Comentarios iniciales:

Hola, espero todos se encuentren bien. Me siento muy contenta porque al fin he traído el primer capítulo de esta nueva historia.

Con el resumen deben haberse dado cuenta que es post TP. Efectivamente, Link y Zelda serán pareja, pero en este caso aparecerá un par más, quienes no son otros que Dark Link y… una misteriosa dama, la perfecta para él y con quien se complementará. Es evidente de quién se trata, lo que volverá el asunto muy intenso. La princesa y el héroe son una pareja muy importante aquí, aunque no es la principal, pues ese papel le corresponde a la contraparte oscura del elegido por las Diosas y a la enigmática mujer que dará un vuelco a su vida en más de un sentido.

Como lo habrán visto esta historia es clasificación "M", por lo que las escenas románticas y eróticas que narraré serán más explicitas de lo que acostumbro, pero sin volverse procaces. Ya los que conocen mi manera de escribir lo saben. Ah, y vale la pena aclarar, que aunque la historia esté conformada por dos parejas, no quiere decir que habrá un cuartero, orgia, swingers, ni nada que se le parezca. Cada cual estará con quien le corresponde, así que si alguna mentecita espera ver algo de eso por aquí, es mejor que dé retroceso. Uno es libre con su pensar, pero rechazo rotundamente esas cosas. Con eso si soy cuadrada y mente cerrada.

Otro asunto. La relación entre Link y Zelda ya estará establecida en esta historia, por lo que el proceso del romance no se dará con lujo de detalles ni paso a paso, pero si se tornará con coherencia. Ellos no son la pareja principal, por eso las cosas serán así. Con Dark Link será distinto.

La imagen de portada pertenece a Aika Xx.

Y hablando de amigos queridos, agradezco infinitamente a ZeekLaerers, quien me ayudó, en un momento de poca inspiración, con el título de esta obra, el cual me pareció perfecto y me emocioné mucho cuando se logró formarlo :D

Antes de comenzar la historia, tomar en cuenta lo siguiente:

- Los cambios de escena se darán con la barra que posee el editor de esta página.

- Los pensamientos estarán en cursiva.

- Los flashbacks se abrirán y se cerrarán con el siguiente símbolo: *.*.*.*.*

- Los sueños serán relatados en primera persona. Se iniciarán y finalizarán con tres puntos: …

Disclaimer:The Legend of Zelda y sus personajes pertenecen a Nintendo.


PASIÓN ENTRE LAS SOMBRAS

Capítulo 1: Ansiada libertad

La inmensidad del firmamento se halló por interminables meses invadida por la oscuridad, la cual se entremezclaba con las sui generis e implacables nubes del ocaso, arrasando con toda luz que se encontrara en su camino, con el único fin de someter a la sagrada tierra de las Diosas en profundas tinieblas.

Un ser perteneciente al mundo de los desterrados fue seducido por sus deseos de ambición y poder, los cuales fueron ofrecidos a manos llenas por la misteriosa sombra que lo acechaba a cambio de su servicio, honor y fidelidad, convirtiéndose así, no solamente en el usurpador de aquel reino que le arrebató a su legítima regente, sino renaciendo como el Tirano de las Sombras, título que llevaba por sobre su verdadero nombre, Zant.

Midna, la desterrada y deformada princesa, no tuvo más opción que buscar la manera de recuperar su preciado trono y salvar a su gente, lo que anhelaba conseguir al precio que sea, sin importar por sobre quién tuviera que pasar. Un día sus egoístas deseos dieron sus frutos, pues encontró al joven portador del alma de la legendaria bestia de ojos azules tan respetaba en su mundo, sabiendo que era el único que la podría ayudar. Aquel muchacho, quien no era otro que el héroe elegido por las Diosas, había sido sometido a la más devastadora energía del ocaso, modificando la totalidad de su cuerpo.

La maquiavélica criatura consiguió su objetivo, poniendo a la bestia con alma de hombre a su servicio a cambio de recuperar a sus amigos y su forma real. Y no contenta con eso, burlándose de la princesa que entregó su tranquilidad con tal de defender a su pueblo, otorgándole su título como soberana del Crepúsculo como implacable humillación, sin saber que aquella desconsolada joven no era otra que la reencarnación de Hylia, la eterna elegida de Nayru.

Sin embargo, las acciones de la oscura criatura le fueron devueltas como una fuerte bofetada, al ver que los dos seres a los que más había vejado con sus burlas y mordacidades sacrificaban su vida por ella, siendo la regente de la luz la que entregó su alma en su lugar sin ápice de duda, mostrando de esa manera la pureza de su corazón para las almas sufridas.

Aquellas acciones fueron una dura lección para ella, pero las necesarias para que en su alma nazca aquella energía que su cuerpo rechazaba, y lo cual a futuro le permitiría convertirse en una soberana de bondad y de honor. La luz.

