Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.


~The Princess and the Beast.

Día 211.

Una vez más, Yona se siente aliviada por salir de la universidad.

Entre profesores, tareas y admiradoras de su guardaespaldas, sus días en el lugar se han vuelto casi insoportables.

Ella convierte a su auto en un refugio, el lugar en el que finalmente puede encontrar paz entre todo ese bullicio.

Y es en su santuario –es decir, la parte trasera del auto– donde ella encuentra algo inesperado.

—Hak. ¿Qué es esto?

El pelinegro se gira hacia ella, quien sostiene entre las manos una bolsa de papel marcada con el logo de una farmacia. Antes de que Yona comience a escarbar en ella, se la arrebata de las manos.

— ¡Oye! —se queja Yona.

—Lo siento señorita, debo pedirle un favor personal.

— ¿Qué favor?

—Debo hacer un desvío, después de eso la llevaré a casa.

Yona sabe que hay algo más escondido debajo de esa petición, pero encogiéndose de hombros ella susurra un desinteresado: —Ok.

—Gracias —exhala Hak, y es su tono de alivio lo que causa más interés en Yona del que ya tenía.

Hak se estaciona en un barrio cualquiera, lleno de casas que son apenas distinguibles entre ellas y baja del auto, prometiendo volver en un minuto.

Por supuesto, una vez que desaparece dentro de la casa, Yona lo sigue.

Las ideas remolinean en su cabeza con rapidez, imaginándose las cosas que va a encontrar ahí adentro. ¿Estará su familia? ¿Vivirá solo? ¿O, quizá, con alguna novia?

No, era imposible, ¿no es cierto? Después de todo ese tiempo juntos… si tuviera pareja, el detalle habría salido inevitablemente en alguna conversación.

Así como todos esos otros detalles inexistentes que él había dejado entrever sobre su vida.

La curiosidad la carcome por completo, y quizá con más fuerza de la necesaria, Yona toca a la puerta.

Y ésta es abierta de inmediato por un chico de cabello oscuro, aparentemente de la edad de Yona.

Los ojos azules del chico la recorren de arriba abajo sin parecer muy sorprendido, y haciéndose a un lado para mirar hacia dentro de la casa, grita un fuerte:

— ¡Hak, tu novia está aquí afuera!

Yona da media vuelta, buscando encontrar quizá a una voluptuosa mujer detrás de ella, pero se encuentra sola de pie en el pórtico.

La pelirroja gira en dirección al chico, queriendo aclarar la situación y se encuentra con que el chico se ha ido y la puerta se encuentra entreabierta.

Yona empuja la puerta con desinterés, y tras abrirla lo suficiente, entra a la casa…

…para ser detenida tres pasos adentro por un muy enfadado Hak.

—Le dije que tardaría un minuto —repite él, impidiéndole avanzar.

—No me dijiste que no podía entrar —dice Yona, defendiéndose.

—No creí que usted-

— ¿Hak?

Hak gira, permitiéndole a Yona dar un vistazo al interior de la casa y vislumbrar a un pequeño niño al pie de las escaleras.

— ¡¿Es tu hijo?! —susurra Yona con sorpresa, recibiendo como única respuesta una mirada severa de Hak.

— ¿De verdad es tu novia? —pregunta el niño, inclinando la cabeza para ver a Yona con una curiosidad que igualaba la de la chica.

—No le prestes atención a Tae-Woo. Ella es… la señorita Yona.

— ¡¿La señorita Yona?! —exclama el pequeño, mirándola con aún más curiosidad.

— ¿Qué le has dicho de mí al pobre niño? —se queja la pelirroja, haciendo un puchero.

—Mi hermano dijo que usted es la mujer más ruidosa que conoce.

La mujer suelta un sonido de indignación, y Hak se gira hacia ella para dedicarle una sonrisa.

—Él es mi hermano Tae-Yeon. El niño que justo ahora debería estar en cama y no aquí afuera.

—Pero, ¡estaba aburrido! —Se queja el pequeño— Y yo en realidad quería conocer a tu novia…

Hak despeina el castaño cabello del niño, para después levantarlo en brazos y girar hacia Yona.

—Lo llevaré a la cama y después podemos irnos, espere, por favor.

— ¿Estás enfermo? —le pregunta Yona al pequeño, comenzando a seguirlos escaleras arriba.

— ¡Sí, señorita! —Asiente el niño— Tengo varicela y estaré encerrado aquí por todo un mes.

—Cuidado, princesa —masculla Hak con tono malicioso—. Es muy contagiosa.

— ¡Por favor! Tuve varicela cuando tenía nueve años.

Tae-Yeon la mira con una enorme sonrisa en el rostro y exclama: — ¡Yo también!

Yona ríe y los acompaña dentro de una pequeña habitación pintada completamente de azul. Hak deja al niño sobre la cama y este se acomoda fácilmente debajo de varias cobijas de personajes de caricatura.

—Era la medicina de Tae-Yeon la que olvidé bajar del auto —explica Hak—, sé que no era nada grave pero él realmente la necesita.

—No tienes que explicar nada, Hak. Lo entiendo —sonríe la chica.

