¡AAAAHHH, que emoción historia nuevaa!

No sé si lo sabíais pero me encanta la temática de los zombies (tengo mi propio equipo creado para un posible apocalipsis zombie, ¿interesados? dejad currículum en los comentarios xD) y si encima lo mezclamos con Harry Potter, para mí es el coctel perfecto. Espero que os guste esta historia, bastante diferente, no suelo ver historias de zombies con HP (Obviamente es Dramione). Así que ansiosa esperaré vuestras opiniones, muy ansiosa.

La historia no está terminada, pero ya tiene 61 capítulos, así que espero que para cuando lleguemos allí ya esté terminada.

Y si os gusta mucho, en breves (pasado mañana) subiré el siguiente capítulo.

¡Besitooos!

Podéis encontrar la historia original aquí:

www (punto) fanfiction (punto) net /s/ 8611642 /1/ Love-In-A-Time-Of-The-Zombie-Apocalypse (quitando los espacios)

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 1 – Release (Liberación)

- ¿De verdad crees que aún está vivo?

- Bueno, el hechizo sensor está registrando claramente a alguien en la planta baja.

- ¿Alguien?

- Sí. Alguien vivo. Y como era de esperar, parece que no podemos aparecernos dentro. Las barreras de Seamus están aguantado, Harry.

- Finnegan terminó siendo una hábil mano en el sacudir y golpear después de todo… creo que por la puerta de entrada, entonces. ¿Cómo es que nadie se ha dado cuenta de que ha estado aquí todo este tiempo?

- Todo el mundo está muerto. Simplemente no había nadie para recordarlo.

- ¿Crees que no tiene absolutamente ni idea de lo que está ocurriendo?

- No lo sé. Es posible. El régimen de aislamiento es más bien… bueno, solitario.

- ¿Estás segura de que quieres hacer esto? Scrimgeour querrá nuestras cabezas. Bueno, más la mía que la tuya. En realidad necesita tu cabeza.

- Lo entenderá. Y por favor, Harry, no uses más el hechizo motosierra de cerca. Me llevó días limpiarme el desastre del pelo la última vez.

- Me gusta mucho ese hechizo.

- Ya lo sé, Harry.

- Lo inventé yo, ya sabes.

- Sí, Harry.

- ¿A la cuenta de tres?

- Vamos.

- Uno, dos, tres. ¡REDUCTO!


Las puertas de entrada a la prisión de Azkaban se abrieron por la explosión. Polvo, escombros y trozos de madera pulverizada saltaron por los aires formando una nociva nube. Aun así no era lo suficientemente densa para evitar que el olor a muerte y decadencia concentrada golpeara a Harry y Hermione como un ariete. El olor era lo bastante fuerte como para degustarlo. Tosieron y se cubrieron la boca y la nariz con los antebrazos y varitas en alto, entraron en el oscuro vestíbulo.

Harry lanzó un Lumos.

No había abundantes hordas. No había voraces muertos vivientes que atacar. Bueno, eso no era del todo preciso; había muertos vivientes hambrientos, pero simplemente estaban en un estado tan demacrado y débil que la mayoría habían sido reducidos a quejumbrosos torsos a medio comer sobre el suelo. En ausencia de carne fresca, se habían comido entre sí.

Los que quedaban intactos estaban ahora completamente inanimados, las funciones rudimentarias del cerebro les habían desaparecido. Azkaban no se había librado de la epidemia, pero durante lo peor de todo, el Guardián Seamus Finnegan había hecho la llamada para liberar a tantos presos como fuera posible antes de sellar las puertas delanteras y mantener lo que había dentro en el interior. Eso incluía a él mismo y a cinco guardias más de la prisión que todavía seguían siendo humanos y vivos la última vez que se comunicaron con el Ministerio. Ahora no había nadie. Allí sólo había oscuridad, muerte y un putrefacto olor. Olor que lo impregnaba todo.

