Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a Adam Horowitz, Edward Kitsis, así como a ABC


I

No Puedo Salvarla Desde Aquí


Inframundo

Ella se había ido.

El cese de los temblores, y el Ascensor llegando una vez más hasta donde él estaba, le hicieron comprender esa gran verdad.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas, el dolor de perderla se hacía cada vez más real, no quería apartarse de su lado, sin embargo, él comprendía que su tiempo en la Tierra de los Vivos ya había terminado, Emma tenía que seguir adelante, justo como él también lo haría.

El Portal se cerró, y a Killian sólo le quedó salir de ese lugar para regresar a Underbrooke y seguir con su camino para encontrar al fin cuál era su Asunto Pendiente y cumplir la promesa que le hizo a Emma antes de su amarga despedida.

El viejo Capitán levantó la reja cuando el Ascensor se detuvo, después de que la bajó para que el mecanismo funcionara una vez más, se dejó caer al suelo, más derrotado que nunca, pensando en su pequeño Cisne, y en todo el sufrimiento que estará pasando ahora.

Ese pensamiento le carcomía todo, no quería que alguien que él amaba sufriera tanto por su causa, Emma se merecía algo mucho mejor, y él quería dárselo, por eso la dejó ir, aunque eso significara no verla nunca más.

¿De qué sirvió esa prueba de Amor Verdadero si ambos no estarán juntos para poder compartirlo? Era algo hermoso para Killian comprobar que alguien era capaz de Amarlo tanto como para poner su propia Vida en riesgo, le parecía increíble que por fin conociera lo que era el Amor Verdadero, esa que es considerada como la Magia más extraña y Poderosa de todas.

Emma lo amaba con la misma locura que él a ella, y por mucho o poco tiempo que pasaron juntos, el ex Pirata lo disfrutó a cada instante, sin embargo, necesitaba más tiempo a su lado.

Garfio cerró los ojos, y echó la cabeza hacia atrás, recargándola en una de las paredes de metal de esa caja, y a su mente vinieron imágenes de Emma, cada momento que se profesaron su Amor, los abrazos, los besos, las citas en Granny's, los Almuerzos en la Estación de Policía o en el Jolly Roger, las caminatas nocturnas, su primer Vals durante aquella aventura en el Tiempo, o aquel hermosísimo Baile en Camelot donde él había quedado maravillado por la belleza de esa mujer de la que se enamoró desde el primer instante en que la vio, ese paseo a Caballo y el día en el que ella dejó de temerle al futuro, y decidió arriesgarlo todo con él.

A cada segundo, la decisión, su decisión pesaba más que mil grilletes, era lo mejor, pero, saber eso no quitaba todo el peso de la pena.

Pasó su mano por su rostro y movió su pierna izquierda, haciendo que su pie chocara con el pequeño saco en el que Hades guardó el Corazón de Emma. Killian levantó la cabeza y tomó el saquillo dorado. Lo miró mucho tiempo, parecía quedar hipnotizado, sabía que ahí había estado el Corazón de la mujer que Ama, ese era el último recuerdo que le quedaba de Emma y lo conservaría consigo hasta que llegara el día en que volvieran a mirarse las caras.

El Ascensor llegó a su destino después de casi diez minutos desde que lo hizo funcionar, y por un momento, su instinto le hizo creer que cuando esas puertas se abrieran la encontraría nuevamente ahí, no obstante, esa suposición se desvaneció al encontrar las puertas de la Biblioteca abiertas de par en par y nadie conocido a su alrededor.

Estaba a punto de salir de ahí para dirigirse a aquella casa que simbolizaba su Futuro con Emma, pero, de pronto, del fondo de aquel recinto abandonado, escuchó a alguien murmurar palabras inentendibles a primera instancia, sin nada más que perder, caminó por el pasillo oscuro, simplemente para encontrar a Cruella y a la Bruja Ciega hojeando desesperadamente el Libro de Cuentos.

─Eso no te pertenece, Amor. ─Exclamaba Killian con seriedad mirando hacia Cruella.

─ ¡No te metas en cosas que no son de tu incumbencia, Pirata! ─Alegaba Cruella De Vil sin voltear a verlo.

─Lo siento, pero este Libro le pertenece a Henry ─replicaba Garfio apartando el Libro de Cuentos de su lado─, y me aseguraré de que permanezca bien guardado hasta que él venga aquí.

Killian tomó el Libro en sus manos y comenzó a caminar a toda prisa para salir de ese lugar, ante la mirada de una furiosa Cruella.

