Advertencia: Hay momentos en que los puntos de vista del personaje principal puedan parecer oscuros u ofensivos para algunas personas. En cualquier caso, Danna Necker no comparte mis opiniones, pues se trata de un personaje completamente ficticio.

Hetalia no me pertenece.


Capítulo I: Cuando todo se fue al caño

La vida es absurda: Ésta es la conclusión a la que he llegado.

Y antes de que asuman cualquier cosa; no soy nihilista ni pesimista, aunque el estar cuerda es algo que todavía no me he convencido del todo. Pero seamos sinceros, sólo un completo maníaco desearía estar cuerdo en un mundo de locos.

Recién he narrado un párrafo y ya me ido por la tangente. ¿De qué estaba hablando?

Ah, sí, la vida es absurda. Caprichosa, inesperada, como sea que uno desee llamarle. Me sorprende que aún me sorprenda, pues ésta es una lección que, yo sobre todo, ya debí haber aprendido. Pero supongo que hay cosas que meramente se pueden llegar a intuir.

Hace algunos años, esta epifanía me había caído como una patada hacia mis inexistentes pelotas, considerando mi crianza atea, mi escepticismo y convicción de que todo podía ser explicado con la ayuda de la madre ciencia.

Bueno, como dijo el buen Sócrates: "sólo sé que no sé nada".

Ahora, tal vez se estarán preguntando "Danna, ¿pero a dónde carajos quieres llegar con ésto?"

Lamento si han llegado a ese extremo. Planeaba continuar esta historia con explicaciones sobre experiencias extracorpóreas, mundos paralelos y posible vida después de la muerte, pero hasta yo me he hartado de andarme con rodeos.

Antes de ir al punto, simplemente deseo decirles algo más: No beban si van a conducir. Es irresponsable, y no sólo ponen su propia vida en peligro, sino también la ajena.

Tomemos de ejemplo al borracho imbécil que decidió meterse en mi carril y mandarme a un coma.

¡Ups! Perdón, no pretendía sonar tan abrupta o agresiva. Sin embargo, me encuentro justificada de sentir una minúscula cantidad de resentimiento hacia el responsable de mi situación. Perdona y olvida, ese es mi lema: Lema que nunca especifica cuando se debe perdonar u olvidar.

Jejejeje… ¡ahem!

Entonces; me encuentro en un coma. Ya que ello ya ha sido establecido, podemos pasar al siguiente problema: Aparentemente, mi alma puede viajar entre dimensiones. Lo que, en retrospectiva, suena genial y todo, por el hecho de que no estoy realmente muerta y ahora soy capaz de afirmar la existencia de planos y realidades aún debatidas en el mundo conciente.

Toda esta novelería solo vino a costo de dos pequeñísimos, minúsculos, ínfimos inconvenientes.

Uno: No tenía idea de cómo regresar a mi propia dimensión. ¿El famoso cordón de plata? Nada más que mitos.

Dos: Aparentemente, en todos los universos que visitaba nunca mantenía mi forma incorpórea por demasiado tiempo. Déjenme decirles que no es cómico en lo absoluto.

Tres: En primer lugar, no había sido mi intención viajar entre dimensiones. Aparentemente, un ente maligno y longevo, harto de su vida aburrida sin acontecimiento alguno, había considerado divertido mandar a un pobre alma a un viaje indefinido. De pura casualidad, esa alma desafortunada terminó siendo la mía.

Cuatro: La condición que aquel ente propuso para volver a mi cuerpo había sido: "Termina la historia". Por mucho tiempo, no tuve idea de lo que significó ésto. Luego desperté en el Japón feudal, conocí a cierto villano con traje de babuino que definitivamente no debía existir, descubrí que me encontraba en un maldito anime, y terminé por ahogarme en un río al intentar escapar de dicho villano con traje de babuino.

Naraku jamás me había caído bien. Ni siquiera cuando creía que era tan solo un personaje ficticio.

Lo sé, lo sé; acabo de listar más de dos inconvenientes. A este punto, ¿por qué deberían importarme semejantes detalles? Soy inmortal.

Más o menos. Mi alma lo es, en cualquier caso. Los cuerpos físicos que a veces adopto al cambiar de mundo, no perecían con permanencia. A menos de que muriera ahogada. En ese caso, despertaba en una nueva historia, y el ciclo empezaba otra vez. Aquello era algo que había descubierto tras una decena y media de vidas.

