¡Holis! Les dejo esta pequeña entrega para que vayan entrando en situación :3 Subiré lo que resta de la historia a medida que vaya escribiendo, el próximo capítulo será el último y les prometo que será más largo.

Espero que lo disfruten y desde ya, agradezco sus comentarios :)

Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling.


II

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Hermione no tardó en darse cuenta de que alguien iba tras ella.

La entrada del Ministerio de la Magia era un ajetreo constante, sobre todo a esa hora de la mañana cuando todos los magos y brujas se presentaban a cumplir con su trabajo.

Se metió la mano con disimulo dentro de la túnica que llevaba puesta y apretó con fuerza su varita, nunca se estaba completamente seguro en un lugar atiborrado de magos. No obstante se le ocurrió que quien estuviera siguiéndola podía ser Ron, tan tozudo e insistente en sus sentimientos que no hubiera podido aguantarse ni una hora separados. Se relajó y cuando llegó a los ascensores se volvió de golpe para encarar al perseguidor.

Su sorpresa fue tal que el rostro casi se le puso pálido.

–Malfoy –resopló.

No esperaba encontrarse con un rostro conocido exceptuando el de Ronald. Nunca se hubiera imaginado que alguien como Draco Malfoy estuviera persiguiéndola a primera hora del día y en pleno Ministerio de la Magia. El asombro no le permitió pensar demasiado, tampoco él.

–Granger… –soltó él y avanzó hacia ella con un ímpetu reticente–. Necesito hablar contigo.

Y seguían las sorpresas. Draco Malfoy necesitando algo de ella. Las puertas del ascensor se cerraron a sus espaldas y Hermione recobró el aliento.

–¿Perdón? –susurró–. ¿Eres Draco Malfoy? Quiero decir, que tú…

Draco se amilanó por un momento, abatido de súbito por una oleada de inseguridad. Él no tenía nada que ver con esa joven, además los dos ya eran adultos y sabía que no podía enfrentarla con el resquemor de los años anteriores. Le latía que esta vez sería verdaderamente imprudente.

También recordó cómo había presenciado el momento en que su tía la torturaba. Un abrumador sentimiento de incomodidad lo sobrecogió pero prosiguió, bastante agitado.

–Escucha… No te robaré más de un minuto… Mira, a mí tampoco me agrada este encuentro pero… Sólo tú puedes ayudarme. –Cuando reparó en la expresión lacónica de su rostro, todavía pálido, Draco vaciló, sin embargo comenzó a tranquilizarse y buscó con un ahínco desconocido los ojos de Hermione–. No sé qué estarás pensando exactamente sobre mí, Granger, créeme que me está fastidiando pero necesito que me oigas.

Las pestañas de Hermione se estremecieron, sus oídos no daban crédito a lo que oían. La joven parpadeó encogiéndose de hombros, buscando una respuesta para el perseguidor inesperado, y pronto recordó con brusquedad cierta información que se avenía perfectamente al lance.

De hecho, era información de suma relevancia como para pasarla por alto. Ningún empleado del Ministerio de la Magia podía soslayar ese tipo de noticias, mucho menos ella, que se encontraba a la puerta de un ascenso al Departamento de Seguridad Mágica, donde se procesaban las leyes del mundo mágico.

Hermione no necesitó oír más para comprender de qué iba aquello.

–Sé a qué te refieres. Está en todos los periódicos –espetó. Draco la miró con aprehensión–. Bueno, naturalmente hay muchas cosas que podría hacer para ayudarte, Malfoy, eso está claro.

–Trabajas aquí –el joven recordó y lo dijo más bien para sí–. Debes tener privilegios...

Hermione sintió su mirada, apremiante, engullirla. Un golpe de calor la sofocó y por alguna razón Hermione imaginó la marca que Draco llevaba tapada en el brazo. Por supuesto que no le tenía miedo, después de todo había constatado muchas veces que Draco Malfoy era simplemente un bravucón y un cobarde, pero algo en la forma en que él la miraba la perturbó, o tal vez estuviera empezando a recordar momentos angustiantes…

No dejó que aquella turbación la embotara.

–Los tengo –respondió procurando solidez–. Pero no tengo ninguna obligación para contigo. ¿Sabes qué, Malfoy? En realidad me das lástima. Creo que eres perfectamente capaz de hacer algo noble por tu familia, si no fuera por tu padre.

¿Esas palabras salieron de su boca? ¿Hermione Granger creía que Draco Malfoy poseía algún tipo de bondad?

Oh, sí, lo creía. Era simple intuición pero lo creía. Si no, ¿de qué otra manera estaría él buscándola, buscándola a ella, para decirle que necesitaba su ayuda? Su familia estaba en problemas y él había decidido obrar por el lado justo, eso era mucho decir viniendo de Draco Malfoy.

El rostro del joven se crispó de indignación.

–No te metas con…

–Mira, Malfoy –Hermione lo cortó–, no estoy en contra de que se reabran las causas en contra de los Mortífagos, han perpetrado demasiado daño en la comunidad… Sin embargo, si he de ser honesta… –vaciló, un tanto indecisa. Además, no le gustaba la idea de que alguien pudiera verla charlando allí con él, todos los concurrentes del edificio estaban al tanto–. Bueno –Hermione se acomodó el bolso en el hombro y se encaramó hacia el ascensor–, podemos discutirlo en mi oficina, aún faltan dos horas para que comience mi horario de trabajo.

A Draco no lo sorprendió tanto la inusitada cortesía de Hermione Granger para con él como que llegara a trabajar con dos horas de antelación. Sin duda había cosas que no cambiaban, aquella idea lo distrajo un poco, porque empezó a recordar cuán molesto era que ella fuera la primera y la mejor en todo cuando cursaban asignaturas juntos en Hogwarts.

Consintió con un deje de indiferencia y entraron juntos al ascensor. Fue, para los dos, el viaje en ascensor más tedioso que pudieran haber soportado.