Finalmente el joven portador del alma de la bestia venció al Tirano de las Sombras, prosiguiendo a hacer lo mismo con el maligno que lo manipulaba desde la distancia, quien no era otro que el Rey del Mal, Ganondorf, el eterno enemigo de los elegidos de Farore y Nayru. El villano se valió de varias de sus artimañas y bajezas para evitar que el héroe logre su cometido, siendo el peor y el más cobarde de todos, utilizar a la inerte regente como una marioneta, manipulándola con la oscuridad de la energía crepuscular que él mismo había aplicado.

Luego de una ardua batalla, el joven héroe y la renacida princesa, quien había recuperado su sacrificada alma, salieron victoriosos en la cruenta batalla, devolviendo así la paz a su sagrada tierra y logrando que los espíritus de luz revivan a la regente del Crepúsculo, quien antes había muerto en garras del Rey del Mal, retomando así su verdadera forma.

Devuelta la paz en ambos mundos, pero tan unidos como las dos caras de una misma moneda, Midna se despidió de los elegidos por las Diosas, rompiendo para siempre el único nexo que la unía a ellos; a menos que el destino decidiera lo contrario.

Resignados a la radical decisión que había tomado la princesa crepuscular, los elegidos de la luz se alejaron del desierto y se embarcaron camino a la sagrada tierra de las Diosas, su recuperado hogar. Sin embargo, sólo bastaron unos segundos de su llegada para que la inestabilidad y el desequilibrio empezara a mortificarlos, mientras sus cuerpos eran sometidos a la más insoportable de las torturas, donde dolores punzantes e inaguantables se encargaron de sumirlos en la profunda desesperación.

Hasta que la oscura inconsciencia los tomó por completo…


- ¿¡Cómo que aún no es posible despertarlos!? ¡Esto tiene que ser una broma! – gritó un desesperado hombre entrado en edad, quien no era otro que Auru.

- No me diga eso, por favor. ¿Cómo que aún no puede despertar a Link? ¡Tiene que tener alguna medicina que lo reanime! – suplicó una entristecida Ilia.

- Calma, por favor. Gritando no haremos que despierten.

- ¡No pidas calma en un momento como este, Borville! No son unos jóvenes corrientes de los que estás hablando, sino de nuestra soberana, la princesa Zelda, y del héroe que nos salvó la vida a todos. ¡Por él es que sigues vivo, infeliz! – exclamó furioso el hombre.

- ¡Ya basta! ¡Sin ofensas, Auru! ¿Acaso crees que no me preocupo por ellos? ¡He hecho hasta lo imposible por tratar de descubrir qué es lo que tienen, pero no puedo! La enfermedad que los aqueja es tremenda, devastadora, no hay medicina que pueda sanarla. Llevan días sin poder despertar, susurrando angustiados y sudando helado como si estuvieran encerrados en alguna macabra pesadilla. Nunca había visto algo como eso en todos mis años de médico.

- ¿Médico? Matasanos, querrás decir…

A la angustiosa escena, llegaron tres miembros pertenecientes al grupo de la Resistencia, Shad, Ashei y Moy, quienes estaban sumamente preocupados por el estado de Link y la princesa Zelda. El doctor Borville lanzó una fulminante mirada a la atrevida joven que había insultado su profesión.

- ¡Mocosa insolente! ¿Cómo que matasanos? ¡Yo soy una eminencia en este reino, el mejor médico de todos!

- Por favor, sino pudiste salvar a un pobre niño Zora en plena agonía, no creo que puedas hacer algo por ninguno de estos jóvenes. – espetó Ashei, mordaz y burlona.

- ¡Yo soy médico de humanos e hylianos, no de anfibios!

- ¡Inepto!

- ¡Cállense los dos! En vez de perder el tiempo en tonterías, deberíamos encontrar una solución para poder sacar a Link y a la princesa Zelda de ese terrible estado. – intervino Moy, deseando acabar con el reciente conflicto.

- Aún siguen con vida y eso nos da una esperanza… pero si no sabemos el origen de este espantoso síndrome, las posibilidades de que sus vidas se vayan apagando son sumamente altas. – dijo el doctor.

- Todo esto es un completo misterio. Sin embargo, lo que tengo muy claro, es que este problema no lo puede resolver un simple médico.

Todos se quedaron en silencio ante las palabras de Shad, quien en su mente rememoraba una y otra vez las palabras del médico y los síntomas que presentaban los jóvenes héroes, los cuales no eran nada normales. Ante ello, se le ocurrió una idea, no era segura de ser la solución al mal que aquejaba a las víctimas, pero ante el desolador panorama que se les presentaba de frente, no había más opción.

- Tenemos que ir por la anciana del Poblado Olvidado. – dijo Shad.

- ¿Ah? ¿La señora Impaz? – preguntó Ilia.

- Así es, Ilia. No conozco a nadie más que pueda ayudarnos. Como antigua protectora de la familia real y última descendiente de la extinta raza de los Sheikahs, no sólo posee amplios conocimientos en todos los secretos que esconde este reino, sino que tiene grandes habilidades de hechicería.

- ¿Crees que pueda ayudar a Link y a la princesa? – preguntó Moy, angustiado.

- No lo sé, pero no perdemos nada con intentarlo. Si la anciana no puede sacarlos de ese estado, al menos espero pueda decirnos qué es lo que tienen.

