Pasaron varios meses después de la boda, Tai ya era un hermoso cachorro de mediana edad, igual de travieso como su abuelo Simba y su padre Kion, y digamos que yo también tenía con quien entretenerme, pues casi me la pasaba pegada a Tai todo el tiempo.

La Guardia De León, mientras practicaba o entrenaba, jugaba con Tai para desarrollar su potencial, Tai, aun siendo un león joven, aprendió a acechar y a dar sus saltos sorpresivos más rápido de lo que Kion aprendió, incluso nos acompañaba a dar nuestros patrullajes en grupo, sin embargo, y esto para decepción de Kión, Tai no heredó el rugido que lo nombraría el sucesor del líder de La Guardia Del León, aún así, demostró tener gran fiereza que seguramente le sería muy útil durante su vida.

Como ven Kion no faltó a su promesa de no abandonar la Guardia del León, aun a pesar de que efectivamente Tiifu se lo sugirió, él le dijo que nunca nos abandonaría, por supuesto que eso varias veces fue el motivo de molestia entre los dos, pero al final Tiifu debe aceptar que el deber de Kion de la seguridad del reino es muy importante. No obstante, él me pidió muchas veces que vigilara la seguridad también de su familia, así que ocasionalmente acompañaba a Tiifu y a Tai a sus paseos por el reino. ¿Recuerdan lo que me dijo Kion el día de su boda?,¿que estaría más cerca de él?, pues no mintió, sin embargo, yo le dije que jamás le fallaría, y pues, aunque me duela admitirlo, desafortunadamente yo si fallé a mi promesa.

Esto que les contaré, sucedió un fatídico día…

Al inicio, era un típico día por la tarde, Tai, Tiifu y yo caminamos durante un largo rato por las praderas, un rato que se me hizo eterno por el hecho de que a Tiifu se le ocurrió hablar sobre detalles sobre su vida con Kion. ¿ acaso creenq ue me interesaría eso?, bueno, No pude decir que no. No sería fácil estar allí ese día, pero debía hacerlo. Además, Tai parecían estar muy entusiasmado con la idea de salir a pasear con su madre quien habitualmente se la pasaba con las demás leonas que acompañaban a la ahora Reina Kiara.

Todo parecía estar en armonía aquella tarde. Nuestro paseo era tranquilo, sin prisas, ni preocupaciones... hasta que de repente, todo se tornó gris, como presagiando una desgracia… lo peor se avecinaba y no teníamos ni las más mínima idea de lo que se aproximaba…de repente me comencé a sentir nerviosa, mi sexto sentido me avisaba de algún peligro, y segundos después fué cuando escuchamos sonidos muy familiares que de repente aparecieron. Primero no fue más que el eco una risa que provenía de alguna parte cerca de nosotras. Luego, más risas hicieron eco a la primera. Enseguida, me puse alerta, observando a nuestro alrededor y tratando de proteger a Tiifu y a su hijo quien ya lo estaba protegiendo con su cuerpo, pues Tai estaba entre las patas de Tiifu y ella al igual que yo, estábamos listas para pelear.

No dijimos nada. Sobraban las palabras. Sabía que ella también se había dado cuenta de que no estábamos solas y que, nuestra compañía, no era de las agradables. Sólo bastaba con oír su característico sonido. Era Janja y, acompañándolo, enseguida apareció media docena de hienas de entre los pastos y, en pocos segundos, las dos estábamos rodeadas…

- vaya, vaya, que tenemos aquí…- nos dice como burlándose de nosotros, mientras Tiifu y yo estábamos en guardia con el pelo encrespado, Janja siguió hablando- pero si es la familia de nuestro querido Kion y... su amiga…

—Mira, Janja. ¡Qué bonito bebé! —dijo Cheezi

—Debe de ser el hijo de Kion —aventuró Chungu

—Se equivocan. Él... —empecé a decir, pero Janja me interrumpió.

—No trates de ocultarlo, Fuli —dijo él—. Las noticias vuelan. Ya sabemos de que Kion tiene una familia…

—¡No toques a mi hijo! —escuché la voz de Tiifu y, cuando volteé un momento, vi a una de las hienas sobándose la mejilla.

~Esto no iba a terminar bien.~

De repente, tras la señal de Janja, las hienas comenzaron a avanzar hacia nosotras. Tiifu repartió varios zarpazos, al tiempo que yo hacía lo mismo. Sin embargo, eran muchas hienas y nosotros solamente éramos dos. Por lo cual enseguida nos acorralaron pero, por alguna razón, primero comenzaron a atacar a Tiifu.
Cuando intenté ayudar a Tiifu, entre varias hienas me sitiaron, me impedían acercarme a ella, voltee hacia un lado y vi a Tai solo, inmediatamente mi prioridad cambió y decidí ir a proteger a Tai, corriendo dí un gran salto llegando hacia él y lo tomé del cuello tratándome de alejar de ahí, pero las hienas me volvieron a acorralar, pensaba que si podía escapar podría ir por ayuda para salvar a Tiifu, intenté tomar vuelo para dar otro salto, pero el peso de Tai me ganó y no pude saltar, provocando que Tai cayera y se diera un golpe en la cabeza lo que lo dejó inconsciente. Afortunadamente Tai quedó oculto entre unos matorrales que estaban cerca y no vió lo que sucedió, porque lo que pasó después, jamás podré olvidarlo, me ha dejado marcada de por vida…

