III

No Te Separes De Mí


Ambos estaban sufriendo.

─ ¡Déjala! ─Ordenaba Garfio brillando todavía más.

─ ¡Oblígame! ─Exclamaba Hades.

Killian obedeció y volvió a atacarlo, golpeándolo en el brazo derecho, cosa que provocó que el Cristal cayera al suelo.

─ ¡Dame ese Corazón! ─Gritaba el Capitán con voz de mando.

Hades le respondió mandándolo a volar con su propia Magia.

─ ¡Dánoslo! ─Exigía la madre de la Salvadora tensando el Arco junto con Robín.

─Ya basta de sus tonterías ─pedía el Dios de la Muerte lanzándolos lejos y encadenándolos al suelo─. Los he soportado demasiado tiempo ya.

Emma se puso de pie aprovechando la distracción del Rey del Inframundo, y corrió hasta él, tratando de embestirlo.

─ ¡¿Adónde crees que vas?! ─inquiría el Dios apretando el Corazón con más fuerza─. No pensabas atacarme, ¿o sí?

La Salvadora estaba técnicamente a su merced, no podía hacer nada mientras ese malnacido tuviera su Corazón en la mano, por esa razón, se quedó quieta, de nada servía atacarlo de frente, necesitaba encontrar un modo de separarlo de la única cosa que la mantenía fuera del Inframundo. Ser asesinada no era la mejor idea para salvar a los que Amaba.

─Así me gusta. ─Exclamaba el Rey del Inframundo.

Hades sonreía al ver el enfado de Emma y su aparente impotencia mientras recogía el Cristal Olímpico del suelo. Él era su dueño, y eso lo tenía bastante satisfecho. Ambos, Heroína y Villano se miraban fijamente, sin mover ni un músculo, cada uno pensando en su siguiente movimiento.

─ ¿Qué vas a hacer ahora, Salvadora? ─indagaba Hades con su Corazón en la mano─. No puedes defenderte, no pudiste salvar a tu Amor Verdadero, ¿cómo pretendes salvar a tu Familia?

─No importa lo que hagas, ni cuanto trates de intimidarme, nunca lograrás que yo te tema, y te detendré así tenga que dar mi vida para proteger a esta Ciudad, y a los que amo de ti ─exclamaba Emma con los brazos extendidos frente a ella─. Además sólo para que lo sepas: yo salvé a Killian de tus asquerosas manos.

─Veo que esa es tu última decisión ─decretaba Hades─. Algo bueno de la situación, es que tú y tu Pirata al fin estarán juntos una vez más.

Antes de que el Dios de la Muerte cerrara su mano para acabar con la vida de Emma, un rayo dorado cayó directamente en el Cristal Olímpico llamando su atención.

─ ¡Pelea justo engendro del Mal! ─exclamaba Killian muy exasperado─. ¡Devuélvele ese Maldito Corazón!

─ ¡Atácalo! ─le ordenaba Hades a Emma hablándole a su Corazón─ ¡Ahora!

El brazo izquierdo de la Salvadora lanzó su Magia de Luz con dirección a Killian, y afortunadamente no logró alcanzarlo.

─ ¿Qué pretendes hacer con esto, Hades? ─espetaba Emma mirándolo─ Killian está Muerto.

─ ¡Atácalo una vez más! ─Mandaba el Dios de la Muerte sin responderle.

Swan obedecía incapaz de oponer resistencia, Garfio esquivaba los golpes, y algunos cuantos más lo alcanzaban, haciendo que el brillo dorado creciera más.

─ ¡Basta! ─pedía Emma─ ¡Esto no tiene sentido!

─ ¡Déjala en paz! ─Exclamaba Garfio tratando de atacarlo.

─Díganme, par de tórtolos, ¿han oído la palabra "sobrecargar"? ─Indagaba Hades.

─No lo comprendo todavía. ─Alegaba la Salvadora apretando los puños.

─ ¡Déjame mostrarte! ─Replicaba Hades obligando a Emma a atacar a Killian.

─ ¡Estás loco, Hades! ─Declaraba Robín alzando la vista.

─ ¿Qué pretendes hacer ahora? ─Espetaba Garfio recibiendo la Magia de Emma.

─Hago que el Poder de mi Hermano los destruya a todos antes de que el Cristal lo haga ─declaraba el Rey del Inframundo─. Garfio al parecer no tuvo tiempo de explicarte, Salvadora, pero, si su Alma se sobrecarga con Magia, explotará y se llevará de vuelta al Inframundo a todos los que tenga a su alrededor.

