Antes que nada, quiero aclarar que ni Inuyasha o Naruto y ninguno de sus personajes (lamentablemente _) U_U me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que adapte algunos aspectos de la serie y manga cambiando lo que vi necesario para la creación y para adaptación a mi fic, espero les guste, es una pareja inusual pero me gusta y si a ustedes no, por favor sean libres de elegir otro fic.

Atentamente:

La Autora

Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)


"El desierto es cruel para los nómadas que lo recorren eternamente e igual de cruel con los nómadas que aunque se quedaron en el Oasis siguen siendo tan dueños del desierto como los que aun recorren sus dunas, atraviesan sus obstáculos y pasan la vida en ese círculo sin fin, el desierto es cruel pero es bondadoso, nos golpea y nos arrulla y aun en el día más cruel la gente que vive en el, lo ama, lo odia, lo respeta y a pesar de su dureza, "permanece"

Gaara.


Cap1: Recuerdos


Odio, siempre fue un sentimiento vivo que estaba asociado con él, el odio lo había rodeado y nutrido desde que podía recordar, el odio en todas sus formas de expresión, miradas, gestos, palabras y hasta cierto punto acciones, porque justo junto al odio había mucho temor e irá y todos de alguna forma u otra eran provocados por él lo quisiera o no y la única fuente de "cariño" que había tenido se había convertido muy pronto en odio, amargura y traición, por eso había jurado sólo amarse a sí mismo, lo había marcado en su piel para no olvidarlo, había prometido no dejar que nadie tuviera nuevamente el poder de herirlo y a cambio les había dado el "monstruo" que le habían gritado y recordado incontables veces que era, se había convertido en sus peores pesadillas, el núcleo de todos sus más oscuros temores y lo peor de todo era que no podían deshacerse de él, lo habían intentado en incontables ocasiones y habían fracasado penosamente.

El destino intervino y lo había llevado a Konoha a tiempo de ser salvado de sí mismo y de la oscuridad que había crecido en él y había descubierto a un igual que compartía su dolor y soledad, pero a diferencia de él había conseguido personas especiales en su vida que le habían dado fuerza de seguir adelante sin caer en la oscuridad en la que la bestia atada a su alma esperaba pacientemente para destruir lo que quedara de él y del mundo que lo había esclavizado, Naruto se había convertido en su mejor amigo, en su ejemplo y guía, Naruto que había llorado por él y su sufrimiento, cuando él había estado a punto de matarlo junto a sus personas especiales, que había entendido, lo había perdonado, le había ofrecido algo que siempre había querido y nunca antes le habían dado esperanzas de tener, se había hecho su primer amigo y le había mostrado el camino a la luz, dejando atrás la oscuridad en la que siempre había estado y aun si viviera mil años jamás podría pagarle por eso, porque es imposible pagarle a alguien por salvar a otra persona de sí misma y Naruto, el bullicioso, inmaduro, terco y voluntarioso Naruto lo había hecho.

Él se había esforzado al máximo y había cambiado, había sido duro al principio, tantos años de odio y temor desmedido, tantos pecados y odio, siempre odio, pero al final lo había logrado habían dejado de ser el monstruo asesino, el arma que habían creado, y los había obligado a ver y reconocer a la persona, al ser humano en él, con quince años lo habían nombrado Kazekage y él se había prometido proteger a aquellos que un día lo odiaron, temieron y exiliado dentro de su misma aldea, porque a sus ojos ¿Que mejor forma de redimir sus pecados pasados que protegiendo a la aldea que en su época había aterrorizado? El daría su vida protegiéndolos.

Luego dos años después había experimentado la muerte y aún podía recordar el oscuro vacío donde había estado suspendido con algo de decepción, ¿dónde había estado para el aquella reunión con la madre que lo había amado y sus seres queridos, no se suponía que tendría una reunión de clausura, no tendrían que estar allí para darle medicina del corazón y sanarlo? Él había estado solo en el oscuro vacío, esperando algo pero aún no sabía que era y la sensación de espera no hacia más que incrementarse cada día.

Luego había regresado a la vida con el sacrificio de Lady Chiyo, Naruto y esa tibia luz que él había visto y sentido moverse dentro y fuera de su cuerpo pero que nadie había mencionado y entonces había visto por primera vez como había cambiado su vida, desde odiado, temido y exiliado monstruo, hasta el amado y aclamado Kazekage Sabaku no Gaara.

— Gaara, Gaara — Llamaba Kankuro con un deje de genuina exasperación, había estado llamándolo los últimos cinco minutos y el joven Kazekage estaba en otro mundo, lo cual era exasperante y preocupante en partes iguales, porque su hermano siempre estaba en guardia por eso los muchos atentados contra su vida siempre habían terminado en fracaso.

— ¿Qué quieres Kankuro? — Contestó Gaara finalmente devolviéndole una mirada penetrante internamente irritado por haberse permitido perderse en su mente a la luz del día, generalmente él se permitía ese lujo en las largas horas de insomnio.

— ¿Dónde demonios estabas? — Pregunto Kankuro preocupado ignorando la pregunta de su hermano menor.

— En el pasado... ¿Qué quieres? — Contestó ausentemente releyendo el documento que había tenido en sus manos por tiempo indefinido antes de su viaje a través de sus memorias.

