar mientras intentaba recuperar las fuerzas que los hermanos le quitaron. Y al final, estaban Zelena con la pequeña Hood en brazos, mientras levitaba el cuerpo de Robín a ras de suelo, cubierto por una sábana blanca.

Nadie quiso acercárseles, y en su lugar se hicieron a un lado para dejarlos pasar cuando entraron por completo a la Aldea.

─ ¿Qué es lo que está pasando? ─inquiría Pinocho dando un paso al frente cuando ellos se detuvieron─ ¿Qué hace Emma aquí?

─No está muerta, ¿o sí? ─Añadía Ashley con preocupación.

─Bueno, según recuerdo sí lo estaba. ─Exclamaba Happy.

─Les explicaremos todo en unos instantes, pero ahora nuestra principal prioridad es poner a Emma en un lugar donde pueda descansar tranquilamente. ─Respondía David con suma seriedad.

─ ¿Hay algún lugar así? ─Terminaba Snow con la misma seriedad que su esposo.

Todos se miraron consternados porque sabían que esta actitud no era natural en ellos, sólo cuando una situación era bastante seria tomaban dicho comportamiento.

─ ¿Ella está bien? ─Preguntaba Aurora con precaución.

─Lo sabremos en cuanto despierte ─respondía Snow─, ahora, ¿podrían decirnos cuál choza podemos ocupar?

─Síganme ─exclamaba Granny─, la choza de Neal les servirá.

Al escucharla, los dos no pudieron evitar el profundo dolor dentro de ese Corazón compartido, porque, desde que todo comenzó no le habían prestado más que cinco minutos de su atención a su pequeño Príncipe. Se suponía que con él querían un nuevo comienzo, pero al igual que a Emma, lo estaban abandonando.

Sin embargo, aunque se les partía el alma con esa gran verdad, todavía les quedaba averiguar lo que le había sucedido a su primogénita.

Por su mente sólo pasaba una simple pregunta, ¿perder la memoria era el precio que tenía que Emma tenía que pagar? No tenía sentido, pero, como bien lo dijeron, no sabrán nada hasta que despierte.

Charming hizo un gesto con la cabeza y Killian obedeció para comenzar a caminar detrás de ellos, sin embargo, cuando Bella, Henry y Ruby entraron a la Aldea, Grumpy y Sneezy comenzaron la alarma.

─ ¡¿Qué demonios está haciendo ella aquí?! ─espetaba Grumpy con furia caminando directamente hasta Regina quien tenía la cabeza abajo y los ojos cerrados─ ¡Ella no es bienvenida aquí!

─Regina no tuvo la culpa de nada, Leroy, déjala en paz. ─Pedía Bella con la misma dureza que los Charming.

─Bueno, ¿a ustedes que les pasa? ─intervenía Thomas cruzándose de brazos─ Después de todo lo que les hizo, ¿cómo es que pueden defenderla?

─ ¿Acaso no les dijo que ella nos convirtió a todos en piedra hace tan sólo unos días? ─Agregaba August igual de molesto.

─Snow y Charming ya les dijeron que les explicarán todo en un rato, ¿no se pueden esperar? ─espetaba Ruby─ Acaba de pasar algo grave, y sólo les pedimos tiempo. Entiendan de una vez que nadie de nosotros es culpable de lo que sucedió este último mes, fuimos víctimas de dos engendros del mal por los que ya no tendrán que preocuparse, así que les pido de la manera más atenta que se callen y nos den otra choza para que Regina pueda descansar.

Grumpy la miró y después a Bella, sus rostros le decían que todo era verdad.

─Bueno, si Regina viene con ellos es por algo, ¿no? ─inquiría el enano ante la mirada atónita de los presentes─ Doc, llevémoslos a la última cabaña.

─Gracias, Leroy ─exclamaba Ruby caminando junto con Henry y Regina─. Por cierto, lo había olvidado. Zelena, ¿podrían tú y Bella hacerse cargo de los preparativos del… del Funeral?

─ ¿Cuál Funeral? ─preguntaba Phillip mirando la manta blanca detrás de Zelena─ ¿Quién está ahí?

─La otra parte de la explicación. ─Respondía la Bruja levantando la manta para dejarles ver el pálido e inexpresivo rostro de Robín.

─Esto no tiene sentido ─añadía Sleepy─. A la que creíamos la villana del cuento según ustedes, no lo es, y a quiénes dábamos por muertos, resulta que no lo estaban del todo.

─Hay demasiado por explicar, pero gracias a Emma tenemos todo el tiempo del mundo. ─Alegaba Bella caminando hasta Zelena.

─Happy, busca a los hombres alegres y dile al Pequeño John que se lleve a Roland de regreso al Bosque de Sherwood, no tiene por qué pasar por esto una segunda vez ─ordenaba August─. Thomas, Phillip y yo les ayudaremos con lo que haga falta.

─Gracias. ─Exclamaba Bella.

─Aurora, tú y Ella llévense a la pequeña Hood a un lugar tranquilo para descansar, por favor. ─Pedía Phillip mirando a su esposa.

─Robín ─exclamaba Zelena captando la atención de todos, inclusive la de Regina─. Su nombre es Robín.

Regina alzó la cabeza y lentamente giró apoyándose de Henry para ver a su hermana.

─Robín… ─Exclamaba Regina en un susurro con los ojos llenos de lágrimas.

─Al parecer al fin encontré un nombre digno de ella. ─Explicaba Zelena con tristeza cuando Aurora la tomó en brazos.

─Gracias. ─Musitó Regina comenzando a llorar.

Por más que Henry trató de contener las lágrimas no pudo, era demasiado. No sabía qué sucedía con Emma, y ver a Regina tan triste y derrotada le partía el Corazón, sin embargo, conocer el nombre de la niña lo llenaba de felicidad, sólo que, en el fondo, le habría encantado que el mismo Robín lo escuchara.


Reino Lejano al Bosque Encantado

Ese Mismo Instante

Más allá del Inframundo, cruzando los límites de todos los Reinos conocidos existía una vieja, triste e inhóspita tierra mucho más temida que el lugar peor, un lugar que sólo los más desafortunados tenían la desdicha de conocer.

Ahí, en ese sitio tan lleno de desesperanza, mientras los Héroes y sus amigos vivían una tremenda confusión por lo que había ocurrido allá en Misthaven, se respiraba un aire de miedo porque al amanecer, en el Bosque que poblaba ese reino emergían terribles criaturas que los torturaban hasta el anochecer, y de no cuidarse, llegaban a acabar con ellos en menos de un instante.

Mientras en el Bosque Encantado estaba por amanecer, en esa tierra estaba por ocultarse el sol, y los que residían ahí podían bajar de las copas de los enormes y anchos árboles y llenar sus reservas de provisiones con lo poco que podían encontrar siempre y cuando la luz solar ya no se percibiera en ningún lugar, así que, las personas atrapadas ahí dormían de día y salían de noche.

Sin embargo, esa tarde algo extraño sucedió en el Bosque Rojo, y Milah fue la primera en darse cuenta desde su puesto como vigía en las alturas. Su trabajo era simplemente despertarse antes que cualquiera y revisar que las criaturas se esfumaran todas y cada una para que nadie corriera peligro, pero, esa tarde un leve tintineo a sus espaldas llamó su atención, y al mirar hacia esa dirección encontró algo nunca antes visto en ese sitio. El tintineo era producido por unas esporas de luz azul que se diversificaban en el césped creando un cuerpo de un ser humano lentamente.

