Sin comentarios. Sólo lean! Después de que vimos como Daisy, Adam, Mark Hamill y Rian Johnson llegaron al aeropuerto de Belfast, sabemos de sobra que aquí hay Reylo y me inspiré.

Pronto sabrán más de estos dos.

Los quiero!

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In your beating heart

"… So let me freeze time

Before it turns cold

The moments go by

And life goes on

The torturous stars

Are taking every breath I wish I held

The love in my heart

Is never ending …"

Don't let me go fragment by Raign

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- Adam, no podemos continuar así. Joanne no está jugando limpio y te está reteniendo a pesar de que ya le dijiste que las cosas continuarán como están entre ustedes. Yo no quiero pasar por esto. No voy a pelear con ella por ti, tú la elegiste como tu representante y un conflicto con ella sólo echaría a perder mi carrera y la tuya. Ella será la buena. Ganará contratos con muchos buenos artistas y a nosotros nos darán una patada en el trasero. Los medios nos destrozarán. No quiero ser un one hit wonder por Star Wars, ¿Entiendes? Joanne tiene las de ganar aquí. Toda la gente a la que hicieron creer que se amaban profundamente ahora apoya a Joanne como la esposa amigable que acompaña a su marido a todos lados apoyando su carrera dejando de lado la suya…

- ¿Y qué hacemos, Jazz? – dijo entonces, Adam, desesperándose – Estoy cansado de escondernos y desviar la vista cada vez que hay un fotógrafo cerca. Estoy harto de cubrirme en la espalda de J.J. o de Kathleen, o de que Carrie nos preste su departamento oculto para poder vernos o correr de hotel en hotel con nombres falsos… - Daisy lo interrumpió; tenía las mejillas rojas y las aletas de su nariz temblaban furiosamente.

- ¿Crees que no estoy harta también? Pero ésta es mi oportunidad de demostrar que puedo llevar el peso de un protagónico en una película, en un mundo donde nadie confía en ti. Tú ya tienes una reputación, eres buen actor, has ido escalando en tu carrera y la has hecho inteligentemente… J.J. confió en mí y decidió que yo podía formar mi carrera desde esta película. ¡Es Star Wars, Adam! La franquicia más grande de ciencia ficción de la historia y estoy en ella… Si lo echo a perder, nos hundimos ambos y tú lo sabes. Echaría a la borda tu carrera… Adam, el siguiente año tienes tantas películas que podrías estar nominado a un Óscar en dos más y yo tengo que alcanzar lo mismo. Tenemos que aguantar… - y suspiró al borde del llanto acercándose, con el corazón palpitando con fuerza, como si hubiera corrido por mucho rato – Tenemos que soportarlo un poco más – Lo abrazó. Su cabello, ahora deshecho de la liga que lo sostenía, apenas rozaba la nariz de Adam y éste aspiró. Era un hábito que había desarrollado gracias a ella.

Daisy tenía razón. No podían tirar todo a la basura por no actuar con cordura. Joanne eventualmente se alejaría. O se enamoraría o tendría otro cliente que le diera más dinero y Adam lo sabía. Pero esperaba que sucediera pronto.

Las cosas con Joanne se habían deteriorado rápidamente luego de que se casaran y se rompieron cuando Adam y Daisy viajaron a las primeras locaciones de The Force Awakens. El día quince de la filmación, cuando ambos hicieron su primer escena juntos, la química fue impresionante y para todos los presentes eso fue evidente. John Boyega desviaba la vista constantemente ante la incomodidad de ver a su amiga tener un gran entendimiento escénico con su compañero antagonista, tomando en cuenta que era un entendimiento que debía tener con él ya que sus personajes pasaban la mayor parte de la película juntos. Al final, J.J. cambiaría el diálogo de una de las escenas en que el personaje de John estaba en coma, para dar a entender al espectador que ellos no son más que amigos. Adam y él tendrían una escena que debía representar profundo odio y cuando el momento llegó, se sintió en extremo preocupado porque Adam había tomado clases durante el período de vacaciones del rodaje. Doce días en que mientras él y Daisy regresaron a Birkbeck a visitar la universidad de Daisy y la casa de su familia en Westminster, Adam había pasado entrenando con un maestro esgrimista, artes marciales, lucha medieval y kendo. A través de Óscar, John supo que Adam estaba tomándose tan en serio su papel que haría todo para mantenerse dentro de él, cuando el propio John muy apenas entrenaba en el set con los entrenadores que J.J. asignaba en distintos momentos del rodaje. Daisy por su parte, en esos días, sólo mantenía comunicación con Adam una vez al día en que le enviaba un larguísimo correo con todo lo que había hecho durante su día, pues no era un secreto para nadie que Adam era una especie de sabio monje de alma antigua que, aunque sabía manejar la tecnología, no era exactamente partidario de ella. No tenía teléfono móvil, cuentas en redes sociales, ni nada que se conectara directamente a su presente a menos que hubiera un fotógrafo cerca. Tampoco era secreto que era Joanne quien tenía un número telefónico móvil para contactar a Adam y en las únicas ocasiones en que Daisy deseaba hablar con él, procuraba evitarlo para no tener contacto con su esposa ni faltar al respeto a ésta más de lo estrictamente necesario.

