Capitulo 1: "Feliz cumpleaños Emma"

Emma entró al bar para encontrarse con Walsh, su cita de esa noche. Como todavía era temprano fue a la barra y se pidió un trago. Disfrutó de su tequila mientras repasaba mentalmente lo que tenía planeado. De repente sintió una mano tocando su hombro, e incluso antes de darse vuelta supo que ese era Walsh. Se saludaron y fueron a una mesa vacía para poder estar más tranquilos. Pidieron unos tragos para tomar y empezaron a conversar sobre sus vidas para poder comenzar a conocerse un poco.

- Me alegra que resultaras tan hermosa como en tu foto de perfil. – Comentó él intentando halagarla.

- Si, lo mismo digo, es raro todo esto de arreglar citas por Internet. – Dijo ella siguiendo su pensamiento.

- Cuéntame algo sobre ti. – Pidió él luego de tomar un sorbo de su trago.

- Bueno, hoy es mi cumpleaños. – Confesó ella con una sonrisa incómoda.

- ¿Y elegiste pasarlo conmigo? ¿Por qué no con amigos? – Preguntó él sorprendido.

- No tengo muchos amigos. – Respondió ella con sinceridad.

- ¿Y familia? – Preguntó él, todavía curioso ante la situación.

- No lo sé, ellos me abandonaron, así que nunca los conocí. – Contestó ella. - ¿Ya estás listo para irte corriendo? – Cuestionó ella probando los límites del otro.

- No, claro que no. – Negó él. – Déjame decirte que eres la huérfana más interesante y sexy que he conocido. – Dijo guiñándole un ojo y generando que ella ría.

- Ahora es tu turno de contar algo, o no mejor déjame adivinar. – Dijo ella con una sonrisa. – Eres guapo, encantador… - Comenzó ella.

- Por ahora vas bien. – La interrumpió él.

- Y eres la clase de hombre que, corrígeme si me equivoco, robó a sus socios hasta que fue atrapado y enviado a prisión. – Dijo ella poniéndose seria.

- ¿Qué? – Preguntó él haciéndose el entendido.

- Tu esposa te ama tanto que pagó la fianza. – Continuó ella. - ¿Y cómo le devuelves el favor? ¿Yendo a citas para engañarla? – Preguntó acusadoramente.

- ¿Quién sos? – Preguntó él empezando a sentirse enojado e inseguro.

- La agente de fianzas. – Respondió ella.

De un momento a otro, Walsh agarró la mesa y la empujó hacia ella, haciendo que los tragos caigan manchando su corto vestido rojo. Walsh se fue corriendo para escaparse, y Emma lo siguió caminando pacientemente. Walsh intentó encender su auto, pero Emma había hecho que la grúa le pusiera una retención a sus llantas por estar mal estacionado.

- No tenes que hacer esto, puedo pagarte mucho dinero. – Dijo él cuando ella apareció fuera de su auto.

- ¿Por qué no le das el dinero a tu esposa para cuidar de tu familia? – Preguntó ella ofendida ante su ofrecimiento.

- ¿Qué sabes tú sobre tener una familia? – Retrucó él.

- Nada. – Respondió ella golpeando la cabeza de él contra el volante para dejarlo inconciente.

Sabía que no había reaccionado de la mejor manera, pero a veces era difícil manejar sus emociones cuando le hacían un comentario que dolía tanto. Ella no sabía nada sobre tener una familia porque había sido abandonada por sus padres en el medio de la ruta, y había crecido toda su vida estando en el sistema de adopciones. Esperó que llegue la policía para que le den su recompensa, y luego se fue a su departamento.

En el camino se compró una pequeña cupcake de chocolate y canela cubierta de crema, su sabor favorito. También compró una vela azul con forma de estrella. Al llegar a su departamento, se sacó sus tacos para estar más cómoda, y abrió el paquete. Lo extraño fue que en el paquete también había un libro, seguramente se lo habían puesto por error en la repostería. Lo miró con curiosidad. Era viejo y en la tapa se podía leer el título "Había una vez". Lo ojeó rápidamente y se dio cuenta que era un libro que contenía todas las historias de los Cuentos de Hadas. Dejó el libro sobre la mesa, y se concentró en su cupcake. Estaban por ser las doce, y ella no quería que su cumpleaños terminara sin antes haber pedido un deseo. Prendió la vela y cerró los ojos.

Pidió lo que siempre pedía.

"No estar sola".

No bien terminó de soplar la vela, el timbre sonó haciendo que abriera los ojos de la sorpresa. Fue a la puerta y miró por la mira para ver quien era. Lo más sorprendente de todo es que era Walsh. ¿Qué era lo que estaba haciendo ahí? ¿Cómo sabía donde ella vivía? ¿Y cómo había hecho para escapar de la policía tan rápido?

- ¡Emma abre la puerta! ¡Sé que estás ahí! – Exclamó él golpeando la puerta.

- ¿Qué estás haciendo acá? – Preguntó ella abriendo la puerta.

- Vine por mi final feliz. – Respondió él.

- ¿De qué estás hablando? ¿Estás loco? – Cuestionó ella.

- ¡Lo loco es este mundo, necesito que me devuelvas al mío! – Dijo él maníacamente, abalanzándose sobre ella.

