N/A: Bueno, técnicamente, este es mi primer songfic, y quise meterlo en el fanfic porque cada que escucho la canción me recuerda mucho lo que está pasando en este punto de la historia.

La canción es "¿Por qué es tan cruel el amor?" de Ricardo Arjona.

Les pido una enorme disculpa por la terrible tardanza, pero creo que por un tiempo, las actualizaciones volverán al mismo ritmo que antes.

En fin, ¡disfruten de este capítulo!

ÚLTIMA NOTA: Silvia significa Bosque.


XVI

Estás en mi Mente


No se acaba el amor sólo con decir adiós

Hay que tener presente que el estar ausente

No anula el recuerdo, ni compra el olvido

Ni nos borra del mapa.


Tierra de las Almas Perdidas

El Presente

Otra noche sin dormir.

Aunque, para ese momento, ya no distinguía entre el día y la noche, gracias a tanto follaje y oscuridad a su alrededor. Desde el primer momento que llegó a esa tierra extraña, no pudo conciliar el sueño, y eso le recordaba su corta época como Ser Oscuro, sin embargo, esta vez tenía la oportunidad de descansar de las horribles cosas por las que había pasado, pero sus ojos no se cerraban y su mente no reposaba.

Sabía que no era por los terrores de los Bosques que la rodeaban. No era el eco interminable del Bosque de Odjek, o las criaturas infernales del Bosque Vermell, no, lo que alimentaba su insomnio era un viejo sentimiento que llegó con ella: la pérdida.

Cuando se sacrificó por los que amaba ya tiempo atrás, jamás pensó que llegaría a otro reino, en cada momento de su lucha con los Hermanos de la Destrucción, sólo se imaginaba en un lugar oscuro y frío donde el tiempo no pasara, donde no sintiera y donde no volviera a abrir los ojos nunca más, un lugar suspendido en el que pasaría la eternidad como parte del precio a pagar.

Pero ahora estaba aquí, pensando incesantemente en aquellos a los que salvó, y en lo mucho que estaban sufriendo con los resultados de su última decisión. ¿Qué estaría pasando en el Bosque Encantado en ese instante? ¿Qué habrá pasado con su cuerpo luego de irse? ¿Qué habrá cambiado?

Tenía un millón de preguntas en su mente, preguntas que siempre, se quedaban sin respuesta, lo que la volvía loca. No se arrepentía de nada, pero quería saber si el daño colateral había sido tan intenso como el humo gris lo profetizó.

Además de esas preguntas, existía otra cosa que la privaba del sueño, la que catalogaba como la cosa más tortuosa dentro de su nuevo hogar, lo último que vio antes de marcharse, y que hacía que las lágrimas salieran de sus ojos de forma inevitable acompañadas inmediatamente por el sentimiento de pérdida a la décima potencia; la pena de Killian.

Se preparó mentalmente para todo, o al menos, eso creía. El ver a Killian correr con esa desesperación y escucharlo diciéndole que todo estaría bien, fue lo que comenzó a partirle el corazón. No quería hacerle daño, y había cometido un enorme error al hacerle creer que todo estaría bien una vez que la batalla terminara. Su llanto a punto de escapar de esos ojos azules en los que siempre encontraba consuelo y amor, era lo que ahora la estaba matando por dentro.

Su última despedida fue la más dolorosa por la que los dos habían pasado, pero ella sabía perfectamente la razón. Ninguno quería que ese adiós se suscitara, porque a esas alturas, no sabían ni querían estar separados, habían nacido para estar juntos y al que movía los hilos del destino le encantaba ignorar esa parte.

El vínculo que los unía, y que permitía que ambas mitades de corazón latieran al mismo ritmo también contribuía a que su remordimiento y dolor propio aumentaran. Era el Amor que sentía por Killian Jones lo que en realidad tenía a Emma Swan sin poder dormir, y estar en paz, porque ella sabía que ni siquiera la distancia o la muerte podrían romper ese lazo que los hacía sentir que el mundo exterior no importaba, siempre y cuando se tuvieran el uno al otro.

─Creo que este lugar tiene ya demasiados vigilantes nocturnos como para que te les unas, Emma. ─Exclamaba Graham a la distancia.

Escuchar esa voz tan familiar logró sacarla del trance en el que estaba. Había pasado más de tres horas sentada en la rama de un árbol contemplando el horizonte, sacando su tristeza en forma tan silenciosa que nadie en las chozas que la rodeaban podía escucharla, o al menos, eso creía.

─No es que me queje de la hospitalidad de nuestros anfitriones, pero la cama de heno no es muy cómoda que digamos, siempre me priva del sueño. ─Respondía Emma secándose las lágrimas con la manga de su abrigo de cuero rojo.

─Y ese hecho te conmueve hasta las lágrimas, por lo visto. ─Replicaba Graham cruzándose de brazos.

─Ve a dormir, Graham ─exclamaba Emma luego de un suspiro─, tal vez en unas horas yo también pueda hacerlo.

El antiguo cazador dio un paso al frente.

─Te creería si eso no fuera exactamente lo que has dicho desde que llegaste aquí.

Emma lo miró desde lo alto con los ojos llenos de tristeza y verdad, sin embargo, prefirió permanecer en silencio.

─Los primeros días pensé que era por toda la situación de dormir de día y vivir de noche ─proseguía Graham andando con pasos pequeños hasta el tronco del árbol─, en el fondo creí que te acostumbrarías, pero pasaron los meses y la situación seguía igual. No te pregunté en esos momentos, sin embargo, me parece que ya es más que justo el hacerlo.

─No sé qué es lo que deseas saber, Graham ─replicaba Emma alejándose del tronco─, no necesito dormir, ya he pasado por eso, fin de la historia.

─Ambos sabemos que no es el verdadero fin de la historia. ─Afirmaba Graham cuando comenzó a trepar.

Emma lo miró y sabía lo que se avecinaba; una charla que muy en el fondo estaba ansiosa por tener con alguien que la conociera al menos un poco. Su familia ya no estaba, así que, aunque no lo quisiera, Graham era lo más cercano a familia que tenía en esa tierra.

El Sheriff subió hasta la rama en la que ella se encontraba, y se sentó a su lado, dejando que sus pies colgaran, igual que los de Emma. Ambos se quedaron en silencio un buen rato, contemplando la luz proveniente de los Bosques lejanos, una sin querer hablar, y el otro sin querer abandonarla en la oscuridad.

Si Emma quería hablar, ese era el momento más adecuado, no había por qué callar, los muros desaparecieron gracias a Killian, y ella le juró que jamás los volvería a levantar, aunque estuviera sin él. Así, con el recuerdo de la promesa, fue como luego de media hora, pudo comenzar.

─El separarte de alguien que amas, no significa que dejará de ocupar un lugar importante en tu mente y corazón ─expresaba Emma llevando su mano derecha a su lado izquierdo, donde en su cuerpo físico reside la mitad de su corazón─, lo mismo aplica para ese a quien dejaste.

─ ¿El Pirata? ─Inquiría Graham.

─Killian, su nombre es Killian. ─Respondía Emma en un susurro.

Luego de esa declaración, ambos se quedaron en silencio, contemplando el resplandor de colores que emitían los Bosques a su alrededor.

─Entonces, ¿no puedes dormir por su recuerdo? ─Inquiría Graham cruzándose de brazos.

─No es sólo por eso ─respondía ella aun con la mano sobre su pecho─. Me duele estar alejada de Killian, aunque sé que mientras yo esté aquí, él estará a salvo, pero, hay algo más que me carcome por dentro.

─ ¿Qué es? ─Continuaba el Sheriff.

Emma miró fijamente el resplandor rojo del Bosque Vermell antes de responder.

─Que aun estando distanciados, puedo percibir su dolor ─contestaba la Salvadora─, una parte de mí sufre con él, lo extraño y lloro por el desconsuelo de ambos.

─Aquel al que más amas es el que más te hace sufrir ─exclamaba Graham─, parece bastante irónico.

Emma dejó escapar una leve risa y cerró los ojos. En ese instante, no pudo evitar el mar de recuerdos que le vinieron a la mente, era bastante doloroso vivir nuevamente aquellos momentos, los buenos y entrañables momentos que pasaron juntos, porque sabía que a pesar de ser cosas que no cambiaría por nada en el mundo, no volvería a tener experiencias así en el futuro. Lo que dijo esa lejana noche cuando Pan y Henry habían intercambiado cuerpos volvió a ella, por más que luchó contra su destino, al fin se le cumplió, la Salvadora no tiene días libres, y desde el segundo que llegó a la Tierra de las Almas Perdidas se dio cuenta que tampoco tenía ya la posibilidad de alcanzar su final feliz.

Con la pena dentro, no pudo evitar derramar más lágrimas llenas de dolor y de un horrendo sentimiento de pérdida.

─Esa, mi querido Graham, es la gran paradoja del amor ─replicaba Emma con voz temblorosa─. Aunque quieras impedirlo, no puedes olvidar ni dejar de sentir, eso, vuelve tu infierno más real, y hace que tu corazón se parta en mil pedazos, sin que lo puedas evitar.

