Buen día lectores ¡Tenía un rato sin presentar un nuevo trabajo! He decidido esperar avanzar lo suficiente para traer historias diversas. ¡Tengo muchas en mente!

Esta es la primera de varias, lleva por nombre Decaos. (Agradecimiento a Victoria Guerra). La historia es un AU de Haikyuu donde todos los personajes son mayores de edad y con profesiones diversas. Está inspirada en la película Chronicles, una de mis grandes favoritas, y curiosamente después de esta historia vi cierto anime en emisión que tiene un concepto similar, al final he aprendido mucho de el pero ¡Debo decir que fue coincidente!.

En fin, espero que sea de su agrado. Son cinco capítulos de la primer temporada, por así decirlo. La segunda tendrá otros cinco capítulos y así hasta donde nos alcance. ¡Me esmeraré! Buen día.

Disfrútenlo


Mi vida nunca fue tan buena, de hecho es una convergencia de fenómenos catastróficos que pasaron de comunes, a poco comunes y después rozando lo increíble.

Mientras me levantaba de aquel suelo calcinado entre sus rojos, oscuros y pequeñas chispas que se elevaban al cielo, pude vislumbrar en este un montón de figuras que danzaban inteligentes cuan hadas nocturnas, unas hadas a las que siempre temería. Ya no había paredes, no había un techo donde existía, los arboles que había sembrado yacían aplanados como si una huella gigante les hubiese pisado como vil ramitas en el césped. Mi vida nunca fue perfecta, pero ahora es peor que nunca.

DECAOS

(Por Yisuscraist of Yaoi)

Cuando abrió los orbes en medio de esa habitación fría el desconcierto arribó de golpe. Su primer pensamiento fue que le dolían las plantas de los pies y la cabeza le punzaba, que la luz era muy fuerte y la garganta le raspaba. El azabache se sentó sobre la cama, la intravenosa en su brazo le produjo escalofríos, las maquinas que hacían un sonido constante de pitidos le inundaban los oídos junto con los parloteos y taconeos de gente que caminaban fuera de la habitación. La pequeña ventana del cuarto mostraba una ciudad extensa aunque callada por, posiblemente, el grosor del mismo vidrio. Parpadeó un par de veces, calmo intentó hacer memoria del porque estaba ahí pero tenia un bloqueo mental que le llevaba a pensar que su ultima acción había sido tomar algo de la nevera poco después de la media noche.

Por la puerta de la habitación entró una enfermera que venia demasiado atenta a un expediente en mano pues, cuando alzó la vista y miró al chico despierto, pareció empalidecer y retroceder rápidamente hasta volver por el pasillo y llamar a gritos a un médico. El azabache se confundió más aun con la actitud de la mujer hasta que después de un rato un doctor de cabellera clara, más no tanto como la nieve, entró al lugar parpadeando con sorpresa.

—Wow, de verdad ha despertado…—comentó yendo hacia donde el chico que no le quitaba la vista de encima.

El azabache le analizó, esos orbes dorados, ese lunar bajo uno de ellos, la bata blanca y camisa pulcra, un gafette que decía "Sugawara K." y la frescura que emanaba.

—Revisaré tus reflejos, será muy rápido —dijo sacando una pequeña lamparita de su bolsillo —¿Como te sientes?—le cuestionó mientras colocaba la luz rápidamente en los orbes del otro haciendo dilatar sus pupilas asegurándose de que estuviese bien y no hubiera daño cerebral.

—Cansado, ¿Que ocurrió?—el doctor le pidió mover alguna extremidad y el azabache realizó la acción con sus manos.

—Es una historia larga pero al menos corriste con suerte —revisó su pulso, su respiración y el suero que lo conectaba—estuviste dormido mucho tiempo…

—¿Dormido?—el doctor vaciló y terminó por corregirse.

—En coma, aunque parecías más bien dormir.

—¿Que fue lo que me ocurrió? ¿Hace cuanto tiempo que yo…—el hombre le detuvo invitándole a recostarse.

—En un momento más aclararán todo, mientras tanto hay que agradecer que despertaste y que estás bien.—tras esas palabras el medico salió de la habitación dejando con aun mayor desconcierto al joven.

Frente a su cama había una tableta de notas donde enmarcaba su diagnóstico. Solo tenía quemaduras en la planta de los pies, sin embargo había caído en estado de coma desde hacía tres semanas. Su edad era de 19 años, la fecha de nacimiento era un 5 de Diciembre.

