Disclaimer: How to train your dragon no me pertenece, es propiedad intelectual de Cressida Cowell y DreamWorks.

Advertencias: OoC leve. OC. Crack pairing. Lenguaje fuerte. Muertes de personajes canon.

Pareja: Ruffnut Thorston/Hiccup Horrendous Haddock III.

Referencia (sin seguir formato APA porque soy rebelde): La Saga Synchronicity es una trilogía hecha por Hitoshizuku-P, e ilustrada por Suzunosuke, la historia fue escrita por Kumagai.

¡Hola de nuevo! Tengo que terminar este fanfic para poder concentrarme en otros proyectos. Me genera una ansiedad tremenda tener tantos proyectos abiertos, así que debo acabarlo para dedicarme a las historias que me interesan más en este momento. No quiero dejar un fanfic sin terminar, ya que mi meta es darle finalidad a los pocos fanfics incompletos que tengo.

El rumbo de esta historia tomará un rumbo diferente al que tenía originalmente planeado para no alargarlo innecesariamente.


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Capítulo Seis

El Otro Hermano

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"Un fracaso no es siempre un error, puede ser simplemente lo mejor que se puede hacer en esas circunstancias. El verdadero error es dejar de intentarlo".

—B. F. Skinner.

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El goteo de las goteras hacía un eco constante en las celdas. Las antorchas iluminaban poco, pero su luz era suficiente para ver el deterioro del lugar. El aroma de muerte era fuerte, y aunque habían pasado casi dos semanas desde que estaba ahí, Fishlegs no podía acostumbrarse. Estaba seguro que nunca lo haría.

—¡Vamos, perra, abre más las piernas! —exclamó la tosca voz de Durs mientras sus enormes manos tomaban los muslos de Tantrum hasta ponerlos en una posición dolorosa. El crujido de huesos indicó un gran dolor, pero la princesa Uglithug se negó a quejarse.

De sus maltratados labios rojos no salió ni un quejido. Fishlegs deseó tener una pequeña parte de su fortaleza, siquiera para poder soportar mejor lo que estaba viendo. El entrenamiento de Gobber se repetía en su mente. No dejar que sus emociones lo controlaran siempre había sido difícil para él.

—Eres un maldito, eres un maldito —masculló Fishlegs hacia Durs cuando el monigote tomó de los cabellos a Tantrum para estrellar su cabeza contra el suelo.

Durs saboreó su desesperación y continuó embistiendo a Tantrum. Era una lástima que la zorra no gritara cuando la estaba violando, pero ya lo haría. Todas lo hacían. Las Bog-Burglar que habían capturado en Isla Dragón lo hicieron, así que Tantrum no sería diferente.

—¿Qué se siente saber que yo seré el único en disfrutar de tu fresca manzana, princesa? —preguntó Durs acercando su apestoso rostro al de Tantrum—. Je, je, je, eres una zorra afortunada al tenerme entre tus piernas.

Tantrum ni lo miró. Anteriormente lo habría mordido, de hecho, a Durs le faltaba una parte de sus labios y mejilla derechos porque se había acercado a Tantrum. La princesa no le había soltado hasta asegurarse de llevarse un buen trozo de carne que escupió enseguida. Como consecuencia, Durs le quitó el mismo cada diente de su boca.

—Cierto, cierto, que ya no puedes hablar tan bien como antes. Qué pena, tenías una voz muy bonita —sus caderas se movieron con urgencia cuando el orgasmo estuvo por alcanzarle. Durs podía ser masivo de cuerpo, pero tenía una polla del tamaño de un meñique, así que lo compensaba con penetraciones violentas.

Fishlegs trató de ignorarlo, de cerrar sus sentidos, cuando Durs gritó como poseso mientras derramaba su semilla en el interior de Tantrum. El mastodonte siguió golpeando aunque su pene se había ablandecido, muy seguro de dejarla impregnada de su esencia.

—Mikli insiste en que te dejemos viva hasta que te embaraces —dijo Durs levantándose y subiéndose el pantalón—. No entiendo por qué, pero mi hermano a veces tiene ideas más locas que las mías. A mí me da igual. Si te embarazó o no, seguiré jodiéndote hasta que te mueras… puede que incluso te honre jodiendo tu cadáver, princesa.

Tantrum permaneció inmóvil. No le daría ninguna satisfacción al bastardo. Durs la pateó en el estómago repetidas veces hasta jadear como un cerdo. Fishlegs le suplicó que se detuviera. Al ver al gordo vikingo llorar, una sonrisa de placer apareció en el feo rostro del marginado y usó el doble de fuerza hasta lograr que Tantrum escupiera sangre.

—Bien, bien, si no me detengo ahora sí la mataré —dijo Durs con una risa demente—. Adiós, tortolitos. Tengan una bonita noche.

Cuando Durs se fue, Tantrum hizo un esfuerzo por moverse. Sus entrañas se quejaron ante el horrible dolor que ocasionaron las patadas, pero ella se mantuvo firme y se arrastró hasta donde Fishlegs estaba encadenado.

No había sido la única a la que sometieron. Fishlegs había tratado de defenderla, de detener lo inevitable y lo había pagado caro. Las cadenas de acero que lo envolvían de pies a cabeza resultaban inútiles si considerabas que a Fishlegs le cortaron las manos. ¿Cómo podría liberarse, si un vikingo dependía tanto de sus manos para blandir una espada?

Tantrum se recargó en un costado de Fishlegs, donde no tenía tantas heridas por las palizas que le daban.

—Perdóneme, princesa, si no fuera por mí… ese bastardo no…

"Está bien, Ingerman, está bien", dijo Tantrum acercándose más, haciéndole saber que no estaba decepcionada de su debilidad. No todos los vikingos habrían soportado lo que Fishlegs sin soltar la sopa, porque a pesar de sus lágrimas Fishlegs Ingerman no había dicho ni una palabra sobre los secretos de su aldea.

Tantrum admiraba su tenacidad.

De esta manera, dándose consuelo como podían, pasaron la noche turnándose para dormir pues a veces Durs volvía y si los encontraba durmiendo, los sometía a tormentos inimaginables. Sin embargo, esa noche no fue Durs quien los visitó sino su hermano Mikli.

Fishlegs y Tantrum le temían más a él que a Durs. Mikli tenía unas escalofriantes ojos verdes.

—Parece que mi hermano se ha divertido mucho con ustedes —dijo. Sostenía una antorcha que iluminó más el interior, dejando ver las paredes manchadas de suciedad y sangre, y montones de huesos humanos y de dragones adornando las orillas. La celda de la realeza, le había llamado Mikli la primera vez que los metió ahí—. Tienen mi eterno agradecimiento por entretenerlo hasta que estemos listos para la batalla. Saben, es casi imposible detener sus impulsos, así que es bueno que Dagur los haya traído.

Mikli colocó la antorcha en medio, usando un cráneo para atorarla y se sentó frente a sus prisioneros.

—Vamos, vamos, no se pongan a la defensiva. He estado de un humor fantástico desde las últimas noticias que llegaron a mí… oh, cierto, ustedes no saben, dejen los pongo al tanto —dijo Mikli mirando especialmente a Tantrum—. Al parecer Dagur y los romanos hicieron un buen trabajo conquistando tus tierras, princesa. Los Uglithug pelearon ferozmente, pero cuando tu líder se lleva a sus mejores guerreros y los deja desprotegidos, bueno, ya sabes lo que sucede.