Sin importarle las peligrosas bestias rondando aun por el Bosque, bajó de su lugar y al llegar al tronco del árbol corrió lo más rápido que pudo cuando las esporas se convirtieron por fin en el cuerpo de un hombre.

Milah lo movió y le habló con tal de que reaccionara, pero nada parecía funcionar al principio, pero todo cambió cuando al detenerse, el hombre abrió los ojos y recuperó la respiración de forma abrupta.

─ ¿Estás bien? ─Inquiría Milah sentándose en el césped.

─Creo que sí ─respondía el hombre con el rostro pegado al césped húmedo─. Creo que todo está bien, pero, ¿en dónde estoy?

La madre de Bae estaba por contestar hasta que una bestia apareció cerca de él y lo tomó como pudo para que ambos subieran al refugio en los árboles donde le prometió que respondería todas sus preguntas. Sin embargo, al llegar a la copa de los árboles, un fuerte temblor lo sacudió todo e hizo que las velas y antorchas ya encendidas se apagaran por un buen y largo rato.

─ ¿Qué rayos está pasando? ─Pedía saber el recién llegado observando a dos personas intentando encender una antorcha sin éxito.

─No tengo idea, pero pronto volverá a la normalidad, y como dije antes te responderé lo que quieras, sólo a cambio necesito que me digas algo. ─Replicaba Milah.

─ ¿Qué?

─Tu nombre ─explicaba ella mirándolo de frente─, dime, ¿cuál es tu nombre?

─Robín. Robín Hood. ─Contestaba el padre de Roland con tranquilidad.

─Bien, es un gusto conocerte, yo seré tu guía en esta pequeña introducción a este nuevo mundo ─exclamaba Milah ofreciéndole un asiento─, así que ponte cómodo, y por cierto, mi nombre es Milah.

Robín asintió y tomó su lugar en una pequeña mesa improvisada en esa enorme casa del árbol que ocupaba más de una docena de árboles. No sabía qué sucedía pero entendía que no conseguiría las respuestas que necesitaba corriendo y destrozándolo todo.

Además, esa mujer era amable y su nombre le sonaba bastante familiar, como si lo hubiese escuchado en alguna otra parte. Sin embargo, no pudo evitar echarle un vistazo al lugar que comenzaba a causarle mucha curiosidad.

─ ¿Qué es este lugar? ─Inquiría Robín.

─Pues… es una especie de refugio para los que buscamos un poco de paz en el maldito Bosque Vermell.

─Bosque, ¿qué?

─Luego te lo explico ─prometía Milah tomando asiento frente a él─. Cuando yo lo entienda.

─De acuerdo, ahora sé que estoy en este Bosque de color Rojo Sangre, pero lo que quiero saber, es ¿en qué Reino me encuentro? Porque, tenía entendido que no habría un lugar para mí luego de mi muerte.

─No quiero asustarte, pero probablemente esta historia no te gustará. ─Afirmaba Milah con pesadez.

─ ¿Por qué? ─Inquiría Robín sin quitarle la vista de encima.

─Escucha con atención y lo sabrás.

En otra parte de ese Reino lejano tenía lugar un real y peligroso siniestro. En un Palacio pequeño erigido dentro una ciudadela en lo profundo del Bosque, un hombre corría hasta la cámara real donde los miembros del consejo y regidores de esa tierra se encontraban para contarles las terribles noticias, que de cierta forma, ellos ya sabían.

─Mis señores ─exclamaba el hombre anciano jadeando─. Ha ocurrido.

─Lo sabemos. ─Exclamaba amablemente el hombre de túnica amarilla en el primer trono central.

─ ¿Lo saben?

─Por supuesto que sí ─replicaba el hombre de túnica roja con severidad en el trono de la izquierda─. Nosotros lo sabemos todo.

─Entonces, saben que ellos… ─Proseguía el hombre.

─Vienen para acá ─terminaba la mujer de túnica azul cobalto con un tono neutral en el trono de la izquierda─. Sí, tenemos pleno conocimiento de la llegada de esos engendros del mal.

─ ¿Y qué pasará con todos nosotros? ─inquiría el hombre con temor─ Esos dos no tienen compasión, acabarán con todo una vez que pongan un pie aquí.

─Pierda cuidado, caballero ─respondía la mujer de túnica verde en el segundo trono central─, los Hermanos Dinistrio recibirán su merecido por parte nuestra cuando ellos lleguen.

─ ¿Y qué hay de esa vieja Profecía? ─insistía el hombre de cabello largo─ ¿Ella también estará aquí?

─Si la Profecía lo dice, ella llegará ─retomaba el hombre de túnica amarilla─, deje de preocuparse por eso y vuelva a sus tareas habituales, por favor.

─Una última cosa antes de irme ─exclamaba el hombre a punto de salir─, en la cámara especial, en la que se supone que no debemos entrar, bueno, un destello se vio desde la puerta, un destello azul que luego desapareció.

Los cuatro regentes no parecían preocupados.

─Sabíamos que eso pasaría si los Dinistrio venían aquí, descuide, ya sabremos manejarlo, ahora sí, Rumplestiltskin, retírese de aquí. ─Mandaba el hombre de túnica roja con voz autoritaria.

─Como ordenen. ─Exclamaba Gold con una sonrisa malévola en el rostro.

Rumple salió de la cámara, y como se le había ordenado, regresó a sus labores como cuidador de los archivos reales planeando en su mente su próxima jugada que lo ayudaría a obtener lo que más deseaba en ese instante: recuperar el poder.


Bosque Encantado

El segundo Funeral de Robín tomó menos tiempo que el anterior. Tres horas bastaron para organizarlo, tiempo suficiente para que Tink y el Hada Azul llegaran a la Aldea, y ésta última sanara las heridas de Regina, aunque la única que no pudo curar, fue la de su roto Corazón.

─Sé que esto no ayuda mucho, pero es lo menos que puedo hacer por ti. ─Exclamaba Azul mirando a Regina con disculpa.

─ ¿Por qué haces esto después de todo lo que les hice? ─inquiría Regina sentada en la orilla de la cama de heno─ No me merezco tu compasión, me merezco tu odio.

─Mamá, tú no hiciste nada ─intervenía Henry sentándose a su lado y tomando su mano derecha─, todos en este cuarto sabemos que fuiste una víctima más de esos monstruos, igual que nosotros. Nadie tiene derecho a odiarte, tú eres inocente.

─Henry tiene razón, y cuando todo se esclarezca, los demás dejarán de tratarte mal. ─Añadía Tink.

─Lo dudo mucho. ─Replicaba Regina con dolor al bajar la cabeza.

─Emma siempre creyó en ti ─exclamaba Ruby con seguridad─, siempre supo que las cosas no estaban bien y te defendió ante todos. Si ella pudo creer en ti ciegamente y tenerte fe, es momento de que los demás también lo hagan.

Regina guardó completo silencio al escucharla, porque recordaba lo que había sucedido en la Torre de los Dinistrio horas antes, y sabía que eso no era del todo cierto.

─Sí, claro. ─Respondía la madre de Henry con una risa sarcástica y triste.

