Capítulo 23: Bienvenidos a Storybrooke

Despedida. Emma había trabajado en ese bar por aproximadamente dos meses, pero su jefe decidió despedirla cuando se enteró que ella estaba embarazada. ¡Que cretino! ¿No debería ser eso ilegal por discriminación o algo del estilo? Pero ella no iba a dejar que eso le arruinará el día. Emma por primera vez iba a hacerse una ecografía y conocer a su hijo/a. Si iba a estar triste por algo en ese día, iba a ser porque estaba haciendo eso sola cuando en realidad desearía que Killian estuviera allí con ella; y no por haber sido despedida de un tonto trabajo.

Entró a la clínica y se acomodó en una silla de la sala de espera.

- Emma Swan. – Llamó la doctora Robbins.

La doctora Meredith Grey le había recomendado ver a la doctora Arizona Robbins, ya que según ella era la mejor obstetra de la ciudad (incluso hasta del país). Emma la siguió hasta el consultorio y una vez dentro, se acostó en la camilla. La doctora Robbins preparó todo lo que necesitaba, luego le hizo levantarse la remera y le pasó un gel por toda la panza.

- Estás embarazada de doce semanas. – Dijo Robbins, aunque sonó más a pregunta.

- Si. – Asistió Emma.

- ¿Estuviste tomando las vitaminas y haciendo la dieta que te dio la doctora Grey? – Pidió saber la doctora.

- Si. – Respondió Emma.

- Muy bien. – Apreció Robbins. - ¿Cómo te haz estado sintiendo? ¿Cómo haz estado durmiendo? ¿Haz tenido algún antojo extraño? – Cuestionó mientras comenzaba a pasarle un aparato sensor por la panza.

- Bien. – Contestó Emma y se tomó un minuto para pensar. – Al principio tenía muchas nauseas, pero ahora han empezado a escasearse más. Quizás tengo una vez por semana, o si siento algún olor muy fuerte o que me desagrade. – Explicó pensativamente.

- Eso es normal. – Afirmó Robbins.

- Y no he tenido muchos antojos por ahora, si he tenido hambre de algo salado o dulce, pero nada específico. – Le dejó saber.

- Eso es bueno, mejor cuando no hay nada específico. – Comentó Robbins mientras anotaba un par de cosas en la historia médica de Emma. – Bien, creo que es hora de conozcas a tu bebe. – Dijo mostrándole la pantalla. – Aquí esta la cabeza, estas son las manos y estos son los pies. – Dijo a la vez que iba señalando cada parte del cuerpo.

- Es increíble. – Dijo Emma emocionada, pequeñas lagrimas de alegría cayendo de sus ojos.

Ver a su hijo/a le hizo dar cuenta de lo real que era todo eso, ella estaba embarazada, ella iba a tener un hijo/a de Killian. Era maravilloso saber que había una vida dentro de ella que era el producto del amor que tenían ella y Killian. Ver a su hijo/a también le hizo recordar lo mucho que extrañaba a Killian y lo mucho que le gustaría estar compartiendo todo eso con él.

- Todavía es muy temprano para saber si es nena o nene. – Dijo Robbins interrumpiendo el estado introspectivo de la otra.

- Eso no importa, lo único que importa es que esté bien. – Dijo Emma con sinceridad.

- Bueno tu bebe está muy bien y sano, así que vamos a mantener las vitaminas y la dieta. – Indicó Robbins. - ¿Te gustaría escuchar el latido de su corazón? – Preguntó.

- No hay nada que me gustaría más. – Contestó Emma, aliviada al saber que su bebe estaba perfectamente bien.

Escuchar los latidos del corazón de su bebe la hizo emocionarse aún más que antes. Sintió felicidad y orgullo al notar lo fuerte y constante que era cada latido de ese pequeño corazón. Aquel sonido era el más hermoso que Emma había escuchado en su vida. Era un símbolo de vida y de amor.