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El 18 de diciembre de 2015, Star Wars Episodio VII: The Force Awakens fue estrenada. Todos llegaron a la premiere un poco antes, excepto Adam, que llego casi al final del paseo en la alfombra roja. La mayor parte de las personas aún no sabían en ese momento cuán importante iba a ser su papel dentro de la película, así que realmente no le habían prestado tanta atención. Por eso nadie se dio cuenta que la camioneta en que Daisy llegó, fastuosa, enfundada en un precioso vestido blanco de organdí y encaje, con orlas en la falda y cintura ceñida en un cinturón también blanco, era la que transportaba normalmente en los sets a Adam de un lugar a otro. Este dato no sería relevante sino hasta que dabas cuenta de que Adam tenía sólo un chófer y había pedido amablemente que fuera sólo ése chofer quien lo transportase.

Daisy se había arreglado en la habitación de hotel en que Adam se hospedaba en Los Ángeles. Lo que pasó en la habitación antes de la premiere fue algo que sólo ambos supieron.

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Daisy era una amante interesante, y por extraño que pareciera, gracias a su juventud, tenía más experiencia sexual de la que se le atribuiría. Su rostro suave y dulce denotaba una naturaleza igualmente tranquila, por ello era difícil de determinar que realmente estaba llena de vida y pretendía disfrutarla en todos sentidos. Adam en cambio era extremadamente discreto. Conocía sexualmente a dos mujeres, Joanne y la propia Daisy y esto tenía un motivo.

La educación de Adam era cristiana y en su juventud era retraído y solitario. Al no ser precisamente un muchacho agraciado físicamente en su adolescencia, nunca salió con chicas ni se relacionó con ninguna mujer fuera de su madre. Cuando conoció a Joanne, quedó fascinado por la personalidad discreta y agradable de la joven rubia, tan parecida en maneras a su propia madre, aunque conforme pasaba el tiempo, sencillamente se sentía en una compañía agradable. Poco a poco, Joanne iba convirtiéndose en su mejor amiga y se descubrió a sí mismo dejándose llevar por la sensación emocionante y placentera de hacer sentir a alguien que le necesitaba aunque sólo fuese para hablar e intercambiar puntos de vista. En menos tiempo del que imaginó, ya estaba a punto de casarse.

Era algo que debía suceder.

Dos meses después de haberse unido a Joanne, ésta le informó que J.J. Abrams, el director de varias películas y series de Hollywood deseaba tener una conversación con él. A través de Clint Eastwood había conseguido el número de su agente, que era la propia Joanne, y quería invitarlo a antagonizar la entrega del nuevo canon de Star Wars. Adam apenas creyó lo que Joanne le decía. La cita se dio con éxito y Adam salió de la oficina de Abrams en Los Ángeles con el papel antagonista principal de la cinta.

Después de eso, unas dos semanas después, todo el elenco se reunió para la primer mesa de ensayo del guión y ahí conoció a Daisy Ridley.

Sólo sabía que era una joven británica de veintiún años entonces, que tenía una limitada experiencia en cine y éste sería su primer papel protagónico. Al presentarlos, J.J. les mencionó que esperaba que pudieran llevarse bien. La joven Ridley sonrió amigablemente. Adam se sintió extrañamente nervioso y sólo asintió saludándole con la mano. En su presencia siempre se sentía turbado y nervioso, como un niño que va por primera vez al zoológico.

En eso pensaba Adam la noche del estreno.

Habían pasado casi tres años desde que comenzaran la aventura de su vida y casi dos desde que comenzaran su aventura personal.

Cuando Daisy entró con una maleta y colgando el vestido blanco de un gancho, Adam le quitó ambas cosas y las arrumbó en una silla, abrazándola con fuerza. Daisy se sintió extraña y le entraron ganas de llorar, pero no dijo nada.

- ¿Qué te pasa?

- Ha terminado. De algún modo, pasará algún tiempo antes de que nos veamos otra vez – la voz de Adam, profunda y grave como era, tembló mientras hablaba por lo bajo – Pensé que este día estaba muy lejano y por fin llegó.