las hienas comenzaron a atacarme también, pero en lugar de quererme hacer algún mal, solo me inmovilizaron, No podía hacer otra cosa que no fuera ver cómo las hienas comenzaban a abalanzarse cada vez más sobre Tiifu. Ella daba zarpazos a diestra y siniestra, pero simplemente era una leona contra siete hienas. No podía ella sola contra todo ese grupo, por lo cual no necesitaron de demasiado esfuerzo para empezar a "controlarla".

Tiifu empezaba a cansarse y, aunque de todas formas no se rendía, era imposible. No importaba que lograra quitarse una hiena de encima, en su lugar saltaban dos más sobre ella. Le mordían las patas, el lomo, las orejas. Por todas partes. No entendía por qué esos animales se habían encarnizado de tal manera con ella, Yo también debía lidiar con las que me tenían inmovilizada, no podía ver esa horrible escena Y quedarme tan tranquila, intenté safarme muchas veces, pero se me iban encima y aunque tiraba mordidas y arañazos, entre todas me los regresaban por montones… siendo un chita, soy menos corpulenta que una leona, mi fortaleza no se compara con la de Tiifu, la impotencia me envolvía y desesperadamente intenté salvarla, sin embargo, una mordida decisiva, me inmovilizó por completo y ya no pude hacer nada, comenzé a sangrar profusamente, pues la herida estaba en mi cuello.

Noté la presencia de Ono sobrevolando el lugar, o al menos eso pensé, o deseaba que así fuera…

Estaba sorprendida, perpleja. Sin embargo, no sabía la razón de mi sorpresa; quizás fuera por el hecho de que esas hienas aparecieran de repente y empezaran a hacer tal cosa. O quizás fuera la escena que estaba viendo, tan espantosa que no creía poder sacármela de mi mente por mucho tiempo... O quizás fuera el hecho de pensar que estaba abandonando a Tiifu a su suerte… pensé en Kion… comencé a sentirme culpable…

¿Qué fue lo que pasó? ¿En qué fallé? ¿Qué hice mal? Era lo único que podía pensar mientras yacía viendo lo que estaba pasando. Sentía un gran temor y decepción que nunca antes llegué a sentir: Temor y decepción por mí, por estar fallándole a Kion y a su confianza. Muchas veces me había enfrentado a Janja y a los suyos, aunque en compañía de los chicos. ¿Sería ese el motivo de mi miedo? ¿Que sentía que no podría vencerlos yo sola?, eso me dolía mas que cualquier herida que tuviera en este momento.

Era más que eso. No era miedo lo que precisamente sentía. Estaba segura de eso. ¿Entonces qué era? Sería... Sería que en realidad... ni yo misma lo sé.
Mi consciencia me abandonaba, solo alcancé a ver a Tiifu quien yacía en el suelo… Janja se acercó a mi…
- te lo tienes merecido, es mi venganza por tantas molestias que me dieron tú y La Guardia De León, es mi venganza contra Kion por ser tan molesto… ahora ya saben a quienes se enfrentarán, fuli… ¡esto es la guerra!.

Un rugido de león me sacó de mis pensamientos... Ahora sí podía decir que estaba aterrada. Ese rugido lo conocía; era el de Kion. ¿Qué iba a decir él cuando viera que no pude defender a su novia? Seguramente no me lo perdonaría en toda su vida.

Giré la cabeza, o al menos eso intenté, hacia donde provenía el rugido, al igual que las hienas, alcanzé a ver a los chicos parados sobre una colina, quienes, en ese momento, comenzaron a bajar y acercarse al grupo de hienas.

Janja enseguida dió la voz de retirada y todas comenzaron a irse.

—dale mi mensaje a tu líder de la Guardia, de ahora en adelante, no será tan fácil enfrentarse a nosotros. —me dijo Janja antes de irse, en los minutos que le quedaban antes de que Kion llegara al lugar— Veamos si Kion vuelve a confiar en ti luego de ver que, por tu culpa, su hijo se ha quedado sin su madre, Kion nunca te perdonará que no hayas podido salvar a su esposa…

¡GRRROAAARRR!

Cuando terminó de hablar, rió como sólo las hienas pueden hacerlo. Y entonces desapareció corriendo tras sus compañeros.

Él tenía razón. Estaba perdida. Kion no me lo perdonaría en toda su vida... y lo peor era que…yo tampoco.

CONTINUARÁ…


Agradezco a las personas que se han tomado un momento para escribirme un comentario. Stef, mandame un mensaje y conversamos, ¿ok?

En este capítulo, Dharau me ayudó en la parte de la lucha contra las hienas. Es un gran escritor.

Tardaré un poco es actualizar, pero espero no tardar demasiado.

Hasta la próxima.