Capítulo 22: El niño demonio

Estar en Bostón sin sus padres y sin Killian fue demasiado doloroso, tanto que decidió irse.

Hacía un mes, un largo y triste mes, que Emma recorría las rutas con su auto amarillo de ciudad en ciudad. Todo lo que hacía era escapar de los hombres de "La Sombra", mientras intentaba sobrellevar la pérdida de todas las personas que quería, el volver a estar sola. Si no habría sido por los hombres de "La Sombra" que la seguían persiguiendo, habría quizás pensado que estaba loca, y que todo lo que había vivido con las personas de "Los Cuentos de Hadas" era solamente producto de su imaginación.

En este momento estaba en un hotel ubicado en alguna parte de Florida, si recordaba bien uno de los últimos carteles a los que había prestado atención indicaba que estaba en Tallahassee.

De repente se tuvo que levantar de la cama e ir al baño, donde vació su estómago por completo. Varios días le estaba sucediendo eso de sentirse mal del estómago y vomitar, al parecer su depresión le estaba jugando peor de lo que había pensado o imaginado. Era difícil volver a estar sola, muy difícil. Tiró de la cadena del inodoro, y volvió a la habitación para acostarse en la cama. Esa noche, como tantas otras noches, pensó en todos los momentos que había compartido con sus padres y con Killian. Cada vez que lo hacía sentía un fuerte dolor en su corazón, pero no podía evitar hacerlo. Abrió el libro de "Los Cuentos de Hadas" y vio las historias a color vivo. Se detuvo especialmente en la de sus padres, y sobretodo en la de Killian, donde cada vez que lo hacía acariciaba su imagen porque tenía la necesidad de sentirlo con ella de alguna manera. ¿Qué estaría haciendo? ¿Habría vuelto a su vida de pirata? ¿Habría vuelto a poner en marcha su venganza con Rumpelstiltskin? ¿O estaría pensando en ella cada día que pasaba, como ella hacía con él? ¿Estaría buscando la forma de volver a estar juntos como le había prometido? Y así, miles de preguntas eran las que siempre rondaban por su cabeza cuando pensaba en él.

Pero pensar tanto la agotaba. Le cansaba estar sola, le cansaba esperar, le cansaba tener que estar escapando continuamente, le cansaba recordar, y le cansaba extrañar. Todo aquello le cansaba y dolía. Por eso es que finalmente decidió que era hora de dejar de escapar, ella no podía pasar toda su vida escapando de los hombres de "La sombra". Ya que no podía estar con las personas que amaba, por lo menos quería paz.

Era hora de ser valiente, y volver a controlar su destino. Emma volvió a Bostón y se puso en contacto con sus amigos Will y Aladin, ellos trabajaban para el FBI.

- Hola Emma. – Saludó Will alegremente al verla.

- Hola. – Devolvió ella el saludo, dedicándole una pequeña sorpresa.

- Hace mucho que no teníamos noticias tuyas. – Comentó Aladin.

- ¿Qué te trae por aquí? – Pidió saber Will.

- Necesito su ayuda para resolver el caso de los niños desaparecidos. – Respondió Emma.

- Emma, sabes que hasta ahora no hemos tenido éxito, no tenemos ninguna información sobre… - Comenzó a explicar Aladin.

- Pero yo he estado investigando, y creo que finalmente sé que es lo que sucede. – Lo interrumpió ella, entregando a sus amigos tres carpetas llenas con información sobre "La Sombra".

Emma les dio toda la información de los hombres de "La Sombra", resolviendo así el caso de muchísimos niños desaparecidos a lo largo de la última década. Aunque no habían podido encontrar a los niños (estaban en Neverland, pero el FBI trató los casos como si habrían sido vendidos como esclavos a otros países), si habían podido encontrar a los culpables y hacerlos pasar el resto de su vida en prisión.

- Buen trabajo amiga. – La halagó Will.

- Gracias, no podría haberlo hecho sin ustedes. – Agradeció Emma.

- Gracias a ti, no sólo por resolver el caso, sino también por lograr que nos asciendan. – Dijo Aladin con alegría.

Es verdad, el caso había sido resuelto y sus amigos habían logrado conseguir un ascenso gracias a ella. Pero lo que sus amigos no sabían, es que sólo la habían ayudado con la parte "humana" de "La Sombra". Ahora le quedaba a ella enfrentar a Peter Pan, su sombra y todos los rastros de ella.

Pero antes de enfrentarlos decidió tomarse una noche de descanso. A pesar de que resultaba algo masoquista para sus emociones, decidió pasar la noche en el departamento donde habían vivido sus padres porque allí se sentía a salvo y podía prepararse tranquilamente para la batalla que tenía por delante.

Aunque la noche no resultó muy buena, y lo que menos pudo hacer fue descansar. Varias veces tuvo que ir al baño a vomitar. Se sentía cansada y sin fuerzas. ¿Serían nervios? ¿Sería el miedo que sentía por enfrentar a Pan?

