Stage

Capítulo 3

Your woman

"You don't own me…

Don't try to change me in any way…"

You don't own me fragment by Leslie Gore

- Adam, escúchame bien – Joanne estaba furiosa y aunque ya estaba acostumbrado a sus repentinos arranques de celos injustificados, Adam trataba siempre de mantener un perfil bajo. Las discusiones terminaban con él dejando sola unas horas a Joanne mientras ésta se guardaba su rabia, mascullándola por lo bajo. Adam generalmente estaba tan furioso que salía fuera. A su padrastro le habría dado literalmente un ataque de religiosidad y le habría dicho que dejar a su esposa en ese estado en casa estaba totalmente mal y más aún si salía a hacer lo que él hacía. Pero aquel día en particular, se quedó a discutir y discutió alto y claro, porque Joanne se negaba a irse a Chicago a la entrevista con Gwendoline Christie, quien a su vez la llevaría con los ejecutivos de HBO para la contratación del proyecto en que ella participaría. Un número importante de extras sería necesitado para una de las más grandes escenas de la serie y Gwendoline había recomendado a Joanne para ayudar a Daisy a deshacerse de ella unas semanas – Sé muy bien de dónde proviene esta "oportunidad" – el rostro de Joanne se deformó en una expresión de odio incontrolable – esto huele a Daisy Ridley – y lo miró, mezquina - ¿No es verdad?

- ¡Por Dios, Joanne! – Explotó éste entonces, no porque estuviera negándolo; quería que sonara de tal forma porque tenía que disfrazar que, de hecho, habían descubierto sus planes - ¡Es el colmo! ¿Crees que sería tan indiscreto de andar por ahí divulgando que ni siquiera dormimos en el mismo sitio? ¡No tenemos ni dos años de casados! – Se sentó en el sofá, con los brazos cruzados – De verdad me irrita que sigas con esto.

- ¿Y qué demonios esperabas? ¡Te enredaste con una novata y ahora actúan como enamorados! ¿Crees que añoraba que me humillaras de esa manera? ¿Crees que no vi cómo se miraban en las escenas de Force Awakens, uh? ¡Por favor! ¿Y ahora te atreves a indignarte? Gracias a mí, te esforzaste en reiniciar tu carrera en algo. Y aquí estás, en la cima del mundo por un papel que yo te ayudé a construir. Y que puedo destruir – Adam se levantó mirándola incrédulo y furioso.

- ¿Me estás amenazando, Joanne? – dijo, desafiante.

- No. Pero estoy segura que al Hollywood Reporter le interesaría saber sobre tu relación con Daisy Ridley.

Adam la miró entre desconcertado y furioso.

- ¡Hazlo, Joanne! ¡Todo el mundo sabe ya lo de Daisy! ¡Lo han sabido desde el primer día que filmamos una escena juntos! – Adam sabía que, para Joanne, ése fue un golpe bajo. Había sido la razón por la que se habían separado definitivamente, pero mantuvieron su matrimonio por el bien de sus carreras en ciernes - ¡Hazlo de una vez y ya déjame en paz!

Furiosa, Joanne capituló.

Sólo eran dos semanas en Chicago y una en los estudios de HBO de Los Ángeles. De allí volvería de nueva cuenta. En el fondo, tampoco soportaba sonreír en las fotografías cuando, como bien decía Adam, todos sabían de su amorío con Ridley. A Joanne le enervaba recordar su rostro asimétrico, la figura menuda y la agradable sonrisa. Toda la presencia de Daisy era un motivo para estar molesta siempre. Cuando se casó, se casó feliz y enamorada y nada en el mundo la habría podido incomodar, a pesar de que Adam tenía escenas muy fuertes en Girls y constantemente lo acosaban para que hablara sobre ellas. No soportaba ver a "la gorda ésa", es decir, a Lena Dunham, acostarse con su marido, aunque sólo fuese trabajo. Pero tenía que hacerse si quería figurar. Y lo hizo. Adam era un maestro de cómo ser lo que no era.