Killian miró la desesperación plasmada en el rostro de Emma, y no podía detenerse de lo que estaba haciendo. A él no le importaba lo que le pasaría, total, ya estaba Muerto, ¿qué más podría perder? El problema era lo que les ocurría a los Vivos cerca suyo.

─ ¡Swan! ─gritaba Garfio cuando su cuerpo cambió más rápido de color─ ¡Detente!

─ ¡¿Acaso no te has dado cuenta que no puedo hacerlo?! ─Espetaba Emma.

─ ¡Claro que puedes! ─replicaba Killian─ ¡Puedes liberarte de su control!

─ ¡Aumenta la potencia! ─Mandaba Hades.

─ ¡Emma! ─gritaba Killian al sentir el impacto de energía Mágica─ ¡Por favor! ¡Escúchame! ¡Nadie, digo nadie tiene control sobre ti! ¡Ni siquiera por tener tu Corazón en su asquerosa mano!

─ ¡No puedo resistirme! ─espetaba Emma─ ¡Esto es más fuerte que yo!

─ ¡Eso no es cierto! ─continuaba Garfio con decisión─ ¡Eres la mujer más Valiente que yo conozco! ¡La que resistió la Oscuridad! ¡La mujer que amo, y que me ama a mí! ¡Puedes resistirte al control de Hades! ¡Protege a tu Familia! ¡Yo confío en ti! ¡Hazlo!

Garfio estaba en lo correcto, y Emma lo sabía a la perfección, ella podía librarse de Hades, y todo lo que tenía que hacer, era quitarse el último acuerdo forjado cuando Zelena tomó su Corazón. Swan debía deshacerse de su instintivo miedo a morir.

La Salvadora observó a su Amor Verdadero cuando él caía al suelo con toda la Energía dentro de él, juntó todas sus fuerzas, y de un momento a otro, redirigió su Magia hacia el Rey del Inframundo.

Hades voló varios metros sin soltar lo que traía en ambas manos, y mientras él regresaba a su posición, Emma corría a ayudar a su ahora brillante Amor Verdadero a ponerse de pie.


Storybrooke

─ ¿Estás seguro de esto? ─cuestionaba Maurice mirando a Bella dormida en la cama de la Tienda─. ¿Por qué no lo intentas tú?

─Ya lo hice ─replicaba Gold sin quitarle la vista a su esposa─, y ella ya me dejó muy claro que no quiere que sea yo el que la despierte.

─Bueno, pues, no hay que hacer esperar más tiempo a mi nieto. ─Proseguía Maurice hincándose para estar al mismo nivel que su hija.

Maurice se acercó a su única hija, y con toda la ternura que él poseía le dio un pequeño beso en la frente.

Un aura multicolor se hizo presente y en el instante en que Maurice se apartó, Bella abrió los ojos y despertó recuperando la respiración abruptamente.

La Princesa se levantó lentamente ante la mirada atenta de sus aparentemente dos Amores Verdaderos, ambos igual de aliviados al ver que el beso funcionó.

─Bella… ─pronunciaba Maurice abrazándola con cariño─ me alegra ver que estás a salvo.

─Espera ─pedía Bella confundida─. Entonces, ¿todo terminó? ¿Derrotaron a Hades?

─No como tal, pero lo obligué a deshacer el contrato. ─Respondía Rumple.

─ ¿Qué le hiciste? ─Inquiría su esposa mirándolo con preocupación.

─No mucho, tomé algo suyo, e hice un pequeño intercambio. ─Contestaba el Ser Oscuro sin darle importancia.

─Zelena ─concluía Bella─, y ella, ¿está bien?

─Afortunadamente para Regina y Hades, la Bruja está en perfecto estado ─declaraba una vez más, mientras caminaba a la mesa y tomaba la Caja de Pandora─. Ahora, si me disculpan, tengo algo importante que hacer.

─ ¿Qué vas a hacer con eso, Rumple? ─Pedía saber la Sra. Gold poniéndose de pie rápidamente.

─Hades está en Storybrooke ─contestaba Rumplestiltskin mirándola─. Emma vino hace unos minutos a pedir mi ayuda para acabar con él de una vez por todas, y necesitaba asegurarme de que despertaras para ir por él. Así que, espera aquí.

─No ─negaba Bella caminando hasta él─, no me quedaré aquí como la esposa indefensa y abnegada. Iré contigo para asegurarme que no harás nada Oscuro para capturarlo.

