Muchas gracias a Murtilla y a FenixSly por sus reviús. ¡Espero que os guste este capítulo!


CAPÍTULO 3: Y VAN TRES

Harry no lleva a Luna a otra habitación. Se queda en el sitio, esperando encontrar las palabras adecuadas. No sabe por dónde empezar, así que decide hacerlo por la parte más lógica.

—Así que, tú sí que hablas inglés.

Luna sonríe con tristeza, inclinando ligeramente la cabeza. No es un gesto suyo.

—He necesitado un tiempo para adaptarme a Luna, señor Potter —responde. Harry intenta no dar un paso al frente y exigirle que se desadapte de inmediato. No sabe cuanta información va a ser capaz de sacarle antes de que comprenda sus intenciones—. Oh, no ponga esa cara. Una vez que el hechizo termine sus amigos volverán a ser los mismos de siempre.

—¿Cómo termina?

Luna le analiza durante un instante. Y, cuando habla, se parece a ella más que nunca. Harry nota como un escalofrío le recorre de pies a cabeza.

—Luna confía ciegamente en ti —dice—. Si no te contó más, es porque no creía necesario que lo supieras.

—¿Esto es cosa de Luna? —pregunta notando la boca seca.

—Todos estuvieron de acuerdo —replica un poco a la defensiva—. No somos parásitos, señor Potter. Ellos nos invocaron.

Harry asiente. Adiós a la teoría de que alguien estaba buscando hacerles algún mal, hola a la teoría de que habían sido ellos mismos. Draco tampoco creyó que era necesario contárselo. Y ese es un desagradable dolor en el fondo de su pecho que Harry prefiere ignorar con una sonrisa débil.

—Entonces —dice, intentando llevar la conversación por otro lado—, ¿los demás también van a hablar en inglés?

—Lo dudo, si no lo han hecho a estas alturas. —Entrecierra los ojos, como si estuviera pensándose si merecía la pena continuar. A Harry le sorprende cuando sí lo hace—. Es un hechizo de similitudes, señor Potter. Cuanto más parecidas sean las personas, más fuerte será el vínculo y más difícil será de romper.

Oh.

—Entonces, ¿el tuyo con el de Luna es el más fuerte?

—Eso creía ella. Y hasta el momento no hay nada que me haga sospechar lo contrario. —Sonríe—. Necesito a mis amigos, señor Potter. Cuanto antes empecemos, antes terminaremos.

—¿Por qué?

Luna le mira de medio lado.

—Este mundo ya es diferente y confuso para mí, señor Potter. Imagine lo que tiene que ser para ellos. —No puede evitarlo y sus ojos giran hacia la entrada de la sala de interrogaciones. Luna asiente—. Gracias.

—¡Qué! No, no puedo dejar que os marchéis sin más. —Tiene que llamar a Ron. Pensar en algo.

—Sé, señor Potter, que se siente emocionalmente vinculado a Luna, al señor Longbottom y a la señorita Bones. No se preocupe, le prometo que cuidaré de ellos.

Harry abre los labios para protestar. O, mejor, para hacerle comprender quién de los dos tiene el mando de la situación. Pero entonces se da cuenta de un pequeño, pequeñísimo detalle: Luna tiene la varita entre sus dedos.

—No.

—Lo siento, señor Potter.

Harry intenta desenfundar su varita para defenderse, pero el hechizo le golpea el pecho sin que ella llegue a pronunciar palabra. Nota como una cuerda se desliza por su torso, recorre sus brazos y aprieta alrededor de sus piernas. Pierde el pie y las rodillas le golpean contra el suelo, lanzándole una oleada de dolor. Intenta protestar, de un grito de alarma; sus labios están sellados. Luna sonríe con ese gesto de lástima.

—Mejores magos que tú lo han intentado, Harry Potter. —Otro golpe de varita y las varitas de Draco, Neville y Bones vuelan desde la habitación de al lado hasta su mano.

Luna no vuelve a mirarle. Camina con pasos rápidos y abre la puerta. Desde donde está ve como sonríe al echarse a un lado. Dice unas palabras y Neville es el primero en salir. Luna le tiende la varita y él la coge sin muchos miramientos. Harry tiene el mal presentimiento de que algo malo va a pasar cuando pasa a su lado, pero solo le mira sin interés y pasa de largo.

El golpe viene de Draco. Un puñetazo en el estómago que le dobla y le deja sin palabras. Bones pasa de largo, cogida del brazo del brazo de Luna. La siguiente es una patada en la boca.

