Disclaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia es una traducción del fanfic Make a Wish escrito por aria710. Los créditos van a la verdadera autora.


Capítulo 2

Conociendo a un Príncipe

Bulma se tranquilizó brevemente, al darse cuenta de que los desconocidos del otro lado de la puerta hablaban su idioma, por lo que al menos podría comunicarse con ellos y explicarles la situación.

"¿Cómo les voy a explicar algo así?" Finalmente, el miedo y la incertidumbre la dominaron, y decidió que lo mejor era esconderse.

—¿Estás seguro de eso?

Esta voz era diferente, mucho más suave y más atractiva. El corazón de la chica comenzó a latir con fuerza, pero ella sacudió su mente de esos pensamientos. Tendría mucho tiempo de sobra para encontrar a su novio perfecto más tarde. No quería que la culparan por haber activado esa alarma tan molesta.

—Sí, Señor Zarbon. La alarma está sonando desde esta puerta —replicó alguien.

—Ya veo —contestó Zarbon—, pero no entiendo por qué alguien quisiera escabullirse en la habitación de Vegeta.

Bulma tenía que ocultarse de inmediato. Pero no contaba con muchas opciones. No cabía en el armario, ya que estaba abarrotado con una pila de trajes de tela azul idénticos. La chica prosiguió entonces a esconderse bajo la cama, con la completa convicción de que sería encontrada fácilmente. Pero el tiempo se acababa, y un segundo luego de deslizarse en su escondite, notó que la puerta de metal comenzaba a abrirse. Logró ver a dos hombres de pie en el pasillo.

—Puedes retirarte —pronunció aquel llamado Zarbon. Sus botas amarillas se movían con gracia por el suelo.

"Debe ser él." Sospechó Bulma.

Su voz era suave y serena, sus movimientos agraciados y ágiles… el tipo parecía perfecto desde donde estaba. Solo faltaba echar un vistazo a su rostro.

La chica gateó hasta el final de la cama, donde ésta se apoyaba a la pared, y lentamente sacó su cabeza lo suficiente para observar la escena.

Sin duda era él. Aunque su piel azul era algo extraña, el hombre frente a ella poseía una elegancia innata que le haría olvidar cualquier otro rasgo dudoso. Su cuerpo era fornido, tenía el cabello largo recogido en una trenza y sus ojos eran de un deslumbrante color dorado. O al menos uno de ellos lo era, puesto que el otro se encontraba obstruido por el mismo lente extraño que había visto anteriormente en el cajón.

Bulma estaba a punto de salir de su escondite y presentarse, cuando el hombre azul presionó uno de los botones en el dispositivo que acompañaba a su lente, emitiendo un pitido agudo.

—Hmm… su poder de pelea es de solo dos —pronunció Zarbon mientras observaba los signos extraños que habían aparecido en su lente—. Probablemente se trate de un insecto, o tal vez un ratón —se volteó rápidamente, dirigiéndose hacia la puerta—. Ese mono puede encargarse de esto, no hay necesidad de ensuciar mis manos.

Bulma escuchó perpleja.

—¡Oye, yo no soy ningún…! —comenzó a protestar luego de recobrar la compostura, pero él ya se había ido.

La chica pestañeó confundida. O se había imaginado todo la escena o ese tipo se movía a una velocidad sobrehumana. Además, basándose en el traje que el hombre llevaba, parecía improbable que se encontrara en algún tipo de prisión. Bulma sacudió su ropa, en la cual se había adherido un montón de pelos oscuros que parecían de procedencia animal, mientras se sentaba en la cama.

—Bueno, al menos al fin lo he conocido —la chica no pudo evitar distraerse con estos pensamientos—. Mi novio perfecto. ¿Cuál era su nombre? Oh, Zarbon —se respondió ella misma, mientras se recostaba en la cama.

—¡Es tan guapo! Tengo que arreglarme un poco —dijo mientas se levantaba y corría hacia el espejo que había visto antes en la puerta del armario—. Rayos, aún llevo esta ropa tan rara —los pantalones blancos y la chaqueta azul que llevaba no eran de su preferencia—. Veamos que más tengo aquí… —pensó la chica en voz alta, agarrando la cápsula en donde guardaba el resto de su ropa y lanzándola al suelo. Esta se detonó mostrando un número considerable de atuendos. Bulma eligió un vestido corto de color rosa— Prepárate Zarbon —replicó encapsulando el resto de sus vestidos.

