Siempre es un buen momento para volver a agradecer a MrsDarfoy que corrigiera este minific C:


BACHELORETTE
(O LA VEZ QUE BLAISE SE INFILTRÓ EN LA DESPEDIDA DE PANSY)


VI
La habitación de Bulstrode


—Así que has venido a intentar convencer a Pansy de que no se case —dijo Bulstrode abriendo la cama—. Buena suerte con eso.

—Yo…

—¿Sabes por qué es Daphne la encargada de organizar la despedida y no Tracey?

Blaise se encogió de hombros, metiéndose en la cama.

—Yo no estaba allí —advirtió sentándose sobre el colchón—. Pero dice Daphne que Tracey le dijo que era patética y que iba a acabar convertida en su madre.

—¿Tracey no se casó con un señor que le triplicaba la edad?

—Eso le respondió Pansy. Y la llamó sanguijuela. Y se pelearon.

»Para Pansy, Tracey está muerta. Aunque también lo estabas tú hasta hace veinte minutos, así que quién sabe.

Blaise negó con la cabeza. Conocía a Pansy de sobra para saber que aquello era absolutamente propio de ella.

—¿Y tú qué haces aquí? Si no os aguantáis.

Bulstrode se encogió de hombros.

—Daphne. Quiero decir, pensó que era muy triste ser solo dos, así que ha invitado a todo el que estaba dispuesto a venir —explicó. Y, contando con los dedos, añadió—: su hermana, la chica que trabaja par Pansy y la chica que le hace las uñas a Pansy.

Blaise estiró los labios en una media sonrisa de lástima. Pansy siempre había sido una zorra con una lengua demasiada afilada que acababa cosechando más enemigos que amigos. Y, por lo que había visto unas horas antes, seguía siendo la misma de siempre.

—¿Me estás diciendo que estás aquí porque tienes buen corazón?

—No soy una desaprensiva, Zabini.

—Como tú digas —respondió tumbándose y girando hacia el borde de la cama.

—Por cierto, si me despierto y estás restregando cebolleta pienso maldecirte los huevos y decir que ha sido en defensa propia.

—Buenas noches, Bulstrode —respondió conteniendo las ganas de reírse.


VI
El desayuno


—Decidme que hay café.

Aunque había intentado quedarse en la cama, el sueño le había abandonado cuando Bulstrode se levantó. Así que al final, y agradeciendo que fueran magos y que la casa estuviera aclimatada, se había decidido a bajar a desayunar.

La cocina era pequeña, en aquel estilo mezcla entre electrodomésticos muggles y muebles de madera, pesados y de calidad. En el medio de la sala había una encimera alta donde las chicas estaban sentadas en taburetes a su alrededor.

—Hay café —respondió Daphne levantándose—. Tienes suerte de que Trudy se lo inyecte en vena.

—Qué cosmopolita te has vuelto —se burló Pansy. Tenía mal aspecto, como si no hubiera acabado de coger sueño aquella noche. Había bajado a desayunar en el mismo camisón de la noche anterior y aún no se había molestado en peinarse

Daphne puso los ojos en blanco y la ignoró.

—¿Qué tal has dormido?

—Ronca como un demonio —protestó Bulstrode.

—No haberlo metido en tu cama —replicó Pansy—. Si lo hubieses preguntado, te lo habría avisado.

—Millie nos ha hecho tortitas para desayunar —comentó Daphne sirviéndole una taza de café.

—No sabía que supieras cocinar.

—De qué si no iba a estar tan gorda. —Bulstrode giró la cabeza bruscamente hacia Pansy. Ella apenas se inmutó y, en su lugar, tomó un sorbo largo de lo que fuera que tuviera en su taza.

—Eres una zorra.

—Brindo por eso.

—Chicas —las reprendió Daphne—. ¿Podemos volver al plan original? ¿Desayunar y eso?

—¿Eso?

—Hemos montado una piscina en el sótano —dijo Astoria apoyando sus antebrazos en la encimera—, así, rollo spa.

