Capítulo 5

Imperium

En el Jet, Rumbo a Siberia

6:45 pm, hora de Japón

1

-Hay algo que todavía no me cuadra-, dijo Yulia Alexandrovna a Víctor Emersson quien estaba bastante concentrado leyendo unos artículos en su computadora portátil, tanto, que ni siquiera había reparado en que la joven estaba de pie, junto a él.

-¿Perdón?-dijo Emersson cuando se dio cuenta.

-¿Cómo es que Renshaw sabe todo esto?-le volvió a preguntar Yulia-. Es decir ¿Cómo es que se involucró?

-Es una larga historia.

Yulia miró su reloj, ya llevaban largo tiempo en el avión y parecía que todavía faltaba algo más para que aterricen.

-No tengo muchas cosas que hacer- dijo-. Además no pienso ir a ningún lado.

Tomó una silla y se sentó junto al físico, quien miró a su alrededor. Renshaw y Yuriko estaban viendo unos mapas en sus computadoras portátiles, Crowley había dejado de hacer lo suyo y se fue a su asiento a descansar y las demás chicas estaban en el compartimiento de visitas, descansando. No pasaba nada.

-Y bien- dijo Yulia-, cuéntame.

-¿Sabes?-cerró su computadora y miró a Yulia atentamente, como si se tratase de una estudiante recibiendo instrucciones de su maestro-. James y yo somos amigos desde hace mucho tiempo. Estudiamos juntos en Londres. Es un tipo brillante, aunque también algo pedante y terco. Hace varios años, cuando vivíamos en Londres, aprovechábamos las vacaciones de verano para escaparnos del instituto y salir. Éramos turistas en nuestra propia tierra y, debido a que ya conocíamos los lugares turísticos por de facto, preferimos mejor visitar lugares extraños, con un alto interés histórico o simplemente misteriosos.

-¿Ahí mismo en Inglaterra?

-No solo Inglaterra, sino el todo el Reino Unido, también Europa y América, pero principalmente en el mismo Reino Unido, ya sabes, por la cercanía y más porque era barato. James no era tan rico como ahora. ¿Sabes? Preferíamos una aventura un poco más austera.

-¿Y qué pasó?

Emersson dejó escapar un suspiro, comenzó a recordar con nostalgia mientras se recargaba en el respaldo de su silla.

-Recorrimos la isla, casi completamente, Escocia e Irlanda también. Visitando puntos de interés, y otros un tanto extraños. Entre la frontera de Escocia con Inglaterra, muy cerca de Edimburgo, se descubrieron a finales de los años noventa los restos de una vieja empalizada romana, ahí mismo hallaron un viejo pozo, tal vez de origen celta y un círculo de piedras antiguo, de esos que tanto se ven en las películas sobre druidas y celtas. Lo interesante de ahí es que hallaron restos humanos de gran antigüedad en ese pozo. También, un grupo de arqueólogos tuvo una experiencia algo aterradora en aquel lugar, en una noche fueron testigos de cómo un extraño animal antropomorfo atacó a una de las integrantes. Nunca se supo qué fue, el gobierno cerró el acceso y los locales le temen, dicen que está maldito.

-¿Ustedes lo visitaron?

-¡Ja! No solo lo visitamos. Acampamos ahí. No ocurrió nada en especial, pero sí que se sentía el aire bastante extraño.

-¿Qué más?

-Ese fue solo un sitio. Visitamos varios, pero lo verdaderamente importante ocurrió en Escocia, por ahí del año 1999 o 2000. Visitamos la Isla de Skye. Se encuentra muy al norte, tienes que cruzar un puente largo para llegar. Ahí se encuentran varias destilerías y cervecerías, es un lugar especialmente turístico debido a sus estupendos paisajes que parecen, en ocasiones, pertenecer a otro planeta. Casi no hay árboles y los caminos surcan las colinas colmadas con grandes y escarpados riscos.

"Interesante" pensó Yulia. La Isla de Skye es una de las más grandes al norte de Escocia, ya había oído hablar de ella anteriormente pero nunca con nada relacionado a cosas sobrenaturales o extrañas, siempre era sobre cosas relacionados al turismo o el campismo. Sin embargo, el giro que estaba aportando el relato de Víctor Emersson era peculiar, sobre todo por lo relacionado al interés de Renshaw por el viaje entre dimensiones.

El relato de Emersson continuó como si fuese la narración de alguna historia fantástica transmitida por la radio.

Yulia escuchó atentamente, cada palabra.

Explicó que fueron de campamento él, Renshaw y un grupo de tres amigos más. Se quedaron cerca de un sitio geológico conocido como Old Man of Storr, que no es otra cosa que un gran risco de forma puntiaguda constituido por un conjunto bastante grande de rocas volcánicas erosionadas, bastante alto y muy cerca de otros enormes riscos, ahora pedregosos por causa de milenios de erosión. El plan era quedarse dos noches y luego continuar su viaje hacia el sur, pero Renshaw, en su necedad, se separó del grupo durante la segunda noche y salió a caminar por los alrededores. Escaló por una pendiente cerca del risco para después llegar a una ladera en donde se podía ver el paisaje nocturno en todo su esplendor. Eran cerca de las once de la noche, pero como estaban en el mes de julio y debido a lo septentrional del lugar, la noche nunca llegó a ser del todo oscura. En palabras de Víctor era "como la luz de la media tarde, justo antes de ser de noche".

Caminó por la ladera, hasta llegar a un punto en donde podía verse algo del mar, ya que estaba en una posición alta. La niebla era cada vez más espesa y la luz de su linterna apenas ayudaba. La apagó para conservar las baterías y esperó unos momentos para admirar el paisaje, fue antes de regresar cuando sintió algo extraño. Observó a su alrededor. La niebla tenía una forma extraña, era como si comenzara a girar en círculos alrededor de él, rodeándolo. Extrañado, decidió apresuró el paso para salir de ahí.

Tras caminar entre las rocas y la pendiente de la ladera pronto se dio cuenta de que estaba perdido. Encendió la linterna y observó la niebla a su alrededor, cada vez más densa. Mientras tanto, el cielo retumbaba, iba a llover pronto por lo que se vio forzado a apresurarse, pero no sabía exactamente en que punto se encontraba cayendo en la cuenta de que perdió el camino de regreso. Mientras tanto, el cielo comenzó a oscurecerse aún más por causa de los densos nubarrones y la pesada y creciente niebla. Entonces lo sintió.

Un relámpago.

Muy cerca de él.

El fuerte destello lo iluminó todo por un instante, tanto que le pareció sentirse metido en medio de una fotografía. En cuanto la luz se apagó el retumbar rugido del trueno se hizo presente, haciéndolo vibrar todo a su alrededor con su trémula música.