Su nombre, Akaashi Keiji.

Mientras resignado volvía a recostarse sobre la cama y a vislumbrar por la ventana intentó hacer memoria nuevamente de lo ocurrido más no había nada ahí, solo la punzada en su cabeza y el ardor de sus pies los cuales estaban vendados. Suspiró, no supo cuanto tiempo pasó en la misma lamentable posición pero el sol no se había movido de lugar cuando la puerta sonó con un par de golpes. Akaashi dirigió su vista a la misma y por ella apareció un hombre de peinado peculiar, pantalón oscuro, camisa blanca arremangada y expresión temeraria.

—¿Puedo pasar?—Akaashi asintió, el hombre se mostró totalmente, su altura no era tan imponente como su mirada pero su andar era seguro lo que le daba cierto aire autoritario —Soy el oficial Iwaizumi Hajime, del departamento de Investigación y Justicia. —dijo extrayendo de su bolsillo una libreta— ¿Está en disposición de cooperar con el estado?

—¿Me hará un interrogatorio?

—Solo deseamos saber todo lo que sabe —Akaashi alzó los hombros con desdén.

—No se nada…

—Inclusive dime lo que no sepas —aquella frase tan ambigua dejó pensando a Akaashi, supuso que la mejor manera de evitarse un largo interrogatorio era ser directo y contar lo último que recordaba.

—Pasaban las doce de la media noche, más exactamente las doce con treinta y seis minutos —vino a si mente el reloj de su habitación, ese que brillaba en la oscuridad—no había merendado nada y decidí ir al refrigerador a buscar algo de leche y comer un poco de pan de melón que había comprado esa mañana en la estación. Recuerdo haber tomado la leche pero no el pan de melón…

—Umh…—Iwa le miró con desaprobación, casi como si ese dato hubiese sido importante o como si en realidad nada de la información que el azabache le daba era relevante.—¿Recuerdas el olor a gas? ¿La explosión?

—¿Explosión?—parpadeó con duda, con miedo.

—Escucha, aparentemente algo ocurrió, suponemos que fue una explosión de un tanque de gas por el tamaño del incidente pero no hemos encontrado pruebas y solo nos faltaba obtener información de ti pero creo que terminaremos con más preguntas que respuestas —guardó su libreta y su pluma en el bolsillo algo frustrado.

—Mi casa…—susurró, Iwa bajó los hombros.

—Escucha, lo que sea que pasara lo descubriremos, el gobierno te apoyará, la prensa tal vez te hará un par de preguntas ¡Hace unas semanas eras el chico milagro! Sobreviviste de algo que nadie sobreviviría —dijo intentando motivarlo pero Akaashi solo sentía sus manos temblar.

—¿Semanas? ¿Cuánto tiempo estuve así?...—Iwa sabía que era su deber mantenerle al tanto de todo, era esta una de las partes duras de su trabajo.

—Tres semanas —Akaashi detuvo su temblor, apretó los labios y bajó la vista observándose las palmas.

Había perdido tres semanas de su vida por culpa de algo que no tenía idea que era pero que, según las teorías del oficial, podía tratarse de algo ocurrido por su propio descuido. Ahora su casa debía estar en partes, esperaba que aun hubiera algo rescatable, deseaba no tener que lidiar con la prensa y seguir con ese bajo perfil que siempre amó tener pero sobre todo deseaba estar fuera de ese hospital e intentar retomar su aburrida, por mala que fuese era mejor que todo lo que ahora tenía.

Y pensar que las cosas no podrían ponerse peor sería subestimar su fortuna.

Apenas un día más tarde y en vista de que no tenía secuelas le permitieron salir del hospital usando una silla de ruedas algo vieja que un donante había dejado ya que sus pies seguían heridos como para caminar. En el lobbie principal, ese un poco más cálido que la gélida habitación donde dormía, el oficial que le había visitado un día antes esperaba de pie mientras revisaba su móvil con la mano libre en el bolsillo y ese porte misterioso por el cual la gente rehuía la mirada y los niños le observaban misterioso.

El joven alzó la vista, observó a Akaashi y guardando el móvil se dirigió a donde él agradeciendo a la enfermera que llevaba la silla de ruedas.

—Parece que me haré cargo por hoy de ti—dijo Iwaizumi tomando el mando de la silla y cuidadoso llevándolo fuera del hospital —¿Te dieron todas tus pertenencias?