- ¿Y qué estamos esperando? ¡Vamos a traer a esa mujer cuanto antes! – exclamó el mayor de la Resistencia.

- No es prudente que vayamos tantas personas, Auru. Es mejor no llamar la atención, recuerda que todo esto es confidencial.

- Yo quiero ir, conozco como llegar perfectamente, pues viví por un tiempo con la señora Impaz cuando me rescató de los monstruos que me secuestraron.

- Nada de eso, Ilia. Le prometí a tu padre que te llevaría de regreso a Ordon hoy mismo. Si accedió a que me acompañes fue simplemente por tu preocupación por Link, pero no para que te expongas de esta manera.

- Pero Moy…

- Creo que es mejor que ella se involucre en esto. Ninguno de nosotros sabe cómo llegar a ese poblado, y si lo buscamos por nuestra cuenta tardaremos mucho. – expresó Ashei.

- Ilia no irá sola, pues Ashei y yo la acompañaremos. ¡Moy, esto es de vida o muerte, compréndelo! – expresó Shad, tratando de calmar al retirado espadachín.

Ante las palabras de sus compañeros más jóvenes, Moy no tuvo más opción que aceptar. Confiaba en que ellos protegerían a Ilia y la regresarían sana y salva, pues desde todo lo ocurrido en la invasión, su padre tenía pánico de dejarla salir del pueblo.

- Está bien, pero prométanme que no van a tardarse.

- Lo prometemos. – aseguró el investigador de lentes.

- Bueno, basta de tanta charla. ¡Vámonos! – gritó la espadachín.

Sin perder ni un sólo minuto, el trío se encaminó en dirección al Poblado Olvidado, mientras que Auru y Moy dedicaron una silenciosa oración a las Diosas para que guíen el camino de los jóvenes y los libere de todo peligro que se les cruzara, pero sobre todo, que el motivo de la misión valga la pena y que aquella anciana con poderes ancestrales tenga la ansiada cura para los elegidos de Nayru y Farore.

- Diosas mías, apiádense de ellos. Se los ruego…

Tengo presente el tormento de mi llegada a la oscuridad de este valle, donde por indefinido tiempo, desconociendo si han pasado días, meses o años, vagué como alma en pena y gritando como un frenético. Un pobre traumado por los gritos y carcajadas del enemigo que se encontraba acosándome.

No era la primera vez que veía a aquel ser tan similar a mí. Ya me lo había mostrado Lanayru un día no tan lejano, momento en que lo vi una sola vez, sin desear que aquello se repita. Sin embargo, mi más grande temor se volvió realidad, encontrando en este pozo sin fondo a la más macabra y despiadada de mis pesadillas.

¿Cuál dijo que era su nombre? "Yo soy tu, y tú eres yo", aquello me respondió mientras se reía frente a mí. Dos gotas de agua originadas de diferentes fuentes, la una con esencia pura y cristalina, y la otra podrida y nauseabunda. Eso y más es lo que simbolizas, la parte negativa con la que venimos todos a este mundo, la mitad a la que debemos dejar morir en el olvido para darle cabida al hermano mellizo que tanto odias, a aquella luz que siempre has deseado opacar. Nacemos con dos fieras que van por diferente camino, y sólo nosotros decidimos a quien alimentar para abrirle paso.

¿Qué haces ante mi presencia si yo no te he dado espacio en mi vida? ¿Cómo puedes estar campante, mordaz y despiadado, si mi indiferencia te debió haber mantenido en tu letargo? No permitiré que le quites su lugar a la luz que por decisión he acogido en mi alma, pues en ella no hay espacio para las inmundicias como tú.

Nuestra lucha constante duró lo que para mí fue eternidades, donde nos despedazamos el uno al otro entre las duras estocadas de nuestras espadas, entre los dolorosos puños que nos propiciamos sin medida ni clemencia, entre los insultos y humillaciones más letales con tal de defender nuestro territorio, alegando que aquel era muy pequeño para los dos.

Sus burlas terminaron por desquiciarme, provocando que destroce mis manos mientras se replicaba de infinitas maneras delante de mí, escondiéndose entre lastimeros objetos. La mordacidad y la cobardía en un mismo ser. ¡Cómo lo odio, cómo lo detesto!

Llegó un punto en que estaba consiguiendo lo que tanto quería, ponerme bajo su sometimiento, meterse en mi cabeza para romperme los tímpanos con sus desgarradoras y frenéticas carcajadas, convirtiéndose en la pesadilla infernal de la que creí que nunca podría escapar… en la que iba a morir.

Sin embargo, las burlas de mi enemigo se convirtieron en gritos de rabia y derrota por alguna razón desconocida, mientras sentía como las sangrantes heridas de mi cuerpo iban sanando rápidamente, a medida que la frescura de un bálsamo me calmaba, me llenaba de paz.