Corrió entre la niebla y pisó equivocadamente una de las rocas de la ladera ocasionando que cayera de bruces contra el suelo embarrado. Perdió su linterna, la cual cayó lejos de él. Se levantó e intentó correr, pero otro relámpago cayó muy cerca de él, tanto, que el sonido de la explosión lo golpeó por todo su cuerpo al tiempo que la intensa luz lo cegaba, haciendo que cayera otra vez de nuevo sobre el suelo embarrado y pedregoso, pero el golpe fue tan fuerte que perdió el conocimiento.

Todo se apagó.

Negrura total.

No supo cuánto tiempo estuvo desmayado, pero cuando por fin abrió los ojos, su cabeza le palpitaba como si le fuera a estallar. Tal vez sea producto del golpe. Pero había algo más.

El suelo.

Era diferente.

El pedregoso y embarrado suelo de aquella isla escocesa había sido sustituido por un seco suelo lleno de pasto. Al principio se extrañó. Estaba demasiado obscuro, incluso para la noche de tormenta en la que estaba metido, lo cual le trajo a la mente otro punto. El cielo. La tormenta había desaparecido, todo a su alrededor había desaparecido y había sido sustituido por un ambiente completamente distinto. Tanto, que la impresión lo llenó de terror.

Estaba en un bosque, bastante frondoso, a decir verdad.

Las copas de los arboles cubrían casi por completo el cielo nocturno, haciendo casi imposible ver algunas de las estrellas. A su alrededor, el pasto ya bastante alto le llegaba hasta casi las rodillas. Comenzó a caminar de nuevo, a buscar un claro en el bosque o un punto alto que le ayudase a entender en donde estaba y como había llegado hasta ahí. La sensación de estar en aquel bosque tan extraño comenzó a generarle un perturbador sentimiento no solo de terror, sino de vulnerabilidad, ya que no recordaba ninguna parte de la isla que tuviese tantos árboles. Corrió hasta lo que creyó era un claro, pero se topó con algo todavía más inverosímil.

Cuatro figuras humanas estaban de pie en medio del bosque. Estaban cerca de dos caballos de gran tamaño y vestían unas ropas demasiado extrañas. Renshaw se acercó lo más sigiloso que pudo y los observó con detenimiento.

Dos de ellos eran altos, portaban grandes chaquetas color negro y marrón y llevaban abundantes barbas, bajo su chaqueta pudo apreciar que ambos llevaban un cinturón bastante ancho del cual pendía una gruesa espada. Los otros dos eran menos robustos, pero igualmente barbones y con espadas cada uno. Renshaw los miró detenidamente, estaba escondido entre los árboles y observaba su comportamiento, hablaban en un idioma extraño y parecía que estaban transportando algo en sus caballos. Dio un paso al frente para intentar observar más de cerca, se colocó detrás de un gran árbol, pero al acercar su cuerpo contra él aplastó sin querer varias hojas y ramas produciendo el típico sonido de crujir sobre la vegetación. Los tipos que estaba observando lo oyeron, quienes inmediatamente voltearon en su búsqueda.

Renshaw se apartó de los árboles y trató de alejarse sigilosamente, aprovechando la oscuridad, pero aquellos hombres, acostumbrados a la negrura de la noche en los espesos bosques de su región, supieron identificarlo rápidamente. Comenzaron a gritar en palabras extrañas. Uno de ellos señaló en su dirección.

Renshaw corrió.

No podía ver gran cosa, de vez en cuando entre los arboles se abrían pequeños huecos en donde pasaba algo de luz, pero no era suficiente. Continuó corriendo. Aquellos hombres se lanzaron en su búsqueda, salteando con gran agilidad la espesura del bosque, entonces Renshaw se movió tan rápido como pudo hacia una especie de claro que apenas pudo distinguir entre los árboles, pero cuando llegó descubrió que se trataba de una depresión en el terreno boscoso, una gran pendiente que se abría frente a él cubierta de rocas y musgo.

Fue cuando lo vio.

En el cielo, directamente frente a su cabeza, distinguió algo parecido a la Luna, la Luna a la que siempre hemos visto sobre la bóveda del cielo nocturno, pero era diferente, rara. Las típicas manchas con forma de conejo pertenecían a otra familia morfológica, y la estructura que lo distinguía le parecieron pavorosamente familiares. Tanto que se negó a creerlo.

Eran los continentes.

Los continentes terrestres.

Aquellos que siembre se han visto tantas veces aparecer en libros y revistas, en las fotografías de la NASA y en las agencias espaciales. Eran los continentes de la Tierra, por que aquella cosa que en un principio creyó que se trataba de la Luna no era en realidad nuestro satélite vecino, sino precisamente nuestro propio planeta entero.

Y estaba allá arriba, flotando en el firmamento como si fuese una ilusión.

Eran la Luna y la Tierra, orbitando una con otra.

Sin embargo, la Luna lucía distinta a lo que uno estaría acostumbrado. Era desproporcionalmente grande en comparación con la Tierra. Era como si la Tierra fuese una luna de un planeta más grande, planeta en el que se encontraba James Ranshaw en ese momento, observando. Dio un paso más hacia delante para contemplarlo mejor, estaba completamente anonadado, incluso había olvidado a las personas que le seguían.

Lo perseguían.

Giró hacia atrás para escuchar mejor y pudo constatar que efectivamente aquellas personas desconocidas estaban tras él. En ese momento dio un paso en falso y cayó accidentalmente de espaldas golpeándose contra las rocas en la pendiente.

Eso fue todo.

2

-¿Qué ocurrió después?- preguntó Julia.

-Despertó-, dijo Víctor como si se tratase de la respuesta más obvia, pero no lo era-. Despertó en algún lugar. Era de media mañana, y había niebla, reconoció el lugar, sin duda estaba en Escocia, pero no sabía dónde. ¿Sabes dónde dio a parar?

-No.

-En Canallish. Son un conjunto de islas al norte, cerca de Skye. Cuando pudo encontrar a alguien para pedir ayuda nosotros ya habíamos dado aviso a la policía. Sospechamos que se emborrachó en algún lado y se perdió. Es muy peligroso estar en esas condiciones en aquella zona. Puedes caer por un precipicio o ser víctima de un deslave. La policía en Canalish lo trajo de vuelta casi un día después, cuando la marea bajó y zarpó el ferri.

-Pero ¿Cómo llegó a aquella isla?

Victor Emersson se inclinó hacia Yulia como si tratarse de decirle un secreto.

-Esa, amiga-dijo señalando con el dedo-. Es la pregunta correcta. Pero primero. ¿Sabes qué hay en Canalish?

-No.