—Ella no es tan ruidosa como decías, Hak —declara el niño.

—Estoy siendo buena porque estás enfermo —ríe Yona—. No has escuchado ni la mitad del ruido que puedo hacer.

— ¡Sorprendente!

—Iré por tu medicina, Tae-Yeon —interrumpe Hak—. Por favor, no hagas que ella comience a gritar.

— ¡Prometido! —sonríe el pequeño y Hak toma eso como una señal para salir.

Yona se gira al instante, dispuesta a seguirlo, cuando Tae-Yeon la llama.

— ¿Es usted amiga de mi hermano, señorita Yona?

La pelirroja mira al pequeño con sorpresa, incapaz de contestar a esa pregunta. Ellos han pasado mucho tiempo juntos y ambos están conscientes de ello. Hak es algo más que su empleado, pero, ¿Qué son, en realidad?

—Yo… no exactamente. Él trabaja en mi casa y pasamos mucho tiempo juntos, pero no somos amigos.

Tae-Yeon continúa viéndola con atención, como si su respuesta no fuera suficiente.

—Es decir, pasamos demasiado tiempo juntos y… tu hermano se esfuerza por molestarme siempre que tiene la oportunidad. A veces es divertido, porque yo lo molesto igualmente pero-

— ¿Se molestan? ¿Entonces se odian? —pregunta el niño.

— ¡No! No es así… es complicado.

Tae-Yeon se inclina hacia Yona, con su sonrojado rostro esbozando una mueca: — ¿Entonces se gustan?

— ¡No! —Exclama Yona, sonrojándose igualmente— Tampoco eso

—…Te dije que no la hicieras enojar, Tae-Yeon —dice Hak entrando a la habitación. Dos rostros sonrojados se giran hacia él al instante y el hombre se limita a enarcar una ceja—. ¿Qué-?

— ¿Te puedo ayudar en algo? —se ofrece Yona con rapidez, y Hak admite para sus adentros que eso es aún más sospechoso.

—Sólo debo darle su dosis de medicina.

— ¿Necesitaremos agua? —sugiere la pelirroja.

—Ya traje todo lo necesario-

—Te ayudaré a dárselo entonces.

Yona toma el frasco de jarabe y vierte una dosis del líquido rojizo con sumo cuidado, ofreciéndoselo después al niño, que lo bebe con una mueca en el rostro.

— ¡Listo! —Ríe la pelirroja— Eres muy valiente.

—El más valiente —acepta Hak, arropando al pequeño en la cama—. Y ahora necesitas descansar.

Yona se levanta entonces, sacudiendo motas de polvo inexistentes de su ropa, dispuesta a salir de la habitación detrás de Hak.

…siendo detenida por un pequeño niño que da un suave jalón a la tela de su suéter.

— ¿Puede la señorita Yona visitarme de nuevo? —pregunta Tae-Yeon, mirando a su hermano con unos ojos enormes.

—No creo que eso-

—Me encantaría —interrumpe la chica a Hak, dando un suave apretón a la mano del niño.

Tae-Yeon le dedica una sonrisa pequeña, que Yona corresponde con creces y después es guiada por Hak fuera de la habitación y escaleras abajo.

Al llegar a la planta baja, Hak gira a la derecha, guiándolos a ambos hacia la cocina. Una vez ahí, él deposita en la encimera la medicina de Tae-Yeon y escribe con rapidez una nota en un cuaderno cercano a ella.

— ¿Por qué bajó del auto? —Pregunta el hombre al terminar, enfocando toda la fuerza de su mirada en Yona.

— ¿Quieres saber la verdad?

Los ojos de Hak se abren desmesuradamente, no habiendo esperado esa respuesta. Tras recuperarse de la sorpresa, el pelinegro asiente.

—Yo… solamente quería saber más de ti.

Hak asiente con lentitud, girándose hacia el lavabo y sirviendo dos vasos de agua, para después entregarle uno de ellos a Yona.

—Lo siento —comienza él— pero no sé si sus intenciones son buenas.

— ¿Y cómo puedo saber yo que las tuyas si lo son? No sé nada sobre ti y… a veces siento que tú me conoces demasiado.

Los dos guardan silencio entonces, y Yona nota con vergüenza que nunca antes habían hablado de esa manera.

—Señorita-

—Admito que… al principio las cosas eran… diferentes, pero ahora sé que no es tan terrible estar contigo todo el tiempo. De hecho, es muy divertido hacerte enfadar.

— ¿Sabe en qué parte de la ciudad está? ¿Y lo fácil que sería para mí perderla de vista por aquí? —Hak bufa.

— ¡No te atreverías!

—Salgamos de aquí antes de que me arrepienta de no hacerlo…

— ¡Tu hermanito pequeño me extrañaría!

—Es un niño. Sólo necesito darle un videojuego y lo superará —sonríe el hombre, encogiéndose de hombros.

—Eres terriblemente cruel, Hak.

Los dos salen de la casa y Hak se despide gritando en la puerta un fuerte — ¡Vuelvo después!

Una vez en el auto, Yona es la primera en romper el silencio al preguntar:

—Entonces, si necesito algo de la farmacia… ¿Puedo pedirte que me lo traigas?