- Te voy a dar un par de fotos y un vídeo para que te quede de recuerdo. – Informó Robbins.

- Muchas gracias. – Agradeció Emma. - ¿Hay algún problema si cambio de obstetra porque creo que me voy a ir de la ciudad? – Pidió saber.

- Ningún problema, pero por las dudas te voy a dar una copia de tu historia médica para que puedas entregar a tu nuevo doctor. – Respondió Robbins.

- Gracias. – Agradeció Emma una vez más, una gran sonrisa dibujada en los labios que probablemente no se borraría por mucho tiempo.

Emma se fue de Bostón al día siguiente. La verdad no tenía nada allí que la haciera querer quedarse. Había perdido su trabajo y no tenía dinero para seguir pagando el departamento en que habían vivido sus padres. Lo único que tenía en Bostón era recuerdos de las personas que quería, y de las personas que había ayudado a conseguir su final feliz. La realidad es que era doloroso estar en Bostón para ella, porque cada espacio donde había un recuerdo guardado en su mente y su corazón se sentía como un vacío en su alma.

Así que abandonó Bostón una vez más, pero esta vez como algo definitivo. Y así los siguientes dos meses se los pasó yendo de ciudad en ciudad en su auto amarillo. Quería encontrar un lugar que se sintiera como un hogar, y estaba decidida a seguir buscando hasta encontrarlo. No se iba a conformar hasta no sentirse a salvo, hasta sentir que pertenecía a algún sitio.

Era de noche y Emma estaba perdida en el medio de una ruta en alguna parte del Estado de Maine. Tenía hambre, frío, y sueño... Realmente necesitaba parar en algún sitio, pero estaba en el medio de la nada, lo único visible a los costados de la ruta era bosque, y más bosque. De repente un cartel llamó su atención: "Bienvenidos a Storybrooke". Que nombre extraño, Emma no recordaba jamás haber escuchado de una ciudad con ese nombre. Al pasar la línea de la ruta de la ciudad sintió algo raro, algo como magia. ¿Habría llegado al lugar que tanto había estado esperando encontrar?

Recorrió un par de kilómetros, hasta llegar a la pequeña ciudad, que más que ciudad parecía un gran pueblo. El pueblo parecía de otra época, como si habría quedado congelado en el tiempo, como si estaría sacado de algún cuento. Lo más impresionante de todo es que estaba deshabitado, no había ninguna persona, y eso le hizo sentir algo de terror. Sin importar la situación, tenía que descansar y recuperar fuerzas. No podía continuar manejando en el estado de cansancio en el que se encontraba. Así que Emma estacionó su auto frente al único hotel que había, dejó dinero en el mostrador de la recepción, se metió en una habitación y se acostó a dormir.

Al otro día, cuando despertó, había algo distinto. Emma podía escuchar voces. Miró por la ventana de su habitación y vio que en la calle había varias personas. Miró detalladamente, para comprobar que no lo estuviera imaginando, y al hacerlo se dio cuenta que conocía a varias de esas personas. Campanilla, August, Regina, Mérida, Mulán, Elsa, Ana... sus padres. Emma parpadeó varias veces mientras una gran sonrisa se dibujaba en sus labios. Salió corriendo de la habitación.

- ¡Mamá, Papá! – Llamó Emma al salir del hotel a toda velocidad.

- ¡Emma! – Exclamaron sus padres a la vez.

Emma corrió al encuentro con sus padres, quienes la refugiaron en sus brazos en un cálido abrazo. Se aferró a ellos con todas las fuerzas posibles por temor a que desaparecieran. Disfrutó de tenerlos devuelta con ella y sentirse a salvo.

- ¿Cómo es posible que estén acá? – Preguntó Emma saliendo del abrazo.

- Nuestro mundo estaba destruído, ya no quedaba nada allí. – Respondió Blancanieves mientras le secaba suavemente las lágrimas a su hija.