— Eres el último ser viviente en el edificio, vamos hoy prometiste compartir con nosotros — Señaló Kankuro quitándole el documento de las manos y dejándolo de nuevo sobre el escritorio; mientras observaba a su hermano menor poner algo de orden en sus papeles Kankuro no podía evitar preocuparse por él, la vida no había sido fácil para su hermano menor y si bien era por mucho el mejor líder que Suna había tenido hasta ahora, al final del día su hermano seguía siendo un ser humano, un hombre joven y poderoso y seguía estando solo, no había una mujer allí para recibirlo, en la casa vacía sólo sus cactus lo esperaban, ¿pero qué consuelo había en eso?, en ningún rincón del mundo había una novia para hacerlo sentir especial, amado, REALMENTE amado, no tenía ese alguien especial en que el pudiera apoyarse, Gaara no sabía lo que apoyarse en una pareja significaba, su hermano conocía lo que era el sexo pero no era igual el desahogo en la cama de una puta a la que le pagabas por sus servicios y que fácilmente podía tratar de matarte si alguien le pagaba lo suficiente, que hacer el amor con una mujer que lo amara por él y no por su título o riqueza y que sin importar que, no traicionaría a su hermano ellos deseaban eso para él, y Temari, Baki y el harían lo que fuera para evitar que el consejo de ancianos de la aldea arruinaran esa parte de la vida íntima y personal de Gaara también.

— Listo, vamos — Dijo Gaara asegurando la vasija que contenía su arena a los seguros de su hombro y cadera como si no pesara absolutamente nada, Kankuro le dedicó una sonrisa guasona antes de caminar junto a él dándole una afectuosa palmada en el hombro izquierdo notando con sorpresa que su hermano ya lo había pasado en estatura por unos buenos cinco centímetros y suspiró resignado recordando que hacía años había leído que los niños prematuros tendían a ser muy altos en su edad adulta, Gaara parecía ser el caso.

— Temari está esperando en el bar de Juun — Dijo Kankuro apenas salieron del edificio y sin demora ambos se dirigieron allí, Kankuro vio con un deje de irritación a muchas de las fanáticas de su hermano mirarlo con falsa adoración y contuvo como siempre la tentación de bufar y preguntarles a las pequeñas farsantes donde habían estado cuando Gaara aún era el contenedor de Shukaku y no era el Kazekage.

— ¿Quién es la víctima hoy? — Pregunto Gaara con un deje casual, observando con curiosidad bien disimulada en su estoica máscara al grupo de mujeres que conforme avanzaba lo miraban con la atención de un cazador a su presa, las mismas que habrían salido corriendo en dirección opuesta si aún fuera el contenedor de Shukaku.

— ¿De qué hablas? — Pregunto Kankuro confundido deteniéndose justo en la entrada del bar comedor de Juun volviéndose a mirar a Gaara.

— ¿Creen que no noto la "sospechosa" aparición de diferentes mujeres cuándo estamos compartiendo en algún lugar? — Respondió Gaara dedicándole una mirada de superioridad.

— Por como ignoras a cada una de ellas, creí que no habías notado nuestros intentos de conseguirte una novia que no pase por todos los controles del concejo, hoy no hay nadie por ahora renunciamos, pero regresaremos no lo dudes — Contestó Kankuro sin molestarse a negar nada mientras avanzaba hacia la mesa donde Temari esperaba impacientemente.

— ¿Kami dónde demonios estaban en Konoha?— Saludo Temari apenas llegaron y se sentaron, Gaara sintió las comisuras de sus labios elevarse ligeramente en una de sus diminutas sonrisas ante la escena, si las cosas habían cambiado para bien, él había ganado el amor y lealtad de sus hermanos y aunque a veces extrañaba la capacidad que solía tener de atemorizarlos, no lo cambiaría por nada.

La noche fue justo lo que sus hermanos y el esperaron, como Kankuro había prometido no habían aparecido ninguna amiga ansiosa de entablar conversación con el o sus hermanos y cada vez que alguna lo habían intentado Temari las había espantado con una mirada asesina y la promesa de mucho dolor si se acercaban y si había algo bien sabido en Suna era que cuando Temari estaba de malas lo mejor era alejarse muy lentamente de ella.

Cuando has pasado la mayor parte de tu vida sin poder dormir, tienes mucho tiempo para trabajar más o pensar como Gaara había descubierto desde muy pequeño y eso no era diferente ahora que no era el contenedor del Shukaku, apenas cerraba los ojos por un par de minutos y luego se lanzaba de lleno al trabajo para llenar sus horas, pero cuando no había trabajo el pasado volvía a él y no podía evitar o ignorar, sus recuerdos eran una buena introspección y jamás era mala idea, lo ayudaba a aprender de sus errores y eventualmente lo había ayudado a perdonarse poco a poco.

Tenía catorce años la primera vez que había sentido deseo de contacto físico con el sexo opuesto, tenía curiosidad de saber lo que era un beso, un abrazo de una chica que no fuera su hermana, pero sabía que todos le temían y ninguna mujer quería contacto alguno con él.

=Inicio de recuerdo =

— Vamos Gaara— Dijo Kankuro guiándolo a la entrada del pintoresco edificio donde parecía ser bien conocido pues de inmediato algunas mujeres lo saludaron.