Antes de que pronunciara otra palabra, escucharon a alguien tocar la puerta de madera, y cuando Ruby la abrió, Bella entró a la choza.

─No quiero interrumpir, pero todo ya está listo. ─Exclamaba la Sra. Gold con una lágrima bajando por su mejilla izquierda.

─Vamos. ─Pronunciaba Regina poniéndose rápidamente de pie.

─No tienes que hacer esto una segunda vez ─exclamaba Henry poniendo su mano en el hombro de su madre─. Quédate aquí y descansa.

─No voy a huir de esto, además, a Robín no le gustaría que me escondiera debajo de una manta. ─Replicaba Regina caminando valientemente hasta la puerta.

Henry la miró preocupado pero no pronunció nada más y salió detrás de ella, mientras que Azul y compañía avanzaban cerca de madre e hijo con dirección al cementerio improvisado.

Los Charming por su parte, seguían en la choza de Neal, mirando a Emma con desesperación, aguardando el momento justo en el que volviera a abrir los ojos.

Snow caminaba de un lado a otro con Neal en brazos, mientras que Charming estaba sentado cerca de la puerta, y Killian se encontraba sentado justo al lado izquierdo del catre de heno en el que ella se encontraba descansando.

Ninguno entendía nada, y querían que ella volviera en sí para averiguar lo que ocurría, pero, ya habían pasado muchas horas desde la batalla con los Dinistrio y ella no despertaba.

Tres horas llevaban ahí dentro, y estarían las que hicieran falta hasta que su pequeño Cisne volviera a su lado, sin embargo, August entró a avisarles que todo estaba listo y que debían ir de inmediato para despedir a su amigo una vez más.

─Yo me quedo con Emma hasta que despierte, díganle a su Majestad que me disculpe pero yo no me moveré hasta que ella abra los ojos otra vez. ─Exclamaba Killian tomando la mano de Emma.

Snow y Charming notaron el tono de miedo y desesperación con el que pronunció dichas palabras. Estaba aterrado, cosa muy obvia y comprensible, y ellos podrían jurar que estaba más a aterrado que cualquiera.

─Está bien, de todos modos, creo que eres más útil aquí que allá afuera. ─Respondía David.

─Sí, nosotros aclararemos todo cuando el Funeral termine y volveremos aquí ─replicaba Snow dando un paso al frente─. Recuerda que no estás solo, Killian. Te ayudaremos a ti también en lo que podamos.

Hook echó la vista hacia atrás justamente a donde David se encontraba, él le sonrió de forma triste y asintió en silencio mientras veía de reojo a su hija aun dormida. Luego, el Pirata enfocó su vista hacia Snow, quien lo miró compasivamente y también le sonrió.

─Gracias. ─Respondía él también asintiendo en silencio.

─Estaremos afuera por si nos necesitas. ─Le recordaba Snow dándole un apretón en el hombro.

─No dudes en llamarnos. ─Pedía Charming.

Los padres de Emma se dieron la vuelta dispuestos a retirarse, pero cuando llegaron a la puerta, Snow no pudo dejar de sentir un vacío en su Corazón mientras se alejaba de su hija, al igual que David.

Los dos regresaron su mirada a Emma, ninguno se quiso mover y a ambos los invadió una extraña sensación de pánico. Por más que quisieran sobrellevar la situación, nada parecía tener sentido, y ahora, cada que se alejaban de ella, se sentía como si una parte de ellos también se marchara. Era la sensación más horrible que alguna vez en sus vidas habían experimentado, y ninguno sabía por qué.

─ ¿Les sucede algo? ─Inquiría Killian mirándolos a ambos con preocupación.

Ninguno respondió, sólo se limitaron a caminar de forma automática hasta la cama y quedarse uno a cada lado de Hook.

─No es nada ─replicaba Charming aclarando su garganta y limpiándose una lágrima de la mejilla─, es sólo que hemos hecho guardia solemne alrededor de Emma desde que regresamos aquí que no queremos irnos sin que sepa que estamos con ella.

─Volveremos pronto, cariño ─prometía Snow dándole un tierno beso a Emma en la frente─, por favor, no despiertes hasta que volvamos.

Cuando ella se alejó, David hizo exactamente lo mismo.

─Quiero verte de nuevo a los ojos, Emma. ─Imploraba Charming.

Killian los miró salir rápidamente de la habitación, como si no quisieran estar más tiempo ahí, pero no le tomó importancia, y volvió a tomar a Emma de la mano.

─Ya escuchaste a tus padres, Swan ─musitaba Killian acariciando el dorso de la mano izquierda de Emma con su pulgar─, no tardes tanto en despertar, tu padre no es el único que quiere ver tus ojos verdes y brillantes y llenos de vida una vez más.

Hook guardó silencio y miró con detenimiento el dedo anular de Emma, que todavía tenía el anillo de compromiso en él.

─No sé qué fue lo que pasó, ni qué clase de precio pagaste, Swan, pero por favor, vuelve a mí.

Killian llevó la mano de Emma hasta sus labios y le dio un pequeño beso lleno de un poco de la esperanza que todavía le quedaba. Sin embargo, el beso que él creía normal, se había convertido en algo más trascendental.

Sin darse cuenta sus labios tocaron indirectamente la joya del anillo y una onda multicolor surgió de él. Killian se despegó de inmediato al sentir el aire producido por la onda expansiva, puesto que ya sabía lo que significaba: un beso de Amor Verdadero.

La onda llegó a todos los rincones de la choza cuando desapareció, pero nada sucedía, Emma seguía inconsciente, todo parecía indicar que de nada había servido. Killian continuó aguardando sin quitarle a Emma la vista de encima, sin embargo, nada, absolutamente nada, había cambiado.

─ ¿Qué demonios está pasando? ─Exclamaba Hook más confundido que hace unas horas.


Reino Lejano al Bosque Encantado

Al mismo tiempo que Milah y Robín conversaban en el refugio hecho en las copas de los árboles, en otro refugio en un Bosque cercano, un viejo cazador miraba hacia la playa y al Río de las Almas Perdidas con un aire lleno de desesperanza.

─Comienzo a creer que lo que dicen no es más que un sueño. ─Exclamaba el hombre.

─Te digo que no lo es, Graham ─respondía un hombre recargado en una rama cercana─, esa ciudadela es real. Yo la vi.

─Lo que tú viste pudo ser un espejismo ─rebatía el antiguo Sheriff de Storybrooke─, además, una vez pudiste llegar a la mitad de este maldito Bosque lleno de niebla verde, y dudo que desde ahí pudieras ver ese lugar.

─Walsh, James y Gastón también lo vieron. ─Protestaba el mismo hombre alzando un poco la voz.

─Sí pero nadie nos garantiza que la hayan encontrado ─replicaba Graham también alzando la voz─, es más, su desaparición me hace creer que las bestias los capturaron.

─Ten un poco de fe, hombre ─intervenía otro sujeto bajándose de una mesa─, Walsh quedó de enviar una señal, se fueron hace tres semanas, dales tiempo.

─Además, este bosque es inmenso ─retomaba el primer hombre─, tal vez todavía no llegan.

─Y mientras la señal llega, deberíamos alistarnos para buscar algo de provisiones allá abajo. ─Proponía el segundo hombre.