Graham la miró preocupado.

─Y la peor parte de todo es que, como dije antes, sé que él está sufriendo allá, y más porque si todo salió como la maldita Profecía lo dictó, significa que Killian tiene frente un recordatorio vivo de todo lo que perdió.


El que tú no estés no te aparta de mí

Entre menos te tengo más te recuerdo

Aunque quiera olvidarte, estás en mi mente

Y me pregunto mil veces.


Jolly Roger

Ese Mismo Instante

Una vez más en altamar.

Habían pasado ya varias horas desde que le ordenó a Smee levar anclas, las mismas horas en las que la noche continuaba arropándolos con su cielo estrellado, y las mismas horas en las que él curiosamente tampoco podía conciliar el sueño.

En los últimos tres meses, pocas veces lograba dormir, por lo regular, Azoka y Mulán se encargaban de enviarlo a la cama allá en el viejo Castillo de los Charming, David solía enviarlas luego de encontrarlo deambulando por los pasillos y los jardines como un Alma en pena, aunque, de cierta forma, eso era.

Pero ahora, en su primera noche fuera de la sofocante vigilancia de los que se convertirían en sus suegros, había recordado el terrible insomnio que lo aquejaba desde aquella vez, cuando su pesadilla comenzó.

El mar estaba en calma, al igual que la cubierta de su viejo y amado barco, sin embargo, su mente y corazón eran todo lo contrario. Desde hace tres meses, sólo había alguien que ocupaba la mayoría de sus pensamientos y quien le provocaba esa horrenda sensación de vacío interminable.

Esa persona que en algún momento consideró como su final feliz, había desaparecido. Ya no veía su sonrisa llena de alegría, ni escuchaba su risa cada que hacía una broma sobre él y sus batallas épicas con la tecnología moderna, ya ni siquiera podía admirar esos bellos ojos verdes que alguna vez, juró podría contemplar el resto de su vida y mucho menos lograba percibir ese ligero aroma a vainilla a su alrededor. Por tres largos y tortuosos meses, convivió con un ser que el único parecido que tenía con su querida Emma Swan, era sólo en el exterior.

Por más que todos lo intentaron, por más que él lo intentó, nada funcionó. Cada prueba añadía un granito más a su pena y frustración, y, con el paso de los días, sin que él lo quisiera, fue perdiendo la fe.

¿Algún día la recuperarían? ¿Sería posible traerla de vuelta de donde quiera que ella estuviera? ¿Aún quedaba algo de ella que rescatar?

Sabía que las respuestas a esas preguntas no yacían ahí, donde ya todo estaba perdido, donde en poco tiempo los padres de Emma se dieron por vencidos y cedieron a su último deseo. Él no se iba a rendir sin luchar, no iba a tirar la toalla hasta que de verdad no hubiera ninguna esperanza, su mundo era extenso, existían cientos de hechiceros y cientos de artilugios mágicos que podrían ayudarlo, así que no se iba a rendir, aunque todos pensaran lo contrario.

Sólo había una persona que conocía sus verdaderos motivos, y esperaba de corazón que él también recapacitara y lo ayudara a la distancia a hallar la solución a su problema.

Killian trató de cerrar los ojos, pero una vez más, el rostro de Emma volvía a aparecer en la oscuridad, así que los abrió y se quedó mirando al techo de madera por un buen rato. No podía ni quería olvidarla y por esa misma razón, la extrañaba con todo su ser. Sin embargo, cada que veía a esa nueva versión de Emma, sentía como si todo el amor del mundo fuese tragado por un aura negra sin esencia ni calidez.

─Maldita sea, Swan. ¿Qué fue lo que hiciste? ─Resoplaba Killian con pesadez pasando su mano por su rostro.

Esa era la pregunta que se hacía cada noche, cada que miraba al cielo y lograba encontrar la constelación del cisne, pero, sabía que esa era una pregunta sin respuesta. Emma había hecho lo que hizo para salvarlos a todos, y estaba dispuesta a pagar el precio con tal de que su familia alcanzara la felicidad, sin darse cuenta que sin ella, eso sería más que imposible, sobre todo para él. Emma ya formaba parte de su ser, y muy difícilmente lograría obtener algo bueno sin ella.

Pasó muchas horas en la misma posición, tratando que el leve movimiento del agua a su alrededor lograra calmarlo, pero no sucedía. De pronto, cuando giró su cabeza hacia su escritorio, pudo distinguir un sobre color amarillo debajo de unos cuantos mapas y pergaminos varios.

Desde que puso un pie en su camarote, no había notado nada raro en él, es más, se veía exactamente como él y Emma lo dejaron aquella tarde. Pero ahora, ese sobre llamaba su atención, se puso de pie y caminó hasta el escritorio, extrañamente guiado por un ligero aroma que no había percibido desde la última vez que estuvo en su barco; vainilla, la esencia de Emma. quitó los mapas y pergaminos para encontrarse con dicho sobre que tenía escrito su nombre en él. Lo admiró por un buen rato como si fuera el tesoro más valioso que alguna vez hubiese encontrado, como si fuera un oasis y él fuese un errante en un desierto desolado, y eso sólo tenía un motivo: era la letra de Emma.

La carta era para él, podía sentirlo y quería leerla con urgencia, quería saber lo que contenía, y así sentirla cerca, aunque fuese sólo con sus palabras.

Sin embargo, cuando la tuvo entre sus dedos, algo inquietante sucedió. Sintió una dolorosa punzada en la sien derecha que lo obligó a cerrar los ojos, y comenzó a tener una especie de visión. Era él con un elegante y reluciente atuendo de pirata color negro. Estaba de pie en un altar con un enorme vitral multicolor a sus espaldas, frente a él estaban sus amigos y familia todos con sus mejores ropas, esbozando una sonrisa de felicidad, y al fondo, cuando las puertas de la iglesia se abrieron se topó con Snow y Charming envueltos en esos atuendos de la realeza que tanto les encantaban, ambos caminaban a los lados de la mujer más hermosa que había visto en su vida. Los Charming llevaban a Emma del brazo, quien traía el vestido de novia más impecablemente blanco que jamás había contemplado.

Cuando la visión terminó, dio unos pasos hacia atrás y se dejó caer sobre su cama, dos lágrimas bajaban por sus mejillas y su mano temblaba. Lo que fuese aquella visión, sólo podía ser una mala jugarreta de su mente, algo cruel que sólo le dejaba ver lo que posiblemente no tendría jamás, si nunca hallaba una solución.

Si hubiese tenido esa visión hace más de cinco meses, cuando todavía estaban juntos y felices en Storybrooke, la historia sería diferente, pero ahora estaba dolido, y esto no le hacía para nada bien.

Algo dentro de él volvía a romperse, algo que continuaba muy frágil y sensible; su corazón. Era el amor que sentía por Emma lo que lo tenía al borde de la locura, era el amor lo que en verdad, lo estaba matando mil veces.

─Swan ─susurraba Killian mirando fijamente al sobre─, ¿por qué te fuiste?

Esa era la pregunta que se había hecho siempre, ¿por qué?, y no sólo con Emma, se preguntaba el por qué la vida era así con él, por qué cada que se abría al amor salía lastimado, y por qué, su Amor Verdadero sin querer lo había abandonado.

Así, con los sentimientos a flor de piel, abrió el sobre y comenzó a leer la carta, sabiendo de antemano, que las respuestas que buscaba no iba a encontrarlas ahí.


¿Por qué es tan cruel el amor? Que no me deja olvidar

Que me prohíbe pensar, que me ata y desata

Y luego de a poco me mata, me bota y levanta

Y me vuelve a tirar.


Terrenos del Castillo de Snow y Charming

Hace Tres Meses

─Esto será un proceso largo, así que no te frustres si no funciona al primer intento, ¿de acuerdo, Emma? ─Inquiría Whale.

─ ¡NO ME LLAMES ASÍ! ─Espetaba ella levantándose de su asiento con brusquedad.

Pasó una semana desde que los Dinistrio habían desaparecido y en ese tiempo muchas cosas habían ocurrido.

La tarde del segundo funeral de Robín, Azoka y Mulán aparecieron, y Ruby les dio la triste noticia. Luego de que la chica de la Tierra sin Magia se ofreciera a llevarle la comida a Emma, Zelena le pidió que unieran fuerzas para reconstruir el Castillo y así ella volviera más rápido con Regina.

En los días siguientes, la nueva Emma no salió de la choza, y no permitía que nadie entrara, a excepción de Snow, quién era a la que le tenía un poco de más confianza. Mérida y Dorothy también llegaron a la Aldea, y al oír lo ocurrido y unir los puntos, trataron de verla, pero ella se atrincheró y no dejó pasar a nadie por más de tres horas.