Gaara lo siguió sin decir ninguna palabra e ignoró las miradas de curiosidad que Kankuro le estaba enviando mientras entraban al reservado que había alquilado, Gaara no conocía aquel lugar, así que cuando un par de mujeres vestidas bastante sugerentemente se presentaron ante ellos, Gaara no sabía exactamente a donde mirar, pero Kankuro estaba mirando a las mujeres y riéndose posiblemente de él, en ese momento le gustaría poder asustarlo lo suficiente como para borrar aquella maldita risilla en su cara y sus ojos.

— Kankuro-sama que alegría — Soltó una de ellas brincando de inmediato a las piernas de Kankuro. — ¿Y a quien tenemos aquí?

— Es mi hermano, ve con el Val — Dijo Kankuro sonriéndole a la otra chica, que de inmediato dirigió hacia Gaara una mirada de horror.

— Debes estar loco si crees que voy a tocar y mucho menos acostarme con eso — Dijo la chica con asco.

— ¿Cómo te atreves? — Rugió Kankuro, mientras Gaara estaba allí ignorando a las prostitutas y a su hermano discutiendo, tratando de entender si se sentía herido por la reacción de aquella mujer que cobraba por el uso de su cuerpo (si él lo había entendido bien) o si sólo se sentía ofendido en su recién descubierto ego masculino.

— Basta Kankuro, realmente me impresiona bastante que creas que quiero algo de una mujer que cobra por sexo. — Dijo Gaara con tanta calma que rayaba en el aburrimiento ante lo que estaba pasando, porque primero muerto que demostrar que a algún nivel una simple prostituta lo había herido, los tres se callaron abruptamente y lo miraron perplejos.

— ¿Cómo te a...

— Silencio. Tu fuera. — Dijo Gaara señalando a la ofendida chica y luego se volvió hacia Kankuro y la mujer que había estado en sus piernas y ahora estaba junto a él y les hizo un desdeñoso ademán para que se sentarán o siguieran con lo suyo.

— No me acostaría contigo ni por todo el dinero del mundo — Dijo la mujer con profundo asco goteando de su voz volviéndose para salir del apartado, Kankuro abrió la boca para contestar y su compañera se cubrió la suya con horror.

— Tampoco pagaría por ti, no eres lo que busco, vete. — Dijo Gaara ignorando el golpe de vergüenza y de tristeza, pues este era el claro ejemplo de lo que sucedería cada vez que el buscará contacto con el sexo opuesto.

= Fin de recuerdo =

Gaara recordó como Kankuro muy a su estilo antes de conocer a Naruto le había dicho a la mujer que si decía una palabra más la mataría y lo disfrutaría, y como después de varias visitas al lugar acompañando a Kankuro y un buen genjutsu, Mel la amiga de Kankuro había traído consigo a la que se convirtió por un tiempo en su guía en el sexo, a ella le debía lo que sabía sobre el placer físico y tras haber aprendido de su primera experiencia con Kankuro cada vez que había necesitado de liberación física había usado genjutsu en sí mismo para evitarse la reacción que había tenido con aquella mujer, hasta aquel momento no había estado con ninguna mujer sin el genjutsu, como "Gaara" y sospechaba que sería así hasta que el consejo lograra lo que quería y lo empujaran nuevamente (tal vez con éxito) a algún matrimonio arreglado, donde la desdichada mujer no tendría más remedio que recibirlo en su cama, si estaría sobria o no sólo el tiempo lo diría.

Cuando había aceptado el cargo como Kazekage, había dejado de acudir a las prostitutas, tanto por falta de tiempo como por remordimiento de conciencia de usar a otro ser humano como un objeto, como el mismo había sido usado aunque no dentro del mismo contexto de uso, así que la masturbación había sido su única respuesta cuando sus instintos, sumados a los de Shukaku golpeaban con fuerza demandando atención, cuando este fue extraído él había esperado que esos instintos básicos menguarán más no lo habían hecho y sospechaba que no lo harían.

Se preguntaba en la intimidad de su mente si alguna vez encontraría lo que Temari tenía con el genio perezoso de Konoha o lo que su hermano estaba buscando para ambos, una compañera, alguien que de verdad los quisiera.

— Encontraron trecientos de estos símbolos tallados en ambas caras de las paredes y si, son idénticos a los de las otras aldeas, según la información que pudimos recaudar y créeme no ignoramos ninguna posibilidad, el kanji estilo y trazo datan a quince siglos atrás, uno de los templos más antiguos hacia la nación del hierro tenía la respuesta — Explicaba Shikamaru aquel día en la oficina de Gaara donde Kankuro, Temari, Baki y Ebizo representando al concejo escuchaban al genio.

— ¿Para qué sirven y por qué nadie puede retirarlos? — Pregunto Gaara, aquellos sellos habían aparecido en Suna y en las otras aldeas cuando el Juubi había atacado a varias aldeas y el punto de inteligencia, estos símbolos se habían hecho presente deteniendo los ataques y salvando incontables vidas, pero como ninjas que eran, no podían dejar pasar este tipo de cosas y aún casi un tres años después, habían demasiadas preguntas sin respuestas, la última guerra estaba llena de ellas.