—Y Trudy nos va a pintar las uñas —añadió Sadie—. Y después, comida y vuelta por el campo. Por la noche, prueba de vestuario y juegos de beber…

—A mí mientras no vuelva a ser lo de salir a esquiar, me vale —comentó Bulstrode—. De verdad, ¿a quién se le ocurre?

—Si te caías era porque tienes la gracia de un escarabajo pelotero.

—Y tú qué coño sabrás, si estabas ahí parada coqueteando con el instructor. —Pansy puso los ojos en blanco e hizo una mueca.

—Mira que eres vulgar.

—Pansy, para ya —intervino Daphne—. Yo voy a ir a comprobar de que todo esté bien. No os matéis.

—Ey, Bulstrode, esto está de vicio.


VII
El spa


Más que rollo spa, el sótano del castillo le recordaba vagamente a los baños de prefectos en Hogwarts —Draco les había llevado un par de veces para que vieran los «privilegios» que él tenía y ellos no.

Habían colocado una piscina que ocupaba casi toda la superficie con cientos de pequeños grifos a sus laterales. A un lado, había amontonadas toallas limpias. Lo más agradable era el ambiente cálido de la estancia.

—Vais a ver qué bien os sienta —les dio la bienvenida Daphne. Se había cambiado y llevaba un nada moderno bañador de una pieza—. Blaise, he transfigurado una toalla en algo que puede servirte de bañador.

—Eres una antigua —murmuró al ver el trozo en cuestión.

—Reglas básicas: nada de salpicar, ni de hacer ahogadillas.

—Y no se molesta a la novia.

Pansy conjuró una tumbona en un lado de la estancia y se sentó en ella. Cuando Blaise volvió, se había dormido. En realidad, no pretendía quedarse mirándola. Con la cabeza colgando de un lado, formándole una papada graciosa, y los labios entreabiertos. Casi como si fuera a empezar a babear. El cuello largo, las clavículas marcadas. La línea que forma su muslo y su pierna.

—Zabini, ¿entras? —le preguntó Bulstrode. Blaise se mojó los labios y se giró hacia ellas.

—Sí, claro.

El agua estaba cálida y, como descubrió al apoyarse en una de las paredes de la piscina, daba pequeños masajes relajantes sobre su piel. Cerró los ojos, dispuesto a relajarse.

—Ey, Blaise, Blaise.

Abrió un ojo. Trudy, que estaba inconfortablemente cerca, le estaba mirando con intensidad. Se había hecho una coleta alta que afilaba sus facciones, dándole un aspecto más juvenil.

—¿Qué?

Trudy lanzó una mirada rápida a dónde estaba Pansy antes de hablar.

—Entonces, ¿te has acostado con el novio? —A pesar de que lo había preguntado en voz baja, llamó la atención del resto de chicas. Solo Daphne hizo un gesto de incomodidad.

—Merlín, no —respondió rápidamente—. No. Una vez nos, me besó. Pero estaba muy bebido y dijo algo así como «Potter», así que realmente no cuenta.

Trudy soltó una risa baja y negó con la cabeza.

—Me acuerdo que en el colegio, en segundo, ocupó una de las mesas con las fotos de Potter para hacer unas malditas chapas.

Blaise parpadeó. Aquello había sido… miró a Trudy fijamente. No parecía tener veintiocho años. Si alguien le hubiese hecho adivinar, habría supuesto que era mayor que ellos.

—¿Sigue siendo así?

—Espero que no —respondió con sinceridad.

—¿Os imagináis a Draco escribiendo sus votos? —preguntó con cierta sorna Astoria—. «Y prometo hablar de Potter sin descanso siempre que salga en el periódico o nos lo encontremos en algún evento social».

—Astoria —la chistó Daphne.

—Joder con tu hermana, muy modosita, pero cuando abre la boca…

Blaise giró la cabeza para mirar a Pansy. Apenas se había movido, pero había cerrado los labios y su cabeza descansaba ahora sobre el respaldo de la tumbona.