─Podría ocurrirte algo malo ─alegaba Rumple─. Te lo digo por tu bien, quédate aquí, yo me haré cargo de todo.

─No lo harás si usarás tus Poderes de por medio ─decía Bella─, iré contigo para darme cuenta de una vez, si podré darte una última oportunidad luego de esto.

Bella salió de la tienda, y Gold la siguió de cerca, dejándola acompañarlo como era su deseo, él sabía que no la tenía de vuelta, y que era más probable el estarla perdiendo, pero necesitaba obedecerla, si quería estar cerca de su hijo en un futuro.

Transitaron por las abandonadas calles de Storybrooke, uno persiguiendo al otro, todo estaba tranquilo, nadie salía de sus casas, ni notaban la gran crisis en la que se encontraban inmersos, era particularmente estúpido que ni los mismos habitantes se dieran cuenta de lo que sucedía.

─ ¿Podrías esperarme tan siquiera? ─Cuestionaba Rumple muy exasperado cuando iban con dirección a la Alcaldía.

─Tú podrías alcanzarme si realmente lo quisieras, ¿sabías? ─Refutaba Bella sin mirar atrás.

─ ¿Hasta cuándo dejarás de tratarme así? ¿En qué momento aceptarás quién soy? ─Inquiría Rumple harto de la situación.

─No lo sé ─respondía Bella deteniéndose frente a él─. Tal vez el día que dejes de actuar como un idiota que no tiene la fuerza de voluntad suficiente como para querer siquiera cambiar.

La Princesa se dio media vuelta y continuó caminando hasta que a la distancia reconoció a Zelena parada frente a la Alcaldía con el brazo derecho levantado. Bella fue hacia ella y Rumple la seguía todavía como un perrito.

─ ¿Qué está haciendo ella aquí? ─Indagaba Bella pasándole su mano por el rostro.

─No lo sé, pero, espero que verla aquí te sirva de consuelo para entender que no le hice nada ─exclamaba Gold─. Ahora, vámonos, si ella está aquí, Hades no debe estar lejos.

─Descongélala. ─Ordenaba su esposa.

─ ¿Qué? ─espetaba él─ ¿Te has vuelto loca? No voy a hacerlo.

─Claro que lo harás ─replicaba Bella muy enojada─, porque gracias a su Hechizo de Sueño, tú y yo tenemos a nuestro hijo. Así que, llevémosla con Hades, sólo ella podrá detenerlo sin causar más daño que el que tú mismo podrías hacer.

Rumplestiltskin la miró igual de molesto que ella, y con un simple pase de su mano logró deshacer lo que Killian le lanzó a la Bruja momentos atrás.

─Tú… ─mascullaba Zelena creando una bola de fuego─. Pagarás por lo que tú y tu asqueroso padre me hicieron.

─ ¡Alto! ─exigía Bella─. Olvida lo que Rumple te haya hecho en el Inframundo, ¿qué haces aquí afuera?

─No lo entenderías. ─Replicaba Zelena cruzando los brazos.

─Pruébame. ─Pedía Bella.

─Mi hermana y sus amigos no creen que Hades realmente cambió ─comenzaba a relatar la Bruja del Oeste─, ella dice que trató de encerrarlos en el Inframundo y que eso les da a entender que él trae algo entre manos.

─No me sorprendería si eso es verdad. ─Aseguraba Rumple.

─Regina dijo que harían hasta lo imposible para detenerlo, y él dijo que tenía una manera de hacerles ver que su cambio es sincero y real.

─ ¿Cómo pretende hacerlo? ─Preguntaba la chica.

─Con algo llamado Cristal Olímpico ─respondía Zelena─. Él dijo que usaría el Corazón de Emma para que a través de ella, todos vieran que ya dejó la Maldad atrás.

─ ¿Y realmente le creíste? ─Espetaba Gold.

─Yo confío en él, incondicionalmente. ─Contestaba la Bruja segura de sus palabras.

─Ese Cristal es la cosa más Poderosa y Peligrosa del universo ─protestaba Rumple─. Lo que realmente va a hacer tu novio con el Corazón de Emma es destruirlo y junto con él a todos sus Seres Queridos, incluida tu Hermanita.

─No ─decía la Hermana de Regina con los ojos muy abiertos─. ¡Mientes! ¡Él cambió!

─Es la verdad, Hades nunca cambiará. ─Replicaba Gold.