Emma se acostó en la cama y trató de relajarse para volver a conciliar el sueño. Pero su cabeza no paraba de pensar y pensar. Y pensando se dio cuenta que ese mes no le había venido su período. ¿Sería posible que ella estuviera embarazada? Se acarició la panza y pensó en lo que podía llegar a significar eso. Una mezcla de alegría y temor invadió todo su cuerpo. ¿Qué iba a hacer si estaba embarazada? Sonrió al pensar en eso y el amor que le tenía a Killian. Si estaba embarazada ella iba a amar a ese hijo/a como nunca amo a nadie. Lo iba a amar con toda su alma y su corazón. Ella se iba a hacer cargo de su hijo/a, porque ella sabía lo que era crecer sola y no iba a permitir que eso le suceda a si hijo/a también. Si estaba embarazada tenía que encontrar a Killian, su hijo/a también merecía un padre en su vida. ¿Estaría feliz Killian al enterarse la noticia? ¿Querría el tener un hijo/a con ella? Y si no estaba embarazada, ella quería encontrarlo igual, pues en ese tiempo se había dando cuenta que por más que podía vivir sin él, no quería hacerlo. Ella quería pasar toda su vida con Killian, amándolo y dejando que él la ame… Lo mejor iba a ser no darle tantas vueltas al asunto, y sacarse las dudas. Si iba a entrar en estado de pánico, lo iba a hacer una vez que confirmara sus sospechas.

Así que al otro día, lo primero que hizo después de desayunar, fue ir al hospital. Explicó sus síntomas en recepción, y esperó a que la llamen para ser atendida. Cuando llamaron su nombre Emma sonrió al ver que la doctora Meredith Grey era quien la iba a atender.

- Entonces, ¿Estás aquí porqué crees que estás embarazada? – Pidió saber la doctora Grey.

- Si. – Asistió Emma.

- ¿Puedes explicarme por que crees eso? ¿Estuviste experimentado algún síntoma? – Cuestionó la doctora Grey.

- Bueno, aparte de que mi período está retrasado, me siento más cansada que de costumbre, y muchas veces me mareo, tengo nauseas, o me siento mal del estómago. – Explicó Emma intentando recordar todo lo que su cuerpo había estado expresando hasta ese momento, y ella había simplemente asumido en un principio que era su depresión ante no tener más a sus padres y Killian con ella.

- Bien, haremos un examen de sangre para confirmar lo que realmente sucede. – Dijo la Doctora Grey luego de anotar varias cosas en su historia médica.

Después de sacarse sangre Emma volvió al departamento de sus padres. Pasó todo el día practicando su magia y pensando distintas estrategias para enfrentarse a Pan y su sombra. No estaba segura de si enfrentarlo era lo más inteligente, pero ella era la salvadora y ese era su destino. ¿Si no cuál era el sentido de que haya devuelto a todas las personas de los cuentos de hadas al mundo de magia? Pan seguía libre y eso ponía en peligro la existencia de todos, por eso era hora de que ella terminara con aquel niño demonio.

Así que esa noche fue a donde todo había comenzado, armada simplemente con Excallibur. La repostería donde había comprado su cupcake de cumpleaños y había traído a ella el libro de cuentos más su madre, tenía que tener alguna relación con todo lo mágico. Emma entró al pequeño negocio, el cual ahora estaba abandonado, y recorrió el espacio en busca de alguna pista. Intentó encender la luz, pero ésta no funcionaba, así que tuvo que conformarse con iluminarse con la linterna de su celular.

Un aire helado invadió el negocio, y su celular salió despedido en aire y se rompió en miles de pedazos. Emma se concentró en su magia y logró prender un par de velas que había en el local. Al encenderse las velas, pudo ver que estaba rodeada de sombras. Sostuvo a Excallibur con fuerzas y las enfrentó, terminando una por una con ellas a medida que tomaba confianza en usar la espada. Pero una vez que deshizo de ellas, volvieron a aparecer unas cuantas más. ¿Y ahora que iba a hacer?

Flashback

- ¿Cómo se mata a una sombra? – Preguntó Emma, sintiéndose abrumada y agotada con todo lo que tenía que ver con Pan.

- Supongo que con lo que se mata a toda sombra, con luz. – Dedujo Campanilla pensativamente.

Fin del Flashback

Emma se concentró en hacer que toda la luz de su magia y las velas fuera expulsada hacia las sombras. Las sombras se deshicieron al ser tocadas por la luz, pero una vez que los rayos de luz se fueron volvieron a formarse. Sombras, sombras, y más sombras. ¿Por qué había tantas sobras cuando una persona solo debería tener una sombra, sin importar si fuera humana o demonio? Emma volvió a concentrarse en su magia, e hizo que todas las sombras queden unidas en una sola. Luego se colocó donde estaba la sombra, e hizo que quede absorbida dentro de ella. Por un momento se sintió oscura, sintió dolor y maldad invadir todo su cuerpo. Pero ella era más fuerte que eso, así que se hizo a ella misma irradiar luz de su cuerpo, casi como explotándose a ella misma. Y al parecer funcionó, porque fue así como todo rastro de sombra desapareció.

