Cuarto capítulo a la vista, queridos lectores. Gracias a todos los que siguen mi historia, la comentan, y la agregan a favoritos. Sin ustedes esta obra no sería posible.

Ahora, antes de empezar, he de aclarar que he cambiado el nombre "Changeling" por "cambiante", su traducción en latino. Espero no les importe, pero si no les gusta cómo queda, háganmelo saber y lo corregiré.

Y, sin más que decir, los dejo leer. ¡Disfrútenlo!

P.D: Los personajes de My little Pony no me pertenecen a mí, son propiedad de Hasbro y Lauren Faust. Algunos, sin embargo, sí son de mi misma autoría.

Dulcísima madre mía.

Capítulo 4

Siempre te querré.

-¡Estoy en casa!- Gritó Spike, entrando por la puerta principal.

Twilight sonrió mientras se levantaba de su trono para recibirlo, abriendo la puerta de la sala antes de que esta fuese derribada por la colisión casi catastrófica de un dragón bebé corriendo con sus bracitos extendidos hacia la princesa, mientras que con su cola arrastraba una pequeña maleta detrás de él.

-¡TWIIII!- Exclamó él felizmente, llegando hasta donde ella estaba, y tras dejar su maleta en el suelo, se abalanzó sobre su más fiel compañera, derribándola en un abrazo.

-Hola, cielo. ¿Cómo te fue? ¿Qué tal el reino de los cambiantes?- Preguntó la alicornio con una pequeña risa al ver la alegría que irradiaba su joven compañero, devolviéndole el abrazo con fuerza.

-¡Fue genial! Thorax incluso me llevó en un recorrido por toda la colmena, me presentó a varios cambiantes e incluso me disfrazó para que fuera uno de ellos por un día. ¡Y mira lo que compré en el camino de regreso!-

Spike soltó por un momento a Twilight, para abrir su maleta y extraer ocho papeles, y se los entregó a la princesa, quien se los quedó mirando estupefacta.

-Son… ¿Son lo que yo creo?- Preguntó ella, con la sonrisa llegándole hasta los ojos.

-Sí, mamá. Conseguí estas entradas para el próximo musical de la Yegua de las Colinas. Será dentro de un par de días, ¡y lo mejor es que será aquí en Ponyville!- Explicó, emocionado, y esta vez, fue Twilight quien lo derribó en un fuerte abrazo.

-¡Gracias, gracias, gracias! ¡Oh, Spike, esto es maravilloso! ¡Hace ya casi dos años que no asisto a un musical de ella! ¡Oh, a las chicas les va a encantar oír esto!-

Spike sonrió, le encantaba ver a su madre así de feliz. Si ella era feliz, él también lo sería, y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella, sin importarle si algunos días se sentía cansado, enfermo o indispuesto; para él, Twilight era su vida, su amiga, su compañera, su madre, su familia…En definitiva lo era todo. Y él la acompañaría hoy y siempre, en todo momento, incluso en los tiempos más difíciles.

-Me alegra que te haya gustado mi regalo, Twi. Incluso hay un boleto para Starlight Glimmer. Iba a comprar uno para Trixie, pero estos eran los últimos.-

-Ah, no hay problema, Spike. Al menos tuviste la intención de darle uno, y estoy segura de que ella va a entender.- La joven alicornio le dio un beso en la mejilla, y agregó, con una mirada dulce reflejándose en sus ojos color violeta. -Cada día estoy más orgullosa de ti, cielo. Te has convertido en un jovencito que piensa siempre en las necesidades de los demás, en lugar de las suyas. Y es por eso que te quiero, y cada día te querré más, sin importar qué.-

Spike parpadeó, aún entre las pezuñas de Twilight, y le sonrió suavemente. Una lágrima rodó por su mejilla hasta caer en el pelaje de la princesa, quien le devolvió la sonrisa mientras le acariciaba las escamas, como cualquier madre amorosa haría con su hijo.

-Yo también te quiero, Twi- Contestó él, aún conmovido, y le besó la mejilla, correspondiendo el gesto anterior. -Y tienes razón. Espero que Trixie comprenda, no quiero que se sienta dejada de lado. Y…Además- Agregó con una sonrisa esperanzada. -También los compré, no solo porque sabía que este regalo les iba a gustar, sino porque…Quiero pasar algún tiempo de calidad contigo. Ya sabes, como madre e hijo…Y últimamente no hemos tenido mucho tiempo libre que digamos- La miró con inocencia. -Pero solo si tú quieres.-

La joven princesa lo miró por un momento, la sonrisa nunca dejando su rostro. Spike era tan inocente… ¡Tan lindo! ¿Cómo podría decirle no a alguien tan dulce?

