Soul Eater no me pertenece y los personajes utilizados en esta historia son propiedad de su creador.


Vicios

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"Estan hipnotizados, esqueletos, niños con pistolas"

(Kids with Guns, Gorillaz)

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El dependiente del local ya tenía los nervios de punta con cada estocada que sentía provenir desde una de las máquinas de videojuegos que estaban en la hilera derecha. El usuario de dicha máquina parecía estar jugando con furia, golpeando los botones tan fuerte que sentía que en cualquier momento los terminaría rompiendo en mil pedazos. Bajo otras circunstancias hubiera ido a darle una buena reprimenda al mocoso que estaba maltratando sus preciados juegos, pero lamentablemente, su seguridad personal le preocupaba más que la del arcade, así que prefería aguantar y salvar su pellejo antes de tener que verse las caras con la chica que venía cada cierto tiempo a reventarle el sistema nervioso. Era una niñita rubia y de aspecto desaliñado, sucio, de no más de 13 años. Sin embargo, cualquier habitante del barrio sabía que la rubiecita aquella les causaría problemas si se metían en su camino. Todos sabían, pues, que las infames hermanitas Thompson eran de las más peligrosas delincuentes.

Daba gracias, al menos, que la chiquilla venía sola y sin la hermana mayor al lado.


Patty estaba ensimismada mirando la pantalla del que hace poco se había convertido en su juego favorito, Mortal Kombat. La razón principal era que podía destruir al todo o nada a su contrincante hasta dejarlo sangrando de una manera grotesca. Era tan divertido y adrenalínico que durante esos momentos se sentía casi como cuando disparaba desquiciadamente usando a su hermana como arma. Generalmente era Liz la que la usaba a ella, y casi no la dejaba ser la que comandara el dúo, pero si se daba la oportunidad, Patty la aprovechaba como nunca.

Como ahora, que estaba haciendo el mejor fatality de su vida.

Adoraba la sensación de golpear los botones con locura y mover las palancas de un lado a otro, todo mientras masticaba sin cesar un trozo de goma de mascar de fresa.

Hacer esas dos cosas se había vuelto casi una necesidad para ella, algo que, durante un momento, la ponía increíblemente de buen humor. El juego y sus chicles llenos de azúcar, eran la combinación perfecta.

Algo que hacía de vez en cuando, y a solas, pues Patricia también tenía asuntos propios que atender. Sólo le decía a Liz que se iba a pasar la tarde a los juegos y se iba sin decir más. Era la única situación en la que su hermana no le reprochaba ni le pedía explicaciones. Sabía que era lo que Patty le estaba diciendo cuando pronunciaba esas palabras.

Después de todo, ella también tenía sus pequeños vicios.

No eran asunto de Liz, como los de Liz no eran asunto de Patty.

Cómo un acuerdo tácito, Patty sabía que mientras ella se largaba a descargar su energía en las máquinas de juego (a veces al arcade y otras veces en las tragamonedas ilegales en las que entraba de todos modos, porque, vamos, era una de los demonios de Brooklyn), su hermana tenía libertad para dar rienda suelta a sus propios demonios.

Ella podía pasarse horas frente a la pantalla, sin aburrirse, y comerse hasta el paquete entero de goma de mascar de fresa que se robaba casi a diario. En esos momentos, su hermana podía estar haciendo varias cosas. Aspirar tolueno con algún otro muerto de hambre era lo más común. También a veces se perdía entre los efectos de aquella droga de dudosa calidad que había conocido hace poco. Era fácil saber cuándo, pues sus ojos y uno que otro moretón o rastros de sangre en sus labios lo dejaban en evidencia. El crack, al parecer, la ponía bastante violenta.

En el mejor de los casos, tenía algún encuentro con algún chico que podía llamársele su novio. Su hermana hacía bastante tiempo que había dejado de ser "virgen", cosa que a Patty francamente le parecía de lo más normal.

Patricia no la juzgaba. Después de todo, su vida no era precisamente santa. Cometían delitos y crímenes bajo la luz del día y el alero de la noche, a cualquier hora y a quien se le cruzase por el frente. Ella era la menor, así que siempre tuvo un poco más de ventaja que Liz en cuanto a lo dura que podía ser su vida. Elizabeth siempre la había protegido, y desde que eran pequeñas, se había llevado la peor parte de sus miserias, tratando por todos los medios que Patricia no pasara tantas calamidades. Ella no podía juzgarla, no cuando comprendía el porqué de sus acciones, e incluso, cuando creía que probablemente terminaría buscando los mismos vicios en un futuro no muy lejano (cosa que su hermana, obviamente, trataría de evitar a toda costa).

