Prólogo

Montañas de Altai

Poperechnoe, frontera de Kazajstán con Rusia

01:25 am hora del este.

1

Zhanna Novikova dio un paso al frente y miró al cielo.

Las estrellas brillaban sobre ella de forma resplandeciente, eran casi hipnóticas.

‒¿Qué haces?

Escuchó la voz de su novio, quien la seguía por detrás mientras caminaban por el bosque.

-Mira el cielo. ¿No crees que es hermoso?

Su novio, Mikail Nikolaievich la alcanzó hasta estar a su lado.

-Sí. Lo creo -respondió.

Sin embargo, ya estaba aburrido. Las imágenes del inmenso cielo estrellado junto con las grandes áreas de bosque que rodean su villa le parecían muy comunes. Desde chicos habían crecido en ese entorno natural que para muchos de los pobladores les resulta bastante ordinario. Sin embargo, para Zhanna, de diecinueve años de edad, las estrellas siempre serán para ella lo más hermoso que ver en su pequeña provincia.

-¿Te gusta este lugar? -preguntó Mikail.

-Vamos un poco más adelante.

Zhanna se adelantó.

Mikail dejó escapar un suspiro.

-Está bien, -dijo, tratando de ocultar su tono de disgusto.

Caminaron entre la oscuridad del bosque, solo iluminados por la luz de las estrellas. Mikail, de veintidós años de edad ya estaba acostumbrado a caminar de noche por los bosques de su villa. Vivía en un rancho dedicado a la cría de cabras cerca de Poperechnoe y muy a menudo tenía que salir al campo a hacer labores durante la noche. Sin embargo, su joven novia tenía siempre la inquietud de caminar más y más en lo profundo de los bosques que, a pesar de que ya los conocía, siembre había que guardar la compostura en cuanto tratar de adentrarse en ellos se refiere. La gente se pierde, y ha habido casos que personas originarias del pueblo se han perdido en los bosques cerca de las montañas. Y él no quería ser uno de ellos.

-Aquí está bien -dijo Zhanna.

Mikail se acercó a ella, aliviado.

-¿Aquí?

-Sí. No es hermoso. Lo descubrí mientras caminaba por la mañana, hace dos semanas.

-Sí, me gusta.

Se trataba de un claro en el bosque. Los arboles rodeaban una extensión con forma de anillo con un área cercana a un campo de futbol. Era bastante amplia y a Zhanna le encantaba, caminó hacia el centro y se dejó caer sobre el pasto, de ese modo podía contemplar el cielo a mayor detalle. Mikail se acercó a ella he hizo lo mismo, dejando su cabeza muy cerca a la de ella y se tomaron de las manos.

Juntos observaron el cielo, contemplando las estrellas.

2

A cuatro kilómetros de donde se encontraban Zhanna y Mikail, una vieja camioneta tipo Lada de fabricación soviética surcaba las extensas estepas que conducen a los bosques de Poperechnoe. En ella iban dos personas con un visible semblante de preocupación en sus rostros. El conductor, un hombre de mediana edad y con barba tres días sin afeitar manejaba la camioneta de una manera tosca debido al accidentado terreno. Sin embargo, prestaba más atención hacia el horizonte que al camino y de vez en cuando miraba al cielo estrellado como si estuviese buscando algo. Iba ataviado con una gruesa chamarra gris que usaba sobre un viejo suéter café de lana desgastada. Su compañero, un hombre más joven pero visiblemente más incómodo por el trayecto, hacía lo propio, mirando de vez en cuando hacia las negras y poco iluminadas montañas. Era como si estuviese más preocupado a que los pobladores aledaños se den cuenta de su presencia en lugar de fijarse en el camino o en las pésimas condiciones de su camioneta. Iba vestido también con una chamarra vieja y no llevaba suéter, en cambio, usaba una gruesa camisa roída a cuadros de lana similar a la que usan los leñadores y unos pantalones de lana desgastados.

-Te digo, no creo que entren, no ahora -dijo el conductor.

Su compañero lo miró.

-Lo harán, lo sé. Me informaron de ello.

-¿Quién te lo dijo?

-Ellos.

-No lo creo. ¿Por qué estarán haciendo eso ahora?

-¿Qué sé yo?

El conductor hizo un brusco cambio de velocidad, forzando la caja de velocidades de la camioneta y el vehículo cruzó sobre unos baches de lodo formados sobre el terreno pantanoso. Habiendo pasado los baches y lodazales, la camioneta continuó avanzando, haciendo que el motor produzca ruidos raros a causa del desgaste mecánico. El conductor se fijó en el tablero, quería cerciorarse del nivel de combustible, traían solo un galón de gasolina extra en un garrafón en el compartimiento de carga. Si se quedan sin combustible ese galón no les servirá de mucho para poder regresar.