─Yo no confío tan ciegamente en ellos como ustedes, pero ¿qué importa? Será mejor que nos demos prisa, porque no quiero tener ese maldito eco retumbando en mi cabeza toda la noche. ─Bufaba Graham caminando con ellos hasta el ascensor improvisado.

Graham llevaba en ese lugar poco más de un mes y ya estaba harto. Sabía que estar ahí era el precio por salvar a los Héroes en el Inframundo, pero eso no lograba consolarlo, Cruella no tuvo piedad con él en su afán de ganar el dominio total que Arturo le quitó en menos de mes y medio.

Desde que salió de las aguas del Río Aqueronte, se refugió en ese Bosque de niebla verde como lo llamaba él, porque cada que trataba de avanzar, en el día un sinfín de bestias lo perseguían, y en la noche, el eco de su propia voz, pasos y respiración lo volvían loco, así que nunca pudo salir.

Al llegar a tierra firme, los tres hombres caminaron tratando de hacer el mínimo ruido para no desatar el eco interminable y se pusieron a recolectar lo poco que podían encontrar para sobrevivir en la cima del bosque. Aunque no necesitaban mucho para poder subsistir, sus reservas comenzaban a agotarse en ese lugar, sabían que muy pronto deberían adentrarse a los peligros que plagaban esa tierra.

Sin embargo, Graham dejó de buscar y se dedicó a mirar hacia la playa otra vez. Él era un hombre al que no se le podía amedrentar con facilidad, pero, estar ahí lo sumía en una inexplicable desesperación que no lograba controlar, así que cada que podía, escapaba a la orilla del enorme río para librarse de ese pesar.

Se sentó en la arena y comenzó a jugar con ella cuando algo extraño sucedió.

A su lado izquierdo, muy a lo lejos, cerca del límite con el Bosque Azul, unas esporas de luz blanca descendían del cielo oscuro. Su atención se puso en ellas cuando al tocar la suave arena comenzaron a formar el cuerpo de un ser humano; era alguien nuevo.

Pero no tenía sentido, sólo había una manera de entrar en ese Reino, y esa era sólo por el Río. Miró con atención hasta que las esporas blancas se convirtieron en una mujer rubia a quién él conocía bastante bien.

─No puede ser ─musitaba Graham para sí cuando se puso de pie de forma automática─. Esto es imposible.

Caminó inconscientemente, y luego de un rato comenzó a correr desesperado, como si algo horrible fuera a pasarle a esa persona si no llegaba a tiempo, cosa que en ese lugar era más que una posibilidad.

Al aproximarse cada vez más, se daba cuenta que no estaba para equivocado y sus ansias de llegar hasta ella crecían a cada paso. Lleno de esa desesperación, se movió más rápido hasta que cayó de rodillas al lado de la recién llegada, quien seguía sin despertar.

─No puede ser ─continuaba Graham─ ¿qué estás haciendo aquí?

El Sheriff procedió con lentitud, y la tomó de su hombro para intentar moverla con delicadeza.

─Emma ─susurraba Graham moviéndola con cuidado─ Emma.

Pero la Salvadora no reaccionaba, ni siquiera un acto reflejo ocurría.

─ ¡Emma! ─Vociferaba el Sheriff con desesperación.

Mientras eso sucedía en la playa, en el Bosque contiguo, Robín y Milah continuaban con su charla.

─Déjame ver si entendí ─pedía Robín acomodándose en su asiento─. Este lugar está dividido por cuatro Bosques con nombres y peligros diferentes, ¿no es así?

─Sí.

─ ¿Qué clase de peligros?

─No sabemos a ciencia cierta ─replicaba Milah─. Por ejemplo, en este, el Bosque Vermell o Bosque Rojo, habitan criaturas durante el día que te persiguen si no tienes cuidado. En el Bosque de Odjek, ese de resplandor verde que se ve a la distancia ─continuaba la madre de Bae señalando a su izquierda─, hay bestias en la mañana y un eco horrible en la noche. Pero en los otros dos no sé qué haya, aunque los rumores cuentan que el cuarto Bosque es el más horrendo de todos.

─ ¿Cómo fue que llegaste aquí? ─Pedía saber Robín con interés.

─Mi ex esposo tuvo el placer de enviarme a este espantoso lugar. ─Respondía ella con pesar.

─ ¿Qué clase de poder tenía ese hombre para lanzarte a este horrendo sitio.

─No sé si lo conozcas, pero él era el Ser Oscuro. Su nombre es…

─Rumplestiltskin ─terminaba Robín muy asombrado─. Ahora sé por qué tu nombre se me hacía tan conocido.

─ ¿Por qué? ─Inquiría Milah con asombro.

─Killian una vez nos habló de ti ─respondía Robín─, y Emma nos contó que la ayudaste a rescatarlo de las garras del Dios de la Muerte hace unos meses.

─ ¿Y él está bien? ─indagaba Milah─ ¿Emma logró lo que quería?

─Sí, al final lo consiguió, y aunque nos costó salir en una pieza, se puede decir que fue una misión exitosa. ─Contestaba Robín con satisfacción al recordar a su amigo.

─No lo entiendo ─se sinceraba Milah─, si esa fue una misión exitosa, ¿por qué caíste en este agujero sin salida?

─Esa es una larga historia sin contar. ─Suspiraba el Forajido al recordar lo que había pasado horas antes.

─Tenemos todo el tiempo del mundo, por eso no pierdas cuidado, puedes decírmela si quieres. ─Afirmaba Milah con un leve toque de tristeza.

─Tal vez en otro momento, mejor tú dime algo, ¿por qué te sorprendió tanto que yo apareciera de la nada?

─Porque sólo hay una forma de entrar a este Reino, y esa es sobrevivir al viaje en ese maldito río lleno de muertos. Una experiencia que no te recomiendo experimentar ─alegaba Milah─. Tú apareciste sin explicación alguna, eres el primero.

─Lamentablemente, yo tampoco sé por qué sucedió ─proseguía el padre de Roland. Aunque no me importa cómo llegué o que no vaya a salir nunca de este lugar.

─ ¿Por qué no?

─Porque, mientras yo esté aquí, sé perfectamente que la persona por la que di mi vida estará a salvo, y ese es un precio que estoy completamente dispuesto a pagar. ─Respondía Robín aferrándose a la imagen de la sonrisa de Regina en su mente.


Bosque Encantado

Pasar por eso una segunda vez no era para nada sencillo.

Ya no había nada que decir, ni más remembranzas de tiempos lejanos que relatar, todo se había dicho semanas atrás, y ahora, lo que quedaba por hacer era guardar un silencio solemne.

Todos los antiguos habitantes de Storybrooke y los Hombres Alegres rodearon el Féretro de Mármol que Zelena construyó para él a unos metros de la Aldea de Refugiados. Además de eso, la Bruja creó un monumento frente a la tumba que le decía a todos los extraños que ahí yacía un hombre valiente que dio su vida por una buena causa.

Regina no dejaba de observar esa placa de metal debajo de la escultura de Robín. ¿Buena causa? ¿Cuál buena causa? ¿Salvarla?

Regina odiaba la placa, salvarla no era para nada una buena causa, ella no merecía ser salvada después de todo el daño que había provocado por no ser lo suficientemente fuerte, su debilidad le costó a todos, eso no era nada honorable.