De esas, sólo tres se habían tratado de historias que conocía y podía "terminar".

Ustedes ya saben cual fue la primera. La segunda historia en la que me encontré, resultó ser SAO. La tercera; Shingeki no Kyojin.

No es necesario mencionar que después de despertar en ambos mundos, yo misma me llené los bolsillos de piedras y me arrojé a la masa de agua más cercana que pude encontrar.

Si iba a vivir en un anime, no sería en uno cuya primicia incluyera gigantes caníbales o videojuegos de realidad virtual donde quien no fuera el personaje principal cargaba consigo una sentencia de muerte.

Llámenme minimalista, pero si ustedes se hallaran en mi situación, de segura también preferirían la opción menos difícil y dolorosa de todas. Como Ouran Highschool Host Club, o Kaichou wa maid-sama: Menos dolor, más chicos atractivos (por lo menos para ver y no tocar).Porque como Dios quiera, no me iba a follar a aquellos que habían sido dibujitos animados en mi infancia. No, simplemente… no.

Ah, me he dado cuenta que aun no me he presentado incluso después de haber parloteado tanto. Sorry. Mi nombre es Danna Necker. Actualmente, estoy en coma, atascada en mis veinte, y en una nueva dimensión que curiosamente se parece mucho a la mía.

A menos de que el Big Ben ante mis narices no fuera un indicio. Aparentemente, también me encontraba en el pasado, si los transeúntes vestidos como personajes de Casablanca no fueran otro maldito indicio.

―Bueno, bueno. Por fin algo conocido—. Aterricé sobre la vereda, observando los alrededores. Seguía en mi forma incorpórea, por lo que la ley de la gravedad no me afectaba en lo más mínimo. Sin embargo, en una ocasión, ese había dejado de ser el caso mientras me encontraba en medio vuelo sobre una montaña rocosa en otra dimensión. Aquello había sido una lección importante. Desde aquel momento, buscar tierra firme resultaba ser mi primera prioridad en cuanto me encontraba en un nuevo universo.

No moría con facilidad. Eso no quitaba el hecho de que sintiera dolor. Mucho dolor.

La gente me rebasaba sin prestarme siquiera un cúmulo de atención, incapaz de verme. Pronto, debería dirigirme a algún lugar fuera de su vista, si quería ahorrarles el pavor de ver a una chica desnuda aparecer de la nada como un fantasma.

Lo cual no habría sido la primera vez. Aunque en aquella última ocasión, habían sido indígenas de otro mundo paralelo los testigos de semejante hazaña, quienes por ende concluyeron encontrarse en la presencia de un dios, ¿y quien habría sido tan desalmado como para decirles lo contrario?

Además, nunca había probado fruta tan buena, aunque hubiera podido haber vivido sin los sacrificios animales.

―Veamos—, hablé en voz alta, ahora caminando en un callejón. ―¿Cuáles historias en el antiguo Londres son las que conozco?

Muchos libros, algunos animes y bastantes películas.

―¡Oh! ¿Tal vez Sherlock Holmes?― Estipulé animada. Siendo ese el caso, todo sería pan comido. Ni siquiera tendría que entrometerme en la historia. Sólo debería conseguir un trabajo, esperar, y estar al tanto de las noticias en el periódico hasta que un artículo sobre la muerte de cierto detective apareciera. Entonces, podría dar la historia por terminada.

«Espera, creo recordar que Arthur Conan Doyle revivía a Sherlock tras la demanda de sus lectores. ¿Qué significaría eso para mí?» Fruncí el ceño, dándole vueltas a la pregunta por un momento. Ladeé la cabeza, buscando concentrarme de nuevo, antes de seguir caminando hasta dirigirme a la boca del callejón. Escondida, espié a los peatones.

«No, definitivamente no estoy en Sherlock Holmes.» Concluí. Las novelas de Doyle se llevaban al cabo a finales del siglo XIX.

Un auto de apariencia arcaica, pero demasiado moderno para la época que había presumido, condujo por la calle como si se burlara de mí.

―Bueno, a la mierda—. Creí reconocer el modelo del auto; uno que otras tantas veces había visto en fotos monocromas en libros de historia. ―Si esto significa que me encuentro en los años cuarenta, supongo que un chapuzón en el Támesis será necesario. Rinse and repeat*.