-En Canalish hay un complejo megalítico, una estructura de piedras en pie hecha por el hombre con propósitos desconocidos, Alexander Thom y Gerald Hawkins, dos investigadores famosos, plantearon hace varias décadas que pudo ser usado como un centro astronómico varios milenos antes de Cristo. Como dije, se localizan al norte, en una gran serie de islas que rodean un conjunto de masa continental, para acceder está muy complicado, y sinceramente no creo que un tipo ebrio encontrara un bote y llegara hasta ahí, es más probable que se pierda y llegue a Irlanda o simplemente que se ahogue. Pero, sin embargo, James Renshaw dio a para ahí, en una sola noche. ¿Cómo pudo hacer eso? James cree que fue teleportado, o algo por el estilo, pero no lo comentó con nadie, ni siquiera habló de su experiencia. Cree firmemente que ese mundo al que dio parar es lo que llamamos Gaea, que estuvo efectivamente ahí. He investigado más hechos similares por mi cuenta y llegué a la misma conclusión. Hay muchos ejemplos en la historia similares, de gente que desaparece espontáneamente y reaparece en otro lado del mundo, o que llegan a ver un mundo similar al nuestro, con todas las características, pero sencillamente no lo es. De eso se trata nuestra investigación. Años después, James me lo contó todo, le costó trabajo convencerme, pero ahora tenemos evidencia contundente sobre ello. Se puede viajar a otros mundos, lo sabemos, y vamos a hacerlo cuando lleguemos a nuestro destino.

3

Hitomi se encontraba durmiendo en uno de los asientos individuales disponibles cerca del frigobar. Tenía tiempo que se retiró a descansar ya que expresó sentirse cansada y al mismo tiempo angustiada por todo lo que hablaron. Aunque no se lo dijo a los demás, lo que le había contado Millerna la preocupó de sobre manera y por extraño que parezca, la única forma de alejar todo ese estrés de su mente en ese momento fue ir a recostarse por un rato.

Yukari Uchida caminó hacia ella y la observó recostada, parecía que dormitaba sobre el respaldo de su asiento plegable. Lo consideró razonable, ya que ambas ni siquiera habían dormido bien en las últimas veinticuatro horas. Sin embargo, Yukari no podía dormir, su mente era un alboroto, sobre todo por aquello que le dijeron del viaje entre dimensiones y mundos paralelos, pero estaba, en el fondo, realmente ansiosa por ver cómo funcionaba ese portal.

Se acercó al frigobar y sacó una lata de refresco. La abrió.

El sonido llamó la atención de Hitomi, quien inclinó su cabeza levemente hacia ella.

-Perdón-, dijo Yukari-, pensé que estabas dormida.

Hitomi abrió los ojos.

-Lo estaba, pero desde hace rato solo descanso.

-¿Cómo te sientes?

-No sé qué pensar. La verdad es que, estoy preocupada.

-¿Por qué?

Hitomi se incorporó en el asiento, su expresión era más seria que de costumbre, a decir verdad y en opinión de Yukari, era bastante extraño en ella.

-¿Es por lo que nos contaron?-comentó Yukari.

-No… No lo sé. Desde hace rato me siento extraña. Algo me preocupa, pero no sé qué es. No es sobre lo que hablamos, creo que es algo más.

-¿Cómo qué?

-No lo sé. Siento que es algo que está pasando. Tengo el presentimiento de algo terrible está ocurriendo, no tengo palabras para expresarlo, pero es algo que es verdaderamente grave.

Belayorka

7:30 pm

4

Cuando las luces de emergencia se activaron, lo primero que funcionó fueron las computadoras. Los monitores mostraron sendas imágenes distorsionadas por causa de fallos generales en las tarjetas de video. Era como si una estática general interfiriese con el funcionamiento de los instrumentos electrónicos. Los técnicos rápidamente intentaron arreglar los problemas, pero por alguna razón no podían controlar los sistemas de cómputo.

-¡¿Qué está sucediendo?!-preguntó a gritos Marklov.

-Algo está interfiriendo-, dijo uno de los técnicos-, no hay respuesta del exterior.

-¿Por dónde atacan?

-Del exterior-dijo otro de los técnicos-, ya he restaurado parte del sistema de radar.

Marklov se dirigió hacia él.

-¿Dónde?

El técnico señaló un punto en una de las pantallas.

-Aquí-, dijo.

Reactivó otro de los monitores, en una pantalla de treinta pulgadas pudo ver la imagen proveniente de uno de los radares instalados en la región exterior del complejo, sobre una torre de agua. Lo que vieron fueron tres objetos moviéndose por la sección en donde se encontraban las instalaciones de suministro de energía eléctrica. No podían distinguirse exactamente qué forma tenían, pero parecían desplazarse dando grandes saltos por el suelo.

-Usamos el detector ultravioleta como lo indicó el doctor Nikolsky, usamos los detectores instalados en las torres de vigilancia.

Le mostró las imágenes.

En una de las pantallas se observó la imagen procedente de una de las cámaras instaladas en el exterior, cerca de una de las torres. En ella se apreciaba la imagen en blanco y negro de los campos de vegetación cercanos al río en tonos distintos de la escala de grises acostumbrada, esto debido a los efectos del sensor ultravioleta de las cámaras de vigilancia. Se podía observar la carretera, los camiones estacionados, las negras columnas de humo ocasionados por la destrucción de la central de energía y las tres figuras antropomorfas caminado sobre el patrio cercano. Eran tan nítidas que pudieron distinguir varios de sus detalles. Eran como tres robots gigantes de forma insectoide cubiertos con capas largas similares a las túnicas de los monjes.

-Santo Dios-, dijo Marklov- ¿Qué son esas cosas?

-No lo sé, señor. No lo sé- dijo el técnico naturalmente asustado.

-Se mueven rápido, podemos apuntarles con los láseres de alta potencia-dijo otro de los oficiales.

-Píntenlos con láser-, ordenó Marklov-, ¡Vamos a derribarlos! ¡Gudnayev! Prepare los cohetes.

Los hombres de Gudnayev salieron hacia el área de resguardo de vehículos, sacaron varias cajas de plástico de uso rudo de gran tamaño de uno de los camiones, las colocaron cerca de una de las camionetas todo terreno y las abrieron. En ella había varios lanzacohetes tierra-aire de uso manual con capacidad de alcance de cuatrocientos metros. También, de una de las cajas sacaron algo parecido a un rifle futurista bastante grande equipado con potentes lentes amplificadoras y una cámara usada a modo de mira telescópica.

Los soldados instalaron el rifle en la parte alta de una de las camionetas mientras que en las otras dos instalaban las cargas explosivas y los lanzacohetes. Se trataban de cohetes de última generación, diseñados específicamente para derribar helicópteros, vehículos terrestres e incluso aviones volando a corta altura. Su computadora interna le permite al usuario apuntar y disparar automáticamente y ser operado por un solo hombre. La forma de apuntar es mediante pintado por láser, en donde otro individuo tiene la única tarea de dirigir un láser hacia el objetivo. El potente sensor instalado en la cabeza del cohete detecta la emisión de energía emitida por el láser al ser reflejado por una superficie, indicándole que es ese el punto final del objetivo. El resto lo hace la computadora interna del dispositivo, la cual calcula la trayectoria y controla los movimientos del cohete.

Y eso es lo que iban a hacer.

La primera camioneta que salió a toda velocidad apuntó hacia las tres restructuras que se movían por el aire. Eran invisibles a simple vista, pero los sensores instalados en las cámaras del láser podían verlos gracias a un ajuste entre los filtros ultravioleta e infrarrojo.

