4 años. Fue el tiempo que tuvo que pasar para que Bastión de Tormentas recobrara la tranquilidad que había perdido desde las malas cosechas que desolaron la zona y desde que se produjera la crisis con los Lannister que a punto estuvo de suponer una nueva guerra entre las dos familias. Davos siempre mantuvo la confianza en el liderazgo de su señor y nunca tuvo miedo. Sabía que iba a gestionar bien la situación y que tomaría las decisiones correctas. Aunque no fueron momentos fáciles para la familia (y para él tampoco) el tiempo había demostrado que el sacrificio había valido la pena.

La calma había vuelto a Bastión de Tormentas y Davos sentía que el castillo estaba viviendo unos tiempos felices, tanto como los de 15 años atrás, cuando Robyn y Arthur eran sólo niños. La pequeña Eileen, fruto del romance entre Robyn Baratheon y Enna Lannister aunque hija de Arthur a ojos de todo el mundo, llenaba de luz el hogar de los Baratheon con su alegría y energía. Había nacido una tarde soleada, igual que Robyn, hacía ya 4 años, y no podía ser más querida por todo el mundo en Bastión de Tormentas. Era el ojito derecho de sus abuelos y la mejor amiga de su tía Tallah, quien cuidaba de ella a todas horas. De hecho, las niñas se habían criado más como hermanas, porque Tallah era más cercana en edad a Eileen que a sus propios hermanos, mucho más mayores. Era la niña de los ojos de Arthur, que se había convertido en el mejor padre que Eileen podría tener, a pesar de su juventud. Había afrontado el reto de la paternidad de la manera más valiente posible y se había implicado tanto con la educación y el cuidado de la niña que Davos a veces se preguntaba si Arthur habría olvidado que en realidad era su tío y no su padre biológico. En cuanto a Enna, fue adaptándose poco a poco al estilo de vida en Bastión de Tormentas. El nacimiento de Eileen la ayudó mucho a hacer de esas tierras su hogar, porque creó un vínculo irrompible y eterno con los Baratheon. Así que lentamente los fue tomando como su propia familia. De hecho, Enna había formado con Arthur la mejor familia que jamás habría podido soñar y ella misma le había confesado muchas veces que no hubiera podido imaginar ser tan feliz algún día. "Miro a mi esposo y a mi hija, a la familia tan bella que he formado con ellos, y a todo mi alrededor y… No puedo dejar de dar gracias a los dioses por todo lo que me han dado", le había dicho Enna en muchas ocasiones. En realidad, a Davos aún le costaba creer lo bien que habían salido las cosas si echaba la vista atrás, a 4 años antes, cuando Tyrion se presentó en Bastión de Tormentas y exigió que Robyn se casara con Enna para enmendar la deshonra que había provocado. Recordó la rebeldía de Robyn y la tristeza que provocó su marcha… Unas pequeñas manos tocando sus piernas le hicieron salir de sus pensamientos.

- ¡Déjeme esconderme bajo su capa, rápido! ¡Tallah me está buscando y me tengo que esconder! – la pequeña Eileen era todo un torbellino y se pasaba los días haciendo travesuras y jugando con su tía. Davos no podía negarse y la dejó esconderse bajo su capa. Pensó en Shireen Baratheon. Aunque su Shireen nunca fue una niña tan activa y nerviosa, le despertaba la misma ternura. Cuando hacía esas cosas, también le recordaba mucho a Robyn. Era igual de traviesa que él a su edad y tenía sus mismas ocurrencias. También había heredado su cabello oscuro, sus mismos rasgos y hacía los mismos gestos que Robyn. Sin embargo, los ojos de la pequeña Eileen eran marrones, como los de su madre. Por tanto, la niña era una mezcla perfecta de sangre Baratheon y Lannister. "La semilla es fuerte", volvió a pensar para sí mismo.

A pesar de su ausencia, Robyn Baratheon seguía muy presente en el pensamiento de todos. Por supuesto, sobre todo en el de su madre. Especialmente cuando miraba a la pequeña Eileen y veía en ella la viva imagen de su hijo. Y reflexionaba. Y la rompía por dentro pensar que Robyn había rechazado ser el padre de esa niña y que se estaba perdiendo verla crecer y ocupar una parte de su corazón. Davos sabía que ese pensamiento siempre atormentaría a su señora… El único consuelo que Arya había encontrado en todos esos años era que Eileen se había convertido en un reemplazo por el hijo que había perdido. Y que sabía que jamás iba a volver.