Nadie entendía su actitud cambiante. Por ratos estaba calmada, pero, cuando alguien trataba de acercársele sin que ella lo esperara trataba de defenderse con lo primero que tuviera enfrente. Ruby, Mérida y Dorothy, arrastrada por la hija de Fergus, emprendieron el camino de vuelta al Jolly Roger para traer a Whale por petición de Archie, para que juntos idearan el plan perfecto para ayudar a la nueva Emma a recuperar su memoria. Henry, por su parte, vigilaba la puerta de la choza, esperando una oportunidad para entrar y hacer hasta lo imposible por hacer que su madre volviera, hasta que un día, Belle lo llevó consigo e intentó distraerlo, sin éxito, mientras que los Charming se la vivían en las ruinas del castillo, dirigiendo la mágica reconstrucción del mismo.

Killian patrullaba la choza con recelo, rodeándola tratando de verla y de hacer que ella lo viera, para que volvieran a conversar como aquella vez donde por un momento hubo paz y calma a su alrededor, pero, con el paso de los días eso cambió, creando un abismo entre los dos cada vez más grande, ella estaba cambiando, y él quería saber la razón.

Aunque en el fondo recordaba la profecía, no podía alcanzar a comprender el grado de daño que esta había dejado. Por otra parte, creía en las palabras de David, sabía que al final del día podrían regresarla y terminar con la pesadilla, sin embargo, en esos pocos días, no hallaba algo que los ayudara, así que lo único que se le ocurría era mirar la puerta, tratando de no volverse loco.

Durante esos días, casi no durmió, le costaba mucho trabajo cerrar los ojos, y cuando lo conseguía, despertaba a las dos horas, con muchas preguntas en la mente.

Ahora, estaba en los terrenos del castillo, con la reconstrucción casi terminada, y siendo el vigía silencioso de la nueva Emma. Justo en ese momento, con la cabeza llena de pensamientos y recuerdos vívidos, regresó a su realidad cuando ella se levantó y de forma agresiva le replicó a Whale.

─ ¿Qué te parece si tú nos dices como debemos referirnos a ti a partir de ahora? ─intervenía Archie a un lado de Víctor─ ¿Sí?

La chica se quedó de pie y puso el pulgar derecho en la barbilla, ante la atenta mirada de Killian. Técnicamente no conocía su nombre, si es que alguna vez tuvo uno, pero ahora tenía la oportunidad de adoptar uno, si quería que las cosas avanzaran. Lo pensó por mucho rato, alzó la vista hacia las copas de los árboles y una vieja palabra rondó su cabeza, palabra, que le ayudó a encontrar la respuesta.

─Silvia ─musitaba ella mirándolos a los dos─, quiero que me digan Silvia.

─Interesante elección ─respondía Whale con una sonrisa─. No todos los días escuchas ese nombre. Bien, Silvia, ¿podemos empezar con nuestra primera sesión?

¿Por qué había elegido ese nombre? ¿Qué significaba para ella? Emma jamás le había mencionado a ninguna Silvia con la que se hubiese topado en su camino como para justificar que eso había salido desde lo más profundo de su mente, esa elección había sido extraña, aunque, todo en ella lo era.

Killian regresó su vista al lago, mientras Archie y Whale continuaban con su sesión usando la sabiduría que la Maldición Oscura les dio. Por más de dos horas, escuchó la frustración de Silvia al fallar en cada pregunta y ejercicio, trató de no prestarle la suficiente atención, y continuó con la vista fija en el agua, quería que el agua calmara su tormenta, como siempre lo hacía, sin embargo, su propia mente le hacía jugarretas crueles, porque, en vez de calmarlo, el agua del lago le traía viejos recuerdos de Storybrooke, eran momentos felices que pasó con Emma desde que volvieron del Inframundo.

A lo lejos podía escuchar su risa, y la música proveniente de la Rockola de Granny, podía escuchar su propia voz hablando con Emma para que le devolviera el Garfio, y también escuchaba la campanilla de la puerta de entrada junto con las múltiples voces de los demás integrantes de su familia.

No podía buscar otros recuerdos felices para reemplazar aquellos porque los más nuevos los había tenido con ella, y los pocos que alguna vez llegó a tener quedaron sepultados y muy difícilmente los obtendría tan rápido.

Por dos horas, la situación no cambió, cada que miraba al agua, lo mismo sucedía, así que por ratos miraba al bosque hasta que las voces cesaran.

Cuando Archie y Whale terminaron, Killian sacó su pequeña cantimplora de licor de su bolsillo trasero y bebió sin importarle nada, esperando que eso le ayudara.

─No sabía que te gustara el ron. ─Exclamaba Silvia acercándose a él.

Hook bajó la cantimplora, y la recargó en su muslo derecho.

─Es un viejo hábito que he llevado conmigo por siglos ─respondía Killian sin voltear a verla─. La parte buena es que el ron no te lastima.

─ ¿Siglos? ─inquiría Silvia mirándolo con curiosidad─ ¡Oh, cierto! Snow me contó un poco de eso, estuviste en un lugar llamado Nunca Jamás, ¿no es así?

─Esa es una larga historia, que no me gusta contar. ─Replicaba Hook volviendo a beber.

─Killian, ¿puedo preguntarte algo?

─ ¿Qué sucede, Swa…?

Killian se detuvo antes de terminar la oración, sabía que cada que alguien mencionaba el nombre de Emma, Silvia solía tener reacciones muy violentas, como la que acababa de tener horas atrás.

─ ¿Qué sucede, Amor?

─No es mucho, simplemente quiero saber una cosa que me ha estado molestando desde hace días.

─ ¿Y qué es?

─ ¿Por qué, Snow, Charming, Henry y tú no se atreven a mirarme a los ojos?

─ ¿De verdad quieres saberlo? ─indagaba Killian guardando el ron─ ¿Prometes que no actuarás como lo hiciste hace rato?

─Esto tiene que ver con esa tal Emma Swan, ¿verdad? ─Replicaba ella con fastidio.

─Snow te lo dijo desde el primer día, hay algo en ti que nos recuerda mucho a ella, cada que te vemos, no podemos evitar recordarla, y eso nos duele.

─ ¿Qué pasó con ella? ─continuaba Silvia cuando Killian suspiró con pesadez─ ¿Murió?

─No tenemos idea de lo qué pasó con ella, simplemente, desapareció.

─ ¿Podrías hablarme de Emma? ─pedía Silvia sentándose a un lado del tronco─ Por favor.

Hook dejó salir una risa incrédula.

─ ¿Qué? ¿Por qué te ríes?

─Cada vez que alguien te llama por su nombre te enfadas y quieres matarnos a todos, cada que alguien se te quiere acercar tratas de defenderte hasta con una cuchara de madera, ¿por qué el cambio tan repentino?

─Archie y Whale dijeron que me respondiera unas preguntas al final del día, pero por más que pienso no hay nada en mi cabeza más que lo que ocurrió la primera vez que los vi, así que después de los primeros cinco minutos me aburrí y decidí saber el motivo de sus miradas ─replicaba Silvia─. Quiero saber más sobre ella, y sobre por qué era tan importante para todos aquí. Al menos así sabré si las miradas son justificadas o no.

─Por lo visto nuestros ojos tristes y nuestra desesperación te intimidan ─afirmaba Killian aun sin voltear a verla─, ¿esa es la única razón?

─Si sé el motivo de su penar, tal vez los pueda ayudar a superarlo.

─Si la dama insiste. ─Exclamaba Hook girando a su derecha.

Cuando por fin la miró a los ojos, supo que ese había sido el peor error de su vida.

Los ojos verdes que alguna vez brillaron con intensidad se habían ido, ahora sólo se podía sentir la desolación que irradiaba de ellos. Se quedó sin habla, permitiendo que el vacío del alma que lo acompañaba lo llevara inconscientemente a un mundo oscuro donde ya no sentía lo que alguna vez albergó su corazón; Amor.

Fue como volver a sus épocas oscuras, donde su capacidad de amar había sido mitigada, en poco tiempo la soledad lo absorbió y lo regresó al vórtice del que sólo Emma lo pudo sacar.

─ ¿Killian? ─inquiría Silvia preocupada al ver su expresión─ ¿Estás bien?

Luego de pronunciar esas palabras, puso su mano izquierda sobre la mano derecha de Hook, y algo en ella, también comenzó a pasar. Inexplicablemente, de la palma de su mano brotó una pequeña sensación de calidez, y su mano entera comenzó a temblar. Killian, por su parte, escuchó la voz de Emma pronunciando su nombre cuando Silvia puso su mano sobre la de él.

¿Qué significaba todo eso? ¿Qué eran esas voces recurrentes? ¿Se estaba volviendo loco? Lo que fuese, lo ponía cada vez más nervioso. Rápidamente, Silvia quitó su mano, ambos se miraron por un momento, y ella se retiró del lugar.

Hook la vio partir, para después caminar hasta el lago y arrodillarse frente a él. Miró su reflejo en el agua tranquila, y pensó en lo que acababa de pasar, no era normal, ni siquiera en el Bosque Encantado eso era normal, las personas no escuchaban voces en su mente. En ninguna ocasión en la que se llegó a separar de Emma, algo así le había sucedido, lo único que lo aquejaba era la desesperación por volver pronto a ella, pero jamás algo como esto. Se sentía como un verdadero frenesí sin control.