Tras la salida del primer vehículo salieron otros tres cargados de armas que rodearon rápidamente al complejo de naves industriales. Varios soldados salieron tan rápidos como pudieron. Sin saber exactamente a que disparar se dispersaron y rodearon las áreas dañadas pudiendo observar las nubes de polvo y humo formados a su alrededor.

De pronto, las nubes se movieron.

Eran esas cosas invisibles desplazándose entre el polvo.

Dispararon.

No hubo resultado. Prácticamente le dispararon a nada. Cerca de ellos se levantó uno de los camiones de carga que rápidamente se impactó contra el suelo destrozándose. Cientos de escombros y piezas procedentes del camión se esparcieron por los aires y de una región alta y oculta entre las nubes de polvo emergieron lo que parecían tres látigos metálicos de gran tamaño. Estos alcanzaros otro camión de carga y prácticamente lo partieron por la mitad al tiempo en que se enrollaban sobre los restos del mismo, levantándolos por los aires para luego ser arrogados directamente contra ellos.

Tras el impacto, varios soldados corrieron, otros resultaron heridos, sin embargo, no dejaron de disparar hacia aquella cosa sin forma.

Las camionetas rodearon a la estructura, el vehículo frontal ajustó la cámara y el detector para apuntar con el láser, se trataba de aquel instrumento con forma de rifle futurista. Activaron las cámaras. En varias pantallas instaladas en el interior de la camioneta pudieron ver una imagen infrarroja a la que rápidamente la combinaron con el filtro ultravioleta. Estaban cubriendo los dos extremos del espectro visible. Pronto podrán ver lo que a simple vista era imposible.

Y lo vieron.

Era lo mismo que vio Marklov y Gudnayev en el centro de mando.

En un principio no supieron que hacer.

-Apunten con el láser-, dijo el líder de la operación-. ¡Apunten ya!

Activaron el láser y apuntaron.

5

Cuando las luces se apagaron por primera vez, Zhanna no se inmutó, solo esperó unos momentos sin perder la calma, estaba segura de que podría haber alguna manera de sacar provecho de la catástrofe que se avecinaba. Sin embargo, su compañero no.

Vladimir Nikolsky perdió el control por unos segundos, pero cuando volvieron las luces supo exactamente qué hacer.

-Vienen por el artefacto-, dijo.

-Efectivamente- respondió Zhanna de manera sarcástica.

Nikolsky tenía un mal presentimiento de todo ello. Sabía que Zhanna estaba pasando por un periodo de malestar, el médico le había comentado que la actividad de su cerebro le provocó una inflamación enorme en la zona de la corteza cerebral, justo entre las membranas que cubren su cerebro. Pero aún así pareciera que eso no le afecta, una persona normal ya estaría gritando por causa del dolor de cabeza. Zhanna no lo hacía.

Nikolsky se aproximó a la puerta e introdujo el código de seguridad. La cerradura se abrió y salió corriendo hacia el área de contención, en donde su equipo de científicos y técnicos estaban desarmando el artefacto.

Zhanna se quedó sola de nuevo, mirando fijamente a la puerta, ahora cerrada frente a ella.

Sonrió.

De pronto supo cómo salir.

Mientras tanto Vladimir Nikolsky tuvo que hacer frente a una parvada de técnicos y personal de mantenimiento histéricos que corrían por los pasillos. Cuando llegó al área de contención, ingresó su código de seguridad, la puerta se abrió y entró. Encontró a su personal tratando de reactivar los sistemas desesperadamente. Las computadoras no funcionaban y en los monitores solo se podían ver imágenes distorsionadas procedentes de los instrumentos electrónicos. Era como si una fuente de energía estuviese alterando todos los sensores. Al fondo, en el centro, rodeado de cortinas y alumbrado por las lámparas de emergencia en tonos rojos, el famoso artefacto parecía brillar con una extraña luz verdosa, parecía una especie de cristal compuesta por varas secciones de tejidos enmarañados como si se tratasen de varias capas formadas por telarañas exóticas. Hermoso y perturbador al mismo tiempo.

-¿Qué ocurre?-preguntó Nikolsky.

-Es esa cosa-, dijo uno de los técnicos-. Interfiere con los instrumentos. Es lo que causa la falla en nuestros sistemas.

-No puede ser.

-Así es. Desactivó nuestras defensas.

Ocurrió una descarga, uno de los técnicos reconectó varias secciones de un panel de comunicaciones. Nikolsky y los demás vieron como las luces de emergencia se apagaron y regresaron las luces procedentes del generador alterno. Nuevamente tenían luz blanca y clara. Las computadoras se reactivaron. Cuando terminó de cargar el sistema uno de los técnicos miró horrorizado lo que en realidad estaba pasando.

-¡Señor, venga a ver eso!

Nikolsky y los demás fueron corriendo.

Miraron el monitor.

-¡Deténgalo! -gritó Nikolsky -¡Deténganlo ya! ¡Está en la computadora!

Lo que vieron fue un esquema programado de las rutas del servidor. A través de las líneas de código, el artefacto accedió a la computadora central, es decir, el conjunto de servidores que conectan y controlan todos los sistemas de la base, y con él, la conexión a la red externa de archivos enlazados directamente a Moscú. El artefacto funcionaba como una supercomputadora que literalmente les estaba succionando toda la información.

Toda.

Y al parecer lo llevaba haciendo desde el principio.

6

-Hermoso, sencillamente hermoso-, dijo Meyerhold.

Se encontraba de pie, mirando con unos prismáticos lo que está ocurriendo en la base de los rusos. Dough Liam también lo hacía, quien observaba la ola de destrucción ocasionada por fuerzas invisibles.

-¿Puedes verlos?-preguntó.

-No. Sus capas los protegen.

-Son prácticamente invisibles-dijo Ryjkin-, esas capas las diseñamos desde hace tiempo, son muy efectivas, les hemos hecho algunas mejoras para que no sean detectados nuestros hombres durante el ataque.

-Pero no los protegieron para ser vistos en caso de usar otros filtros de luz-dijo Meyerhold.

-No. Nuestros enemigos no tienen esa capacidad técnica.

-Pero aquí es diferente-, dijo Liam-. Pueden verlos en ultravioleta e infrarrojo. Diles que se den prisa o los detectaran.

-Ya lo hicieron-dijo Meyerhold.

Observó que de una de las camionetas salió disparado una ráfaga de humo blanco. Era uno de los cohetes lanzado a gran velocidad. Después le siguieron otros más. Una de las camionetas rodeó a uno de los artefactos invisibles cuando los detectores infrarrojos ubicaron al objetivo, apuntó con su láser pudiendo distinguir en el aire extrañas sombras de colores suspendidas entre el polvo desprendido y el humo de las explosiones, y estalló.

Fue el impacto de los cohetes.

Varias explosiones se produjeron al unísono.