─ ¡Cállate! ─Chillaba Zelena.

─Zelena, escúchame ─pedía Bella─. Te entiendo a la perfección, créeme. Sé lo que es Amar a alguien de forma incondicional, y de forma tan intensa que hasta llegas a perdonar sus fallas. Pero, nadie cambia tan rápido, ni aunque por Amor Verdadero se trate.

─Hades lo hizo. ─Aseveraba Zelena entre dientes.

─Entonces, si eso es verdad, si él cambió, y tú confías en que lo hizo de forma sincera, ven con nosotros, asegúrate de que por fin ves al Hombre detrás de la Bestia, y no al revés.

Zelena quería creerle a Hades, era verdad lo que sentía por él, y Bella tenía razón, necesitaba cerciorarse de que todos vieran lo bueno que había dentro suyo, así que, asintió y corrió con ellos cuando vieron un rayo blanco a la distancia.


─ ¿Qué haces aquí, Swan? ─inquiría Garfio brillando más que un árbol de navidad en Central Park─, yo estoy bien, ve por tu Corazón.

─Está bien. ─Respondía Emma corriendo hasta Hades.

─ ¡Te ordeno que te detengas! ─exclamaba Hades con el Corazón en su mano─. Si no quieres morir, quédate en donde estás.

La Salvadora apretó los puños, y con todas sus fuerzas comenzó a caminar lentamente con dirección a él.

─Mátame si es lo que realmente quieres ─expresaba Emma con decisión─. Aplasta mi Corazón, pero no podrás controlarme más, porque yo no te lo permito. Hades, tú no tienes poder sobre mí, ni sobre nadie más.

Tras decir esto, Emma aprovechó la sorpresa de Hades y liberó a toda su Familia para que volvieran a estar junto con ella.

─Podría matarte si quisiera ─alegaba Hades─, sin embargo, no quiero que regreses sola al Inframundo.

─ ¿De qué hablas? ─Inquiría Regina.

─En tu Corazón, Emma Swan, se alojan aquellas personas que realmente Amas ─pronunciaba Hades─. Tus Padres, tu Hijo, tu Pirata, y tus Amigos más cercanos.

─ ¿Y eso qué tiene que ver en esto? ─Soltaba Emma por última vez.

─El Cristal Olímpico se encargará de darle a Zelena lo que en verdad se merece ─exclamaba el Dios de la Muerte─. Y tu Pirata, de llevarlos de regreso al Inframundo.

Hades puso el Corazón de Emma frente de él y dejó que la punta del Cristal Olímpico lo tocara. Cuando eso sucedió, un rayo de luz blanca salió de ese Corazón y se ramificó, introduciéndose directamente en el pecho de todos los Vivos.

Los Héroes sintieron el dolor de nueva cuenta, y se dejaron caer al suelo con su mano sobre el lugar que ocupan sus Corazones. Killian estalló de furia cuando los vio caer a todos, el Poder de Zeus ya estaba sobrecargando su Alma, y ya no le importaba, él iba a cumplir con la misión de detener al Rey del Inframundo a como diera lugar.

─ ¡Ustedes dañaron a mi Zelena! ─gritaba Hades─, ahora, ¡yo los dañaré a ustedes!

Todos estaban muriendo gracias al Dios de la Muerte, Killian tenía que hacer algo para detenerlo, pero, no encontraba una manera de alejarlo y arrebatarle el Corazón de su Amada, estaba perdido, si usaba el Poder de Zeus, era probable que todos perecieran junto con él.

─ ¡Hades! ─Chillaba Zelena llegando en el momento exacto junto con Bella y Rumple.

Hades se distrajo al oír su voz, la miró y le dedicó una sonrisa, creyendo que lo que hacia la dejaría maravillada, no obstante, las lágrimas saliendo de esos bellos ojos azules le hicieron ver lo contrario.

Killian aprovechó ese momento milagroso para correr y entrar en el cuerpo de Hades, recordando a Nimue y a los demás Seres Oscuros hacer eso días atrás.

Ya dentro del cuerpo del Dios de la Muerte, lo obligó a soltar el Corazón de Emma, quemándolo con todo el Poder de su Hermano Mayor de paso, haciéndolo experimentar el mismo sufrimiento que él estaba provocando.

Los Héroes se recuperaron lo más rápido que pudieron, y Emma le dio su Corazón a Regina para que lo regresara a su cuerpo.