Los ojos violetas de Tantrum lo observaron fijamente. Mikli sonrió. Las mujeres fuertes le encantaban aunque no tanto como la Voz Elegida.

—Pero no vengo a molestarlos, ya les dije que estoy contento, ¿y qué clase de anfitrión sería si no me asegurara de hacer sentir cómodos a mis invitados? Quiero contarles una historia, pero no cualquier historia. Supongo que conocen a Fridtjov y su impresionante campaña para conquistar el Archipiélago Vikingo, pero no saben todos los detalles —pronunció Mikli—. Me imagino que no lo sabrán… si no fuera por lo que soy, yo tampoco lo sabría. Así que serán bendecidos con la verdad.

Mikli comenzó a contarles sobre la verdadera cara de Fridtjov. La ambición por obtener todas las tierras gobernadas por los hijos de Moa Ildri. Su astucia y determinación, virtudes que le hicieron ganar ante semejante criaturas. Le contó sobre la hija de Moa Ildri, la humana dragón, que había hecho que Fridtjov la deseara y la secuestrara.

—Ustedes la conocen como Elin, la mujer que cantó atrayendo a Fritdjov a una isla y que Moa Ildri la asesinó después, pero eso es mentira. Darle un nombre fue una manera de marcarla, de poseerla porque cuando Fridtjov llegó a la isla de la Madre y vio a la hija… la deseó con intensidad. Cuando ella cantó, él juró que la tendría a toda costa. Se la llevó una noche, sacando provecho de que la Madre aún creía que él no iba a hacer nada. Se casó con ella y la mantuvo encerrada hasta que pudiera ponerle fin a su Madre. Fridtjov era muy astuto, sabía que si asesinaba a Moa Ildri, la guerra la ganaría su bando. Pero no contó con que sería traicionado. La historia vikinga lo habrá olvidado, pero Fridtjov tuvo un hermano menor al que quería con todo su corazón. Su hermano se llamó Vilfred, y no era ni la mitad de habilidoso y fuerte que Fridtjov, pero aun así el canalla se las arregló para robarse a Elin y regresarla con la madre…

—¿Qué…? Eso es… ¿cómo fue posible que…?

—¿Qué Vilfred fuera olvidado? Fue cosa de Fridtjov. Se negó a dejar que las futuras generaciones recordaran el nombre de su traicionero hermano, pero no sólo por atreverse a quitarle algo que le pertenecía, sino por algo más. Elin vivió varios años con Fridtjov así que Vilfred se hizo cercano a ella, atraído por su belleza. Vilfred la forzó a acostarse con él a cambio de llevarla con su madre.

—Eso… significa que Niels no es hijo de Fridtjov, sino de su hermano —dedujo Fishlegs, aunque estaba intrigado por la cantidad de detalles que Mikli decía. Por su tono era como si estuviera contando hechos reales.

—No —respondió Mikli, su mirada se había ensombrecido por alguna razón—. Elin era una mujer especial creada por los dioses. Su cuerpo obró el milagro de un embarazo doble. Tuvo gemelos, un hijo de Fritdjov, Niels, y otro de Vilfred, al que nombraron Havard. Estos niños tuvieron un papel importante. Moa Ildri no mataría a sangre de su sangre y Fridtjov sólo quería a su familia de vuelta, así que se firmó una alianza. Fridtjov prometió perdonar al hijo de su hermano, si Vilfred abandonaba el archipiélago. Vilfred aceptó, él ya no tenía motivos para quedarse y saber que su hijo estaría a salvo era suficiente. Con los años, Niels y Havard crecieron juntos en una época de relativa paz que se acabó cuando Elin murió. Moa Ildri no soportó el dolor de perderla y su cordura se desvaneció. Para proteger a su pueblo, Fridtjov tuvo que dejar la tregua de lado y encontrar una solución. Sin embargo, la guerra se desató brutalmente por lo que quedaría en las manos de su hijo hallar la manera de detener a la Madre, ya que Fridtjov murió a causa de las heridas generadas en una batalla.

Fishlegs y Tantrum quedaron atrapados por la historia. La princesa había sabido algo sobre la vida de Elin, pero había sido por una canción que hasta ese momento no había creído relevante. La canción de una doncella que dio a luz a dos niños porque su corazón amaba a dos hombres. Su padre le había dicho que era importante conocer todas las canciones, ¿pero quién habría podido decir que era por esto? En sí Tantrum empezaba a sospechar que Mikli tenía otra intención al contarles esto.

—Niels convocó a los jefes de las tribus recién creadas para llegar a un acuerdo, y entre todas las opciones, el primer jefe de los Histéricos mencionó el seidr. Todos lo creyeron loco, pero Niels lo consideró. Después de todo, su madre había sido creada por los dioses, acceder al seidr no sería del todo una locura —continuó Mikli—. Una anciana tenía el conocimiento suficiente para hacer que una persona obtuviera las habilidades, sólo necesitaba un voluntario. En ese tiempo, una aldea primitiva se había construido en una isla cercana a la de la madre, por lo que buscaron a la niña adecuada. Tienen que saber que para entonces Niels ya era viejo y no tenía descendencia. Él sabía que Havard era su medio hermano, y contra todo pronóstico nombró al hijo de su medio hermano como su heredero. El nombre de ese niño fue Hiccup Horrendous Haddock I, aunque por esa época nadie habría sabido que sería el primer de una larga línea.

Los ojos de Fishlegs se abrieron desaforadamente. Había sabido que el linaje de Hiccup se remontaba hasta fechas muy lejanas, pero esto… esto le daba sentido a muchas cosas y le brindó piezas importantes en una idea que se formaba en su cabeza. Algo le decía que faltaba una pieza de información. Mikli ya le había dicho que no fue Fritdjov sino en Niels en quien quedó la responsabilidad de resolver el problema. El seidr no era un tema desconocido para Fishlegs, pero sí uno del que no estaba seguro entender bien (la magia era distinta a estudiar dragones).

—La anciana eligió a una niña de la edad de Hiccup, una tal Managram, para ser la bruja que tendría que aprender seidr. Hacerlo le daría la ventaja sobre la madre. El plan fue un éxito. Managram logró dominar el seidr y crear el ritual por el cual eligió a una mujer para cantar a la Madre. La primera batalla que los vikingos ganaron contra los dragones en esa guerra fue cuando la Voz Elegida consiguió hacer dormir a Moa Ildri. Y así con los años, para debilitar a los dragones, una mujer era elegida.

—¿Qué buscas al contarnos esto? —preguntó Fishlegs sin rodeos. Si hubiera tenido manos las habría apretado con furia, por notó que Mikli estaba ocultando información. ¿Por qué revelar todo esto? ¿Por qué estaba tan seguro de lo que decía? Y lo más importante, ¿cómo se había enterado de toda esta información, cuando las otras tribus apenas sabían algo?—. Espera, si sabías esto… ¿por qué no lo dijiste en la reunión de tribus?