─ ¿Hay algo de lo que quieras hablar? ─Inquiría Belle detrás de él.

─ ¿Hoy no estás cuidando a Henry? ─Respondía él.

─Snow le pidió a Archie que hablara con él, lo ha visto muy triste en últimas fechas.

─No es para menos, y más con Regina que no lo hace más sencillo.

─Sólo espero que Regina entienda muy pronto todo el mal que le está haciendo ─proseguía la bibliotecaria─. Entonces, ¿no quieres hablar?

─No hay nada de qué hablar.

─Si tu rostro no me dijera lo contrario, te creería, pero, agregándole a eso que no has dormido bien en estos días, pues…

─ ¿Cómo lo supiste?

─Por más que trates de ser sigiloso, estas tiendas de campaña no son de mucha ayuda ─Belle dio un paso al frente─. Killian, soy tu amiga, y realmente quiero ayudarte.

─ ¿Cómo es que estás llevando esto? ─inquiría Hook poniéndose de pie─ ¿La muerte del Cocodrilo? ¿Cómo puedes dormir cada noche sabiendo que él ya no está?

Belle inmediatamente bajó la mirada y trató de mantenerse serena ante la pregunta de Killian, aunque por dentro se había llenado nuevamente de tristeza.

─Esto no es lo mismo, Emma no está muerta.

─Pareciera que sí ─replicaba Killian con voz arisca─, todo en ella es diferente, hasta el maldito nombre, que se acaba de cambiar, cabe aclarar.

─Sé que esto es muy difícil para ti ahora, pero apenas es el inicio, estoy segura que en el futuro todo cambiará, no deberías perder la fe tan rápido, sólo ha pasado una semana. ─Replicaba Belle con seguridad.

─ ¿Has pasado tiempo con ella en los últimos días?

─Cada que me acerco trata de golpearme con lo primero que tiene enfrente ─respondía la aun señora Gold─, así que dejé de intentarlo, hasta que vea un verdadero progreso con Whale y Archie lo volveré a hacer. ¿Por qué?

─Mírala una sola vez a los ojos y hasta tú perderás la fe antes de que puedas decir cocodriloafirmaba Killian regresando la vista al lago─. Sus ojos ya no muestran ninguna emoción, ni siquiera rabia o miedo, y cuando los miras por mucho tiempo, sientes que te pierdes en el más profundo de los abismos. Sientes frío, soledad, dolor, pena y unas desesperadas ganas de salir huyendo. Sé que sólo ha pasado una semana, pero con una sola mirada tuve suficiente.

Belle supo interpretar la verdad en sus palabras, y comprendió lo que le estaba pasando a Killian, era un estado en el que se encontraba desde ya tiempo atrás; el miedo. Luego de llegar a esa conclusión, se acercó a él, y le dio un cariñoso apretón en el hombro derecho.

─A pesar de lo que sientas y veas, siempre ten presente las palabras de David; Emma está en alguna parte. Sé que ahora todo es un tremendo lío, pero estoy segura que cuando llegue el momento, todo se resolverá y esto solo será un trago amargo.

─Resulta más fácil decirlo que hacerlo ─mascullaba Killian─, y aún no has contestado a mi pregunta.

─Yo perdí a Rumple mucho antes de saber que estaba muerto, pero, decidí que tenía que ser fuerte por nuestro hijo ─exclamaba Belle llevando su mano directo a su vientre que ya comenzaba a notarse─. Esa es la razón por la que logro conciliar el sueño, porque hay alguien más que depende de mí.

Belle caminó y se paró justo frente a Killian.

─En vez de pensar en lo doloroso que fue para mí descubrir la verdad, y el oírlo decir que jamás cambiaría aunque yo se lo pidiera, decidí quedarme con los buenos momentos que pasé a su lado, que, aunque fueron pocos, me ayudan a estar en paz conmigo, así que tú deberías hacer lo mismo ─proponía Belle con convicción─. Deja a un lado el miedo, y aférrate al amor que Emma alguna vez te profesó.

─ ¿Miedo? ─inquiría Killian viéndola a los ojos─ ¿Crees que tengo miedo? ¡Soy el Capitán Hook! Yo no le temo a nada.

─Puedes repetirte eso cuántas veces quieras, pero ambos sabemos que eso no es verdad ─replicaba la bibliotecaria─. Te conozco lo suficiente como para saber que pasaste de tu irritabilidad habitual a un estado de constante miedo.

Killian bajó la mirada y comenzó a golpear su pulgar en su muslo derecho.

─Sé que la Profecía de la que Emma nos habló al parecer se cumplió, también sé que es probable que nunca vuelva y eso es lo que me tiene en este estado. No es sólo que se haya ido, sino que, temo que si jamás podemos traerla de vuelta, me volveré loco al verla cada día del resto de mi vida. No quiero ver esa desolación en sus ojos, quiero que vuelva el brillo y el amor, no sólo por mí, sino por toda su familia. ─Confesaba Hook sin voltear a verla.

─ ¿Te has planteado ya ese escenario? ─proseguía Belle─ ¿Qué pasaría si no conseguimos recuperarla?

─Si eso llegara a suceder, estoy seguro que ni alejándome de ella podría olvidarla, es más, ni siquiera con una maldita poción del olvido lograría hacerlo. Y esa es la mitad del escenario, la otra la desconozco.

─ ¿Y qué harás ahora para evitarlo?

Killian dio un respiro y pasó su mano por su cabello antes de responder. El camino aun parecía muy incierto, sabía que se estaba dejando llevar por el temor demasiado pronto, sin embargo, todo era un caos y nada le indicaba que la situación mejorara.

A pesar de haber sido testigo del fracaso de la primera sesión, muy en el fondo de su ser existía la ferviente esperanza de que todo funcionaría, pero, aun sabiéndolo, también existía una batalla interna cada que dejaba que el miedo tomara el control. Odiaba que eso sucediera, aborrecía el vórtice de desesperación en el que se veía inmerso cada que estaba separado de Emma, lo volvía loco.

¿Qué era lo que tenía que hacer? ¿Cómo ayudar a una persona que prácticamente no conocía y quien se comportaba de una manera extraña y volátil? Por lo poco que había visto, Silvia, no se parecía en nada a Emma, no compartían ninguna característica, sin embargo, con ese primer encuentro luego del interrogatorio de Snow, sabía que tal vez aún podía quedar un poco de la chispa de la mujer de la que se enamoró. Una tercera pregunta llegó a él, la que complementaba a las otras dos, y la que había permanecido con él desde aquel día, ¿cómo salvaría a Emma Swan? En ese momento, enfocó su vista al horizonte y al mirar al bosque lejano, recordó algo importante, y sintió que de cierta manera la respuesta comenzaba a moldearse en su cabeza.

─No lo sé, no podré verla directamente a los ojos una segunda vez, no podría pero, tal vez pueda ayudarla de otra forma.

─ ¿A qué te refieres?

─Ella me pidió que le hablara de Emma antes del incidente, posiblemente, así es como puede comenzar a recordar.

─Esa parece una excelente idea, Killian ─afirmaba Belle con entusiasmo─, si pones la esperanza por encima del miedo, las cosas se van a relajar.

─Tienes razón ─respondía Hook luego de un breve momento de silencio─. Esto va a funcionar, lo sé.

─Yo también sé que lo hará.

─Gracias, Belle ─exclamaba Killian levantando la vista por fin─. Aún me siento un poco asustado, pero, la idea de comenzar a forjar el mejor escenario me ha devuelto un poco los ánimos, no puedo dejarme caer tan rápido, no cuando Emma depende de mí.

─Y no sólo ella.

─ ¿De qué hablas?

─De mi segundo motivo para hablar contigo, quería pedirte que aparte de tu labor de vigía, pasaras un rato con Henry.

─ ¿Qué tan mal está? ─Inquiría Killian con preocupación.

─Está muy triste, y como dijiste, Regina no le hace las cosas más fáciles…, y ustedes tampoco.

─ ¿Qué?

─Sólo piénsalo, Snow y David se la pasan "supervisando" la reconstrucción del castillo, pero a simple vista se nota que no saben cómo abordar la situación otra vez, se han sumergido tanto en ese tema que ya ni siquiera se acercan a él o a Neal. Y tú tampoco te ves con ganas de estar con él ─respondía Belle─. Los tres están tan preocupados por Emma que lo están dejando a un lado.

Killian comprendió las palabras de Belle en ese momento. Él estaba tan ensimismado en su propio dolor que olvidó que Henry estaba sufriendo tanto como él.

─Hablaré con el chico cuando termine su sesión con el grillo. Lo prometo.

─Creo que ese nuevo escenario del que tanto has hablado podrías compartirlo con él ─sugería Belle comenzando a caminar de vuelta a las tiendas─. Tal vez así los dos calmen sus penas en menos tiempo.