— El monje dijo que eran sutras de protección, explicó que solo la persona que los colocó era la única que podía retirarlos y que debía ser muy poderosa para crear ese tipo de protección y la cantidad, el hombre estaba muy conmovido, casi llorando, y dijo que "ella" debía ser protegida y no temida por nosotros, durante nuestra conversación, el insistió mucho en eso en que debía ser protegida — Dijo Shikamaru dedicándole una mirada seria a Kankuro que había sonreído con mofa ante sus palabras.

— ¿Sabe este monje quien es esta sacerdotisa, a que secta pertenece? — Preguntó el anciano Ebizo finalmente, desde que aquel reporte había empezado no había hecho ningún comentario y ellos habían estado sospechando que había estado dormido todo aquel tiempo, sólo Gaara sabía que el anciano había estado escuchando.

— Negó saber quién es la sacerdotisa en cuestión, lo único que dijo era que estaba seguro de que ella era Shintoista, aunque no conocía sobre ninguna sacerdotisa con ese nivel de destreza o ningún monje con tal poder, admitió tras presionarlo, luego se lanzó casi suplicante a pedirnos protección si lográbamos dar con ella, estaba muy seguro y parecía aliviado y contento, con la idea de que nos sería casi imposible conseguir a esta mujer, pero si la encontrábamos pidió que cuidáramos de ella — Explicó Shikamaru mirando al anciano con su perezosa calma, tras tocar otros temas de interés de ambas aldeas, Temari se retiró con Shikamaru y Kankuro y Baki los siguieron dejándolo a solas con él anciano.

— ¿Qué debo hacer Ebizo-sama? — Preguntó Gaara finalmente sentándose frente al anciano.

— Si el momento llega, usted sabrá que hacer y el concejo lo apoyará Lord quinto— Dijo Ebizo antes de despedirse y dejar a Gaara con sus pensamientos.


Tras la reunión Gaara volvió a sumirse en sus papeles, aprobando y negando peticiones de varías índoles, se sorprendió con la cantidad de trabajo adelantado y se dio el lujo de retirarse por primera vez aquel mes junto con el resto del personal administrativo. Kankuro no perdió tiempo en arrastrarlo con él por Suna y apenas entraron al bar de Juun su instinto lo golpeó con fuerza obligándose a apartarse de la entrada empujando a Kankuro justo cuando una persona entró corriendo tras él, que de no haberse movido de la entrada a tiempo, habría chocado con Gaara.

— Lady Kagome — Saludó el tabernero con una sonrisa cálida mientras la figura que casi los había atropellado se dejaba caer con innata elegancia en una de las sillas frente al bar y dejaba junto a ella un enorme bolso de algodón negro trabajado al estilo de los nómadas.

— He aquí al hombre de mi vida, Juun-sama huyamos ahora que Krish no está aquí para impedir nuestro amor — Dijo la mujer su voz suave tenía un cadencia sensual imposible de ignorar y Gaara se encontró escuchando cada descarada palabra.

— Oh Lady Kagome bienvenida — Saludo Krish con sus muñecas llenas de tintineantes pulseras doradas con elaborados adornos, sonriéndole a la mujer que trataba de quitarle al esposo frente a Gaara y su familia, pues Shikamaru era técnicamente uno de ellos si el anillo en el dedo de su hermana decía algo. — ¿Ya trato de convencerte de huir con ella? — Pregunto la mujer a Juun que reía en silenciosas carcajadas y asentía incapaz de hablar.

— Oh Krish que mala eres, mira que quedarte para ti sola el único hombre sobre la faz de esta verde tierra que hace el Oden como mi madre, está bien quédatelo pero el seguirá cocinando para mí — Dijo la mujer entonces levantándose y abrazando a la mujer mayor vestida con un amplio Sari rojo encendido a juego con el velo que cubría la mitad de su cabeza dejando ver los cabellos entrecanos y la línea bermeñon en medio de la cabeza hasta el nacimiento del cabello justo sobre la mitad, saludándola con genuina alegría por encima de la barra.

— Elige a alguno de los que han pedido tu mano y listo — Señaló la mujer mayor sirviéndole un vaso de agua que la mujer vacío en dos tragos.

— Claro, son los mismos que si le preguntas ¿Por qué quieres casarte con ella? Te dicen: es hermosa... ejem... no gracias, algún día te robo a Juun-sama — Contestó ella estallando en carcajadas que parecían demandar la atención de todos. Gaara salió de su trance y siguió hasta la mesa donde estaba Temari ignorando el intercambio entre sus hermanos y el genio de Konoha.

— ¿Quién es ella? — Preguntó Shikamaru al advertir la mirada de Temari que prácticamente le ordenaba hacer esa pregunta.

Por un momento se quedaron pasmados por su aparición, luego su apariencia, sus ojos eran de un azul grisáceo tan claros que parecían piedras traslúcidas, su rostro era un óvalo perfecto y sus labios rosáceos no eran ni muy llenos ni muy finos, su piel albina donde podían ver sus manos y su rostro, pues el vestido claro típico de Suna la cubría casi por completo y aparte parecía tener un velo sobre la cabeza que cubría también su frente.

— ¿Alguien sabe de dónde vino? — Repitió tras asegurarse que la joven estaba en la barra entregándole un tarro tras otro a la pareja dueña del bar que parecían cada vez más alegres con cada tarro que aparecía desde el interior del bolso de la joven mujer.