—Soy ambicioso, niño, mi alma siempre lo ha sido —respondió Mikli—. En cuanto supe que Moa Ildri estaba despertando era cuestión de tiempo de que hicieran la llamada. Fingir que estaba preocupado por el problema fue una fachada. Para vencer a tu enemigo, debes conocerlo. Por eso el pueblo de la princesa fue el primero en ser vencido. Su afán por ostentar su poderío fue su punto débil, y claro, las alianzas con los romanos y los Berserker ayudaron, pero no sólo por eso. Quiero tener más de lo que Fridtjov tuvo en su época. Quiero todo el archipiélago y dominar a humanos y dragones por igual. Quiero la cabeza de Moa Ildri adornando mi salón, y quiero follar con la Voz Elegida, pero a diferencia de Fridtjov no cometeré el error de dejar que alguien más lo haga por mí. Por eso acepté la ayuda de Dagur. Es un demente, pero su padre le confió un secreto que sólo los jefes de esa tribu deben conocer. Managram no sólo fue la Bruja de la historia, fue una mujer Berserker. De entre todas las tribus, las mujeres Berserker son las únicas con la constitución física para soportar las consecuencias de adquirir el seidr.

—¿Qué tiene que ver Heather en lo que sea que su estúpido hermano y tú quieran hacer?

—Definitivamente atraparte a ti fue lo más inteligente que Dagur ha hecho. Eres muy listo, si te hubieras vuelto con Hiccup Horrendous Haddock III habríamos estado en desventaja —admitió Mikli—. Así es, sola una mujer Berserker puede soportar el seidr y volverse una bruja. Si quiero ganar la guerra, necesito de esa fuerza de mi lado.

—¡Heather nunca te ayudará! —afirmó Fishles luchando para liberarse.

—No necesito decirte que eso no es importante, no para lo que tenemos planeado hacer con ella —comentó Mikli—. Bueno, supongo que ya lo he entretenido mucho tiempo. Tienen que descansar. Quiero que puedan resistir más días entreteniendo a mi hermano, se han convertido en sus juguetes favoritos.

—Espera —pidió Fishlegs cuando Mikli se paró y tomó la antorcha de vuelta—. ¿Cómo sabes tantas cosas de la historia antigua? Sin importar cuán profundo hayas buscado, no podrías tener idea de tantos detalles. Conocí a Alvin. No se caracterizaba por respetar la historia, por lo que no hay registro alguno en las Islas Marginadas que contengan información.

—Qué listo muchacho, en verdad —Mikli volvió hacia Fishlegs. Su enorme altura creó una sombra que cubrió a ambos, pero Ingerman se obligó a mantenerse calmado—. La respuesta te la dije ya. Piensa en ello en lo que llega mi hermano. Siempre toma siestas cortas y estará entusiasmado de estar de nuevo con la princesa.

Mikli abandonó la celda sin agregar más, dejándolos a merced de la incertidumbre y la impotencia.

Fishlegs se aferró a pensar para no tener que lidiar con eso. Mikli les había contado todo porque tenía la seguridad de que no saldrían con vida de ésta. Bien, que lo siguiera pensando. Ahora Fishlegs procuraría encontrar formas de alargar su vida en ese infierno, así tuviera que hacer cosas despreciables. Pensó en lo primordial. La información de Dagur involucraba a Heather debía tratarse con cuidado. No había creído que Dagur fuera capaz de poner en peligro a su hermana, pero…

Dagur nunca haría eso. De todas las cosas que era capaz de hacer, nunca había permitido que lastimaran a su hermana. Si era así, entonces… podría ser que Mikli no controlara a Dagur tan bien como creía.

Tantrum le tocó el hombro para que la mirara. Cuando Fishlegs lo hizo se percató que Tantrum también estaba meditando. La princesa ya no era capaz de hablar, pero tomó uno de los huesos en el piso y, usando la sangre como tinta, empezó a escribir.

"La respuesta al por qué sabía tanto… su alma es…".

El sonido de pasos acercándose la detuvo. Tantrum borró los garabatos y se alejó de Fishlegs para colocarse en la misma posición en la que Durs la había dejado.

La bestia entró a la celda, sonriendo estúpidamente como siempre, se bajó el pantalón para mostrarle a Tantrum su excitada verga debajo de su abultada panza.

La princesa se colocó una máscara de indiferencia. Durs la tomó con fuerza del cabello y dirigió su boca a su miembro necesitado… el aroma a sebo y mugre fue desagradable para Tantrum pero se negó a abrir los labios.

—Más te vale cooperar y no morderme… ah, cierto, que ya no puedes, je, je, je —dijo Durs aventándola de vuelta al suelo para sentarse en cuclillas sobre su cabeza—. Haré que te tragues toda mi verga, princesa.

El espectáculo habría hecho que Fishlegs que maldijera a Durs, pero ahora no lo haría. Imitaría a Tantrum, sabiendo que Durs no alcanzaba el clímax si no ocasionaba dolor a alguien y que no los mataría, ya fuese por diversión o porque Mikli pudiera haberlo ordenado, así que endureció su corazón y se mantuvo quieto y callado.

Hiccup enviaría ayuda, estaba seguro de eso, sólo era cuestión de esperar. Y cuando Fishlegs estuviera libre se encargaría de hacer que Durs y Mikli pagaran por lo que habían hecho.


La repentina desaparición de Hiccup y Ruffnut tomó desprevenidos a todos. Esto fue algo que no se pudo ocultar y Berk entró en caos. Valka y Gobber actuaron de prisa, impidiendo que las brigadas de búsqueda salieran, cuando leyeron la nota que Hiccup había dejado. El descontento y el pánico en los aldeanos probaron ser difícil de controlar, pero no estaban solos. Atali se alzó como el faro de sabiduría en momentos difíciles. Gracias a su intervención, al menos consiguieron apaciguar las cosas para crear un plan de acción.

Por eso se habían reunido en el Gran Salón. Las cosas estaban hechas un lío, por lo que tuvieron que recapitular para acomodar prioridades. Mala todavía no volvía de las Islas del Mañana, pero había enviado un Terrible Terror con noticias extrañas, sobre rastros de batallas marinas entre los Uglithug y los romanos.

Y el problema con Hiccup y Ruffnut… Camicazi miró a cada persona presente en la reunión. Esta vez fue invitada por lo que no tuvo que recurrir a los túneles. Valka, Gobber, Heather, Throk, Vidgis, Mulch, Eret y Tuffnut estaban sentados en la mesa. Atali estaba parada, esperando a que todos guardaran silencio.

De todos en la mesa, Camicazi sabía que algo sumamente importante pasaría… aunque no sólo ella. Valka mantenía la calma, pero por las interacciones que había espiado de ella y Atali, Camicazi tenía la certeza que ellas habían llegado a un acuerdo. Después de todo, Valka había vivido veinte años entre dragones, si alguien entendía lo que pasaría era ella.

¿Qué diría Bertha de todo esto? La madre de Camicazi era apegada a las viejas maneras. No habría permitido que se hicieran tonterías. No habría permitido que otras tribus enviaran guerreros a las islas Bog-Burglar, sólo por prevención. Grandísima Bertha no habría dejado que vieran a su tribu como un montón de mujeres débiles.

Camicazi miró el filo de la daga con la que había estado jugando en lo que comenzaban. La daga con la que Siriana había dado muerte a Bertha y tomado el control de las Bog-Burglar… Camicazi recordaba perfectamente ese día. La ira y la indignación por la derrota de su madre y la simple aceptación de todas sus compañeras guerreras ante su nueva líder. Camicazi no podía soportarlo y por eso la había retado, para reclamar lo que tuvo que ser suyo por herencia.

Pero Siriana la había sobrepasado y la desterró, sin dejarla llevarse nada más que esta daga.

Desde entonces Camicazi vagó por el exterior del Archipiélago, recuperándose de sus heridas y entrenando, buscando la manera de poder vencer a Siriana.

