Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling y la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


Capítulo 68 – Casa

Los residentes de la flota de Amarov habían desarrollado su propia forma de comunicarse entre barcos. Tenían radio, la preferencia entre los muggles. Algunos de los buques más pequeños ahorraban energía de la batería simplemente colocándose junto a uno de los grandes y gritando las noticias a sus vecinos.

Por supuesto, ayudaba tener gente del mundo mágico a bordo, porque la efectividad sonora era mucho más eficiente, pero desde la purga mágica de Amarov, no había suficientes varitas para todos. El comité de flota resolvió este problema desarrollando una lista de varitas compartidas, de modo que cada embarcación pudiera atender sus necesidades mágicas de una manera justa y consistente.

De todo esto se interpretaba algo antropológicamente interesante sobre la evolución social de la flota; la población no se había dividido naturalmente entre magos y muggles en los meses posteriores a la liberación de Amarov. Más bien, la gente parecía inclinada a la afiliación en sus buques residentes. Y parecía que la lealtad en general se dirigía a la propia flota.

Los suministros se distribuían con miras a la transparencia. El meticuloso sistema de mantenimiento de registros del difunto Blaise Zabini se mantuvo y se hizo público. Las peleas eran inevitables, pero se consideraban parte normal de una democracia saludable y proporcionaban muchas pruebas de que las disputas podían resolverse de formas que no implicaran arrojar a gente a un pozo para utilizarse como un sanguinario entretenimiento deportivo.

La flota era una aldea flotante y nómada, pero también tenían un trabajo muy específico que llevar a cabo: la reproducción y posterior distribución de D.R.A.C.O X19 a tantas comunidades como pudieran llegar con seguridad. En ocho meses habían llegado a muchos sitios y habían visto tanto el alcance de la devastación provocada por la plaga como la esperanza que traía el suero para contrarrestarla.

Con su propio suministro de petróleo y los medios para convertirlo en combustible utilizable, la flota no tenía restricciones en las distancias que estuviera dispuesta a realizar. Eso también los convirtió en un objetivo, pero ahora tenían varitas para protegerse y seria una estupidez que intentaran una emboscada. Existía la preocupación constante de que las agencias gubernamentales intentaran un ataque de ese tipo por sí mismas. No se debía confiar en los gobiernos ni en la geopolítica actual, porque tendían a estar desesperados por aferrarse al poco poder y control que aun tenían.

La noticia de la reciente desaparición del Almirante Grey había causado alivio y, al mismo tiempo, más incertidumbre. No estaba claro si había estado dirigiendo una operación completamente deshonesta y sin ninguna representación por parte del Senado Mágico de los Estados Unidos. Aunque la ejecución de la exsecretaria Beaumont parecía implicar categóricamente eso. Barnaby Richards ya no tenía ni idea de a quién tenía que informar ni cuál era su misión desde que se había desarrollado la cura. Era, en esencia, un agente libre. No quería volver a escuchar el "Agente Richards". Ahora solo era Richards, o el Cowboy, como algunos de los residentes de la flota habían empezado a llamarlo.

El profesor Belikov mantuvo su puesto como jefe no oficial del comité. Era un hombre naturalmente honesto, de esos que no escondían secretos. Como tal, los residentes eran informados de todo tipo de noticias y pronósticos pertinentes a la flota. Ningún barco sabía más que otro, lo que parecía limitar la sospecha y la desconfianza.

Por lo tanto, rápidamente se difundió la noticia de que Harry Potter había vuelto con Hermione Granger y Draco Malfoy. A esas alturas, esos nombres ya eran conocidos por casi todos, tanto magos como muggles. Las sirenas de niebla se dispararon. Las conversaciones por radio estaban en pleno apogeo. El sonido era desenfrenado. En uno de los barcos, un desventurado borracho intentó encender fuegos artificiales, pero tuvo que ser rescatado del agua.

Y entonces, todos quedaron en un tenso silencio porque les dijeron que lo que podrían escuchar, si estaban lo suficientemente callados y eran pacientes, sería el raro y preciado llanto de un bebé recién nacido por la radio de la flota.