Para ser honestos, la gente parecía demasiado animada como para encontrarse en medio de una guerra, considerando que los Nazis bombardearon Londres constantemente entre los años 1940 y 1941.

De todas formas, no iba a quedarme para averiguarlo.

―Una historia feliz…― Refunfuñé entre dientes, mirando hacia el cielo con frustración.―Sólo te pido una condenada historia feliz. No es demasiado complicado, maldita sea.

No recibí respuesta. Nunca lo hacía.

Suspirando, metí las manos en los bolsillos de mi parka, más por hábito que por frío. Aquel chaquetón, por el momento, era una mera manifestación de mi subconsciente, pues se trataba de lo que llevaba puesto el día de mi accidente. Lamentablemente, no aparecería conmigo en el mundo físico, por lo que buscar ropa se convertiría en una segunda prioridad.

«Tsk, si llego primero al río, no deberé preocuparme por algo tan banal como ropa.»

Hace quien sabe cuanto tiempo atrás, me habría parecido sumamente preocupante la idea de que alguien trivializara tanto tal tema como el suicidio. Ahora, en mi caso, me parecía difícil no hacerlo.

«He cambiado demasiado.» Al final del viaje, esperaba poder olvidarlo todo.

Tal como empezaba a olvidarme de los rostros en mi familia.

«Debo regresar pronto.»

Un trueno en la distancia llamó mi atención y levanté la mirada al cielo gris.

―¿De qué me asombro? Esto es Inglaterra. De lo que antes escuchaba en mi anterior vida, el cielo se cae prácticamente todos los días.

Sonreí ante aquel repentino pensamiento.

―Eh, supongo que valdría la pena probar algo de cuisine inglesa antes de ir a dormir con los peces. Estoy igual de humor para algo de dine and dash* y siempre he querido comer fish and chips. Solo debo conseguir algo apropiado para vestirme y ¡voila!

Pero debía apurarme. No sabía cuanto tiempo me quedaba de invisibilidad, aunque no debía ser mucho.

—¡Decidido! A robar―. Convencida de cometer mi delito menor, traté de salir del callejón para dirigirme a cualquier tienda de ropa que estuviera a mi alcance.

Nótese como enfatizo el verbo tratar, porque en cuanto di apenas no más de dos pasos, algo me detuvo en seco. Y no, no me refiero a que presencié una escena tan horrorosa como para quedarme helada.

Estaba siendo literalmente halada por una fuerza invisible hacia la dirección contraria; contra mi voluntad.

Ahora, existían razones del por qué me sentía siempre segura en mi forma espiritual: Uno no tiene mucho de que preocuparse cuando se es invisible, intocable e inmune al frío, hambre y en general a cualquier otro malestar humano.

Por lo que, después de todo, no esperaba sentir dolor. Mucho menos tener la sensación de desmayarme.

Pero por el momento, aquello invadía mis sentidos; una efervescencia angustiante, nacida de mi vientre, esparciéndose sin piedad por el resto de mi cuerpo. Las imágenes antes mis ojos dejaron de tener sentido, y se combinaron en una mezcolanza de formas y colores esotéricos.

Si no fuera un espíritu, habría temido que el zumbido en mis oídos terminara por explotarme los tímpanos.

No me di cuenta de que había perdido la conciencia; no hasta el momento en que empecé a despertar.


En mi adolescencia, por el simple hecho de haber sido estudiante en una academia prestigiosa, había desarrollado un increíble sentido práctico. Siempre trataba de mantener mi trabajo pendiente al mínimo, por lo que resolvía mis deberes de inmediato y me aseguraba de ser diligente con mis proyectos. Una gran cantidad de tiempo libre acababa siendo mi recompensa, el cual utilizaba con sabiduría. Y con sabiduría me refiero a vagabundear con mis amigos y aprovechar largas y sagradas horas de sueño.

Como a cualquiera, siempre me ha encantado dormir. La diferencia es que yo sí estaba dispuesta a irme temprano a la cama para disfrutar aquel tiempo al máximo. Nunca he tenido problemas para levantarme en la mañana.

Pero cuando alguien ha decido despertarme durante la noche…

En mi estado de vigilia, escuché voces como la suave marea; meciéndome de regreso hacia la conciencia. Cuando por fin desperté, no me encontraba lo suficientemente lúcida todavía, mi mente divagando entre ideas aleatorias, translúcidas y desordenadas.

«Ugh, ya cállense, quiero dormir.»