-Por supuesto que quiero, cielo- Le acarició el rostro con una de sus alas, haciéndolo reír. -Me encantaría. Por cierto, ¿qué más tienes que contarme sobre tu viaje? ¿Qué más hiciste con los cambiantes?- Preguntó, intrigada.

-¡Oh! Bueno, resumiéndote conocí a muchos cambiantes, ¡e incluso me bañé en un lago enorme llamado el lago de las cascadas congeladas! Recuerdo que le pregunté a Thorax por qué se llamaba así, y él me explicó que se le había bautizado con ese nombre debido a que es un lago que siempre está cubierto por un manto eterno de hielo y nieve, nunca se descongela. Ya íbamos a salir de allí, pero de repente Thorax me enterró bajo un montón de hielo por accidente, pisó un bloque que estaba muy quebradizo y se rompió, encerrándome a mí. Cuando finalmente logré salir con ayuda de mi amigo y otros cambiantes, tenía mucho frío, ¡pero fue muy divertido! Lo más fascinante de allá es su biblioteca. ¡Twi, deberías verla! ¡Tiene miles y miles de libros! Bueno, no tanto como la nuestra o la de Canterlot, pero igual tiene bastantes ejemplares.-

La princesa de la amistad sonrió, escuchando atentamente el relato de Spike sobre su viaje.

Su amigo Thorax, ahora el líder de los cambiantes lo había invitado por una semana a su nuevo reino, y Twilight le había dado permiso para ir, alegando que él necesitaba vacaciones.

"Y vaya que le sirvieron esas vacaciones", pensó, con una cálida sonrisa, pero luego sus ojos se abrieron de par en par ante la nueva información que le acababa de ser revelada.

¿El reino de los cambiantes tenía una biblioteca? ¡Por Celestia! ¡Esto le abría las puertas a un mundo completamente nuevo, lleno de información sobre los Cambiantes y todo tipo de conocimientos! ¡Oh, gloriosos libros! ¡Cuánta información sobre los cambiantes, una raza poco estudiada, podría haber en ellos!

-Me alegra que te hayas divertido, Spike. Y… ¿Hay una biblioteca? ¡Eso es genial! Poco se sabe de la raza cambiante. ¡Podría aprender mucho sobre ellos y luego hacer una investigación y…! Uh...Y, supongo que primero debería pedirle permiso a Thorax para ir a visitar la biblioteca de la colmena un día de estos, ¿no?- Ella sonrió tímidamente, con un rubor apoderándose de sus mejillas al ver la mirada en blanco que le estaba dando el joven dragón, quien tras romper el abrazo se había sentado en su mini trono.

-Sí, obvio que sí- Rio él, divertido. -Twilight, si no te conociera de toda la vida, pensaría que eres una acumuladora de libros e información de todo tipo.-

-Bueno, no está lejos de la verdad- Le sonrió la alicornio, sentándose a su lado en su trono respectivo. -Pero yo solo quiero aprender más y más cada día. Como princesa que soy, ya no tengo mucho tiempo para leer como antes, pero siempre aprovecho cada momento que tengo libre.-

-¿Y siempre con la ayuda de tu asistente número uno, verdad?- Spike preguntó, con una sonrisita juguetona en su rostro al saber la respuesta.

-Siempre, Spike- Respondió Twilight, con una sonrisa cariñosa. -Apropósito de eso, ¿podrías traerme un vaso de agua, por favor? Llevo horas traduciendo este libro de hechizos básicos para el jardín de niños mágicos, y tengo mucha sed- Pidió ella amablemente, señalándole el tomo grande y pesado que se hallaba sobre la mesa de cristal junto con otro libro medio lleno, que supuso sería donde ella estaba transcribiendo los hechizos del ecuestre antiguo al actual, con dibujos para que así los unicornios infantes pudieran comprenderlo.

-¡Como usted ordene, princesa Twilight!- Exclamó Spike, saltando de su trono y haciendo un saludo militar, antes de correr hacia la cocina.

-¡Y no te olvides de preparar el almuerzo!- Añadió Twilight, viéndolo desaparecer por una esquina.

-¡Hecho!- Él contestó, entrando a la cocina, y comenzó a servir un vaso de agua con una de sus garras delanteras, mientras que la otra la usaba para sacar algunas margaritas, un poco de mantequilla de maní, algo de queso y un pan de la nevera para prepararle un sándwich a Twilight.

-Oh, ¿y Spike?- Lo volvió a llamar la joven princesa, pudiendo verlo desde donde estaba.

-¿Sí?- Inquirió él, girando la cabeza en su dirección.