—Solo ropa, que no es mía, y esta silla —comentó como si no fuera importante— parece que no traía nada conmigo…

—Bueno, eso es lamentable —susurró Iwaizumi pero pronto cambió de tema—y bien ¿Quieres ir a comer? ¿Qué tal algo de comida rápida? Yo invito…

—Me gustaría ir a casa…—el oficial detuvo la silla apenas un par de metros antes de llegar a la patrulla.

—No creo que sea prudente…

—Espero lo peor, por ello no se preocupe, solo quiero verlo con mis propios ojos y digerirlo—Iwaizumi tomó un poco de aire y aceptó la idea del azabache llevándolo hasta donde la patrulla y ayudándole a subir sin lastimar sus pies. Según el doctor dentro de poco sus quemaduras quedarían sanadas y podría caminar con normalidad, no se habían afectado nervios ni tenía alguna lesión grave.

Mientras tomaban camino Akaashi iba memorizando las indicaciones del médico, los medicamentos que debía de tomar para sobrellevar las posibles punzadas de las heridas cicatrizando, las revisiones de los reflejos y las fechas de consultas por si, en caso de sentir alguna anomalía o síntoma extraño, se llegasen a presentar secuelas.

Comprendía, pues, que su caso era algo extraño e inexplicable para el hospital pero agradeció que le tratasen como un paciente común y no como el fenómeno sobreviviente a una explosión que era.

El camino a casa era algo retirado de la ciudad, las calles pavimentadas y los comercios se volvían caminos de terrecería y arboles que escondían tras ellos algunos fraccionamientos elegantes de gente que podía pagar el precio de la comodidad y la privacidad. Más adelante ya había una zona humilde pero entre todas las casas de madera y los camper viejos había un camino serpentino que daba a una especie de colina. Ahí, tras la cerca de madera de escaso un metro de altura, se encontraba una hermosa casa de dos plantas muy estilo oriental aunque algo descuidada con un agradable jardín y un color caoba que le daba aspecto a ser construida con madera americana pero solo se trataba de la fachada. Esa casa, de la que algunos hablaban, ahora ya no existía.

Akaashi abrió los ojos con sorpresa ante la escena que se mostraba. Apenas se detuvo la patrulla intentó bajar quejándose del dolor de sus pies pero volviéndose a levantar como cordero recién nacido intentando subir hasta ese lugar que ahora no se trataba más que de un terreno vacío, totalmente barrido. El piso tenia un color oscuro, ni siquiera las plantas o el césped estaban presentes, ni una pared, ni un mueble, el lugar estaba desolado.

Akaashi cayó de rodillas y apretó a puñados la tierra del lugar mientras sus orbes se volvían cristalinos aunque incapaz de emitir lagrima alguna. Contuvo el aire un momento, visualizó cada pieza, cada rincón de aquel lugar que con esfuerzo había creado, su lugar especial lejos del mundo, lejos del ruido ahora reducido a la nada. La mano del oficial Iwaizumi le hizo levantar la vista y con una indicación le invitó a volver a la silla de ruedas que durante ese momento había bajado del vehículo y llevado hasta el punto donde Akaashi estaba.

El pelinegro se mantuvo un par de segundos más ahí y apoyado por el oficial volvió a sentarse en la silla dando un vistazo a su alrededor. Algunos arboles de la zona parecían haber sido arrancados de raíz y ahora solo quedaban pequeñas ramas, seguramente había sido limpiada durante esas semanas.

—¿Ustedes limpiaron los escombros?—preguntó, Iwaizumi asintió mientras metía las manos en sus bolsillos y buscaba un cigarro que posteriormente colocó en sus labios. Lo encendió, aspiró un poco del humo y dejó que este le relajase, después de todo dentro de la oficina y menos el hospital podía darse ese lujo así que aprovechando el campo traviesa y sus ansias que lo pedían se dio el lujo.

—Parecía haber sido aplastado... pero no tienes que preocuparte, aun cuando tu hogar no estaba asegurado este terreno aun te pertenece —buscó dentro de su saco un pequeño papel doblado y se lo entregó— mientras tanto hay unos refugios y comedores para personas de bajos recursos, no es un hotel de cinco estrellas pero te ayudará a empezar de nuevo.