Hermione lanzó de nuevo el hechizo sensor, manifestándose como un condensado plano rojo cuadriculado. Allí, en el Sub Sótano C, estado actual de la tecnología (mágica) de Azkaban, completamente automatizado, pabellón de máxima seguridad, estaba el prisionero E5673. Se presentaba como un pulsante punto azul luminoso.

Tomaron la escalera. Harry primero, con Hermione cerrando la marcha. Había un pequeño e inesperado grupo de bienvenida en el hueco de la escalera; dos ex guardias de la prisión que aún parecían… frescos.

Hermione no tenía tiempo de pensar en el horror que ese par había tenido que soportar, intentando sobrevivir al infierno estando encerrados en un edificio con dos centenares de zombies neófitos, donde al menos una docena habían sido antiguos compañeros. Lo habían hecho bien para sobrevivir, por un tiempo.

Harry finalmente tomó la cabeza del guardia de sexo masculino, quien estaba desnudo, con un enrome agujero en el estómago y que aún intentaba llegar hasta ellos. Él le propinó una patada en el torso desnudo logrando que cayera por encima de la barandilla, aterrizando con un ruido húmedo en el rellano del Sub Sótano A. La mujer guardia se tambaleó hacia adelante, hacia Hermione. Seguía llevando el uniforme, su placa y una horquilla de pelo azul, aunque parecía faltarle la mayor parte de la cara y un brazo. La boca se le abrió desmesuradamente debido a una luxación de mandíbula. La única convulsiva mano que le quedaba se alzó contra la cara de Hermione.

- Incendio. – dijo Hermione y la cosa cayó de rodillas lo suficientemente fuerte como para romper el hueso, chillando y desgarrando su ropa mientras ardía.

- ¿Estás bien? – le preguntó Harry. Estaba a la mitad de la escalera.

No, por supuesto que no. Nunca estaría bien. Nunca más.

- ¡Sí! – le respondió Hermione, rodeando al espasmódico zombie ardiendo.


Tres pisos más abajo, se encontraron con Draco Malfoy asentado en un cubo de cristal con bordes de acero; uno de los diseños de Seamus. Sentado en pequeño escritorio y leyendo.

Leyendo.

Hermione podría haberlo odiado sólo por eso.

Durante un considerable minuto, se quedó mirándolos mientras ellos lo miraban a él. Fue un irónico estudio de contrastes, casi cómico. El convicto asesino y terrorista parecía bastante civilizado, casi gentil. Tenía el pelo bien cortado y arreglado, vistiendo una simple túnica negra. Por el contrario estaba Harry, bastante desaliñado, con una barba desordenada y un brillo maníaco en los ojos. A su lado estaba Hermione, cubierta generosamente de polvo, hollín y sí, seguramente tenía vísceras en el pelo, ¿verdad?

El otro extremo de la celda de Malfoy estaba lleno de estanterías repletas de… oh, dios, novelas muggles, aparentemente. Clásicos, todos ellos. Llenaban las estanterías, desde el suelo hasta el techo. Hermione podía distinguir alguno de los títulos. Inexplicablemente, sintió la punzada de las lágrimas detrás de sus ojos. El año pasado, podría haber tomado su pieza favorita de ficción muggle de una de las estanterías de la residencia actual de sus padres en Australia y acurrucándose frente a la chimenea de su refugio, leer hasta el amanecer.

Eso fue entonces. Parecía otra vida. Ahora, la mayor parte del mundo había cambiado por completo. Lo que todavía estaba en condiciones estaba ardiendo. La idea de historias y finales felices parecía tan ajena e indulgente.

Y ahí estaba él. Draco Malfoy. Leyendo.

La atención de Hermione volvió bruscamente a la situación en cuestión cuando Malfoy cerró el libro. Se puso en pie, pareciendo notablemente más alto, más pálido y demacrado de lo que recordaba. Ella observó el pequeño ceño que apareció en sus cejas. Una persona normal habría exigido saber qué demonios pasaba por encima del suelo que hacía imposible que nadie hubiera ido a ver como estaba en meses. Pero Malfoy era cualquier cosa menos normal. No podías mantenerte "normal" en veinticinco metros cúbicos de mágico vidrio y acero.

