Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes no me pertenecen, todos ellos son propiedad de Akira Toriyama


Paz

Era un palabra que el mundo apenas conocía, aún cuando se pronunciaba un pequeño temor se hallaba y no era para menos. Desde tiempos inmemoriales esta se ausentaba muy a menudo, tal parecía que el planeta tierra era una especie de paraíso para los villanos los cuales jamás dejaban de aparecer, al menos así había sido durante mucho tiempo. Y en ese instante no había ningún indicio de una posible crisis en el mundo, o al menos así parecía..

Hasta que como por arte de magia en alguna ciudad del planeta un objeto redondo y blanco aterrizó causando un gran estruendo con su aparición.

Algunos curiosos se aproximaron a la zona emocionados con la idea de encontrar un ovni o quizá hasta un extraterrestre y no estaban muy equivocados. Destellos y gritos de hombres y mujeres que huían despavoridos, era todo lo que se presenciaba en el sitio, y detrás de todo esto un enorme y fornido hombre reía con malicia, mientras a gran velocidad destruía todo a su paso.

Estaba desesperado, frustrado y parecía que estaba apunto de perder la razón, si no es que eso ya había ocurrido mucho antes al juzgar por el placer que experimentaba torturando y matando a todo aquél que en su camino se cruzara.

Súplicas y ruegos escuchaba, pero hacía oídos sordos a las peticiones lo único que conocía era la sangre y temor que tanto amaba ver, sentir, oler y probar. En tan sólo un par de horas la ciudad entera se había vuelto un gran río escarlata, pocos habían sido los que intentaron razonar con él inútilmente trataban de persuadirlo para llegar a un acuerdo, la única respuesta que recibieron fue una muerte incluso más lenta y dolorosa que los demás, eso y una pregunta que ninguno pudo responder:

-¡¿Dónde está Kakarotto?!

Un desdichado joven con el rostro casi desfigurado por las heridas lo miraba desafiante esperando su muerte próxima y su verdugo estaba a escasos segundos de dar el golpe final cuando un aparato colocado en su ojo izquierdo emitió una especie de alarma, dejó caer con brusquedad al muchacho.

Justo detrás de él seis humanos habían aparecido para hacerle frente. No eran demasiado fuertes, pero se veía a simple vista que tenían conocimientos de combate.

-¿Quién demonios eres tú?- cuestionó uno de ellos.

-¿A qué has venido?- añadió otro.

- Ustedes sólo son basura, suman en total 1,500 de nivel de pelea.- el grupo se enfureció al escuchar esto.

- Deja de hablar y demuestra lo que sabes hacer.- se escuchó una voz sobre ellos.

-¡Es Piccolo!- exclamó un calvo muchacho.

- Muy bien.. ¡¿Quién de ustedes quiere ser el primero en morir?!- tronó sus nudillos mientras el grupo de guerreros se puso en posición de combate.


...

-Uno, dos.- espesas gotas de sudor recorrían su rostro, refrescando así su cálida y enrojecida piel.

-Uno, dos..- daba zancadas cada vez más rápidas sintiendo el fresco aire rozar sus ardientes mejillas.

Su cuerpo aún pesaba en demasía, pesaba tanto que en ocasiones creía que su alimentación lo hacía más obeso, no era así. Se notaba cambiado, aunque la causa distaba mucho de la obesidad, siempre se había mantenido en forma, pero debido a su corta edad ésto no se había visto reflejado en su anatomía. Al menos hasta ahora; sus músculos se habían agrandado y marcado aún más de lo que ya estaban, incluso se sentía más alto, era eso o toda su ropa se había encogido. Eso poco le importaba: los cambios que había estado esperando no eran físicos y aunque mucho tenían que ver éstos con su progreso, le eran indiferentes.

Su principal objetivo siempre había sido superarse a sí mismo y a cada oponente nuevo que por su camino se cruzara, evitando pensar en las condiciones que debía cumplir para llevar a cabo dicha tarea.