Cuando eso sucedió por fin, Garfio salió expulsado del interior del Rey del Inframundo, quien momentos después se levantó y caminó hasta Zelena.

─Mi Amor, ¿por qué lloras? ─Inquiría Hades.

─Me mentiste ─replicaba la primogénita de Cora─, no querías mostrarles nada, querías matarlos.

─Quería que ellos pagaran por lo que te hicieron ─se justificaba el Dios de la Muerte─, yo quiero darte todo lo que se te negó, quiero hacerte feliz.

─ ¿Y quién te dijo que esto me hace feliz? ─pedía saber la Bruja del Oeste─, ¿de dónde sacaste que la Muerte de mi Hermana me hará feliz ahora que la recuperé?

─Yo creí que… ─Comenzaba Hades.

─Exacto ─lo interrumpía ella─, creíste mas no me lo preguntaste. Hades, yo todo lo que necesitaba para ser verdaderamente feliz era a mi hija, a Regina, y a ti. Nada más, no quería Storybrooke, ya no quería ser temida, quería ser amada.

─Yo Te Amo, y lo sabes. ─Replicaba Hades en un susurro.

─Pero no cambiaste, ni siquiera por mí. ─Contradecía la Bruja del Oeste.

─Puedo hacerlo, de verdad, dame otra oportunidad.

─Lo siento, Hades. Pero, si no cambiaste por mí la primera vez, dudo muchísimo que lo hagas si te doy una segunda oportunidad.

─ ¿Qué estás diciendo? ─Indagaba el Rey del Inframundo.

─Hades, yo también Te Amo, sin embargo, no quiero estar contigo.

La expresión de Hades cambió, algo dentro de él se rompía en mil pedazos al escuchar la última declaración de su Amada, estaba consternado, y la furia comenzó a brotar en él. Cerró sus puños, le ofreció su Poder al Cristal Olímpico, y le lanzó un rayo a Emma con la intención de acabar con ella para siempre.

Emma no vio venir el rayo, no tenía tiempo de reaccionar, no obstante, Killian la apartó del lugar y recibió el rayo por ella.

Ninguno sabía lo que pasaría ahora que el Poder de Zeus estaba fuera de control y brotando de él.

Garfio les ordenó cubrirse a todos, mientras que Hades aumentaba la fuerza del rayo. El Capitán creía que era el fin, hasta que un leve parpadeo de luz dorada le dio a entender que Zeus tenía un plan aun dentro de ese Cristal.

Casi por telepatía, Killian comprendió a Zeus y concentró la Magia descontrolada en su mano derecha, expulsándola en forma de un rayo dorado.

El Cristal Olímpico se volvió dorado, y el ardor obligó a Hades a soltarlo. El objeto flotó y se elevó sobre ellos, para después, liberar a Zeus con otro rayo.

─ ¿Te dejó tu novia, Hermanito? ─Inquiría Zeus con una sonrisa burlona en el rostro y el Cristal en la mano.

─ ¡Guarda silencio! ─Explotaba Hades atacándolo.

Zeus detuvo el ataque en segundos, y lo contrarrestó sin ningún problema.

─Capitán, ayúdame.

─Pero dijiste… ─Pronunciaba Garfio detrás de él.

─Te dije que si los usábamos al mismo tiempo ─contradecía Zeus─, no discutas y apresúrate.

Killian obedeció y juntos atacaron a Hades para ponerle fin de una vez por todas.

─Ahora, si todos los practicantes de Magia pudieran ayudarnos ahora, se los agradecería mucho.

Emma, Regina y Rumple asintieron y le ofrecieron su fuerza al Padre de todos los Dioses.

─ ¡Esperen! ─suplicaba Zelena─, ¿qué pasará con él?

─Desaparecerá, para siempre. ─Respondía Zeus.

─ ¿Qué? ─espetaba la Bruja─ No pueden hacerle eso, tiene que haber otra opción.

─No la hay, Amor. ─Replicaba Killian.

─Claro que la hay ─intervenía Bella─. La Caja de Pandora.

Zeus se detuvo en seco, y obligó a los demás a hacerlo. Tomó la Caja de manos del Ser Oscuro, y la abrió.

Hades y Zelena se miraban intensamente, no querían separarse, no habían tenido tiempo suficiente de estar juntos y disfrutar su Amor.

Una vez que el Dios de la Muerte desapareció, y la Caja se cerró, el Padre de todos los Dioses se la entregó a Zelena en sus manos.

