Esperanzas tardías


IV

Es la hora sin sombra, pero la mía pesa más que nunca sobre mis hombros. Intento no pensar en ello, a veces desearía la frescura de Scorpius. O su frialdad, para ser más exactos.

—¿Otra vez pensando en eso? —Me pregunta.

Doy un brinco de sorpresa. No debería tener este trozo de pergamino sobre mi escritorio.

—Te aseguro que nadie se enteraría —susurro tras echar una ojeada a mi alrededor.

—Inviable —se limita a responder.

—¡Es más que viable! La he seguido todos estos días, conozco su rutina. Encontraría cualquier excusa para tropezarme con ella y le dejaría el pergamino. Podríamos completar la operación, sin tu parte.

—Al, creo que sigues sin entender la magnitud de nuestro movimiento. En cierto punto, todos tendremos que hacer un sacrificio. Ha llegado mi turno y debo cumplirlo por el Bien Mayor, ¿recuerdas?

—Sí, lo sé. Pero creo que tu sacrificio no es… necesario. Podemos actuar de cualquier modo.

—¿Quieres que te ayude cuando llegue tu turno? ¿Es eso?

—¡No, es sólo que…! —Scorpius me advierte con un gesto que baje la voz— ¡…podemos evitarlo! —Grito en susurros.

—No pienses como tu padre, ya sabes los errores que has cometido al actuar de ese modo —me aconseja, aunque su mirada cínica despierta mi rabia.

—Si pensara como mi padre estaría en mi casa con una sonrisa de idiota, feliz de vivir escondido como una rata, sin preocuparme del peligro que nos acecha. Te equivocas al creer que no entiendo nuestro movimiento, pero…

—… tienes miedo. Después de todo, eres un Potter —escupe.

Lo miro incrédulo, intento contener las lágrimas de furia que amenazan con salir.

—¿No entiendes que te harán matar a Astoria? —Le grito más fuerte de lo que debería.

De inmediato me arrepiento, intento enmendar mis palabras pero es imposible hacerlo.

—¿De dónde sacaste eso? —Pregunta con la voz seca. Ha desviado su mirada.

—Lo escuché anoche. Debía reclamar los alimentos para nuestra célula, me Aparecí en el lugar acordado antes de tiempo y encontré a dos jefes hablando del asunto.

—¿Te vieron? —Sisea. Sigue sin mirarme.

—¿Qué? No, no creo.

—Piensa bien. —Apunta a mis ojos una mirada sombría.

—No me vieron llegar. Pasaban muchos magos por ese callejón y tuve que hablarles para hacer notar mi presencia.

—Bien. Entonces guarda eso y no le des más vueltas —responde Scorpius, cortante.

Antes de que pueda reclamarle, me ha dejado solo en la habitación. Observo el hueco por donde salió sin creerlo ni entender su respuesta. Me quedo pasmado por varios segundos. Cuando bajo mis ojos al pergamino, encuentro su letra en él. Debió usar magia no-verbal.

‹‹Haz lo que puedas. Por favor››, alcanzo a leer. Unos segundos después, el mensaje se ha ido.

Finjo arrugar el pergamino, lo doblo en dos y lo deslizo bajo mi manga. Simulo botarlo en el cesto de basura, sólo por si Scor notó algo sospechoso y hay un vigilante observándome.

Exclamo en voz alta que debo reclamar unos alimentos, salgo con paso lento y seguro por la puerta principal. Luego de caminar un tramo, me Aparezco en un callejón del Londres muggle.

Extraigo una botella del bolsillo de mi pantalón. Degusto el sabor amargo y la guardo de nuevo. No necesito cambiar de ropas, el joven del que tomé el cabello es convenientemente de mi misma contextura. El plan es viable, como lo prometí.

Me sobra tiempo, camino sin prisa hasta el callejón que transita Lovegood todos los días. Me distraigo viendo la gente pasar, a lo lejos observo a una rubia que no sabe camuflarse entre los muggles.

Me acerco a ella. En ese momento, reconozco a un hombre unos metros más allá de la chica. Finjo caminar con naturalidad. Nadie conoce este cuerpo, de eso me aseguré.

Pero me han seguido, otras dos personas se unen al hombre y se precipitan hacia mí. Corro en la dirección contraria, tropiezo con Lovegood y quedo prendado a su vestido. Logro deslizar la nota a su sombrero pero sigo atrapado. Los hombres se acercan más, me alejo desesperado sin importarme que se desgarren mis ropas.

Siento su respiración en mi nuca, imagino desde ahora al rayo mortal chocando con mi cuerpo. Creen que soy un traidor y tal vez lo sea. Sólo espero que Luna logre detener lo que arruinaría la vida de Scorpius.