Mantenía su ritmo concentrado en lograr el avance esperado del día en curso, quizá escuchando alguna risa consecuencia de alguna no tan divertida broma, a su lado la respiración agitada de Bubbles varios metros atrás de él y su corazón que latía rápidamente, más que por la actividad física se debía a la emoción que sentía. El entrenamiento del día estaba completado y a pesar de esto no se sentía agotado. Terminó con un gran salto que lo llevó varios metros hacia arriba y ahí por primera vez en todo el tiempo que llevaba ahí fue capaz de apreciar la belleza del otro mundo.

Su vista se posó en el rosado cielo colmado de nubes amarillas y brillantes a su alrededor, contemplaba con asombro la inmensidad de aquel vacío que se extendía sobrepasando el diminuto cuerpo celeste. La paz que reinaba en aquel sitio era tan agradable que casi podía compararse con su humilde hogar en la montaña Paoz, salvo porque el bosque donde él creció al lado de Son Gohan le parecía el lugar más hermoso que se hubiera creado y estaba seguro de que ningún otro podría superarlo. Cerró los ojos unos instantes recordando su tierna infancia al lado de la única familia que había conocido pensando que quizá algún día no muy lejos de donde se encontraba volverían a encontrarse...

De repente una desagradable sensación lo invadió, era el ki de su maestro que había aumentado significativamente en cuestión de segundos. Bajó preocupado hasta donde se encontraba Kaiosama viendo hacia algún punto fijo quizá muy lejos de ahí.

Al acercarse a él se percató de su anormal estado: apretaba con furia sus puños, de su frente brotaban algunas gotas de sudor y en su rostro se notaba un alto grado de preocupación, al juzgar por su piel que había adquirido un profundo tono rojizo. Algo completamente extraño si se hablaba del ser divino, cuya pasión era contar y escuchar chistes.

-Goku debes regresar a la tierra...-


...

Krilin, Chaoz, Yamcha incluso Kame Sen'nin se hallaban fuera de batalla. yacían derrotados, con grandes heridas e incompletas extremidades de las que brotaba espesa sangre que se mezclaba con la fina arena del desierto, sus ropas se hallaban rasgadas, y sucias.

Sólo Ten shin Han se mantenía en pie, aunque sumamente cansado después de pelear con total entrega sobre aquel inhóspito sitio donde se libraba la batalla decisiva por la paz en la tierra.

Inútilmente había usado todas las técnicas que pudo, más ninguno le causaba mínimo daño a su adversario. Agitado seguía recibiendo golpes sin descanso, ya ni siquiera se defendía, su energía se había agotado hacia tiempo con un patético kikohu que no había ayudado en absoluto. La rabia y frustración que sentía le ayudaban un poco a aguantar la paliza que estaba recibiendo, no hacía mucho era considerado el peleador de artes marciales más poderoso del mundo entero. Así había sido hasta que fue derrotado por Goku.

- ¡Goku..! Me pregunto donde podrá estar.

Piccolo tan sólo observaba indiferente la paliza que le proporcionaba sin piedad aquel misterioso villano al tríclope, poco le importaba el daño que sufrieran, él tenía sus propio objetivo y este no tenía nada que ver con paz y seguridad. Y para lograrlo hacía falta demostrar su soberanía en todo el mundo. Derrotando a aquel sujeto nadie se atrevería a dudar de su poder.

Fue con un certero golpe en la nuca del antiguo pupilo del maestro Tsuru, que la pelea terminó. Ahora todo dependía del namekiano, o quizá de que por algún milagro Goku apareciera y saliera victorioso tras enfrentarse a ambos. A esas alturas ninguno de ellos tenía muchas esperanzas, lo único que quedaba era esperar a que la fría muerte se decidiera a llegar por ellos. Podrían ser minutos o quizá unas horas si su agonía llegará a extenderse.

-Creo que llegó mi turno.- anunció el hijo del rey Piccolo que se había dado cuenta de que ese tipo no era un peleador ordinario. Calladamente procedió a despojarse de sus pesadas prendas dando inicio a la batalla

Técnicas, golpes y estrategias utilizaba, más ningún plan era efectivo para dejar en evidencia el punto débil de su oponente, el namekiano la pasaba muy mal, le costaba demasiado esquivar los ataques y si él tenía oportunidad de contraatacar, al sujeto le resultaba sumamente fácil esquivar, y no conforme con eso se burlaba diciendo que su forma de pelar era mediocre. Esto hacía enfurecer al último miembro de la familia de la maldad, y con más irá intentaba acabar con él.