Era tanto su remordimiento, que ni siquiera se dio cuenta cuando entre Zelena, Tink y Blue bajaron el féretro y sellaron la tumba con una enorme placa de mármol. Reaccionó cuando Snow la tomó por el brazo y Henry se acercó hasta ella para sacarla de ahí y volver a la Aldea.

Sin embargo, al caminar, no pudo evitar notar las miradas llenas de odio de Pinocho y compañía, pero no le importaban en lo más mínimo, porque sabía que se las merecía, muy en el fondo sabía que se merecía todo el odio del mundo por sus acciones.

Cuando llegaron, Snow y Henry la subieron en una tarima prefabricada donde ellos también se quedaron junto con David y Ruby para comenzar a explicarlo todo.

Y así lo hicieron. Explicaron a detalle todo lo que había sucedido desde el primer Funeral de Robín con lo que Emma les había explicado días atrás, les dijeron que todo había sido obra de los Dinistrio, y que no deberían enfadarse con ella, porque había sido una víctima, como todos.

─Regina fue controlada por dos sujetos que sólo ella vio, ¿en serio, David? ─inquiría August cruzando los brazos─ ¿De verdad esperas que creamos eso?

─No tendrían por qué desconfiar de nuestra palabra.

─Lo siento, pero todavía me parece bastante irreal creerlo. ─Proseguía August muy molesto aún.

─Creí que eras un hombre de fe, August. ─Intervenía Henry al lado de Snow con un tono de seriedad.

Pinocho se quedó callado y bajó la mirada.

─Si eso es cierto, ¿dónde están las pruebas? ─exclamaba Phillip─. No cuestiono su palabra, pero tienen que darse cuenta que a veces las palabras no son suficientes.

─Como dijo Leroy hace un rato ─comenzaba Ruby─, si Regina estaba con nosotros era por algo. Ese algo es que ella fue quien más sufrió el embate de Shaitan y Abaddon Dinistrio. Casi la matan, y es un milagro que haya conseguido librarse de ellos. Sé que por mucho tiempo ella fue el rostro de la maldad, pero Regina ha avanzado mucho en su camino a la redención como para dejarse caer tan fácil, ¿no lo creen?

─Ruby está en lo correcto ─añadía Snow─, no basen su juicio en lo último que vieron de ella, piensen en todo lo bueno que ha hecho.

─Ustedes querían hacerla pagar cuando se fueron. ─Protestaba Thomas.

─Pero ahora sabemos la verdad gracias a Emma ─rebatía Charming─. ¿Por qué les cuesta tanto entender que Regina no es la culpable?

─Tal vez porque todo parecía algo orquestado por mí y no por alguien más. ─Respondía Regina al fondo.

─Regina por favor, también entiéndelo tú ─pedía Snow con irritación─. ¡Aquí no hay más culpables que los Hermanos Dinistrio!

─No, ellos tienen razón ─intervenía Regina mirando de frente a Snow─. Yo fui la causante de todo el caos aquí.

La Reina se apartó de los Charming y comenzó a caminar por la tarima prefabricada.

─Emma también tuvo razón, yo no tuve la fuerza para resistirme, fue mi culpa que ella se sacrificara para salvarnos, y por supuesto que soy culpable de la muerte de Robín ─pronunciaba Regina con dolor─. Él no murió por una buena causa como dice esa placa de allá, salvarme no era una buena causa, yo merecía morir por lo que había hecho.

─Pero, los Dinistrio jugaron contigo de la forma más vil y ruin. ─Objetaba David.

─Eso fue porque yo se los permití ─todos los presentes se quedaron boquiabiertos─. Dejé que la Reina Malvada saliera a jugar con tal de obtener una oportunidad para traerlo de vuelta, como Emma lo hizo con Hook, dejé que mi desesperación y miedo me dominaran, así que todo esto fue mi culpa.

─Mamá… ─Musitaba Henry cuando la vio derramar la primera lágrima desde que llegaron a la Aldea.

─Pueden odiarme si así lo desean, sé perfectamente que me lo merezco.

Tras decir esto, Regina se marchó entre su nube de humo púrpura.

─Bueno, creo que por ahora será mejor dejar ese punto aparte ─exclamaba Ashley en la retaguardia─. Ahora, ¿podrían explicarnos lo que le sucedió a Emma?

Los Charming se miraron con preocupación al recordar la horrible sensación de hace un rato. Sabían que al decírselos todo eso volvería, pero lo más triste era que no sabían siquiera el verdadero daño que la batalla dejó en su hija.

─Si quieren, yo puedo contarlo por ustedes ─sugería Ruby mirando a Henry caminar junto con Bella hasta la choza donde Emma y Killian se encontraban─. Después de todo, yo estuve cuando la Bruja habló sobre la Profecía.

Los dos la miraron agradecida porque, sintieron que así sería más fácil comenzar a digerir aquello que todavía no podían explicar.

Mientras tanto, en la choza, Killian todavía tenía a Emma tomada de la mano, tenía la cabeza llena de dudas por lo que había sucedido momentos antes, y no dejaba de mirarla con preocupación.

Henry y Bella entraron sin hacer ningún ruido, sólo observando la escena, igual de confundidos que antes.

─ ¿Algún cambio? ─Inquiría Bella con voz dulce.

─No despierta ─respondía Hook con pesar─, ni siquiera con un maldito beso de Amor despertó.

─ ¿Qué? ─Exclamaban los dos al unísono.

─Como lo oyeron, el Amor Verdadero no funcionó… ─respondía Killian recordando las dos veces anteriores que el beso no les había funcionado─ otra vez.

─ ¿Qué fue lo que pasó? ─Pedía saber el Autor caminando hasta quedar a su lado izquierdo.

─Le besé la mano, y lo que siempre pasa cuando el beso de Amor Verdadero surte efecto llegó, pero eso fue hace poco menos de una hora y nada cambia.

─Eso no tiene sentido ─rebatía Bella─, si eso pasó después del beso, significa que funcionó.

─Entonces, ¿por qué no despierta? ─inquiría Hook poniéndose rápidamente de pie y dando la vuelta para verla de frente─, ¿por qué no ha abierto los ojos? ¿Por qué nada de lo que está pasando tiene ningún sentido?

─No tengo una respuesta para eso ─afirmaba Henry mirando a su madre─, yo también quiero que despierte, pero sobre todo, quiero que lo que pasó allá sea solo una broma de su parte.

Killian lo escuchó y sólo así su pánico aminoró. El oírlo le recordó una vez más que no era el único que estaba sufriendo, y que no era el único que, al enterarse de esa endemoniada Profecía quiso hacer hasta lo imposible por salvarla de su propio final.

De pronto, el deseo del niño se convirtió también en su deseo. Realmente esperaba que aquello fuese una broma de mal gusto y nada más. Eso era algo con lo que podía vivir el resto de su vida, pero, todavía estaba la Profecía, y una parte pesimista en él sabía que eso no iba a suceder.

Los tres continuaron contemplándola hasta que lo que tanto esperaban sucedió. ella comenzó a mover su brazo derecho y lo llevó directamente a su cabeza, luego apretó sus ojos, y lentamente los abrió acostumbrándose a la poca luz natural que provenía de la ventana a su lado derecho.