No se acaba el amor, sólo porque no estás

No se puede olvidar, así como así

Nuestra historia, sería matar la memoria

Y quemar nuestras glorias.


─ D ─

Los últimos rayos del sol tocaban la cubierta del Jolly Roger, iluminándola de un tono anaranjado. Las aguas estaban calmadas y el viento soplaba de forma tan tranquila que resultaba casi como una pequeña caricia.

Estaban muy lejos de la orilla, apartados de su familia, disfrutando de su momento a solas y viviendo cada minuto como si fuera el último. El ancla estaba abajo, lo que significaba que no se moverían hasta que lo decidieran. En el viejo camarote del capitán se respiraba un aire cálido y reconfortante que resultaría perfecto para cualquier enamorado. El atardecer entraba como un intruso al aposento y bañaba con su luz la pequeña mesa con dos copas y una botella de vino casi vacía, así como cada centímetro del lugar.

En el ambiente sólo se escuchaban risas y palabras dulces, provenientes de los dos ocupantes del camarote; Emma y Killian. Los dos acurrucados, cubiertos por la frazada roja disfrutando de la cercanía del otro luego de unos cuantos ratos de diversión.

Deberíamos hacer esto más seguido. Sugería Killian con voz profunda.

No siempre podremos dejar a Henry con mis padres o Regina respondía Emma con diversión, sería demasiado obvio.

¿Y esto no lo fue? replicaba Hook Prácticamente lo dejamos en la puerta de la casa de Regina y arrancaste tu vehículo amarillo.

Rectifico, sería más obvio todavía. Reconocía la Salvadora luego de una leve risa.

Permanecieron en silencio por un tiempo con las gaviotas y el movimiento de las pequeñas olas como fondo, hasta que Emma volvió a hablar.

Killian. Susurraba ella.

¿Sí, Amor?

Quiero decirte algo.

¿Qué es, Swan?

A pesar de no tener tantos momentos a solas, disfruto cada uno de ellos decía Emma entrelazando su mano con la de él. Estando contigo siempre me siento en verdadera paz. Killian, no quiero volver a separarme de ti jamás.

Killian dejó salir una risa alegre, soltó su mano y con ella tomó a Emma del rostro para que lo mirara.

Escúchame bien, Amor. Tú y yo tenemos un vínculo que va más allá de un simple sentimiento, y ese mismo vínculo es el que nos mantendrá juntos a pesar de que físicamente no lo estemos. Siempre que recordemos eso, nunca nos separaremos.

¿De verdad lo crees?

Con todo el corazón que late por los dos, Swan. Respondía él para después, darle un beso en la frente.

Luego de eso, Emma se dio la vuelta rápidamente, lo abrazó y recargó su cabeza en su pecho, sintiendo el movimiento producido por cada respiración y el latir de su mitad de corazón.

Bien. Exclamaba ella levemente al cerrar los ojos.

Hook cerró los ojos también y ambos se quedaron nuevamente en silencio, gozando de la paz y quietud de su tarde en altamar hasta que fuese hora de volver a su realidad.

─ D ─


Castillo de Snow y Charming

Momentos Antes

Un ligero aroma a vainilla fue lo que se atrevió a arrancarlo de tan maravilloso sueño.

Sin embargo, al abrir los ojos solo se encontró con la oscuridad de su habitación. El dulce aroma que lo trajo de vuelta de su mundo de sueños se había escapado por la ventana de su balcón que todas las noches permanecía abierta para que el aire fresco circulara, y tanto en el ambiente como dentro de su ser ahora había un vacío.

Él ya había captado ese olor con anterioridad, era aquello que siempre le decía que estaba en casa, y que todo estaba bien porque ese era el aroma de Emma.

No tenía idea del porqué había podido percibirlo justo en ese momento, pero eso solo le recordaba que el buen rato que pasó sin una sola pesadilla fue un simple sueño, nada más.

Un viejo recuerdo de una vida perdida que hacía más real lo que pasaba a su alrededor.

Habían pasado casi tres meses y la situación no mejoraba. Silvia estaba cada vez peor, y en el castillo solo se inhalaba un aire pesado y lleno de tristeza.

Él trató de seguir con la sugerencia de Belle lo mejor que pudo, pero con las pesadillas constantes y los arrebatos de aquella desconocida frenética y violenta, buscar el mejor escenario parecía una labor imposible.

Cada noche una nueva forma de perder a Emma lo despertaba a la mitad de la madrugada y perturbaba su sueño, dejándolo como un vagabundo errante por cada rincón del enorme castillo.

Por las mañanas, pasaba su tiempo con Henry y Belle planeando su operación de respaldo por si el plan "A" no funcionaba, y trataba de evitar a Silvia con la mirada, ya que no quería volver a experimentar el dolor y la desesperación que sus ojos transmitían.

No hablaba con nadie más que no fueran Belle y el chico, y se mantenía a raya de los asuntos del nuevo y reestructurado reino de los Charming. De todos modos, él solo tenía intenciones de cuidar a su nueva familia inmediata.

Y ahora, una vez más el insomnio volvía a él.

Pasó su mano por su rostro y miró la madera oscura que servía como soporte del dosel tratando de acordarse de cada detalle de ese sueño.

Le causaba intriga el hecho de haber sido un lindo y simple sueño, de esos que no había tenido en mucho tiempo. No obstante, a pesar de no saber si eso alguna vez pasó o no, esas imágenes en su cabeza le recalcaban su presente y su posible futuro, uno donde Emma ya no estaba.

Cerró los ojos y bufó de la desesperación que sus propios pensamientos le estaban provocando, sabía que no volvería a dormir, así que se puso de pie, tomó la bata negra que descansaba en el respaldo de una de las sillas de madera frente a la apagada chimenea y procedió a su ronda nocturna.

Caminó por cada pasillo mirando al suelo, inevitablemente, sin dejar de pensar en Emma.

¿En dónde estará? ¿De qué clase de maldición era presa? ¿Por qué era tan difícil traerla de vuelta?

Pensaba en el año perdido y en lo complicado que fue para todos romper la maldición de Zelena, sin embargo, no se habían tardado más de dos semanas, pero, ¿por qué esta vez era diferente?

Esas eran preguntas de las que nadie tenía respuesta, y que sólo hacían el ambiente mucho más triste y melancólico.

Siguió andando hasta que llegó a uno de los jardines que estaba oculto muy cerca de la biblioteca del castillo, y que sólo estaba adornado por una fuente de agua de color blanco.

Ese se había convertido en su lugar preferido para pensar desde que el castillo quedó completamente reconstruido, era el único sitio en el que podía estar en paz hasta que David lo encontraba y lo mandaba a dormir con un hechizo.

Se sentó en la orilla de la fuente miró hacia arriba y contempló las estrellas, no necesitaba pensar en su sueño o en cosas del pasado, lo que de verdad ansiaba era perderse en el mar infinito que cubría el cielo nocturno.

Buscaba las constelaciones como un medio de distracción hasta que logró vislumbrar la ya conocida constelación del cisne, al contemplarla, se quedó callado, con tristeza en la mirada y maldijo por dentro, ya que al parecer, todo le recordaba lo que ya no tenía, cosa que ya lo tenía cansado. Ya no quería perder, sino recuperar.

─ ¿Sabes? Había oído hablar del fantasma del castillo, pero jamás pensé que se trataría de ti. ─Exclamaba Silvia desde la entrada del jardín.

¿Por qué al maldito universo le encanta fastidiarme?Pensó.

Killian cerró los ojos, volvió a resoplar en señal de fastidio y bajó la cabeza, después de lo que acababa de pasar, ella era la persona con la que menos quería hablar esa noche de luna llena.

─ ¿Qué haces aquí a estas horas? ─Inquiría él con voz ruda.

─No puedo dormir ─respondía ella con el mismo tono─ ¿Qué no es obvio, genio?

─No me refería a eso, Silvia ─repelaba Killian poniendo su mano sobre sus ojos─. Sino ¿qué estás haciendo en esta parte del castillo? Tu habitación está cerca de la de David y Snow.

─No por ser la segunda persona con insomnio en este lugar me voy a quedar encerrada hasta que salga el sol ─contestaba Silvia caminando hasta quedar frente a él─. ¿Tú qué haces aquí?

─Necesitaba despejar mi mente y tú no lo haces más sencillo, Silvia ─exclamaba Hook poniéndose de pie y caminando para alejarse de ella─. Por favor, déjame solo.

─Para ser un hombre que se la vive encerrado en la biblioteca todo el santo día tienes demasiadas cosas en la cabeza que perturban tu sueño ─alegaba ella cruzándose de brazos─. ¿Qué es lo que te pasa?

─No quiero hablar de eso. ─Respondía Killian en voz baja.

─Lo que sea que te estés guardando te está carcomiendo por dentro, si yo fuera tú, lo sacaría antes de que me terminara matando ─proseguía ella cuando él le dio la espalda─. Si no quieres hablar con los demás, podrías hacerlo conmigo.

Hook suspiró con fastidio. Esa no era una opción.