Sus ojos catalogaban todo con un hambre ordenada y precisa, escaneando todos los detalles que se le presentaban. Su mirada finalmente se detuvo en ella. Una fría sonrisa transformó su rostro de forma discreta en una calculada curiosidad.

- Visitantes. Vaya, ha pasado mucho tiempo. – las palabras eran ligeras, pero había tensión en su suave y silbante voz - ¿Y a qué debo el placer?

- Es posible que desees dar un paso atrás, Malfoy. – dijo Harry levantado la varita, pero Hermione puso una mano en su brazo, impidiéndole el gesto.

- ¿Recuerdas lo que dijo Seamus cuando construyó el prototipo? Nosotros podemos oírlo, pero él no oye nada desde el interior del cubo. Usa la caja de comunicación.

Tanto Malfoy como Hermione señalaron al mismo tiempo; una pequeña caja de metal incrustada en una de las esquinas del cubo. Había una ranura en la parte inferior lo suficientemente grande para libros y para las enrolladas copias de El Profeta y por donde el guardián, actualmente Hermione, se lo entregó

- ¿Para qué es eso? – preguntó Harry.

- Como prueba. ¿ nos creerías?

Harry gruñó.

- Probablemente no. Buena idea.

Sin ninguna prisa, Malfoy tomó el periódico y lo escaneó. Su ceño se profundizó y en un momento, dejó de parpadear por completo. Cuando levantó la mirada, sin embargo, su rostro era impasible. Hermione no estaba segura de a qué atenerse. Conmoción, sin duda. Tal vez un intento de humor negro. Pero esa ambivalencia la irritaba. Por supuesto que le importaba. Tenía que importarle. Hermione intentó buscar la evidencia de eso y no fue capaz de encontrar ninguna.

Apretó el botón de la caja de comunicación y habló.

- Dado que el virus se originó aquí, hemos sido los más afectados, por lo que el Reino Unido y Escocia actualmente están aislados de Europa y del resto del mundo. África, América del Sur, América Central y el Oeste y Norte de Asia son zonas de guerra. América del Norte y del Sur están a punto de hacer lo mismo. Hasta ahora, sólo desde el Sudeste de Asia, Australia, Nueva Zelanda y varios enclaves de Oceanía están informando del mayor éxito de aislamiento de la Infección.

Malfoy procesó todo eso.

- Bueno, eso explicaría porque el Guardián Finnegan no ha venido a verme en tanto tiempo. Dime, ¿ha sido arrastrado de los pies de las ataduras mortales? Nunca mejor dicho, esas criaturas son de las que arrastran los pies, ¿no?

Seamus Finnegan. Guardián de Azkaban. Casado con Lavender Brown, fallecidos. Dos hijos, Timothy, de cinco años, fallecido. Y, oh, ¿cómo se llamaba? ¿La pequeña? Hermione desenterró el recuerdo de un Seamus a grandes zancadas por el Ministerio llevando en brazos a una pequeña niña de pelo rubio y ojos de un aciano color azul.

Emily. También fallecida.

Era importante para Hermione recordar a su gente. Los dos guardias que despacharon minutos atrás habían sido "la gente" de alguien. ¿Se acordarían de ellos? Cuando todo hubiera acabado, Hermione se hizo una nota mental para averiguarlo. Huelga decir que su cuaderno mental ya estaba por el séptimo volumen.

Ignoró la pregunta de Malfoy sobre Seamus. Su otra pregunta era mucho más pertinente.

- Son lentos y no muy fuertes a medida que pasa el tiempo, pero su fuerza siempre ha estado en el número. Y, desafortunadamente, en el Reino Unido los Infectados nos superan en número.

- Y, ¿a cuántos has incinerado en el camino hasta aquí?

- Ni de lejos tantos como para darnos el lujo de perder el tiempo hablando de esto. Tienes que venir con nosotros.