Con la vista aun nublada, miró a su izquierda y halló a tres personas a su lado. Cuando su visión se enfocó, pudo notar que eran las mismas personas que había visto antes de perder el conocimiento, pero ahora, esbozaban una sonrisa llena de una inexplicable alegría.

─Swan. ─Exclamaba Killian tratando de acercársele.

Pero por el contrario, ella no parecía para nada complacida con tenerlos frente a ella. Eran desconocidos, y su alegría no le daba buena espina.

Cuando Bella y Henry intentaron acercarse también, ella se levantó rápidamente de la cama y corrió descalza hasta una de las esquinas de la choza.

Killian trató de ir con ella, pero a cada paso que daba ella gritaba que se alejara.

─Emma, ¿qué sucede? Soy yo, Killian. ─Exclamaba él luego de varios gritos.

─ ¡ALÉJATE DE MÍ! ─ordenaba ella escudándose con una silla─ ¡NO TENGO IDEA DE QUIEN SEAS!

─Mamá ─intervenía Henry─. Somos nosotros, tu Familia.

─ ¡LARGO DE AQUÍ! ─seguía ella─ ¡TÚ NO ERES MI HIJO! ¡ YO NI SIQUIERA TENGO HIJOS!

Henry la miró muy dolido, le parecía increíble que ella dijera eso, y así le comprobaba que no recordaba a nadie.

─Emma, por favor, escúchanos. ─Pedía Killian dando un paso al frente.

─ ¡YA LES DIJE QUE NO SOY EMMA! ─Explicaba ella lanzando la silla por la desesperación.

Hook esquivó la silla y ésta se estrelló en el baúl que estaba a un lado de la cama, pero causó un gran estruendo que se escuchó en el exterior e interrumpió la discusión sobre lo que harían todos a partir de ahora.

─Emma, tranquilízate, sólo queremos hablar. ─Intervenía Bella.

─ ¡YO NO QUIERO HABLAR CON USTEDES! ¡NI SIQUIERA LOS CONOZCO!

─No nos conoces, pero podrías hacerlo. ─Exclamaba Snow entrando a la choza y captando toda su atención.

Snow entró junto con Charming, los dos estaban alarmados por todo el barullo que se escuchaba en el exterior, y al entrar la encontraron a ella en la esquina rodeada por todos los demás.

─ ¿Qué te hace pensar que deseo conocerlos? ─Rebatía ella bajando la voz aún con desconfianza.

─El hecho de que quieres saber en dónde estás, y saber quiénes somos es el primer paso ─respondía Snow con total calma─. No te pido que confíes, sólo te pido que tomemos asiento, y charlemos un momento. ¿qué dices?

Ella miró a esa mujer. Parecía amable y no irradiaba felicidad como los demás, su expresión era de total calma, y eso comenzaba a tranquilizarla. Sin embargo, la recordaba de la noche anterior, preguntándole si lo que decía era una clase de broma.

Nada tenía sentido, esas personas seguían llamándola Emma sin razón alguna, y una parte de su ser necesitaba saber la razón.

─De acuerdo ─accedía ella─. Pero sólo hablaré contigo. No quiero a los demás aquí.

─Está bien, ellos se van ─exclamaba Snow moviendo su mano para señalarlos─. Sólo seremos tú y yo.

Ella simplemente asintió.

─Ya la oyeron ─pronunciaba David tomando a Henry del hombro─. No podemos estar aquí.

Bella accedió y se dio media vuelta siendo la primera en salir. Henry, por su parte, no se quería mover, y sólo lo hizo cuando su abuelo lo jaló con suavidad para que saliera.

Killian tampoco se quería ir, ni podía dejar de mirarla, no era la primera vez que se enfrentaba a una Emma sin memoria, pero esta nueva versión de ella era muy diferente. Su comportamiento y la forma fría con la que los observaba le hacían creer que se trataba de otra persona.

─Debemos irnos. ─Le recordaba David a Killian con voz firme.

─Por supuesto, amigo. ─Respondía el Capitán con fastidio.

Cuando todos salieron y David cerró la puerta, Snow caminó hasta la silla y la dejó frente a la que usaba Hook momentos antes.

─ ¿Qué haces? ─Inquiría Ella mirándola todavía desde la esquina.

─Me pongo cómoda, y tú deberías hacer lo mismo. ─Contestaba Snow amablemente.

─No gracias, así estoy bien.

─Con el debido respeto, pero haz dormido todo el día y prácticamente no haz probado bocado alguno. Creo que de verdad te vendría bien sentarte por un rato.

La chica lo pensó por un momento y al final accedió, tomando la silla que Snow puso al frente y la apartó dejándola a la altura del baúl.

─Bien, comencemos con esto de una vez.

─Primero, quiero preguntarte algo.

─ ¿Qué cosa?

─ ¿Qué es lo último que recuerdas?

─A ustedes mirándome con una alegría tan intensa que daba miedo.

─No, antes de eso, ¿qué recuerdas antes de vernos?

Ella estaba por contestar cuando al pensar en la respuesta, se dio cuenta que no recordaba absolutamente nada, todo estaba gris en su cabeza.

─Yo… yo no lo sé ─exclamaba ella tratando de hacer memoria─. Por más que lo pienso, el único recuerdo que tengo en mi memoria son ustedes.

La expresión de Snow pasó de la seriedad a la incertidumbre.

─ ¿De verdad no recuerdas nada más? ─Inquiría la madre de Emma.

─No, estoy siendo sincera contigo. No recuerdo nada.

─Está bien, te creo ─afirmaba Snow con delicadeza─. ¿No recuerdas de dónde vienes? ¿O si tienes familia?

─No ─replicaba la chica cerrando los ojos intentando recordar algo─, no me acuerdo de nada… ¡espera! Creo que sí, pero es más una sensación.

─ ¿Qué sensación?

─Antes de abrir los ojos y verlos a ustedes, sentí mucho frío.

─ ¿Sólo eso? ─proseguía Snow─ ¿No percibiste olores o algo más?

─ ¿Por qué haces tantas preguntas?

─Porque quiero ayudarte, pero necesito saber qué pasó para poder hacerlo.

─ ¿Por qué quieres ayudarme? ─indagaba ella con rapidez─ Ni siquiera me conoces.

Snow cerró los ojos de dolor al escucharla. Su tono de voz era muy cortante y agresivo, y eso era algo a lo que no estaba acostumbrada. Sólo una vez Emma la había tratado de esa manera, sin embargo, esta vez era diferente, era mucho más fría, como si de verdad no la conociera.

Por dentro quería decirle que de verdad la conocía, que la conocía mejor que cualquiera porque ella era su madre, pero, no sabía si esta nueva versión de su hija tenía una pizca de conocimiento de su vida anterior.

─Esa respuesta te la diré más adelante, pero tienes que cooperar conmigo ─pedía Snow tomando un respiro─. Dime, ¿nada en mí te parece familiar?

La chica la observó detenidamente, pero simplemente movió la cabeza de un lado a otro a modo de respuesta negativa.

─ ¿Por qué aceptaste hablar conmigo?

─Porque tú no tenías esa mirada desesperada en tus ojos, como si esperases que yo supiera quién eras, lo cual es muy contradictorio con tu pregunta anterior ahora que lo pienso ─replicaba la mujer cruzándose de brazos─. Ahora que ya sabes que no tengo recuerdos de nada anterior a esta noche, ¿me vas a decir dónde estoy y por qué no dejan de llamarme Emma Swan?