La contracción bien podría haber sido un cubo de agua helada vertido sobre su cara. Hermione volvió a ser consciente con una fuerte sacudida. Sus manos se agarraban con fuerza a cualquier cosa que estuviera a su alcance. Una Aparición Normal te desorientaba en el mejor de los casos y el intento a larga distancia de Harry había sido todo menos normal. Hermione sintió como si hubiera caído por un largo e insondable vacío.

Pero esta vez las manos de Hermione encontraron apoyo en la figura de Ginny Weasley. Esta simple acción diezmó su ya considerable umbral de dolor, dado que sus manos todavía estaban rotas. Aulló como un animal herido.

– ¿No puedes darle algo? – escuchó decir a Ginny, viendo la expresión de preocupación y enfado de su amiga. A esto le siguió el sonido de una discusión, el chasquido de un cristal y el ruido de unos envoltorios al abrirse.

Estaba esperando el pinchazo de una aguja, pero fue el frío de un experto encantamiento lo que la invadió. Hermione se hundió de nuevo en la cama cuando la agonía de sus manos se desvaneció. Los músculos tensos y doloridos empezaron a relajarse. Desafortunadamente, sintió que el alivio no se extendía a la mitad inferior de su cuerpo. El dolor disminuyó ligeramente en la zona, pero seguía siendo lo suficientemente agudo como para ser consciente de lo que su cuerpo estaba intentando hacer. Otra contracción la golpeó y se hizo insoportable durante aproximadamente medio minuto. Cuando terminó, su mente volvió a tomar nota.

Hermione se percató de que su pelo estaba mojado y que toda su persona estaba limpia y olía agradablemente a jabón desinfectante. Estaba prácticamente desnuda bajo una gruesa manta. Había otras personas en la estancia que, de hecho, era una habitación. Razonablemente dispuesta con instalaciones médicas muy familiares. Aunque cualquier cosa era preferible a la base militar en la que había vivido durante ocho meses, o la reciente vulnerabilidad del campo de Quidditch de Hogwarts.

Estaba de vuelta en el barco. Harry lo había logrado. Los había devuelto sanos y salvos. Aunque no todos habían vuelto, por supuesto. La mirada azul de Amarov brilló brevemente en su memoria. Recordó su expresión de resignación justo antes de que Draco le disparara.

– ¿Ginny?

– Estoy aquí. – allí estaba el rostro pecoso de Ginny de nuevo, flotando sobre ella – Y lo más importante, estás aquí. Has estado inconsciente desde que Harry os trajo de vuelta. – la expresión de la Weasley más joven transmitía tranquilidad y felicidad – Ambos están bien, por cierto. – añadió – Y como de costumbre, Harry es una maldita leyenda.

– Cantarán canciones sobre él. – dijo, asintiendo.

– Creo que también cantaran canciones sobre Malfoy.

Hermione resopló.

– Cualquier canción que canten sobre él tendrá que venir con una advertencia parental…

Ginny se apartó un momento, permitiendo que una mujer enorme con una bata blanca se cerniera sobre Hermione, bloqueando casi al completo la luz fluorescente del techo. Le examinó debidamente las manos.

– Sí, tiene las manos echas un desastre. – dijo la mujer – Menos mal que seré yo la que agarre al niño. Tú solo tienes que empujar, muchacha. – dicho esto, apartó la sabana que cubría la mitad inferior de Hermione, sin importarle que estuviera desnuda.

– Te ruego que me disculpes. – dijo Hermione, con una frialdad al estilo Malfoy que hizo toser a Ginny – Al menos podrías presentarte, primero.

– ¡Pedirás mucho más que disculpas antes de que se termine el día! – dijo la mujer con una cálida sonrisa – Me llamo Rhona. Desde ya te digo que nos hemos quedado sin las cosas más fuertes que suelo ofrecer a las madres para ayudar contra el dolor. Afortunadamente, estamos bien abastecidos con lo que sea que vuestra gente pueda proporcionar. – señaló casualmente a otra enfermera que estaba cerca. Una medimaga, notó Hermione, dado que portaba una varita – Entonces, ahora, abre las piernas y te echaré un vistazo, ¿de acuerdo? – un momento después, añadió – La cabeza está encajada perfectamente. – informó a todos – El latido del corazón es bueno y fuerte. ¡Está en posición y con bastante prisa! Obviamente, todo lo que hiciste antes de llegar hasta aquí ha ayudado al proceso. ¡Siempre digo que la gravedad es la mejor amiga de las matronas! – Rhona se volvió hacia Ginny – ¿Podrías ir a buscar al padre, por si le gustaría estar presente?

