Bueno compañeros lectores, he aquí una nueva historia. Será corta, a lo sumo cinco o seis capítulos, en donde quiero profundizar un poco más en la relación tan cercana, y al mismo tiempo, familiar que hay entre Spike y Twilight. Y no se preocupen, la historia de Sunset seguirá su curso, pronto empezaré a escribir el siguiente capítulo.

¡Pero por ahora, disfruten de esta!

P.D: Los personajes de My Little Pony no me pertenecen a mí, son propiedad de Hasbro y Lauren Faust. Algunos, sin embargo, sí son de mi misma autoría.

Dulcísima madre mía.

Capítulo 1

Mami.

Era de día, y había empezado a nevar de nuevo. La temperatura había descendido drásticamente, y todos los ponis que se paseaban por las calles tuvieron que ir a buscar rápidamente un refugio cálido y seguro, no queriendo coger un fuerte catarro; los que ya se habían infectado con el virus que circulaba por esta temporada invernal, se encontraban guardando reposo en cama, cada uno siendo cobijado por una suave y cálida manta para mantener el calor, arrullados por el brillo incandescente del espléndido sol que les traía la princesa Celestia, el cual a pesar de las nubes grises que se cernían amenazantemente en el cielo aún se podía apreciar en el horizonte de Equestria, un reino muy conocido por sus paisajes y por ser hogar de las actuales heroínas del mundo y portadoras de la armonía, además de que albergaba la biblioteca más grande que se ha podido encontrar, la cual contenía los más antiguos libros de magia, historia y ciencias de los que se hayan tenido registro, específicamente la biblioteca de Canterlot.

Pero sobre-todo, dicho reino era conocido por la amabilidad y alegría de sus habitantes. Definitivamente, si se quería unas vacaciones para relajarse, este era el lugar indicado. Era un reino pacífico, lleno de tranquilidad y armonía, y en donde predominaba el amor y la amistad.

En el pintoresco y alegre pueblo de Ponyville, que se encontraba cerca de un misterioso bosque denominado Everfree, reinaba la calma y el silencio, interrumpido de vez en cuando por el constante silbido de los vientos invernales, anunciando que hoy iba a haber otra nevada, como en los últimos días, y combinado eso con el ocasional estornudo de algún poni que todavía se paseaba por las desoladas calles cubiertas de nieve; y es que casi todos en ese pacífico pueblo habían caído en cama con la enfermedad que circulaba durante esta época, y los que aún no lo habían hecho contaban con buena suerte…Sí, definitivamente eso era tener muchísima suerte.

Pero precisamente en un castillo que por fuera parecía un árbol, ubicado en el centro de Ponyville, uno de sus habitantes al parecer no había tenido tanta suerte.

En una gran habitación, con estanterías llenas de libros y cómics, junto con algunas fotografías colgadas en las paredes de cristal, un dragón bebé, de nombre Spike, comenzaba a despertar sintiendo un terrible dolor en todo su cuerpo, como si hubiese corrido una maratón completa. Su garganta ardía, y tenía la nariz tapada, haciéndole imposible la tarea de respirar con normalidad. Abrió los ojos de golpe, pero enseguida deseó no haberlo hecho.

Un horrible dolor de cabeza lo recibió apenas lo golpeó la débil luz del sol de Celestia que alcanzó a filtrarse a través de las cortinas. Cerró los ojos y gimió, llevándose una garra a la frente, percatándose de que tenía algo de fiebre, pero no lo suficiente para alarmarse. Estornudó un par de veces, frotándose la nariz con su garra y volviendo a recostarse sobre la suave almohada que actualmente usaba.

No tenía ganas de levantarse, pero debía limpiar el castillo, pues hoy iba a venir Falalauria, la reina de las sirenas a reunirse con Twilight, y el día anterior, la princesa de la amistad le había preguntado a Spike si podía hacerse cargo de la limpieza del hogar.

Él aceptó, encantado; le hacía muy feliz el ayudar a Twilight en lo que fuera, incluso si no se sentía en óptimas condiciones.

Alcanzó a tientas el reloj mágico que la alicornio de ojos violetas le había regalado en su último cumpleaños, el cual tenía la forma de un libro, y estaba exclusivamente diseñado para que con un toque del portador, se abriese la puertecita de un pequeño nido, en donde esperaba un pajarito cucú que bailaba moviendo sus alas enérgicamente, siguiendo el ritmo de las manecillas del reloj, mientras la pequeña ave repetía incesantemente su característico canto y cuando terminaba una campanita anunciaba la hora, sonando el número de veces que indicaba la manecilla superior; la manecilla inferior marcaba los minutos.