─ ¡Alto ahí, cariño! ─Ordenaba la Bruja Ciega usando su Magia para paralizarlo.

─ ¡Bien hecho, Querida!

Ambas Brujas caminaron hasta donde Killian se encontraba, y Cruella le quitó el Libro de las manos.

─Ya te dije que eso no es tuyo. ─Alegaba Killian tratando de zafarse del agarre de la Bruja Ciega.

─ ¿Y qué? ─replicaba Cruella─ Eso es algo que jamás me ha interesado en lo más mínimo.

─ ¿Para qué lo quieres? ─inquiría Garfio─, porque estoy seguro de que Henry jamás te escribió un Final Feliz.

─ ¡Tienes razón! ─aseveraba Cruella─ Ese mocoso infeliz nunca me escribirá algo como eso, ni siquiera para sanar el Corazón de su mami.

─El Corazón de Emma es más puro que el tuyo o que el mío ─contestaba Killian con una sonrisa─. Ni siquiera tu Muerte o la Oscuridad pudieron mancharlo, así que, Henry no estaba obligado a escribirte nada.

La expresión de Cruella se vio invadida de una rabia inocultable al ver la sonrisa burlona de Garfio, ya no quería verlo más, su simple presencia era un recordatorio de su Asesina, y de una forma u otra, ella la haría pagar.

─ ¿Quieres saber una cosa, Capitán? ─Preguntaba Cruella mirando la Portada del Libro.

─ ¿Tengo opción? ─Objetaba Killian apretando los ojos de dolor.

─Quería volver a la Tierra de los Vivos para disfrutar una vez más de los placeres que da la buena Vida, y en últimas fechas, cuando esos "Héroes" llegaron a buscarte, una nueva idea surgió de mi cabeza ─comentaba Cruella─. Quería volver para tomar Venganza de tu noviecita, sin embargo, creo que después de lo que tu amiguito le hizo a mi Jimmy, también podría hacerte lo mismo a ti.

─ ¿Qué? ─Cuestionaba Garfio con desesperación.

─Así es, Marinerito ─replicaba Cruella─. Te lanzaré al Río de las Almas Perdidas, y estoy segura que tu queridita Emma Swan lo sentirá del otro lado, quiero decir, ya que ustedes son Amor Verdadero.

─ ¡Déjame ir! ─Ordenaba Killian.

─Lo siento, querido, pero no podemos hacer algo como eso todavía.

─Te liberaremos, no te desesperes ─agregaba la Bruja Ciega─, no obstante, el lugar donde caerás, no te gustará.

La Bruja lo levitó hasta el Auto de Cruella, y luego de meterlo en el asiento trasero, la Encantadora de Animales emprendió camino hasta el Muelle para lanzar a Garfio por el mismo lugar que David y Bella habían lanzado a James y a Gastón respectivamente.

Mientras hacían su recorrido, el Capitán miró por la ventana cuando el Infierno se desató en aquel lugar rojizo.

─ ¿Qué está pasando aquí afuera? ─Pedía saber Garfio.

─El Inframundo celebra que ya no tiene líder, Querido. ─Replicaba Cruella.

─Hades se marchó poco antes que tus amiguitos ─proseguía la Bruja Ciega─, y es probable que ya esté causando problemas allá arriba.

─Emma lo detendrá ─afirmaba Killian tratando de zafarse de las ataduras Mágicas─, de eso no hay duda, ese Encendedor parlante no se saldrá con la suya.

─Me sorprende que sepas lo que es un Encendedor, Querido. ─Declaraba Cruella dando la vuelta bruscamente por la calle.

─ ¿Qué puedo decir? ─exclamaba Killian desviando la mirada─, no he estado en la Tierra sin Magia tanto como tú, pero tuve tiempo de conocer cada ínfimo detalle de ella.

─De todos modos, eso no te salvará. ─Rebatía Cruella.

─Y ahora que Hades ya no está con nosotros, ¿quién será el nuevo gobernante de este maldito y asqueroso lugar?

─La tienes frente a tus ojos, Capitán ─manifestaba la mujer al volante─. ¿Sabes? Quería que tus amigos se quedaran más tiempo, para poder torturarlos a mi antojo, pero, contigo me conformaré, aunque el tiempo sea bastante corto.

Killian la miró muy serio, inexplicablemente, ninguna de las dos le quitó el saco que guardó en el bolsillo trasero de su pantalón, en donde usualmente guardaba la pequeña cantimplora que siempre estaba llena de Ron.