Rescatándome del infierno de mi realidad, me tomaba de las manos la joven con la que vencí a mi peor enemigo, quien entregó su vida por amor a su reino. Me miraba con una sonrisa, la más pura y autentica que jamás haya visto, logrando que me pierda en el precioso mar de sus claras pupilas y provocando que olvide por completo el estado en el que me encontraba.

- No lo odies… sólo acéptalo. – me pidió con su melodiosa voz.

- ¿Aceptarlo? No comprendo…

- Es parte de ti… de todos nosotros. Ese es el camino para vencerlo, para enviarlo al olvido.

¿Olvidarlo? ¡Jamás! Aquella escoria merece el peor de los vejámenes y la muerte, ambos otorgados por mis propias manos.

- Primero morir antes de renunciar. – expresé seguro.

- Primero aceptar y luego continuar. Nadie más que tú mismo te puedes rescatar, para que así puedas salvar a otros…

Ante aquellas palabras, sentí que la princesa apretaba sus manos contra las mías, estremeciendo hasta la última partícula de mi atormentado ser… pero aquella paz en mi alma duró poco.

Sólo bastó con escuchar la fatal risa de mi enemigo para volver a enfrentarlo, mientras desde la lejanía observaba a la regente estirando sus manos mientras se perdía entre las lágrimas, repitiendo una y otra vez las mismas palabras con las que me recibió la primera vez.

- No lo odies… acéptalo… continua… nadie más que tú mismo puedes salvarse… para que puedas salvar a otros.

¿Qué significan esas palabras? Lo único que sabía es que esa era su manera de salvarme, de querer sacarme de la cruenta batalla en la que me encontraba. Siempre me recibía entre sus brazos, herido hasta más no poder, recitando para mí las mismas palabras que con desesperación pronunciaba… las que con el paso del tiempo fueron teniendo otra compañía.

- ¿Sabes el motivo por el qué fuimos elegidos? Por la interminable cadena de nuestras almas. – dijo, deleitándome con su encantadora voz.

- Aquello que por siempre creí un simple cuento de hadas… hasta que tuve el honor de cruzarme por su camino, de conocer mi destino.

- He venido a rescatarte para no soltar tu mano, a recibirte cada vez que te levante y te caigas en esta inútil batalla, la que sólo tú puedes detener. Sólo tú mismo te puedes salvar, para que puedas salvar a otros… debes aceptar y perdonar lo que no puedes cambiar.

A pesar de escuchar la macabra risa de mi enemigo, me pierdo en la dulzura y piedad de la mujer que me está hablando. Es tan hermosa y sublime, como la delicada caricia de la brisa en la primavera, como la frescura de un oasis en medio del desierto. Me relajo ante la suavidad de sus manos, me desvanezco ante el aroma de su aterciopelada melena castaña… me entrego a sus brazos para recuperar el aliento.

Ella me transporta al camino de la luz, sacándome así del más inmisericorde y devastador de los infiernos.

- No lo odies… sólo acéptalo.

Jadeante y arrodillada en el suelo se hallaba la veterana Impaz tratando de recuperar el aliento. Ilia se encontraba junto a ella, dándole suaves palmadas en la espalda para ayudarla a sentirse mejor, mientras que todos los presentes observaban aterrados el panorama.

El cuerpo de los elegidos por las Diosas mostraba malestar en sus adormecidos rostros, mientras que un aura negruzca y espesa los rodeaba de pies a cabeza, casi cubriéndolos por completo. El esfuerzo de la anciana estaba consiguiendo sus frutos, mas el proceso se tornaba sumamente insoportable y agotador.

- Señora Impaz, descanse unos minutos. No puede forzarse de esa manera tan grotesca. – pidió Ilia, preocupada.

- No… no puedo… detenerme ahora… ya pronto despertarán….

Nada de lo que le dijeran a la sabia mujer la iba a hacer cambiar de opinión. Un gran signo de que todo iba por buen camino, se debía a la intensa energía emanada de los cuerpos de los jóvenes. La oscuridad los estaba abandonando, se resistía a hacerlo, pero más grande era el poder con el que Impaz la estaba sometiendo. Por ese motivo la anciana no estaba dispuesta a darse por vencida, pues si el proceso retrocedía, ya no había marcha atrás, lo que significaba el fin de las vidas del héroe y la princesa.

Con mucho esfuerzo, Impaz se puso de pie, elevando las manos encima de su cabeza y conjurando un hechizo por medio de palabras en hyliano antiguo. Sudaba frío, su cuerpo temblaba, pero su lucha por no desvanecerse prevalecía por sobre todo, incluso con el pensamiento que si su vida se terminaba debido a tan doloroso proceso, hubiera valido la pena con tal de salvar a los elegidos por las Diosas.

La oscuridad se esforzó por ganar la batalla… mas su empeño fue completamente inútil.

La maldita esencia salió disparada de los cuerpos de sus víctimas, con una fuerza tan brutal que destrozó las ventanas que se encontraban en el sitio. Toda la Resistencia se escondió detrás de uno de los pilares para que los vidrios no los lastimaran, siendo seguidos por Ilia. En cuanto al doctor Borville… él había desaparecido misteriosamente de la habitación.