Lo había fabricado ella misma, pintándolo luego con un bonito color púrpura. Spike no recordaba cuántas veces le había dado las gracias mientras Twilight le sonreía, viéndolo abrir sus otros regalos; que, evidentemente también eran muy especiales y para buen uso, pero el que Spike quizás apreció mucho más que los otros fue el detalle de la joven princesa.

Siempre había querido un reloj de esos; lo había visto cuando era más pequeño en una tienda de juguetes en el reino de los castores, llamado Castorndridge junto con Twilight, cuando Celestia los había llevado de excursión a ese lugar, y desde entonces siempre había pedido uno de esos ejemplares; pero, o costaba conseguirlos o nadie en Equestria sabía fabricar uno…O eso pensaba él.

Nadie, ni siquiera la princesa Celestia, había podido construir un reloj mágico con un ave cucú, hasta que, un día, Twilight había decidido intentarlo…Solo con tal de verlo feliz. Era algo que nadie había hecho nunca por él, y Spike se sentía muy agradecido de tener en su vida a alguien que se preocupaba profundamente por su felicidad.

Él sonrió débilmente ante el recuerdo de aquel día, olvidándose por un momento de sus dolencias, y abrió los ojos despacio, acostumbrándose poco a poco a la luz que provenía del exterior.

Observó con detenimiento el reloj, el cual indicaba que eran cerca de las nueve de la mañana, y la reina de las sirenas llegaría al mediodía para almorzar con la princesa de la amistad, por lo que Spike debía levantarse a pesar de sentirse mal, y limpiar todo hasta que el castillo quedara impecable.

Dejando su preciado reloj cucú a un lado, se arrastró hacia el borde de la cama, poniéndose de pie, pero apenas lo hizo un fuerte mareo lo obligó a sostenerse de la misma, todo para no caer y alertar a Twilight, quien supuso ya estaría despierta.

La cabeza le latía y sus patas temblaban, pero se las arregló para mantener el equilibrio y salir de la habitación, rumbo a las escaleras en forma de caracol, cuyo descenso iba a ser toda una proeza, más por su estado enfermizo.

Le fue un poco difícil mantener el equilibrio mientras descendía con extremo cuidado a la planta baja, pero logró llegar al piso inferior, yendo directamente a la sala del trono, donde, y tal como había pensado, Twilight ya se encontraba sentada en su trono de espaldas a él, firmando algunos documentos de último minuto.

-Buenos días, Spike- Saludó ella con una sonrisa, levantando la mirada por un momento de los papeles que levitaba con su magia para ver brevemente a su pequeño y fiel compañero, antes de volver a lo que estaba haciendo.

-Buenos…Di…As- Respondió Spike, con una débil sonrisa, y se tocó el cuello con suavidad, sintiendo como si su garganta estuviera en llamas, pero muchísimo peor.

Desde su trono, Twilight le lanzó una mirada preocupada, con esos preciosos ojos color violeta, siempre sabios, suaves y amables, pero al mismo tiempo rebosantes de una dulzura enternecedora.

-Spike, ¿estás bien? Tu voz se oye muy mal- Giró su trono de forma que quedara mirando hacia la puerta, pudiendo apreciar el deplorable aspecto de su asistente.

Su rostro lucía muy pálido, las patas le temblaban; sus ojos estaban llorosos y enrojecidos, con oscuras bolsas bajo los párpados, y su nariz, al igual que sus mejillas, estaba muy roja, con unas cuantas gotitas de mucosidad empezando a emerger de sus fosas nasales.

Se había resfriado, no había la menor duda. Él había estado en casa de Applejack el día de ayer, y Apple Bloom estaba recién saliendo de un fuerte resfriado, típico de estos días invernales.

Pero Spike, sin importarle mucho el clima inusualmente frío y siendo tan noble como era su costumbre, se ofreció a ayudar a Applejack a recoger algunas manzanas, las pocas que había en los árboles que todavía no se habían congelado, y de paso fue a ver cómo se encontraba Apple Bloom, regresando muy tarde por la noche en medio de una tormenta de nieve, y al parecer no se había abrigado del todo bien.

La alicornio lavanda suspiró internamente, y una mirada de intensa preocupación cruzó su rostro.

Habían pasado años desde la última vez que Spike había enfermado (bueno, un par de años para ser exactos), y sabía que cuando él se enfermaba su cuerpo no regulaba bien su temperatura corporal, lo que le provocaba una fiebre altísima; y, también sabía lo terco que su asistente podía llegar a ser, si se lo proponía.

