Monsterhunters

por Writer65

Primera Parte

Una Extraña Cosa en el Desagüe.

1

Si en algo estaba pensando Hipo Abadejo Tercero cuando sonó el reloj despertador colocado en la mesa que estaba al lado de su cama era:

"Joder"

Y es que no era ya malo que ese día fuera Lunes por la mañana, o no, sino que casualmente ese día también era el inicio de un nuevo año escolar, lo que significaba más tiempo atrapado en casilleros, tener la cara metida en un escusado, soportar las burlas (y golpes) de Patán y compañía.

Los que decían que la familia era importante y que siempre estaba unida, era porque no tenían un familiar como Patán; y es que a pesar del hecho de que eran primos, Patán sentía un gran placer y una gran satisfacción al momento de molestar a Hipo, así había sido desde el primer año de escuela y aunque Patán no se metía con el tan seguido cuando sus padres se visitaban, siempre le daba un golpe en la cabeza o un pellizco cuando nadie estaba viendo.

Hipo debería tratar de hablar con su padre o con su tío, pero sabía que eso era historia perdida, pues para ojos de su padre, Patán era el hijo que nunca había tenido, fuerte, fornido, con pinta de héroe griego, Patán era la viva imagen de lo que Hipo debería ser, o al menos lo que su padre quería que fuera.

A Estoico (su padre) no le importaba que su hijo terminara cada semestre con honores, o que sus notas fueran las más altas de la clase, o que hubiera ganado el concurso de ciencias anual por tres años seguidos, no, al parecer a Estoico solo le preocupaba que su hijo no desarrollaba musculo, que era el peor alumno que el maestro Ávila (el de deportes) hubiera visto en su vida, en sus propias palabras Hipo era una niñita para su papa; desde el hecho de que lloraba cada vez que lo llevaban a cazar hasta los pasatiempos del joven, como leer, escribir, dibujar o simplemente estar contemplando la belleza del mundo a su alrededor.

Eso para Estoico era cosa de mariquitas.

En cambio sí practicabas el bullying en la escuela era una muestra de tu superioridad y de tu fuerza.

Hipo lentamente se puso de pie y se estiro antes de volverse a sentar en la cama, se tapó con el cobertor de color rojo y cerro sus ojos.

"No quiero ir a la escuela, hoy no por favor" si la secundaria había sido mala, ¿Cómo sería la Preparatoria?

Apenas había logrado sobrevivir tres años en El Instituto Santa Lucía de Berk, sin ningún amigo y pasándose sus ratos libres leyendo u escondiéndose de Patán y sus amigos.

Un gran golpeteo se escuchó en la puerta de su cuarto seguido por la voz de Estoico.

-¡Hipo apresúrate o vas a perder el autobús!

-Caminaré-respondió Hipo poniéndose la almohada sobre la cabeza.

Pudo escuchar un gruñido del otro lado de la puerta y luego pisadas alejándose, este era un perfecto ejemplo de cuan complicada era la relación entre estos dos.

Hipo espero hasta que dejo de escuchar las pisadas y luego se levantó, sabía que no quería ir a la escuela, pero también sabía que no tenía opción, camino hasta su armario y tomo su ropa, una camisa verde pasto, una sudadera café, pantalones azules y tenis de color gris. Tomo la mochila que estaba en el suelo, al lado de la puerta (ya había guardado todo lo que necesitaba anoche) y salió de su cuarto.

Bajo las escaleras y luego fue al comedor donde se encontró con su papa sentado en una de las sillas amarillas que rodeaban la pequeña mesa circular de color amarillo, estaba leyendo el periódico local, enfrente de él había un plato pequeño con una rosquilla a medio comer y una taza de café.

La cocina no era la gran cosa, era algo pequeña, en las paredes estaban los estantes que tenían los platos y vasos que utilizaban, abajo estaba el fregadero y debajo estaban los cajones con los cubiertos; las paredes eran de color blanco y el azulillo que rodeaba a los cajones era de color azul fuerte. A un lado estaba el refrigerador y el horno de microondas estaba al lado del fregadero.