Sintió en su estómago un agudo dolor producto de una patada que le propinó el villano, lanzándole varios metros lejos de él.

-No tengo intenciones de seguir peleando con ineptos como ustedes, así que espero que me contesten.- se acercaba peligrosamente hacia los guerreros caídos, situándose justo frente al calvo discípulo de Muten Roshi, posicionando un pie sobre su abdomen.

-¿Dónde está Kakarotto?- Krilin lo observó detenidamente, quizá para leer su siguiente movimiento, deseaba saber si lo mataría en los siguientes instantes, pero algo en su anatomía le llamó la atención. Una peculiar extremidad se movía acompasadamente detrás de su espalda. No distinguía muy bien, pero estaba seguro de haber visto algo parecido.

-Ti..¡Tiene cola!- gritó mientras con las pocas fuerzas que le quedaban señalaba su característica, que creía era exclusiva de su mejor amigo. Todos los demás miraron atónitos la peluda cola que poseía el saiyajin.

-¡No puede ser! ¡Ese hombre tiene una cola como la de Goku!- gritó por lo bajo Yamcha, ignorando por completo el agudo oído que poseía la raza guerrera.

-¡Vaya! Así que conocen a otro que tiene una cola como yo... Ese podría ser el canalla de Kakarotto- ninguno dijo nada al respecto, por alguna razón sabían que no debían hablar más sobre Goku, de igual manera desconocían su paradero.

- ¿No dirán nada? Entonces no me sirven...- Con una media sonrisa adornando su rostro formó una bola de energía y la colocó a escasos centímetros de Krilin quien cerró sus ojos esperando la muerte que en breve lo reclamaría. Le pareció esperar demasiado, así que miró hacia donde se suponía se encontraba el saiyajin, pero éste se hallaba en el suelo a una distancia considerable de ellos.

Miraba furioso hacia donde se encontraba Piccolo, gruñó al tocar la comisura de su labio y teñir sus yemas con su propia sangre.

- Podrás acabar con ellos, después de derrotarme. Claro, si es que puedes hacerlo.- exclamó el guerrero del planeta Namek, adoptando de nuevo su pose de pelea. Dando inicio al más sanguinario combate que tuviera, después del ocurrido hacía algunos años en el Tenkaichi Budokai.


...

A lo lejos divisó una imponente construcción en medio de la inmensa soledad del prolongado sendero.

- Ese debe ser el castillo de la princesa serpiente. ¡eso indica la mitad del camino!- y con la adrenalina al máximo corriendo por sus venas emprendió el vuelo.

- Por favor amigos, ¡aguanten un poco más!- aceleró pues aún había demasiados kilómetros por andar y por desgracia muy poco tiempo para esperar.


CONTINUARÁ...

¡Hola! Espero que donde te encuentres tengas un excelente día ¿o noche? bueno.. Antes que nada quiero hablar un poco sobre la historia:

-Hace tiempo que quería escribir esta historia, bueno no mucho. Sólo unos meses atrás, pero quería estar un poco más segura de cómo quería que fuera la historia, todos los detalles de la trama, cómo incorporar algunos personajes (que aún no está totalmente definido) pero al menos la idea en sí ya la tengo.

-Quisiera explicarles todo lo que está sucediendo, pero eso lo averiguarán conforme vaya publicando los siguientes capítulos y la verdad no sé qué tanto tardaré en actualizar. No pondré excusas, soy sincera: tengo tiempo de escribir cuando estoy en el trabajo, y a veces en mi casa, pero siempre me tardo editando los capítulos hasta quedar satisfecha o lo más que se pueda. Quizá actualice dos veces al mes... (no prometo nada, bueno una vez al mes cuando menos XD) porque también tengo otra historia pendiente. D:

- Y por último deseo aclarar que en este fanfic Milk tendrá una gran importancia, ya verán porque aunque no ha aparecido. Esperen el siguiente capítulo...

Bueno no les cuento más, espero recibir reviews y quizá alguno que otro tomatazo XD D:

Hasta la próxima actualización...

D.G. (V)

04/2016

En memoria de Katrina: Negra hermosa te extrañaré... (\_/)