Capitulo XI

Kagome

Me despierto con un leve dolor de cabeza, había pasado parte de la noche dando vueltas en la cama, pensando en los sucesos que ocurrieron el día anterior. El día había comenzado con Sango quejándose de su resaca, seguido de un sin fin de correos que había tenido que responder. Leí sin inmutarme el correo de notificación de la fecha en la que sería el juicio de Sesshoumaru.

Solo faltaban un par de semanas antes de presentar el caso ante la corte. Y sin ningún tipo de declaración por parte de su cliente, lo más posible seria condenado por agravios mayores. Si podía hacer que Sesshoumaru confesara como habían trascurrido los hechos que lo había llevado a aquella disputa, podía hacer algo para disminuir de una forma considerable la sentencia. Ya que con lo único que contaba el caso era con la declaración hecha por Bankotsu, y sin ningún elemento con el que se podría defender, Sesshoumaru terminaría con todos los cargos presentados en su contra. Tal vez el juez podría reducir la sentencia si el señor Taisho ofrecía algún tipo de compensación para la disminución de los cargos, pero eso no sería de mi incumbencia. Así que había muy poco que hacer de su parte.

Y cuando parecía que el día no podía mejorar, un accidente con el panel eléctrico hizo que tuviéramos que desalojar el edificio. Oh si y; por último, el suceso en la sala con Sesshoumaru.

Llevo una mano a mi frente. Aun no puedo creer que esto me haya sucedido. Por un momento la sorpresa del momento no me había hecho actuar de inmediato. Mi pulso se había acelerado, mi mente se había puesto en blanco. Y por un segundo había deseado el contacto de sus labios con los míos. Para luego apartarlo de una bofetada.

Sabía que no era buena idea de que se quedara después de aquel incidente. Pero mi conciencia no me podría dejar dormir por las noches pensando en el peleando con aquel grupo de bandidos. Si no lo hubiera encontrado aquella primera noche en el parque, tal vez en este momento no tendría a nadie a quien defender.

Pode convencerlo en que se quedará solo el tiempo necesario para terminar con su caso. Y si las cosas seguían tal como hasta ahora, en poco tiempo iba a tener una cama disponible en prisión.

Lanzo un leve suspiro de resignación, tratando de pensar en otra cosa. Es sábado así que no tengo que ir a trabajar. No tenía nada que hacer, por lo menos en la mañana. Ya que había quedado de verme con Kouga después del medio día para ir al partido de beisbol, vendría por mí ya los estacionamientos escaseaban en este tipo de partidos.

Así que decido no salir de mi habitación por toda la mañana. Me distraigo por un tiempo leyendo un libro que llevo tiempo deseando leerlo. En un momento puedo sentir como mi estomago gruñe con fuerza, y aunque deseo ignorarlo, el hambre es más fuerte. Estoy segura de que todavía hay algo de comida china en el refrigerador, así que solo debo de salir de mi habitación el tiempo que me tarde en calentar la comida en el microondas.

Pero al dar solo unos pasos fuera me doy cuenta de que había sido una mala decisión, deseo dar la vuelta y regresar al refugio de mi habitación, pero aquello sería una cobardía. Sesshoumaru se encuentra sentado en el sofá, en el lugar donde sucedieron los hechos, solo logro ver su cabellera por la parte de atrás, al escuchar mis pasos gira la cabeza así mí.

― Buen día. ― dice mirándome unos instantes para luego mirar al frente.

Me acerco y puedo observar como tiene un gran número de pequeños tubos sobre la mesa de centro.

― ¿Qué es eso? ― pregunto.

― Son pintura acrílicas ― dice alzando uno para después acomodarlo en una pequeña caja de madera.

― ¿Pintas? ― pregunte y el asintió guardando los demás tubos.

Sin poder evitarlo y guiada por la curiosidad tomé un cuaderno que se encontraba sobre la mesa y; sentándome en una esquina del sofá, lo abrí encontrándome con unos dibujos hecho con lápiz, y otros con trazos a color. Algunos de ellos eran paisaje con montañas, arboles, flores ya aves dibujados a mano. Repase cada uno de ellos, tomándome el suficiente tiempo para admirar cada detalle y la pasión mostrada en cada uno de los trazos.

― Son muy buenos ― alzo apena la vista del cuaderno, y noto que el me mira fijamente con una expresión que no le había visto antes. Sigo mirando consiente en que él se encuentra atento a cada uno de mis gestos.