- Veo que alguien logró terminar con mi sombra. – Comentó una voz misteriosa y diabólica.

- Peter Pan. – Adivinó ella. Y al darse vuelta, finalmente conoció a aquel niño demonio del que todos le habían hablado.

- Un gusto salvadora. – Dijo Pan, a modo de saludo respetuoso.

- Diría que es un gusto, pero ambos sabríamos que estoy mintiendo. – Dijo Emma fríamente.

- Eres toda una chispa. – Dijo Pan y soltó una pequeña risa desagradable. – ¿Estás segura que quieres hacer esto? – Preguntó dando cuenta de que ella estaba sosteniendo su espada, dispuesta a luchar. - Habrás podido con mi sombra, pero conmigo no vas a poder. – Advirtió.

- Eso lo veremos. – Dijo Emma y se abalanzó contra él.

Pan hizo aparecer una espada en su mano con su magia y así empezó la batalla. Iban de un lado hacía otro del local, chocando sus espadas con fuerzas una y otra vez. Ambos eran buenos peleando, pero Pan tenía una ventaja, él volaba. Así que cada vez que se encontraba en una situación a punto de perder, volaba hacia el otro extremo del local, y la lucha volvía a empezar.

Como toda pelea, en algún momento tiene que llegar el final, el momento en que alguien gana. En este caso fue cuando Pan logró sacarle la espada a Emma y apoderarse de ella.

- Y ahora que tengo a Excallibur en mis manos, voy a tener el gusto de matar a la salvadora. – Dijo Pan con una sonrisa malvada.

Así que ese era el fin, pensó Emma mientras Pan se acercaba a ella, con Excallibur lista para clavársela en alguna parte de su cuerpo. ¿Sería ese su destino? ¿Morir sola en manos de un demonio?

No, ese no podía ser el fin. Ella estaba embarazada de Killian. Bueno, en realidad todavía no lo había comprobado, pero estaba casi segura de que era así. Ella no podía morir, ella tenía que proteger a su hijo/a. Además no podía dejar que Pan gane, tenía que proteger a todos las personas, del mundo sin magia y del mundo con magia. Pensó en Killian, en sus padres, en todo el amor y la confianza que ellos tenían en ella. Si ellos creían que ella era capaz de superar cualquier cosa, entonces era hora de que ella crea lo mismo.

- Todos vamos a morir algún día, pero hoy no es mi día. – Dijo ella con convicción.

Sacando todas las fuerzas que tenía en su interior, logró expulsar a Pan lejos de ella con su magia. Se apoderó de Excallibur nuevamente y la clavó en el estómago de aquel demonio. Un fuerte grito invadió el ambiente, haciendo que ella se tuviera que tapar los oídos. Y así, en ese grito, Pan desapareció de la existencia, convirtiéndose en polvo. Lo mismo sucedió con Excallibur, la espada brilló intensamente por un instante, y luego se convirtió en polvo; dando por terminado el asunto.

Después de unos minutos sin poder creerlo, Emma rió. Ella acababa de derrotar a Peter Pan, y eso significa que todos estaban a salvo nuevamente.

Emma, por primera vez desde que se había separado de sus padres y Killian, se acostó y durmió sintiéndose en paz. Sus horas de dormir se vieron invadidas por hermosos sueños, donde se reencontraba con todas las personas que quería. Pero esos hermosos sueños fueron interrumpidos por una música que no paraba de sonar insistentemente una y otra vez. Emma abrió los ojos, y comprobó que la música provenía de su celular. Alguien la estaba llamando.

- Hola. – Atendió Emma la llamada, con voz de dormida.

- Hola. – Saludó la voz de una mujer en el celular. - ¿Estoy hablando con Emma Swan? – Preguntó.

- Si. – Asistió Emma, mientras se refregaba los ojos.

- Soy la doctora Grey. – Le dejo saber. – Le quería avisar que tengo sus resultados de sangre, felicitaciones, usted está embarazada. – Informó respetuosamente.

- Gracias. – Agradeció Emma.

Después de que la doctora Grey le recomendara unas vitaminas pre natales y le diera un par de indicaciones para llevar el embarazo de la forma más sana posible, Emma se despidió y cortó la llamada. Se quedó varios minutos congelada, sentada en la cama con el celular en la mano, intentando caer en lo que acababa de confirmar.

Se acarició el estómago y sonrió, estaba embarazada, iba a tener un hijo/a de Killian.