Al llegar al Muelle, la Bruja Ciega sacó del Auto a Killian con su Magia, y Cruella puso el Libro de Cuentos sobre el cofre, curioseando entre las nuevas hojas que Henry escribió minutos antes.

─ ¡Vaya! ¡Vaya! ¡Vaya! ¡Pero que tenemos aquí! ─espetaba Cruella tomando una hoja y caminando a la orilla del Muelle donde la Bruja tenía suspendido a Garfio─ ¿Quién lo diría? Tal parece que a los ojos del Autor yo no soy digna para mi Final Feliz, pero el Temido, Feroz y Desalmado Capitán Garfio sí.

─ ¿De qué demonios estás hablando? ─Ordenaba Killian mirándola desde arriba.

─Bájalo, Querida. ─Le pedía Cruella a la Bruja Ciega.

El Pirata cayó al suelo, e inmediatamente, Cruella lo levantó para ponerle enfrente la hoja de papel que Henry había escrito para él.

─Léela en voz alta, Marinerito. ─Ordenaba la Bruja Ciega.

Killian la tomó con cuidado, y obedeció las órdenes de una de sus captoras.

Después de años de intensas Batallas, siglos repletos de una incontrolable sed de Venganza, el Capitán Garfio conoció lo que era el Amor Verdadero gracias a la hija de Snow White y el Príncipe Encantador, esa mujer Fuerte, Valiente y Generosa, quien era mejor conocida como la Salvadora. Ambos se profesaron su Amor, y decidieron luchar por su Futuro, hasta que las garras de la Muerte alcanzaron a uno de los dos. Y a pesar de probarle al mismísimo Inframundo que lo que compartían era puro, no fue suficiente para que los dos estuvieran juntos una vez más. El Capitán le pidió a la Salvadora que siguiera sin él, y ella cumplió su último deseo al marcharse con todo su Escuadrón de Rescate, no sin antes, pedirle a su Amor que él se marchara del Inframundo a la primera oportunidad de redención.

─Eso no suena como a un Final Feliz ─rebatía la Bruja Ciega detrás de Killian─. Ni siquiera distingo el Asunto Pendiente.

─Tienes razón, Querida ─agregaba Cruella acercándose a Killian─. ¡Tú! ¡Dame eso!

Garfio bajó la mirada, hizo la hoja a un lado, y empujó a la Bruja Ciega con su espalda. Aprovechando la conmoción, Killian se dio la vuelta para mandar de una vez a su custodia al mismo destino que lo querían mandar a él.

─ ¡Espero que sepas nadar! ¡Come niños! ─Gritaba Garfio.

─Mala manera de buscar tu redención, Killian Jones. ─Protestaba Cruella tomándolo del brazo.

─Espero que quien sea el que mueve los hilos allá arriba sepa perdonar esta falta cuando se entere que trataba de hacerme lo mismo.

─Pagarás por esto, Pirata ─amenazaba Cruella haciendo aparecer a varios sujetos armados con palos de madera─. ¡Claude, muchachos! ¡A él!

Los cuatro hombres se abalanzaron hacia Killian, y luego de una batalla rápida donde Garfio los desarmó enseguida, mandó al agua a dos, mientras que dos lo taclearon seguidos por Cruella, haciendo que la hoja que Henry escribió para él cayera como sí nada.

Claude y el último sujeto cayeron al Agua irremediablemente, mientras que Killian y Cruella colgaban de la orilla del Muelle.

Garfio usó su pierna derecha para alcanzar uno de los escalones, mientras que Cruella comenzaba a resbalarse, y en el momento en que subió por completo, ella lo tomó de su pierna izquierda.

─No me dejes aquí, Pirata ─suplicaba Cruella─, a Emma no le gustaría eso.

─No tenías porqué mencionarla para que intentara salvarte. ─Replicaba Killian comenzando a arrastrarse en el suelo.

Cruella se sostuvo como pudo de la pierna de Garfio, sin embargo, lo que parecía ser el Alma de James comenzó a jalarlos a ambos.

Killian utilizó su Garfio para agarrarse de un enorme pedazo de metal que estaba cerca de ellos.

A James se le unió el Alma de Gastón y entre los dos jalaron a Cruella con más fuerza, el pedazo de metal comenzó a ceder, y Killian se iba junto con ella.

Pero, en un último intento por sostenerse de él, Cruella De Vil se sujetó erróneamente de su bolsillo trasero, jalando el saco dorado, y cayendo con las otras Almas al Río.