Akaashi tomó el papel, Iwaizumi prometió llevarle después si aceptaba quedarse en ese lugar aunque siendo sinceros era la mejor opción. El azabache no tenía un gran trabajo, era un empleado de almacén de un centro comercial. Se mantenía oculto en aquel sitio haciendo inventariado y moviendo algunos artículos no muy pesados, revisando precios y cantidades junto a una gran población de empleados que se especializaban en cada una de las secciones de la tienda. Akaashi, junto a otros tres jóvenes con los que apenas y hablaba, estaban a cargo del área de artículos de limpieza por lo que constantemente debían estar moviendo y abasteciendo los estantes durante horas donde la clientela bajaba. Akaashi pensó que después de tres semanas de faltar y pese a tener permiso medico no podría volver con sus pies lastimados y que, siendo sinceros, tal vez lo único bueno de toda la desgracia era eso que dijo el oficial.

Empezar de nuevo.

No tenia absolutamente nada, solo su terreno vacío, un dolor punzante en las plantas de los pies, el caos de su sien, mucha hambre y un montón de dudas; por lo menos la penúltima de sus quejas fue atendida y aceptando la ayuda de la comunidad y del oficial fue hacia los comedores gratuitos. Ahí la gente humilde se reunía para ingerir un módico alimento que era parte del donativo voluntario de otras personas.

—Podías haber elegido comer en otro lugar, yo invitaba—comentó Iwaizumi llevando la silla.

—No, en realidad quería saber de que trataba esto…—y si, su curiosidad era grande pero a estas alturas ya no podía huir o negarse. El comedor tenía una serie de mesas en hilera, algunos vagabundos, mujeres con bebés en brazo se disponían a comer una especie de pasta con panes, un par de verduras picadas y una chocolatada caliente. Iwaizumi se negó a la comida, después de todo era para los mas necesitados, por su parte Akaashi aceptó el alimento y le miró con algo de desconfianza.

—En el edificio de a lado hay una especie de bodega que ha sido adaptada como dormitorio para la gente sin hogar, por el momento es todo lo que podemos hacer por ti. Sin un seguro es complicado apoyarte pero de igual forma—dijo mientras escribía algunos datos en un papel—si necesitas ayuda no dudes en buscarme. —le entregó el papel al confuso joven.

—¿Es parte de su trabajo como oficial hacer esto?

—Para nada, digamos que …yo también se lo que es perderlo todo—se levantó del asiento para cederlo a otro hombre que recién había llegado con su bandeja —debo volver al trabajo, tal vez te esté buscando pronto, por si hay más información de lo ocurrido.

—Bien…—fue su única respuesta acompañada de un agradecimiento entrecortado y una despedida sin chiste.

Akaashi olvidó preguntar un montón de cosas, desde que debería hacer con esas ropas que no eran suyas o con la silla de ruedas que tampoco sabia de donde provenía hasta cuestionarse que sería de él, ¿Que se supone que debería hacer ahora? ¿Pedir limosnas? ¿Robar? ¿Cómo iba a sobrevivir? Lo importante ese día era mantenerse bien, encontrar un rincón donde dormir entre los vagabundos y al día siguiente buscaría algo que hacer de su vida.

—Oye, amigo ¿Te comerás eso?—dijo un hombre barbudo con manos ásperas y ampolladas, parpados caídos, bolsas en los ojos y aspecto deplorable señalando un trozo de tomate resegado de su plato. Akaashi negó tomando con el cubierto aquel pedazo y dejándolo en el plato del sujeto quien agradeció su amabilidad.

Akaashi volteó la vista a un televisor pequeño que se encontraba en ese lugar, supuso que el mismo servía para los mismos trabajadores de cocina del lugar, estar ahí todo el día atendiendo a las humildes personas no debía ser el trabajo mas entretenido por lo que mientras esperaban que más y más llegasen algunos se agrupaban cercanos al televisor a ver las noticias. El azabache puso atención a las imágenes, eran un noticiero donde hablaban de un partido de béisbol cardíaco y le causó curiosidad la emoción del comentarista eufórico ante ese momento en que los jugadores estaban en la novena entrada, era el punto cúspide y decisivo, apenas sonó el batazo y el grito de gloria de la gente no se hizo esperar, había un home run digno de grabar en los corazones de los aficionados.