Poco a poco, todo se fue desvaneciendo, causando que el grupo salga de la pequeña protección en la que se habían resguardado. Impaz se encontraba tendida en el suelo, sin fuerzas y jadeando fuerte, pero viva, cosa que con toda su alma agradecía a las Diosas. Todos se acercaron a ayudarla.

Los presentes se quedaron observando a los inconscientes jóvenes acostados en las camas, descubriendo que la perturbación de sus semblantes se había desvanecido, para luego sorprenderse de ver cómo empezaron a mover ligeramente sus dedos.

- Están… ¡Están reaccionando! – expresó emocionado Moy.

- ¡Gracias a las Diosas! Link, ya despierta. – pidió Ilia.

- Princesa... – llamó Auru a su pupila.

Con un poco de dificultad al inicio, Link fue el primero que empezó a abrir los ojos. Debido al dolor de cuerpo, aun le costaba moverse, pero aquello no le impidió voltear el rostro y ver quién se encontraba en la cama de al lado. La princesa aún se estaba luchando por despertar, motivo por el que el joven no dudó en llamarla.

- Princesa…

Todos se dieron cuenta que, a pesar que Link aún seguía despierto, no se había percatado de ninguna de las presencias que lo rodeaban. Insistentemente seguía llamando a la regente, pidiéndole que abra los ojos y despierte, lo cual se dio luego de unos pocos segundos.

Lentamente la dama mostró su cristalina y zarca mirada, la que por inercia buscó al joven que se encontraba a su lado, quien en medio de la incomodidad le mostraba una cálida sonrisa. Ambos elegidos se miraron a los ojos con encantamiento, como si estuvieran experimentando un maravilloso reencuentro luego de años sin verse. Puede ser que tenían poco tiempo de conocerse, pero el corazón y el alma los llamaba y atraía, sobre todo por la reciente vivencia que les había tocado experimentar, rodeados de la más perpetua y profunda de las tinieblas, donde el uno era el soporte y la compañía del otro. Ni siquiera se dieron cuenta que se habían tomado la mano en señal de apoyo y empatía, sonriéndose entre sí y sin poder analizar los motivos de sus acciones.

- Link...

Emocionados por ver al héroe y a la regente sanos y salvos, la Resistencia, en compañía de Ilia, se acercó hasta los jóvenes, quienes en ese momento salieron de su ensimismamiento para prestar atención a los que los rodeaban.

- Princesa, gracias a las Diosas que ha recuperado la conciencia. – expresó Auru, completamente aliviado.

- Link, que alegría que hayas vuelto. – dijo Ilia, sin poder contener las lágrimas.

- Muchacho, no tienes idea cómo nos has preocupado. Más bien, los dos nos han tenido con el alma en un hilo. – dijo Moy.

- Me alegra que nuestro viaje haya valido la pena. – dijo Ashei.

Link y Zelda sólo observaron perplejos a todos sus compañeros, motivo por el que se percataron de la situación en la que se encontraban. ¿Qué había pasado con ellos? Recuerdan cuando habían abandonado el desierto y se dirigían camino al palacio, y fue en ese momento que empezaron a sentirse mareados, adoloridos, hasta que todo se puso negro.

- ¿Qué nos sucedió?

Ante la pregunta del héroe elegido, todos los presentes guardaron silencio, incluida la princesa, quien mostraba en su semblante consternación. En ese momento, Impaz se acercó hasta los jóvenes, decidida a explicarles todo lo que les había ocurrido.

- Agradezco a las Diosas el que hayan podido despertar de esta pesadilla, la peor que estoy segura han experimentado en vida.

- ¿Fue usted quien nos despertó? Se lo agradezco infinitamente. – dijo la princesa, aun confundida.

- Gracias a las Diosas que nos puso en sus manos, Impaz. – dijo Link, esbozando una sonrisa.

- No hay nada que agradecer. Pude disiparla por medio de un antiguo hechizo. Debido a todo lo sucedido en nuestro entorno, ambos fueron invadidos por la descomunal fuerza de la energía del ocaso, y siendo ustedes seres de luz, se vieron terriblemente afectados, a pesar que sus fragmentos los protegió de consecuencias más catastróficas. – dijo la anciana, sumamente seria en su explicación.

El relato dejó por completo enmudecidos a las víctimas del mismo, mientras trataban de asimilar cada una de las palabras de la anciana.

- Sin embargo, la preocupación por lo que les ha sucedido no termina. ¿Recuerdan el sueño en el que estuvieron hundidos?

Impactada y con el corazón a punto de salírsele del pecho, la princesa se disponía a hablar, pero las palabras del caballero que se encontraba a su lado la silenciaron, impactándola en el acto.

- No recuerdo nada.

- ¿Estás seguro, jovencito? Trata de hacer un esfuerzo, pues la energía que te invadió fue demasiado fuerte. – pidió Impaz, sorprendida por la respuesta del héroe elegido.

- Es cierto, Link. Se te veía sumamente perturbado. – dijo Shad.

- No… no puedo recordar nada. Lo único que si tengo presente es que en esa pesadilla me encontraba en compañía de la princesa, quien trataba de tranquilizarme por algo. Sólo eso recuerdo.

