Relax...si ya le bajo a los drabbles (?).

Si Zelda fuera mío...sabríamos qué pasó con Zelda al final de OoT.

Este fic participa del reto: "Drabbles, drabbles y más drabbles" del foro Multifandom is the new Black.

¡Disfruten!


La mirada que calló mis palabras

El día que sucedió el encuentro, Link tan solo era un niñito de diez años, porte bajo, de buen corazón y con únicamente dos guías que estaban encargándose de hacerlo cumplir su destino: Navi, y las palabras del árbol Deku, pasito a pasito, a medida que avanzaba por la pradera de Hyrule, mientras los árboles del bosque en donde había pasado toda su vida se hacían un puntito verde a la distancia, pero eso había sido mucho antes de llegar al castillo y verla a ella.

La muchacha que tenía al frente parecía abstraída, y por esos instantes en los que únicamente pudo verle la espalda, Link solo podía imaginar cómo sería el rostro de la llamada princesa Zelda, si era tan bonita como había escuchado en la ciudadela, si sus ojos reflejaban el mismo futuro que había visto en sueños, o si la verdad se encontraba en ellos. Había escuchado tantas cosas de ella, y a pesar de todo no podía creerse mucho de lo que hablaban de la tal princesa, de esa chiquilla de su mismo porte y de aspecto frágil, así como él mismo; tan solo eran unos niños, niños con grandes destinos sobre los hombros.

Y entonces ella se dio la vuelta. Link vio caer sus expectativas en ese instante, la palabras que tenía pensadas para una situación como ésa y había pensado por tanto rato se le quedaron en la garganta, y a partir de ese momento no pudo hacer nada más que mirarla, pero por suerte, Zelda si tenía gracia para el habla.

Zelda no era bonita, esa palabra era muy pequeña, ella era fuerte y sus ojos demandaban atención. Mirarla era como despertar, así Link lo determinó con solo un vistazo, y así lo seguiría creyendo durante años y años.

Link nunca podría olvidar esa vez, ni las que siguieron después de esa ocasión: cuando Zelda huyó de la ciudadela junto a Impa y le entregó una mirada que, pese al miedo, reflejaba determinación y confianza, cuando el azul de su mirada cristalina fue reemplazado por el ese rojo que ardía con las mismas ansias de recuperar a su pueblo, cuando reveló su identidad, cuando la rescató de Ganondorf, durante la batalla, y así montones de veces. Zelda, sin importar cuantas emociones sintiera, siempre se le hacía fuerte, digna, regia como solo ella, sabia gracias a los vastos conocimientos que la experiencia le había otorgado, reflejados en su mirada.

Link nunca podría olvidar ese último vistazo, tras aquella despedida que aunque escueta en palabras, tantas emociones le había transmitido con los ojos, mientras las notas de la canción del tiempo resonaban en el aire.