- Y como ya habíamos conocido este mundo, quisimos volver. – Agregó Encantador, acariciando con ternura la cabeza de su hija.

- Tú nos diste a todos un final feliz, ahora nos tocó a todos nosotros darte el tuyo. – Dijo Blancanieves con una sonrisa.

Una carcajada de felicidad salió de la boca de Emma, una risa sincera, de alegría y alivio, una risa de esas que no tenía desde hace mucho tiempo. Se volvió a refugiar en los brazos de sus padres, y luego dejó que le expliquen como habían logrado regresar al mundo sin magia. Al parecer había requerido la colaboración de las hadas y Rumpelstiltskin, la unión de sus magias. Y Storybrooke a pesar de estar en el mundo sin magia, era un pueblo con magia, y nadie que no fuera del mundo de magia podía entrar allí ya que sólo era visible para ellos.

- ¿Y Killian? – Preguntó Emma. Le daba miedo hacer esa pregunta, pero todavía no lo había visto y eso le preocupaba.

- No sabemos. – Respondió Blancanieves.

- ¿Cómo que no saben? – Preguntó Emma preocupada.

- Él se fue antes de que armáramos este plan, se fue con el Jolly Roger a buscar la manera de volver a encontrarte. – Explicó Encantador lo mejor que pudo.

Emma sintió alegría al escuchar que él lo primero que había decidido hacer fue ir en búsqueda de ella. Pero a la vez sintió tristeza de que no estuviera allí y preocupación de que algo le haya sucedido. ¿Quién sabe cuántos peligros estaría enfrentando simplemente por el hecho de buscar una manera de regresar por ella? Emma tenía miedo de que él nunca pueda volver a encontrarla. ¿Seguiría buscándola? ¿Estaría bien? ¿O se habría olvidado de ella y habría vuelto a su vida de pirata? ¿Y si nunca la encontraba, y si nunca enteraba de su hijo/a?

- No te preocupes, no estás sola, ya nunca más vas a estar sola. Nosotros estamos contigo. – Intentó tranquilizarla Encantador, mientras le acariciaba la panza.

- Killian ya los va a encontrar. – Dijo con convicción Blancanieves, haciendo referencia tanto a su hija como a su nieto/a.

- ¿Cómo podes estar tan segura? – Pidió saber Emma, intentando aferrarse a la confianza de sus padres.

- Porque las personas que nos aman de verdad, siempre nos encuentran. – Respondió Blancanieves.

Y así se refugió una vez más en los brazos de sus padres.

Había pasado un mes desde que llegó a Storybrooke y Emma estaba feliz. El pueblo tenía un gran encanto, y cada persona había encontrado una rutina que se adaptaba a lo que quería hacer. Emma disfrutaba de pasar tiempo con sus padres, y también con las nuevas amigas que de a poco se estaba haciendo. Patinaba sobre hielo con Elsa, reparaba cosas mágicamente con Campanilla, salía de noche a pasear por el bosque con Ruby, escuchaba los cuentos de August, iba a la playa con Eric y Ariel, disparaba flechas y peleaba con espada junto con Mérida y Mulán, y aprendía a cocinar con Regina y Granny.

Ya estaba a seis de embarazo y su panza era perfectamente notoria, lo cual la hacía feliz. El doctor Whale había estado llevando a cabo sus controles médicos, él ya le había dicho que podía saber el sexo de su bebé si quería, pero ella no había querido saberlo. No se sentía bien saberlo sin Killian. Le daría tiempo a que él llegue, y si él llegaba una vez que su hijo/a ya habría nacido... bueno, eso ya no estaba en su control.

Esa tarde iba a ir a tomar el té con sus padres, pero cuando salió de su casa sintió que había algo distinto en el aire. Una felicidad inesperada e irrazonable la invadió, como si sintiera que de la nada estuviera todo bien y en su lugar. Se dio cuenta que era su bebé quien le estaba enviando una gran energía positiva y alegre. Sonrió y decidió que antes de ir a ver a sus padres, iba a dar una vuelta por la playa.