—¡RAYOS IGGY, MIRA LO QUE TU MAGIA FALSA HIZO!

Aquel grito de cualquier pedazo de pendejo que decidió despertarme, fue el incentivo que necesité para despabilar.

—¡NO TENGO IDEA, NO DEBÍO HABER HECHO ALGO ASÍ! ¡Y MI MAGIA NO ES FALSA, YOU BLOODY GIT! ¡ACABAS DE VERLA FUNCIONAR!

La primera voz bufó en respuesta.

—¿¡AH, SÍ?! ¡SI MAL NO RECUERDO, CREO QUE QUERÍAS INVOCAR UN DEMONIO QUE NOS AYUDARA A LUCHAR CONTRA LAS POTENCIAS DEL EJE, NO UNA CHICA DESNUDA! ¡PERVERTIDO!

"Iggy" balbuceó nada particularmente inteligible.

«¿Qué demonios?» Mis ojos se entreabrieron, acostumbrándose primero a la iluminación de la habitación. En el fondo, se escuchaban diferentes voces varoniles, peleándose por quien sabe que. Noté una tela cálida y áspera sobre mi cuerpo, y agradecí para mis adentros al amable desconocido que me la había prestado.

Permanecí inmóvil mientras trataba de recordar los eventos transcurridos que me habían llevado a este lugar.

«Sentí como si alguien me halara y entonces…»

—¡Ohonhonhonhon! ¡Ah! ¿Quién habría pensado que poseías semejante potencial? ¡Creía que eras un caso perdido, mon mouton noir!

«OK, ¿Qué pasa aquí?»

Lánguida y con lentitud, empecé a incorporarme sobre el piso, apretando la tela hacia mi pecho mientras me levantaba.

—¡NO ME LLAMES DE ESA MANERA!

Dirigí la mirada hacia el origen de semejante griterío. ¿Recuerdan hace un rato de cómo me había resignado a seguir sorprendiéndome, a pesar de que ya estaba consciente de que ser sorprendida sería inevitable?

Bueno, me alegro de haberlo hecho. Ya me había hartado de perder apuestas conmigo misma.

Admito que me costó reconocerlos en un principio, después de todo, habían pasado varios años desde la última vez que vi Hetalia, sin mencionar que jamás terminé la serie, quedándome corta por unos cinco capítulos.

Pero aquello no era importante.

«Hetalia. Orar por fin ha servido de algo.» Sencillamente, no hubiera podido terminar en mejor historia. En un mundo donde la misma guerra resultaba ser una parodia, nada podía salir mal. Las batallas eran peleadas por representaciones antropomórficas y satíricas de países, cuyo equivalente de "pelea" era picarse mutuamente con ramas hasta que alguien diera su brazo a torcer.

«Perfecto. Sólo… perfecto. A menos que…»

—Ah, la señorita está despierta, ¿da?

Cinco pares de ojos se voltearon hacia mi dirección, y mis vítores de alegría dieron un giro de ciento ochenta grados.

«A menos que… este universo no sea para nada como el anime.»

Podía aceptar que la vida era absurda, pero, ¿ser tan absurda al punto de convertirse en caricaturesca?

Aquello resultaba insultante.

«No es posible. No me lo puedo imaginar. Tal vez… ¿este mundo es más similar al mío de lo que pienso.¿Qué haría si esto resultara ser como la segunda Guerra Mundial original?»

—¡HEY, CHICA, DESPERTASTE!

En medio de mi crisis, no noté como cierto país bullicioso se había acercado, con los brazos abiertos e invadiendo mi espacio personal, lo cual sumado a mi creciente paranoia, no hizo nada para calmarme los nervios.

—¡WOW! ¡Wait, para el coche!

Esquivando aquellas extremidades indeseadas, di media vuelta y corrí a resguardarme tras las espaldas más cercanas que pude encontrar, ignorando el hecho de que el capote militar no aportaba nada en cubrir mi retaguardia.

—¿¡Eh!?— El semblante de América se asemejaba al de un cachorrito pateado. Por el bien de mi buena conciencia, éste pronto terminó por reflejar irritación tras recibir una colleja por parte de China.

—¡Ay yah! ¡Inepto Amelicano! ¿¡Qué no vez que la muchacha está en shock!?

—¡Sólo quería ver si estaba bien! ¡Soy el héroe! ¿Recuerdas?