Walsh se abalanzó sobre ella, pero Emma lo apartó empujándolo con todas sus fuerzas y haciendo que caiga al piso. De repente sucedió algo que resultaba un imposible ante los ojos de Emma, a Walsh se le volvieron los ojos de color rojo y se transformó en un mono con alas. ¿Eso era real o se estaba volviendo loca? Agarró un bate de béisbol que tenía en el comedor y lo usó como pudo para defenderse de aquella extraña criatura en la que Walsh se había convertido. Mientras peleaban, entraron dos hombres vestidos de negro, los cuales comenzaron a atacar a Walsh. Emma, quien en ese momento estaba tirada en el piso, miró sorprendida como aquellos hombres peleaban contra Walsh. Las armas que tenían eran extrañas y Emma no lograba reconocerlas. Los hombres hicieron que Walsh desaparezca con sus armas, convirtiéndose en polvo. ¿Lo habían matado? ¿Cómo era que su cuerpo había desaparecido en vez de seguir allí sin vida? Antes de poder reaccionar una mano agarró su brazo y la ayudó a levantarse.

- Ni se les ocurra acercarse a ella. – Amenazó el hombre que la había ayudado a levantarse.

- ¿Qué te hace pensar que podes detenernos pirata? - Preguntó uno de los hombres vestido de negro.

El hombre que la había ayudado era alto y morocho. Tenía ojos azules como el mar, y estaba vestido con ropa de cuero negro. Sacó una espada y enfrentó a aquellos dos hombres. Uno escapó, y el otro quedo desapareció convirtiéndose en polvo cuando el otro le clavó la espada en su pecho. Emma preparó su pistola, lista para usarla en caso de que llegara a necesitarla.

- Puedes bajar el arma, ya estás a salvo amor. – Dijo el extraño que se suponía que la había ayudado.

- ¿Quién sos y qué haces acá? – Preguntó ella sin soltar su arma.

- Soy Killian Jones. – Se presentó haciendo una especie de reverencia. – Y estoy aquí para ayudarte, y que me ayudes. – Informó, aunque todavía sonaba algo misterioso para ella.

- ¿Qué era esa criatura y quienes eran los hombres de negro? – Cuestionó ella a punto de explotar. - ¿Y por qué estás vestido así? ¿Qué se supone que eres? ¿Un pirata? – Continuó preguntando con frustración.

- No soy solo un pirata, soy el Capitán. – Respondió él con una sonrisa pícara.

- ¿Capitán Garfio? – Preguntó ella dándose cuenta que donde tendría que tener su mano izquierda tenía un garfio de metal.

- Entonces si haz oído hablar de mí. – Contestó él alegrándose antes ese pequeño hecho.

- Si, pero se supone que no eres real, eres solamente un personaje de un Cuento de Hadas. – Protestó ella, todavía creyendo que hablaba con un loco.

- Ese mono volador también era un personaje de Cuento de Hada, aunque ahora seguro dejo de existir. – Comentó él refiriéndose a Walsh. – Pero como verás todos los personajes somos reales, solo que pertenecemos a otro mundo. Sin embargo ahora estamos atrapados aquí, y tú eres la única que puede salvarnos y devolvernos nuestros finales felices antes de que nuestras historias desaparezcan para siempre. – Explicó con calma.

- Eso es ridículo. – Dijo ella molesta ante la idea de tener una responsabilidad tan grande sobre ella. - ¿Qué te hace pensar que soy yo quien puede salvarlos? – Preguntó.

- ¿Eres Emma Swan? – Pidió saber él.

- Esa soy yo. – Asistió ella.

- Entonces tú eres nuestra salvadora. – Dijo él con convicción.

- ¿Por qué? – Preguntó ella.

- Porque eres el producto del verdadero amor, la hija de Blancanieves y el Príncipe Encantador. – Respondió él.

- No, lo siento, te equivocaste de persona. – Negó ella sacudiendo su cabeza. – Yo simplemente soy una mujer que creció sola toda su vida porque fue abandonada. – Dijo en un tono amargo. – ¡Veté de aquí! – Exigió levantando el tono de voz.

- Emma, por favor… - Rogó él.

- No. – Lo interrumpió ella. – ¡No quiero escuchar tus locas historias y mentiras! ¡Déjame en paz y vete de aquí! – Exclamó enojada.

- Bien. – Aceptó él dándose por vencido, al menos por ese entonces (ya iba a seguir insistiendo más adelante). – Pero ten cuidado, estos hombres de negro no pertenecen a mi mundo, y no sé cuales eran sus intenciones o que eran lo que buscaban. – Aconsejó.

Killian se fue de su departamento. Emma cerró la puerta con todas sus fuerzas y se dejó caer al piso. Estaba temblando del miedo y su corazón latía más rápido de lo normal. Se sirvió un whisky para intentar calmarse, y tratar de asimilar todo lo que acaba de pasar en a penas unos minutos. Dejó que el alcohol le queme la garganta, y se sentó en la mesa. Cuando lo hizo, algo llamó su atención: el libro con Cuentos de Hadas. Lo abrió, y leyó las historias encontrándose con todos los personajes que conoció durante su infancia. Aunque las historias eran distintas, sus personajes eran más reales y humanizados, y varios hechos del desarrollo y el desenlace eran diferentes de las historias originales. Las palabras y dibujos estaban en blanco y negro.

En la historia del Mago de Oz había algo extraño, unas páginas estaban completamente en blanco, vacías. Esas eran las páginas donde tendría que estar desarrollada la historia del mono volador. Al darse cuenta de eso un nudo se formó en su estómago. ¿Podría ser qué su historia había desaparecido porque lo habían matado? ¿Tendría Killian razón y su historia dejó de existir con la pérdida de su vida en su mundo?

Emma sacudió su cabeza intentando aclarar sus pensamientos. La magia no existía, los Cuentos de Hadas eran simplemente historias; y solamente existía un mundo, el real. Guardó el libro en su biblioteca y decidió que al otro día iba a ir a devolverlo a la repostería.