— Higurashi Kagome tiene veinte, casi veintiuno, viene de los nómadas del norte de Suna, protegida y antigua alumna de la difunta Lady Chiyo, sirve como ninja médico en el hospital y es voluntaria en el albergue, enseña a los niños y a todo el que quiera a leer, escribir, matemáticas y otras actividades de provecho como coser o cocinar, entre otras, vive en Suna desde los siete años así que es residente permanente, es bastante amigable con los que ella llama sus amigos pero en términos generales es una mujer bastante seria, tal vez porque es muy solicitada, Kankuro esta medio enamorado de ella.— Respondió Temari antes de levantarse y acercarse a la mujer en cuestión acechándola como un depredador a su presa, los tres hombres vieron como la mujer se volvió con una sonrisa de bienvenida antes de que Temari lograra sorprenderla y envolvió a la dura Kuniochi en un abrazo que a la otra no le quedó más remedio que devolver.

— Ya sabes por qué vengo tanto aquí, este lugar es prácticamente su casa cuando está en Suna — Dijo Kankuro.

— ¿Casi enamorado?— Dijo Gaara observando a Temari tironear del velo de la joven mientras la regañaba sin dejar de sonreír.

— Temari exagera, es como una hermanita — Dijo Kankuro sin lograr que Gaara o Shikamaru le creyeran.

— Ahh me atacan Temari-chan deja mi velo en paz, ya me voy, me voyyyyy — Decía Kagome riéndose mientras apartaba las manos de la Kuniochi mayor, más está no dejó su objetivo hasta que de un último tirón logro que el velo de seda negro, cediera y huyó con él en sus manos regresando con su premio a la mesa donde los hombres la esperaban sorprendidos por sus acciones, pues jamás habían visto a Temari jugarse con nadie antes, mientras en la barra la mujer mayor miraba al techo y negaba con mofa, antes de darle un vistazo general al restaurante y cerrar las puertas del establecimiento al confirmar que sólo estaban ellos, mientras empezaba a murmurar por lo bajo y a revolver cosas bajo la barra.

Los largos cabellos platinados sostenidos por siete anillos plateados sorprendieron a Gaara y a los otros que lo acompañaban, no por el color en sí, sí no por cómo estos parecían brillar como si estuvieran hechos de polvo de diamantes y caían entre los anillos en cascada de largos mechones ligeramente ondulados justo por debajo de la pantorrilla.

— ¿Cuantos velos vas a quitarme Temari-chan? — Preguntó Kagome exasperada siguiéndola hasta la mesa. — Saludos Kazekage-Sama, Kankuro-san, Shikamaru-san — Saludó Kagome al estilo nómada levantando la palma de su mano derecha frente a su rostro un par de veces, sonrojada de vergüenza.

— Un Ángel caído del cielo — Dijo Kankuro en tono de broma.

— Yo más bien diría estrellada contra la tierra, Kankuro-san — Rebatió la mujer de inmediato, antes de colocarse las manos en las caderas y lanzarle una mirada dura a Temari que no podía para de reírse.

— Yo dejo de quitártelos cuando tú dejes de usarlos, es tonto Kagome-chan eres hermosa tu cabello es muy bonito y lo escondes — Contestó Temari mirando de Gaara a Kagome con toda intención, cuando Kagome se acercó aún más a Gaara apoyando un de sus manos en el espaldar de la silla casi tocando a su hermano, que parecía no poder quitar sus ojos de la joven.

— Tengo mis razones Temari, además estoy en el desierto, el sol se refleja en mi cabello y llega a un punto en que el calor es insoportable, cubrirlo también me ahorra el esfuerzo de mantenerlo en orden y es más fácil pasar sin llamar tanto la atención, soy la única persona fuera de los ancianos con el cabello platino no blanco, y es molesto desde el color hasta el largo, ese velo me ayuda a mantenerlo en orden y libre de arena, sobre todo libre de arena, sin hablar del pequeño detalle de ser una mujer de la tribu nómada del norte — Señaló Kagome extendiendo la mano con un gesto de silenciosa petición.

— No voy a dártelo — Dijo Temari sonriendo con malicia.

— ¿Lady Kagome que era esto de nuevo? — Preguntó Juun cortando la respuesta de la joven que con un gesto de derrota regresó con los dueños del bar, donde Krish la arrastró a la parte de atrás del restaurante de donde salió varios minutos después con un velo rojo sangre cubriendo nuevamente su cabello y frente, asegurado con los anillos plateados por fuera del cabello, anulando la posibilidad de que Temari volviera a quitarle el velo.

Para cuándo cada uno se había levantado de la mesa la joven ya se había ido del bar y Gaara lamentó no haberla podido ver una vez más aquel día, tras despedirse de sus hermanos y confiscar el velo de seda negra de las manos de Temari, Gaara procedió a recorrer la aldea la noche apenas había caído y eso sumado a su insomnio prometían una larga noche.

