Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, sino a su escritora J.K. Rowling.

Este fic participa en el minireto de mayo para "La Copa de las Casas 2015-16" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black

Guerra sorteada:segunda guerra mágica

palabras: 387 según word


No le gustaba. No podre reír, no poder divertirse, no poder opinar, no poder pensar... No era justo y por eso luchaba junto a ellos; causando problemas al "bien amado" director y a los "íntegros" hermanos Carrow; por eso actuaba junto al ED, desde las sombras.

Michael no era idiota, sabía de sobra que ahora estaban los mortífagos y el que no debe nombrarse en el poder, pero nada había terminado realmente, no mientras ellos tuvieran algo que decir al respecto; no mientras quedase luz y esperanza en sus corazones. Nunca había sido fan de Potter; pero si en algo coincidía con los líderes del ED, aunque optase por callarse, era que Potter estaba aguardando su momento.

- Estamos haciendo bien, ¿no?

- Por supuesto, Padma; no tendremos el valor de los Gryffindor o la lealtad de los Hufflepuff, pero tenemos nuestra sabiduría y sabemos que esto está mal.

- La guerra ha terminado.

- Seguimos en Guerra; mientras el ministerio no capture a Potter, seguimos en guerra.

Conversaciones así tenía a diario, mientras patrullaba, o bien con su mejor amigo Terry Boot, en realidad le servían a sí mismo para no perderse, para no ceder ante la oscuridad siendo que por su linaje estaba protegido, dado que afirmaban no querer derramar sangre mágica, patrañas en su opinión. Escucharon a un niño gritar, siguieron los gritos y se ocultaron para ver;el niño estaba siendo torturado por la arpía Carrow, era un chico de primer año de la casa Gryffindor, para sus adentros pensó que seguramente el crio los habría confrontado o pese a pasar los exámenes del árbol genealógico por parte del ministerio no era lo suficientemente puro para su agrado, cosas así pasaban a diario.

- Avisa a los demás, yo me encargo – Susurró con seguridad a su compañera.

Esperó oculto, con la mente clara en lo que iba a hacer; esperando el momento propicio para acercarse a la puerta de esa mazmorra y abrirla, liberando al chico; porque había comprendido una cosa en aquella guerra: No importaban los colores; ni león, ni tejón, ni águila; todos eran uno.

- Vaya un águila jugando a ser león – Era la voz del otro Carrow.

No respondió, no le preocupo haber sido pillado, sabía que había obrado bien aunque tuviese que pagar las consecuencias, porque todos éramos uno.