La anciana se quedé analizando las palabras de Link, pues se le hacía sumamente extraño que no recordara nada.

- ¿Y usted, princesa? ¿Recuerda algo?

Ante la pregunta de Ashei, Zelda la observó detenidamente, pero luego dirigir la intensidad de su mirada a Impaz, quien se veía ansiosa. Después de unos segundos respondió.

- Tampoco recuerdo nada. Lo lamento.

- Todo esto es muy extraño. – susurró Shad a Ashei.

- ¿Dónde estamos? Este sitio no se me hace conocido. - expresó Link, confundido.

- Hemos venido a una hacienda que perteneció a los padres de la princesa. Decidimos traerlos a este sitio para que se pudieran recuperar sin que nadie quiera averiguar más de la cuenta, pues lo que ustedes tenían era sumamente grave. – respondió Auru.

- Por más que la energía oscura los haya abandonado, es mejor que reposen unos cuantos días en este sitio. El estar alejados del bullicio es lo que necesita su alma para recuperarse. – recomendó Impaz.

- En ese caso, es mejor que nos acompañes, Link. Te asignaremos una de las habitaciones. – pidió Auru.

- Agradezco mucho su amabilidad, Auru, pero no quiero causar molestias. Creo que es mejor regresar a Ordon.

- Es cierto, Link ya no tiene nada qué hacer aquí, es mejor volver. – dijo Ilia, ansiosa por regresar a su pueblo.

- No es adecuado, niña. Regresar a Ordon es retomar su estilo de vida, y después de todo lo que le ha pasado, aquello debe darse poco a poco. Además, como lo mencioné, él sigue convaleciente y debe quedarse aquí. – aclaró Impaz, seria.

- Pero…

- Sir Link, le pido gentilmente que haga caso, es mejor para recuperarnos.

No pudo evitar estremecerse ante el llamado de la princesa, sobre todo porque en ese instante se encontraba expresándole la gratificante mirada de su preocupación. Ante ello, accedió a lo que se le pedía, motivo por el que agradeció con una sonrisa.

- Gracias…

- No tiene nada que agradecer, al contrario, le debo la vida entera. Mañana hablaremos con calma de algunos asuntos.

Antes de la partida de Ilia y la Resistencia, Link le regaló una última mirada a la regente, quien fue recíproca con él en sus acciones. Luego de eso se retiró, dejando a la anciana y a la joven a solas.

El silencio entre ellas se volvió incómodo, tanto que la princesa se disponía a levantarse para estirar las piernas, pero una abrupta pregunta de Impaz la detuvo.

- ¿Por qué no dijo nada?

Zelda sólo se quedó callada, mientras los latidos de su corazón se descarriaban de manera inmisericorde, consumiéndose completamente en los nervios a pesar que lo disimulaba bien.

- Porque es lo mejor. Link debe estar tranquilo, sin nada que lo perturbe.

- Sabe muy bien que eso sólo puede ser temporal, porque en su caso las cosas fueron más…

- ¿Sencillas? En lo absoluto, Impaz. Al igual que Link, tuve que enfrentar terribles dificultades, las que por gracia de las Diosas pude resolver, equilibrando cada cosa en su sitio, sin llegar a lamentables extremos. – expresó Zelda, sumamente seria en la explicación que estaba dando.

- ¿Cree que las cosas vuelvan a repetirse? Pues percibo su presencia. Está lejos, intangible, pero muy presente.

- Yo percibo lo mismo, pero hay grandes posibilidades que aquello no se dé. Usted es poderosa, sé que hizo un gran trabajo.

- Ya no poseo la misma a juventud y vitalidad de antes. Ya no confió tanto en mis habilidades. – expresó entristecida y preocupada la anciana.

- Pero yo sí, y quiero tener la fe que nada malo pasará. Por el momento, voy a enfocarme en levantar mi reino, pero antes de eso, recuperarme y ayudar a Link a hacer lo mismo. Nos apoyamos en nuestro estado de inconciencia, estrechando los lazos de nuestro destino… deseo seguir haciéndolo, y que él me ayude a mí también. Lo necesito. – dijo la joven, sonrojándose ligeramente en sus mejillas y colocando una mano en su pecho.

- Lo decreto… a partir de ahora, el destino se encargará de enlazar lo que siempre les ha pertenecido. – indicó la anciana, aguantando una risa por el bochorno de la regente.

Luego de esas palabras, la princesa sonrió, sabiendo perfectamente a lo que se refería. Minutos después, ambas se retiraron del desordenado cuarto, mientras la perpetua presencia de las sombras yacía regocijándose en los entresijos del ambiente.


¿Cuánto tiempo había transcurrido desde aquel momento? ¿Semanas? ¿Meses? No conocía aquella respuesta, pero lo que si sabía es que había aprendido a aprovechar lo que su entorno le brindaba en bandeja de plata, sobre todo a ciertos personajes.