Al llegar a la playa lo primero que llamó su atención fue ver un barco a lo lejos. Y no cualquier barco, sino el Jolly Roger. Ahora entendía perfectamente porque su bebé de repente le había enviado tanta felicidad, su bebé había sentido que su padre había llegado. Emma corrió hacia el muelle a toda velocidad y esperó ansiosa a que el Jolly Roger llegará.

Cuando el Jolly Roger estuvo lo suficientemente cerca como para que Killian y Emma pudieran verse, él saltó al agua y comenzó a nadar hacia ella, impaciente por el reencuentro. Sintiéndose más feliz que nunca ella hizo lo mismo. Saltó al agua y nadó hacia él. Lo primero que hicieron al encontrarse fue besarse con todo el amor del universo, haciendo que la magia de su amor irradie por todo Storybrooke causando que los habitantes se sientan completamente felices.

- Me encontraste. – Dijo ella con una gran sonrisa, cuando necesitaron separar sus labios para respirar.

- ¿Alguna vez dudaste que lo haría? – Preguntó él, mirándola intensamente a los ojos.

- Nunca. – Respondió ella con sinceridad. Aunque a veces se había sentido insegura y había casi perdido las esperanzas, siempre había llegado a la conclusión de que él la amaba y la iba a encontrar.

Killian la ayudó a nadar de regreso a la playa. Cuando estuvieron nuevamente en tierra, él la alzó en sus brazos de la felicidad que sentía y la hizo dar un par de vueltas. Se besaron una y otra vez hasta asegurarse que era real que estaban juntos nuevamente. Entre beso y beso, paraban a reírse y mirarse, y luego volvían a besarse. La felicidad que sentían en ese momento eran infinita.

- Te amo. – Dijo ella con una gran sonrisa.

- Yo te amo más. – Dijo él y la besó.

- No, yo más. – Discutió ella y volvió a unir sus labios en un beso. – Tengo algo que contarte. – Informó al terminar el beso.

- Podes contarme todo lo que quieras. – Dijo él, motivándola a hablar de lo que quisiera.

- Vamos a tener un hijo o una hija. – Confesó ella agarrando la mano de él y llevándola a su panza para que pueda dar cuenta de su embarazo.

- ¿Estás embarazada? – Preguntó él sorprendido, era la primera vez que se fijaba en la panza de ella ya que antes había estado demasiado ocupado en la felicidad que sentía por el reencuentro.

- Si. – Asistió ella con una sonrisa.

Él la miró con todo el amor que existía en el mundo, se arrodilló y le besó la panza.

- Hola amor, papá está acá. – Murmuró él con ternura a la panza. – Ya no tenes que preocuparte, vamos a ser muy felices los tres juntos. – Dijo y dio otro beso a la panza.

- Los amo. – Dijo Emma emocionada, mientras acariciaba la cabeza de él.

- Y yo a ustedes. – Dijo Killian.

Volvieron a besarse, y en eso beso Emma pudo sentir que ahora ya estaba completa, ahora ya podía ser absolutamente feliz. Killian y ella iban a amar a su hijo/a, ellos iban a ser una familia. Emma siempre había querido tener una familia, y ahora había encontrado la perfecta para ella. Su felicidad era esa, Killian y su hijo/a, y el amor que se tenían. Sus padres, sus amigas y amigos, y su vida mágica en Storybrooke.

Tres meses más tarde Emma dio luz a un hermoso niño de cabello oscuro y ojos color verde, al que decidieron llamar Henry.

- Bienvenido a Storybrooke Henry. - dijo Emma con una sonrisa y besó la frente de su hijo.