Cada una de las hojas muestran una cosa diferente, paisajes, atardeceres, personas del diversas edades y expresiones. Pero hay un rostro que se repite una y otra vez. El rostro sonriente de una joven, de cabello largo y oscuro.

― ¿Quién es ella?

El alza la vista hacia la persona que señalo, frunce el ceño y me arrebata el cuaderno de las manos con brusquedad cerrándolo y guardándolo en su mochila.

― No es nadie. ― dice con el rostro ensombrecido.

Pero por su cambio denota que es alguien importante para él. Pero eso no es de mi incumbencia. Suspiro ruidosamente, resignándome a sus charlas silenciosas.

― Vale. ― me dirijo a la cocina y tomo las sobras de comida china, y la meto en el microondas, decidida a llevar acabo mi plan inicial.

― ¿En verdad te vas a comer eso? ― dice desde la sala mirándome con una ceja alzada.

― ¿Qué tiene de malo? ― le digo.

― No puedes recalentar la comida china, tiene un alto contenido de sodio.

Resoplo con molestia. ¡Por todos los cielos! ¿Cómo puedo ser reprendida por un muchachito? Saco la comida del microondas y la echo con pesar a la basura.

― Bien, ¿Alguna cosa más señor? ― Lo miro alzando una ceja.

El frunce el ceño por un instante para luego sonreír levemente.

― Preparare algo.

Me hago a un lado mientras se dirige a abrir el refrigerador. Se inclina para meter sacar algo, y puedo ver como se marcan los músculos del brazo que sostienen la puerta. Entonces recuerdo las palabras de Sango, y no puedo creer que lo esté viendo de esa manera. Desvió la mirada, tratando de concentrándome en otra cosa. Me entretengo mirando algunas facturas del mes, pero sin evitarlo mi vista se dirige de vez en admirar la forma en la que se mueve por la cocina. Sus movimientos son como los de un felino, agiles, elegantes e hipnotizantes.

En un momento dirige la mirada hacia mí dándose cuenta de que lo estoy mirando. No puedo evitar sonrojarme casi al instante, me mira con una ceja burlona levantada. Bajo la vista en las facturas en mis manos, fingiendo concentrarme. Pero solo puedo ver de reojo como su vista no se aparta de mí, cuando al fin lo hace para concentrarse en lo que sea que esté haciendo.

― El desayuno está listo. ― dice sosteniendo dos platos.

Retiro las facturas cuando se inclina para colocar uno enfrente de mí.

― Gracias.

El vuelve a dirigirse a la cocina y sirve dos tazas de café, para luego tomar asiento enfrente de mí.

Me concentro en comer los huevos revueltos que preparo. Tienen muy buena pinta, y saben aún mejor de lo que imagine. ¿Cómo era posible que unos simples huevos pudieran saber tan bien?

― Tienes un don para la cocina. ― le digo una vez que he terminado.

― No creo que sea para tanto. ― dice encogiéndose de hombros restando importancia.

― No, en verdad que tienes talento. Tal vez deberías de pensar en dedicarte a esto. Si lo piensas un poco es una forma de arte. ―

Alzo la vista hacia, pareció pensarlo por unos segundos y asintió levemente para luego levantarse y tomar los platos. Yo lo hice unos minutos después, cuando el terminada de limpiar la cocina. Decidida a volver a la seguridad de mi habitación, di un par de pasos antes de escucharlo.

― La despensa está comenzando a terminarse.

― Esta bien ― digo deteniéndome.

Voy en busca de mi bolso y después de sacar algunos billetes regreso a la cocina.

― ¿Puedes ir tu solo? Tengo un compromiso en un rato más, así que no llegare a comer. ― le pregunto dejando el dinero sobre la mesa, el asiente con los labios apretados.

Y sin esperar otra respuesta me dirijo a mi habitación, miro el reloj y tengo tiempo de sobra así que decido retomar la lectura. En un momento pude escucharlo el sonido de la puerta de la entrada, anunciando de que había salido.

No soy consciente del tiempo que trascurre, hasta el momento de mirar una vez más el reloj. Debería de darme prisa antes de que Kouga pase por mí para ir al partido.

Demoro más tiempo de lo normal para elegir ropa. Amaba llevar traje al trabajo, ya que era bastante fácil solamente vestir un conjunto. Ya que era un desastre combinar piezas sueltas. Era una fortuna tener una amiga como Sango, ella siempre sabía cómo vestir para cada ocasión.