─No creo que puedas entenderlo.

─Pruébame.

─Silvia, de verdad, no creo que lo entiendas, sólo te confundiría más si trato de explicártelo.

─Deja que sea yo la que decida eso y dímelo. ─Ordenaba ella con voz de mando.

─Agradezco tu repentina preocupación, pero, no eres la persona indicada para hablar sobre este tema en específico.

─ ¿Cómo es que sabes eso? ─inquiría Silvia con exasperación─ Tal vez sea la que te ayude a desahogarte.

─Entiende que no lo eres. ─Refutaba el capitán.

─ ¡¿Por qué no!? ─Preguntaba Silvia.

─ ¡Porque…! ─Exclamaba Killian dándose la vuelta.

Se quedó callado, sabía que no podía decirle nada.

Snow y Charming le hicieron prometer que hasta que vieran ningún progreso en ella le dirían poco a poco la verdad. No podía decirle que era una parte del problema. No podía decirle que el verla a los ojos era lo que más lo acercaba nuevamente al Inframundo, simplemente, no podía decirle nada.

─Lo que ocurre conmigo, no te lo puedo decir así de fácil, es más complicado de lo que te podrías imaginar, lo único que soy capaz de contarte en este momento, es que todo tiene que ver con la triste historia de un amor perdido. ─Respondía él cuando consiguió un poco de calma interior.

Killian desvió la mirada nuevamente, y comenzó a caminar hacia la entrada del jardín.

─Podías haberme dicho eso sin gritarme antes, ¿sabías? ─exclamaba Silvia─ Pero creo que tienes razón, ahora no soy capaz de ayudarte con esto… aunque… yo sí necesito tu ayuda.

─No es el momento. ─Afirmaba Hook sin voltear a verla.

─Por supuesto que lo es, porque tengo el presentimiento que lo mismo que te carcome a ti y te priva del sueño es lo que a mí me ha inquietado las últimas horas.

─Buenas noches, Silvia. ─Exclamaba Killian.

─ ¡Por favor, Killian! ─suplicaba ella sosteniendo un pequeño pedazo de papel en la mano izquierda─ ¡Es lo único que te pido! Ayúdame con esto, y te dejaré en paz para siempre.

Killian escuchó su ruego y al detenerse, pudo notar algo ya conocido para él; verdadera desesperación. ¿Por qué se sentía así? ¿Qué era eso tan grande que creía que le provocaba pena ambos?

─De acuerdo ─pronunciaba él, volteándose y regresando a la fuente─, pero sólo lo haré una vez.

Silvia asintió y sacó de su manga izquierda un cuadro de papel, para después extendérsela a él.

─Killian, ¿por qué mi imagen está en esta pequeña pintura?

Hook miró con dirección al pedazo de papel sólo para darse cuenta que lo que ella sostenía era una fotografía instantánea de Emma y Henry durante la fiesta de cumpleaños de la Salvadora meses atrás.

─ ¿De dónde sacaste eso? ─Preguntaba él con voz susurrante.

─Después de la cena Ruby le dio a Snow un extraño y enorme libro café y ella le pidió al enano barbudo y gruñón que lo dejara en su habitación. Yo lo seguí y cuando se fue, entré y tomé el libro, al abrirlo, encontré dos pinturas en miniatura; una de Snow y David, y esta ─narraba Silvia─. ¿Puedes esclarecer mi mente y decirme por qué estoy ahí?

Todo se ponía cada vez peor, esta foto era justamente lo que no podía decirle todavía, en efecto, ella tenía razón, en cierta forma esto sí era lo que le quitaba el sueño.

Killian extendió su mano y tomó la fotografía, acto seguido, alzó la vista e inevitablemente sus ojos se cruzaron con los de ella, pero esta vez no pasó nada. Era la primera ocasión que la veía de frente en meses y no había experimentado esa extraña sensación.

Se miraron por un breve momento. No pasaba nada. No había miedo o dolor, sus ojos expresaban curiosidad mezclada con ansiedad y él comenzó a tener una lucha mental sobre decirle o no la verdad.

No había cambios en su actitud, y esto no le indicaba nada más. Ella solo quería saber el porqué de su presencia en dicha foto, pero eso le hizo dar cuenta que a pesar de ser en cierta forma la misma persona, el rostro de Emma había cambiado.

Sonaba loco, sin embargo, era verdad. En sus sueños su rostro era borroso o simplemente no lo veía, sin embargo, cuando bajó la mirada y la enfocó nuevamente en la fotografía, ahí estaba, el rostro lleno de vida y felicidad que por mucho tiempo no había visto, lo que, involuntariamente, hizo que una pequeña lágrima saliera de su ojo derecho.

─Swan. ─Murmuraba él.

─ ¿Qué te ocurre, Killian? ─Inquiría Silvia con preocupación, dando un paso hacia él.

Hook siguió contemplando la imagen, deliberando el decirle o no. ¿Qué consecuencias traería el decirle la verdad? ¿Cómo reaccionaría al saber que ella es en realidad Emma Swan? Al principio de la pesadilla, ella explotaba cada que escuchaba el nombre de la Salvadora, y por palabras de Archie y Whale, eso no había cambiado. ¿Qué debía hacer?

─Hey, Hook, ¿me escuchas? ─insistía la chica─ ¿Qué te pasa?

Comenzó a sudar frío gracias al nerviosismo que tenía. Decirle o no, ¿qué era lo correcto? Pero de pronto, en medio de su lucha interna, la solución llegó a él. En su pecho, en el lugar donde se hallaba la mitad del corazón de Emma, brotó una sensación cálida que lo reconfortó y llenó de esperanza; lo que necesitaba para dar un nuevo salto de fe.

Tal vez Snow y David están equivocados pensó, tal vez el decirle la verdad sea lo mejor. A Emma no le gustaban los rodeos, ella siempre pedía sinceridad, tal vez, si lo hago, si le digo todo ahora, pueda funcionar.

Invadido por ese sentimiento de esperanza, cerró los ojos, tomó un respiro, y acarició la foto con su pulgar a modo de admiración.

─ ¿Estás realmente dispuesta a dar un salto de fe con tal de saber toda la verdad detrás de esta fotografía? ─Inquiría él con voz hipnótica.

─Sólo quiero respuestas, Killian.

─ ¿Eso es un ?

Silvia asintió. Killian se detuvo en el momento, dejó de mover su pulgar y continuó contemplando la sonrisa de Emma.

─Esta no eres , Silvia. ─Exclamaba Hook con voz impostada.

─ ¿De qué estás hablando? ─demandaba ella con brusquedad─ Por supuesto que soy yo.

─No, no eres tú quién está en esta fotografía ─repetía Killian levantando la imagen─. Esta es Emma Swan.

Silvia lo miró con desconcierto, no podía creer lo que acababa de escuchar. Eso era imposible, estaba segura de que era ella, se había visto en el espejo millones de veces desde que despertó y podría jurar que ese era su rostro. Ella no podía ser Emma Swan, la Salvadora, esa por la que todos lloran desde que llegó, de ninguna forma podía serlo.

Puede que no recordara su pasado, pero se negaba a creer que fueran ciertas las palabras de ese pirata.

─ ¿Tú cómo sabes que esa de la ilustración no soy yo?

─Yo estuve presente cuando tomaron esta imagen ─contestaba Killian─, ese día tuvimos una fiesta por su… tu cumpleaños. Haz un esfuerzo y lo recordarás.

─Te equivocas, Pirata ─exclamaba Silvia con voz amarga─. Yo no soy Emma Swan. Jamás lo fui y jamás lo seré.

─Querías la verdad, y ahí la tienes, Emmaproseguía Hook con emoción─. Tú luchaste para salvarnos a todos de los Dinistrio, y pagaste el precio. Esto que te está pasando es el precio, y es lo que tratamos que contrarrestar.

─Deja de llamarme así. ─Pedía Silvia dando un paso atrás para chocar con la fuente.

─Ese es tu nombre, Swanpronunciaba Killian con más desesperación─. Eres tú la razón por la que no puedo dormir, eres tú la protagonista de mis más crueles pesadillas, nuestra vida juntos, lo que alguna vez fue un lindo recuerdo, ahora sólo es una sombra del pasado. Pero, si tan solo recordaras algo, todo volvería a ser como antes. Ambos dejaríamos de sufrir, sólo si vuelves a ser la misma chica loca de la que me enamoré.

─ ¿Por qué te estás comportando así, Pirata? ─Inquiría ella.

─ ¡Porque ya me cansé! ─espetaba él haciendo que los pocos grillos se callaran─ ¡Me harté de toda esta faramalla creada por Snow y Charming! ¡Me cansé de guardarme algo que me está matando! ¡Me harté de tu mirada fría y tus palabras cortantes! ¡Ya no quiero seguir ocultándome de ti sólo porque me recuerdas lo que perdí! ¡Quiero a Emma de vuelta! ─vociferaba Killian al tiempo que tomaba su mano izquierda─ Por eso estoy dando este salto de fe. Porque sé que Emma sigue ahí dentro.