Snow no supo que contestar a esa pregunta, no sabía cómo explicarle que para ellos seguía siendo Emma, así que decidió probar una última cosa antes de concluir algo.

─ ¿Podríamos intentar algo más antes de darte todas las respuestas?

─ ¿Por qué tratas de alargar esto? ─indagaba ella con verdadera molestia─ Sería más rápido que me lo dijeras de una buena vez.

─Quiero estar completamente segura de lo que te voy a decir, esto será lo último, lo prometo.

─No sé por qué tienes que asegurarte de decir la verdad, pero hazlo, entre menos tiempo te tardes, mejor será.

Snow se levantó y salió rápidamente para encontrarse de nuevo con su Familia.

─ ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? ─Pedía saber Killian desesperado.

─ ¿Está bien? ─Inquiría Henry.

─ ¿Te recordó? ¿Recordó algo? ─Añadía Charming.

─No me dijo mucho, dentro de lo que cabe está bien, y no, no recuerda absolutamente nada anterior a esta noche. ─Respondía Snow con pesadez.

Los tres se quedaron atónitos.

─Pero, quiero probar algo antes de dar todo por sentado.

─ ¿Qué? ─Preguntaba David.

─A mí no me reconoció, pero es probable que si los ve en un ambiente más tranquilo pueda despertar algo en su memoria.

Los tres accedieron de inmediato y entraron para verla sentada frente a la cama jugando con un trozo de paja.

─ ¿Qué hacen ellos aquí?

─Son parte de lo que quiero que hagamos ─explicaba Snow tomando la mano de David─. Tómate el tiempo que necesites antes de responder. Dime ¿lo reconoces?

La chica observó al Príncipe detenidamente por un rato, no obstante, por más que tratara, no lograba dar una respuesta positiva.

─No, no sé quién sea él.

La sonrisa amable de David se apagó.

─ ¿Y qué hay de él? ─Inquiría Snow cuando Henry se acercó.

─No, tampoco. ─Contestaba ella haciendo que el autor volviera a entristecerse.

─ ¿Y él? ─Preguntaba Snow por última vez cuando David y Henry se hicieron a un lado para que Killian pasara.

Él esbozó una tierna sonrisa que ella no pasó por alto. Algo en ese hombre le llamaba la atención, pero no sabía a ciencia cierta qué.

Lo miró por un buen rato, más tiempo del que miró a David o a Henry, cambió de ángulo, lo miró de arriba hacia abajo, miró fijamente el garfio y su atuendo de pirata pero, no había nada. No lograba recordarlo. De pronto y antes de que pudiera responder, su mano izquierda comenzó a temblar y ella la detuvo con la derecha.

─No, no tengo idea de quién es él. ─Contestaba con brusquedad mientras esperaba a que los temblores cesaran.

Killian se quedó callado, y guardó su dolor para sí.

Snow cerró los ojos y trató de que las lágrimas no salieran al ver que su último intento también había fracasado. No quería perder la esperanza, pero ese primer encuentro con esa nueva Emma había sido intenso.

─ ¿Por qué les interesa tanto que sepa sus identidades?

─Porque… ─comenzaba Snow intentando guardar la calma─, porque tú nos recuerdas a alguien a quien acabamos de perder.

─Emma Swan. ─Exclamaba ella provocando un silencio incómodo y pesado.

─Sí, ella ─aseveraba Snow con temblor en la voz─. ¿Podría hacerte una última pregunta?

─ ¿Qué?

─Si no eres Emma Swan, entonces ¿quién eres tú?


Reino Lejano al Bosque Encantado

Momentos Antes

Graham estaba arrodillado al lado de Emma todavía. Había dejado de moverla y sólo la observaba atento al momento en que despertara, sin embargo, eso no sucedía. No iba a llevarla a ese horrendo Bosque para que al despertar lo primero que escuchase fuese ese espantoso eco interminable, así que decidió dejarla ahí, ya que ese era el único lugar en el que el peligro no existía.

De pronto, una onda multicolor apareció en su mano izquierda y se fue expandiendo por todo su cuerpo hasta que desapareció en la orilla del bosque. El antiguo Sheriff se hizo a un lado, y Emma al fin recuperaba abruptamente la respiración.

─Killian. ─Susurraba la Salvadora con los ojos cerrados aún.

Graham suspiró aliviado y esperó a que Emma terminara de reaccionar.

Emma abrió lentamente los ojos y enfocó su vista en el cielo nocturno sin ninguna estrella en él.

─ ¿Cómo te sientes, Emma? ─Inquiría Graham a un lado de ella.

─Como si me hubiese bebido sola una botella completa de Whisky y luego me hubiesen arrollado con mi Escarabajo Amarillo. ─Respondía Emma poniendo su mano izquierda en su frente y sin darle importancia a quién preguntaba.

─Es bueno saber que sientes algo ─replicaba el Cazador─, la mayoría no sentimos nada los primeros minutos de estar aquí.

─Esa voz yo la conozco. ─Exclamaba Emma mirando hacia su derecha.

Cuando enfocó correctamente, lo segundo que vieron sus ojos en ese Reino fue la sonrisa que Graham amablemente le estaba regalando.

─Esto no puede ser ─pronunciaba la Salvadora recargándose en su hombro derecho para verlo mejor─, se suponía que no habría Inframundo para mí, entonces, ¿qué hago aquí?

─ ¿Crees que estamos en el Inframundo? ─Preguntaba Graham con extrañeza.

─Sí, aunque no recordaba esta playa ─respondía Emma mirando alrededor─, y nada está rojizo.

Graham la miró con disculpa antes de hablar.

─Emma…, no estamos en el Inframundo.

─ ¿Qué? ─inquiría la Salvadora muy confundida─ ¿Dónde estamos entonces?

─Estamos en el basurero del Inframundo, el lugar a donde van a parar todas las Almas que no pertenecen a ningún lugar ─respondía Graham con seriedad─. Emma. Estamos en la Tierra de las Almas Perdidas.

La Salvadora se quedó callada y digirió la información lo mejor que pudo. Definitivamente no esperaba algo como esto, no esperaba despertar en otro Reino, en realidad no pensaba volver a despertar, pero ahora, no sabía cómo tenía que proceder.

─Hay algo que me tiene verdaderamente desconcertado.

─ ¿Qué?

─A este Reino sólo se llega a través de ese fétido Río ─exclamaba Graham señalando a la distancia─, así que dime, ¿cómo fue que llegaste aquí?


Bosque Encantado

El Presente

La chica pensó detenidamente, buscó en cada rincón de su mente y memoria, pero parecía que ni esa simple y sencilla pregunta era capaz de responder.

Se concentró tanto en buscar su nombre que una fuerte punzada le recorrió todo el cerebro, cosa que hizo que al fin se detuviera.

─Parecerá estúpido, pero ni mi propio nombre puedo recordar. ─Respondía ella con tristeza y enojo.

─Está bien, ya tendrás tiempo para descubrirlo ─afirmaba Snow con voz calmada─. Ahora sí, lo prometido es deuda. Me presento ante ti, soy Snow White.

─ ¿Snow White? ─inquiría ella soltando una risa─ ¿En serio?