-¿Podrías traerme otra pluma? Esta se me rompió...-

-¡Claro, en un momento!-

-¡Ah, y más tinta, por favor! ¡Y una taza de té dulce para más tarde! Y también una plu-

-¡Sí, lo sé, una pluma de repuesto! Cálmate Twi, te voy a llevar todo, pero no me presiones ¿quieres? Solo puedo hacer una o dos cosas a la vez- Exclamó el dragón bebé, un poco irritado, pero sonriente.

Twilight era así, siempre, y así la quería. Ella era su madre, después de todo, y nada podría cambiar eso.

-Lo siento- Ella se disculpó. -Pero realmente necesito terminar este libro lo más pronto posible y no puedo hacerlo con sed y teniendo el estómago vacío, Spike.-

-Sí, lo sé- Él respondió, vertiendo un poco de té dulce en la tetera, y luego procedió a llenarla con agua tibia, para finalmente colocarla en la estufa, permitiendo que se hiciera el té. -Solo espera un momento, voy a buscar un par de plumas y más tinta.-

Spike salió corriendo de la cocina, dobló por una esquina y Twilight lo vio desaparecer hacia la biblioteca.

Ella sonrió. Spike siempre la ayudaba en todo, aunque ella fuera un poco impaciente; había tenido una semana muy dura al tener que hacer todo sola, estando su pequeño asistente de vacaciones. Pero ahora que lo tenía en casa, podía relajarse y dejarle toda la carga a él... ¡Un momento! ¿Qué estaba pensando? ¡Spike no era ningún esclavo para que ella pensara así de él! Claro, él tenía responsabilidades, ¡pero tampoco era para que ella dejase caer sobre sus hombros toda la carga de limpiar un castillo entero y estar a su servicio siempre, él era solo un bebé!

-¡Aquí tienes, Twilight!- Spike exclamó, interrumpiendo los pensamientos alocados de la joven princesa, quien tan solo le sonrió.

-¡Por Celestia, Spike! Hiciste todo eso…- Miró el reloj que se hallaba colgado en la pared. -¿En solo cinco minutos?- Ella preguntó estupefacta, viéndolo acercarse con varias cosas encima.

En sus garras llevaba un vaso de agua y una taza de té, su cabeza trataba de equilibrar lo mejor que podía una bandeja con un sándwich de margaritas, y en su nariz sostenía un par de plumas para escribir.

-Sí, lo hice. Por algo soy tu asistente número uno- Él sonrió, inflando su pecho con orgullo. -Pero me falta la tinta. Fue lo único que no encontré- Dijo con esfuerzo, llegando por fin hasta donde ella se encontraba. -Luego la buscaré, debe estar en algún lugar de la biblio...-

Se detuvo de golpe, abriendo los ojos como platos al sentir como las plumas le hacían cosquillas en la nariz, sintiendo que iba a estornudar en cualquier momento. Y con ello, vendría sin duda una nube de fuego que muy fácilmente podría hacer cenizas todo lo que tuviera a su alcance.

-Uh...Twi...-

-¿Qué?- Inquirió ella, ladeando la cabeza con confusión, sin ni siquiera darse cuenta de la incomodidad del dragón bebé.

-Coge todo lo que...Te traje antes de que yo...Uh-uh-uh...- Él parpadeó, frunciendo su nariz para evitar que el estornudo se produjera, pero al final, hacer aquello fue en vano. -¡Uh-uh-uh...Ucheeew!-

Lo que sucedió luego, era ya predecible, pero también desastroso.

La bandeja con el sándwich salió volando por los aires, estrellándose contra una pared y regando todo su contenido en el proceso. Las plumas acabaron en el aire, rompiéndose con facilidad debido a que habían salido disparadas de la nariz de Spike; el té, por otro lado, fue lo único que no se desparramó por el suelo, al menos. No obstante, lo mismo no podría decirse del vaso de agua, que terminó por derramarse…En el libro que Twilight estaba transcribiendo, seguido esto de una llama de fuego que se había desprendido de su nariz al estornudar, la cual acabó por convertir el libro en nada más que cenizas, todo esto ante la mirada desesperada y enfurecida de la princesa de la amistad y el rostro aterrorizado de Spike.

-Uh oh- Él jadeó, viendo el desastre que había causado.

Sus ojos se movieron instintivamente hacia Twilight, encontrándose con una mirada tan fría que lo hizo retroceder lentamente hasta chocar contra una pared.

-Spike…- Susurró ella, en un tono de voz que lo hizo estremecer violentamente.

Sonaba enojada. Muy, muy enojada. Y no iba a salir de esta fácilmente, aunque el desastre fuese solo un accidente. Estaba en graves problemas, él bien lo sabía.