Medio tanque.

"Perfecto" pensó.

Y notó que parpadeó la pequeña luz de iluminación del tablero.

-¿Que sucede? -preguntó su compañero.

-No lo sé.

Miró al camino de nuevo, pero luego volvió a observar el tablero.

Las luces volvieron a parpadear.

Entonces detuvo la camioneta y bajó del vehículo.

-¿Qué rayos pasa? ¿Por qué te detienes?

Su compañero estaba cada vez más nervioso, como si tuviera prisa por irse o de esconderse. Al conductor no le importó, caminó unos metros sobre el suelo fangoso y miró al cielo. Su compañero bajó y se acercó a él.

-¿Qué rayos te pasa? Tenemos que movernos.

Dejaron la camioneta varios metros atrás, estaban caminando directamente sobre los enormes pastos que crecían sobre el suelo fangoso. Ambos sintieron como sus pies se hundían hasta los tobillos en el lodo. El conductor hizo una seña con su mano para que su compañero guardara silencio.

-Creo que es hora -dijo.

Y miraron al cielo.

3

Zhanna contemplaba las estrellas mientras hablaba con Mikail.

Hablaban sobre su futuro, sobre lo que harán al día siguiente, lo que harán después de que se casen, cuando tengan hijos y se encarguen de la granja de sus padres. Hablaban de lo que hicieron en la semana, lo que les encargaron en la escuela, la última película que vieron. Sobre todo, y nada al mismo tiempo. En realidad, no importaba, ella estaba con él, y él con ella. Eso era lo que importaba. Entonces vio algo. Sus pensamientos se interrumpieron, y comenzó a observar detenidamente.

De entre las estrellas, parecía moverse algo.

No era una estrella fugaz, ni un bólido, era algo más.

Mikail también lo notó.

Se incorporó de donde estaba acostado y le dijo a su novia sobre aquello que se movía.

-Sí, yo también lo noté -dijo ella.

-¿Qué será?

-Tal vez un satélite. A veces se ven.

Mikail estaba inquieto.

-No lo creo. Se ve diferente.

El punto luminoso parecía descender en lugar de pasar de largo, como lo haría una estrella fugaz o un satélite artificial. Parecía como si estuviera bajando del cielo. La luz que emitía cambiaba de tono, pasaba del rojo luminoso al blanco. Lo que más les sorprendió fue la forma de sus movimientos, daban la impresión de que se tratase de algún avión o helicóptero volando en círculos a gran altura. La luz que emitía se iba incrementando y comenzaron a percibir un leve zumbido. Una vibración que pronto comenzó a estremecerles.

Zhanna se levantó, luego Mikail, quien no dejaba de mirar aquel punto luminoso que ahora parecía cambiar de forma, como una especie de huevo que descendía en círculos directamente hacia las montañas.

Entonces lo sintieron.

La vibración paso de ser una leve sensación a convertirse en algo estridente. Algo horriblemente estridente. Nunca en sus vidas vieron algo como eso. De pronto el cielo nocturno se iluminó como si un fuerte relámpago incendiara a todas las nubes a su alrededor. Pero no había nubes, ni relámpagos. Hace solo unos segundos el cielo estaba completamente despejado y desprovisto de nubes, pero lo que vieron fue como si una forma extraña de fuego celestial incendiara todo a su paso a gran altura al tiempo en que producía un horrible ruido ensordecedor. Pero tan pronto como surgió, desapareció. El gran destello que iluminó al cielo se convirtió en una extraña masa brillante y compacta que se impactó a gran velocidad sobre el bosque, a casi un kilómetro de distancia de ellos. Mikail y Zhanna vieron como una enorme bola de fuego se elevó por los aires iluminándolo todo. Sea lo que sea que se estrelló en el bosque, causó una enorme explosión. Los dos jóvenes se quedaron tan sorprendidos como asustados. Sintieron el calor del aire que acompañaba una especie de onda de choque que los obligó a cubrirse el rostro por miedo a que los lastime.

Pero pronto cesó.

Al fondo se podía ver un destello anaranjado, posiblemente la explosión provocó un incendio.

-Tenemos que irnos -dijo Zhanna visiblemente asustada.

En cambio, su novio se quedó quieto, mirando fijamente el fulgor naranja que crecía en el bosque. Era como si lo hubiera hipnotizado.

-No -dijo Mikail-. Tenemos que verlo.

Y caminó hacia el bosque.

4

-¡Sube a la camioneta! -gritó el conductor al tiempo en que corría hacia el vehículo.

-¿Qué está pasando? -dijo su compañero. Evidentemente no se esperaba aquello.