─ ¡Me rehúso a aceptarlo! ─espetaba Silvia─ ¡Yo no puedo ser esa mujer a la que todos ustedes idolatran! ¡No puedo ser esa gran heroína de la que Henry y los demás me han hablado!

─Pues será mejor que te vayas haciendo a la idea, porque sí lo eres ─replicaba Killian─. Eres la Salvadora, eres la hija de Snow White y el Príncipe David, eres la madre de Henry, y eres mi prometida. Tú pagaste el precio para salvarnos y cumplir la Profecía de ese encendedor andante, y yo no pienso dejarte ir.

─No lo soy. ─Mascullaba Silvia con verdadero enfado.

─Claro que sí, ¡y te lo voy a demostrar!

Sin pensárselo dos veces, la jaló rápidamente de la mano y le dio un beso en los labios, recordando la primera vez que intentó algo similar en Nueva York, lleno con la esperanza que le daba la idea de que esta vez, iba a funcionar. Que equivocado estaba.

En el momento en que sus labios hicieron contacto, el frío, dolor y desesperanza volvieron, la sensación cálida en su corazón se marchó, y sólo quedaban en él las ganas de salir huyendo. Creía que esta vez el beso funcionaría, que el Amor Verdadero era la clave para desenmarañar esta maldición, sin embargo, comenzaba a creer que el amor no era la magia más poderosa de todas.

Pero esa sensación vacía rápidamente era reemplazada por un intenso dolor en la entrepierna; Silvia le acababa de dar un rodillazo.

─ ¿¡Qué demonios pasa contigo, idiota?! ─Explotaba ella más enojada que antes.

─No entiendo por qué otra vez no funcionó ─musitaba Hook arrodillado en el suelo con los ojos cerrados a causa del dolor─. Debía funcionar.

─No sé qué pretendías con eso pero déjame ser lo bastante clara contigo, Pirata ─refunfuñaba Silvia de forma despectiva─. Tú y todos tus amigos sólo viven de un recuerdo. Emma Swan ya no existe, si es que alguna vez lo hizo. No hay nadie a quien salvar de un precio, sólo soy yo, y no tengo pensado irme a ningún lugar. Así que escucha bien; esta es la única vez que tendrás un acercamiento conmigo, porque la próxima vez que lo intentes, no seré tan sutil.

Tras decir esto, Silvia se dio la vuelta, tomó su mano izquierda con la derecha, y comenzó a caminar de vuelta al pasillo interior del castillo.

─ ¡Swan! ¡Espera! ─Pedía Killian tratando de ponerse de pie.

─ ¡Emma se fue! ─espetaba ella con fastidio─ ¡Entiéndelo de una vez! ¡Yo soy Silvia! Y, a diferencia de ella…, nunca voy a amarte.

Hook la miró marcharse sin poder hacer otra cosa. Su plan había fallado, sólo empeoró las cosas, su salto de fe había fracasado.

Parecía imposible, aun creía que Emma estuviese en alguna parte de esa desconocida, pero ya había jugado su última carta. Era hora de recurrir a otras opciones.

Sus palabras dolieron, y sus pesadillas se avivaron. De un momento a otro, las cosas iban empeorando, sin saber, que estaban por agravarse todavía más.

Lo que restó de esa noche lo pasó en el balcón de su habitación mirando hacia el bosque, preguntándose por qué no había elegido una habitación frente al lago, y sopesando lo que acababa de ocurrir.

Había perdido la cabeza con una foto y una simple pregunta. Se precipitó al contarle todo de esa forma, se dejó llevar más por sus emociones que por la razón, su desesperación y dolor salieron a flote en ese instante, y ahora, no sabía cómo proseguir.

Emma seguía ahí, algo se lo decía, pero traerla de vuelta parecía más complicado de lo que pensaba, sin embargo, ¿cuánto tiempo más podría soportar ese infierno? ¿Y si de verdad no había cura? ¿Si todo lo que quedase fuese un simple recuerdo?

Ya era tiempo de cambiar la táctica, de hacer un nuevo intento y de probar otras alternativas, tal vez, la bruja verde tendría un antídoto para estas fechas o él, Henry y Belle deberían comenzar con la Operación, ya era la hora de tomar medidas más drásticas.

Poco después de despuntar el alba, en su puerta se escuchó un pequeño golpeteo, pero antes de que pudiera contestar, Snow y Charming ya estaban dentro.

─ ¿Qué tal tu noche, amigo? ─Pedía saber David cruzando sus brazos.

─He tenido mejores. ─Exclamaba Killian dándole un sorbo al ron.

─Killian, tenemos que hablar. ─Pronunciaba Snow con rapidez ante la mirada atónita de su esposo.

Hook bajó la cabeza y suspiró antes de responder.

─Algo me decía que esta no era una visita social ─exclamaba él─. Por lo regular los veo hasta el desayuno, no cuando los malditos pájaros empiezan a cantar.

─Killian ─retomaba David con seriedad─. Hace unas horas escuchamos un ruido proveniente de la habitación de Em… Silvia, y cuando logramos entrar, encontramos todo el sitio destrozado y a ella tratando de huir por el balcón, y además nos enteramos de unas cuantas cosas que sucedieron esta madrugada.

─Maldición. ─Mascullaba él entre dientes.

─Le dijiste todo lo que debíamos contarle gradualmente, ¿por qué? ─Indagaba Snow.

─Me cansé de esperar y di un salto de fe, pero, como pudieron darse cuenta no funcionó ─respondía Killian mirándolos de frente─. Lo intenté con el maldito beso de amor y tampoco hubo una reacción positiva de su parte.

Los Charming bajaron la cabeza con decepción.

─El beso de amor no funciona por qué no sabe ni siquiera quién es ella ─pronunciaba David con voz átona─. Por eso era imperativo que al menos recordara que ella es Emma.

─ ¿Era? ─Inquiría Killian con desconcierto.

David y Snow se miraron pesarosamente.

─Anoche, en la junta dentro de la cámara de guerra a la que no quisiste asistir, todos llegamos a una conclusión. ─Expresaba la madre de Emma.

─ ¿Qué conclusión?

─En tres meses, las cosas no han mejorado con Silvia, al contrario, se están yendo en picada ─intervenía David dando un paso al frente─. Por más esfuerzos que Archie y Whale han hecho, las limitaciones de este mundo hacen que un tratamiento se vuelva imposible, y ellos consideran que esto que pasó, en efecto…, es irreversible.

─Y, sumándole el incidente de esta mañana… ─continuaba Snow con voz trémula y los ojos llorosos─ David y yo, decidimos que ya era tiempo de parar.

Las últimas palabras de Snow retumbaron en todos los rincones de su mente y se repetían como un horrendo eco. ¿Parar? ¿Se estaban dando por vencidos en tan poco tiempo?

─Sólo han pasado tres meses, no hay que detenernos simplemente por el diagnóstico de un grillo y un científico loco ─replicaba Hook con urgencia─. Todavía no hemos explorado todas las opciones.

─ ¿Quién nos asegura que lo que hagamos va a funcionar? ─objetaba David─ ¿Cómo sabemos que lo que sea que se nos ocurra no va a causar más daño del que ya hemos hecho?

─No podemos quedarnos sin hacer nada ─rebatía el capitán─, Emma, su hija, nos necesita.

─Killian, por favor, escúchanos ─pedía Snow alzando la voz─. Han pasado tres meses y no hay indicio de un cambio. Ni siquiera el beso funcionó, nada funciona.

─ ¿Cómo puedes decir que nada funciona si sólo han puesto al par de idiotas a charlar con ella? ─inquiría Hook con severidad─ ¿Cómo es que ustedes dos se dan cuenta que no hay ningún cambio si al igual que yo no tienen el suficiente valor para mirarla a los ojos? ¿Cómo pueden decir que hay que parar si ni la magia han utilizado? ¡¿Cómo es que se están dando por vencidos tan fácilmente?! ¡Ustedes son sus padres! Siempre andan pregonando que hay que poner al hijo primero, ¿no? ─gritaba Killian pasando de la severidad a la rabia─ ¡Traer a Emma es nuestra prioridad!

─ ¡Te equivocas, Hook! ─intervenía David con lágrimas en los ojos─ Nuestra prioridad siempre fue cumplir con la última voluntad de Emma.

─ ¿Qué? ─Indagaba él mirándolos con recelo.

─Como lo oyes, nosotros debimos seguir con sus deseos y no buscar una manera de traerla de dónde quiera que ella esté ─intercedía Snow con voz temblorosa─. Ella siempre nos lo dijo, que si llegaba a luchar con esos monstruos no habría marcha atrás.

─Emma nos pidió que no pasáramos el resto de nuestras vidas buscando algo que posiblemente jamás existió ─reanudaba David─, ¿lo recuerdas?

─Quería que viviéramos una vida plena y feliz, y que, aunque ella no estuviese presente, pudiéramos salir adelante.

