Tardé un poco más de lo planeado porque mi compu hizo cabum! pero aquí está la quinta parte de la primer entrega de Decaos.

La segunda temporada empezará el próximo mes, ya está en proceso y estoy poniendo todo mi esfuerzo.

Espero que disfrutaran de esta entrega y veremos más historias y más caos en la siguiente.

Disfruten el cap!


Algo le producía una mala corazonada, una sensación amarga y pesada en el pecho que le impedía respirar con tranquilidad mientras veía al de cabello bicolor empacar algunas cuantas pertenencias, ropa, papeles importantes y demás. Akaashi se sentó en la orilla de la cama que apenas y alcanzaron a compartir un par de veces y soltó los brazos como si dejase fluir la tensión hasta el suelo. Bokuto dejó lo que hacía, se sentó a su lado y lo rodeó con un brazo apegandolo a él, besándole la coronilla, intentando transmitirle confianza. Akaashi sonrió de una forma tan falsa que en vez de risa daba pena y terminó por ayudar a guardar algunas cosas más. Ante Konoha se excusaron diciendo que tomarían unas vacaciones y pronto volverían.

—Eso es muy repentino ¿Seguro que todo está bien?—cuestionó con desconfianza. Bokuto soltó una risa, palmeó su hombro y lejos de Akaashi decidió mentir pícaramente.

—Necesitamos algo de privacidad para atender unas cosas…

—Ugh, por favor, no me digas más… me hace recordar que estoy solo y me duele ¿Sabes?—le palmeó el pecho y les echó a ambos deseándoles suerte.

Subieron las valijas al auto, Akaashi tomó el asiento del copiloto y cerró los ojos mientras Bokuto indicaba lo obvio, ya era hora de partir.

Tomaron camino entre las ajetreadas calles mientras Akaashi depresivo entrecerraba los orbes rememorando cosas que tal vez no venían al caso recordar: la muerte de su padre, la forma en que su madre escapó de él…de alguna forma ambos eventos produjeron en él esa idea nada positiva de que no podría ayudar a otros, aun cuando Bokuto le estuviese salvando tenía muy sembrada con gigantesca raíz el rencor, los días en que silencioso lloró en esa enorme y solitaria casa, Akaashi conoció el amor, la calidez y los besos pero aun en su interior seguía siendo ese niño que tenía miedo, que necesitaba de mamá pero que mamá no lo quería a él.

Pasaron a lado del sendero que daba a casa, ese camino empedrado y serpenteante por el que muchas veces corría escapando de los niños que buscaban molestarle de vez en cuando. Al menos una o dos veces al mes Akaashi volvía jadeando a casa y se escondía bajo la cama, al menos ahí nadie le buscaría. Agradecía tontamente no ser Komi, ese niño de su clase al que si molestaban a diario, ese al que por hablarle una sola vez intentando que dejase de llorar había convertido de él un blanco para los abusivos, uno esporádico y no continuo pero a fin de cuentas existente. Akaashi no pudo defender más de Komi, por que tener problemas con otros no era algo que le interesara, el bajo perfil siempre fue la mejor opción.

Ese chico de baja estatura dejó de ir a la escuela un día, nunca supo la razón pero los tipos que le molestaban habían sido expulsados. Akaashi recuerda que desde ese día no volvió a correr por el sendero.

Varios metros más adelante las calles pavimentadas dejaron de existir dando paso a una carretera uniforme creada por el frecuente paso de vehículos. Akaashi movió los hombros tenso y dudoso se aproximó a Bokuto recargando su mejilla en el hombro ajeno intentando capturar el momento, disfrutando el instante de paz, el aroma a lavanda, la suavidad de su ropa, el movimiento de su cuerpo con cada respiración, ese instante que pronto se disolvía.

—Akaashi…mantén la calma…—susurró su voz, esa frase que no podría tomar en cuenta cuando más adelante viera un bloqueo de agentes vestidos con un uniforme inusual. En medio de todos estaba ese sujeto conocido de cabellos oscuros. Bokuto detuvo el auto, Akaashi se incorporó.