FIN

AU: Gracias a todos los que me acompañaron con esta historia. Cada lector es importante para mi, me hace feliz que elijan y disfruten de leer cada una de mis historias (próximamente, no bien pueda, estaré retomando la escritura de BackStage)

Despedida. Emma había trabajado en ese bar por aproximadamente dos meses, pero su jefe decidió despedirla cuando se enteró que ella estaba embarazada. ¡Que cretino! ¿No debería ser eso ilegal por discriminación o algo del estilo? Pero ella no iba a dejar que eso le arruinará el día. Emma por primera vez iba a hacerse una ecografía y conocer a su hijo/a. Si iba a estar triste por algo en ese día, iba a ser porque estaba haciendo eso sola cuando en realidad desearía que Killian estuviera allí con ella; y no por haber sido despedida de un tonto trabajo.

Entró a la clínica y se acomodó en una silla de la sala de espera.

- Emma Swan. – Llamó la doctora Robbins.

La doctora Meredith Grey le había recomendado ver a la doctora Arizona Robbins, ya que según ella era la mejor obstetra de la ciudad (incluso hasta del país). Emma la siguió hasta el consultorio y una vez dentro, se acostó en la camilla. La doctora Robbins preparó todo lo que necesitaba, luego le hizo levantarse la remera y le pasó un gel por toda la panza.

- Estás embarazada de doce semanas. – Dijo Robbins, aunque sonó más a pregunta.

- Si. – Asistió Emma.

- ¿Estuviste tomando las vitaminas y haciendo la dieta que te dio la doctora Grey? – Pidió saber la doctora.

- Si. – Respondió Emma.

- Muy bien. – Apreció Robbins. - ¿Cómo te haz estado sintiendo? ¿Cómo haz estado durmiendo? ¿Haz tenido algún antojo extraño? – Cuestionó mientras comenzaba a pasarle un aparato sensor por la panza.

- Bien. – Contestó Emma y se tomó un minuto para pensar. – Al principio tenía muchas nauseas, pero ahora han empezado a escasearse más. Quizás tengo una vez por semana, o si siento algún olor muy fuerte o que me desagrade. – Explicó pensativamente.

- Eso es normal. – Afirmó Robbins.

- Y no he tenido muchos antojos por ahora, si he tenido hambre de algo salado o dulce, pero nada específico. – Le dejó saber.

- Eso es bueno, mejor cuando no hay nada específico. – Comentó Robbins mientras anotaba un par de cosas en la historia médica de Emma. – Bien, creo que es hora de conozcas a tu bebe. – Dijo mostrándole la pantalla. – Aquí esta la cabeza, estas son las manos y estos son los pies. – Dijo a la vez que iba señalando cada parte del cuerpo.

- Es increíble. – Dijo Emma emocionada, pequeñas lagrimas de alegría cayendo de sus ojos.

Ver a su hijo/a le hizo dar cuenta de lo real que era todo eso, ella estaba embarazada, ella iba a tener un hijo/a de Killian. Era maravilloso saber que había una vida dentro de ella que era el producto del amor que tenían ella y Killian. Ver a su hijo/a también le hizo recordar lo mucho que extrañaba a Killian y lo mucho que le gustaría estar compartiendo todo eso con él.

- Todavía es muy temprano para saber si es nena o nene. – Dijo Robbins interrumpiendo el estado introspectivo de la otra.

- Eso no importa, lo único que importa es que esté bien. – Dijo Emma con sinceridad.

- Bueno tu bebe está muy bien y sano, así que vamos a mantener las vitaminas y la dieta. – Indicó Robbins. - ¿Te gustaría escuchar el latido de su corazón? – Preguntó.

- No hay nada que me gustaría más. – Contestó Emma, aliviada al saber que su bebe estaba perfectamente bien.

Escuchar los latidos del corazón de su bebe la hizo emocionarse aún más que antes. Sintió felicidad y orgullo al notar lo fuerte y constante que era cada latido de ese pequeño corazón. Aquel sonido era el más hermoso que Emma había escuchado en su vida. Era un símbolo de vida y de amor.

