Antes que nada, quiero aclarar que ni Inuyasha o Naruto y ninguno de sus personajes (lamentablemente _) U_U me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que adapte algunos aspectos de la serie y manga cambiando lo que vi necesario para la creación y para adaptación a mi fic, espero les guste, debo añadir que es mi primer Crossover, es una pareja inusual pero me gusta y si a ustedes no, por favor sean libres de elegir otro fic.

Atentamente:

La Autora

Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)


"El juguete de los dioses, eso fui, eso soy y seré hasta el final de mi vida, lo supe con el dolor en mi pecho robándome el aliento y el sabor metálico de mi sangre en los labios. Entonces un nuevo inicio se abrió para mí ante el vasto, yermo y cruel desierto, uno al que terminé atada de buena gana, enamorada de sus dunas que podían ser amigas o enemigas según fuera el deseo del desierto, de su escasa flora que luchaba como yo por "vivir" de su fauna, de su rica e intrincada cultura, y de su gente, dura, desconfiada y guerrera y aun así fiel, suave y protectora cuando se abrían a alguien. El desierto puede ser cruel, pero él la había recibido, aceptado y protegido, con su crueldad o benevolencia él es mi nuevo hogar y yo permaneceré justo aquí"

Kagome.


Cap. 2: El espíritu del desierto.


Después de dos años recorriendo el antiguo Japón de un lado al otro persiguiendo sin descanso al esquivo y astuto Hannyo y sacando tiempo para entrenar, Kagome Higurashi miraba con tristeza absoluta la carnicería frente a ella sin sentir para nada "alivio" o la sensación de "triunfo" que se suponía debería sentir ahora que Naraku estaba finalmente muerto, destruido por completo por su ataque combinado con el del señor de las tierras del Oeste Sesshomaru, su último aliado y hermano de sangre jurado.

Inuyasha se había ido insistiendo en cumplir la promesa dada a Kikyo la había seguido al infierno, tras ella descubrir que él había tenido un breve romance con una aldeana que murió dándole un hijo y nada de lo que Kagome había dicho sobre el futuro de su hijo lo había hecho cambiar de opinión, él había sido terco hasta el final, entregándole incluso colmillo de acero a Kagome que a su vez se la entregó a Sesshomaru como era su derecho al ser el último hijo de Inu no Taisho con vida.

Kagome suspiró cansinamente y se limpió el sudor de la frente por milésima vez, antes de seguir con la ardua tarea de enterrar a aquellos humanos que se habían unido a la batalla, ignoró con firmeza el zumbido de poder que la perla de Shikon emitía suavemente contra sus pechos, bajo su ropa y armadura, y con cansancio pero decidida apartó la mirada del resultado crudamente gráfico de la batalla que había durado tres días completos con sus noches y continuó cavando la tumba de otro monje budista de la orden de Miroku que se había unido junto a muchos más para acabar con el malvado Hannyo, lamentablemente estaba ya tan agotada físicamente y espiritualmente que ni aun con la de sangre de Sesshomaru en sus venas pudo empujar la tosca pala más que unos cuantos centímetros en la tierra.

— Ya es suficiente hermana — Dijo Sesshomaru secamente, observando detenidamente a la mujer que había adoptado año y medio atrás, cuando por negligencia del híbrido y su irritante insistencia en salvar a un cadáver andante, había dejado a Kagome abierta a un ataque de Naraku, ataque que no había tardado en llegar y cuando esté casi la había matado, fue la sangre de Sesshomaru quien salvó a la mujer de una muerte segura, más el cambio que había sufrido la había obligado a tomar senderos que ningún humano había transitado y había salido más poderosa y triunfante, sus cambios físicos eran la prueba de su triunfo, su cabello en antaño negro azulado había perdido su color al punto que más que plateado cada hebra de cabello parecía hecha de polvo de estrellas o diamantes y sus ojos marrones eran de un azul grisáceo clarísimo; con la eventual recuperación del fragmento de alma que el cadáver andante había tomado de ella, sus poderes sólo habían aumentado y de haber sido otra persona que ostentara aquel poder el mismo la habría destruido de inmediato, pero esta mujer para ser una adulta, era el alma más pura que había encontrado su larga vida y era su amada hermana, no que el fuera a admitir abiertamente el orgullo y cariño que sentía por ella.

— No puedo dejarlos así hermano, ellos dieron sus vidas en esta batalla, lo justo es que se les honre con un último lugar de descanso — Respondió Kagome con tal agotamiento físico que sentía como arrastraba las palabras y los ojos se le cerraban solos.

— Tiene razón lady Kagome, pero ya están llegando de otras aldeas la ayuda necesaria para darles un lugar de descanso, nosotros y en especial usted necesita descansar — Dijo Miroku lanzándole una mirada de silenciosa suplica a una agotada y deprimida Sango, que sin decir más le quitó con facilidad la pala a Kagome de las manos y empezó a arrástrala lejos del campo de batalla con Sesshomaru y Miroku siguiéndolas de cerca.