Ambos vieron como el objeto se aproximó por los aires, pero extrañamente algo paso y se impactó a lo lejos, cerca de las montañas. Tal vez, si conducían rápido, llegarían en un par de horas a la zona de la explosión.

-¿Cuánto tiempo tenemos? -preguntó su compañero.

-No lo sé. Tal vez una hora o dos.

Llegaron a la camioneta y arrancaron rápidamente apenas se subieron.

El conductor estaba más nervioso que de costumbre, y eso pudo notarlo su amigo. Manejaba demasiado rápido.

-¿Crees que lo hayan visto? -dijo el compañero del conductor.

-¿Qué cosa?

-La explosión, ¿Crees que la hayan visto?

-Tal vez algunos granjeros, la gente del pueblo. Posiblemente se vio más allá de las montañas. Es todo, a menos de por aquí.

-Menos mal.

El conductor lo miró seriamente por un momento.

-¿Temes que más personas se hayan enterado de esto?

-Sí. Pero estamos en medio de la nada. No creo que puedan hacer algo al respecto.

El conductor hizo un gesto de negación.

-La gente de aquí no, no puede hacer nada. Pero esto -dijo mientras apuntaba con el dedo hacia el sitio de la explosión, en medio de las montañas-, mucha más gente la vio, personas que representan en verdad una amenaza para notros.

-¿A qué te refieres?

El conductor sonrió.

-Créeme, lo vieron.

Centro del Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial: NORAD

Montaña Cheyenne, Colorado, E.U.

03:12 pm hora del oeste

5

Cuatro grandes antenas parabólicas de veinte metros de diámetro cada una apuntaban al cielo de aquella tarde en distintas direcciones. Cada antena hacia enlace a bases de comunicaciones y seguimiento satelital y transmitían millones de datos por segundo. Las antenas se comunicaban a una base de operaciones construida por dentro de la montaña, en donde cerca de cinco pisos de analistas procesaban y estudiaban la información que les llega de todas las bases de monitoreo instaladas por el norte de Estados Unidos.

Uno de los analistas era la asistente de monitoreo Katherine Ross, quien observaba sus pantallas por un momento mientras terminaba de beber un sorbo de su café para revitalizarse ya que justo acababa de comer y comenzaba a sentir sueño. Sus pantallas correspondían a una fracción de los monitores constates de radar que Estados Unidos tiene instalados a todo lo largo del Atlántico Norte sobre su territorio y también en Canadá. Solo que una sección estaba complementada por radares satelitales que ayudaban a cubrir grandes secciones del Globo, ya que las áreas cubiertas por los radares terrestres no eran suficientes. La idea de hacer un escaneo global a gran escala de rastreo por radares surgió hace más de treinta años, cuando la amenaza de un bombardeo nuclear por parte de la Unión Soviética y sus aliados era algo latente. Pero en aquella época solo se tenía cubierta una reducida fracción del planeta, pero ahora, mediante el uso de poderosos satélites de comunicaciones, prácticamente toda la superficie del mundo es observable, al menos, a escalas generales.

Y eso era lo que Katherine Ross observaba.

Su puesto era sencillo: observar cualquier anomalía existente sobre la atmosfera, ya que, como es de esperarse, diariamente pequeños bólidos o fragmentos de basura espacial caen a la superficie del planeta, creando la falsa sensación mediante la observación de radares terrestres de que se traen de ataques de misiles enemigos o aviones furtivos. Con el fin de evitar conflictos o falsas alarmas de ataque aéreo, se hacen observaciones diariamente por medio de los satélites para verificar fehacientemente el origen de tales objetos. Ese era su puesto y el de otros cuarenta analistas más, observar las anomalías, registrarlas y reportarlas a sus superiores, en caso de ser necesario.

Justo como en ese momento.

Apenas terminó de beber su café cuando las alarmas sonaros.

Prestó atención tan rápido como pudo y observó en sus monitores como aparentemente "algo" se formó a la altura de la estratosfera, aproximadamente del tamaño de un campo de futbol, se dirigió a gran velocidad penetrando por la atmosfera hacia la superficie del planeta cuando comenzó a girar extrañamente. Luego, repentinamente las señales se distorsionaron, pareciera que el objeto desapareció y reapareció varias veces. La computadora fue incapaz de verificar su posición, pero luego después de unos segundos apareció nítidamente para luego desaparecer, aparentemente, producto de su impacto contra la superficie. Los satélites verificaron la posición, detalle que comprobó con los datos en la computadora. Efectivamente, sea lo que sea, pareció haberse impactado sobre la Tierra, el lugar, en el norte de Kazajstán, en las montañas de Altai.

Inmediatamente levantó su teléfono e informó a su superior.

6

El coronel Calvin Henderson observaba los registros de los radares en la computadora muy atentamente.