Descarto la idea de vestir con falda, así que elijo unos jeans y una blusa de cuadros azul de manga larga casual pero no demasiado informal. Miro mi teléfono al escuchar un mensaje. Es Kouga avisando que se encuentra cerca del edificio, así que me apresuro a colocar mi bolso en el hombro. Al instante me doy cuenta de que después de la vez que escuche a Sesshoumaru salir, no lo había escuchado volver. Miro el reloj y calculo unas tres horas desde entonces. La tienda solo está a unas calles, así que por lo mucho solo debía de tardar una hora.

La idea de que tal vez había decidido marcharse con el dinero de los alimentos, se cruza por mi mente. Pero decido no pensar o preocuparme por él, hasta mi regreso.

Kouga se encontraba estacionado enfrente del edificio cuando salgo. Cuando entro a su auto, me sorprende en el momento que se inclina para darme un beso en la mejilla en forma de saludo.

― ¿Lista? ― pregunta ofreciéndome una gorra con el escudo de su equipo. El lleva ya puesta una idéntica.

― Lista ― respondí colocando mi cabello a un lado antes de ponerme la gorra.

Me agrada comprobar que mi atuendo es acorde a la situación, ya que Kouga igual lleva unos jeans y una camisa del equipo. Como lo había anticipado, nos tomó cerca de media hora para encontrar un lugar para estacionarnos. Por lo que tuvimos que caminar hasta llegar a la entrada del estadio de beisbol. El lugar se encuentra repleto, así que era necesario hacer fila antes de ingresar. Kouga hablaba emocionado de los jugadores que estarían en el partido, lo escuchaba atentamente, haciendo preguntas de vez en cuando. Las cuales no tardaba en responder con el mismo entusiasmo. Este partido era la clave para pasar a la semi final del campeonato, por esos la importancia de este.

En un momento alguien paso a mi lado, empujándome a un lado haciéndome tambalear. Kouga con rapidez sostuvo mis hombros atrayéndome hacia el para evitar que cayera.

― ¡Hey! ¡Ten cuidado! ― le dijo al tipo. El cual si lo escucho decidió ignorarlo.

― ¿Esta bien? ― pregunto dirigiéndose a mí.

Con el corazón acelerado, debido a la cercanía de nuestros cuerpos, solo atine a asentir. El comienza una vez más a hablar del partido, y mientras lo hace no retira su brazo de mis hombros.

Entramos una vez que nuestros boletos son revisados. Nos dirigimos al encuentro de nuestros lugares, mientras que caminamos entre el mar de gente Kouga sostiene mi mano con firmeza, pero con sutileza guiándome en el camino.

― Estos son ― dice cuando llegamos al fin.

El partido comenzó un tiempo más tarde. Era agradable conversar con Kouga fuera del trabajo. Era fácil hablar con él, siempre tenía un tema diferente de cual hablar. Cuando el partido comenzó, el brillo en sus ojos se hizo mayor, y era un espectáculo poder admirar la energía con la que apoyaba a su equipo. En el tiempo libre, compramos unos perros calientes. El rio cuando mi rostro se manchó de salsa cátsup, el cual lo limpio con suavidad con una servilleta. Mi cuerpo se tensó por un momento, y sin evitarlo recordé la noche anterior en la que Sesshoumaru había hecho un gesto similar.

― Gra… gracias ― le dije desviando por un momento la vista.

Pensando que tal vez Kouga intentara hacer lo mismo que Sesshoumaru, pero el volvió a sonreír y siguió comiendo su perro caliente. No Kouga no se atrevería a hacer algo así.

El partido vuelve a comenzar, y me entusiasmo gritando en apoyo del equipo. Nunca había pensado que el beisbol me resultara entretenido, pero así había sido. Cuando el marcador termino en favor a nuestro equipo los aplausos y gritos de alegría de los seguidores del equipo ganador y abucheos por parte del otro equipo no se hicieron esperar.

― ¡Bien equipo! ― grito Kouga, alzando una mano en puño.

La salida fue igual o más demorada que la entrada, sin hablar del tráfico al salir. Decidimos parar en un lugar para comer. Llegamos a un pequeño restaurante, el cual se encontraba relativamente vacío. Por lo que se podía conversar plácidamente.

― Bien entonces ¿Que me dice de volver a ver al equipo en el próximo partido?