"Maldito Hiccup traidor", pensó Camicazi cruzándose de brazos. Había estado evitándolo, consciente de que su amigo podría necesitarla, pero era difícil para ella no querer golpearlo cuando lo veía. "Prometí honrar el juramento que hicimos, pero en vez de eso, estoy huyendo".

Bertha no estaría orgullosa de su comportamiento. Camicazi sintió sincero remordimiento. Como era usual, su orgullo jugaba en su contra.

—¿Y bien? ¿Cuándo empezaremos esto? —dijo Mulch, se veía de un humor irritable. Las cosas no se estaban realizando al estilo de Stoick, lo que le parecía un insulto—. ¿Escucharemos otra tonta historia?

Mulch todavía no entendía que había otras formas de armar un plan. Valka miró al vikingo con atención, sonriendo un poco ante los residuos de esa mentalidad anticuada que aún persistían. Mulch quería simplemente atacar.

—Si deseas irte y enfrentar al enemigo sin saber quién es en realidad, puedes hacerlo —dijo Valka. Su tono y porte en ese momento era como el que había tenido su difunto esposo—, pero irás tú solo por tus propios medios, Mulch. Lo que debes saber es que si lo haces, no podrás volver a Berk ni al Archipiélago.

—Maldita mujer… —vociferó Mulch escupiendo saliva a cada sílaba—. ¿Qué sabrás tú de Berk, si pasaste toda tu vida entre esas lagartijas? No creas que hemos olvidado que abandonaste a tu esposo e hijo, a tu pueblo, por perseguir un sueño estúpido…

Atali se movió tan rápido, no lo suficiente para escapar de los ojos ágiles de los presentes, pero sí para Mulch. Metió dentro de la boca del vikingo, una pasta verde que Camicazi no había notado que llevara. Mulch trató de quitársela de encima, pero Throk y Gobber lo tomaron por los brazos y lo obligaron a que se la tragara. Lo que pasó después fue aterrador.

Mulch comenzó a convulsionarse fuertemente. De su boca fluía baba negra, y cuando vomitó una masa apestosa golpeó el centro de la mesa. Atali volvió a hacer un movimiento rápido, esta vez necesitó la ayuda de Valka y Heather para abrir la mandíbula del hombre y hacerlo beber una pócima roja.

Mulch eructó y luego cayó hacia atrás, quedando dormido. Vidgis pudo atenderlo, para asegurarse que no estuviera muerto.

—¿Qué diablos fue eso? —preguntó Camicazi apuntando hacia la masa apestosa que empezaba a temblar.

—Magia seidr —respondió Atali acercándose. Sacó unos polvos de una bolsita y los arrojó sobre ella—. Seidr usado para dañar.

—¿Qué?

—Es como la señorita Atali lo ha dicho —pronunció Valka—. Hemos estado bajo ataque desde que esto comenzó.

—¿A qué rayos se refieren? ¿Bajo ataque? ¿Cómo?

—Las notas que dejó Gothi nos pedían cuidar a la Voz Elegida, no guiarla —respondió Atali recordando a Hiccup contándole los sueños que había tenido; el rey en su trono hablando con su dragón, y el más reciente, el hijo atravesado por la espada de su padre. Todos apuntaban a una historia que sólo Hiccup y Ruffnut tenían acceso—. Me llevó un tiempo entender por qué hasta que las notas que halló Heather me dieron la respuesta. La Voz Elegida descubre su camino por sí sola, pero se hallara en extremo peligro por aquellos quienes desean causar caos y destrucción. Gothi tenía una conexión profunda con el mundo espiritual, me atrevo a decir que más que otras sabias. Ella detectó una amenaza que no habríamos podido eludir.

—Hiccup lo mencionó una vez, pero fue más una suposición del momento —dijo Heather—. Managram, el lobo que devoró a la luna o también…

—La Bruja que mató a la Voz Elegida —añadió Valka causando confusión en Camicazi—. Las mujeres elegidas mueren, y por lo antiguo de la historia y la poca información, sólo lo tomábamos por un hecho. Gothi vio más allá y averiguó lo que pudo, sabiendo que se convertiría en un objetivo a aniquilar.

—¿Quién es? ¡Joder, no mantengan más el misterio! —dijo Tuffnut que no parecía estar en la misma línea que los demás. Él no había esperado ver a Mulch vomitar esa asquerosidad.

—En la historia la bruja creó el ritual. El canto era lo que debía dormir a la madre, ¿pero por qué las mujeres morían? La respuesta es que lo que mantiene cautiva a Moa Ildri no es el canto, es la vida de ellas.

La expresión de Tuffnut cambió gradualmente de la comprensión al miedo. Camicazi atestiguó cómo el color abandonaba la cara del gemelo al comprender las implicaciones.

—Eso… eso significa que puede salvarse —dijo Tuffnut aferrándose a una pequeña esperanza—. Hiccup no quiere mantener dormida a la Madre, quiere liberarla. Ruffnut no tiene que cantar.

Por la mirada abatida de los presentes, Tuffnut tuvo que abandonar esa idea.

—Es un hechizo, Tuffnut —explicó Valka—. Cuando viví en la caverna de hielo, Bewilderbeast me enseñó sobre magias antiguas. Él no las necesitaba, pero algunas personas habían esclavizado a dragones por medio de ellas. Personas que en verdad supieron manejarla. La Madre no es un dragón cualquiera, su poder no pudo ser dominado por una simple voz, así que el ritual para controlarla debe ser un hechizo de contención con el que se pague un gran precio.

—Quieres decir que la Bruja creó esto a propósito para matar a las elegidas —dijo Camicazi—, pero eso no tiene sentido. ¿Por qué querría hacer eso? ¿Y eso qué tiene que ver con lo que acaba de suceder?

—Porque la Bruja aún está tratando de intervenir —respondió Atali—. Hay algo que no dije la primera vez porque Gothi me había advertido de algo, un posible espía, pero no por voluntad. Tuve que tomarme mi tiempo para averiguar quién era, pero gracias a Valka y Gobber lo descubrí. Mulch puede ser un vikingo de la vieja escuela, pero nunca haría algo para iniciar un conflicto en circunstancias tan graves.

—¿Cómo pudieron hacerle esto? —preguntó Camicazi en voz alta.

—El banquete en Isla Dragón —respondió Gobber—. No es la primera vez que alguien usa las festividades para envenenar a su enemigo. No pensamos que lo harían esta vez dada la ocasión… los marginados ciertamente no gustan de envenenar, según ellos arruina el sabor de la carne.

—Dicen que todo esto es a causa de esa bruja —comentó Eret—, pero es imposible que esté viva. La magia seidr no posterga tanto la vida. En mis viajes, las brujas más viejas que me topé no pasaban de los sesenta años.

—No conozco toda la historia con exactitud, joven Eret —dijo Atali—. Lo que sabemos de la Bruja en mi tribu es que fue una Berserker y que a lo largo de su vida mortal sirvió con lealtad cada vez que era necesario escoger a una nueva mujer. Hay una canción sobre ella en la tribu Uglithug; una mujer de corazón débil que se enamoró, una mujer de alma rota cuyo amor no prosperó… una mujer que asesinó cuando el odio y el rencor la consumió. Como ves, todo es vago alrededor de su leyenda, y es por eso…

—… que dejaste que Hiccup fuera tras Ruffnut —completó Eret—. La Voz Elegida descubre su propio camino, y si eso es cierto, nosotros debemos encargarnos de despejar el camino. Esta… bruja, es nuestro enemigo, pero en ese caso, ¿cómo es que Mikli y Durs accedieron a su poder?