—Akaashi Keiji, bajo las nuevas leyes que fueron estipuladas dentro del articulo cincuenta y siete y cincuenta y ocho usted a sido declarado ser de potencial peligro al no aceptar el control y supervisión del gobierno ni dar apoyo con sus habilidades al pueblo—decía Kuroo con un altavoz—aun tienes una oportunidad, no seas el enemigo de las personas, no dejes que te vean como un peligro.

Bokuto buscó la mano de Akaashi y la entrelazó, él no era ningún peligro solo quería una vida tranquila ¿Había pecado en ello? Solo no quería ser parte de ese movimiento, Akaashi apretó una vez el agarre de aquella mano y después le soltó, Bokuto intentó detenerlo pero el azabache había bajado del auto caminando hacia donde Kuroo le observaba con sonrisa ladina. Detrás de él los oficiales estaban atentos, sus camisas tenían bordado aquel inusual logo.

—Kuroo Tetsurou ¿Cierto? —buscó confirmar la identidad del otro de nueva cuenta—se la magnitud de lo que me pide, salvar a otros, sacrificar mi identidad por proteger a personas que tal vez me den la espalda…—baja la mirada y recuerda a Bokuto por un instante—si me diera a elegir entre salvar a todo el mundo sacrificando mi vida e integridad contra pasar un día más junto a la persona que amo….yo definitivamente no podría aceptar su propuesta…quiero una vida tranquila, no quiero estos poderes ¿Es mucho pedir?

—No podemos dejarte ir si es lo que pides…es algo que justo ahora no podrías comprender, ni tu ni tu pareja pero…

—Kuroo-san…. —un inusual viento sopla, todos se ponen en guardia mientras los autos tras de ellos, sin que lo noten empiezan a elevarse. Apenas un oficial al notar las sombras gira la vista y ve flotar a unos metros los autos despejando la carretera y siendo lanzados lejos captando al fin la atención de todos.

—Akaashi, no lo hagas de esta manera. —el azabache más bajo estira la mano hacia Kuroo, sus ojos brillan de forma extraña, Kuroo sabe que ha empezado a perder el control mientras algunas piedras se alzan. Bokuto para esas alturas sale del auto e intenta hacerlo reaccionar tomándole de las mejillas, llamándole.

—¡Akaashi! ¡Akaashi! Calma…—Kuroo llama por la radio mientras los oficiales temerosos retroceden al ver como hasta los arboles de la cercanía son arrancados de raíz, la mirada furiosa de un hombre cuyo deseo a sido quebrantado, los gritos de alguien que lo ata a una realidad mucho más noble, mas pacifica. Akaashi puede escuchar en el ultimo instante como si su madre le llamase "Esfuérzate mucho, Keiji" y repentinamente se siente débil, todo cae de vuelta al suelo mientras su mirada perturbada observa a Bokuto y se aferra a él.

—Bokuto-san…—susurró su nombre mientras los oficiales se aproximan a orden de Kuroo para cazarlo como animal salvaje, ahora seguro será victima de estudios desalmados, de un experimento del cual pueden sacar provecho.

Victima del miedo sujeta bien a Bokuto y se eleva lejos del alcance de los hombres , le sostiene concentrando su poder para alejarse de ahí volando, intentando estar de nuevo a salvo, adentrándose en la ciudad donde sería difícil encontrarles.

—Vayamos de vuelta a casa…

—Ellos nos buscaran ahí…—dijo el azabache mientras Bokuto miraba el suelo a muchos metros bajo sus pies, entonces Akaashi sintió como su pecho se estrujaba ¿Por qué arrastrarlo a él a eso? Es verdad, quería una vida pacifica pero ¿Podrían realmente estar en calma?

Le llevo hasta la central de bomberos, ahí se albergaron un momento aprovechando que la guardia estaba vacía y se internaron dentro de los vestidores, entre los lockers donde su pareja solía prepararse para salvar a las personas. Bokuto era noble, siempre predispuesto a ayudar a otros ¿Por qué no podía librarse del miedo y ser así?