- Oye – y se separó un poco – Es sólo mientras pasa el hype de la película. Luego de que salga de taquilla podremos vernos. Alguien llamó a Joanne y creo que estará fuera unas semanas – Daisy también era misteriosa cuando quería y lo dejó muy intrigado.

- ¿Quién la ha llamado, Daisy? No me ha mencionado nada.

- Gwendoline. Quiere ayuda para algunos extras en Game of Thrones – pero la sonrisa de Daisy, le confirmó a Adam que ella tenía todo que ver en eso.

- ¿Gwen… Sabe sobre nosotros?

- Gwen – dijo Daisy imitando, celosamente, su tono de voz – sabe todo desde el primer día. Nos vio detrás del set del bosque.

- ¿Qué dices? ¿Le ha dicho a alguien? – Adam parecía preocupado.

- Por supuesto que no, aunque no lo creas es sumamente discreta y lo ha ocultado porque según ella, no conoce a nadie que se conozca y se ame como nosotros, así que nos "dejó ser".

Adam comenzó a removerle la sudadera a Daisy y ésta de inmediato replicó.

- ¿Qué haces? – dijo, riendo.

- Te preparo. Debes tomar una ducha antes de enfundarte ese vestido.

- Oh, vamos, Adam, aún no me ducha… - Ella misma detuvo su conversación al comprobar que la mano de Adam, grande y de largos dedos, se deslizaba por su espalda y sosteniéndola de ésta, la apretó contra él y la besó de tal modo que se olvidó de lo que iba a decir.

La tarde parecía pasar más rápidamente de lo que deseaban, pero no lo suficiente para quitarles el interés.

Adam la besaba, sofocándola, mientras ella, más silenciosa de lo que era por lo común, apenas si hacía algún sonido. Los rayos del sol entraban por la ventana de blancas cortinas de gasa y hacían relumbrar la piel bronceada del menudo cuerpo de la joven y la pálida del hombre que parecía recién haberse afeitado. La suave piel de su rostro en ese momento rozaba entre los pechos pequeños de la joven actriz.

Abrazándola, besando su cuerpo, desde sus cabellos rozó con su lengua la base de su nuca. Era algo que había aprendido que enloquecía a la joven y que le arrancaba gemidos que solían romper el silencio en los momentos más inoportunos, pero que también solían enloquecerlo a él, de modo que, aún mientras la empujaba contra la cama, la volteaba y la penetraba sin preguntar siquiera, no dejaba de hacerlo. Esa tarde, la forma usual en que lo hacían dejó de serlo y Adam, de forma completamente inusual, ató a la chica al borde de metal de la cama con las fundas largas de seda de las almohadas.

Murmurando en el oído de la joven que, divertida, forcejeaba riendo y sin éxito, dijo:

- ¿Recuerdas la escena del interrogatorio que hicimos?

Daisy rió.

- Sí que la recuerdo. ¿Creíste que no me di cuenta cómo me mirabas? Fue terrible tener que disimular, te habría traído aquí de inmediato, pero entonces todo era mucha confusión – Adam se acercó más aún y su lengua dibujó un camino de saliva desde el lóbulo de su oreja hasta su clavícula.

- Me habría encantado poseerte allí mismo. Me gustó la forma dura en que me mirabas – Sus dedos acariciaron despacio la entrepierna de Daisy que trató de reprimir un gemido, pero no pudo cubrirse los labios. Sus manos continuaban atadas.

- ¿Lo habrías hecho? – Adam manipulaba su sexo en silencio, pero por supuesto trataba de entrar profundamente en ella, porque sabía bien dónde y cómo enloquecería.

No sabía de mujeres, de eso no cabía duda, pero sabía de ella y lo que ella le hacía hacer para complacerla y lo que él quería hacerle para verla complacida eran la misma cosa y había aprendido para darse y darle la misma satisfacción.

Sin contestarle y en total silencio, Adam acercó su boca y se perdió entre sus piernas. Su lengua serpenteó la piel de sus muslos internos antes de entrar en su sexo y una vez se deslizó profundamente en ella, Daisy no pudo reprimir romperse en gemidos de gozo que no podía encubrir. Se estiró, se arqueó, dejándose hacer, apretando la cabeza de Adam entre sus piernas, tironéandole el cabello largo y negro, olvidándose del universo, que afuera, frente al Teatro Chino, ovacionaba su nombre ligándolo a la más grande producción del momento. No podía negarse que en ese instante se sentía en las nubes. Su éxtasis era brutal y no podía detenerlo.