—Dagur —dijo Heather de inmediato—. Luego de nuestra pelea, Dagur se dedicó a investigar los secretos del Archipiélago. Si encontró algo, no dudará en usarlo como ventaja.

—Siendo así —retomó Valka—, nos toca hacer nuestro primer movimiento. Confío en la decisión de Atali de dejar la parte espiritual en mi hijo y la señorita Thorston.

—¿Han pensado en algo? —preguntó Vidgis, luego de haber acomodado a Mulch sobre el suelo. El estado del hombre era estable, y de hecho, su tez ya no parecía tan sombría como lo estuvo los últimos días.

—Bueno, ellos parecen haber obtenido la ayuda de esta bruja, así que nosotros haremos lo mismo.

—¿No estarás pensando en lo que creo que estás pensando? —cuestionó Gobber.

Valka sonrió. La misma sonrisa que Hiccup ponía cuando se disponía a hacer algo muy loco.

—Por las Barbas de Merlín, Valka, si no es tu hijo eres tú —dijo Gobber jalándose los bigotes.

—¿De qué están hablando? —Tuffnut exigió saber.

—Excellinor, la madre de Alvin —respondió Valka—. Es alguien a quien no habría acudido jamás por sus prácticas poco… habituales, pero su conocimiento sobre el seidr es innegable. Ella nos ayudará.

—¿Y cómo estás segura de eso? Ella odia a todos y no se le ha visto desde que Alvin murió.

—Yo tengo la solución —dijo Heather—. Conozco algunas tradiciones de los Marginados. Conservar los huesos de sus enemigos como trofeos es algo que siguen haciendo. Mikli y Durs no habrían tirado los restos de Alvin sabiendo lo que significan.

—En pocas palabras, sugieres que nos infiltremos en las islas de los marginados para buscar los huesos de Alvin y usarlos como trueque con Excellinor —dijo Camicazi. En este campo ella era la experta—. Se necesita un grupo pequeño, pero poderoso y eficiente. Me propongo a llevar a cabo esta misión. Soy una Bog-Burglar.

—¿Qué opinas de la propuesta de la señorita Camicazi? —dijo Valka.

—Camicazi entiende la importancia de esta misión —respondió Atali sonriendo a Cami, que se sintió más responsable por haber evitado participar por su ego—. Ella es la mejor para realizarla.

Camicazi juró en ese momento que haría lo posible por asegurar el éxito de la misión.

—¿Qué necesitas para empezar? —preguntó Valka.

Camicazi no dudó en responder. Un drakar pequeño, varias sogas y algunas botellas de aceite. Además Tuffnut, Eret y Minden irían con ella. Shadowlight, Skullcrusher y Barf y Belch serían los únicos dragones. Cuando Camicazi se disponía a explicar su estrategia, la puerta se abrió de golpe.

Era uno de los subordinados que había acompañado a Mala a las Islas del Mañana. Tenía la vestimenta desgarrada y varias marcas de quemaduras.

—¡Malas noticias! —exclamó entrando para pararse frente a los presentes—. ¡Los territorios de la princesa Tantrum O'Ugerly están perdidos! ¡Han sido atacadas y saqueadas! Su Alteza se quedó a averiguar más y me envió a informar lo que ha sucedido. El camino de regreso estuvo lleno de emboscadas. Los berserkers y los romanos han tomado toda la parte sur del Archipiélago.

—¿Cómo es eso posible? Recibimos un Terrible Terror hace poco…

—No lo enviamos nosotros —dijo el defensor. Sus heridas se veían peor de cerca, era un milagro que pudiera mantenerse en pie—. Nuestros pequeños mensajeros fueron derribados cuando intentamos mandarlos aquí.

—Debieron averiguar la forma de entrenar a los Terribles Terrores para enviar mensajes falsos —dedujo Valka—. ¿Por qué Mala se quedó?

—Los barcos del enemigo no recurren a una base —respondió—. Su Alteza pensó quedarse para averiguar su forma de atacar. Su suposición es que los romanos y berserkers se movieron tan rápido porque nunca anclan en algún lugar. Siempre están en movimiento.

—Debemos enviar apoyo —dijo Atali—, sólo ella y dos hombres no lograran salir con vida si el enemigo se da cuenta que aún sigue allá.

—Concuerdo contigo —asintió Valka—, pero no podemos debilitar nuestros números. El enemigo puede querer que estemos dispersos. Si es así, lo mejor será delegar responsabilidades. Thuggory nos brindará guerreros para esta tarea.

—Esperen, esperen —pidió Tuffnut agitando los brazos para que le prestaran atención—. ¿Acaso fui el único que se dio cuenta? Si los Uglithug cayeron significa que Fishlegs y el padre de Snotlout… ellos están…


Snotlout miró como el escuadrón de guerreros y escuderas Meathead volaban en una formación perfecta sobre sus Monstruos Nightmare. Gracias a las facilidades que Thuggory le había dado, y a que los Meathead habían dejado de lado su temor por los dragones, había conseguido que al menos añadieran los ataques aéreos a sus estrategias. Snotlout se sentía complacido, el respeto que se había ganado en ese corto tiempo era más del que alguna vez le dedicaran en Berk, aunque tal vez fuera porque no había cometido una estupidez con el pueblo Meathead.

—¡Cambio de formación! —gritó Thuggory sobre el lomo de Fireworm. Por la forma en que esos dos se coordinaban parecía que habían estado destinados a volar juntos.

Aunque Snotlout sabía que se debía a su increíble forma de entrenarlos en su mayoría. Thuggory era un tipo… genial, lo admitiría. No era un cerebrito como Hiccup o Fishlegs, pero tampoco como Astrid, o él y los gemelos. Thuggory no era el mismo chico musculoso que habían conocido cuando apenas eran unos mocosos. Era el jefe de su tribu, y aunque todavía arrastraba consigo algunas viejas costumbres, Snotlout no dudaba que los Meathead tuvieran un futuro brillante bajo su liderazgo.

Después de todo, Thuggory había sido el primero en aceptar la ayuda que Hiccup ofrecía, su nueva forma de vivir en paz con los dragones.

Snotlout vio a Thuggory ordenar dispersarse para luego hacer una maniobra que a él y a Hookfang les había tomado un mes completar. Suerte de novato. A Thuggory lo único que le faltaba era profundizar su relación con Fireworm para llamarse jinete de dragón. Cuando el escuadrón aterrizó alrededor de Snotlout, él les dio indicaciones de sus puntos débiles y sus fortalezas. Los Monstruos Nightmare eran ideales para ataques directos y breves, así que todos debían ser certeros en sus tiros y no buscar peleas de larga duración.

—Eres un buen maestro —alabó Thuggory cuando desmontó a Fireworm. Snotlout apreció el hecho de que el Meathead le entregara dos pedazos de carne de cordero a la dragona para luego acariciarle cerca de los cuernos, uno de los puntos sensibles de esos dragones—. Mi pueblo y yo estamos en deuda contigo.

—Uhn, no es la gran cosa —dijo cruzando los brazos. Procuró mantener la barbilla en alto ante lo inmenso que Thuggory parecía a su lado—, aunque si desean compensarme, una nueva espada me vendría bien.

Thuggory sabía que Snotlout no le decía totalmente en serio. Luego de esa semana se habían acercado lo suficiente para decir cuándo el berkiano estaba bromeando.