─Tal vez esto sea una locura, pero él Te Ama de verdad ─decía Zeus─, y realmente espero que mi Hermanito algún día pueda dejar de ser tan egoísta y que ustedes puedan vivir su Amor como debe ser.

─Gracias. ─Decía Zelena desapareciendo del lugar.

─Bueno, ya que la crisis se terminó, y que cumpliste con tu parte del trato ─exclamaba Zeus mirando a Garfio─, ahora cumpliré la mía. Tienes cinco minutos.

Zeus caminó hasta la orilla del Lago, cruzó los brazos, y dejó a Killian para despedirse de su Familia con toda la Privacidad que merecía.

─Cinco minutos, ¿para qué? ─Preguntaba David.

─Para decirnos Adiós. ─Contestaba Emma con tristeza.

─Creí que eso ya lo había hecho en el Inframundo. ─Replicaba Snow.

─Sólo lo hice de Emma ─alegaba Killian─. No quise despedirme de los demás, porque sería bastante doloroso, pero al parecer, no puedo irme sin cumplir mi Asunto Pendiente.

─ ¿Y cuál es? ─Indagaba Emma.

─Lo encontré hace un rato en la Biblioteca, creí saber lo que significaba, hasta que Zeus me buscó y me dio a entender que no era así.

Garfio sacó la hoja de papel donde Henry había escrito su pequeño regalo, y se lo puso a la Salvadora en sus manos.

Emma lo leyó atentamente, muy ansiosa por lo que su hijo había escrito, aunque, cuando terminó su lectura, su ansia cambió por confusión y un leve enojo.

─Henry ─lo llamaba su madre en un susurro─, ¿por qué le hiciste esto?

─ ¿De qué hablas, Emma? ─Pedía saber Regina tomando la hoja de sus manos.

─Léelo por ti misma ─ordenaba Emma─. Lo último, el Asunto Pendiente.

A pesar de las adversidades, y todo lo que ha pasado, el Capitán Jones no puede dejar el Inframundo, no por la Salvadora, ni por sus fantasmas del pasado. Killian no puede dejar de buena manera ese lugar todavía. El sacrificio de Liam le dio a entender que merecía ser salvado, que lo que la Salvadora hacía era correcto, gracias a su hermano, pudo perdonarse a sí mismo, sin embargo, había algo más para él. Killian no podía irse, no sin cerciorarse de que su Familia entera se encontraba bien, y como se lo prometió a Emma, su Asunto Pendiente no era esperarla, no, lo que lo ataba al Inframundo era que todos estuvieran a salvo, que el sacrificio que hizo días atrás perdurara, aunque el Cocodrilo continuara con el Poder. Regina, Robín, Roland, Snow, Charming, el pequeño Neal, Henry, y por supuesto, su Amor Verdadero tenían que estar a salvo de Hades para que él siguiera a Liam a ese bello lugar.

Todos miraron a Henry igual de confundidos, no comprendían que había orillado al Autor a escribir un Asunto Pendiente como ese.

─Creo que tienes mucho que explicar, niño. ─Exclamaba Emma.

─Ustedes no lo entienden ─comenzaba Henry─, todo este tiempo, no tuve ninguna oportunidad de decirle a Killian adiós, ni cuando murió para salvarnos, ni hace unas horas. Él no es un extraño para mí, lo quiero como si fuera mi padre, y yo necesitaba decirle adiós si no lo volvería a ver en mucho tiempo.

─Eso no es justificación suficiente para atarlo a nuestro bienestar. ─Replicaba Snow.

─Yo no quería que esto sucediera ─refutaba Henry─. Esperaba que del otro lado, él encontrara una forma de vernos, de saber que estábamos bien, nunca creí que Killian volvería, aunque, no puedo negar que sí me agradó volverlo a ver.

─Como se hayan dado las cosas, no es justo que lo ataquen ─decía Garfio─, es sólo un niño con el que no he tenido la cortesía suficiente, y yo también agradezco que el Destino cumpliera el Asunto de forma retorcida.

─Killian… ─Pronunciaba la Salvadora con el mismo dolor de ayer.

─Todos ustedes, se convirtieron en la Familia que nunca tuve, que siempre quise tener ─comenzaba Garfio─. Me costó tiempo admitirlo, pero ahora puedo decirlo abiertamente y sin miedo. Han formado parte de mi vida, y tendrán un espacio en mis memorias, y mi Corazón.