Quiso girarse hacia la puerta para salir corriendo y esconderse donde fuera, pero repentinamente una magia color púrpura lo agarró, haciéndolo levitar hacia donde se encontraba la alicornio lavanda, quien lo dejó caer sin piedad en el suelo frente a ella.

-Twi, l-lo siento, yo no quise…-

Cállate- Lo interrumpió, lanzándole dagas con la mirada.

Su ojo derecho se crispó con rabia contenida. Ella se mordió con fuerza el labio inferior, tratando de no llorar al ver su trabajo arruinado irremediablemente.

-Spike, ¿cómo pudiste?- Preguntó con voz temblorosa, viéndolo en el suelo temblando violentamente.

-Yo-

-¡No te pedí que hablaras!- Explotó ella, iracunda. -¿Sabes lo importante que es el que traduzca ese libro? ¡Ya iba casi por la mitad! ¡Pero tú…!- Lo señaló para dar énfasis. -¡Tuviste que arruinarlo todo!- Finalizó la frase, y luego pateó el suelo con rabia.

Spike la miró, sus ojos empezaron a cristalizarse. Podía oírla gritándole, algo a lo que el dragón bebé no estaba acostumbrado.

Él nunca, ni en todos los días de su corta existencia, había visto a la que consideraba su madre gritándole de esa manera, ni mucho menos culpándolo de algo, pero ella tenía muy buenas razones para hacerlo, no solo había arruinado su trabajo, sino que también había provocado un desastre colosal.

-Mamá, lo siento…Fue solo un-

-Vete- Dijo ella, poniéndolo de pie bruscamente y empujándolo hacia la puerta. -No quiero verte en este momento.-

-Pero…-

-Sin peros, jovencito- Suspiró la princesa, limpiando con su magia el desorden que había en la sala, y abrió un cajón de la mesa circular, sacando de él lo que parecía un libro en blanco.

Se lo entregó a Spike, quien lo tomó con las garras temblorosas y sin saber qué hacer con él realmente.

-Como castigo por lo que hiciste- Habló Twilight, entregándole también el libro de los hechizos que estaba escrito en ecuestre antiguo, que por suerte se había salvado de la lluvia de agua y fuego. -Consigue pluma y tinta, porque vas a arreglar lo que hiciste…En tu habitación. Tú mismo lo dañaste, tú mismo lo arreglarás. Y no saldrás de ahí hasta que termines ¿entendido?-

-¿Qué? Pero, pero...Yo no sé-

-Sí sabes hablar ecuestre antiguo. Yo te lo enseñé cuando eras más pequeño, haz memoria- Lo interrumpió fríamente.

-L lo que digas, Twi…- Murmuró él, bajando la cabeza en señal de sumisión.

-Así me gusta. Ahora aléjate de mi presencia, si no te importa. No te quiero aquí- Dijo ella, aún con el fuego de la ira destellando en sus ojos. -Ah, y una cosa más. No irás conmigo al musical, tu boleto se lo daré…A Trixie- Reveló, sin darse cuenta de la corriente de lágrimas que corría por el rostro del dragón bebé, mientras este asentía y se daba la vuelta, saliendo por la puerta hacia su habitación.

-L-lo si-ien-to, Twii-light…- Balbuceó, sollozante.

Ella abrió los ojos, recubiertos de lágrimas y con el corazón en la garganta.

¿En qué momento se había quedado dormida? No tenía ni idea, pero aquello le había servido…Para hacerle comprender cuán mala madre era para Spike.

Twilight se estremeció involuntariamente ante el recuerdo, el cual comenzaba a diluirse lentamente hasta desaparecer de su mente, pero no de su corazón…

No solo le estaba ocultando un secreto terrible a Spike sobre su mortalidad y le había borrado la memoria, también lo había castigado hace un par de meses únicamente por haber destruido, y sin intención alguna, el libro donde ella estaba transcribiendo los hechizos. Y tras la tremenda reprimenda que la princesa le había dado, el pobre dragón había pasado los dos días que le siguieron al accidente reparando aquel material, sin siquiera comer o dormir.

Al final, él había hecho un trabajo espectacular, Por el cual recibió incluso elogios de las princesas Celestia y Luna. Spike había conseguido traducir el libro de hechizos básicos del ecuestre antiguo al actual, con dibujos y todo, e incluso había garabateado notas explicativas para los maestros al pie de cada página con una caligrafía y ortografía envidiables; en retrospectiva, lo hizo mejor de lo que Twilight hubiera esperado.

Y mientras su asistente hacía un trabajo que debía hacer ella y no él, la princesa lavanda estaba disfrutando del musical de la Yegua de las Colinas junto a sus amigas…Pero no era lo mismo sin Spike…

'Quiero pasar algún tiempo de calidad contigo. Ya sabes, como madre e hijo…Y últimamente no hemos tenido mucho tiempo libre que digamos...Pero solo si tú quieres', esa había sido la petición tan inocente, tan dulce…Que su dragón bebé le había hecho.