-Parece que el objeto penetró la atmosfera hace unos momentos sobre las montañas de Kazajstán -decía Ross-. No tengo idea de cómo llegó, no he podido rastrear su ingreso a la atmosfera. Su trayectoria de vuelo es anómala. Los satélites no pudieron fijar la zona de impacto hasta solo unos momentos después. El tamaño del objeto es de aproximadamente unos ciento cincuenta metros por unos cien metros, en el reporte al comité incluiré los detalles de telemetría y de …

-Negativo.

Ross se sorprendió. Según entendía, todo debía de reportarse.

-Pero, señor, es necesario que los detalles …

-Lo que vimos fue un error instrumental. No es la primera vez que pasa. Lo que cayó fue un meteorito que se desintegró en el aire. Las anomalías que usted describe fueron causadas por fallas en los instrumentos. Eso es lo que usted pondrá en el reporte. ¿Entendido?

-Sí señor.

-Quiero los archivos de la computadora y las mediciones de telemetría inmediatamente.

-Sí señor.

Henderson se levantó de la silla y caminó directamente a su oficina. Estaba seguro que la joven le enviaría los datos e incluiría todo lo que le ordenó en el reporte, mientras tanto tenía algo más importante por hacer. En su oficina, cerró las puertas y marcó desde su teléfono por medio de una línea segura a un número cifrado, nadie podría rastrearlo. Desde el otro lado de la línea, alguien con voz áspera respondió:

-¿Qué sucede?

-Se ha confirmado un impacto -dijo Henderson-. Aparentemente fue completo esta vez. Cayó en el sector A12-24, recomiendo iniciar la operación Falcon y Blue Fly lo antes posible.

-Está demasiado lejos, no podremos llegar a tiempo…

-Reuniré a mi personal. Estaremos en la zona de impacto en menos de 24 horas.

-Bien, haga lo que crea conveniente. Tiene luz verde.

-Sí señor.

Y colgó.

Para Henderson, esto era una gran oportunidad, pero tenía que moverse rápido ya que estaba seguro de que el evento no solo fue observado por ellos, sino más bien por al menos otras tres estaciones avanzadas de radar, y muchas ni siquiera pertenecen a los Estados Unidos.

Montañas de Altai

02:05 am hora del este

7

El fuego se elevaba por entre los árboles al tiempo que lo iluminaba todo con su característico fulgor anaranjado. Mikail y Zhanna estaban parados justo al borde de la destrucción donde observaban con gran consternación a su alrededor. Gran parte del bosque fue borrado, los enormes pinos y abetos desaparecieron para dar paso a un campo ahora estéril en donde solo había fuego y escombros. Pero a pesar de lo impresionante que resultaba el ver la enorme devastación, se sintieron en el fondo algo decepcionados. No había restos de ningún avión, ni nave, ni satélite ni nada. Ni siquiera había un cráter en caso de haber sido un meteorito el que cayó. Pero si vieron la extraña forma de algunos árboles que estaban torcidos, todos apuntando hacia la periferia. Fue como si la explosión los "cepillarla" hacia afuera, facilitando de ese modo la búsqueda del centro de la explosión.

Y lo encontraron.

Se hallaba justo al fondo, en donde el pasto, los árboles y las rocas habían desaparecido para dar lugar a una extensión de área cubierta por arena quemada. A su alrededor había algunos árboles destruidos, restos de madera, rocas, y algunos artefactos de extraña forma.

Mikail fue el primero en avanzar.

A pesar de la destrucción y el fuego no sentían tanto calor. Se podía caminar entre los restos de árboles quemados ya que el espacio era lo suficientemente amplio como para permitir moverse entre ellos. Cuando Zhanna se acercó a un conjunto de escombros notó que parecían estructuras metálicas retorcidas, como si fueran los restos de un automóvil después de haber chocado contra un tren. Mikail también lo notó, juntos vieron a su alrededor extraños conjuntos de ese tipo, dando a entender que sea lo que sea que se estrelló, explotó en los aires poco antes de tocar el suelo. Pero el centro de la explosión era de lo más peculiar. No había grandes cantidades de escombros, ni restos de material retorcido, solo era la arena esparcida del terreno… y algo más.

Mikail y Zhanna vieron algo que sobresalía de entre la arena calcinada. Parecía un cilindro. Zhanna dio unos pasos adelante para poder contemplarlo con más detalle. Mikail se acercó a ella y la tomó del brazo.

-¿Qué haces?

-Mira.

Juntos miraron.

La expresión en el rostro de Zhanna cambió, formando una sonrisa extraña de alegría mórbida, casi extasiaste.

Entonces, Mikail se dio cuenta.

"Dios mío." Pensó. "¿Qué es eso?"