Sin embargo, algo cambió el rumbo natural de las cosas. A Bastión de Tormentas llegaron desafortunadas noticias desde el reino de Dorne. El nuevo hogar de Robyn. Cuando Davos entró en el gran salón donde estaban Gendry y su señora para comunicarles qué había pasado, ambos se temieron lo peor, especialmente Arya. Sin embargo, las malas noticias tenían más que ver con Evelyn Martell: Davos les comunicó que la joven había fallecido a raíz de un aborto. Aunque ni siquiera la conocían, ambos se mostraron consternados por la noticia.

Tan pronto como pudo, Arya citó a Davos para poder hablar a solas sobre el desafortunado evento.

- Según lo que conozco, Robyn y Evelyn Martell llevaban tiempo intentando tener un hijo… Pero cada embarazo de ella resultaba en aborto más tarde o más temprano. En todos estos años solo un embarazo se desenvolvió bien, pero en el momento del parto el niño nació muerto… - Davos contemplaba la mirada triste de su señora.

- Es un castigo de los dioses. – murmuró ella, en voz tan baja que Davos no estaba seguro de si era eso lo que en realidad había dicho. Arya se giró en seguida hacia Davos– Necesito pedirle algo, sir Davos. Acuda a Dorne, vaya a visitar a Robyn para presentarle nuestros respetos por su pérdida. Y dígale que vuelva a su verdadero hogar. Que en Bastión de Tormentas tiene a una preciosa hija esperándolo. – a Davos no le pareció una buena idea.

- Pero mi señora, con todo mi respeto, no creo que sea una buena idea. Tal y como acabaron las cosas, el señor Robyn no va a querer volver y dudo también que mi señor acepte tenerlo de nuevo en este castillo…

- Confío en que el tiempo haya curado sus heridas y la muerte de Evelyn Martell haya puesto freno a su orgullo. Espero que haya aprendido que, al final de todo, la familia es lo que verdaderamente importa. – al pronunciar esa frase, Davos vio reflejado el espíritu de los Stark en su señora. Y comprendió que jamás se cansaría de luchar por volver a ver a su familia unida.

Sin comunicar estos planes a Gendry Baratheon, Davos puso rumbo a Dorne, igual que lo había hecho años antes para parar el compromiso entre Robyn y Evelyn. Aquella vez había llegado tarde; esta vez era muy diferente. Nada había podido evitar que la muerte se llevara a la joven Evelyn.

Tan pronto llegó, Robyn lo recibió. No había cambiado mucho, aunque sí se había hecho más hombre y hubiera jurado que estaba aún más alto. Comenzaron a pasear por los jardines de Dorne para hablar de todo lo que había sucedido. Tenían mucho que contarse. Davos comenzó por decirle cómo habían ido las cosas cuando se marchó: el compromiso entre Arthur y Enna, su matrimonio, la llegada de Eileen a sus vidas… A medida que iba explicando, sentía que Robyn parecía satisfecho con todo lo que estaba escuchando y soltaba sonrisas de ternura cuando le hablaba de Tallah o de Arthur como padre.

- Como ve, nada me ha salido bien desde que me marché de Bastión de Tormentas: nunca llegué a amar a Evelyn Martell, no pudimos tener ningún hijo… Deseábamos tanto tener un hijo. Eso hubiera convertido a Evelyn en la mujer más feliz de este mundo. Aunque me amaba, creo que llegó un punto en que yo no era suficiente para hacerla feliz. Ella solo quería un bebé. Pero los dioses nunca nos lo concedieron. Y en el único embarazo en que todo parecía ir bien… el niño nació muerto. Estaba tan ilusionada… Creo que en ese momento la perdí para siempre. Nunca volvió a ser la misma. Después volvió a quedarse en estado… y ha sido en ese momento en que su cuerpo no ha aguantado más y… - su voz se entrecortó.

- ¿Nunca la llegó a amar, mi señor? – Davos quiso insistir en esa parte. Robyn se quedó pensativo unos segundos, pero acabó contestando.