Y ella…Siendo la poni tan insensible que era, la había aceptado en un principio, pero luego se la había negado injustamente. Todo por un accidente que él había causado al derramar agua e incendiar el libro en el que estaba trabajando tras estornudar a causa de esas benditas plumas que le había pedido… ¡Y que no debió pedírselas en primer lugar!

Ella tenía alas, ¿por qué era tan cobarde y simplemente no se arrancaba unas cuantas plumas? Le servirían para escribir y no tendría que estar sobrecargando a Spike con tantas órdenes...

¡Y de esa forma, Spike no habría estornudado, ni tampoco habría incendiado el libro y mucho menos habría recibido aquel injusto castigo dado por aquella que él consideraba su madre y que le impidió ir al musical de la Yegua de las Colinas! ¡Y encima le había dicho, literalmente, que no lo quería!

¡Celestia! ¿Qué clase de madre era?

Spike le había dado aquellos boletos con tanta alegría, tanta esperanza de poder al fin pasar un tiempo con ella…Y la princesa de la amistad, o más bien de la insensibilidad, por estar molesta, le había quitado tan bella ilusión. Pero lo más horrible de todo era que él había hecho un trabajo que a ella le correspondía hacer como princesa, ¡no tenía por qué hacerlo él! ¡Y todo con la excusa de que se merecía un castigo por haberlo arruinado en primer lugar, cuando todo había sido un lamentable accidente!

Y apenas había llegado de sus vacaciones y ella ya lo tenía sobrecargado con órdenes… ¡Ni siquiera le había dado un respiro! ¿Al menos le dijo cuánto lo había extrañado? ¡Esa era la frase que todo hijo querría escuchar de su madre cada día al llegar a casa, pero no! Lo único que hizo fue enviarlo a hacer algo por ella.

Todo era "Spike, tráeme esto", "Spike, por favor, tráeme lo otro"… "Spike, prepara el almuerzo, tengo hambre"…

Solo le daba orden tras orden, como si él fuese nada más que un simple sirviente.

"¿Es así…Como yo te he tratado todo este tiempo, Spike? ¿Como un…Esclavo?" Se preguntó a sí misma, mientras lo abrazaba más estrechamente, con las lágrimas cayendo silenciosamente.

Su corazón dolía, y demasiado. ¿Cómo pudo tratar a quien consideraba su hijo así? ¡Y todos estos años! El pequeño dragón casi no había tenido infancia, todo por andar tras ella, ayudándola y haciendo todo lo que ella le pedía que hiciera, y las veces en las que se había visto a Twilight jugando con él o llevándolo al parque, habían sido escasas.

La joven princesa suspiró con pesar, viendo a Spike dormitar a su lado.

Los escalofríos febriles que lo azotaban por momentos sacudían su forma pequeña, pero no lo despertaban, señal de que tenía un sueño profundo.

Ella retiró suavemente el paño frío, y llevó una de sus pezuñas hasta su frente. Para su alivio, él estaba menos caliente que antes, pero su temperatura corporal aún era demasiado alta para su gusto.

La fiebre elevada era algo natural durante un resfriado o una gripe, ella lo sabía, pero aún así, no podía evitar preocuparse más de la cuenta, sobre todo cuando le daba fiebre a su pequeño dragón, pues poco se sabía acerca de ellos y no sabía cuánta fiebre era normal para una criaturita como él, de sangre fría.

Cogiendo el termómetro de la mesita de noche con su magia, lo metió con suavidad bajo el brazo de Spike; él se removió un poco, pero no se despertó.

Mientras esperaba la lectura del termómetro, Twilight acariciaba suavemente las espinas de la cabeza de su bebé, enfriando el paño con su magia y escuchando el sonido de su suave respiración, la cual era obstaculizada de vez en cuando por la mucosidad acumulada en su nariz o la tos ocasional, pero por lo demás parecía muy tranquilo, luciendo muy inocente y angelical a sus ojos.

"Oh, Spike…Si tan solo comprendieras cómo me duele verte así", pensó.

Él siempre la ayudaba, siempre estaba ahí para ella; y, también, para sus amigas. Ni ella ni las chicas prestaban atención a eso, y si lo hacían era solo para satisfacer sus propios intereses. Eran egoístas, sí, pero la princesa lavanda sabía que debía ser ella misma, y no las demás, quien le dedicase al menos un día entero de su tiempo libre, en lugar de estar usándolo para leer sus libros polvorientos... ¿Cuándo había sido la última vez que habían pasado tiempo juntos los dos solos, haciendo algo que no fuera estudiar, organizar los libros o hacer las labores? Habían pasado años…

-Twilight…- Murmuró Spike entre sueños, extendiendo inconscientemente una de sus garras para acariciarle el rostro cariñosamente, quitando de él varias lágrimas en aquel bello gesto, tan dulce e inocente.