—Lo que sea para el ex de mi prometida —comentó Thuggory logrando que Snotlout se sonrojara furiosamente y comenzara a vociferar como un yak con dolor de estómago. Thuggory se rió—. Siempre me he preguntado por qué sientes tanta vergüenza por eso. Creí que ya habías superado su separación.

—Eso no es el problema, Thuggory. Ruff y yo quedamos en… bueno, ella me dejó claro que no funcionaría. Me conoce bien, ¿sabes? Es muy buena entendiendo a los demás cuando no está metida en sus desvaríos. Ella sabía que yo no estaba totalmente comprometido, que sólo estaba presionado por mi padre para agarrar a la última chica de mi generación si no quería que me juntaran con las niñas de otros clanes —Snotlout puso las manos sobre su cadera, intentando imitar la postura de la gemela en una clara parodia—. Ella me dijo: "Sabes tan bien como yo que a quien quieres es a otra persona. Así que basta de tonterías y sé un hombre. No puedes dejar que tu padre siga eligiendo por ti". Y bueno, todo acabó. Creo que fue lo mejor para ambos.

—Mi futura esposa es una mujer directa. Eso me agrada —dijo Thuggory con una sonrisa cariñosa.

No era la primera vez que Snotlout veía que Thuggory sonreía de esta manera. Al principio había rodado los ojos en infinitas ocasiones, ya que recordó la época en la que Throk estuvo interesado en ella. A diferencia del defensor, Thuggory no era un torpe enamorado que creía que había idealizado a Ruffnut. Él parecía entender que ella era todo menos perfecta, y aun así, no le importaba. Y eso era extraño porque muchos hombres rechazaron a Ruffnut por las mismas razones que Thuggory encontraba admirables.

—Sabes, mis padres nunca se quisieron —dijo Thuggory. A Snotlout le dio la impresión de que comenzaría una charla incómoda de la que pensó podría huir si encontraba la oportunidad—, pero se respetaron. Nunca pelearon por motivos estúpidos y arreglaron sus problemas con madurez. Desde pequeño supe que no podría elegir a mi esposa debido a nuestras leyes de matrimonio, así que le prometí a mi madre que sería como mi padre. Si no amo a mi futura esposa, al menos la trataría con respeto. Cuando los ancianos buscaron candidatas, no creí que escogerían a una chica de Berk. Con la reputación que habían creado en los últimos cinco años muchos no estuvieron contentos con la elección que hicieron. La palabra de Stoick tuvo mucho que ver con el cambio. Él aseguró que este compromiso uniría las tribus más que nunca, así como las riquezas y poder que vendrían con ello.

Snotlout lo había sabido. Spitelout había estado furioso cuando se enteró que Stoick había hecho que la hija de Valhallarama se comprometiera con el heredero de los Meathead. Para Snotlout fue el fin de la obsesión de su padre y el comienzo de su propio camino para descubrir sus verdaderos sentimientos.

—Había conocido a Ruffnut la primera vez que visité Berk, pero cuando nos volvimos a ver para confirmar el compromiso, no lo sé, me sentí extraño. Ella había cambiado un montón, y como yo, había pasado por la pérdida de sus padres —continuó Thuggory—. No creo en el amor a primera vista, sólo sentí mucha admiración por ella en ese momento. Ruffnut nunca se sintió avergonzada de la reputación que le precedía y nunca dejó de verme de frente.

Snotlout no estaba seguro de qué cara poner. La verdad la cursilería le revolvía el estómago (cuando la cursilería provenía de otra persona que no fuera él). Thuggory seguía hablando. Indiferente al bochorno que le causaba.

—Creo que sueno como un tonto enamorado —se rió—, aunque nunca he sentido algo como esto antes para saber si lo estoy.

—Depende —dijo Snotlout, sin verlo. Se entretuvo ajustando la silla de Hookfang. Luego del descanso, practicarían tácticas de emboscada y todo se pondría caliente cuando los Monstruos Nightmare se prendieran fuego—. Cada vez que piensas en ella, tu corazón bombea como si hubieras corrido a toda velocidad. Cada vez que olvidas fechas importantes, pero no puedes sacarte de la cabeza la primera vez que te sonrió sólo a ti. Cada vez que finges que odias trabajar en pareja con él, pero en realidad eres feliz de estar tiempo a solas. Cada vez que el tiempo se distorsiona cuando estás con esa persona, porque los minutos te parecen eternos, pero al final del día no duran lo suficiente.

—Por Freya, Snotlout —silbó Thuggory. Colocó una mano sobre el hombro del berkiano—, no sé si estoy enamorado de ella, pero sí estoy seguro que esa persona a la que mencionaste la amas con todo tu corazón.

—¿Q-Qué estás diciendo?

—Yo no dije nada, tú fuiste —comentó Thuggory, y agregó con una sonrisa—. Expusiste tus sentimientos por esa persona. No hay nada de que arrepentirse a menos que la cosa no sea correspondida… espera, ¿eso es lo que es?

—¡No es algo que te importe! —exclamó escandalizado, luchando porque se le bajara el sonrojo—. Escucha, nos tenemos tiempo que perder en tonterías. Volvamos al entrenamiento.

—Está bien, Snotlout, te dejaré en paz por ahora, pero tienes que contarme de quien se trata. Si es un asunto complicado lo de ustedes, quizás pueda ayudar en algo. Los arreglos matrimoniales en Berk no me competen, pero veré cómo me las arreglo.

Por Odín, Thuggory tenía buenas intenciones, pero sólo estaba ocasionando que Snotlout se arrepintiera de haber hablado. No era algo que le avergonzara que los demás supieran sólo que prefería que la persona implicada se enterara primero. Después de todo, Snotlout no soportaría que lo rechazaran por cuarta vez en público.

—¿Ése no es el hermano de Ruffnut? —preguntó Thuggory mirando hacia arriba.

La sombra de un Zippleback pasó volando de prisa. No era normal que un jinete fuera personalmente a entregar un mensaje, por lo que Snotlout se apresuró a acercarse a Tuffnut para saber lo que había ocurrido. Lo que Snotlout no esperó fue encontrar a su madre montada en Barf, la cabeza que le había correspondido a Ruffnut anteriormente.

—¿Madre? ¿Qué está pasando?

Vidgis se bajó de Barf, enfrentándose a su hijo. Snotlout conocía bien las expresiones de su madre. Vidgis no era como la mayoría de mujeres en Berk. Ahí donde las demás tenían el carácter fuerte y decidido, Vidgis era dulce y amable, y aunque posiblemente no la hiciera lucir intimidante, había bastado para atraer a Spitelout. Su matrimonio era posible por eso, porque Vidgis fue capaz de querer a un cretino como él.

Por eso a Snotlout fue fácil darse cuenta de lo que estaba pasando… sólo tuvo que ver los ojos de Vidgis. Su madre era un libro abierto en ese momento, con sus ojos cristalinos por las lágrimas y los hombros temblando para soportar la pena y no derrumbarse ahí mismo.

Cuando la situación se hizo clara en Berk de lo que les había pasado a Spitelout y Fishlegs, Tuffnut fue el primero en ofrecerse para llevar la noticia a Snotlout. Era el único jinete que quedaba de los seis, así que creyó que toda la responsabilidad recaía en él. Así que llamó a Barf y Belch, y esperó a que Vidgis reuniera la fortaleza suficiente para montar en el dragón (no sin antes propinarle un golpe a Baggybum en la nariz, cuando el obeso tío lejano de Hiccup y Snotlout quiso consolarla y propasarse con ella cuando se derrumbó).