Adam se alejó de pronto y retirándose el resto de la ropa que le estorbaba, se dejó mirar por los ojos castaños que seguían su cuerpo lascivamente, como si lo deseara tanto que pudiera romper las fundas con que había sido atada. Lo miró como si sus ojos simplemente con desearlo, pudieran atraerlo a su interior, y de algún modo, así fue. Adam se acercó a ella y la besó subiéndose sobre su cuerpo mientras su miembro se apretaba incómodamente contra su entrada estrecha. Por un segundo ambos contuvieron la respiración, como si llevaran mucho tiempo de no probarse, de no poder deleitarse en el cuerpo del otro y el miembro de Adam invadió pues la cavidad de la chica que lanzó un gemido profundo y gutural con su voz hermosa y grave e intentó atraerlo y absorber todo de él desde su interior. Adam la miraba con sus ojos de un extraño tono verdoso y obscuro, moviendo sobre ella cada músculo de su cuerpo. Daisy sonreía por momentos, porque en esos momentos pensaba en que quizá si sólo pudieran permanecer así sin pensar en carreras, en películas por hacer, en guiones por memorizar y en esposas por deshacerse, todo podría ser así de placentero y agradable. Adam sólo podía pensar en que deseaba permanecer con ella, no sólo así, sino del modo en que desgraciadamente había tenido que pasar con Joanne para mantener su deseo de actuar a flote. Abrazó a Daisy y la embistió con más fuerza, ignorando que ésta había comenzado a jadear y gemir, a estremecerse bajo su cuerpo; ignorando por completo que lo único que escuchaban en la habitación blanca con molduras plateadas y un gran jarrón de flores frescas en el centro sobre una mesa increíble de mármol era el eco de sus respiraciones, sincronizadas, acompasándose al ritmo de sus movimientos, el sonido de los labios de Adam perdiéndose en los de la chica que recibía cada beso excitándose mucho más, deseando no tener que salir de la habitación aquella noche precisamente… Aquella noche en que se vería actuando por primera vez, por completo, no sólo en un tráiler como el día que se vio y lloró… Esta vez se vería a sí misma actuar, frente a él, los vería traspasar la pantalla y dejarían entonces de esconder, al menos en aquella película, lo que en realidad había entre uno y el otro.

Abrió más sus piernas y una de sus manos se desató por fin de la funda, así que fue a dar directamente a la espalda baja de Adam, que con el movimiento de su cuerpo había cautivado totalmente su mano que se negaba a dejar de acariciarle. Entonces sintió lo evidente.

Adam comenzó a embestirla más rápido y su voz grave comenzó a romperse por lo bajo, en su oído, como si no pudiera soportar más el reprimir un orgasmo que necesitaba. Quería descargarse en ella, dentro de ella y no tuvo corazón para pedirle que esperara aún más para terminar… No por que todo hubiese ido rápido, a ambos les gustaba prolongar el juego tanto como fuese posible, pero ese día, en ese instante, lo único que deseaba era sentirlo dentro de ella.

Alcanzó sus labios e irguiéndose, lo besó apretándose contra su cuerpo con la mano libre mientras que la otra permaneció atada. Adam la besó con tanta fuerza que uno de sus labios sangró levemente, pero incluso compartiendo su propia sangre, esto no los detuvo en absoluto.

Daisy se irguió de pronto y Adam la sostuvo sin poder soportar más.

Mientras ella terminaba y él estaba a punto, Daisy murmuró algo y lo obligó a sonreír, porque era una broma común entre ellos pero nunca la había mencionado mientras estaban solos.

- Para mí… Nunca habrá otro Ben Solo más que tú.

Por extraño que pareciera, esto excitó a Adam, porque era una forma de decirle que lo amaba en clave. Aunque la frase seguía sonando cariñosa, Daisy y él habían establecido que tendrían para sí mismos cosas que no compartirían con nadie más y así era siempre.

Aquella noche, ella se fue del hotel, completamente radiante. Para nadie en su familia era un secreto que el compromiso que había anunciado que tenía meses atrás con un "amigo de la infancia" era una forma de cubrir lo de Adam. Aquella noche, su hermana llegó una hora antes para maquillarla y ondearle el cabello y frente a Adam, Daisy salió ante su mirada protectora, segura de que había hecho su mejor trabajo y de que la decisión que había tomado de mantenerse en un perfil bajo, de mantenerse en secreto en la vida de Adam, era la mejor para ambos en un momento en que no podían hacer nada más.

Por eso, cuando Adam llegó a la alfombra roja, vestido con un traje negro, llevando a Joanne del brazo, Daisy le lanzó una mirada agradecida a lo lejos y éste la devolvió con un dejo de añoranza.

En unas semanas comenzaría de nueva cuenta un período de vacaciones, Joanne se iría a apoyar a HBO y entonces podrían verse de nuevo.

Nuevamente tendrían que enviarse correos, así que Adam, previendo esto unas horas antes de encontrarse con ella, había comprado un IPhone.