─Sí, ¿por qué? ¿Te recuerda algo? ¿A un cuento de hadas?

─Por supuesto que no, pero un nombre así, bueno, no me lo tomes a mal pero no es muy peculiar.

─Aceptaré eso como un cumplido, en fin, él ─continuaba Snow señalando a David─, es David, o Charming como suelo llamarlo. Ambos somos Príncipes del Bosque Encantado.

─ ¿Así se llama este lugar? ¿Bosque Encantado?

─Así es, ¿habías oído sobre él? ─Seguía Snow.

─No, pero el nombre me gusta ─afirmaba ella─. Un momento, si ustedes dos son Príncipes, ¿qué hacen aquí?

─Larga historia. ─Suspiraba Charming.

─Este chico que está aquí es Henry Mills, el Príncipe Henry ─se corregía Snow al darse cuenta de eso─, es nuestro nieto.

─ ¿No son muy jóvenes para tener un nieto?

─Otra larga historia. ─Exclamaba Henry con una risa burlona.

─Y él, es Killian, Killian Jones. ─Exclamaba la Princesa presentando a Hook.

─Killian ─repetía ella mirándolo con curiosidad─. Lindo nombre.

─Gracias, Milady. ─Agradecía el Capitán sin saber qué otra cosa más hacer.

─ ¿Qué le pasó a tu mano? ─Pedía saber ella sin quitarle los ojos de encima al garfio.

─Un cocodrilo se la llevó. ─Respondía Killian con rabia y tristeza.

─Eres un Pirata, ¿cierto?

─ ¿Te sorprende?

─Un poco, es que, mi escasa memoria me dice que es la primera vez que tengo a uno frente a mí. ─Exclamaba la chica con sinceridad.

Snow, Charming y Henry los miraron interactuar muy tranquilos, como si las primeras dos veces no hubiesen existido.

─Tengo que ser honesta con ustedes ─exclamaba ella─. Cuando no me ven con esos ojos tristes que esperan a alguien más, no son tan insoportables.

Nadie dijo nada más.

─ ¿Sabes qué harás a partir de ahora? ─Inquiría David llamando su atención.

─Intentar recuperar mis recuerdos, pero no sé por dónde empezar.

─Nosotros podríamos ayudarte con eso. ─Aseguraba Snow.

─ ¿Cómo?

─Viniendo a nuestro Castillo ─seguía la Princesa ante la mirada de asombro de los demás, conocemos a un par de doctores que pueden ayudarte, podrías vivir con nosotros hasta que te sientas mejor.

─ ¿De verdad van a alojar a una extraña en su hogar?

─A partir de este día ya no eres una extraña para nosotros ─retomaba Charming─. Sí, no conocemos tu nombre, pero a veces los nombres no son importantes, el individuo sí.

─Además, hay varios peligros allá afuera a los que no quieres enfrentarte aún ─intervenía Henry─. En nuestro hogar estarás resguardada por gruesos muros de piedra y tendrás un lugar limpio y fresco para descansar.

Ella lo meditó por un rato. Al final de cuentas no eran malas personas, solo estaban confundidos al igual que ella.

─Sólo hasta que recupere la memoria. No más.

─Es un trato ─exclamaba Snow poniéndose de pie─. Bien, creo que será oportuno que te dejemos descansar, y descuida, te traeré algo de comer para que recuperes fuerzas más pronto.

─De acuerdo, gracias.

Snow le sonrió, se puso de pie y salió de la choza seguida por los demás, cuando cerraron la puerta y se alejaron, ella corrió hasta David y lo abrazó para desahogarse de todo. De cierta forma sentía que habían perdido a Emma y necesitaba sacarlo. Al verla, todos comenzaron a preocuparse y se acercaron a ella, Killian, por el contrario no quiso estar cerca de la escena y se fue hasta la orilla de la Aldea.

Ver a Snow lo dejaba confundido, esa última charla que tuvo con Emma parecía en cierta forma verdadera, pero todavía existía algo que no encajaba por completo, no era Emma con la que estaba hablando, no era ese coqueteo rudo como cuando se conocieron, ni siquiera era un coqueteo, no era nada.

¿A esto se refería la Profecía con perder su esencia? No podía ser posible, no quería creerlo, y con mayor razón, quería encontrar una pronta solución. Sus pensamientos fueron tan abrumadores que simplemente se dejó caer en el césped y se dedicó a contemplar el horizonte en busca de consuelo, pero no conseguía nada, eso sólo el océano se lo podía dar.

David notó la ausencia de Hook y le pidió a Ruby que se quedara con Snow para ir a buscarlo. No caminó mucho tiempo hasta que lo encontró sentado en el suelo cortando el césped con frustración. Charming simplemente suspiró y se sentó a su lado izquierdo.

─Zelena dijo que reconstruirá el Castillo por nosotros.

─Bien por ella. ─Bufaba Hook.

─Y le dije a Snow que no descansaríamos hasta encontrar una solución. ─Afirmaba David.

─ ¿Crees que realmente exista una solución a esto?

─Hubo una para la muerte, una que nos tiene a ti y a mí aquí, así que no dudo en que haya una para esto ─respondía Charming poniendo su mano en el hombro del Pirata─. Killian, este Reino es inmenso, y en alguna parte de él encontraremos la manera de traerla de vuelta, pero sólo lo lograremos si permanecemos juntos.

─ ¿De verdad? ─Inquiría Killian volteando a verlo.

─Mi hija está en alguna parte, y te juro que la vamos a encontrar. ─Respondía David con esperanza.

Por primera vez en horas, Hook dejó escapar una sonrisa de verdadera felicidad, creía en las palabras de David, y sabía que tenía razón, muy pronto encontrarían una forma para que todo volviera a la normalidad, y Emma volvería a estar con ellos en un abrir y cerrar de ojos.

─Por supuesto que sí, Dave. Juntos traeremos a Emma de regreso a donde pertenece.


Jolly Roger

Tres Meses Después

─ ¿Está seguro de lo que hace, Capitán? ─Inquiría Smee desde el timón.

─No recuerdo que mi primer oficial tuviese permitido cuestionar mis acciones. ─Refunfuñaba Hook desde la escalinata que llevaba al timón.

─Perdone Capitán, pero no entiendo por qué lo hace, no entiendo por qué se va.

─Lo que yo busco ya no está en este Bosque, así que, ¿por qué quedarme? ─continuaba Killian con fastidio─ ¿Va a seguir cuestionando mi actuar o levará el ancla, Sr. Smee?

─Como ordene, Capitán. ─Replicaba Smee mandando a los nuevos dos marineros a levar anclas.

─El viento es excelente, ¡ice las velas Sr. Smee, y sáquenos de aquí! ─Ordenaba Hook caminando hacia la proa.

─ ¿A dónde vamos? ─Preguntaba Smee por última vez.

─El destino es lo que menos importa ahora, ya lo averiguaremos en el camino.

Killian lucía triste y derrotado para Smee. No sabía por qué, ni lo que había pasado con Emma, pero, algo le decía que no pintaba para nada bueno, sabía que aunque le preguntara no le diría hasta que consiguiera un poco de calma interna y que aun así solo le diría lo que él necesitaba conocer. Y así fue como con ese pensamiento en la cabeza, obedeció las órdenes, y los sacó del puerto, para que navegaran sin destino conocido.


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