- ¿Por qué?

Harry compuso un ruido de impaciencia y se apoderó de la caja.

- Los estadounidenses están planeando un ataque nuclear sobre Londres. Francamente, tenemos suerte de que aún no haya sucedido. Lo que queda del gobierno muggle británico ha logrado convencer al presidente de Estados Unidos para darle un tiempo a la comunidad mágica para poner la situación bajo control aquí.

Malfoy se carcajeó.

- ¿Estás intentando decirme que esto… - hizo un gesto hacia Harry y Hermione – esto es una especie de rescate? Francamente, Potter, estoy emocionado.

- Durante la guerra, te aliaste brevemente con un mago que anteriormente había trabajado en virología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en los Estados Unidos, ¿verdad?

Malfoy estaba sorprendido por el giro en la conversación, pero no se le escapaba nada.

- Sí. El Doctor Hendry Tan. Loco como una cabra, pero innegablemente brillante.

- Lo mataste. Si estuviera vivo, no te necesitaríamos. – dijo Hermione, con tirantez. No había hablado a través de la caja, pero Malfoy no necesitaba oírla para saber lo que había dicho. Parecía ser capaz de hacer una básica lectura de labios.

- Se mató el mismo, Granger. Simplemente no lo detuve. – su mirada gris se clavó en ella – Y decidme, ¿por qué me necesitáis?

Hermione contuvo la respiración, contando hasta cinco antes de apartar a Harry a un lado y apretar el botón de la caja una vez más. Ya había ensayado todo eso con Harry, pero la realidad de tener que dialogar con Draco Malfoy, criminal de guerra, terrorista y asesino, era algo que nunca podría preparase. Sin duda, el hecho de conocerlo desde que tenía la voz chillona y era más bajito que ella, era un añadido a sus ansiedades. Parecía una broma macabra que necesitaran a una persona tan mala y repugnante para llevar a cabo algo tan bueno.

- Tu tarea consistía en crear una línea adicional de fondos para Voldemort a causa de la venta de patentes de pociones a las compañías farmacéuticas, ¿cierto?

Malfoy se había trasladado a sentarse en el borde del escritorio, con los brazos cruzados. La larga separación de su túnica se abrió más, revelado un par de finos pantalones negros. Todos los demás prisioneros de Azkaban vestían de color naranja brillante. Seguramente Malfoy había hecho algún tipo de acuerdo para evitar lo que probablemente percibía como un atentado a la moda. O tal vez, ¿simplemente los presos de máxima seguridad se adherían a un conjunto diferente de reglas? Después de todo, no socializaban con el resto de la comunidad de presos. En cualquier caso, no había ni rastro del pomposo, abusón y sociópata en ciernes que nunca iba a ninguna parte sin Crabbe y Goyle. El abusón había crecido hasta convertirse en un hombre con las manos manchadas de sangre. Y no del tipo que ahora manchaba los pantalones y la chaqueta de Hermione.

- Tus muggles, con su ciencia y tecnología y la tan jactada ingenuidad humana. Voldemort descubrió un mercado lucrativo, sin explotar. – dijo.

Hubo un choque ahogado de la dirección donde se encontraba la escalera. Harry y Hermione echaron un vistazo a la salida. Nada apareció. Malfoy, sin ser capaz de escuchar nada externo a su celda, siguió la línea de visión. También observó a Harry mirando su reloj de pulsera y lanzando a Hermione una significativa mirada.

- Por lo que intentaste vender curas mágicas a los muggles. – Hermione llegó a la conclusión, hablando más rápido ahora.

- Curas mágicas sintetizadas, Granger. Eso era nuestro trabajo; convertir lo mágico en lo mundano.

- Tú y Tan sintetizasteis una de vuestras pociones en un suero. Un antivirus. ¿Recuerdas cómo se llamaba?