Ver las patrullas trabajar, siempre le daba una sensación de calma, de ese tipo de calma que se siente cuando sabes que estás haciendo bien tu trabajo, los bares estaban en la típica calma y con la amenaza de una nueva tormenta de arena estos pronto cerrarían sus puertas, la mayoría de los civiles estaban en casa o en camino y los ninjas que acaban de cambiar de guardia estaban tomando un trago para ellos también buscar refugio, desde lo alto del edificio Gaara pudo ver a Temari y a Shikamaru entrar al edificio que compartía con sus hermanos el complejo con la típica arquitectura de Suna era de hecho una sola mansión que él había comprado poco después de la muerte de su padre, cuando no soporto mirar la casa donde se suponía debió haber crecido con sus hermanos, pero que se había convertido en la promesa de todo lo que se le había negado al ser el "arma" que Suna había querido tener más no podían controlar, sus hermanos habían insistido en vivir junto a él, así que habían dividido la propiedad cuando fue obvio que él no sabía cómo convivir con nadie, además sus hermanos mayores y el necesitaban cierta privacidad, nunca serían la familia típica pero a su manera ellos se amaban aunque nadie pudiera comprender cómo funcionaban.

Los días pasaban con rapidez y pronto tendría que ir a Konoha a entregar a su única hermana en matrimonio, Temari se había ido tres semanas antes para terminar los arreglos de su boda y su nueva casa y le había entregado a su cuidado una sola invitación y le había hecho prometer que su invitada estaría allí, después de todo había admitido que era la única amiga que tenía en Suna y allí estaba ahora caminando hacia el hospital ignorando a las jóvenes que lo seguían con las miradas cargadas de falsa admiración y que seguramente huirían de él aún hoy, si las mirara con algún grado de interés, porque aun con la promesa de obtener riqueza y poder junto a él, le temían y eso era algo bueno por que mantenía la falsa admiración lejos de él y no corría el riesgo de creer en alguna promesa vacía.

El edificio frente a él era uno de los más nuevos de Suna, apenas tenía dos años y él había peleado con el consejo con firme determinación para actualizar a pesar de que había sido caro para una aldea tan pobre como Suna, pero había valido la pena, cada moneda, cada dolor de cabeza, cada discusión, las instalaciones permitían recibir más pacientes e incluso se había creado oficialmente la escuela de jutsu médico en Suna, la misma Tsunade había colaborado con ello y muchos de sus ninjas médicos iban a entrenarse a Konoha y volvían a enseñar a Suna, si bien no aprendían jutsus especiales de Konoha, aprendían técnicas que salvaban vidas y que con un poco de esfuerzo de sus partes podían ser la base de técnicas propias de Suna, esperaba que algún día fueran otros los que vinieran a aprender en Suna, entonces sabría que su aldea habría alcanzado el tipo de vida que ambiciona para todos ellos.

— ¿Buenos días Kazekage-sama, en que puedo ayudarle? — Preguntó una mujer mayor con un pulcro uniforme de enfermera, con un rápido vistazo el confirmó que era la jefa de enfermeras.

— Estoy buscando a Kagome Higurashi — Dijo Gaara con calma, paseando la mirada de la mujer hacia el lugar lleno de actividad.

— Oh Lady Kagome, una muchacha muy dulce siempre y cuando no la hagan enojar entonces es mejor correr para salvar la vida — Dijo la enfermera mayor con un brillo de risa en los ojos.

— ¿Dónde puedo encontrarla? — Preguntó Gaara decidido a cortar el obvio intento de la mujer mayor de averiguar para que buscaba a la mujer en cuestión.

— Hoy ya se ha ido, hace media hora más o menos, pero puedo darle esto, allí la encontrará — Dijo la mujer sacando una libreta y anotando algo en una hoja se la entregó y Gaara vio una dirección anotada con letra pulcra.

— ¿Siempre da usted las direcciones con esta facilidad? — Preguntó Gaara un tanto contrariado por lo fácil que había obtenido aquella información que no estaba buscando pero que podía admitir internamente que deseaba tener y se había cohibido de revisar a fondo esa parte de la información que estaba bien asentada en el archivo de la mujer en cuestión que aún estaba en su escritorio.

— Usted es el Kazekage a usted no tengo que negarle ninguna información y no hay genjutsu que engañen a estos ojos que fueron unos de los pares que lo vieron nacer — Dijo la enfermera veterana con dignidad, antes de darle una reverencia y seguir su camino hacia un par de enfermeras novatas que miraban a Gaara con corazones en los ojos.

Por una razón sintió que debía disculparse con la mujer mayor, pero esta no pareció importarle cuando al parecer lo había despedido, Gaara se encogió de hombros y salió del hospital y como si fuera todos los días a la casa de la mujer, llegó sin problemas al lugar, la casa era grande para lo que normalmente se veía en Suna, de tres pisos con dos anexos de un piso y un carromato estacionado bajo un cobertizo sobre una plataforma de piedra y madera gruesa.

Ella había sido una nómada y se había establecido en Suna con siete años bajo el ala de Lady Chiyo, él había confirmado lo que Temari había dicho y lo que no, los nómadas la veían como su princesa "su joya" aun así la habían dejado ir a Suna, según sospechaba él por la seguridad de la niña que prometía ser la belleza que ahora era, evitarían una guerra interna por ella, y le evitarían a ella forzarla a tomar un esposo que igual desataría un desastre dentro de la comunidad nómada.

Tras tocar un par de veces la puerta Gaara esperó hasta que sin respuesta la puerta se abrió de golpe y él tuvo que contener un gruñido de pura apreciación masculina, la mujer frente a él estaba deliciosamente despeinada con los cabellos recorriendo su curvilínea forma expuesta en una bata larga de seda beige abierta exponiendo una camisola corta de seda turquesa clara de finos tiros, ella pestañeaba aún somnolienta y recordó lo que la enfermera había dicho y se maldijo mentalmente su inoportuna visita.