—Te dije que lo lamentarías, perro —escupe en pársel sin detenerse. Harry cierra los ojos cuando le ve coger impulso para la tercera patada. De haber podido, Harry se habría encogido sobre sí mismo, en un intento de protegerse.

—Salazar —dice Neville. Y Draco responde. Aprieta el pie contra su pecho, obligándole a girarse hasta estar bocarriba. Intenta mantener la respiración por la boca, la nariz le sangra y todo le sabe metálico. Draco le mira desde arriba y es más difícil que nunca separarlo del real. Levanta la varita. Harry siente el peligro. Intenta luchar contra las ataduras, decirle que le jodan.

Vuelve a cerrar los ojos, intentando alejar de su mente la idea de que quizá una de las similitudes entre Draco y Slytherin no era otra que el deseo de hacerle sufrir. Lo cual era absurdo, porque Draco ni siquiera parpadeó y Slytherin no lo conocía antes de todo aquello.

—Espero que tengas un dios al que rezarle —bisbisó Draco.

—¡No! —ruge Bones y, cuando Harry abre los ojos, está sujetando el brazo de Draco, el que tiene la varita. Él la mira con los ojos entornados—. Si… si lo haces, te juro que gritaré.

Draco ejerce más presión contra su pecho y Harry intenta lucharlo, revolviéndose. Luna dice algo. Neville está de acuerdo. Draco no, pero tampoco tiene mucho tiempo para protestar, porque Neville le agarra del codo y tira de él hacia el grupo. Harry intenta incorporarse y Bones se agacha junto a él.

—Déjenos en paz, señor Potter —dice Luna antes de hacerlos desaparecer.

—Me cago en la puta, Harry, ¿estás bien? —pregunta Bones agachándose a su lado y deshaciendo con una floritura de su varita los encantamientos de Luna.

—Dame un momento —murmura cerrando de nuevo los ojos e intentando no pensar demasiado en el dolor—. ¿Qué demonios, Bones? ¿Qué demonios? —farfulla al fin.


—¿Vas a quedarte ahí mirando o vas a decir algo útil? —pregunta con acritud. Bones se ruboriza. Harry no le ha permitido curarle, a pesar de que se lo ha dicho un par de veces. Tiene la cabeza apoyada en la pared del pasillo y sabe que en el momento en el que alguien entre o salga del departamento, va a tener que dar muchas explicaciones.

Tiene una mano cerrada alrededor de la nariz, intentando contener la hemorragia.

—¿Qué…? ¿Qué quieres que diga, Harry? —pregunta en tono abatido.

—Estás de coña.

—No.

—¿Por qué no pruebas a decirme qué mierda es eso de que os ofrecisteis voluntarios?

Bones se ruboriza. Está de cuchillas en la pared de en frente, con ambos ojos fijos en Harry.

—Hannah me pidió ayuda —explica—. En principio iba a hacerlo ella, pero se acaba de quedar embarazada y le daba miedo que le pudiera pasar algo al bebé.

Eso volvía a crear la conexión con la pureza de sangre. Hannah sí que era sangre limpia, ¿quizá tenía algo que ver con el hechizo? Mierda.

—Hannah Longbottom.

—Sí.

—Hannah Longbottom ha convencido a Draco Malfoy de que haga algo —dice arqueando una ceja.

—No. Luna, Luna es la que ha empezado todo esto. Y su novio, Rolf. —Eso puede imaginárselo. Luna, con su mirada ensoñada y una idea loca. Luna, que lleva años hablando bien de Draco y sabe de buena tinta que, de vez en cuando, quedan para hablar.

Pero Luna nunca ha sido una imprudente.

¿Verdad?

—¿Para qué?

—Ellos… están buscando el tesoro de Hogwarts.

—¿Disculpa? —Porque ahora no tiene ninguna lógica. A Luna el dinero jamás le ha importado. Y, aunque no conoce lo suficiente a Rolf, tiene la impresión de que a él tampoco.

Bones se balancea un poco antes de responder, un poco agobiada.

—Tenían mucho oro y que, cuando solo quedaron Gryffindor y Hufflepuff, separaron una parte para el colegio y la otra para emergencias. Y la escondieron.

—¿Y para qué lo quiere Luna?

Bones se encoge de hombros.

—Joder, Bones. Pensaba que tenías algo más que paja en la cabeza.