Tenían que confirmar lo que la Inteligencia Mágica Estadounidense había supuesto, después de analizar cada línea de los archivos del Ministerio sobre Draco Malfoy. De lo contrario, Malfoy no era de ninguna utilidad para liberarlos. Se preguntó si sabía que su vida estaba en juego. Que si no podía ayudar en la causa, lo iban a dejar ahí.

Por un momento, parecía que no iba a complacerla de seguir la conversación, pero entonces contestó.

- Tan le puso el nombre por mí. Double-stranded RNA Activated Caspase Oligomerizer*.

Hermione no pudo evitarlo. Su corazón dio un pequeño salto. Allí estaba, al fin, la esperanza después de tantas semanas de fracaso en el laboratorio.

- D.R.A.C.O. – dijo Hermione, tragándose el nudo de la garganta. Harry odiaba llamarlo de esa manera, pero la versión más larga constantemente lo vencía – Necesitamos que nos digas como confeccionar el D.R.A.C.O para que podamos combinarlo con una poción regenerativa estándar.

- ¿Por qué?

Ella fue contundente.

- Para salvar el mundo.

Un piso más arriba, se escuchó el ruido de muebles arrastrados por el suelo.

- Hermione… – dijo Harry.

Malfoy dejó la posición en el escritorio, situándose delante de ella, separados por un grueso cristal encantado de diez centímetros. Él puso la mano sobre el cristal, a la izquierda de la cara de la bruja. Ella alzó la cabeza para encontrarse con su mirada. Le llevó su esfuerzo, pero logró evitar la tentación de dar un paso atrás. Estaba contenido, pero aun así la intimidaba.

- ¿Y qué consigo a cambio, sangre sucia?

Harry se abalanzó sobre la caja de comunicación.

- ¡Podrás vivir, bastardo! ¡Fácilmente podríamos dejarte aquí para que te pudrieras!

Malfoy se rio entre dientes.

- Potter, los hechizos que automatizan mi suministro de aire, de luz solar artificial, la entrega de mi comida y la eliminación de mis residuos es probable que hagan que os sobreviva a ambos. Estoy más seguro aquí dentro que ahí fuera donde estás tú.

- ¿Enjaulado como un animal, quieres decir?

- Todos somos animales. – respondió Malfoy – Algunos simplemente pertenecen a un estrato más elevado que otros. – dicho esto, se quedó mirando a Hermione - ¿Dónde está Weasley? ¿No me digas que ha sucumbido? ¿Has tenido corazón para poner fin a su sufrimiento o su madre lo tiene atado a una clavija en el patio trasero de ese cobertizo que llama casa?

Harry gruñó, soltando un puñetazo contra el cristal, el cual relució. Malfoy ni se estremeció, ni apartó los ojos de Hermione. La respuesta a la pregunta estaba en su cara.

- Ya veo. – dijo Malfoy, especulativamente.

Maldito sea. Maldito, maldito, maldito. Hermione se volteó hacia la pared, alejándose de Malfoy y de la condenable preocupación y pesar en los ojos de Harry. Alzó la mirada hacia el techo, parpadeando rápidamente en un inútil intento por reprimir las lágrimas.

Se sorprendió cuando Harry la tomó de la mano y tiró de ella hacia la salida.

- Nos vamos sin él.

- Harry, no. – Hermione clavó los talones en el suelo - ¡Lo necesitamos!

- ¡Nadie necesita eso! ¡Nadie puede estar tan desesperado!

- ¡Estamos tan desesperados! – dijo ella entre dientes. Se desprendió del agarre de su mano y corrió de nuevo hacia la caja de comunicación.

Malfoy había observado todo el intercambio, la sonrisa le había desaparecido y sus ojos grises estaban ahora muy atentos.

Era el momento de terminar con el juego y no había duda, que había estado jugando desde el momento que aparecieron. Se acercó hacia la caja, frente a frente, detrás del cristal. Se puso tan cerca de ella que pudo ver las manchas azules en sus irises.

- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó Hermione, con total claridad.

- Un indulto total. Y mi título y propiedades de vuelta.

Hermione asintió, sin sorprenderse.

- Lo tendrás.