Snotlout no había tenido la mejor relación con su padre, pero lo quería y quería que se sintiera orgulloso de él. Recordó las últimas palabras que compartieron antes de que partiera junto a Fishlegs para escoltar a los Uglithug.

"Me conoces y sabes que no estaré feliz con tu… particular elección, pero has demostrado ser un Jorgenson honorable. Haz traído orgullo al clan. Creo que lo menos que puedo hacer como padre es aceptar a la personas que te gusta… aunque de eso hablaremos con más calmita cuando regrese a Berk. Probablemente me quede un mes para conseguirle algo a tu madre…".

Spitelout era un patán, pero tenía sus momentos. Cuando Snotlout se había asustado luego de escuchar una historia particularmente terrorífica de troles y fantasmas, Spitelout le había puesto una espada en mano y le había dicho que cualquier cosa que intentara comérselo, tendría que vencerlo primero.

—Lo siento, Snot —ni siquiera había sentido que Tuffnut le había puesto una mano sobre el hombro.

¿Por qué le ofrecía una disculpa cuando él mismo estaba llorando? No sólo había muerto su padre, sino también Fishlegs. Un amigo llorón y tembloroso, pero leal y valiente cuando debía serlo.

Vidgis no pudo soportar más y abrazó a su hijo, estallando en llanto sin importarle llamar la atención de los Meathead. Snotlout la sostuvo entre sus brazos, pero aunque la noticia caló profundo en él, no derramó ni una lágrima.

Fue extraño para él no sentir nada en ese momento.

Saber que Spitelout Jorgenson había muerto y él no podía llorarlo.


Las mareas arrastraron más deshechos, restos de la flota Uglithug. Mala inspeccionó la playa con detenimiento. No le sorprendió la inmensa cantidad que encontró. Tantrum había llevado una de las más grandes flotas, por lo que era normal que las playas de las islas alrededor se cubrieran de desperdicios. La madera, el metal y la tela eran lo de menos, Mala había llegado a encontrar cadáveres flotando, o siendo devorados por tiburones; reunió a los que pudo y los ocultó en una isla. Sus funerales tendrían que esperar, cuando los perpetradores de semejante masacre fueran enviados al infierno.

—Su Alteza —dijo uno de sus restantes subordinados. Mala había llevado sólo a tres defensores del ala. Su misión no requería más, y había sido una decisión sabia. Un grupo más grande habría sido detectado más rápido por los centinelas en los barcos romanos—. La isla está limpia y acomodamos los cuerpos en un lugar seguro.

—Perfecto —pronunció Mala montándose en Sleuther, el Triple Stryke que había pertenecido a Dagur antes de tantos problemas—. Los romanos se movilizan constantemente. Si no se quedan en un solo lugar, no podremos calcular cuándo ni dónde atacarán. Y están atrapando dragones en cada redada, lo que quiere decir que sus calabozos estarán llenos, ésa puede ser su debilidad. El peso extra los hará lentos, a menos que envíen barcos especiales con los dragones hacia el continente.

—¿Hemos terminado nuestra misión? —preguntó.

—Sí, no nos queda más por hacer. Hemos conseguido que se dispersen un poco cuando resguardamos los cadáveres, así que no tendremos que atravesar un campo lleno de trampas. Ustedes irán a las Islas Bog-Burglar a informar a Lady Siriana. Necesitan reforzar sus defensas. Yo volveré a Berk.

El atardecer pintó el cielo con sus colores anaranjados. Mala no se había dado la oportunidad de ver uno desde hace tiempo. Sus responsabilidades como reina no tenían que ver con eso, sino… algo más personal. Mala no era una persona fría e insensible. Ella sentía como los demás; sufría, odiaba y amaba.

Aún podía recordar los momentos felices que había vivido con Dagur. Su compromiso no sólo reforzaría a dos de las tribus más fuertes sino uniría a dos personas que nunca habrían creído posible amarse tanto. Al menos Mala sí lo había querido. Dagur estaba mal de la cabeza, pero sus excentricidades nunca la molestaron porque él era más que locura.

Dagur era orgulloso, listo y hábil. Era fuerte e imparable. Mala lo había querido como su rey. Mala lo había querido como su hombre.

¿Y cómo había terminado eso?

—¡Estamos bajo ataque! —exclamó uno de sus subordinados. Una enorme bola de fuego se impactaría sobre ellos, pero los dragones actuaron con rapidez y los pusieron a salvo en el cielo.

Múltiples ataques provinieron de los barcos que se acercaban, su plan era derribarlos antes de que alcanzaran grandes alturas. Mala había averiguado que ninguno de los romanos fue capaz de montar un dragón; si era porque Dagur no les había enseñado o porque ellos no lo creyeron necesario, no lo sabía, sólo que también era una ventaja si de su lado lograban esquivar todo el armamento de largo alcance en las cubiertas.

—¡Váyanse ahora! —ordenó Mala a sus subordinados. Ambos se miraron entre sí, dudosos—. Ellos saben que estoy aquí y querrán matarme, así que a ustedes los ignoraran para darme prioridad. Vuelen hacia Siriana y explíquenle que pronto irán por ella.

Ellos aún se mostraron indecisos. Mala no quería que perdieran el tiempo por tontos sentimentalismos. Ella era la reina de los Defensores del Ala, no una damisela en peligro. Si había que pelear, lo haría.

—¡Es una orden! —gritó Mala con determinación. Desenfundó su espada. Sleuther movió sus tres colas cuando captó la intención de su jinete—. ¡Muévanse!

Mala no les dio la oportunidad de volver a replicar. Comprendía que el trabajo de sus soldados era protegerla, pero en este caso, las prioridades cambiaban. No sólo estaba en juego su vida sino la de todas las tribus. Si los tres morían, nadie sabría lo que había pasado.

Sleuther se lanzó en picada esquivando bolas de fuego, flechas y redes. El dragón no había sido un campeón de lucha por nada, y todo el infierno que vivió en los combates en los que los vikingos lo obligaban a participar, le estaba sirviendo para luchar contra una flota. Mala brincó del lomo de Sleuther, justo a la cubierta donde su espada se encontró con la de los soldados romanos. Ella sabía que estaba en desventaja, pero había encontrado una solución para retrasarlos. Los romanos estaban utilizando baba de Monstruos Nightmare en sus bolas de fuego, los barriles estaban a cada lado de las catapultas.

Sólo necesitaba una chispa para causar una explosión masiva. Quien quiera que les pasara el dato no les había dicho lo inflamable que era la baba.

Mala le cortó la garganta a un arquero, robándole su arco y flechas con la punta encendida. Disparó a seis bastardos que pretendían acorralarla, para usar la última flecha en un barril. Chifló y saltó por la borda para aterrizar sobre Sleuther que hacia trizas una red con sus tres colas.

Ella miró hacia atrás. Sus soldados la habían obedecido y se alejan. Sonrió con orgullo… hasta que una sombra cayó encima de ellos, derribándolos fácilmente. Los dragones que llevaban fueron tratados con crueldad, sus alas fueron perforadas rápidamente y ellos se precipitaron hacia el océano.

Mala no pudo creer lo que vio, pero no tuvo tiempo de lamentarse. Tuvo que alzar vuelo para evitar que la atraparan.

—Vaya, vaya, verte peleando siempre me pone caliente, Mala.