- Era una mujer maravillosa. Cariñosa, alegre, vital, hermosa… Lo intenté muchas veces pero lo que sentía por ella era tan solo cariño. No, nunca la llegué a amar. ¿Un amor como el de mis padres? No, definitivamente lo que sentía por ella no era de ese tipo… - Davos se fijó en su mirada y hubiera jurado que en ese momento Enna Lannister se cruzó por su mente. - Aunque me he sentido bien acogido por los Martell, a pesar de que era un Baratheon desheredado… Pensaba cada día en todos vosotros. En mi familia, la que dejé atrás. Los Martell siempre serán especiales para mí, les tendré un gran afecto y siempre estaré agradecido por cómo me acogieron y por el amor tan puro que me entregó Evelyn. Pero en todos estos años no he podido reemplazar el vacío de dejar a mi familia y a Bastión de Tormentas. Todo esto creo que ha sido el precio a pagar por mis errores, por todo el dolor que he causado a los de mi alrededor. – Robyn miró a Davos con ojos llorosos y supo que estaba arrepentido. Su señora tenía razón: el tiempo había curado sus heridas y ahora solo quería pedir perdón.

- Entonces vuelva. Todo el mundo en Bastión de Tormentas estará encantado de volver a recibirle. Especialmente sus hermanos.

- No, no puedo hacer eso. Ahora ya es tarde. Dorne es mi hogar.

- Se equivoca de nuevo. Ya nada lo ata a Dorne. Bastión de Tormentas es y será siempre su hogar, mi señor. – Robyn miró a Davos y empezó a ver en sus ojos una chispa de esperanza. – Allí tiene una hija esperándolo y si bien perdió la oportunidad de ejercer como padre, sí podrá verla crecer y ser al menos un tío para ella. – seguía insistiendo Davos. Robyn negó con la cabeza.

- La mayor suerte de esa niña es tener a Arthur como padre y no a mí. Si los Siete no me han bendecido con un hijo es que probablemente no esté capacitado para ser padre ni lo esté nunca. – Davos recordó cómo años atrás Arya tenía esas mismas dudas cuando estaba embarazada de Robyn. Y también pensó en que Robyn era tan duro consigo mismo como siempre lo había sido Arya. "¿Cómo es posible que dos personas se parezcan tantísimo?".

- Vuelva, mi señor. Y tendrá un puesto en la guardia personal de Arthur. Por favor, considérelo. – siguió insistiendo Davos. Sabía que ni su señora ni él se perdonarían jamás no haberle insistido lo suficiente para volver. Tras unos minutos de silencio, Robyn volvió a hablar.

- Solo volveré a Bastión de Tormentas si mi padre me autoriza a ello. No quiero darle más problemas… Lo hice sufrir demasiado. A él y a todos los demás.

En su camino de vuelta a Bastión de Tormentas, Davos no dejó de pensar en dos cosas. Una, que cuando su señora y él le dijeran a Gendry que habían ido a visitar a Robyn a Dorne seguramente montaría en cólera, porque no se lo habían comunicado previamente y habían actuado a sus espaldas. Y dos, pensó en Enna Lannister y en su reacción si Robyn aceptaba volver a Bastión de Tormentas… Ahora ella formaba parte de la familia y su opinión era tan válida como la de cualquier otro miembro de la familia. De hecho, Davos sabía que, a parte de Arya, quien más sufrió la huida de Robyn fue ella, pues lo amaba con toda su alma…

El retorno de Davos se hizo eterno para Arya. Tenía tantas ganas de saber cómo había ido todo y de qué habían hablado… Davos no dejó detalle en el tintero para explicarle a Arya. Su señora sintió que su mundo recuperaba su luz cuando Davos le comunicó que Robyn estaba dispuesto a volver siempre que Gendry lo autorizaba. Y aunque ambos sabían que Gendry se pondría hecho una furia cuando le comunicaran qué habían tramado a sus espaldas, también estaban convencidos de que su enfado duraría poco ya que saber que su primogénito iba a volver a la familia le haría muy feliz.

Efectivamente, Gendry se enfadó cuando ambos le comunicaron los últimos acontecimientos. Pero también reconoció que no era mala idea que Robyn volviera y formara parte de la Guardia Personal de Arthur, porque sabía que su hijo mayor sería el protector más fiel e infalible que Arthur podría tener como heredero. No solo les unía su afinidad, sino también su sangre. "Al fin y al cabo, a Arthur siempre se le dio mejor forjar espadas que blandirlas…", dijo, en referencia a la poca habilidad que siempre había tenido Arthur en las luchas de espadas.

- De todos modos quiero que tengáis muy claro algo. Robyn jamás volverá a ser el heredero de Bastión de Tormentas y del apellido Baratheon. Aunque vuelva y pida perdón por el pasado. – afirmó con rotundidad Gendry.