– Me imagino que sí le gustaría. – respondió Ginny. Le dio una palmadita a su amiga en el brazo cuando llegó otra contracción.

– ¡¿Dónde está?! ¿Por qué no está aquí? – siseó Hermione con los dientes apretados. Los húmedos rizos se le pegaban a ambos lados de la cara y tenía las mejillas encendidas.

La ayudante medimaga colocó una bolsa de agua caliente contra la parte baja de la espalda de la chica. Hermione tenía muchas palabras malsonantes que decir sobre la completa inutilidad de esa acción para poder controlar el dolor. Rhona respondió ofreciéndole una bocanada de petidina de una máscara de gas. Hermione le apartó la mano.

– ¡Me vas a sacar un bebé, no un diente!

– ¿Cuál de los dos es? – preguntó Rhona – ¿El del brazo roto con gafas o el alto y elegante que lucía y olía como si lo hubieran sumergido por los tobillos en un barril de tripas de pescado?

– El del barril de tripas de pescado. – dijo Ginny a modo de confirmación.

– Ve a buscarlo, ¿quieres? – le susurró – Está muy cerca.


Ginny casi choca con Draco Malfoy al salir de los ascensores al final del pasillo. Se había duchado, pero parecía que se había saltado por completo el paso de secarse antes de ponerse la ropa prestada. El hombre parecía estar hecho por una serie de cortes, magulladuras y agotamiento. Ginny sospechaba que necesitaba estar acostado en su propia cama de enfermería.

– ¿Cómo está? – preguntó. Prácticamente gritó al pasar corriendo junto a Ginny sin detenerse.

La chica se apresuró a ponerse a su lado.

– Está llegando.

– ¿Sin complicaciones? Acaba de atravesar el infierno.

– Ninguna que haya mencionado la matrona. Todo está siendo muy similar a los libros de texto desde que se ha despertado. Belikov y el resto del equipo están esperando abajo… en caso de que haya algún problema.

Con ese pensamiento aleccionador, Malfoy dijo:

– ¿Todavía están tratando a Potter?

Ginny deseaba que bajara la velocidad a un trote ligero. Era complicado correr y hablar al mismo tiempo.

– Sí. Ahora estaría aquí, solo que Belikov le dio algo que noquearía a un centauro.

Llegaron a la sala de partos, y Ginny agarró a Draco del brazo justo antes de que entrara. Fue como intentar detener a una locomotora en movimiento, pero lo consiguió.

– Aquí, es donde te entrego el relevo oficial.

– Estoy seguro de que a ella le gustaría que te quedaras.

– Deberíais estar vosotros dos solos ahora. Bueno, antes de que seáis tres. – dijo Ginny con una sonrisa – Esperaré con el equipo. Maldita sea, toda la flota está esperando. Buena suerte, Malfoy. Merlín sabe que ambos os lo merecéis. – con ojos brillantes, lo abrazó, sin importarle que fuera incómodo, rígido y no correspondido – Gracias por traerlos de vuelta. Gracias por todo lo que hiciste por mantener segura la flota. No sé qué habría hecho si… yo… – levantó la barbilla para mirarlo, preguntándose si podría ver algo de lo que Hermione lograba ver en él – Simplemente, gracias.

Draco observó a Ginny Weasley alejarse. Respiró lenta y profundamente y, entonces, abrió las puertas.

Al darse cuenta de su llegada a la sala de partos, la medimaga inmediatamente le entregó una bata y unos guantes. Una vez preparado, apartó las pantallas junto a la cama con los codos y se dirigió hacia Hermione.

Ella lo miró como si fuera la personificación del alivio del dolor. A diferencia de la flota, su comunicación dejaba mucho que desear. Draco no le dijo ni una sola palabra, ni ella a él.

– Su presión arterial parece baja. – declaró, logrando transmitir, de alguna manera, su desprecio por las capacidades profesionales de Rhona en una simple frase – ¿Qué analgésico le has administrado?