- Te voy a dar un par de fotos y un vídeo para que te quede de recuerdo. – Informó Robbins.

- Muchas gracias. – Agradeció Emma. - ¿Hay algún problema si cambio de obstetra porque creo que me voy a ir de la ciudad? – Pidió saber.

- Ningún problema, pero por las dudas te voy a dar una copia de tu historia médica para que puedas entregar a tu nuevo doctor. – Respondió Robbins.

- Gracias. – Agradeció Emma una vez más, una gran sonrisa dibujada en los labios que probablemente no se borraría por mucho tiempo.

Emma se fue de Bostón al día siguiente. La verdad no tenía nada allí que la haciera querer quedarse. Había perdido su trabajo y no tenía dinero para seguir pagando el departamento en que habían vivido sus padres. Lo único que tenía en Bostón era recuerdos de las personas que quería, y de las personas que había ayudado a conseguir su final feliz. La realidad es que era doloroso estar en Bostón para ella, porque cada espacio donde había un recuerdo guardado en su mente y su corazón se sentía como un vacío en su alma.

Así que abandonó Bostón una vez más, pero esta vez como algo definitivo. Y así los siguientes dos meses se los pasó yendo de ciudad en ciudad en su auto amarillo. Quería encontrar un lugar que se sintiera como un hogar, y estaba decidida a seguir buscando hasta encontrarlo. No se iba a conformar hasta no sentirse a salvo, hasta sentir que pertenecía a algún sitio.

Era de noche y Emma estaba perdida en el medio de una ruta en alguna parte del Estado de Maine. Tenía hambre, frío, y sueño... Realmente necesitaba parar en algún sitio, pero estaba en el medio de la nada, lo único visible a los costados de la ruta era bosque, y más bosque. De repente un cartel llamó su atención: "Bienvenidos a Storybrooke". Que nombre extraño, Emma no recordaba jamás haber escuchado de una ciudad con ese nombre. Al pasar la línea de la ruta de la ciudad sintió algo raro, algo como magia. ¿Habría llegado al lugar que tanto había estado esperando encontrar?

Recorrió un par de kilómetros, hasta llegar a la pequeña ciudad, que más que ciudad parecía un gran pueblo. El pueblo parecía de otra época, como si habría quedado congelado en el tiempo, como si estaría sacado de algún cuento. Lo más impresionante de todo es que estaba deshabitado, no había ninguna persona, y eso le hizo sentir algo de terror. Sin importar la situación, tenía que descansar y recuperar fuerzas. No podía continuar manejando en el estado de cansancio en el que se encontraba. Así que Emma estacionó su auto frente al único hotel que había, dejó dinero en el mostrador de la recepción, se metió en una habitación y se acostó a dormir.

Al otro día, cuando despertó, había algo distinto. Emma podía escuchar voces. Miró por la ventana de su habitación y vio que en la calle había varias personas. Miró detalladamente, para comprobar que no lo estuviera imaginando, y al hacerlo se dio cuenta que conocía a varias de esas personas. Campanilla, August, Regina, Mérida, Mulán, Elsa, Ana... sus padres. Emma parpadeó varias veces mientras una gran sonrisa se dibujaba en sus labios. Salió corriendo de la habitación.

- ¡Mamá, Papá! – Llamó Emma al salir del hotel a toda velocidad.

- ¡Emma! – Exclamaron sus padres a la vez.

Emma corrió al encuentro con sus padres, quienes la refugiaron en sus brazos en un cálido abrazo. Se aferró a ellos con todas las fuerzas posibles por temor a que desaparecieran. Disfrutó de tenerlos devuelta con ella y sentirse a salvo.

- ¿Cómo es posible que estén acá? – Preguntó Emma saliendo del abrazo.

- Nuestro mundo estaba destruído, ya no quedaba nada allí. – Respondió Blancanieves mientras le secaba suavemente las lágrimas a su hija.