- Bien, Adam. Dile a Gwendoline que salgo en el primer avión de hoy – lo miró fijamente – espero que no dejes que nadie se entere de lo tuyo con Daisy Ridley o tendrás que dar tú solo la conferencia de prensa al respecto cuando hayas dado al traste con todo. Sabes que en cuanto eso suceda, no volveré a tu vida y tampoco seré más tu manager. Te quitaré todo lo que pueda. A partir de ese día serás mi enemigo y por supuesto, no te perdonaré que me humilles más.

Adam salió de la habitación repasándose el cabello y mordiéndose el labio inferior por dentro. Su gesto dejó claro que se sentía decepcionado de sí mismo.

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Joanne salió esa misma noche y Adam provocó gran incentidumbre en Daisy cuando marcó su número y ésta descubrió que no conocía el número del que le llamaban.

- ¿Quién es?

- ¿Quién esperabas que llamara? – Daisy sonrió.

- ¿Adam? ¿De verdad?

- Este es mi número. Guárdalo. Por cierto, Joanne acaba de irse. Necesito verte - y su voz bajó de tono. Era parte del ritual para verla y siempre lo hacía de la misma manera. La única diferencia es que ahora ya no usaba otro número, sino uno propio - ¿Te parece si vamos a cenar?

- Adam, ¿Estás hablando en serio? - Preguntó, preocupada – No podemos sólo andar por la ciudad. En Los Ángeles, todo el mundo nos conoce.

- Pasaré por ti en la camioneta. Vamos a Downey.

- Pero… ¿Y Joanne?

- Joanne me amenazó – Daisy escuchó claramente el sonido de un encendedor; Adam fumaba sólo cuando estaba muy nervioso – Prefiero decirlo yo antes de que ella se adelante. – y le escuchó aspirar del cigarrillo una bocanada de humo.

- ¿Decirlo… Hablas de nosotros?

- Ya no hay nada qué ocultar, Jazz… Acabamos la película. La siguiente es un éxito seguro, no necesitamos seguir con esto.

- Joanne puede quitarte todo, empezando por los derechos de todo lo que has hecho.

- No puede – dijo con fría seguridad – Hoy, después de irse, hablé con otro agente y con el contador. Joanne ha estado robándome. Como si no pudiera pedirme lo que necesitaba.

- Yo… - Daisy estaba frustrada. En parte porque sabía que le producía un gran malestar el saber que su mejor amiga, la persona a la que había estado unido por tantísimos años se había valido de él para ganar dinero y sacar provecho de su talento y en parte porque la misma Daisy había desarrollado una sincera aversión a Joanne en función de sus ambivalentes actitudes – En verdad lo siento, Adam. ¿Vas a… Divorciarte?

- Sí. No deseo tener dos esposas – Y se escuchaba su voz del otro lado de la línea como si sonriera.

- ¿Qué quieres decir?

- Quiero decir que, si me amas como yo te amo a ti, es buen momento para fijar una fecha para casarnos.

Daisy estaba tan asombrada que dejó caer su teléfono al suelo. Todo pasaba demasiado rápido. Después de un momento en que Adam no escuchó nada, habló.

- Jazz, ¿Sigues ahí?

- Sí. Sólo se cayó mi teléfono – Daisy estaba emocionada, pero al mismo tiempo no sabía si tomar en serio la propuesta. Le temblaban las manos.

- ¿Estás preocupada por tu carrera, no? – Y la voz de Adam sonó grave ante la actitud aparentemente negativa de ella.

- No, Adam. Estoy… Apabullada. Esto es repentino y me cuesta creer que Joanne va a darte el divorcio sólo así con todo lo que hay de por medio.

- ¡No me importa qué haga Joanne, Jazz! Mi vida se muere a cada segundo y no dejaré pasar un día más viviendo con ella cuando puedo hacerlo contigo – Daisy asintió mientras él hablaba, repetidas veces – Vamos a Downey. Necesito verte, tengo algo para ti.

- Te veo aquí en media hora – Su voz sonó trémula.

Y metiendo en el bolsillo de sus jeans el IPhone, Adam sacó de éste una pequeña caja cuadrada, forrada en terciopelo rojo.

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Corto pero consistente!

Gracias por leer!