Ahora que sabía que Twilight iba a recibir una visita de estado, él estaba dispuesto a dar todo con tal de dejar el castillo limpio y reluciente, a pesar de su enfermedad, pero aquello podría empeorar su salud.

La princesa se levantó de su trono, y trotó hacia el dragón bebé, colocándole una pezuña en el hombro delicadamente.

-Spike…Vuelve a la cama, te ves terrible- Le dijo con preocupación, pero él muy obstinadamente negó con la cabeza, retirando con delicadeza la pezuña de Twilight, y tosió un par de veces para intentar aclararse la garganta, antes de hablar con una voz rasposa y constipada.

-Twi, estoy…Bien, y me…Siento bien-

-¿Seguro? Déjame ver si no tienes fiebre…- Quiso poner una pezuña en su frente, pero él se alejó de ella rápidamente, girándose hacia la puerta de cristal, y contuvo las ganas de hacer una mueca de dolor al sentir revuelto su estómago por hacer tan brusco movimiento.

No quería ponerle más preocupaciones, de por sí ella había estado muy estresada estos últimos días por la visita de la reina Falalauria, ahora él no le iba a añadir más presión con su malestar.

-¡Estoy bien! Yo…Voy a preparar el desayuno y luego…Empezaré a limpiar el lugar, debe verse…Perfecto para…La visita de la Reina…Falalauria...Te espero en…La cocina- Dijo en un murmullo suave, ronco, casi inentendible, pero que Twilight pudo oír perfectamente.

-Spike, no deberías…- Miró a su alrededor, percatándose de que él ya se había ido.

La joven princesa se quedó mirando la puerta, medio abierta, y suspiró, dejando los papeles a un lado y saliendo de la estancia.

"Hay por Celestia, qué dragón más terco"… Pensó con un suspiro frustrado, dirigiéndose a la cocina donde Spike ya la esperaba; se estaba poniendo el delantal, justo cuando ella llegó.

Estaba cocinando algunos huevos, pan tostado, y un poco de café para Twilight, junto con un delicioso chocolate caliente.

Twilight solo lo observó trabajar, viendo que él de vez en cuando se sentaba a descansar en el banquillo que usaba para alcanzar las zonas altas, algo que normalmente no hacía.

-Spike, agradezco enormemente que me quieras ayudar, pero me preocupa tu salud- Ella habló tras un corto silencio, sobresaltando al dragón bebé quien casi tira la botella de chocolate en polvo que sostenía entre sus garras.

-Twilight, ya te dije que estoy bien. No hace falta que te…Ah...Ah ¡Aaachuuu!-

Un fuerte estornudo escapó de su nariz, al tiempo que de la misma surgía una pequeña nube de fuego de color verde, la cual terminó haciendo que la sartén donde ya empezaban a freírse los huevos, junto con la botella de cacao que aún sostenía, el café y el pan se quemaran completamente y se derritiesen como lava fundida, dejando lo que prometía ser un delicioso desayuno ya incomestible.

-Salud- Pronunció Twilight después de un momento, apagando el fuego con su magia antes de que consumiese por completo la cocina, gimiendo internamente al ver tanta comida desperdiciada.

-Lo siento, Twilight…- Se disculpó Spike, bajando la mirada, y un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas, sintiéndose muy mal, no solo a causa de su resfrío, sino también porque había arruinado por completo el desayuno que tan amorosamente estaba haciendo para la que ha sido como una madre para él.

-Tranquilo…No fue tu culpa, no sabías que eso iba a suceder- Respondió la alicornio, acercándose y levantándole el rostro, limpiándole las lágrimas, y discretamente trazó con su pezuña una línea desde sus mejillas hasta su frente, notando que estaba muy caliente…Demasiado caliente. -Cielo, tienes fiebre… ¿Por qué no vuelves a la cama? Yo me encargo de limpiar aquí y en el resto del castillo, ¿de acuerdo?-

-P pero…Ahora no puedo, tengo que hacer otro desayuno para ti, y…-

-Puedo hacerlo yo, aún quedan algunas magdalenas y panqueques del último desayuno que organizó Pinkie- Le señaló el refrigerador como para dar énfasis.

-Está bien…Pero, Twilight…- Tosió dolorosamente, y luego agregó. -Tengo que ayudarte, Falalauria viene…Y tú aún tienes que firmar esos documentos importantes- Protestó, alejándose del toque de la princesa.

-Hay, Spike…- Suspiró la alicornio lavanda, atrayéndolo hacia sí en un abrazo. -Sé que quieres ayudarme, agradezco tu nobleza, pero ya has hecho lo suficiente. Sube, te llevaré una sopa de verduras con las gemas que tanto te gustan y un jugo de naranja, ¿te parece?-

-Bien, bien, tú ganas…- Suspiró el joven dragón, devolviéndole el abrazo a Twilight, y luego se separó de la princesa, poniéndose de pie con esfuerzo evidente.