===E S D D===

Kagome estaba preocupada el tiempo estaba avanzando y aún no podía dar con una forma de destruir la perla, podía sentir las miradas sobre ella a cada aldea que iba, no era para menos, ella no se veía exactamente como una humana común y silvestre y no lo era, ella era una sacerdotisa ridículamente poderosa, una que había atravesado el Narakas de ida y vuelta y había salido triunfante pero muy diferente físicamente de cómo había entrado.

— ¿Cree que puede ayudarme mi lady? — pregunto la joven frente a ella, sus ojos estaban vendados con una venda de fino lino, sus cabellos le recordaban a su antiguo tono.

— No sé qué tanto puedo sanar tu vista, pero haré mi mejor intento — Contestó Kagome empezando a deshacer los vendajes, que al caer noto como la piel de las mejillas y toda el área de los ojos parecía muy enrojecida, hinchada y ligeramente quemada donde el veneno de serpiente Youkai había entrado en contacto quitándole la vista, sus ojos eran esferas rojo sangre sin distinción de pupila o retina según pudo observar entre los párpados inflamados, ella debía estar sufriendo mucho dolor, sin embargo permanecía en resignada calma frente a ella. Kagome la había encontrado casi de casualidad cuando se dirigía hacia el Oeste para hablar con Sesshomaru y la mujer había salido dando tumbos por el camino sobresaltándola al creerla recién atacada.

— Lo que haga por mi será más de lo que nadie ha hecho hasta ahora, mi familia me cree muerta, tenía que haber llegado con mi séquito hace una semana — Señaló la joven que más que contrariada parecía aliviada.

— Si desea regresar o no es su decisión mi lady — Señaló Kagome antes de colocar sus manos sobre las heridas de la cara de la joven dama y dejar fluir su Reiki, lentamente la inflamación y enrojecimiento cedieron y pronto la piel recuperó su apariencia saludable, ahora Kagome estaba más preocupada por los ojos de la joven y su posible funcionalidad.

— Se siente cálido, pero no duele — Dijo la joven maravillada ante la sensación de alivio, Kagome sonrió y se concentró en los ojos de la joven visualizando cada parte que había estudiado en el libro que aún estaba en su regazo abierto en el capítulo de los ojos y sus enfermedades donde había una ilustración detallada de los ojos, para Kagome aquel proceso duro por horas pero finalmente terminó segura de haber abarcado todas las partes de los ojos, que el libro señalaba.

— He hecho lo que pude Hinata-san, pero no sé si a resultado — Dijo Kagome con preocupación, la joven sonrió con calma y cuando Kagome vio sus ojos lavanda clarísimos casi blancos supo de inmediato que algo no había salido bien.

— Usted brilla con la luz más hermosa que hasta ahora había visto mi lady— Dijo la joven cortando en seco la disculpa de Kagome.

— ¿Puedes verme? — Pregunto Kagome perpleja.

— Si, está rodeada de luz y esta viene desde dentro de usted, y esa joya atada a su cuello — Contestó la joven logrando que Kagome colocará instintivamente una mano sobre la perla.

— Tus ojos casi no tienen color, son prácticamente blancos ahora — Señaló Kagome tratando de desviar la atención de la mujer de la joya atada a su cuello.

— Eso será una ventaja, yo veré con estos ojos la verdad entre tantas mentiras y nadie tiene por qué saberlo, gracias mi lady — Dijo la joven colocándose una vez más las vendas que ya no necesitaba antes de internarse en el bosque dejando a Kagome tan impactada que olvidó decirle por completo que estaba embarazada y que no sabía cómo el ataque que había sufrido y su curación afectarían a su bebé.

===E S D D===

Dos meses habían pasado con alarmante rapidez y los problemas más que terminar parecían duplicarse a cada segundo, los humanos querían la perla para destruir a los Youkai, y los Youkai para mantener a raya a los humanos, pronto se encontraron huyendo tanto de humanos como de los Youkai, moviéndose constantemente de un lado a otro, esta vez para evitar las hordas, Kagome había escondido sus cabellos bajo oscuras y pesadas telas con la esperanza de pasar desapercibida.

— Lady Kagome — Exclamó Miroku aquella mañana en Edo sosteniendo a Sango e impidiéndole así alcanzar a Kagome.

— No, no voy a exponerlos a ninguno de ustedes, menos ahora que van tener un bebé — Dijo Kagome mirándolos con los ojos azules grisáceos llenos de lágrimas de tristeza. — Sesshomaru ya tiene todo lo que necesita, le he dado suficiente y para mañana los Youkai no estarán en este mundo y entonces yo destruiré la perla de una vez por todas — Agregó alejándose del caballo que acaba de traerla del Sur y aferrando las manos de Sango común claro intento de calmar a la Taijiya.