La chica se desvistió quedando en ropa interior, el frío que parecía irradiar de las paredes la hizo temblar ligeramente. Cuando se disponía a agacharse para recoger su vestido, la puerta de la habitación se abrió de repente. Bulma soltó el vestido del susto, al mismo tiempo que sentía la vergüenza inundando su cuerpo y sonrojando sus mejillas.

—¿Quién demonios eres tú? —exclamó una voz tosca y nada amigable desde la puerta.

—¡Cierra los ojos! —respondió la chica. Aunque no se atrevía a voltear, el tono áspero y bajo de la voz indicaba claramente que el intruso era hombre.

—No voy a hacer tal cosa. ¡Ahora dime qué haces aquí antes de que te convierta en polvo! —exclamó la voz de manera intimidante.

—¡¿Qué?! —Bulma se volteó furiosa, mientras cogía el vestido y lo usaba para cubrirse. Estaba demasiado avergonzada para intentar ponérselo. Se dio cuenta de que, afortunadamente, la puerta se había cerrado detrás del chico; de otro modo estaría dando un espectáculo a cualquier transeúnte en el pasillo—. ¡Y quién eres tú para hablarle de ese modo a una dama!

El chico no parecía nadie especial. Era igual a cualquier otro adolescente que hubiera visto (aunque tal vez un poco pequeño para su edad), lo cual era extraño ya que solo hace unos momentos había visto a un hombre con piel azul. Su única peculiaridad, era que tenía un cabello oscuro impresionantemente alto, el cual terminaba en una punta. Al igual que Zarbon, su cuerpo era fornido y llevaba la misma armadura blanca, excepto que por debajo tenía un traje azul.

El chico sonrió cruelmente, frunciendo sus cejas y caminando lentamente hacia ella.

—¿Quién soy yo? Chica tonta —de repente se encontraba peligrosamente cerca de ella. Bulma no entendía como sucedió eso, hace un momento estaba caminando lentamente y sin aviso apareció justo frente a ella, sus narices casi tocándose. El chico olfateó un poco antes de hablar nuevamente—. Déjame decirte que no sigo órdenes de nadie.

—Pues lo mismo digo —respondió Bulma tratando de dar un paso hacia atrás, puesto que no estaba cómoda con la proximidad del chico. Pero el espacio entre ella y el borde de la cama era muy estrecho y, perdiendo el equilibrio, cayó sobre ésta.

"Perfecto. Estoy en ropa interior y en la cama de un tipo extraño. Bien hecho, Bulma." Pensó frustrada y, recordando que aún tenía el vestido en sus manos, prosiguió a deslizarlo sobre su cabeza y vestirse rápidamente.

—Bueno, si no te importa de verdad tengo que irme. Hay una persona muy importante con la que debo hablar y… —comenzó a decir la chica antes de ser interrumpida.

—¿Acaso esperas que te permita salir de mi habitación, sin haberme dado una explicación de porqué estás aquí?

—Eso no es asunto tuyo —Bulma se limitó a responder.

—Es difícil creer que no estás aquí para verme —exclamó él con el ceño fruncido.

"¿Qué? Pero qué tipo tan presumido." Pensó Bulma, pero antes de que pudiera responder, el chico la tomó del brazo y le dio la vuelta, examinándola detenidamente. Sintió que sus ojos se enfocaban en un área en particular y su cuerpo comenzó a tensarse. El chico se acercó aún más mientras la estudiaba, hasta que Bulma pudo sentir su aliento en su cuello. "Oh no, por favor…"

—¿Qué le sucedió a tu cola? —preguntó de repente.

Bulma tuvo que contener su risa. Esa no era la primera vez que alguien le hacía esa pregunta tan extraña. Pero este chico sonaba mucho más serio que Gokú.

—¡Contéstame, mujer! —exclamó, sacudiéndola un poco.

Un raro presentimiento le advertía que lo mejor era no tratar de explicarle que la gente normal no tenía cola. Bulma podía sentir la enorme energía irradiando de esta persona y eso la aterrorizaba un poco.

—No lo sé —fue su única respuesta.

—¿Te la cortaron? —preguntó él, al tiempo que sus ojos mostraban una ligera preocupación. Una emoción que, inquirió Bulma, seguro no ha de sentir a menudo.

—Tal vez… —replicó la chica.

Sintiendo que la tensión al fin se había disipado, Bulma decidió darse la vuelta. Inmediatamente volvió a sentirse inquieta, al darse cuenta de que existía la posibilidad de que las colas no pudieran cortarse, o que crecieran sumamente rápido o algo así.

Pero la mirada del otro adolescente mostraba que había creído en su mentira. Su expresión arrogante había sido reemplazada por una de decepción y algo de lástima.