—Akaashi…—rozó la mano ajena con la yema de los dedos sin tocar, sin estrecharla siquiera.—me recuerda al juego de las escondidillas, seguro se cansan de buscarnos…—bromeó, tal vez para aligerar el ambiente y aceptando sus bobos intentos sonrió ladino.

—Bokuto-san… tal vez debo huir una larga temporada… estar fuera hasta que todo pase, hasta que se olviden de mi… o hasta que este poder deje mi cuerpo y ya no tengan excusa para usarme….—apretó el puño, Bokuto se negó.

—Iré contigo ¿Crees que ellos no me buscarán a mi aunque te fueras? Es decir, obvio que van a ir a donde yo…

—Usted puede decir que lo he dejado, que me he ido para siempre…—exhaló cansado—cuando las cosas se pusieron peligrosas, desde que sentí esta amenaza pensé en hacerlo pero…¡No puedo! Usted es la única persona en el mundo que me ha visto de esa manera, que me ha salvado de mi mismo…¿Cómo podría romperle el corazón a alguien así?

—Bueno, si no quieres hacerlo no te vayas así… —por primera vez vio los orbes dorados humedecerse, Akaashi hizo una seña para salir de ese lugar.

Descendieron hasta el sitio donde las ambulancias estaban estacionadas, tal vez si tomaran una podrían cruzar la ciudad a prisa sin ser detenidos, era el plan perfecto y después podrían abandonar el vehículo en las afueras pues seguro notarían la anomalía y huir entre los bosques hasta la carretera contigua. Estuvieron a punto de subir al vehículo cuando sintió una fuerza hacerle caer de rodillas, como si la gravedad aumentara en ese lugar.

—Bokuto-san…—miró al contrario que luchaba por no estamparse contra el suelo y con fuerza alzó la vista observando como desde la acera caminaba alguien hacia donde ellos. Un traje blanco con detalles en azul rey, un antifaz peculiar cubriéndole parte del rostro y un andar imponente que haría temblar a cualquiera. Llegó hasta donde Akaashi, se puso en cuclillas para estará la altura de su rostro y ladeó la cabeza.— ¿Q…quien eres?

El hombre no contestó, solo liberó al par de su presión haciendo que agotados cayeran al suelo y cuando menos esperó Akaashi el otro le había sujetado de las ropas elevándolo y llevándolo lejos de un Bokuto que gritaba desesperado su nombre. Mientras pasaban flotando entre los edificios Akaashi forcejeaba intentando liberarse del agarre del hombre que lo llevó hasta un punto donde los sorprendidos transeúntes levantaron la mirada gritando su nombre.

—¡Es Mr. Gravity!—exclamaban sorprendidos, aplaudiendo, generando ovaciones mientras él saludaba a todos con una sonrisa. El hombre detuvo su andar flotando frente a una gran pantalla y levantó a Akaashi con lo que parecía un poder similar al del azabache.

—¡Liberame ahora!—no podía soltarse de esa presión y en cambio levantó la vista a la cámara donde reportaban lo ocurrido hacia un momento, la coalición de los autos lanzados fuera de la carretera, el shock de algunos supuestos transeúntes, la descripción de los testigos "Cabello negro, piel clara, ojos verde pizarra". Akaashi dejó de hacer esfuerzo mientras el hombre liberó un poco la presión que ejercía en su propia mano dejado también de apretar la mandíbula. Ahora entendía, había empezado a ser el enemigo numero uno de ese lugar del mundo, un lugar al que no pertenecía. Sintió como el hombre le liberó y aunque cayó un poco volvió a estabilizarse con su poder.