Otra serie de ráfagas de humo blancuzco salieron despedidas de varias de las camionetas militares, varios de ellos en dirección a una extraña figura que se formó en el aire y tenía la apariencia de una extraña nube vaporosa que distorsionaba la visión como si se tratasen de bolsas de aire caliente. Entonces algo pasó. La extraña nube se transformó de pronto en una cosa parecida a una enorme medusa aérea, con tentáculos semi transparentes que se batían por los aires como si de enormes látigos se tratasen. Derribaron una de las camionetas mientras que otra de ellas era empujada con gran fuerza antes de ser despedida por los aires. La confusión era terrible. Los aterrorizados soldados no hicieron otra cosa que atacar otra vez, soltando otra ráfaga de cohetes, pero ahora todos apuntando hacia la gigantesca masa gelatinosa que se formó sobre sus cabezas.

Dispararon.

Ocurrió una explosión.

Una gran nube de humo se formó sobre ellos destruyendo la capa externa de la monstruosa medusa, develando de ese modo su verdadera forma. Se trataba de una especie de robot antropomorfo cubierto por una enorme capa gris. El robot cayó cerca de una de las torres de vigilancia derribándola casi en el acto.

Ryjkin, quien observaba todo por medio de unos prismáticos, tomó su radio y presionó el botón de comunicación.

-Ya dejen de jugar y traigan esa cosa-, ordenó.

Dentro de las máquinas de ataque, los pilotos escucharon la orden.

-Sí señor-, dijo el líder.

Estaban dentro de las cabinas de mando, cada robot tenía a su propio piloto. Se hallaban equipados con sensores de movimiento electromecánicos adaptados a sus brazos y manos, sobre sus ojos llevaban unos googlees especiales que les cubrían prácticamente la mitad de su rostro con los cuales podían percibir, captar y escuchar prácticamente todo a su alrededor. Los googlees estaban conectados a los sensores externos, los cuales transmitían imágenes directamente a sus ojos en donde podían apreciar al mundo exterior en múltiples filtros de luz, incluyendo el infrarrojo y el ultravioleta. Este último detalle fue obra de Meyerhold, quien se encargó personalmente de adaptar la tecnología terrícola a la tecnología extraterrestre de esos robots de batalla. Varias de sus mejoras incluyen las comunicaciones por radio con equipos habituales, sensores externos de batalla, visión en múltiples bandas y una especie de nueva arma, un cañón que dispara una descarga de plasma. Un arma formidable, en opinión de Ryjkin, arma que verán en acción en unos momentos.

Los soldados rusos vieron como el enorme robot se levantó, detrás de él otras dos figuras aparecieron, eran los que estaban atacando en la retaguardia, pero ahora han develado su verdadera forma. Se trataban de otros dos robots antropomorfos, de iguales proporciones y características, sin embargo, el primero era diferente, su estructura frontal se modificó, revelando la presencia de un apéndice muy similar al brazo de un insecto que salía del pecho. Los soldados se prepararon para disparar, pero esa cosa lo hizo primero.

Todo fue demasiado rápido.

Lo primero que sintieron fue un sonido vibrante, como el de unos motores al ser activados de repente. Pero solo fue por unos segundos, unos pocos instantes, porque lo que emergió de aquel apéndice extraño fue una bola de luz violeta que rápidamente se propago por el aire y estalló en cuanto tocó el suelo.

Fue desastroso.

La camioneta fue empujada con fuerza estrepitosa varios metros atrás al tiempo en que la explosión lanzó una llamarada cegadora arrojando esquirlas y trozos de metal por todos lados. Los soldados se cubrieron como pudieron al tiempo en que intentaban replegarse. Marklov y Gudnayev lo vieron todo desde las cámaras de seguridad, ahora totalmente desconcertados tras descubrir que aquellos artefactos revelaron su verdadera forma.

El robot gigante que disparó el cañón de plasma volvió a guardar el arma, modificó su estructura para prepararse a realizar una nueva maniobra.

-¿Qué hace?-preguntó Marklov sin quitar la vista del monitor.

-Va a elevarse-dijo uno de los técnicos.

Dentro, el piloto contrajo sus brazos y activó instrucciones específicas dando ciertos movimientos clave con sus manos. Las partes electromecánicas captaron las instrucciones codificadas de sus movimientos y modificaron la estructura del Guymelef haciendo que crezcan unas toberas en la parte posterior del aparato por donde fueron expulsados una gran cantidad de gases. El robot se elevó por los aires como si hubiera dado un salto gigante y se mantuvo suspendido por largo tiempo, sus otros dos compañeros hicieron lo mismo hasta posarse sobre uno de los techos alargados del complejo industrial. Los tres una vez ubicados en ese punto desplegaron sus largos tentáculos y comenzaron a perforar el techo metálico.

Por debajo, Vladimir Nikolsky y su equipo estaban tratando de parar el acceso de la extraña esfera de cristal con la base de datos de la computadora, desesperados, reiniciaron los sistemas y desconectaron las líneas del servidor, pero parecía que no surtía efecto. Nikolsky pudo reactivar una consola de mando en la que pudo apreciar en la pantalla las rutas de búsqueda en donde se estaba filtrando toda la información. Tecleó unas instrucciones y un mapa apareció frente a sus ojos, era un mapamundi en donde en el que podía ver los nodos de conexión con la red a nivel global, pero no eran simples nodos de Internet, eran los nodos de conexión a los servidores gubernamentales de todo el mundo, en los que muchos de ellos ni siquiera tenía acceso.

Pero esa cosa sí.

En el mapa vio como una estrella de líneas crecía desde la ciudad de Novosibirsk hasta Ekaterinburgo, Vladivostok, Irkutsk, Ufa y Astana, todas ciudades principales en las cercanías. Cuando las líneas alcanzaban tales puntos se enlazaban con los nuevos servidores e iniciaban una nueva conexión, de este modo se expidieron a Moscú, Tokio, Hong-Kong, San Petersburgo. En solo cuestión de segundos pasó a Londres, Edimburgo, Paris, Múnich, Madrid, y de pronto, Vancouver, Virginia, Toronto, Ciudad de México y Washington. Ya era demasiado.

Aterrorizado, Nikolsky tomó un hacha contra incendios, corrió hacia las líneas del servidor de la computadora central, y a punta de hachazos, rompió los seguros para abrir las puertas del gabinete y comenzó a arrancar las tarjetas electrónicas una a una de las ranuras de comunicación. Pedazos de esquirlas y circuitos rotos volaron por los aires al tiempo en que varias chispas saltaron al unísono con cada golpe.

Entonces entraron.

El techo se abrió y varios tentáculos plateados bajaron como los brazos de un pulpo, rodearon la esfera para después arrancarla de sus soportes. Nikolsky junto con los demás miembros del equipo técnico observaron cómo se alejada a través del agujero en el techo y se perdía en los aires.