No tardó en responder que me agradaría hacerlo. La conversación siguió aun después de terminados nuestros platillos, no fue consciente del tiempo que paso hasta que el local tuvo la necesidad de prender la luces.

― ¿Nos vamos? ― me pregunta a lo que yo asiento mirando el reloj.

Me lleva hasta mi departamento, y decide seguirme decidido a comprobar que había llegado a casa a salvo. Me debato en lo que es lo que se espera que haga. Si debiera de invitarlo a pasar, o despedirme del desde afuera. Pero mi discusión interna es respondida cuando Kouga se despide desde la entrada.

― Entonces nos vemos en el trabajo. ― dice con las manos en los bolsillos.

Y sin más me estiro para colocar un beso en su mejilla.

― Muchas gracias por todo Kouga.

― Si, por…por nada.

No trata de ocultar el sonrojo, y me gusta que no lo haga. Sonríe levemente y lleva una mano a mi cintura, y sé que me va a besar. Cierro los ojos cuando él acerca su rostro dirigiéndose a mis labios.

Pero el sonido de la puerta al abrirse hace que me aleje de inmediato. Dando un paso hacia atrás por la sorpresa, casi al instante aparece Sesshoumaru con el cabello revuelto mirándome fijamente por un instante, para luego dirigir su vista a Kouga al hacerlo frunce las cejas con visible molestia.

¿Pero quién se creía para mirar de esa forma? El rostro de Kouga se ve visiblemente afectado por la inesperada aparición, puedo ver como su semblante se ha puesto pálido de repente.

― Kouga ― comienzo a decir.

― Yo…ya me iba. ― dice levantando los hombros y bajando la vista al piso.

― Kouga, ¡Espera! ― le dijo cuando comienza a alejarse.

Deseo seguirlo. Puedo adivinar los pensamientos que tuvo al encontrarse frente a frente a Sesshoumaru, y quiero aclararle la situación. Pero en vez de eso, mi vista se dirige al muchacho que mira con una ceja levantada mirándome con a una niña que ha hecho algo mal. ¿En verdad, se atreve a mirarme a mí de esa forma?

― ¿Por qué apareciste de esa forma? ― le recrimino alzando el tono de mi voz.

― Escuché ruidos, y como no entrabas pensé que algo malo sucedía. ― dice sin borrar aquel gesto de su rostro.

― No era necesario. ― le digo con una mueca de fastidio, entro al departamento.

― Ya lo veo. ― resopla con cierta burla. Cierra la puerta, aparece cuando abro el refrigerados en búsqueda de una botella de agua, la cual me apresuro a beber.

― No lo habría hecho si hubiera sabido que estaban a punto de besarse. ― por un momento me atraganto con el agua, al escucharlo.

Toso fuertemente y cuando dejo de hacerlo lo miro fijamente con los ojos entrecerrados. Decido no hacer ningún comentario. Cierro la botella y vuelvo a guardarla, camino firmemente hacia mi habitación, decidida a ignorarlo. Cuando paso cerca de él, se gira indignado de que me encuentre ignorándolo.

― Así que ¿ Ese es el tipo de hombres que te gustan?

Me giro incrédula, sin poder creer lo que estoy escuchando.

― ¿Qué?

El da un paso hacia mí, y puedo ver su rostro enrojecido y sus ojos encendidos.

― Los tipos con apariencia de esnob.

― Kouga no es ningún esnob ― atino a decir, defendiendo a Kouga.

― ¿Es tu novio? ― me pregunta después de un breve silencio.

― No puedo creer que estemos teniendo esta conversación. ― cuzo las manos sobre él pecho y lo enfrento ― ¿Qué te importaría eso a ti? Solo eres solo un niño con visibles problemas de temperamento.

― No soy ningún niño. ― cruza los brazos sobre su pecho, mirándome con una sonrisa la cual no llega a su rostro enfurecido.

― Claro que lo eres. Solo tienes diecinueve años, con aires de tener todos los problemas del mundo en tu espalda.

― ¿Tú qué sabes de problemas? Egresada con calificación perfecta de las mejores universidades del país. Trabajando en exitosos bufets de abogados, tu único problema es que se te rompa alguna de tus uñas. ― dice ya no tratándose de controlar, con un tono molesto.

― ¿Y tú qué sabes de todos los esfuerzos que realice para obtener todo eso? ― le recrimino fuera de mí ― Eres solo un niñito rico, el cual busca la atención de sus padres metiéndose con tipos malos.