Los Charming y Henry estaban conmovidos y sorprendidos por sus declaraciones, Bella, Robín y Regina, orgullosos de que al fin pudiera admitir lo que sentía, y Emma, sólo lloraba llena de orgullo y admiración hacia el hombre que ella Amaba.

─Me voy contento de saber que ya no habrá un Dios loco tras ustedes, y me voy sabiendo que nos volveremos a ver en aquel lugar de luz donde todos son felices por la eternidad, y Emma ─pronunciaba Killian dándose la vuelta y poniendo su mano en su pecho, donde reside su Corazón─. Te he cumplido mi promesa, llegó el momento de irme, pero nunca me perderás, siempre estaré contigo, una mitad de tu Corazón me pertenecerá siempre y cuando así tú lo decidas. Se Feliz, vive y goza el resto de tu vida, que yo te vigilaré desde donde quiera que me encuentre.

─Te Amo. ─Contestaba Emma llorando y dándole un beso, una vez más.

─ Y yo Te Amo a ti, Swan. ─Replicaba Killian pegando su frente contra la suya, mirando como la hoja desaparecía en su mano, dándole a entender que su Asunto Pendiente se había cumplido.

─Lamento ser aguafiestas ─intervenía Zeus acercándose a él─, pero ya es hora de volver.

Toda su Familia se acercó a él y lo abrazó, todos, incluida Regina. Luego de unos segundos que parecieron horas, Killian se separó de ellos, y se fue junto con Zeus de la misma forma en que llegaron.

Emma tenía sentimientos encontrados, estaba feliz por él al saber que ya se iría, sin embargo, su pena la invadía de manera descontrolada, lo había perdido, y esta parecía ser la última vez.

Su Familia se la llevó a casa, para después preparar todo para realizar el Funeral de Killian Jones a primera hora de la mañana.


Inframundo

Killian apareció solo en el centro de Underbrooke, en medio de todo el caos que las Almas creaban.

Las lágrimas corrían por sus mejillas, y el dolor estaba presente en su semblante. A él, le parecía bastante ridículo ver a todos esos Muertos luchar entre sí, eso tenía que detenerse, justo ahora.

─ ¡Ya basta! ─Explotaba Killian golpeando su pie contra el piso, creando un enorme temblor a su alrededor.

Las Almas que luchaban ahí se detuvieron, no comprendían lo que acababa de ocurrir, estaban confundidos, y Killian había captado su atención, como él quería.

─Esto es absurdo, la pelea debe terminar ─comenzaba Garfio─. Hades se ha ido, todos somos libres hasta que nuestros Asuntos se cumplan, disfruten de eso y déjenme disfrutar a mí también. Ya estamos Muertos, y si el Encendedor estuviera aquí, se estaría mofando en nuestra cara por esto. Hades fue encerrado en un lugar en el que jamás saldrá, no lo dejen ganar de esta manera.

Killian se marchó, y las Almas se detuvieron, comprendiendo sus palabras, ya nadie peleó y cada uno se retiró a su lugar de descanso.

El Capitán llegó al mismo lugar del Juicio, se paró en el puente y esperó ansioso a que la luz llegara a él, y una vez más, eso no sucedía.

─No pensabas irte con mis Poderes, ¿o sí? ─Preguntaba Zeus haciendo que Killian se aproximara a él.

─Lo siento, lo olvidé por completo, pero ya no te vi allá arriba, y creí que ya te los habías llevado.

─No, tuve que ir por algo antes de regresar aquí. ─Replicaba Zeus.

El Padre de todos los Dioses le sacó de inmediato una pequeña bola dorada que contenía todo su Poder restante. Al momento de hacerlo, la luz se encendió, un Barco se divisó a la distancia, y un pequeño Bote salvavidas tripulado por Liam comenzó a aproximarse a Killian.

─Antes de irme, quiero saber una cosa ─exclamaba Garfio─, ¿por qué me elegiste a mí?

─Honestamente, yo no vine a buscarte a ti en específico ─contestaba Zeus─. Vine al Inframundo para encontrar a un Alma tranquila y tan fuerte como para cargar con mi Magia. Tú mismo viste toda la Destrucción de allá arriba, creo que encontrarte fue cosa del Destino, y probaste ser digno de una tarea tan peculiar.

─Gracias, Zeus ─pronunciaba Killian cuando vio a Liam llegar por él─, por dejarme decirles adiós.

─Al contrario ─replicaba Zeus─, gracias a ti por ayudarme a derrotar a mi Hermano, sin ti no lo habría hecho.