7

Los efectos del ataque podían observarse por todos lados. Los pasillos estaban desolados, con visibles efectos de destrozos y fallas eléctricas. Alambres colgando y escombros producidos por las explosiones provenientes del exterior eran notorios. Muchos miembros de la base se habían ocultado en refugios improvisados o habían espaciado al exterior al tiempo en que otros tomaban las armas y atacaban a las figuras invisibles. Sin embargo, a pesar de la aparente calma que hay aún imperaba un aire de incertidumbre bastante perturbador. Los equipos de técnicos trataban aun de reactivar todos los sistemas. Los soldados fuera levantaban y atendían a los hombres heridos al tiempo en que buscaban a aquellas tres figuras antropomorfas y en algunos momentos invisibles que los atacaron y destruyeron los techos del complejo industrial.

Todos estaban ocupados. Zhanna lo sabía.

Estando sola, encerrada en su habitación y aún conectada a equipo médico, decidió que era el mejor momento para actuar.

Se levantó de su silla y se retiró los cables conectados a su cabeza. Apagó el monitor cardiaco y el electroencefalógrafo para que no hicieran ruido en cuanto los desconecte de su cuerpo. Una vez lista caminó hacia la puerta dando pasos dificultosos, cualquiera diría que es como si estuviera ebria, pero en realidad los efectos de la fuerte actividad de su cerebro están comenzando a limitar otras regiones del mismo. Se acercó a la puerta y miró detenidamente el teclado matricial alfanumérico del cierre electrónico. No sabía la clave de acceso. Nikolsky y los demás la usan, pero.. ¿Ella lo sabía?

Se concentró. No necesitaba hacer otra cosa. Podía hacerlo.

De pronto, una serie de números llegaron a su mente de golpe.

7… 2… 7… 2… 0… 1.

Pulsó los dígitos.

El teclado cambió de color y la puerta se abrió. Estaba libre.

Caminó por el pasillo, estaba abandonado, era justo lo que esperaba. Nadie estaría interesada en ella en esos momentos, todos estarían concentrados en la situación de ataque que se vivía. No sabían si el enemigo se ha retirado o no, por lo que estaban demasiado alertas respecto a lo que pasa en el exterior que se olvidaron de lo que ocurría por dentro.

Tambaleándose, llegó a otro pasillo en el que se encontraban varias habitaciones con cerradura, eran las prisiones improvisadas que construyeron, ahí estaban su novio Mikail Nikolaievich y su amigo, quien cuyo nombre extrañamente no recordaba. Se acercó a una de las celdas y pulsó de nuevo los dígitos. La puerta se abrió.

-¿Zhanna?-, dijo la voz de un asustado muchacho desde la oscuridad.

-Mikail, soy yo. ¿Estás bien?

-¿Qué ha pasado?-, Mikail se acercó a la puerta. Estaba todo oscuro, posiblemente debido a una falla eléctrica.

-Tenemos que irnos ahora-, dijo Zhanna.

Salieron al pasillo, buscaron al otro chico y lo liberaron y ahora ella los guiaba. Era obvio que ellos no sabían qué hacer, tampoco sabían si debían seguir a la chica o no, ya que a pesar de estar muy segura por cual camino irse o por donde moverse, lucia como si estuviese drogada, tambaleándose a cada paso y sudando profusamente.

-Esperen-, dijo Zhanna, quien se detuvo cuando estuvieron cerca de una puerta algo extraña para los demás. Se trataba de la enfermería.

-¿Qué ocurre?-preguntó Mikail.

-Solo esperen.

Zhanna se alejó del grupo y caminó tambaleándose hacia la puerta, parecía que estuviera mareada. Cuando llegó acercó demasiado su rostro a la cerradura electrónica, parecía, en opinión de Mikail, como si no pudiera ver las teclas. Pero sí las veía. Presionó rápidamente algunos números y la puerta se abrió.

-¿Qué estás haciendo?-preguntó Mikail.

Sin embargo, Zhanna no dijo nada. En cuento entró a la sala medica recorrió con la mirada los estantes y contenedores donde las drogas y medicamentos eran guardados. Sin perder más tiempo se acercó a un estante y rápidamente buscó entre los contenedores, de donde extrajó un par de frascos con cierre hermético. Se trataban de ampolletas de un medicamento especial inyectable, por lo que también buscó las jeringas encontrándolas poco después en un cajón, sacó varias jeringas hipodérmicas de hasta 20 mililitros cada una. Tomó una bata que estaba colgada de un perchero, agarró un bonche de las jeringas y las guardó en los bolsillos junto a los frascos para luego salir lo más rápido que pudo.

Los pasillos estaban casi desiertos, había algunos cuantos escombros de yeso y restos del sistema eléctrico esparcidos por el suelo, probablemente causado por los ataques. Miakil, Zhanna y Yaroslav, su otro compañero, caminaron apresuradamente esquivando los escombros en dirección a la salida en donde, según Zhanna, podrán escapar sin que nadie se dé cuenta. Para Mikail, aquello era inaudito, la forma de ser e incluso la apariencia de novia ahora le parecían completamente irreconocibles, prácticamente era como si la hubieran cambiado por otra, incluso en ocasiones ni siquiera sentía que fuera "realmente humana."

-Por acá-, dijo Zhanna.

La siguieron por el pasillo.

Llegó a una puerta y la abrió sin dificultad insertando varios números.

"¿Cómo es que sabe eso?" se preguntó Mikail. Aquel comportamiento comenzaba a asustarle.

La puerta se abrió.

Era el acceso a una bodega, habían casas apiladas por todos lados, refacciones para los camiones, herramientas para las camionetas, cajas con armamento desarmado he incluso un taller mecánico y todos los elementos necesarios para el mantenimiento de los medios de transporte blindados. Gran parte de las cajas se encontraban en grandes estantes de acero y madera, así como también había grandes mesas de trabajo con herramientas y equipo electrónico. Sin embargo, no había nadie. Corrieron lo más rápido que pudieron llegando hasta la entrada principal de la bodega, Mikail se acercó a la puerta y tras unas rápidas ordenes de Zhanna la abrió. Temía que hubiera soldados o personal de seguridad fuera pero no había nadie, sin embargo, la presencia de grandes nubes de humo y varias de las torres de vigilancia derribadas los asustó aún más.

-Vámonos- dijo Zhanna tranquilamente.

-¿Cómo?

-¡Sube a la camioneta!

Se acercaron a una camioneta estacionada a las afueras de la entrada hacia la bodega, pudieron divisar a lo lejos a varios soldados lidiando con un ambiente de destrucción, también a varios hombres subiendo rápidamente hacia la azotea por medio de escaleras telescópicas además de las propias instaladas en las paredes. Mikail observó un enorme agujero en el techo, varios hombres lo estaban inspeccionando, también vio a varios hombres alrededor de un campo de destrucción considerable, era como si una fuerte batalla se hubiese librado. También vio a varios cuerpos.

-¿Qué ocurrió aquí?-preguntó Yaroslav.

-No quieres saberlo-, dijo Zhanna.