Pero aun pensándolo así, sabía que Liz estaba siendo una jodida hipócrita consigo misma.

(Aunque en aquel entonces no sabía ni por asomo el significado de la palabra hipócrita).

Mientras su hermana juraba por su vida que jamás sería como la "perra" de su madre, cada día hacía más cosas que la hacían parecerse a ella. Podía ser que no ofreciese sexo a cambio de dinero, ni que ocultara los golpes en su rostro con maquillaje barato, pero los métodos en que ahogaba sus miserias le recordaban a los peores momentos de aquella mujer que les había dado la vida.

Liz era casi idéntica a su mamá, pero Patricia prefería no decírselo (después de todo, la mayor le tenía un odio impresionante), aunque fuese evidente de tan sólo verla. El largo cabello rubio cayendo por su espalda, sus piernas que, aunque no solía dejar al descubierto, eran tan bonitas como las de ella; la forma en que sostenía sus cigarrillos, la manera en que el hueso de la clavícula se asomaba por su hombro descubierto. Su sonrisa, cuando ésta era sincera. Era imposible no notar sus semejanzas.

Mientras sus adicciones no la cambiaran como lo hicieron con su madre, Patricia podía aceptarlo.

Elizabeth Thompson tenía un montón de cosas que la podían hacer ver como una escoria, pero ante los ojos de Patricia, estaba bien, pues era su amada hermana, y sin ella probablemente estaría muerta. Podía ser un poco hipócrita si así le placía.

En las calles neoyorquinas eran temidas y peligrosas. Por sus venas corría sangre de arma, un regalo de su madre del que estaba muy agradecida, a pesar de todo. El poder que les daba su condición les permitía hacerse un nombre, y su hermana, ya toda una "señorita", se había convertido en la cara visible de ambas, bella y despiadada, fría e inescrupulosa.

Frente a los ojos de los demás, era poderosa, inquebrantable y aterradora.

Pero cuando se encontraba con sí misma, en los recovecos de su mente, era demasiado vulnerable. Su amiga angustia, la asechaba cuando nadie más veía, y Liz no podía vencerla. Patty lo sabía, aun siendo incapaz de describirlo, pero así era como lo sentía. Conocía a su hermana como la palma de su mano.

Ella, aun siendo una peligrosa delincuente que había visto y hecho demasiado para su edad, seguía siendo la hermanita pequeña. En lo más profundo de su ser, siempre existía un rastro de impotencia. Impotencia de saberse incapaz, de saber que aun cuando ya era casi una adolescente, no podía ayudar a su hermana más que aceptando a los demonios que perseguían su cabeza.

Su hermana se expiaba de sus propias culpas con sus métodos poco ortodoxos, y ella trataba de parchar su frustración asesinando a falsos enemigos que veía tras una pantalla de colores. Allí era capaz de ganar, y de salir victoriosa con sólo unos golpes.

Cómo le gustaría que su vida fuese así, tan fácil de ganar.

Pero no lo era.


El dependiente escuchó un estruendo gigantesco, seguido de un golpe y un portazo. No se asombró para nada, pues sabía perfectamente lo que había sucedido.

Patricia Thompson había perdido su última partida de Mortal Kombat, probablemente cuando estaba a punto de ganar, y había golpeado la maldita máquina, pateándola hasta que tambaleara y quizás cayera al suelo, y paso seguido había lanzado su babosa goma de mascar a la pantalla del videojuego, lanzando una serie de improperios de grueso calibre hacia el pobre objeto.

Efectivamente, Mortal Kombat yacía en el suelo con un chicle rosa pegado en la pantalla que leía "GAME OVER".

Nuevamente, la mocosa se había ido sin pagarle.

No era ninguna novedad.


Nota: Perdón si Patty está un poco OC, pero traté de acoplarme más a cómo creo que era en Brooklyn, parecida a como se comporta en Soul Eater NOT. ¡Gracias por leer!