─La Magia tampoco funcionó, Killian ─continuaba Charming ante la mirada atónita de Hook─. Todos los días le pedimos a Zelena que vertiera poción de la memoria en la comida de Emma, cada día de estos tres meses, y en ningún momento recordó nada de su antigua vida. Las sesiones de Archie y Whale tampoco ayudaron, ni mucho menos tu beso. ¿No lo entiendes? eras nuestra última esperanza. Esto se terminó.

─Emma se fue, Killian ─añadía Snow conteniéndose lo mejor que podía─. Y estoy segura que en dónde quiera que esté nos está viendo, y no le gustaría saber que no fuimos capaces de estar sin ella.

Hook volvió a cerrar los ojos ante la inminente llegada de las lágrimas. Ellos tenían razón, Emma se los había pedido antes de la batalla, no deseaba que desperdiciaran su vida encontrándola, los amaba tanto que dio su vida con tal de que estuvieran a salvo.

─Lamento haberte dado falsas esperanzas, Hook. Yo pensé que esto era lo mismo que una típica pérdida de la memoria. Creí que aquel día en la choza tú y ella se habían conectado, igual que Snow y yo cuando estábamos malditos, pero, ya llegó el momento de parar, por el bien de todos nosotros. ─Terminaba Charming con pesar.

─ ¿Y qué esperan que haga ahora? ─preguntaba Killian por última vez─ ¿Vivir de un maldito recuerdo? U, ¿olvidarla tal vez?

─No te estamos pidiendo que la olvides ─respondía Snow─, sino que respetes su decisión.

Sin más que agregar, los Charming volvieron a mirarse el uno al otro para después abandonar la habitación en silencio.

Lo que acababa de pasar, le resultaba inverosímil. David y Snow son las personas con más esperanza en todo el universo. Ellos eran capaces de redimir hasta la roca con la que se tropezaron, y ahora, ¿se estaban rindiendo?

En ese instante se acordó de la fotografía que Silvia le mostró esa madrugada, y la sonrisa de Emma se dibujó en su mente. Él no quería quedarse sólo con un recuerdo, ni iba a permanecer con los brazos cruzados viendo como todo por lo que Emma y él habían luchado se desmoronaba lentamente. No estaba dispuesto a darse por vencido tan fácil. Su Reino era extenso y en algún lugar tenía que existir una explicación y una cura para este nuevo mal.

Lo que restó de ese día no salió de su habitación, ni respondió el llamado de Henry para continuar planeando su Operación. Durante ese tiempo en solitario, reflexionó las palabras de los padres de Emma y al fin llegó a su propia conclusión; hacer lo que ella quería no era suficiente.

Esa misma noche, cuando todos ya dormían se escabulló hasta la biblioteca, tomó todo lo que necesitaba y después entró sigilosamente a la habitación del autor.

Como era de esperarse, lo encontró dormido, sin embargo, él no era su objetivo principal, sólo estaba ahí para darle un mensaje, así que dejó la puerta entre abierta y con sumo cuidado, abrió el libro de cuentos que había vuelto a su poder y dejó un pergamino doblado entre las primeras páginas.

─Cuento contigo, chico ─musitaba Killian mirando directamente a la cama del hijo de Emma─. Sé que tú tampoco te rendirás. Llegó el momento de dejar de hacer lo que tu madre quería, y empezar a hacer lo que en verdad necesita.

Luego de esas palabras, salió de la habitación y se dirigió a la entrada de servicio del castillo para ir directo al Jolly Roger y así poner en marcha la Operación Cisne.


¿Por qué es tan cruel el amor? Que no me deja olvidar

Porque aunque tú ya no estés, se mete en mi sangre

Y se va de rincón en rincón, arañándome el alma

Y rasgando el corazón. ¿Por qué es tan cruel el amor?


Tierra de las Almas Perdidas

El Presente

─ ¿Y qué es lo que vas a hacer ahora, Emma? ─Pedía saber el cazador.

Llevaban una hora sentados en la rama del árbol, la mitad de ella en silencio, luego de la declaración de la Salvadora, ninguno quiso romper el tranquilo rato enmudecido.

─La única forma en la que logre olvidarlo sería arrojándome a uno de los pozos de los bosques Vermell o Blau, pero eso es algo que jamás haré. Killian siempre estará en mi mente, por muy doloroso que sea, así que, sólo me queda sobrevivir con este sentimiento por la eternidad. ─Pronunciaba la Salvadora.

─No soy capaz de entender el tremendo dolor que estás pasando, y por lo visto tampoco soy de mucha ayuda, pero, cada que necesites hablar y desahogarte, recuerda que estoy contigo. ─Exclamaba Graham con suma amabilidad.

Emma sonrió y alzó la vista hacia el cielo nocturno sólo para encontrar la cosas más increíble que sus ojos habían visto desde que llegó a esa tierra.

─Graham.

─ ¿Qué ocurre?

─ ¿No habías dicho que aquí no se veían las estrellas?

─Así es, las estrellas no se ven. ─Rectificaba Graham sin dejar espacio para dudas.

─Entonces, ¿qué hace la constelación del Cisne allá arriba? ─Inquiría Emma señalando al cielo.

El antiguo Sheriff alzó la mirada para darse cuenta que lo que Emma decía era cierto, esa era la única constelación que se divisaba en el cielo nocturno, sin embargo, antes de poder agregar algo más, un fuerte estruendo estremeció la tierra debajo de ellos, y una explosión a sus espaldas los hizo ponerse de pie sobre la rama del árbol.

─ ¿Qué demonios? ─Exclamaba Emma mirando el palacio de la ciudadela arder en llamas.

─Esto no puede ser nada bueno. ─Afirmaba Graham con preocupación.

Los gritos de las almas cercanas comenzaron a interrumpir el silencio de la noche y el caos y la confusión se hacían presentes.

─Tenemos que averiguar qué está pasando y ver si podemos ayudar. ─Ordenaba Emma mirando a Graham para que comenzara a bajar por el tronco.

Pero, antes de siquiera poder hacerlo, uno de los centinelas parecido a los que cuidan el borde exterior de la ciudadela apareció.

─ ¿Tú eres Emma Swan? ─pedía saber el guardia─ ¿Esa a la que le llaman Salvadora?

─ ¿Quién desea saberlo? ─Preguntaba Emma con voz autoritaria.

─Los líderes requieren tu presencia en el palacio, de inmediato ─replicaba el guardia─. Necesitan tu auxilio con un asunto urgente.

─ ¿Qué clase de asunto? ─Intervenía Graham.

─Uno que sólo la Salvadora puede resolver.

Los dos antiguos residentes de Storybrooke se miraron, Emma se preparó para bajar de un salto, pero Graham la detuvo cuando comenzaba a tomar impulso.

─Espera, voy contigo.

─Puedo cuidarme sola, Humbert. ─Aseguraba Emma con voz burlona.

─Hasta donde yo sé, nadie que ha entrado a ese palacio ha salido bien parado, además gracias a alguien ya no puedo dormir.

─Está bien, tú ganas.

Tras terminar su conversación, ambos bajaron del árbol, y siguieron al guardia hacia el epicentro del caos.


Jolly Roger

Ese Mismo Instante

Aquella carta estaba repleta de todo el amor que Emma sentía por él. Cada letra y oración le expresaban lo mucho que le hacía falta y que pronto estarían juntos de nuevo.

Sabía que la había escrito para desahogarse durante esos momentos de lucha para rescatarlo, pero ahora, esa carta era una fuente inagotable de motivos para seguir en su cruzada.

No iba a dejarse vencer por lo que Hades estipuló para ella, ya lo habían vencido una vez y volverían a hacerlo. Jamás dejarían de luchar por su amor hasta que la victoria estuviese de su lado.

A pesar del dolor de hace unos días, a pesar de sus continuas pesadillas, creía fervientemente en la visión que acababa de tener y en el amor que sentía por Emma Swan.

Tal vez Silvia sea una completa extraña, y con ella nada funcione, pero de verdad, estaba seguro que encontraría la manera de que toda su historia no se fuese por la borda.

Contempló la carta una vez más, quedando hipnotizado por la caligrafía de su prometida, cuando un destello blanco llegó a través de una de las ventanas de su camarote y resaltó la firma de Emma.

En ese momento, Killian alzó la mirada y en el cielo, una vez más, logró encontrar la constelación del Cisne; ese era un buen augurio.

─Tú también estás en mi mente, Swan ─exclamaba Hook mirando de reojo las estrellas─. Jamás voy a dejar de pelear por nosotros. Te lo prometo, te voy a encontrar.

A partir de esa noche, ya tenía algo más por que luchar, algo que de verdad podía convertirse en su futuro, siempre y cuando encontrara todo lo necesario para lograrlo, y sabía que, con la ayuda adecuada, lo iba a conseguir.

─Henry, no me falles, chico listo. ─Pedía Hook al viento cuando volvió a acostarse en su cama con la carta en la mano.

Después de eso, y luego de muchos días, gracias a esa carta de amor, por fin pudo quedarse dormido.


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