Hipo saco del refrigerador una jarra de leche y luego tomo un vaso, se sentó, se sirvió y tomo una rosquilla de la caja que estaba en el medio de la mesa, luego comenzó a comérsela en silencio. No le dirigió la palabra a su padre en un buen rato.

-Las elecciones se acercan-dijo Hipo para tratar de romper el hielo.

-Lo sé-contesto su padre sin mirarlo.

-¿Nervioso?

-Claro que no-Estoico-Llevo al mando de este pueblo desde su fundación y no pienso soltar el timón.

Oh si, había olvidado por completo comentarles que el padre de Hipo era nada más y nada menos que el alcalde de Berk, como él había dicho, desde su fundación, también había contraído matrimonio con Valka, la madre de Hipo, hace veinte años, antes de que muriera por culpa del cáncer cuando Hipo tenía ocho años…

A ninguno de los dos les gustaba hablar de eso ya que era muy doloroso, Estoico había perdido a la mujer que amaba, e Hipo a su mejor amiga, no solo a su mama que lo cuidaba todo el día, a la que no solo veía por el pequeño, no solo su compañera de juegos y su amiga, no solo su protectora y cuidadora, no solo ella que con una simple sonrisa podía calmar la tormenta que se desataba en Hipo cada vez que lo molestaban.

No, solo ella entendía a Hipo.

El joven negó con la cabeza, ya habían pasado siete años desde que su mama falleciera y se había decidido a no seguir atormentándose por eso, logro evitar que el recuerdo de su madre se filtrara a su mente, delgada, con la piel clara, ojos verdes y hermoso cabello castaño, una verdadera belleza, de niño Hipo pensaba que su mama era la mujer más hermosa del mundo.

Hipo no se parecía nada a ella; pálido, flacucho, con la cara llena de pecas, ojos verdes, cabello café, y aunque las características que acabo de describir parecerían coincidir con las de Valka, la verdad es que Hipo no veía ningún parentesco con su madre, tal vez porque no quería, tal vez porque no podía.

Estoico termino la rosquilla de un mordisco y luego el café de un sorbo, se puso de pie y tomo su saco que estaba colgando de la silla, vestía un traje elegante de color negro.

-Bueno vámonos.

Hipo levanto la mirada.

-¿Qué?

-Año nuevo, debo conducir la ceremonia de apertura, ¿Lo recuerdas?

-Oh-Hipo había olvidado que su padre siempre inauguraba el nuevo año escolar-¿Y lo del autobús?

-Era para que te apresuraras.

Su padre se ajustó la camisa y salió de la cocina, Hipo se recostó en la silla y suspiro antes de mirar al techo. No solo era ya malo empezar el año, sino que era pésimo que tu papa te llevara a la escuela y diera un discurso de lo fantástico que sería el año, aunque por suerte en la escuela nadie sabía que Hipo era hijo del alcalde del pueblo, ¿Por qué?

Porque ellos no se parecían en nada, Estoico era alto, fuerte, con una larga barba anaranjada que le cubría de la barbilla al pecho, su presencia imponía poder y todos lo llamaban "El vasto" Decían que le podía arrancar la cabeza del cuerpo a un oso, e Hipo lo creía.

Hipo jamás podría ser como él.

Entre suspiros y miradas a la nada, Hipo se puso de pie y acompaño a su padre a la gran camioneta negra que estaba estacionada afuera de su casa, a pesar de tener una cochera, su padre siempre la dejaba afuera pues nadie, nadie, se atrevía a robarle a El Vasto.

Hipo se subió a la camioneta mientras su padre cerraba la puerta, se puso el cinturón de seguridad y miro por la ventana; su pesadilla estaba a punto de comenzar.

Estoico camino hasta la camioneta y luego se subió en ella, la encendió y el cacharro comenzó a moverse en dirección a la Institución, Hipo no dejo de ver por la ventana, así como en ningún momento se fijó en la alcantarilla que estaba por debajo de la banqueta, de donde salía un extraño humo de color blanco, como si hubiera alguien, algo, allá abajo; esperando por ser libre.