-¿A qué te refieres? ¿Sabes algo de esto?-, exigió saber Mikail, ahora bastante nervioso.

Zhanna abrió la puerta del conductor y se subió sin hacerle caso, con un alambre delgado que encontró en el piso, entre los escombros, rompió la chapa de interruptor en donde la llave es introducida. Hizo varios movimientos tratando de activar el interruptor.

-¿Qué haces?-preguntó Mikail -. Deja eso ¡Vámonos de aquí!

No le hizo caso.

A lo lejos, uno de los hombres que ayudaba a restaurar los destrozos causados por el combato los vio. Al principio creyó que eran miembros del personal de mantenimiento, pero inmediatamente se dio cuenta que eran los tres chicos que trajeron desde fuera.

Tomó su radio y se comunicó con su superior.

Mikail lo vio.

-Ya se dieron cuenta. ¡Vámonos!

Zhanna no dijo nada, como si se tratase de un relojero experto arreglando un complejo sistema de engranes, manipulaba ese alambre delgado hasta llegar a los soportes de la cerradura del interruptor. Presionó un poco más y los destapó.

Por fuera varios soldados se agruparon en donde estaban examinando los destrozos, se acercaron al tipo que tenía la radio y este rápidamente señaló hacia la camioneta en donde estaban los tres jóvenes. Todos los vieron.

Zhanna hizo arrancar la camioneta.

Los soldados se dieron cuenta, se estaban escapando.

Rápidamente corrieron a sus autos pero Zhanna ya se había puesto en marcha moviendo su camioneta a gran velocidad por el camino, pasando por alto las débiles barricadas destruidas por el ataque sufrido y antes de que los soldados rusos se dieran cuenta ya habían emprendido su huida por los escarpados caminos del bosque.

8

Ryjkin fue el primero que bajó del vehículo cuando llegaron.

Los tres Guymelefs modificados habían aterrizado en una pradera lejana a la ciudad de Beloyarka, donde rápidamente fueron interceptados por los automóviles mercenarios de Liam Dough. Ryjkin estaba ansioso por ver al artefacto, aquel dichoso componente de forma esférica que usaran como fuente de energía para abrir el portal definitivamente.

-¿Dónde está?-preguntó cuándo se acercó a los tres Guymelefs.

Un piloto abrió su compuerta y bajó de un salto.

-Aquí lo tiene-dijo.

Los tres largos tentáculos depositaron el objeto sobre el pasto, justo frene a Ryjkin, parecía ser una esfera de cuarzo con extrañas figuras geométricas semi incrustadas en algo parecido a una especie de cubierta metálica con varios cables y tenazas incrustadas.

-¡NOOO¡ ¡Maldita sea¡-vociferó con bastante frustración, agitando los brazos en el aire con ademanes airados.

-¿Qué ocurre?-, preguntó Liam Dough cuando se acercó a Ryjkin, luego miró al objeto en el suelo-. ¿Es esa cosa por la que tanto estabas peleando?

-Sí, es eso. Está desarmado. Los rusos o quienes se llames lo han desarmaron.

-Era de esperarse-, dijo Meyerhold, quien se acercó también para contemplar el aparato, se inclinó de rodillas para verlo más de cerca-. Pero puede arreglarse-, dijo.

-¿Cómo?-preguntó Ryjkin.

-Tu gente fabricó esta cosa. ¿No? Solo necesito hablar con ellos. Mientras tanto hay que averiguar lo que podamos sobre qué tanto saben los rusos para ponerlo a prueba.

-¿Cómo lo pondrás a prueba?

-Muy sencillo. Lo instalaré en uno de tus extraños robots.

-¿Los Guymelefs? No puedes fusionar una Fuente con uno de los Guymelefs.

-¿Por qué no? Los rusos ya hicieron el trabajo complicado, que es instalarle una interfaz. Solo hay que reacondicionarlo.

Meyerhold se acercó a la esfera y con un palo de madera tocó la superficie. Era completamente cristalina. La interfaz electrónica estaba acondicionada por pequeños puertos metálicos que terminaban en finos alambres que se extendían por dentro del cristal como pequeños vasos sanguíneos. Le recordaba, en cierta forma, a los caminos neuronales que hacen las células cerebrales a lo largo del tejido.

Entonces recordó algo.

-¿Me habías dicho sobre que esta fuente era capaz de comunicarse con la mente?-preguntó Meyerhold.

-¿De qué hablas?-dijo Liam.

-Esta fuente fue diseñada para establecer un enlace mental con su portador. Es posible usarla para activar las maquinas, conectarse mentalmente con el sistema que abre el portal o mover muestras tropas solo con el pensamiento.

-¿Pero tiene algún límite?-, pregunto Liam Dough.

-Sí-, respondió Ryjkin-. Íbamos a ponerlo en el Generador. La máquina que alimenta el portal. Con los pensamientos es capaz de generar suficiente energía como para accionar la máquina, pero sólo si se usa dentro de las condiciones adecuadas, es decir, para el uso al que fue diseñada. De lo contrario sobreexcitará la mente del portador ocasionando que la energía liberada sea incontrolable.

-¿Puede hacer eso una sola persona?-, preguntó Meyerhold.

-Sí. ¿Por qué?

Adolf Meyerhold se puso más serio de lo normal. Se acercó a Ryjkin.

-¿Cómo sabemos que no ha sido empleada ya en alguien?-, preguntó.

-Si la conectamos, no funcionará. Tendría que hacerlo solo la persona con quien hizo enlace. ¿Sospechas algo?

Meyerhold comenzó a caminar en círculos sobre el paso, alrededor de la esfera rascándose la barbilla en modo pensativo.

-Cuando los rusos recuperaron esta cosa-, dijo-, capturaron a tres personas, a los tres jóvenes que hallaron primero al artefacto. Si es así, es probable que alguno de ellos haya hecho ya el enlace. Lo digo porque cuando tus maquinas atacaron la base una camioneta huyó del lugar. Pude verla con los catalejos. Los que manejaban no eran soldados.

-¿Crees que alguno de ellos haya hecho el enlace?-, preguntó Dough.

-Es probable. Si no, ¿Por qué tantas molestias en retenerlos?

-Imposible-dijo Ryjkin-. Si alguno de ellos hizo el contacto, las consecuencias del enlace serian desastrosas para su mente. Su cerebro no sería capaz de aguantar tanto poder.

Meyerhold se detuvo y miró contemplativamente a la esfera que reposaba sobre el piso. Luego dio media vuelta y se dirigió a su camioneta.

-Tal vez halló la forma de controlarlo-, dijo.

9

Vladimir Nikolsky revisaba el manual médico de sustancias activas, aquellas de uso psiquiátrico y que son empleados como medicamentos en casos especiales. Incluían sedantes, analgésicos, antibióticos y también psicotrópicos. Estos últimos incluían drogas de uso específico en tratamientos psiquiátricos especializados, los cuales producen efectos característicos en la actividad cerebral, como la reducción o incremento en la producción de dopamina y oxitocina. Muchas de ellas son sustancias que alteran el comportamiento. Sin embargo, estaba más interesado en buscar un medicamento en particular.