- Que vuelva Robyn no significa que alguien cuestione el papel de Arthur como heredero. Lo importante es que como padres dejarlo volver es lo mínimo que podemos hacer. Y tanto Arthur como Tallah se pondrán muy contentos de volver a tenerlo aquí. – le contestó Arya.

Aunque Gendry no le quitaba la razón a su esposa, a solas con Davos se mostró preocupado por la relación que pudieran volver a tener Robyn y Enna. Su fiel consejero intentó tranquilizarlo diciéndole que ya habían pasado 3 años y que Enna había demostrado de sobras su amor, cariño y fidelidad por Arthur. Sin embargo, a él también le inquietaba cómo iban a cambiar las cosas en Bastión de Tormentas ahora que Robyn estaba de vuelta.

Sus hermanos lo recibieron con gran alegría y, después de tanto tiempo, Robyn volvió a sentir felicidad. La misma felicidad de su infancia, que creía que no podría volver a sentir jamás… Davos notó que, desde su llegada, podía respirarse de nuevo ese ambiente familiar que siempre había caracterizado a los Baratheon. Solo una persona se sentía incómoda con el retorno de Robyn y era Enna. Davos era consciente de que la joven estaba desconcertada, porque no entendía nada. No entendía por qué Robyn había vuelto y por qué Arthur lo permitía. Para ella, que Robyn volviera era una amenaza para su familia y no se sentía cómoda en absoluto con esa nueva situación. Fue muy fría al recibir a Robyn, aunque nadie podía recriminárselo porque todos entendían sus miedos e inseguridades en ese nuevo contexto…

El mismo día en que Robyn volvió, salio a dar un largo paseo por los bosques de Bastión de Tormentas, donde tanto tiempo de su infancia había pasado, y pidió a Davos que lo acompañara. Apenas intercambiaron palabras, pero Robyn necesitaba estar con alguien. Aquello dio una idea a Davos de lo solo que se había sentido en Dorne todos aquellos años. De pronto, una pequeña se cruzó en su camino. Iba corriendo y se protegió detrás de Davos, como siempre solía hacer. Davos la reprendió, diciendo que esta vez había llegado demasiado lejos del castillo y que no podía hacerlo más.

- ¡Es que Tallah me está buscando y tengo que esconderme! – Robyn reparó rápidamente en cómo esa niña se parecía a él: no solo físicamente sino también en sus gestos y su forma de hablar. Entonces, vio claro que aquella pequeña era su hija. El fruto de su breve romance con Enna Lannister.

- Hola. – la saludó con timidez pero dulzura. – Soy tu tío Robyn, ¿me conoces? ¿te habían hablado de mí? – la pequeña se quedó callada, aún refugiada en Davos. – A partir de ahora seré el Guardia Personal de tu padre.

- ¿Su protector? – le contestó Eileen.

- Sí. He jurado que le protegeré desde este día hasta el día de mi muerte. Tu padre estará siempre a salvo conmigo. – hablar con tanto convencimiento sobre su padre le dio confianza a la pequeña Eileen y señaló la espada de Robyn.

- Me gusta mucho, es muy grande. ¿Tiene nombre? – Robyn se la acercó para mostrársela y Eileen quedó más sorprendida aún. – La abuela dice que las espadas siempre deben tener un nombre. – Robyn no daba crédito. Aquella niña era igual a él, hablaba igual que él, era igual de expresiva que él, igual de curiosa y se fijaba en las mismas cosas que él a su edad.

- Tu abuela está en lo cierto. Claro que tiene nombre. Se llama Valor. Tu abuelo me la forjó para mí muchos años atrás.

- Tenemos que volver al castillo. La señora Enna estará preocupada. – Robyn asintió.

Cuando los cuatro aparecieron juntos, Enna sintió que su mundo se tambaleaba. Robyn había conseguido conocer a Eileen y hablar con ella. Tan pronto vio a Eileen, fue corriendo hacia ella y la cogió en brazos para separarlos y llevarla dentro del castillo. Davos sintió que su madre quería alejarla lo máximo posible de Robyn. Y, aunque le parecía normal por todo lo que había ocurrido en el pasado, también era consciente de que aquella misión que se había propuesto Enna era inútil, ya que todos vivían en el mismo castillo. Por fortuna, confiaba en que Arthur desempeñara un papel conciliador entre su mujer y su hermano, por el bien de todos en Bastión de Tormentas. Y porque, por encima de todas las cosas, todos se preocupaban por el bienestar de Eileen y sabían que tenían que ocultar la verdad de su origen a cualquier precio.