—Puede que vuelva a crecer —dijo el chico—. He escuchado que es posible.

Ella finalmente se dio cuenta que el chico tenía cola, la cual se encontraba enrollada alrededor de su cintura. Al principio había pensado que se trataba de un extraño cinturón peludo.

—No puedo recordar casi nada, de hecho —expresó Bulma, pensando que lo mejor para salir de esta situación era seguir mintiendo—. No tengo idea de cómo y por qué terminé aquí.

Decirle a alguien que lucía tan poderoso como él, sobre la existencia de siete esferas mágicas que cumplen cualquier deseo no parecía una buena idea.

—Dijiste que debías hablar con alguien importante —exclamó el chico alzando un ceja con incredulidad.

—Bueno al menos eso creo. ¿Tienes alguna idea? —respondió Bulma rápidamente, tratando de tapar su error.

—¿De por qué estás aquí? No. Pero pareces ser una mujer Saiyajin que ha regresado de alguna misión. Aunque no entiendo por qué has perdido tu cola ni por qué pintarías tu cabello de un color tan ridículo —replicó él, echando un vistazo al cabello de la chica.

—¿Qué? —Bulma parpadeó confundida.

De repente el chico estaba sobre ella otra vez, invadiendo su espacio personal.

—Tus ojos son extraños también —dijo él mientras los examinaba de cerca, su cara estaba solo a centímetros de la suya—. ¿Qué clase de Saiyajin eres tú?

—¿Saiya-qué? —preguntó nuevamente.

Pero el chico parecía perdido en sus pensamientos.

—Pero tu olor… De seguro debes haber perdido tu memoria y tu nave te mandó de regreso a la base por el comando de evacuación de emergencia —terminó de decir, pero Bulma no entendía nada de lo que hablaba.

—¿Mi nave? —preguntó la chica dominada por la curiosidad.

—¿Ni siquiera recuerdas eso? ¿Cómo puedes ser tan estúpida?

—¡Oye! No soy ninguna estúpida —exclamó Bulma—. De hecho, soy algo así como un genio.

—¿En serio? ¿Acaso tu memoria dañada te lo dice? —Inquirió el chico, cruzándose de brazos.

"Es un idiota." Cómo le hubiera gustado a Bulma borrarle su sonrisa presumida de un golpazo. Pero sus instintos le decían que eso sería una terrible idea. Además, todavía tenía curiosidad de saber que era de lo que estaba hablando.

—Solo dime en dónde estoy. Por favor.

—Ya que finalmente muestras modales, te lo diré. Estás en la principal Estación Espacial de Freezer —replicó el chico con un suspiro, mientras caminaba a recoger aquel lente extraño de su cajón— Recuerdas quién es Freezer, ¿verdad?

Cuando Bulma no respondió, su expresión condescendiente y tranquila se convirtió de repente en una mueca de fastidio y desilusión. Ella sintió terror de pronto, al recordar que inicialmente el chico la había amenazado con convertirla en polvo. "Tiene cola, por lo que es posible que sea tan fuerte como Goku."

—¡Nappa, ven aquí inmediatamente! —gritó repentinamente y ella casi da un brinco hacia atrás.

—¿Con quién estás hablando? —preguntó al recuperarse del susto. Bulma observó el lente en sus manos y se preguntó si funcionaba como algún tipo de teléfono.

—Con alguien que sí puede lidiar con tu idiotez —se limitó a responder—. ¿Acaso ni siquiera recuerdas los rastreadores? —Dijo, apuntando al lente extraño, al tiempo que suspiraba y se sentaba en la cama—. Dime qué es lo que recuerdas. ¿Tu nombre, tal vez? O acaso se trata de esa ridícula combinación de símbolos en tu ropa.

Bulma miró hacia abajo, notando que ciertamente su nombre estaba escrito en el centro de su vestido rosado.

—Umm… sí. Bulma suena familiar —señaló la chica.

—Yo podría darte un nombre mucho mejor, uno apropiado para un Saiyajin.

—¡De ninguna manera! —Respondió alzando las manos, pero luego bajó la voz—. Bulma suena bien para mí.

El chico gruñó ligeramente, pero ella se acercó a él, su miedo desvaneciéndose lentamente al ver su postura serena.

—Y… ¿Cuál es tu nombre?

Él levantó la mirada conmocionado, pero luego exhaló con frustración.

—De verdad debes haber perdido tu memoria —el chico sonrió con petulancia, su altura parecía haber aumentado de repente y su sombra pareció expandirse ominosamente—. Mi nombre es Vegeta. Príncipe Vegeta para ti.