Rhona estaba totalmente ocupada asistiendo el parto.

– ¡Quizás un par de palabras suaves serían de más utilidad en este momento!

Draco le dirigió una mirada que habría marchitado a cualquiera.

– ¿Va muy avanzado?

– Si quieres ponerte aquí, joven, ¡estás a punto de verlo por ti mismo! ¡Oh, bien hecho, muchacha, sigue empujando!

Draco se situó junto a Rhona, su rostro no registraba ninguna otra emoción aparte de preocupación clínica.

– ¡Un fuerte empujón, Hermione, eso es! ¡Puedo ver la cabeza! – Rhona se volvió hacia la medimaga – Trae un espejo para que pueda echar un vistazo. – colocando el espejo en la zona correcta, Hermione levantó la cabeza para ver el proceso por sí misma – ¡La cabeza ya ha salido! Deja de empujar un momento, querida. Haz pequeñas respiraciones rápidas antes de la siguiente contracción. ¡Eso es!

Siempre como alumna estelar, Hermione hizo exactamente lo que se le ordenó. Rhona miró a Draco, que era de un tono tan pálido que pocas veces se veía.

– Ten cuidado de no desmayarte sobre el equipo esterilizado.

– Señora, tengo formación médica, no me desmayo.

– Si me permite la indiscreción, parece que hasta el aleteo de un mosquito podría noquearlo. Y por dios, ¿a cuantos niños has ayudado a dar a luz?

– Tres. – pero había algo en su voz que hizo que los ojos de Rhona se entrecerraran – Potros. – aclaró tardíamente.

La comadrona soltó una carcajada. Fue un sonido extraño, dado el contexto. Le hizo una pequeña seña a su ayudante para que le pasara a Draco una pequeña manta precalentada.

– Estate preparado, muchacho.

El cuerpo entero de Hermione se tensó cuando llegó la siguiente contracción.

– Hermione, – dijo Rhona, con voz tranquila y clara como una campanilla – ahora vamos a pasar los hombros, ¿de acuerdo? Ya casi hemos terminado.

No estaba claro si Hermione la había escuchado o no. Sin embargo, cerró los ojos con fuerza y empujó con vigor. Los hombros del bebé salieron, seguido del resto del cuerpecito.

Le entregaron a Draco unas tijeras y una pinza hemostática, quien miró los instrumentos en silencio por un momento, antes de lograr encontrar su propia voz.

– ¿Podemos darles unos minutos antes de cortar el cordón? – preguntó con voz ronca.

– Claro. – aceptó Rhona. Al ver que él no sabía qué hacer con la manta, la tomó de sus manos flojas y envolvió suavemente al bebé.

Entonces, se escuchó un fuerte y tranquilizador lamento. Sonriendo y arrullándolo, Rhona le limpió la carita, la nariz y la diminuta boca, antes de entregárselo al padre. Las siguientes instrucciones fueron con más suavidad.

– ¿Por qué no le presentas a tu hijo a su madre mientras la limpiamos un poco? Es un buen muchacho. – no tenía claro a qué "muchacho" se refería.

Draco trataba al bebé como si estuviera hecho del cristal mas frágil. Llevó a su hijo hasta Hermione, colocándolo en sus brazos. Seguidamente, apartó los bordes de la manta para que ambos pudieran ver mejor al niño que había decidido llegar después de uno de los días más difíciles y agitados.

– Dios. – dijo Hermione, mirando con asombro la pequeña y rosada cara. Desvió la mirada a Draco con los ojos muy abiertos – Oh Dios mío.

– Sí. – fue todo lo que Draco pudo decir. Y entonces, se desmayó, por segunda vez en su vida.


Primero que nada, ¡FELIZ AÑO 2021! ¡A tomar por culo 2020 YA, JODER!

Segundo, os recomiendo repasar la historia para no perder el hilo y retomarla.

Tercero, Rizzle actualizó hace poco por lo que todavía tengo un capítulo más (primera parte del epilogo) que subiré en cuanto lo acabe de traducir.

Cuarto, esperemos que no tarde tanto en volver a actualizar y podamos concluir esta increíble historia en este 2021. Que con lo del COVID viene de perlas :P

¡UN BESO A TODOS!