-¿Dices que fue fenitoína lo que se llevó?-, preguntó Nikolsky.

-Sí-, dijo el médico de la base.

Cuando terminó el ataque, revisaron los daños del conjunto, encontrando en los registros de bitácora que accedieron a la sala médica. Las cámaras de seguridad grabaron perfectamente a la chica entrar, abrir varios cajones y llevarse unos medicamentos. Al registrar el inventario descubrieron que varios frascos de fenitoína habían desaparecido, así como también varias jeringas. Nikolsky estaba especialmente intrigado sobre el por qué había hecho eso, por lo que decidió buscar en el manual para saber que rayos es la fenitoína.

Y lo encontró.

-Aquí está-, dijo.

Dejó el manual en la mesa y comenzó a leer.

Su nombre completo es difenilhidantoína, es un medicamento bastante común usado como antiepiléptico, el cual ayuda a controlar las convulsiones. Actúa bloqueando la actividad cerebral no deseada reduciendo los procesos sinápticos originados por la interfaz electro-química en las células neuronales mediante el bloqueo de los canales de sodio. Recordó, sin embargo, que los norteamericanos habían experimentado con ella en varios proyectos sobre estudios psiquiátricos en pacientes "no convencionales". Según los informes de espionaje de aquellos tiempos, querían controlar la actividad cerebral de ciertos individuos super-dotados. Pero, si se inyecta en grandes cantidades una persona común sufriría ataxia cerebral, lo que conduce a la perdida casi completa de las funciones cerebrales por un largo periodo de tiempo, generando una especie de fatiga o letargo prolongados. Un individuo con esos síntomas parecería estar en coma.

Pero no Zhanna.

Su cerebro es distinto ahora.

-¿Qué sucede?-preguntó el médico.

-Ya sé lo que quiere-dijo tras cerrar el manual de golpe. -Quiere controlar su poder.

10

Una esfera brillante de color verde esmeralda sobresalía al fondo de un oscuro pasillo construido con piedra volcánica. El ambiente era frio y lúgubre, y de no ser por la luz que emitía aquella esfera seria posiblemente muy aterrador. Hitomi entrecerró un poco los ojos para apreciar un poco los detalles del pasillo, ya que la constante luz verdosa que despedía la esfera le eclipsaba la vista. Caminó un poco más, pero la intensidad de la luz disminuyó por un momento, lo suficiente como para darle tiempo de pensar sobre donde estaba.

Miró a su alrededor.

El pasillo era largo, a su espalda, era negro y profundamente interminable, y frente a ella, se encontraba una gran puerta con acabados góticos muy similares al de las catedrales medievales. Sus dos puertas se hallaban abiertas de par en par y, tras ellas y sobre una especie de mesa de mármol con soportes metálicos bellamente tallados se hallaba la esfera, resplandeciente como si de una lámpara de escritorio se tratase.

"¿Dónde estoy?" pensó.

Pero por alguna razón no tenia miedo. Pareciera que ya conocía aquel lugar.

Caminó por el pasillo hasta cruzar la enorme puerta gótica, percatándose de que se trataba de un gran salón octogonal en cuyo centro se encontraba el pilar de mármol en el que descansaba la esfera, sostenida por unas dos grandes manos hechas en alguna especie de metal plateado, posiblemente plata o alguna aleación similar. Eran demasiado brillantes y relucían aún más gracias a la luz verdosa que emitía la esfera.

Hitomi no dijo palabra alguna, simplemente observaba con gran atención, nunca antes en su vida había visto algo tan hermoso como eso y al mismo tiempo, tan interesante. Sin saber que o cómo, he impulsada únicamente por la curiosidad y la expectativa, extendió su mano frente a la esfera, acercándola lentamente a su superficie, deseando, de alguna forma que le parecía irresistible, tocar su superficie con las yemas de sus dedos.

"Tócala", pensó…

¿O acaso lo escuchó?

Acercó su mano a la superficie cristalina de la esfera, sintiendo un calor extraño, era como si le impregnase una extraña cesación de paz y tranquilidad, pero al mismo tiempo la llenaba de una ansiedad indescriptible. Aquello hizo que dudase, sin embargo, había algo, una sensación muy en su interior, que exigía a gritos detenerse, de que no la tocase no importante cuanto lo deseara.

Pero no le importó.

Decidió tocarla.

Faltó poco para hacerlo cuando escuchó su nombre.

-Hitomi.

Abrió los ojos casi de golpe.

Se hallaba recostada en su asiento, estaba cubierta con una frazada que le dieron en el avión para taparse mientras descansaba un poco y, por lo visto, se había quedado dormida. Su amiga, Yukari, estaba de pie junto a ella, con su mano apoyada sobre su hombro, sacudiéndola suavemente.

-Hitomi ¿Estás bien?-, volvió a decirle.

-Sí. ¿Qué pasó?- respondió Hitomi, quien poco a poco estaba entrando en sí, apenas recordando las imágenes extrañas de esa esfera resplandeciente color verde.

"La Esfera" pensó en un acto desesperado para no olvidar la imagen.

-Te quedaste dormida. Parecía que tenías una especie de pesadilla, te veías muy tensa.

Sin embargo, Hitomi no recordaba eso. A decir verdad, ya no recordaba mucho, pero la imagen de la esfera prevalecía, ahora como si de una presencia siniestra se tratase.

-Si, tal vez-, dijo Hitomi.

-Bien, no importa. Te entiendo. Con todo esto y lo que se viene.

-¿A que te refieres?

Yukari sonrió.

-Ya llegamos-, dijo, casi como si se tratarse de algo por lo que alegrarse-. Vamos a aterrizar en unos minutos.

-¿Cómo?-respondió Hitomi. ¿Tan pronto?

Se levantó de golpe y se acercó a la ventana. Yulia la observó a lo lejos, desde donde se encontraba sentada en su mesa.

"Esa chica me pone nerviosa" pensó.

Hitomi miró por la ventana. Observó largas colinas verdes perteneciente a la región sur de las estepas de Siberia. Por alguna razón creía que se trataban de extensos valles tupidos por densos bosques de coníferas, sin embargo, la extensión territorial es tan basta que prácticamente alberga a todos los ecosistemas, desde desiertos hasta densos y fríos bosques. El lugar al que estaban por llegar se encontraba en un punto intermedio, había bosques, sí, pero no tan tupidos y densos como lo esperaba. A lo lejos, alrededor de los ríos, se lograban ver varios pueblos, algunos con sistemas carreteros bastante completos. También había civilización.

-Hitomi, ya siéntate, aterrizaremos en poco tiempo.

Así lo hizo.

Se sentó en donde estaba dormida, levantó el respaldo de su asiento y se ajustó el cinturón de seguridad. Dentro de poco sabrá más sobre la máquina que Renshaw y de todo lo que han construido.

Dentro de poco podrá volver a Gaea.