La otra cara de la moneda, aquella parte oscura que todos los seres se esfuerzan en ocultar, e incluso anular; sin embargo, aquello no es posible, y la única manera de tenerla controlada es logrando que las virtudes sobrepasen la maldad acogida en cada una de las almas… antes de que esta tome poder por sí misma.

La primitiva oscuridad del héroe elegido había logrado materializarse, todo causado por la exposición a la que este fue sometido por la energía crepuscular que lo acompañó desde el inicio hasta el fin de su periplo, logrando convertirse en la llave para abrir la puerta a su ansiada libertad.

Aquel ser había esperado el momento por milenios, contando desde el inicio del legado del elegido por las Diosas, hasta la actualidad de su vida.

Tan distintos, pero a la vez similares, compartiendo por años el mismo cuerpo, pero su esencia siempre escondida entre las sombras, la oscuridad perpetua, provocando que el odio por su contraparte se engrandezca cada vez más. Dicha situación ahora había terminado, y gracias a las fuerzas del ocaso había dejado de dividirlo todo con el ser que tanto detestaba, y con el que incluso había compartido su nombre; decidiendo así, bautizarse como el Guerrero de las Sombras, Dark Link.

Cabello platinado, piel pálida como la nieve, ojos carmesí como la sangre… el joven de la oscuridad disfrutaba de la dicha de haberse liberado del yugo de su contrario, a quien tuvo la dicha de acosar y martirizar en la pesadilla que juntos compartieron, la que para su gracia había sido lo que más había disfrutado debido al terror que le infundada. Se regocijaba macabramente en el pavor que le causaba, en los golpes que le propinaba, repitiendo una y otra vez cada una de sus agresiones, y algunos casos torturas emocionales. Sin embargo, en esas situaciones, siempre ocurría algo que lo inquietaba por completo. Su deleite era detenido cuando el héroe elegido se perdía entre los brazos de una joven rodeada por la luz.

La regente del reino se mantuvo presente desde el inicio de sus encuentros, sufriendo hasta más no poder por la agonía de su compañero, y recibiéndolo entre sus brazos cuando se hallaba derrotado. Como un ser único e independiente, por primera vez pudo analizar cada uno de los rasgos de la joven, hechizándose y encantándose por su magnífica belleza, por la palidez de su piel asemejada a la luna, y esas iris zarcas que, aunque reflejaban pureza sin fin, escondía dentro de las mismas la inmisericorde llama de la pasión y el gozo.

Dark Link lo había entendido, se había sometido por completo a la hermosura de la princesa, la que para su desgracia sólo tenía ojos para su odiado enemigo, abrazándolo y recibiéndolo entre sus brazos cuando padecía bajo su poder, y consolándolo en los momentos de terrible desesperación.

Deseaba con toda su alma que aquel lazo que habían formado desde el interior de sus pesadillas hubiera cesado, mas para su desagrado en el mundo real ocurrió lo contrario.

Desde las sombras, como un demente obsesionado, observó cada uno de los movimientos de la joven regente ahora que había retornado a su reconstruido palacio. Grababa en cada retazo de su mente la exquisitez de sus curvas, de aquellos pechos que deseaba degustar con angustiante enfermedad, y aquellas piernas que deseaba explorar para desfallecer descubriendo lo que había entre ellas.

Aquellos deseos mal sanos no eran otra cosa que las bajas pasiones causadas por su contraparte, quien sobreponiendo siempre su lado racional, lograba disiparlas para poner por sobre eso el encantamiento y la delicadeza.

Desde que los jóvenes elegidos despertaron de la horrorosa pesadilla a la que habían sido sometidos, se encargaron de sanarse cada uno las heridas de su alma gracias a la amistad que habían formado, inocente sentimiento que no duró mucho, dando paso a otro tipo de sentir. Con el paso de los meses el amor floreció en sus corazones, renaciendo de la misma manera en la que sus almas lo hacían por el sendero su destino. Por meses mantuvieron su secreto a los oídos del resto, guardándolo celosamente sólo para ellos, compartiendo escenas que ninguno de los dos se hubiera atrevido siquiera a mencionar, y siendo eso la enorme causa del odio desmedido de Dark Link por el héroe.

El Guerrero de las Sombras, durante todas las noches, escuchaba asfixiado y hastiado los ensordecedores gritos de los jóvenes amantes, quienes luego de meses de cariño y cortejo, no pudieron ignorar el llamado de sus cuerpos. Hasta ahora no se había atrevido a invadir la privacidad de ellos, pero con sólo sentir como el ambiente se perdía en los ardientes gemidos causados por las caricias placenteras, era el detonante para que su desmedido odio se acreciente.

¿Qué tenía aquel imbécil que no tuviera él? Logrando con unas empobrecidas caricias que semejante mujer se derrita entre sus brazos, que entre desesperados suspiros ruegue por recibir más de él, por gozar más, mientras que él le pedía todo lo que se le antojara, y en algunas ocasiones sometiéndola a sus anchas y merced, lo cual, por supuesto, era gustosamente complacido por ella.