Killian asintió, y comenzó a caminar hasta su Hermano, quien le dedicó una pequeña sonrisa, y le extendió su mano para que él subiera al bote.

─Llegó la hora, Hermanito. ─Pronunciaba Liam.

─Capitán Jones ─pronunciaba Zeus haciendo que los dos voltearan al mismo tiempo─, sólo Killian.

─ ¿Qué sucede? ─Preguntaba Garfio dándose la vuelta.

─Si yo te dijera que hay una forma de volver a la Tierra de los Vivos para que disfrutes con tu Familia, ¿la aceptarías?

─No la hay. ─Respondía Garfio cuando Zeus abrió su puño derecho.

─Yo diría que sí. ─Replicaba Zeus.

─Maldita sea ─mascullaba Killian─, ¿cómo es posible? Hades cortó el árbol de Ambrosia.

─Ya no queda Ambrosia en el Inframundo, pero el Olimpo está repleto de ella ─afirmaba Zeus─, entonces, ¿qué dices?

─No lo sé. ─Exclamaba Garfio sinceramente.

─Killian, ven aquí. ─Pedía Liam. Su Hermano obedeció y cuando se puso a su nivel, Liam le propinó un fuerte golpe en la cabeza.

─ ¿Por qué fue eso? ─Exigía saber Killian.

─Por idiota ─respondía Liam─, si Zeus te está dando este regalo, no lo desaproveches, ve con Emma, vive tu vida, yo te esperaré un rato más.

─ ¿Esto es en serio? ─Preguntaba Killian por última vez.

─Sí, además, Emma ya probó que su Amor es Verdadero, así que la Ambrosia de por sí te pertenecía.

Killian corrió y probó el alimento de los Dioses lo más a prisa que pudo, una sensación extraña le recorrió el cuerpo, y su Alma se desvanecía volviendo a su cuerpo, mientras Liam regresaba a ese lugar maravilloso, y Zeus al Olimpo.


Storybrooke

Emma estaba de pie frente a la Tumba de Killian esa mañana lluviosa, seguía devastada, seguía llorando, aunque creía que su Amor estaba en un lugar mejor.

─Espero que estés bien allá arriba, Killian ─pronunciaba Emma─. Que junto a Liam estés gozando de las bondades de ese lugar que conoceré en el Futuro.

─No sé cómo se la esté pasando Liam allá, pero yo estoy agraciado con la vista que tengo frente a mí. ─Respondía Killian con una entonación que sólo él podía hacer.

─Por favor, dime que no estás aquí. ─Suplicaba Emma sin mirarlo.

─Te mentiría si te dijera que no.

─ ¿Esto te parece divertido? ─espetaba Emma─ ¿Cómo pretendes que te deje ir si te apareces cada cinco segundos enfrente de mí?

─Sonará contradictorio lo que diré, pero no me importa ─declaraba Garfio─. Emma, tienes razón, no debiste haber ido ahí, no sin haberle puesto un Hechizo de preservación a mi cuerpo antes, y sé que te dije que me dejaras ir, pero, ahora soy yo el que te pide que no lo hagas.

─ ¿De qué hablas? ─Preguntaba Emma.

─Sólo que, cuando el Padre de todos los Dioses te hace un regalo de grandes magnitudes, tú no te puedes negar ─replicaba Garfio─. Zeus me dio un fruto de Ambrosia, y así puedo volver a ti.

─Has regresado, ¿de verdad? ─Musitaba Emma volviendo a llorar, pero está vez de Felicidad.

─A la Vida, sí ─contestaba Killian extendiendo sus brazos─. A ti. Sólo si me aceptas una vez más.

Emma corrió y él la recibió en sus brazos, demostrándose toda su Felicidad, Dicha y Amor. Ella no habría pedido nada más que esto, tenerlo a su lado, sentir su respiración, escuchar los latidos de su Corazón, eran lo único que necesitaba en esos momentos para ser la mujer más feliz y plena del mundo.

─Claro que te acepto de vuelta a mí. ─Afirmaba Emma con una enorme emoción.

─Emma, por favor, te lo pido ─pronunciaba Killian con emoción─, no te separes de mí.

Juntos, ahí en ese Cementerio, estaban el Capitán y la Salvadora, dándose un Beso que los hacía sentirse bastante vivos, bastante completos, y que compartía su Amor Verdadero, nada podría separarlos ahora, que el Regalo de Zeus los había reunido una vez más.

Fin