-Eso es, así me gusta…Ahora ve, subiré en un momento- Ordenó Twilight, y, aunque un poco entre aliviado y a regañadientes, Spike obedeció y se dirigió gateando hacia las escaleras, pues se sentía demasiado inestable como para subirlas con normalidad.

Al llegar a la cima de las escaleras, el pequeño dragón se derrumbó en el suelo, agotado.

Aún se sentía mal por haber quemado accidentalmente el desayuno que le había preparado a Twilight, y aunque ella le había dado la orden directa y sin discusión de quedarse en cama, Spike deseaba ayudarla…De alguna manera.

Twilight siempre había hecho tanto por él, no solo lo había hecho nacer, sino que también lo había criado ella sola, desde pequeña se levantaba todas las noches a arrullarlo hasta hacerlo dormir, lo alimentaba, lo cuidaba cuando estaba enfermo, le había enseñado a hablar, leer y escribir…Le había enseñado a usar su fuego adecuadamente, a cocinar, a limpiar, a pintar; había jugado con él siempre que podía, lo consolaba cuando se sentía triste, le enseñó a rezar juntando sus pequeñas garritas, le leía cuentos, explicándole, como una muy buena maestra, lo que él no entendía…Eran tantas las cosas que Twilight había hecho por él, y aunque Spike siempre la ayudaba, todavía sentía que no había hecho lo suficiente.

Se levantó del frío y acristalado suelo, el cual empezaba a sentirse muy bien contra su piel cálida, y en sus cansados ojos color esmeralda brilló la determinación.

Iba a limpiar, al menos, el segundo y el tercer piso, a pesar de no sentirse bien y de que él sabía, y perfectamente, que Twilight le daría una reprimenda por desobedecerla, pero el dragón bebé no podía quedarse de patas cruzadas sin hacer nada por la princesa, no después de que ella había hecho hasta lo imposible por él.

Entró a su habitación un momento, saliendo poco después con una caja de pañuelos, una escoba y un trapeador entre sus garras, y se dirigió a limpiar la habitación de Twilight, la cual estaba justo al lado de la suya.

Twilight puso unos cuantos ópalos ya triturados en el interior de la sopa de verduras que estaba preparando para Spike, y luego la colocó en el horno, poniéndola a calentar.

A pesar de que ella tenía mucha hambre, el bienestar de Spike era su principal prioridad en estos momentos, por lo que no iba, ni tenía ganas, de comer hasta subir y ver cómo se encontraba.

Ella suspiró, cerrando los ojos con tristeza.

Él era tan noble…Siempre ayudándola en todo, incluso si eso significaba poner sus necesidades por debajo de la princesa. ¿Y ella? No le daba descanso tampoco, solo le daba órdenes…Bueno, admitía que a veces sobrecargaba a Spike, pero siempre trataba de darle tiempo libre, sin embargo ella sentía que a veces se excedía con él…La alicornio lavanda le decía solo qué hacer, como si él fuese un esclavo.

Pero… ¿Era así como ella trataba a Spike? Celestia mía…Eso sí que no se lo perdonaba. ¡Él hacía tanto por ella, incluso se aseguraba de que estuviese comiendo y durmiendo bien! ¿Y ella qué? No se lo agradecía, ¡en los últimos meses ni siquiera le había dedicado tiempo a Spike, todo por sus benditos estudios y deberes de princesa!

-¡Agg!- Exclamó Twilight con impotencia, golpeándose la cabeza contra la pared acristalada de la cocina mientras las lágrimas le corrían por el rostro. -¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?- Se lamentó, quitándose la corona y arrojándola lejos, sintiéndose enojada consigo misma.

Desde que se había convertido en princesa, Twilight había estado últimamente muy concentrada en sus estudios, tanto así que ni se daba cuenta cuando Spike se le acercaba para pedirle si podía llevarlo al parque o cuando quería simplemente hablar con ella, y, o Twilight no lo escuchaba o no le prestaba atención…Y por eso él se había enfermado.

Ayer él había olvidado por completo su bufanda, ahora que lo recordaba, y Twilight ni siquiera se percató de ello cuando él había salido por la puerta, teniendo ella centrada su atención en un libro de hechizos avanzados que debía traducir del ecuestre antiguo al ecuestre actual.

Tardó gran parte de la tarde y casi toda la noche, pero finalmente esta mañana a primera hora la princesa lavanda había enviado ese importantísimo libro a la biblioteca de Canterlot. ¡Pero ese tonto libro no era más importante que el bienestar de Spike!