Ella bufa y Harry corre a mascullar una disculpa. Está irritado.

—¿Por qué no me lo cuentas? Desde el principio —pregunta al cabo de un rato de desagradable silencio.

—Sí, claro. —Bones se frota las manos—. El lunes me llamó Hannah para contarme la noticia y para invitarme a tomar algo después del trabajo. Allí me pidió un favor: Neville estaba ayudando a Luna y a Rolf para un proyecto nuevo y ella se había visto fuera, por lo del embarazo. Así que me preguntaron si podía hacerlo yo.

»Yo les dije que lo que necesitaran. De verdad, Harry, que no sé mucho. —Se muerde el labio, nerviosa. En otra situación, Harry probablemente le habría pasado un brazo por los hombros y le habría preguntado si quería irse a tomar algo. Que no hacía falta que continuasen.

En este, la llama para que continúe.

»Quedamos hoy, en el Cabeza de Puerco. Yo llegué un poco antes, con Neville, para que me explicaran. Luna me aseguró que no habría ningún problema, que la conexión duraría unas pocas horas.

De pronto, a Harry le parece un poco enferma. Su tez paliducha ha adquirido un tono verdáceo y tiene los ojos desenfocados.

—¿Estás bien? —pregunta sin intentar evitarlo.

—Sí. Pensamos que no había funcionado. Rolf lo recogió todo y nos marchamos, pero según pasaba el tiempo… —Se encoge de hombros—. Era raro. Como si hubiera una vocecilla al fondo de mi cabeza diciéndome que era hora de descansar.

»No quiero que pienses que se me ha ido la cabeza.

—No lo pienso.

—Me eché una siesta y, cuando me desperté, ya no era yo. Estaba allí, ¿vale? Lo oía y veía todo. Lo sentía. —Harry nota como un escalofrío la recorre—. Era como estar en su cabeza, sin ningún control.

»De verdad, ¿no quieres que te cure eso? Vas a estar más cómodo.

Demonios.

—Vale.

Bones sonríe, casi con agradecimiento, y se incorpora para cruzar el pasillo hasta Harry. Le cuesta un poco llegar y, al volver a agacharse, tiene una expresión un poco abochornada en el rostro. Harry ni siquiera ha parpadeado.

Nota como la carne de su mejilla se recompone y la sangre de su nariz desaparece. Le sigue doliendo el pecho y la cabeza tiene un zumbido desagradable; nada con lo que no se haya enfrentado antes.

—Oh, vamos, no me mires así. La peor parte me la he llevado yo —dice en un tono que intenta sonar a broma—. Tengo a Draco Malfoy clavado en la retina, tocándome la cara y mirándome como si me quisiera succionar. Voy a tener pesadillas esta noche, joder.

—¿Me puedes conseguir una poción revitalizante? —le pregunta en un tono más seco de lo que pretendía. Sabe que es una broma, que está intentando rebajar el tono, pero Draco es Draco. Y no le gustan las

Bones le aparta el pelo de la frente, casi en un gesto cariñoso, y asiente.

La cojera, como la movilidad impedida del brazo derecho y las cicatrices de su rostro son consecuencias de la Batalla. Se tiene que apoyar en la pared para levantarse y Harry le ofrece el brazo para que también se apoye. El rubor de sus mejillas crece y farfulla un «joder» a media voz. Camina hacia la entrada de la oficina de aurores. ´

—Se suponía que como mucho sería una hora —dice girándose.

—¿Qué?

Bones se moja los labios.

—La conexión se hace más fuerte según pasa el tiempo —explica—. Luna nos explicó que no había peligro porque, como mucho, tardaríamos una hora.

Harry se incorpora, apoyándose también en la pared. Tiene la boca seca y un mal (muy, muy mal) presentimiento.

—¿Y qué pasa cuando se hace más fuerte el vínculo?

—Que se hace permanente.

Una sensación de urgencia le recorre. De fatalismo. No sabe a qué hora empezó todo, pero sí sabe una cosa: han pasado más de una hora y más de dos.

—Joder, Susan —masculla caminando directamente hacia el ascensor que lleva al Atrio.

—Potter, ¿a dónde vas? —Bones se gira según pasa a su lado—. ¡Potter!

—Dile a Ron que he ido a Hogwarts —le pide.

Cuando las puertas del ascensor se abren, Harry entra sin mirar atrás.

—Me cago la puta, ¡Potter! ¡Ese no es el procedimiento!


continuará.