Garfio se levantó sólo para mirarla desaparecer en el Río Verde, y en el momento en que las Aguas se calmaron, recogió la hoja del piso, y se llevó el Libro de Cuentos consigo, para después dirigirse a su hogar.

Subió por las escaleras, y en la habitación que se supone que compartiría con Emma, guardó el Libro en una vieja caja fuerte que encontró debajo de la cama.

Killian estaba cansado, habían sido muchas emociones fuertes por un día. ¿Quién lo diría? Un Alma cansada, era curioso, y así se sentía.

Se sentó en la orilla de esa cama y leyó para sí la última parte de aquello que Henry escribió tan apresuradamente media hora antes. El ex Pirata dejó escapar una risa alegre al ver las últimas palabras de ese niño, y aunque ya no tenía a Emma a su lado para que le dijera lo que ella entendía, ahora tenía que hacerlo solo, y tenía una idea de cómo llevar a cabo ese último párrafo.

Selló bien esa caja fuerte, la escondió muy bien, y bajó las escaleras. Guardó los vasos que Liam, Emma y él utilizaron días atrás, luego, les dio un último vistazo a las cosas de su Amor, cerró la puerta lo mejor que pudo y se marchó con rumbo hacia el lugar del Gran Juicio como lo llamaban algunos, ese puente que decidía hacia qué lado podías cruzar.

Llegó ahí y se paró a la orilla del Puente de Roca con la hoja en su mano.

─Muchas gracias, Henry ─exclamaba Killian con una enorme sonrisa de satisfacción en el rostro─. De verdad, muchas gracias, amigo.

Después de eso, alzó la mirada, pero nada ocurría, ni las llamas del Infierno, ni la luz del Más Allá se hacían presentes.

─ ¿Por qué no sucede nada? ─Indagaba Killian bajando la vista a las llamas.

─Por dos simples y sencillas razones ─explicaba un hombre alto de cabello rubio─. La Primera: Porque esto no es lo que significa ese último párrafo.

─ ¿Y la Segunda? ─Inquiría Killian.

─Porque yo no quiero que las llamas del Infierno te consuman todavía. ─Respondía el hombre pasando sus brazos hacia atrás.

─ ¿Qué poder tienes tú como para detener algo como esto? ─Volvía a preguntar Garfio.

─El Poder de todo el Cosmos ─contestaba el hombre─. Pero, creo que todavía no me he presentado. Soy Zeus.

─El hermano mayor de Hades. ─Concluía el Capitán.

─Precisamente ─afirmaba el Dios─, y es por mi hermanito que te necesito todavía.

─ ¿Para qué me necesita el Todopoderoso Zeus?

─Para detener a mi hermano de una vez por todas.

─ ¿De qué hablas? ─inquiría Killian─ Creí que lo único que quería era pasar su vida con Zelena.

─Al parecer, quiere todavía más ─aseguraba Zeus─. Hades tiene pensado tomar Storybrooke, y destruir a aquellos a los que Amas.

─Maldita sea ─mascullaba Killian─. Nunca debimos confiar en él.

─En efecto, no debieron, y por eso necesito tu ayuda.

─ ¿Para qué necesitas a un simple mortal?

─Necesito que me ayudes con esto, tengo que darle parte de mi poder a un Alma justo ahora que la luna está llegando al cénit, solo así, ambos podremos salir de aquí e ir a Storybrooke para detenerlo.

─ ¿Qué pasa si vas con todo tu poder?

─Lo destruiré todo con un simple pase de mi mano ─respondía Zeus─. Ayúdame, Killian Jones, y te daré la última oportunidad para despedirte de los que se convirtieron en tu Familia, y para que Salves a la mujer que Amas.

Killian lo meditó por un momento, ¿qué otra opción tenía? ¿Ver cómo se desmoronaba el Inframundo ya sin un Rey? Si Hades iba a causar terror allá arriba, tenía que asegurarse de que su Familia estuviera bien, no los quería de regreso tan pronto, a ninguno de ellos.

─No puedo salvarla desde aquí, ¿cierto? ─Respondía Garfio con convicción.

─Así se habla, Capitán Jones ─recalcaba Zeus con una sonrisa─. Ahora, acompáñame a donde todo empieza. En el origen de los Ríos del Inframundo, es el lugar donde podremos hacer este procedimiento.

Killian lo siguió de cerca, y salieron del lugar del Gran Juicio, seguro de lo que estaba por hacer, para preservar el Futuro de su Familia.