— Siento mucho interrumpir su descanso Lady Kagome — Saludó Gaara viendo a la mujer enrojecer como la grana antes de cerrarse la bata larga por encima de su atuendo de dormir ocultando la tentadora visión de sus apreciativos ojos.

— De hecho usted acaba de salvar el almuerzo, me dormí sobre el mesón de la cocina — Admitió ella avergonzada invitándolo a entrar con un ademán. — Espero no le importe si hablamos en la cocina, me muero de hambre y en un rato tengo que estar en el albergue — Dijo ella sonriéndole por encima el hombro mientras avanzaba descalza por el piso revestido de madera oscura.

Gaara avanzó tras ella y cerró la puerta tras de sí aspirando con fuerza el olor a especias que hacían agua la boca y el tenue olor a lavanda, manzanilla y algo más que no podía captar bien, se retiró las sandalias y dejó su vasija en la sala llena de muebles de madera rígida adornados con cojines en colores crema y almohadones de colores típicos de las caravanas nómadas que rodeaban Suna y otros detalles de decoración que luego vería a detalle, antes de seguir a la cocina que estaba en la misma habitación y podía verse desde donde él estaba.

— Tiene una casa acogedora — Dijo el recordando una de las cosas que Temari le había inculcado desde siempre "halaga la casa de una mujer siempre"

— Gracias, Temari me ayudó a conseguirla cuando no querían venderla ¿Si le invito el almuerzo, no va a tomarme por una de sus fanáticas verdad? — Dijo mirándolo fijamente a los ojos cosa que lo sorprendió, casi nadie lo miraba a los ojos mucho menos las mujeres de Suna, Gaara sintió que caía dentro de las claras orbes de ella.

— Usted no puede tomarse como una fanática si es amiga de mi hermana— Contestó el sacando el sobre de su chaqueta interna bajo su armadura de cuero.

— Bien, le advierto esto es picante, receta de mi madre Kami la tenga en el cielo — Advirtió ella sirviendo para ambos en el mesón alto que dividía la cocina de la sala, los pesados platos de porcelana blanca con detalles en rojo sangre, tenían el marcado estilo de Suna, al igual que la jarra llena de té frío y vasos a juego de vidrio grueso y de color rojo rubí con líneas doradas en el borde.

— Me gusta el picante — Admitió el, tomando el pan de peeta que ella le ofrecía antes de servirle el curry picante, el notó que ella se aseguró de que su plato y vaso estuvieran llenos antes de hacer lo propio para ella.

— Bien, espero no terminar en algún calabozo de Suna por culpa de mi curry, buen provecho — Dijo ella antes de tomar el pan de peeta y empezar a comer, Gaara había compartido la mesa con muchas mujeres pero nunca había visto a una mujer comer con su elegancia o su entusiasmo, por lo general las mujeres tendían a matarse de hambre en favor de la estética, pero esta mujer no tenía problemas en comer y disfrutar de su comida y eso le gustó, le pareció honesto.

Cuando tomó el primer bocado tuvo que contenerse de gemir en voz alta de placer, las especias estaban en su punto, la comida era en efecto picante pero no le restaba el sabor al curry y a los vegetales en él, el plato era diferente su estilo era algo nuevo para él, se perdió tanto en la comida que no noto cuando ella terminó de comer y se dedicó a observarlo, cuando lo notó sintió que bajo su armadura su rostro enrojecía de vergüenza.

— Temari me pidió que le entregará esto — Dijo entregándole finalmente el sobre que había sacado y aún no le entregaba, ella lo recibió y notó la delicadeza y tamaño de las manos de ella en comparación con las de él.

— Ohhh — Exclamó ella cubriendo sus labios con su mano derecha mientras sostenía la invitación con la izquierda, sus ojos estaban llenos de lágrimas y Gaara no entendía aquella reacción, ¿No estaba feliz por su hermana? — Lo siento, es que, por un lado me alegro por ella, por conseguir a esa persona especial en su vida y por otro me siento triste porque ya no estará aquí, creo que voy a extrañar que robe mis velos, lo ha estado haciendo durante los últimos trece años — Dijo ella limpiándose las lágrimas y sonriendo apenada.

— ¿Cómo conociste a mi hermana y por qué nunca te vimos antes? — Preguntó el mientras ella recogía los platos y empezaba a lavarlos.

— Fue un trato no hablado, recuerdo a las niñas de aquellos días tratando de atraer a Temari a su círculo, después de todo ella era la hija del Kazekage y eso era importante para ellas, pero empujaban a Temari dentro de sí misma con su interesada oferta de amistad — Dijo ella con tristeza.

— ¿No era importante para ti? — Preguntó Gaara tratando de entender a la mujer.

— Nunca me han importado los títulos, han lanzado varios sobre mí y los detesto, todos y cada uno de ellos, así que le dije a su hermana que no me importaba quien era, pero si no le importaba mi edad que me gustaría ser su amiga, ella se burló, obvio me llamó enana paliducha y se fue, con el tiempo se acercó a mí y me permitió estar junto a ella hasta que reconoció que era su "amiguita"— Dijo antes de reírse por lo bajo, secarse las manos y volverse hacia donde él estaba observándola con atención.