—¡No si creas mas aflicción de la que curas!

—¿Qué es un "aflirion"? Argh, ¡China!— América se ganó otra colleja. —Quiero decir… ¡chino! ¡Chino cruel!

«¿Huh?»

—¡No te puedo creer… casi lo dices! ¡Qué vergüenza de nación…! Digo, persona ¡qué vergüenza de persona!

«¿Está pasando lo que creo que está pasando? Creo que está pasando lo que creo que está pasando.»

—…Ugh…—No pude evitar expresar, apuro olvidado por el momento. Si trataban esconder su identidad como países, estaban haciendo un pésimo trabajo.

¿Acaso era esto lo que la gente llamaba "vergüenza ajena"?

—¿Te sientes segura allí atrás, señorita?— Desde arriba, provino una voy suave y adorable, la cual en cualquier otra situación, no habría sido motivo de inquietud tal como lo era en ese momento.

Levanté la cabeza. Rusia esbozaba una pequeña y engañosa sonrisa, sus intensos ojos violetas se encontraban entrecerrados.

Nope.

Ah, nervios, con que aquí se habían ido.

China y América continuaban gritando en el fondo.

—¡Ohonhonhonhonhon!¡Mademoiselle, se ve usted tan asustada!¡Permita que la consuela!

Nope.

Con el aliento atorado en la garganta, decidí flanquear al hombre colosal, guindándome de su costado como una garrapata y tratando de mantenerme fuera del campo de visión del país del amor. Al cual, irónicamente, no planeaba amar del todo.

Ni de ninguna forma.

Solté el abrigo de Rusia al recordar de repente a quien estaba usando como escudo.

Dicho país había perdido su sonrisa y me observaba con incredulidad.

China y América continuaban gritando en el fondo.

Francia, creyendo haber encontrado una oportunidad, decidió acercarse. Rusia volvió a mirarlo, aunque desconocía la expresión que llevaba su rostro.

«Que tono azul más curioso.» Pensé, observando a Francia, quien de repente había parado en seco y se veía positivamente aterrado.

Huh.

Ahora que lo pensaba, si así estaban las cosas, entonces lo más probable era que éste fuera el Hetalia que yo conocía.

—¡SILENCIO!

Temblé un poco ante el volumen del sonido. Inglaterra se encontraba en medio de todo el alboroto, con su ceño fruncido y sujetándose el puente de la nariz. Para mi sorpresa, todos permanecieron cayados. Casi.

—Tsk, Iggy. No te sobresaltes, es malo para la edad.

De alguna u otra forma, Inglaterra ignoró a América y en su lugar, se dirigió a mí.

—¿Te encuentras bien, cariño?

Me detuve un rato a procesar el término amoroso, hasta recordar que expresiones así eran antes bastante comunes entre los ingleses, sobre todo en el pasado.

—Me siento algo cansada, pero aparte de eso, creo que estoy bien.

Inglaterra asentó. Sus enormes cejas se hallaban arrugadas en un gesto de concentración.

—¿Estás segura? ¿No tienes herida alguna?

—Creo estar en una pieza—. Le ofrecí una pequeña sonrisa nerviosa. Él no la devolvió.

—¿No eres una criatura maliciosa del inframundo, verdad?

Ahora, juro por mi tumba que traté de mantener la compostura después de aquella pregunta. El verbo "tratar", una vez más, siendo la palabra clave. Pero por el amor de mi madre. Sólo aquellas malditas, formidables y frondosas cejas podían hacerle competencia a la ridiculez de esa interrogante.

Rusia había vuelto a sonreír.

Francia trataba de verme el trasero.

—Caballeros—. Carraspeé. Mis labios formaban un rictus cuya intención inicial había sido crear una sonrisa. —De casualidad, ¿no conocerán el camino más corto hacia el río Támesis?


Notas de autora:

Rinse and repeat: "Enjuague y repita". Ésta es una referencia a un comercial de shampoo, y sardónicamente quiere decir "repetir algo hasta que de resultados". En este caso, Danna se refiere a suicidarse hasta encontrar un mundo que le convenga.

Dine and dash: "Comer y correr". Como el nombre implica, "dine and dash" se refiere a cuando alguien va a comer, por ejemplo, a un restaurante para luego huir sin pagar.

¿Qué le has parecido el primer capítulo?

En fin, trataré de mantener los acentos al mínimo para que no sea demasiado tedioso de leer.