- Y como ya habíamos conocido este mundo, quisimos volver. – Agregó Encantador, acariciando con ternura la cabeza de su hija.

- Tú nos diste a todos un final feliz, ahora nos tocó a todos nosotros darte el tuyo. – Dijo Blancanieves con una sonrisa.

Una carcajada de felicidad salió de la boca de Emma, una risa sincera, de alegría y alivio, una risa de esas que no tenía desde hace mucho tiempo. Se volvió a refugiar en los brazos de sus padres, y luego dejó que le expliquen como habían logrado regresar al mundo sin magia. Al parecer había requerido la colaboración de las hadas y Rumpelstiltskin, la unión de sus magias. Y Storybrooke a pesar de estar en el mundo sin magia, era un pueblo con magia, y nadie que no fuera del mundo de magia podía entrar allí ya que sólo era visible para ellos.

- ¿Y Killian? – Preguntó Emma. Le daba miedo hacer esa pregunta, pero todavía no lo había visto y eso le preocupaba.

- No sabemos. – Respondió Blancanieves.

- ¿Cómo que no saben? – Preguntó Emma preocupada.

- Él se fue antes de que armáramos este plan, se fue con el Jolly Roger a buscar la manera de volver a encontrarte. – Explicó Encantador lo mejor que pudo.

Emma sintió alegría al escuchar que él lo primero que había decidido hacer fue ir en búsqueda de ella. Pero a la vez sintió tristeza de que no estuviera allí y preocupación de que algo le haya sucedido. ¿Quién sabe cuántos peligros estaría enfrentando simplemente por el hecho de buscar una manera de regresar por ella? Emma tenía miedo de que él nunca pueda volver a encontrarla. ¿Seguiría buscándola? ¿Estaría bien? ¿O se habría olvidado de ella y habría vuelto a su vida de pirata? ¿Y si nunca la encontraba, y si nunca enteraba de su hijo/a?

- No te preocupes, no estás sola, ya nunca más vas a estar sola. Nosotros estamos contigo. – Intentó tranquilizarla Encantador, mientras le acariciaba la panza.

- Killian ya los va a encontrar. – Dijo con convicción Blancanieves, haciendo referencia tanto a su hija como a su nieto/a.

- ¿Cómo podes estar tan segura? – Pidió saber Emma, intentando aferrarse a la confianza de sus padres.

- Porque las personas que nos aman de verdad, siempre nos encuentran. – Respondió Blancanieves.

Y así se refugió una vez más en los brazos de sus padres.

Había pasado un mes desde que llegó a Storybrooke y Emma estaba feliz. El pueblo tenía un gran encanto, y cada persona había encontrado una rutina que se adaptaba a lo que quería hacer. Emma disfrutaba de pasar tiempo con sus padres, y también con las nuevas amigas que de a poco se estaba haciendo. Patinaba sobre hielo con Elsa, reparaba cosas mágicamente con Campanilla, salía de noche a pasear por el bosque con Ruby, escuchaba los cuentos de August, iba a la playa con Eric y Ariel, disparaba flechas y peleaba con espada junto con Mérida y Mulán, y aprendía a cocinar con Regina y Granny.

Ya estaba a seis de embarazo y su panza era perfectamente notoria, lo cual la hacía feliz. El doctor Whale había estado llevando a cabo sus controles médicos, él ya le había dicho que podía saber el sexo de su bebé si quería, pero ella no había querido saberlo. No se sentía bien saberlo sin Killian. Le daría tiempo a que él llegue, y si él llegaba una vez que su hijo/a ya habría nacido... bueno, eso ya no estaba en su control.

Esa tarde iba a ir a tomar el té con sus padres, pero cuando salió de su casa sintió que había algo distinto en el aire. Una felicidad inesperada e irrazonable la invadió, como si sintiera que de la nada estuviera todo bien y en su lugar. Se dio cuenta que era su bebé quien le estaba enviando una gran energía positiva y alegre. Sonrió y decidió que antes de ir a ver a sus padres, iba a dar una vuelta por la playa.