Sus labios se curvaron en una cálida sonrisa al pronunciar su nombre, su murmullo fue tan suave que si Twilight no hubiera estado cerca no lo habría oído.

-Sí, Spike…- Soy yo- Respondió ella con voz frágil, tocándole la mejilla suavemente, preguntándose qué estaría soñando, y si era feliz en sus sueños.

Spike volvió a sonreír, acurrucándose contra ella para, quizá, encontrar algo de calor, y envolvió sus pequeños brazos alrededor de la alicornio, quien le devolvió el gesto arropándolo con sus alas.

"Se nota que él me quiere", pensó la princesa, tapándose la boca con una pezuña para ahogar un sollozo mientras las lágrimas seguían corriéndole por el rostro. "Pero yo…No le he dado el amor que debería darle como su madre, solo le doy órdenes, órdenes, y más órdenes"…

Una ligera tos sacudió al dragón bebé, alarmando a la princesa, pero tan repentinamente como llegó se fue, permitiéndole descansar.

Twilight respiró aliviada, trazando pequeños círculos en la espalda de Spike quien estaba acostado graciosamente de lado.

Era raro preocuparse por una simple tos, pero ¿qué podía hacer? ¡No podía evitarlo! Cualquier cosa que incomodase a su bebé, era motivo de preocupación para ella…Al igual que lo sería para cualquier madre que estuviera en su situación.

"Spike… ¿Qué piensas de mí? ¿Crees que soy una buena madre? Te he fallado en todo"… Pensó ella, angustiada, y apoyó su cabeza contra su frente caliente, cerrando los ojos por un momento para tratar de parar sus lágrimas, pero aquello era inútil.

Y es que, no solo le había fallado como madre, amiga y compañera; también había roto una promesa que hizo cuando Spike era tan solo un dragón recién nacido y ella una pequeña potra.

'Te prometo que estaré para ti y contigo siempre, seremos los mejores amigos…Y te haré muy, muy feliz'…

Nunca la había cumplido. O bueno, no que ella recordara. Y ahora, estando allí a su lado, comenzaba a preguntarse si era digna de cuidar a un dragón, que más allá de ser simplemente un amigo, un asistente o un compañero, era su hijo. Ella lo había criado, lo había hecho nacer. Ella le había dado vida.

¿Pero le había dado felicidad alguna? ¿Él era feliz ayudándola, incluso si la princesa le ponía demasiado trabajo para sus pequeñas patitas? Y… ¿No le molestaba el no poder jugar con su madre o ir al parque, como otros pequeños de su edad?

Ningún bebé…Ningún bebé merecía llevar una carga semejante, como la que ella le daba…

¡Tin tin!

Repentinamente, un pitido agudo, proveniente del termómetro resonó en la silenciosa habitación, interrumpiendo la calma del ambiente y los pensamientos desordenados de la princesa. Twilight lo retiró de debajo del brazo de Spike, silenciándolo para que no lo fuera a despertar.

Leyó el número que marcaba el aparato, el cual reflejaba una temperatura de treinta y ocho coma nueve. No había disminuido mucho, pero al menos él ahora descansaba tranquilamente.

Colocando el termómetro en la mesita de noche, Twilight puso de nuevo el paño frío sobre la frente de su asistente, quien se estremeció violentamente.

-Lo siento por eso, mi cielo…No quise causarte malestar- Susurró suavemente, aún bastante sensible, y claramente abrumada por el recuerdo y la revelación que había tenido.

No podía negar que a veces sobrecargaba a Spike con trabajo, trabajo que ella podría hacer perfectamente con su magia. Y a causa de tener que hacer tantas tareas a la vez que lo dejaban comprensiblemente agotado al final del día, él se había enfermado…

La alicornio de ojos violetas apartó la mirada, siendo incapaz de verlo tan débil. Él estaba en ese estado gracias a ella, él estaba postrado en la cama…Por su culpa.

Si ella hubiera corrido tras él a entregarle su bufanda cuando se fue, él no se habría resfriado, y así no le habría dado fiebre y no hubiese estado al borde de la muerte.

¿Y qué le impidió ir tras él? Ese bendito libro...Un libro que perfectamente podría haber terminado de traducir hoy, o mañana, o en una semana, ¡pero no! ¡Tenía que terminarlo para hoy!