Giró la vista hacia quien le observaba con una compasión fusionada con suplica. Era ese momento en que podía retroceder y aceptar sus términos para limpiar y proteger su imagen o seguir de frente. Akaashi tenía entonces una sensación amarga, como si le hubiesen presionado y orillado a eso, si cedía sería romper el orgullo y en ese instante no solo un campo mental alrededor de él le protegía si no la furia de romperlo todo. La pantalla de plasma empezó a quebrajarse en pedazos mientras sus piezas empezaban a moverse hacia el hombre que tiró de un espectacular cercano para protegerse del ataque. La gente debajo huía, algunos inconscientes grababan, otros solo estaban atónitos mientras el estruendo del golpe resonó entre los edificios. El héroe, como algunos le llamaban, retrocedió, dejó aquel espectacular que bien sirvió para protegerle en lo alto de otro edificio y mantuvo al aire los escombros evitando que cayeran con fuerza sobre los inocentes.

Retrocedió más, necesitaba alejarse de él, alejarse de la gente así que emprendió la retirada más veloz que pudo pero, increíblemente, Akaashi le había dado alcance elevando un tejado de un local llevándose al héroe encima de él mandándolo lo más alto que pudo. El hombre saltó de la plataforma improvisada y descendió aprisa pero tan pronto llegaba al nivel del azabache sintió el impacto en su cabeza de esa plataforma mandándolo de golpe contra el suelo produciendo el grito de sorpresa de las personas que observaron la escena.

Mr. Gravity se levantó del suelo, sacudió sus ropas aturdido para después observar la temible escena con la mirada perdida y un montón de vehículos a su alrededor. Hizo un sutil puchero mientras juntaba sus brazos como si concentrara su energía, como si se tratase de un cañón invisible golpeó al sorprendido joven lanzándolo muy lejos en medio de dos edificios hasta caer en los altos arboles de un parque. Akaashi se quejó del dolor, tal vez a esas alturas tenia un par de huesos rotos, debía mantenerse lucido y luchaba contra el dolor mientras el héroe le buscaba por encima del parque.

Pasó de largo, para suerte del chico quien jadeó agotado intentando liberarse. Notó extañamente un vehiculo entrando al parque sin importar el césped y deteniéndose en las cercanías del árbol, entonces su voz se hizo presente.

—Akaashi….Akaashi…—repetía su nombre saliendo del enorme camión de bomberos y corriendo a prisa hasta donde el azabache estaba tendido en una rama alta. — te bajaré de ahí…

El de cabellos bicolor volvió con intensión de tomar la escalera y empezarla a mover hacia el ojiverde que se removía entre las ramas. De alguna forma las ansias de Akaashi se calmaban ahora que podía verle pero al alzar la vista volvió a observar a Mr. Gravity volando en las cercanías. Se quejó del dolor un par de veces sentándose sobre la rama, elevándose un poco y saliendo del árbol pese a los gritos de un Bokuto que intentaba detenerlo, pero Akaashi no se detendría, debía irse lejos para que la batalla no afectara a la única persona que le importaba en la vida.

Apenas se alejó una calle del parque empezó a lanzar cosas hacia el héroe que las retenia y hacia descender. Sabía que esta lucha de lanzamientos no llevaría a nada asi que Akaashi optó por tomar un poste y volando a velocidad intentó golpear un costado del hombre quien con agilidad lo detuvo con una mano.

—No hay manera de tener paz…—susurró el azabache mientras torcia el metal fácilmente, como si de un papel se tratase, rodeando al hombre quien quedó apresado. —No hay forma en que yo pueda seguir huyendo si todos vieron lo que soy…—apretó los labios tomando el antifaz del sujeto y arrancándolo.

Contuvo un gemido de sorpresa, sus labios temblaron mientras retrocedía ante la mirada firme, fija y decidida de aquella persona.

—Hubo manera de arreglar esto pero tomaste una mala elección, Akaashi—la persona tras la mascara era Oikawa quien se liberaba de la barra de metal avanzando hacia el chico que estaba en shock. ¿Cómo seguir peleando contra alguien que le agradaba? Declararse enemigo de quien le ayudó, quien le dedicó tantas sonrisas. Oikawa ya estaba seguro de hacerlo pero Akaashi no por lo que no impuso resistencia cuando le tomó del cuello de la camisa llevándolo hasta la zona de un río que atravesaba la orilla de la ciudad, justo ahí donde un puente cruzaba, y al otro lado Kuroo con sus agentes esperaban a que Akaashi fuera entregado— tuviste opción, ahora no tienes nada.