Al llegar a la playa lo primero que llamó su atención fue ver un barco a lo lejos. Y no cualquier barco, sino el Jolly Roger. Ahora entendía perfectamente porque su bebé de repente le había enviado tanta felicidad, su bebé había sentido que su padre había llegado. Emma corrió hacia el muelle a toda velocidad y esperó ansiosa a que el Jolly Roger llegará.

Cuando el Jolly Roger estuvo lo suficientemente cerca como para que Killian y Emma pudieran verse, él saltó al agua y comenzó a nadar hacia ella, impaciente por el reencuentro. Sintiéndose más feliz que nunca ella hizo lo mismo. Saltó al agua y nadó hacia él. Lo primero que hicieron al encontrarse fue besarse con todo el amor del universo, haciendo que la magia de su amor irradie por todo Storybrooke causando que los habitantes se sientan completamente felices.

- Me encontraste. – Dijo ella con una gran sonrisa, cuando necesitaron separar sus labios para respirar.

- ¿Alguna vez dudaste que lo haría? – Preguntó él, mirándola intensamente a los ojos.

- Nunca. – Respondió ella con sinceridad. Aunque a veces se había sentido insegura y había casi perdido las esperanzas, siempre había llegado a la conclusión de que él la amaba y la iba a encontrar.

Killian la ayudó a nadar de regreso a la playa. Cuando estuvieron nuevamente en tierra, él la alzó en sus brazos de la felicidad que sentía y la hizo dar un par de vueltas. Se besaron una y otra vez hasta asegurarse que era real que estaban juntos nuevamente. Entre beso y beso, paraban a reírse y mirarse, y luego volvían a besarse. La felicidad que sentían en ese momento eran infinita.

- Te amo. – Dijo ella con una gran sonrisa.

- Yo te amo más. – Dijo él y la besó.

- No, yo más. – Discutió ella y volvió a unir sus labios en un beso. – Tengo algo que contarte. – Informó al terminar el beso.

- Podes contarme todo lo que quieras. – Dijo él, motivándola a hablar de lo que quisiera.

- Vamos a tener un hijo o una hija. – Confesó ella agarrando la mano de él y llevándola a su panza para que pueda dar cuenta de su embarazo.

- ¿Estás embarazada? – Preguntó él sorprendido, era la primera vez que se fijaba en la panza de ella ya que antes había estado demasiado ocupado en la felicidad que sentía por el reencuentro.

- Si. – Asistió ella con una sonrisa.

Él la miró con todo el amor que existía en el mundo, se arrodilló y le besó la panza.

- Hola amor, papá está acá. – Murmuró él con ternura a la panza. – Ya no tenes que preocuparte, vamos a ser muy felices los tres juntos. – Dijo y dio otro beso a la panza.

- Los amo. – Dijo Emma emocionada, mientras acariciaba la cabeza de él.

- Y yo a ustedes. – Dijo Killian.

Volvieron a besarse, y en eso beso Emma pudo sentir que ahora ya estaba completa, ahora ya podía ser absolutamente feliz. Killian y ella iban a amar a su hijo/a, ellos iban a ser una familia. Emma siempre había querido tener una familia, y ahora había encontrado la perfecta para ella. Su felicidad era esa, Killian y su hijo/a, y el amor que se tenían. Sus padres, sus amigas y amigos, y su vida mágica en Storybrooke.

Tres meses más tarde Emma dio luz a un hermoso niño de cabello oscuro y ojos color verde, al que decidieron llamar Henry.

- Bienvenido a Storybrooke Henry. - dijo Emma con una sonrisa y besó la frente de su hijo.

FIN

AU: Gracias a todos los que me acompañaron con esta historia. Cada lector es importante para mi, me hace feliz que elijan y disfruten de leer cada una de mis historias (próximamente, no bien pueda, estaré retomando la escritura de BackStage)