¿Qué pensaría él de ella? ¿Querría irse con los dragones porque ella lo había descuidado?

No lo culpaba si Spike quería irse de su lado para siempre, después de todo ella no lo había protegido y mucho menos lo había hecho feliz, como prometió que lo haría el día de su eclosión…

-¡Mamá!-

Hubo un sonido como de cristales rompiéndose en la planta de arriba, seguido por un golpe seco. La alicornio perdió el hilo de sus pensamientos, abriendo mucho los ojos y con el corazón latiéndole como si se le fuera a salir del pecho.

Ese grito desgarrador, esa dulce vocecita…Ese nombre que solo alguien tenía el honor de darle, "Mamá"…Solo podía ser de…

-¡Spike!- Gritó ella, saliendo disparada hacia las escaleras, con la palidez adueñándose de su rostro y la preocupación viniendo de nuevo a ella.

¿Qué le pudo haber pasado a Spike? ¿Estaría bien? Y la pregunta más importante… ¿Dónde estaba?

Subió las escaleras con tal velocidad que incluso las paredes temblaban como gelatina a causa del viento que sus alas generaban al agitarse. Ella no era una voladora experta, pero increíblemente, en menos de cinco segundos había llegado a la cima de la escalera, con una rapidez que podría ser perfectamente envidiable a los ojos de su amiga Rainbow Dash.

Al llegar arriba, inmediatamente revisó la habitación del dragón bebé, esperando verlo en la cama, pero no se encontraba allí. Aún más asustada, la alicornio instintivamente abrió la puerta de su habitación…Solo para ver…Una escena que jamás se le borraría de la memoria.

Un florero estaba roto en miles de fragmentos irreparables; al lado, una escoba, una caja de pañuelos y un trapeador, y, finalmente, cerca de la puerta, un pequeño dragón, casi inconsciente, temblando y con las lágrimas desbordándosele de los ojos, y una mueca de dolor adornaba sus facciones.

-¡Spike! ¡Spike, háblame, por favor!- Suplicó la alicornio, corriendo hacia él y observando la lividez que tenía su rostro, y le tocó la frente suavemente, teniendo que retirar su pezuña apenas esta hizo contacto, pues la piel de Spike ardía en llamas…Esa era la más grande preocupación de Twilight…Cuando Spike era más pequeño, le había sucedido lo mismo, cuando se enfermaba a su cuerpo le costaba mucho mantener la temperatura estable.

-Ma-má…- Balbuceó él, tratando de alcanzar inútilmente una de las pezuñas de Twilight.

Con lágrimas en los ojos y sin saber exactamente qué hacer, la princesa de la amistad tomó a Spike con su magia, depositándolo suavemente en su regazo mientras lo acariciaba, sin importarle si su piel resultaba quemada o no por el intenso calor que irradiaba el cuerpecito de su bebé.

-Estoy aquí, Spike, estoy aquí…- Habló suavemente, sintiendo el débil abrazo del joven dragón, quien desesperadamente buscaba aunque fuera un poco de calor en su cuerpo.

-Te tengo…Frío…- Jadeó, tosiendo fuertemente en busca de aire, sintiendo que el oxígeno tan necesario que entraba en sus pulmones era demasiado helado. -Mami…Mami…- Sollozó, abrazándose a la princesa, quien lo miraba con aquellos dulcísimos y tiernos ojos inundados en lágrimas, acunándolo contra su corazón.

-Tranquilo, mi cielo…Aquí estoy- Cerró aquellos orbes color violeta por un breve momento, respirando profundamente y tratando de ahogar un sollozo.

No quería que Spike la viera así, con el rostro pintado de preocupación y lágrimas corriéndole como cascadas; no, ella debía ser fuerte. Por él. Spike había estado siempre ahí para ella, ahora ella le devolvería el favor.

Abrió los ojos con una expresión más serena, teniendo de repente una idea práctica para bajar la fiebre del pequeño dragón entre sus cascos.

-Spike, mírame…- Murmuró, bajando el rostro a su nivel. -Vas a estar bien…Tienes mucha fiebre, te daré un baño con hielo y veremos si baja, ¿de acuerdo?-

-S sí…- Él asintió, mirándola con esos ojos esmeraldas que antes estaban radiantes de vida; ahora, sin embargo, lucían tristes y cansados.

Con un suspiro tembloroso, y tratando de contener sus propias lágrimas las cuales no habían cedido del todo, Twilight puso delicadamente a Spike sobre su espalda, empezando a trotar lo más rápido posible hacia su baño privado.