- ¿Tengo que tomar tu palabra?

- Sí.

La bruja pensó con certeza que su promesa no sería suficiente; que iba a tener que argumentar y negociar un poco más. Pero debió haber algo en la calidad de su respuesta, porque Malfoy ya no parecía impasible. Por un breve instante, vio sin adulterar lo que él quería. La cruda emoción la afectó por un momento, pero fue efímera.

- Júralo.

- Juro por mi vida que si nos ayudas desde este momento, el Ministerio anulará tu sentencia.

- ¡Tenemos que irnos! – gritó Harry.

- ¿Tenemos un trato? – preguntó Hermione, al mismo tiempo.

Malfoy asintió.

- Lo tenemos.

- Entonces échate hacia atrás.

Así lo hizo y Hermione se percató de como caminaba rápidamente hacia las estanterías, tomaba un volumen y se lo guardaba en el interior de la túnica.

Un hechizo rompió la pared de cristal en un océano de gránulos cristalinos que crujieron bajo los pies del rubio al salir de su prisión. No salió de la celda con una expresión de triunfo. Había precaución y tentativa en sus movimientos que casi le hizo ganar algo de simpatía por parte de Hermione.

Tan pronto como estuvo fuera, Harry agarró a Malfoy del codo y colocó la punta de la varita en su garganta.

- Estoy ansioso por una excusa, Malfoy. Así que no intentes nada.

Malfoy levantó las manos.

- Ni se me ocurriría.

- Atalo. – le dijo Harry a Hermione.

La castaña sacó una cuerda dorada del bolsillo trasero de sus vaqueros y se aceró a Malfoy. Imposible, pero parecía aún más alto fuera de la jaula de cristal.

- Arremángate y extiende el brazo izquierdo. – le ordenó – ¿Todavía eres zurdo, supongo?

- ¿Recuerdas eso?

- Es sólo un detalle.

- Sí. – respondió Draco y ella comenzó a atarle uno extremo de la cuerda alrededor de la muñeca izquierda.

La piel del interior de su muñeca era tan pálida que casi parecía traslucida, dejando claramente visibles las venas de un color azul suave. Los dedos sucios ennegrecidos de hollín de Hermione eran un fuerte contraste. Más arriba en el antebrazo, la parte final de la Marca Tenebrosa fue revelada. Era de un gris apagado, el color de un tatuaje descolorido. Mientras hacia el nudo, rozó la pálida piel con los nudillos una o dos veces y vio como le dejaba una mancha.

Él no dijo nada durante el proceso, pero podía sentir su mirada sobre la parte superior de la cabeza. Entonces ató el otro extremo de la cuerda a la muñeca derecha de Harry. Cuando hubo terminado, Malfoy se bajó la manga de la túnica.

- ¿Qué es esto? – preguntó, examinándose la muñeca. La cuerda se había desvanecido. Se limpió las manchas de hollín.

- Tu correa. – dijo, Harry con un poco de recochineo. Agarró la parte posterior de la túnica de Malfoy y lo empujó hacia la salida y las escaleras.

- Hacia arriba. Los Mortífagos primero.

- Oh, esto se va poniendo cada vez mejor. – murmuró Malfoy en voz baja - La fortuna, como ramera, les otorga sus favores.

Hermione los seguía por detrás, pensando que Draco Malfoy citando a Macbeth era un poco y sólo un poco desconcertante.


*Double-stranded RNA Activated Caspase Oligomerizer: el antivirus era casi imposible de traducir, además de que si lo hubiera hecho no habría encajado bien con las siglas correspondientes.


N/A: Ahora que habéis terminado, sólo tenía que deciros que el D.R.A.C.O es real, no es broma, de la gran cantidad de antivirus y que está causando gran emoción. No soy una médico científica, pero he oído que es muy, muy prometedor. ¿Cuáles eran las posibilidades de que apareciera un verdadero fármaco que llevara el nombre de Draco? ¿CUÁLES ERAN LAS POSIBILIDADES, PREGUNTO?