Esa voz…

—Dagur —dijo Mala con la mandíbula tensa. Apretó el mango de su espada y ordenó a Sleuther a subir hasta encontrarse con Dagur. El Berserker estaba sobre su leal gronckle, Shattermaster—. Maldito bastardo…

—Yo también te extrañé, querida —sonrió el demente—. Ah, es tan fácil leer sus movimientos. Sabía que alguien vendría en cuanto supieran del desastre de Uglithug, pensé que sería mi hermano con eso de que tengo de rehén a uno de sus amiguitos, pero… viniste tú. No me quejo. He pasado mucho tiempo solo desde la última vez, no me vendría mal un poco de tu compañía, incluso podría ordenarle a todos ahí abajo que nos den varias horas para disfrutarlo completamente.

Esa lengua sucia, que a Mala le había parecido despreciable cuando lo conoció, pero que la había derretido en la intimidad.

—Lo único que obtendrás de mí es el filo de mi espada —aseguró Mala apuntando hacia él—. Como reina de los Defensores del Ala es mi deber acabar con cualquiera que amenace la vida de la Voz Elegida y de todos los vikingos en el Archipiélago.

—Deber, deber, deber, siempre te gustaron ese tipo de cosas —masculló Dagur—. Era tu deber proteger al erupciodon. Era tu deber proteger a los dragones. Era tu deber elegir un hombre digno de ser tu rey. Era tu deber matarme luego de todo lo que hice cuando traicioné a Heather. Pero no lo hiciste.

—Y ése es un error que aún puedo enmendar —dijo con convicción—. No importa si muero, si te mato cambiaré el rumbo de esta locura que empezaste.

—Ah, pero te equivocas, mi reina, yo no comencé nada. De todos los involucrados soy quien mejor entiende la situación. Hiccup aún no sabe nada porque se niega a vincularse con quien tiene la llave de toda la historia, y cuando el lobo que devoró a las lunas pasadas haga lo mismo con su amiga, será muy tarde.

—¿Me crees tan tonta para contradecirte y darte información con eso? Te lo dije ya, Dagur, cometí un error y pienso corregirlo.

—Aaah, mi reina, oírte hablar así me emociona mucho —dijo estremeciéndose de placer. Una expresión melancólica ocupó su rostro por unos segundos—. En verdad te eché de menos.

El sol estuvo a punto de ocultarse en el horizonte. Ambos se miraron mutuamente, esperando el momento de lanzarse al ataque. Mala conocía la fuerza de su oponente. Dagur no tenía su fama sólo por estar loco, sino por sus afiladas habilidades de combate. De no ser porque se abstenía a momentos de matar, no dudaba que Hiccup y sus amigos hubieran terminado muertos.

Cuando la noche cayó, fue el momento.

Con un grito enardecido el berseker espoleó a Shattermaster para volar hacia Mala y Sleuther. Ambos dragones eran conscientes de la tensión, pero su lealtad siempre estaría con el jinete sobre sus lomos, así que cualquier vínculo que ellos compartieran, había sido olvidado. Shattermaster escupió una bola de piedra incandescente fundida que Sleuther esquivó con gracilidad.

La primera vez que Dagur y Mala chocaron espadas, el sonido fue similar al de un trueno irrumpiendo en el cielo. Los romanos habían detenido sus propios ataques para ver la pelea que se desarrollaba, agradeciendo la tenue luz de luna que ofreció la única fuente de iluminación. La reina y el Berserker luchaban usando cada movimiento en su repertorio, acechándose sobre sus dragones, mirándose con una mezcla sobrecargada de emociones conflictivas.

A Mala regresó el día en que todo había acabado. Había estado vigilando las reparaciones a las chozas de su pueblo cuando llegó un mensaje urgente de los Berserker. Al parecer se había desatado una guerra civil y necesitaban apoyo. Temiendo que Dagur y su hermana estuvieran en peligro, Mala no dudó en reunir a un escuadrón para ir a ayudar. Lo que se encontró no fue lo que esperó. Sí, era una guerra civil, pero no contra los hermanos berserker, sólo contra Heather. Dagur estaba peleando contra su hermana por el control de la tribu.

Mala no había entendido qué ocurría. En ese momento se sintió dividida. Por un lado, su alianza con los Berserker, que exigía que apoyara a Heather. Por otro… lo que sentía por él. Mala todavía podía recordar lo que ocurrió, las horas que luchó para lograr que Heather y sus pocos aliados escaparan, cómo evitó que su cuñada asesinara a Dagur cuando consiguieron acorralarlo…

"¡No compadezcas a un hombre que sólo te estaba utilizando!". Heather le había gritado cuando Mala le dijo que le había perdonado la vida.

—¡No te distraigas! —exclamó Dagur logrando perforar el costado izquierdo de la reina con su espada. Mala reaccionó a tiempo para evadir una segunda estocada. Con esfuerzo, ella alzó su espada logrando rozar su hombro izquierdo—. ¡Buen movimiento, mi reina! ¡Pero eso no es suficiente!

Mala se sostuvo su costado. Era una herida profunda, lo supo por la enorme mancha de humedad en sus ropas. Maldición. Se había distraído por lo tontos recuerdos y se había puesto en desventaja. Sin embargo, Mala no era sino una mujer prevenida. Los Defensores del Ala habían creado bombas somníferas potentes, si conseguía darle con una a Dagur podría huir.

El problema era que Dagur era excelente moviéndose en el aire. Tener un gronckle no le impedía hacer maniobras alocadas.

Mala sólo tenía una opción.

Blandió su espada y animó a Sleuther a carga contra Dagur. El Berserker sonrió ante el desafío, preparándose para finalizar la pelea. Había herido a Mala y sabía que ella no duraría mucho, no cuando había estado en constante alerta y huyendo de los romanos esa semana. Pero Dagur había olvidado la fuerza del Triple Stryke. Cuando ambos oponentes iban a encontrarse de nuevo, Sleuther golpeó el estómago de Shattermaster con dos de sus colas. El pobre Gronckle se quejó lastimeramente, perdiendo el conocimiento enseguida.

Mala aprovechó la oportunidad. Saltó hacia Dagur y le arrojó la bomba, logrando el objetivo de darle directo en el rostro. Dagur berreó por haber sido sorprendido e intentó atraparla, pero Mala ya había saltado de nuevo a la seguridad del lomo de su dragón.

Impedido, Dagur se rindió dejando que ella se fuera. Mala volteó hacia atrás viendo que los barcos reanudaron sus ataques cuando el dragón del Berserker empezó a caer.

Mala abrió los ojos desaforadamente, para luego volver la mirada hacia el frente.

Se sostuvo el costado de nuevo, ignorando el ardor de sus heridas. Había echado un último vistazo a Dagur y le había parecido verlo mover la boca. Mala era buena leyendo los labios, pero lo que había captado no tenía sentido.

"Dos voces en una".

¿Qué, en el nombre de los dioses, significaba eso?

Mala prefirió no pensar en ello e instó a su dragón a volar lo más rápido que pudiera.


Ah, quiero escribir escenas de romance bonito, pero al final le meto angst. ¿Por qué soy así? Bueno, no tengo mucho más que agregar. Nos leemos en el siguiente capítulo, supongo. Ah, sí, si no entienden los tiempos en los que estos acontecimientos ocurren, todo pasa unos días después de que Hiccup sigue a Ruffnut cuando ella camina sobre el mar. En esos seis días pasarán cosas interesantes.