—Amigo, ojalá vivamos algo así, que la gente te alabe y apoye es como el agua a las plantas, tan necesario …espero no morir sin escuchar a la gente gritar mi nombre, ¡Nekomata! ¡Nekomata!—decía el viejo algo fuera de si, Akaashi supuso que la cordura había abandonado a ese pobre sujeto y prefirió no hacer comentario para volver al televisor donde ahora un entrevistador hablaba con una mujer de exuberantes pechos, maquillaje exagerado y cabello largo.

"—Se lo digo, un montón de luces había por ahí y por allá—decía señalando el cielo en varias direcciones—no eran estrellas porque se movían, le puede preguntar a cualquier vecino.

—Como pueden ver los vecinos reportaron estos avistamientos que…"

El de ojos verde pizarra dejó de poner atención, se sentía tan cansado de ello, de repente solo sintió deseos de dormir aunque la tarde apenas caía. Agradeció los alimentos y con dificultad empezó a mover las ruedas de la silla, no podría acostumbrarse a usar sus brazos para arrastrar la misma impulsándose para llevar su peso. Llegó hasta el lugar donde muchos hombres sin hogar empezaban a hacer tendidos en el suelo, una mujer le dio una frondosa cobija a Akaashi colocándola en sus piernas y le sonrió con dulzura, el azabache agradeció mientras se abría paso entre los hombres hasta llegar a un rincón.

Observó por largo rato lo que todos hacían, como algunos sacaban una pequeña botella metálica y daban un sorbo, supuso que se trataba de alcohol. Otros más se acostaban y charlaban entre si, algunos reían y jugaban cartas mientras otros pocos dormían. Akaashi lanzó como pudo su tendido al suelo y con dificultad colocó sus pies sobre el suelo echándose rápidamente de rodillas por el dolor de la planta de sus pies. Haber intentado caminar cuando sus heridas aun no eran sanadas había seguramente abierto unas de estas pero estuvo tranquilo al notar que en los vendajes no había gran cantidad de sangre. Al día siguiente debería buscar algo de agua, tal vez alcohol etílico y nuevas gasas para curarlas. Se recostó sobre los tendidos, dejó que el sueño le invadiera como si no hubiera dormido durante tres semanas completas.

La mañana arribó con sus luces y su ruido, algunos hombres sin hogar se levantaban de sus tendidos y doblaban las cobijas dejándolas sobre una montaña de los mismos dentro de una caja que el ojiverde en su adormecimiento apenas pudo visualizar. Se sentó sobre su tendido, talló sus orbes y alzó la vista mirando con extrañeza el rincón donde estaba. Giró la vista un par de veces, a un lado y a otro pero no había rastro de su silla de ruedas. Quiso preguntar a la gente que ahí estaba pero se sintió cohibido tanto por las miradas perdidas de los hombres como de sus actitudes. No había un solo encargado que pudiera darle respuestas y algo dificultoso se puso de pie mientras se quejaba del dolor en sus pies. Empezó a caminar tambaleante, errático, mientras un hombre le gritaba que debía doblar su tendido como el resto pero Akaashi no se detuvo, flaqueó una vez pero siguió hacia la salida del lugar donde la luz era más fuerte.

La calle era caótica, nada que ver con los amaneceres de su casa escondida en las afueras. Había ruido, autos, personas yendo de un lado a otro. El azabache empezó a caminar ignorando lo más que podía ese ardor, acomodándose las holgadas ropas y buscando con la mirada algún vagabundo que tuviese su silla de ruedas. ¿Era tan obvio que se la llevarían! Una herramienta así podía ser usada como medio de chantaje para pedir dinero, debío aferrarse a ella y no soltarla pero fue tan descuidado.

Akaashi apenas había dado la vuelta a la calle cuando cayó de rodillas, un niño le señalaba mientras su mamá tiraba de él para que se alejara del ojiverde quien solo mantuvo la mirada baja sujetándose de una barandilla, estando sobre sus rodillas impotente de esa nueva vida que tenía. Sus vendajes tenían ya las primeras manchas carmesí, sentía que un paso más y sus heridas se abrirían totalmente Cuando intentó ponerse de pie nuevamente una mano le sostuvo, alzó la vista y se encontró con unos orbes dorados, unas cejas curiosas y un peinado aun más raro.