— ¿Por qué no te vimos con ella antes? — Pregunto Gaara un vez más.

— Ese era justamente parte de nuestro trato silencioso, ella no quería que tuviera contacto con ustedes, ella quería asegurarse que ninguna chica la usaría para llegar a ustedes, así que yo solo lo deje estar y me mantuve al margen, ella es muy celosa de sus hermanos y yo puedo entender eso, alguna vez fui hermana mayor y habría hecho lo que fuera por alejar a todas las chicas ambiciosas de mi hermanito — Contestó ella con sinceridad y sin un gramo de vergüenza.

— ¿Cómo conociste a Kankuro? — Preguntó un poco molesto por que Temari la mantuviera alejada de ellos, el habría deseado conocerla desde antes, aunque él estaba seguro que ella le habría temido como todos los demás.

— Antes de la guerra, cuando usted fue raptado — Contestó ella de inmediato y Gaara decidido que era hora de irse ella tenía cosas que hacer y él la estaba deteniendo, sin mencionar que el mismo tenía deberes esperando por el en su oficina.

— Cuando esté preparada para partir a Konoha hágamelo saber — Dijo Gaara levantándose y caminando hacia la sala para recoger su vasija.

— ¿Disculpe? — Dijo ella claramente confundida, Gaara se volvió a mirarla y pudo ver que ella estaba confundida y sorprendida.

— Temari fue clara cuando "ordenó" que la trajera conmigo sana y salva, así que tengo que saber cuándo puede viajar para tener todo en orden — Contestó el asegurando su vasija a los seguros y acomodándola bien en su espalda y poniéndose sus sandalias una vez más, mientras sentía la mirada de ella clavada a la espalda.

— No quiero imponerme, Temari es una tirana — Dijo ella finalmente con un claro deje de exasperación.

— Muy cierto, pero no me molesta que nos acompañe — Dijo Gaara internamente divertido con la reacción de la mujer, otra habría saltado a la oportunidad de viajar con él en particular.

— Bien, voy a tomar venganza, creo que Temari debería apreciar una tradicional fiesta de mendhi — Dijo ella sonriendo con malicia, Gaara no podía evitar gustarle esa mujer.

— Quiero fotos — Dijo el decidido a ver a su hermana en medio de algo que había rehuido desde que podía recordar, pero a lo que tenía derecho, después de todo, ellos habían sido originalmente los primeros nómadas que recorrieron el desierto antes de formar Suna y como descendiente directa de la primera caravana y última mujer casadera, Temari tenía el derecho y "obligación" de seguir con las tradiciones de las tribus y si bien había logrado hacerla aceptar algunas cosas, ahora con la ayuda de Lady Kagome, Temari se encontraría cumpliendo con el protocolo completo y no podría quejarse, empezaba a sospechar que la platinada mujer era una fuerza de la naturaleza en sí misma, lo suficientemente fuerte como para no dejarse asustar por su hermana, la amistad que tenían era un ejemplo muy claro para él y para aquellos que conocían bien a Temari.

— Hecho, pero si ella pregunta yo no fui — Dijo ella sonriendo mientras el asentía y abría la puerta y él se despedía finalmente. — Creo que Temari-chan apreciará una buena boda tribal — la escuchó murmurar para sí misma mientras cerraba la puerta tras él, la voz de la mujer estaba cargada de risa y se descubrió riendo silenciosamente.


Gaara notó que había disfrutado la compañía de la mujer, ella no había estado hablando de sí misma ni tratando de flirtear con él, había sido divertida pero no ridícula, educada pero no estirada, cordial y abierta pero a la vez educadamente reservada, era compleja, ella era diferente decidió; vio a algunas personas en los alrededores pero avanzó hacia su oficina ignorándolos.

El día se había mejorado considerablemente para el después de aquella invitación inesperada, en la que había descubierto un poco más de aquella mujer a la que finalmente podía poner rostro y cuerpo, él ciertamente había escuchado hablar de la ninja médico antes, pero habían sido sólo comentarios de paso, nada que pícara su curiosidad ahora lamentaba no haberse sentido curioso de los comentarios antes.

Cuando Gaara pasó a su oficina Matsuri no pudo evitar notar que Gaara se veía contento y satisfecho de sí mismo y ella estaba feliz por él, hacía tiempo que su amor platónico había mutado a cariño y mucho respeto y el deseo de verlo feliz, realmente feliz con alguien que lo amara de verdad por eso estaba apoyando a Kankuro, Baki y Temari para que el consejo no lograra empujarlo a un matrimonio arreglado, menos aún después de aquel desastre a principios de año, la joven mujer suspiró profundamente y tomó un fajo de papeles y se dirigió a la oficina de Gaara esperando no matar su buen humor con tanto trabajo, a veces desearía que Sari aún estuviera trabajando con ella, al menos podría distraerse un poco durante las horas de tedio, pero Sari había descubierto que amaba el trabajo de campo y la enseñanza, así que estaba esforzándose para enseñar el la academia y Matsuri no podía más que alegrarse por ella.

Owari…

Por favor les agradecería mucho sus opiniones, les recuerdo que hago esto sin ánimos de lucro, y realmente me gustaría conocer sus opiniones sin importar la fecha en que este fic termine, teniendo en cuenta el esfuerzo que hago para tejer una historia que comparto con ustedes.

Atte: La autora