Aquello le desagradaba hasta el punto de tornarse nauseabundo, deseando ser él el que haga perder la cabeza a la apasionada regente, demostrarle lo que es un verdadero hombre que pudiera complacerá hasta el cansancio, viril en todo sentido. Sin embargo, aquellas sensaciones no pudieron continuar su curso, sobre todo por lo que aconteció posterior a los íntimos encuentros de la joven pareja.

Embriagados por el amor que existía entre ellos, Link y Zelda decidieron comprometerse en matrimonio, manifestando sus enormes deseos de formar un hogar, y juntos gobernar y servir al reino que tanto amaban. Aquella unión fue vista con buenos ojos por la mayoría, pues no solamente la regente se iba a desposar con el héroe elegido por las Diosas, sino con el Caballero de la Corona de Hyrule, título que lo hacía poseer un rango nobiliario y que se había ganado gracias a sus méritos. La grandeza de Link le abrió las puertas a todo lo que había soñado, siendo lo principal compartir su vida con la mujer que amaba con locura.

La unión estaba predestinada para posteriores meses, mas eso no redujo la urgencia de los amantes de entregarse el uno al otro. Acciones que repetían todas las noches en los aposentos de cualquiera de los dos.


Aquella oscura noche, en la que el indeseable evento del compromiso había terminado, Dark Link se escabullía entre las sombras en obsesiva búsqueda de la mujer rodeada por la luz. Su desmedida furia por su futura unión aún seguía latente, fortaleciendo su odio hacia su enemigo, el que le había quitado independencia por milenios, y ahora le estaba arrebatando a la dama por la que se había encaprichado, a la que quería hacer suya al precio que sea, causando así sufrimiento y dolor en el joven héroe por arrebatarle lo que supuestamente le pertenecía.

Caminando por los pasillos, teniendo la oscuridad como su aliada, Dark Link llegó hasta el piso de los aposentos de la futura reina, quien para su desagrado se encontraba entre los brazos de su futuro esposo, quien la tenía arrinconada a la pared mientras perdía su rostro en el cuello de ella.

Se retorció de furia al ver como este palpaba su cuerpo, acariciando descaradamente a su amante y deteniéndose varias veces en sus pechos, besándolos, rozándolos y apretándolos con el fin de hacerla enloquecer, quien se esforzaba por no gemir más de la cuenta debido a lo expuestos que estaban.

Enfurecido, el ente oscuro observó la manera en la que se tocaban, como si su vida dependienta de ello, desgastando sus labios hasta empalidecerlos y rozando sus lenguas como unos sedientos desesperados.

Siguió observando aquella escena, excitándose con el rostro de gozo y seducción que hacía la princesa por las caricias recibidas, deseando que la tomen de una vez por todas y sus deseos sean complacidos. Entre los múltiples tocamientos que se dieron, la dama empezó a acariciar con deleite y maestría la dureza que nacía entre las piernas del joven, causando que este detenga sus acciones y se pierda en aquel mar de corrientazos placenteros. Zelda sólo miraba la reacción de su amado ante su atrevido roce, sabiendo que eso terminaría por desequilibrarlo en algún momento, sin embargo, no conforme con ello, tomó una de las manos de su amante para empezar a lamer y devorar cada uno de sus dedos, sabiendo que aquel acto enloquecía por completo a su hombre, quien entendía perfectamente el mensaje que estaba escondido detrás de tal atrevimiento… lo que ella deseaba hacerle con la lengua y con los dientes.

- Ven conmigo a la cama. – suplicó la dama, mostrándose urgida y dispuesta.

Aquella orden no necesitó ser repetida, pues a los pocos segundos Link trepó a su mujer en su cuerpo, haciendo que esta lo rodee con sus piernas, y se encerró en la soledad de sus aposentos. El joven estaba decidido a saciarse con ella hasta desfallecer por completo.

Enfurecido hasta los dientes, Dark Link se retorció ante la escena de la mujer de sus deseos y su enemigo encerrándose a retozar como unos desquiciados, lugar que deseaba sólo para él. Cómo lo odiaba al muy maldito por tener el privilegio de tener a la dama, deleitarse con el dulce y extasiaste néctar naciente de entre sus piernas.

- Bastardo infeliz… pero cuando menos lo esperes, morirás. – susurró enfurecido, apretando con fuerza sus dientes.

Ante tal decreto, Dark Link se escabulló entre las sombras de la habitación de los amantes, sin haberse percatado que el ambiente a su alrededor empezó a ser perfumado por el mas hechizante y mortal aroma de las rosas, esencia perteneciente a la criatura que desde hace tiempo se encantaba observándolo… deseándolo.


Comentarios finales:

Y bueno, este es el inicio de esta pequeña historia.

Lamento haberlos decepcionado si esperaban un lemon en este capítulo, pero no se preocupen, que en el siguiente si vendrá y con todo lo apasionado y desenfrenado que se pueda describir. Además, viene la aparición de la causante del perfume a rosas que hechiza el ambiente… lo que también hará con alguien más.

Muchas gracias a todos por haber leído, espero que este nuevo comienzo en la escritura haya valido y valga la pena.

¡Nos vemos en dos semanas! ^^