Akaashi sabia que aquello era cierto, tan pronto Oikawa le entregara pertenecería a ellos. Ya no habría días en el café, ni momentos leyendo bajo la luz sutil de la lámpara, ya no existirán días en la cocina, con el aroma del café penetrando sus fosas, su voz por las mañanas tan entusiasta.

—¡Akaashi! —gritaba desde el puente bajando del vehículo, el azabache reaccionó ante ese característico tono.

—Bokuto-san…—jadeó el nombre del ajeno mientras intentaba librarse sutil del agarre, al ver que no funcionaba sus orbes se llenaron de lagrimas, luego de ira logrando que el agua del río se elevase alrededor de ambos. Los agentes de Kuroo estuvieron a punto de disparar pero este los detuvo y apenas un segundo después, como si se tratase de una esfera, el agua les rodeó.

—¡Va a matarlo!—espetó un agente

—¡Intenta ahogarlo! ¡Kuroo-san haga algo!

—Tch…—Kuroo estuvo a punto de moverse cuando un sujeto se abrió paso entre la multitud con un megáfono en mano.

—¡Mas te vale que te liberes ahora mismo si no quieres que te patee el trasero maldito idiota! —Oikawa giró la vista como pudo estando apresado dentro de la esfera y observó al oficial que le reprendía. Torció una mueca, empezó a lanzar quejidos de dolor intentando empujar con su fuerza a Akaashi hasta que después de un grito ahogado logró destruir la barerra de agua.

—Tch…—Akaashi retrocedió pero aun su velocidad no había sido suficiente pues pronto una lluvia de espadas formadas por agua, extraídas directamente del río, le hicieron ceder asustado del inmenso poder de Oikawa ,de ese dominio que tal vez era superior al propio.

Cuando Akaashi comprendió el ritmo de sus movimientos Oikawa sonrió, confiarse era un error. De entre las supuestas espadas surgieron piedras de río que golpearon un par de veces el cuerpo del azabache, algunas mas caían estruendosas sobre el agua, otras eran inmensas y aun con sus barreras mentales al ojiverde le estaba costando mantener el equilibrio entre levitar y esquivar por lo que empezó a descender agotado escuchando el estruendo.

Todo fue tan rápido, sus orbes se abrieron con sorpresa mientras que la lluvia de rocas derribaba el puente. Podía escuchar la voz del oficial pidiéndole a Oikawa que se detuviera y este cuan cachorro fiel atendió el llamado pero era tarde, pedazo por pedazo de la construcción caía sobre el rio dejando un hueco justo al centro por donde el carro de bomberos, ese mismo en el que Bokuto estaba, empezaba a caer impactándose con el agua.

—Bokuto-san….¡Bokuto-san!—Akaashi levitó cuanto pudo hasta que sus pies rozaron el agua y cayó sobre esta intentando nadar, el cansancio era demasiado, su poder se sentía flagelar ante las ideas de su mente y mientras trataba de mantener su cabeza a flote ignorando las lagrimas que buscaban salir se dirigía a donde el auto estaba.

Entonces paró, aun entre el oleaje fue capaz de vislumbrar a Kuroo en la distancia sosteniendo a un Bokuto inconsciente. No parecía herido, solo estaba siendo sujetado para no caer. Akaashi tuvo una serie de interrogantes en su cabeza, algunas que en ese momento no tendrían respuesta, pero él si tenía una…debía huir de ahí y volver por él cuando todo se calmase.

Concentró su poder y se hundió en las aguas, con un estruendo casi sónico viajó a través del rio con la promesa de volver.

Nadie pudo darle alcance a Akaashi…


Final de temporada, aún quedan dudas pero ante todas es el ¿Que pasará con Bokuto? ¿A donde irá Akaashi? ¿Que otros secretos oculta Kuroo? Lo veremos en la próxima entrega de Decaos

-Yisus