—¿Te encuentras bien?—Akaashi asintió pese a no estarlo y pronto volvió a quejarse del dolor. El hombre observó los pies del chico y le dio la espalda inclinándose hacia el suelo invitándole a subirse a su espalda —anda…

—No es necesario, yo puedo…

—Vamos, Akaashi…—el azabache se sorprendió de que el chico supiera su nombre—te he estado buscando y seguro tienes muchas preguntas asi que sube…—el ojiverde dudó y algo avergonzado de que la gente lo viera coló sus brazos por los hombros firmes del joven permitiendo que los brazos del mismo le sujetaran las piernas y con facilidad cargarle, como si no pesara nada.

—¿Nos conocemos?—susurró, en ese momento se dio cuenta que fue torpe por aceptar pues tal vez aquel era un hombre con malas intensiones.

—Algo así, no me recordarías aunque quisieras pero yo…he estado cuidando de ti. —dijo con una sonrisa ladina— Por cierto, ¿Dónde quedó tu silla de ruedas?

—…ya no estaba, por la mañana—susurró cabizbajo y se sintió un poco mal por ello ya que tal vez era una pertenecía de ese sujeto.

—Bueno, ya era bastante vieja —hablaba con voz clara, alegre. Parecía una persona jovial y nada exhausta pese a durar un rato llevándole.

—¿A dónde vamos?—el hombre sonrió ladino y miró hacia el frente un café de aspecto agradable, familiar, que era la base de un edificio construido en ladrillo rojo, con aspecto europeo.

Entraron al lugar, la campanilla tintineó y un saludo detrás de la barra no se hizo esperar.

—Bokuto, tardaste…—dijo el sujeto rubio, un poco más bajo y de tez ligeramente morena. El de cabellos bicolor le saludó, su nombre era Konoha quien rápidamente les invitó a sentarse en una de las mesas cercanas de aquel vacío lugar—¿Qué van a desayunar? Hoy hice unos panqueques rellenos, muy buenos —dijo dirigiéndose a la cocina.

—Oh, eso está bien—dijo emocionado—¿Te gustan los panqueques?—preguntó a Akaashi quien se acomodaba en el cómodo sillón de tapiz rojizo. Este solo asintió tímido ante la pregunta y también cuando le cuestionaron sobre el café. Tampoco estaba en posición de exigir y solo se removió cohibido ante la amabilidad del par—Konoha es dueño de este lugar, aunque es japonés se crió en Francia y estudió algo sobre cocina—le restó interés mientras el molesto rubio le corregía diciendo que era Gastronomía.

—Aun no se tu nombre…—comentó, el ojidorado abrió sus ojos con sorpresa y se disculpó por no presentarse.

—Soy Bokuto Koutaro, bombero local —extendió su mano al otro con una sonrisa enternecedora en forma de 'v'. —Tal vez te preguntas como te conozco, ese día del incidente yo te saqué inconciente de ese lugar —agradeció a Konoha quien había dejado las dos tazas de café y un plato de panqueques recién horneados.—Todo fue super extraño—expresó con sorpresa, casi como si aun estuviera frente a ese momento, ese instante—era como si hubieran barrido con todo, no había fuego pero se sentía un calor terrible y apenas en un instante estoy…seguro de que vi algo que los rodeaba a ti y al otro chico…

—¿Otro chico?—Akaashi detuvo su intento de dar un trago al café, Bokuto asintió.

—¿No lo recuerdas? Habia otro chico, pensé que lo conocías y…—Konoha llamó a Bokuto desde la cocina, pareciera que la maquina de expresso se había atascado de nuevo haciendo un lío—espera un momento, iré a ayudarlo.

Así se levantó de la mesa dejando a un desconcertado Akaashi que intentaba recordar a quien se refería Bokuto. Miró al amplio ventanal, ese que daba a la calle concurrida, mientras sus orbes se inundaban de las memorias.

"—¿Qué haces en este sitio?"

"—¡Esto será fenomenal!, ¡Sin precedentes!"

"—¿Quién rayos eres?"

Una sonrisa ladina se hizo presente mientras la cabeza empezaba a punzarle y en el ultimo momento, en sus recuerdos, veía al chico perderse dentro de una radiante luz blanca que iluminaba todo el jardín trasero, entonces todo se volvió oscuridad de golpe. Akaashi se tocó la frente victima de un dolor punzante mientras la cuchara del café paraba de moverse…


Mañana sin falta subiré el capitulo numero 2 y me iré lo más rápido que pueda hasta llegar al 5. ¡Espero que les gustara! ¿De que irá tanto misterio? Hasta el próximo cap.

-Yisus