II

Después de aquel horrible altercado ambos se dirigieron al auto de Gin donde les esperaba Vodka vigilándolos. El hombre de negro abrió la puerta para ayudar a la chica a colocarse en el asiento de atrás.

–Gracias… –murmuró Sherry para romper el silencio que había en el Porsche.

–Has tenido suerte de que Gin pasara por aquí, cerca del laboratorio de la organización, al enterarse de que no habías llegado a casa –explicó Vodka, mirando a la chica desde el espejo retrovisor provocando que Sherry sonriera avergonzada, agachando la cabeza para no mirar ninguno de los dos hombres… ¿Tan vigilada estaba?

Apretó sus manos en la falda aún empapada, no tenía que llorar, ya había pasado todo, respiró profundamente escuchando como Gin y Vodka conversaban entre sí.

–Vodka necesito que acabes el soborno con el director de la empresa informática SysAdm.

–¿Ahora?

–Sí, quedé con él hace unos minutos, pero tengo que llevar a esta niña a su hogar –explicó Gin sin dejar de mirar fríamente la carretera –. Anokata no debe de enterarse de lo que acaba de ocurrir, así que ni se te ocurra irte de la lengua…

Su compañero de negro asintió con la cabeza viendo como su superior iba parando su auto cerca de la acera.

–La maleta está en el maletero –explicó Gin tecleando algo en su móvil y Vodka salía del auto abriendo su paraguas para no mojarse –. Sherry siéntate delante –ordenó.

Éste cogió la maleta del auto y cerró el maletero mientras la mujer se colocaba en el asiento del copiloto, finalmente Gin arrancó de nuevo.

Fue un viaje tranquilo. Ningunos de los dos hablaron pero no había tensión en el ambiente. Sherry no miró en ningún momento a Gin, tenía el miedo aún metido en el cuerpo y tardaría en desaparecer… no deseaba que nadie viviera lo que había vivido ella esa noche.

Ella tampoco se lo explicaría a nadie, ni a su propia hermana, no quería que se asustara y sus ansias de sacarla de esa Organización aumentara.

A los pocos minutos se hallaban cerca del bloque de pisos donde ella vivía, pero la joven científica ya no aguanto más, poco a poco sentía como sus ojos se humedecían y su garganta se cerraba de la presión.

''¿Por qué quiero llorar?, no debo…'' pensó pero unas finas lágrimas caían lentamente sobre sus mejillas.

Gin aparcó cerca de la puerta del edificio, aunque Sherry no se dio cuenta al tener los ojos cerrados, llorando en silencio.

El hombre se acercó a ella poniendo su mano en su brazo, mirándola fijamente durante unos instantes. Bajó más allá de la muñeca y entrelazó sus dedos con los de ella, acercando su rostro al suyo.

La joven abrió un poco sus ojos húmedos al sentir la cálida mano de Gin, pero aún así no le miró directamente, sollozando un par de veces.

–Sherry… –murmuró Gin acariciando los labios de la joven, sin recibir ninguna respuesta, solo más lágrimas y sollozos.

Se acercó más a ella y juntó sus labios con los suyos, la chica cerró los ojos dejándose llevar por aquella extraña sensación. El silencio se apoderó del ambiente del Porsche, sentía como los cabellos de Gin acariciaba su cara, eran tan suaves…

Gin se estrecho más a ella sin separarse de aquel beso. Con una de sus manos rodeaba la cintura de la chica y la dirigía por dentro de su camisa. Sherry reaccionó enseguida abriendo sus ojos, apartándose rápidamente de él.

–Gracias por todo de verdad… –susurró recogiendo sus cosas para salir de ese auto lo más rápido posible. Sin mirar atrás entró en el edificio llegando a su apartamento en cuestión de segundos.

No dio ningún paso más, se sentó en el suelo apoyada en la puerta mientras colocaba sus dedos en sus labios.

''Ese beso me ha quitado la tristeza y las ganas de llorar…'' Pensó sin poderse enfadar con Gin, escondiendo su cara entre sus rodillas. Deseaba tanto ver a Akemi para sentirse segura, pero no podía desde que ocurrió aquello