¡Hola! he estado perdida indeciblemente, he abandonado mis otros fics y he dejado de escribir ¿por que? porque si escribía ninguna de las parejas que habían leído iban a terminar juntas. En resumen, escribo a raíz de lo que siento y en el sentido de relaciones sentimentales no me ha ido tan soñado sin embargo, nos vamos recuperando. Escribir para mi es una pasión sin medida así que sí, retomare. Tengan calma que entre los estudios, el trabajo y mi familia (mi abuelo enfermo de gravedad y necesita cuidados) me queda poco tiempo o mejor dicho poca energía.

Aquí les dejo un sueño, una historia que se gesto una tarde que tome una siesta en medio del calor jaja Soy de Venezuela por si acaso.

Un saludo a todas/os los que me conocen de anterioridad, y un saludo a las personas nuevas ¡bienvenidos! tengo una fan page en facebook "Lady Cremisi" donde interactuo y subo imágenes algunas al azar y otras para ilustrar porque me inspiraron, los invito. En mis demás redes sociales soy emejotate

La historia es mía, los personajes de Rumiko Takahashi.


Un dolor crudo atravesó el cuerpo haciéndolo apretar la mandíbula. Un intento por abrir los parpados, otro intento. Dolor de cabeza, tragar y que un fuego recorra la garganta.

¿Qué paso? Nada. La memoria en blanco.

Nuevamente un vaho se acomodó en ella y volvió a dormir, ¿Dónde estaría?

Era un latigazo lo que le recorría la pierna, comenzaba en el tobillo derecho y llegaba hasta su muslo quemando todo a su paso, era ese dolor lo que la despertaba y la hacía morder para no gritar.

El sopor fue reemplazado por curiosidad y un poco de debilidad física, comenzó una ligera exploración de su entorno con un ligero malestar físico que la azotaba.

Siempre había creído en el destino, en esa magia que resulta de lo que debe sucederte mezclado con las decisiones que tomes, y eso solo demostraba que en su destino no estaba morir… aún.

Estaba en una mullida cama, con tibias mantas a su alrededor, podía sentir la tela rozar su piel con cada movimiento lo que además indicaba que ella estaba desnuda. Saco un brazo de debajo de la cobija más tibia que había usado nunca y lo vio lleno de pequeñas laceraciones y raspones ¡que buen susto se había llevado!

Parpadeo un par de veces más y noto que las paredes eran de piedra y madera, rusticas. Había una estantería con algunos libros y la iluminación era tenue por unas lámparas adosadas a las paredes, había una especie de gavetero en otra esquina con algunos utensilios de aseo seguramente, si lograra llegar hasta allí podría obtener pistas de su salvador o salvadora, seguro era alguna pareja de ancianos que se habían ido a vivir a la montaña para esperar pacientemente la muerte, es al menos lo que ella haría. Con cada onza de decisión que había en su cuerpo se levantó de esa cama y por poco no lloro del dolor que sintió cuando sus piernas le sirvieron de apoyo contra el frío suelo de madera.

Ahora entendía el dolor de la pierna derecha, una venda blanca la rodeaba y estaba empapada en sangre, le costaría caminar en esas condiciones pero la curiosidad era insoportable. Dio un par de pasos y gruesos lagrimones recorrían sus mejillas, llego a la cómoda y observo un reloj grueso, un cepillo, y poco más, nada significativo para conocer a alguien, abrió una gaveta al azar y solo encontró ropa interior de hombre, abrió otra y otra y todo apuntaba a que la persona que la había encontrado cuando estaba herida era hombre, un terror la estremeció y ¿si no era un salvador sino un verdugo?

Tomo una camiseta gris y un bóxer y encontró a mano izquierda dos puertas de madera, bien, una debía llevar a algún baño y la otra de cara con el desconocido, ahora ¿Cuál sería cuál? La cabeza le dolía horrores, le pesaba, la pierna le escocía y podía sentir la sangre brotando, escucho movimiento a través de la puerta más lejana y así pudo descartar aunque más adrenalina la rodeo. Entro de un tirón al baño y se maravilló, una bañera de patas de león estaba allí, un retrete y un lavamanos, todo impoluto y acogedor, se asomó a un espejo que encontró y se dio cuenta de lo mal que lucía.

Tenía el cabello enmarañado y por la forma en que se veía en las sienes supuso que alguien le había colocado compresas de agua, tenía varias marcas a lo largo del pómulo izquierdo que por lo que recordaba había impactado con una piedra, una magulladura en su labia inferior y pequeños arañazos en el pecho producto las espinitas de algún arbusto, si que tenía mala pinta.

Hizo malabares para colocarse el bóxer que más bien le quedaba como un short lo que indicaba que el desconocido era más alto y grande que ella, la camiseta de algodón olía delicioso y le quedaba igual de grande que el bóxer, se sentía menos expuesta no es que fuese en extremo pudorosa es solo que para escapar lo mejor era cubrirse. Un mareo la hizo sostenerse del lavabo y respirar hondo, no tenía ni idea de a que se enfrentaba y aunque realmente ese era su modo de vivir en estos momentos de vulnerabilidad la aterraban. Tenía miedo, mucho miedo.

Era idiota escapar descalza pero si la ropa le quedaba de esa manera, unos zapatos serían ridículos. Inspiro profundamente y tomo la decisión, si no había muerto después de ese accidente era porque aún no tocaba, quizás era porque le faltaba enamorarse una segunda vez. Hizo una mueca parecida a una sonrisa y se decidió.

Con pasos de plomo salió y se reprendió mentalmente por su estúpido plan si hasta iba con las manos desnudas, si era un tipo peligroso que iba a hacer ¿golpearlo? Ella no era débil, ni blanda, tenía un cuerpo atlético y conocía sus fuerzas y flaquezas sin embargo había sufrido un accidente de magnitudes faraónicas sabrá Dios hace que tanto y pensar en luchar solamente era para sentirse tonta.

Sintió algo húmedo en la planta de su pie y al mirar se dio cuenta que su pierna goteaba tanto que había un micro charco dejando huellas. Dio un par de pasos más y coloco las manos en el pomo de la puerta, debía reconocer que era una habitación acogedora, limpia, rustica y a pesar de que el mayor hilo de olor era a madera y rocío también olía a hombre, era algo almizcleño y también olía a alcohol. ¿La estaba cuidando? Meneo la cabeza como buscando despejar la bruma que le atascaba los pensamientos a causa del dolor. Movió la mano y abrió la puerta dando un par de pasos hacia delante y vio a un hombre fornido arrodillado al lado de una chimenea, y a primeras luces podía decir que tenía un trasero increíble enfundados en unos vaqueros desgastados, una coleta le caía en la espalda que de por sí era ancha y se veía musculada. ¡Dios! Seguro de cara era horrible.

Eso último la hizo reír aunque sonó más al gorjeo de un pájaro y la puso al descubierto y en medio del pánico mientras el se volteaba apoyo el peso de su cuerpo en ambas piernas y el dolor fue agudo, grito y sintió que la garganta se le desgarraba y las lágrimas bajaban.

-¡Demonios! – y la voz le sonó tan gruesa en esos labios masculinos.- Estás manchando el piso.

Corrió a ella y ella no pudo más que desmayarse llevándose de recuerdo esa mirada intensa de él.


Su opinión es bien recibida, me ayuda a crecer y me hace mucha ilusión. ¡Gracias por leer!