Sí…Para ella siempre los primeros en su lista de lo más importante en su vida, habían sido los libros…Y de segundo Spike, quien se aseguraba de que ella comiera y durmiese lo suficiente, limpiaba el castillo…Preparaba el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena…Celestia mía, ¡él incluso le preparaba el baño de burbujas con aroma a lavanda que tanto le gustaba! Y él hacía todo eso…Como un…Sirviente…

¿Qué clase de madre ponía en primer lugar otra prioridad que no fuera su hijo?

Solo ella…Y aquello sí que no se lo perdonaba.

-Lo siento, Spike…No merezco…No merezco que me llames…Mamá- Sollozó ella, sintiéndose impotente y con el corazón roto, herido del más horrible dolor; el saber que le has fallado a tu hijo.

Soltó a Spike de su abrazo, con cuidado de no despertarlo, y se levantó de la cama, encaminándose hacia la salida; tal vez solo necesitaba aire fresco para despejar su cabeza, y de paso podría limpiar un poco el castillo antes de la visita de la reina Falalauria e ir a la cocina, terminar de prepararle la sopa a Spike y buscar en la biblioteca un libro de medicina donde pudiese encontrar algo que le sirviera para preparar un remedio que le aliviase el dolor de garganta.

Justo cuando estaba por abrir la puerta, el toque suave y cálido de una garra en su hombro la hizo mirar hacia atrás, encontrándose con un par de cálidos ojos de color esmeralda medio abiertos, obviamente muy vidriosos debido a la fiebre, pero que la miraban con genuina preocupación.

-Twi… ¿Qué tienes?- Preguntó Spike débilmente, apretando el paño húmedo contra su frente.

-¿Yo? Eh...Nada- Respondió la alicornio lavanda, con una nota de nerviosismo en su voz.

Apartó la mirada de él rápidamente, parpadeando furiosamente para tratar en vano de impedir que más lágrimas cayeran por su rostro.

-Sí, sí tienes algo Twilight. ¿Qué pasó? ¿Fue algo que hice?- Preguntó el pequeño dragón, abriendo del todo los ojos para verla mejor.

Él se había despertado al no sentir el calor de Twilight. La había sentido levantarse de la cama y, sacando fuerzas de Celestia sabe dónde, el pequeño dragón se había bajado de la misma, arrastrándose por el frío suelo de cristal y siguiendo a su madre por detrás. Iba a preguntarle si podía traerle un poco de agua, ya que su boca estaba seca y su garganta ardía terriblemente, pero ahora que le podía ver la cara, se estaba comenzando a preocupar.

Su rostro estaba contraído por el dolor, tenía los ojos hinchados y las lágrimas no paraban de salir de ellos.

-Nada, cielo…No pasa nada, y tampoco has hecho nada malo. Regresa a la cama, yo ya vuelvo con tu sopa- Respondió, con la voz cada vez más quebrada, y se secó las lágrimas rápidamente, no queriendo que él la viera llorar.

Spike agitó la cabeza, gimiendo al sentir la punzada que le provocó el hacer aquel movimiento, pero la preocupación que sentía por Twilight era más grande que el dolor que lo aquejaba ahora.

¿Qué no le pasaba nada? Él no creía eso, y su mirada hablaba por sí sola.

-¿Segura? Te ves un poco triste- Observó el dragón bebé, bastante preocupado.

Odiaba ver a su madre así, sufriendo por algo que él ni sabía, y el solo hecho de verla llorar, le provocaba malestar. Él quería ayudarla, consolarla; estar ahí para ella. Pero a veces Twilight podía ser muy reservada, y muchas veces prefería guardarse todo para sí misma, sufrir en silencio, y sin que nadie estuviera involucrado en su dolor.

Aquello frustraba enormemente al dragón bebé, a pesar de que la mayoría de las veces ella hablaba con él sobre lo que le estaba ocurriendo…En su debido momento, claro está, pero Spike sospechaba que no siempre le decía toda la verdad.

-Sí, Spike. Ya te dije que sí- Respondió ella tercamente.

-¿Entonces, por qué estabas llorando?- Preguntó inocentemente, girándose y arrastrándose hasta la caja de pañuelos, sacando uno y sonándose la nariz, y luego lo tiró en un pequeño montículo que ya se estaba formando al lado de la cama de la princesa de la amistad.

Él hizo una mueca de asco, haciendo una nota mental para limpiar su desorden de gérmenes más tarde y, si su madre lo dejaba, irse a su cama en lugar de estar infestando su habitación.

Se acercó de nuevo a Twilight, quien le lanzó una sonrisa triste.