—Daphne, me tienes que enseñar cómo habéis instalado esto aquí abajo. Creo que no podría vivir sin uno así en mi día a día.

Daphne le sonrió con cansancio y asintió.

—Claro.

No sabía cuánto había oído, pero estaba seguro de que estaba despierta.


VIII
El pase de modelos


—Ni de coña me voy a poner eso.

—Te has puesto cosas peores —replicó Pansy sin soltar su copa de vino. La tercera desde que habían vuelto del paseo—. Una vez te pusiste uno de los vestidos de novia de tu madre y corriste descalzo por el Callejón Diagon.

Blaise sonrió ante el recuerdo. Habían tenido una discusión enorme y Blaise se había ido de su propia casa —el piso sobre la botica de Slug & Jigger, un sitio pequeño y con un olor acre imposible de quitar y que, aun así, le costaba un pequeña fortuna. Se había tomado una pinta en el Caldero Chorreante y un par de tiros de whisky antes de decidir volver a encararla. Y entonces se le había ocurrido.

Robar el vestido había sido fácil. Correr ante las miradas atónitas de los transeúntes, también. Hacer que Pansy sacara la cabeza por la ventana había sido un infierno. Pero la expresión de su rostro al reconocerlo, había merecido la pena.

—Sí. Pero en el vestido de mi madre no se me podían ver mis partes nobles al agacharme.

—No estás tan bien dotado —replicó sin parpadear Pansy.

—¿De verdad las chicas muggles visten así? —preguntó Sadie levantando una de las perchas con un vestido de lentejuelas y flecos.

—Solo las que compran la ropa en las mismas tiendas en las que Daphne compró su bañador —bromeó volviendo a mirar el conjunto que le estaba tendiendo Pansy.

Una cosa era dejarse pintar las uñas —de color rosa claro y con diminutas florecillas. Otra era ponerse aquel vestido rojo pasión con la espalda descubierta.

—Ja, ja, ja —respondió Daphne—. Venga, ve y no nos hagas esperar más.

—Vale, vale.

El vestido le quedaba ridículo. Demasiado corto, demasiado abierto. Demasiado todo. Pero aun así, salió de detrás del biombo y caminó intentando no tropezarse sobre unos tacones de aguja. Las chicas gritaron y aplaudieron mientras Pansy seguía bebiendo de su copa fingiendo desinterés.

Fingiendo era la palabra.


IX
El «yo nunca»


—Blaise —dijo Pansy relamiéndose los labios y colocando una de sus manos sobre su hombro. Aún iban vestidos con algunos de los modelitos que horas antes se habían estado probando—. Creo que no es buena idea que juguemos.

Se había levantado para coger una botella de whisky de fuego para empezar el juego y Pansy lo había asaltado en la cocina. El aliento le olía a vino y tenía las pupilas dilatadas.

—¿Dónde está la Pansy que era capaz de beberse una de estas y seguir bailando sobre unos tacones que romperían los pies de cualquiera?

—Muy gracioso —siseó—. Es un juego peligroso. Y, además, no me caen bien.

Giró la cabeza hacia el salón, como si alguien les hubiera oído. Blaise dejó escapar un suspiro. Se suponía que para eso estaba allí. Para raptar a Pansy y evitar toda aquella locura.

—Y si no vamos, ¿qué vamos a hacer el resto de la noche?

Pansy alargó la mano y agarró la botella. Blaise dejó que se la llevara y retrocediera.

—El primer día encontré una trampilla que lleva a la azotea. —Arqueó las cejas de forma sugerente y se volteó, sin esperar a ver si la seguía, para salir disparada hacia las escaleras.

Por supuesto, Blaise la siguió. Pansy llevaba unas plataformas transparentes, de esas que tienen dentro líquido que se bambolea a cada paso que daba, y unos pantalones pitillo demasiado apretados. Un hombro al descubierto, así como el abdomen. Blaise, en su poco conocimiento de la cultura muggle, no tenía claro que aquella guisa se hubiera llevado alguna vez.

Subir detrás de ella era una delicia.