― No me vuelvas a llamar "niño". ― dice y baja los brazos y su rostro se vuelve de piedra, respirando de forma entre cortada y furiosa.

― ¿O qué? ― le cuestiono con una ceja levantada.

Frunce el ceño, mirándome fijamente.

― O tendré que demostrarte que no lo soy.

Me tenso por un momento, pero me relajo enseguida. ¿En verdad este crio cree que puede amenazarme

― Aunque no lo quieras aceptar, no eres más que un niño arrogante y mimado. ― le grito fuera de mí.

Me mira en silencio, antes de decir.

― Te lo advertí.

Su fuerte figura se acerca a mí, y de forma inconsciente doy un paso hacia atrás encontrándome con la pared. Por un momento tengo miedo de lo que podría hacerme. Pone su cuerpo sobre el mío. Es mucho más alto que yo, y corpulento. Pongo las manos sobre su pecho tratando de alejarlo, pero no se mueve ni un centímetro. Así que con las manos en puño lo golpe repetidamente. Y de forma brusca toma mis manos y las lleva sobre mi cabeza, deteniéndolas contra la pared.

― ¡Bruto! ― replico tratando de soltarme de su agarre.

Lucho con todas mis fuerzas para separarme de él. Pero me tiene presa entre la pared y su cuerpo. El me mira fijamente, sonriendo con satisfacción de los esfuerzos que hago por alejarlo. Levanto una rodilla, dispuesta a golpearlo donde más le duele. Pero debe de darse cuenta de mis intenciones así que coloca una de sus piernas para impedir que lo golpe.

― No, no, no ― dice negando lentamente con la cabeza.

En un momento aparta una de sus manos, sujetándome con solo una. Lucho tratando de soltarme, pero a pesar de ello su fuerza es mayor. Me detengo al sentir su mano recorriéndome el rostro, siento mi respiración agitada por el forcejeo, ya que de ninguna manera podría ser por su cercanía.

También él se encuentra respira de forma acelerada. Sus ojos recorren mi rostro y se detienen en mis labios y lentamente los acaricia con él. En ese momento todas las fuerzas de mi cuerpo me abandonan, quedándome helada. Y sin más, acerca sus labios a los míos, besándome con ímpetu.

No lo respondo. Una parte de mí se resiste, pero un instinto más profundo quiera hacerlo. Luego de unos momentos, incapaz de controlas mis propios deseos. Lo beso. Al principio vacilante y después con creciente deseo. Decidida a enfrentarme con mi parte racional más tarde.

¡Solo es un chico! Gritaba mi mente. Estaba mal, y lo sabía. Pero por todos los cielos, sí que sabía besar. Podía sentir la dureza de sus músculos de su cuerpo, y por un momento me sumergí en el disfrute de aquellas sensaciones.

En el momento que libera mis manos, en vez de empujarlo llevo mis brazos hacia su cuello, acercándolo más a mí. Era solo un beso, ¿Qué era un beso? Nada. Pero era un beso que podía olvidar cualquier otro beso porque ningún otro hombre me había hecho sentir aturdida y extasiada.

Puede escuchar una leve risa escapa de la garganta de Sesshoumaru. Apartándose por un momento, pude ver sus ojos levemente enrojecidos para luego seguir besándome, deslizando los labios por mi cuello.

Cerré los ojos dejándome llevar, podía sentir el nucleo de mi cuerpo vibrante. Pero la realidad me llego de golpe, cuando sentí recorriendo sobre mi piel su mano por debajo en mi camisa. Mi limite se acababa en ese punto. Me aparte rápidamente, esta vez Sesshoumaru no opuso resistencia. Respiraba con dificultad, mientras me miraba fijamente con sus ojos en cedidos de deseo. Lentamente dio un paso hacia mí, e instintivamente di un paso hacia atrás, y luego otro. Lo mire por unos segundos antes de dar la vuelta y caminar hasta llegar a mi habitación.

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Hola, otra vez por aquí. No se ustedes, pero yo ame a Kouga en este capítulo, tenia ganas de decir "Chicas olvidemos a Sesshy y quedémonos con Kouga". La acción esta sucediendo un poco más rápido. Me fascina escribir esta historia, a pesar de que son muy pocos los que la siguen. Pero no me dejo desanimar por ello y estoy decidida a seguir por las que lo hacen y por el gusto que me da hacerlo. Muchas a gracias por seguir aquí leyendo y dejando sus mensajes de apoyo. Nos leemos pronto. Saludos