-Por nada, Spike. Deja de preocuparte tanto por mí ¿sí? Solo…Dame un momento a solas- Le susurró, atrayéndolo en un cálido abrazo que Spike no dudó en responder, sintiendo que ella lo necesitaba. -Ahora, trata de dormir un poco más, ¿de acuerdo? Volveré antes de que te des cuenta- Ella lo acostó en la enorme cama de nuevo, cubriéndolo con la manta mientras depositaba un suave beso en su frente febril, acomodándole el paño frío para que no se le fuera a caer por si llegara a toser o estornudar.

-Twi, ¿sabes que no podré dormir hasta saber lo que te sucede, verdad?- Spike le preguntó, con voz ronca, pero se le oía a leguas el toque de seriedad y preocupación que contenía su tono.

-Sí, lo sé, ¿pero por qué lo dices?- Inquirió ella con ingenuidad, parpadeando para tratar de alejar las lágrimas que querían derramarse de sus ojos.

El simple hecho de ver a Spike tan preocupado por ella, la hacía sentir peor, aunque no lo demostraba en el exterior. No era que no le quisiera decir la verdad, porque aunque se la dijera, terminaría confirmando lo que ella ya sabía. Spike no era feliz con ella. Era el hecho de estar allí, hablando con él, incapaz de verlo a los ojos, porque bien sabía que acabaría derrumbándose.

Sus ojos contenían inocencia, cariño, preocupación eterna hacia ella…Y no la merecía, no después de tanta infelicidad que le había dado al dragón bebé.

-Twilight, he vivido contigo siempre. Toda mi vida. Y sé cuándo estás bien y cuándo no. No te voy a presionar para que me lo digas, pero sabes que puedes hablarlo conmigo- Dijo, recostando su cabeza sobre la almohada y mirando a Twilight con el cariño que un hijo podría tener hacia su madre reflejándose en sus ojos.

Y aquello era verdad. Habiendo vivido prácticamente toda su vida con Twilight, Spike sabía cuándo estaba bien y cuándo no, y estaba seguro de que le estaba mintiendo para ocultarle algo, lo que fuera que la tuviese tan deprimida.

-Me conoces muy bien, Spike- La princesa suspiró, con su mirada empezando a cristalizarse. -Sí, tengo algo en mi mente, pero no tengo ganas de hablar de ello por el momento.-

Spike asintió lentamente, no queriendo presionarla más. Aunque todavía estaba preocupado, la fiebre y la manta envuelta alrededor de él lo invitaban nuevamente al mundo de los sueños.

-Está bien, mamá. Pero si necesitas hablar, ahí... ¡AaaChC!-

Un molesto estornudo lo interrumpió, y Twilight, usando su magia, le atrajo un pañuelo limpio amablemente.

-Uf...Gracias por eso, Twi. Quise decir que si necesitas hablar en algún momento, ahí estaré- Finalizó la frase pasado el estornudo, sonándose la nariz y observando fascinado la pequeña nube de humo que había salido de la misma antes de que esta acabara por disolverse en el aire.

-¡Salud!- Exclamó ella, y añadió. -Lo sé, Spike. Sé que siempre puedo contar contigo. Y por eso te quiero tanto- Ella se atrevió a mirarlo a los ojos por fin, con una suave, aunque débil sonrisa deslizándose a través de sus facciones.

-Yo también te quiero, Twilight. Siempre te querré- Susurró él, cerrando los ojos lentamente, ya medio adormilado.

La sonrisa de Twilight se hizo más amplia al oír esas palabras. Quizá, después de todo, ella estaba equivocada. Él se veía tan feliz a su lado...Pero necesitaría confirmarlo más tarde. Y, aunque aún le dolía el alma por haber cometido tantos errores en el pasado como una madre y el tener que ocultarle a Spike el secreto de su mortalidad, su corazón se sentía un poco menos pesado ahora, aunque no demasiado.

-Gracias por esas palabras, cielo- Dijo suavemente, una lágrima se deslizó por su mejilla. -Significan mucho para mí, y ¿sabes? Me hicieron sentir mejor.-

Spike sonrió, estando a pocos segundos de caer dormido.

-Me alegra haber podido ayudar- Él respondió, pero abrió los ojos de golpe, empezando a toser con fuerza, teniendo que incorporarse en una posición sentada.

-Bajaré por tu sopa. ¿Necesitas algo?- Inquirió Twilight, palmeándole la espalda para despejar sus pulmones.

-Agua- Spike respondió débilmente, luego de que su tos se hubiera calmado, y volvió a caer sobre la almohada.

-En un momento te la traeré. Mientras tanto, trata de dormir un poco. ¿Puedes hacer eso por mí?- Preguntó la princesa lavanda, y al recibir un débil asentimiento, ella sonrió. -Bien, voy a bajar ahora. Estaré de regreso en unos minutos- Le susurró, acariciando su mejilla antes de salir de la habitación.