Fuera, había una capa fina capa de nieve. Cuando terminó de subir las escaleras, Pansy ya tenía el culo apoyado en una de las almenas y las piernas cruzadas. Golpeó con la punta de su varita la botella y el corcho que la tapaba salió disparado por los aires.

—A mí nunca me han dejado y me he enterado por su casero —dijo y bebió un trago largo a morro.

Fuera hacía un frío del demonio. Blaise nunca había entendido aquella manía de los sectores más tradicionales de vestir sin nada debajo. A él, que llevaba el vestido de lentejuelas que había escandalizado a Sadie, se le estaba congelando hasta el alma.

Y él, a diferencia de Pansy, caminaba descalzo.

—Pensaba que era un juego estúpido.

—Lo es. —Le tendió la botella—. Puedes pasar tu turno.

—¿A qué estamos jugando?

—A mi ex me jodió.

—Vale. —Cogió la botella.


X
El «mi ex me jodió»


Blaise tardó un momento en hablar. Con la boca de la botella a unos pocos centímetros de la suya propia. Pansy a unos metros, con aquella expresión de superioridad y desafío.

—A mí nunca —empezó—. No sé, Pansy, esto es ridículo.

—No, no lo es —replicó—. Es lo único que me está conteniendo de saltar a tu cuello y arañarte la cara.

Blaise arqueó las cejas y ella puso los ojos en blanco.

—Sí, sí, lo que sea. Juega o lárgate.

—Nunca he sido víctima de un complot entre mi madre y mi novia para casarme. —Pansy se incorporó para recuperar la botella y, sin dejar que terminara de tomar el trago, se la arrancó de las manos—. ¡Pansy!

—Nunca le he pedido salir a una chica y, cuando me he acojonado, me he refugiado en «no dijimos nada de ser exclusivos».

—Nunca he montado una escena por celos.

—Nunca he engañado a mi pareja una vez éramos «exclusivos». —Blaise esperó a que terminara el trago y alargó la mano. Pansy se la pasó y bebió un trago largo.

Frunció el ceño, pero no dijo nada.

—Nunca me ha preocupado más que se me rompiera una uña que lo que mi pareja intenta decirme.

—Nunca he sido un machista y un misógino.

—Nunca he comparado a mi pareja con el resto de mis amigos.

—Nunca he asistido borracha a su trabajo.

—Tú no trabajas.

—Vete a la mierda.

—Tengo otra —informó recuperando la botella—. Nunca he hecho que nos detenga la patrulla mágica por llamarlos «follamuggles».

Pansy parpadeó, con una expresión blanca. Frunció ligeramente el ceño y negó con la cabeza, dejando escapar una risa histérica.

—¿Hice eso? Merlín, no me acordaba.

—Y nos dejaron en el calabozo hasta que tu madre fue a buscarnos —añadió. La señora Parkison y Pansy habían empezado a gritar y Blaise no había sabido dónde meterse.

—Solo porque tu madre estaba de luna de miel en aquel momento.

—El viejo George murió dos días después, ¿te acuerdas?

Pansy bebió un trago de la botella y giró la cabeza hacia la oscuridad.

A lo lejos, muy a lo lejos, se podían ver las luces de una población. Arriba, las estrellas brillaban con luz propia. Hacía siglos que Blaise no veía algo así.

—¿Cómo lo hará tu madre? —preguntó girándose y apoyando las manos en una de las almenas. Una hondonada de aire revolvió su flequillo.

—Ni lo sé, ni quiero saberlo.

—No, no eso. Dejar que no le afecte. Jamás he visto a un viuda tan entera después de todas y cada una de las veces. —Blaise se colocó a su lado.

—Hace mucho que dejó de ser humana —compartió. Pansy giró la cabeza hacia él y esbozó una sonrisa triste.

—Aveces la envidio.

—Pans, no…

—Ya me he cansado de este juego.

»Y me estoy quedando fría, voy a volver a bajar. —Tomó un último trago de la botella antes de tirarla al vacío con todas sus fuerzas.


continuará.