Aquella noche, mientras Edo y el resto de Japón dormían Sesshomaru señor de las tierras del Oeste se despedía de Kagome y sus aliados, a su vez Kagome había besado y abrazado a sus amados hijos Shippo y Rin y con un apretado abrazo se había despedido del estoico Lord, y para la mañana siguiente ningún Youkai con un gramo de inteligencia en el cuerpo había quedado en aquel plano, lo cual explicaba la ausencia de Youkai en su época, pues con seguridad los humanos habían cazado a los que habían quedado hasta la extinción.

===E S D D===

— Pase lo que pase, recuerden que los amo — Dijo Kagome aquella mañana sosteniendo la perla en su mano, su fiel bolso amarillo había sido reemplazado por uno beige con estampado de camuflaje militar con muchos bolsillos y muy resistente con muchas protecciones y hechizos bordados por dentro del bolso donde nadie más que ella podía verlos, dentro de este y a salvo de curiosos estaban desde sus armas, hasta información que en manos erradas podrían hacer mucho daño en el futuro y nada de eso podría ser sacado por otras manos que las suyas, para otros el bolso sólo contenía lo básico y normal, y ahora colgaba inocentemente en sus hombros.

— Nosotros también te amamos Kagome-chan — Contestó Sango con una mano sobre su redondeado vientre.

— Shikon no tama, estoy lista para pedir mi deseo — Entonó Kagome centrando toda su atención en aquella diminuta pero problemática joya.

Entonces todo se volvió muy lento y la joya pulso una, dos, tres veces y tomando una bocanada profunda de aire y dejándolo ir lentamente dijo: Te ordenó que te destruyas para siempre, para que no dañes este mundo ni ningún otro

El aire alrededor de Kagome se cargó y crepitó con poder y el tiempo fluyó una vez más con naturalidad, mientras la perla emitía un gemido bajo mientras se deshacía frente a Sango, Kagome y Miroku, los últimos guerreros que combatieron a Naraku, el alma atrapada de Midoriko flotó alrededor de Kagome antes de atravesar el cielo y desaparecer encontrando finalmente el Nirvana.

Kagome sonrió a sus amigos y estos aliviados le sonrieron a su vez, antes de que un dolor en su pecho la atravesara y el sabor metálico de la sangre se colara en sus labios, Sango gritó, Miroku la sostuvo y Kagome vio como sus manos y la mitad de su cuerpo empezaba a desaparecer.

— Regreso a casa, no teman por mí — Mintió Kagome, tratando de calmarlos, ella sabía que la perla no se iría sin vengarse y ella no estaba dispuesta a sacrificar a sus amigos y a su bebé aún no nacido.

— Estaremos aquí, nuestros hijos y descendientes esperaremos tu regreso en este mismo lugar Kagome, promételo, promételo ahora — Grito Sango aún forcejeando con Miroku.

— Volveré a casa, lo prometo — Concedió Kagome sabiendo que estaba obligada a luchar y a cumplir aquella promesa, forzó una sonrisa entre el dolor que la embargaba, antes de que el mundo se oscureciera y sus amigos desaparecieran de su línea de visión.

===E S D D===

En el vacío donde flotaba sin forma alguna, sólo estaba el dolor que la acompañaba y los alterados murmullos que exigían una solución a aquella situación, Kagome no entendía quienes hablaban o cual era esa "situación" inesperada que había ocurrido y los tenía tan molestos, durante una cantidad de tiempo indefinido escuchado sus murmullos, Kagome comprendió lo suficiente como para entender que aquellos quienes discutían eran los dioses y la situación inesperada era el último ataque de la perla hacia ella y el resultado que este ataque había forzado.

— ¿Por qué no pediste el deseo? — Preguntó Amaterasu finalmente haciendo a los otros callar, ella no podía ver a la diosa pero su energía era muy familiar para ella como para reconocer a la diosa.

— No existe un deseo sin ganancia personal, de una forma u otra yo ganaría algo, si pedía que desapareciera yo me habría librado de ser su guardiana y tendría una ganancia personal, si hubiera pedido por la felicidad de mis amigos también, fuera el deseo que pidiera tendría alguna ganancia y la perla encontraría alguna forma de volver, por eso no desee nada, le "ordene" destruirse, Megami-sama — Contestó Kagome resoplando por el intenso dolor que aquejaba a su cuerpo sin forma disperso en aquel espacio.

Kagome podía sentir más que ver la perplejidad que sus palabras causaban a los entes que la rodeaban y por alguna razón sintió como la risa histérica le subía por la garganta, pero el dolor le impedía reírse como una desquiciada ofendiendo con toda seguridad a los dioses alrededor de ella.

— Ciertamente muchacha, tienes toda la razón, pero ahora todo ha cambiado para ti y para nuestro plan — Contestó otra voz sabia y antigua, ante sus palabras toda risa histérica murió antes de nacer.

— ¿Es la única manera? — Preguntó otro más.

— Sera diferente pero al final puede que este desastre de mejor resultado que el plan original — Comentó Amaterasu, y Kagome sintió como está deslizaba una mano entre sus cabellos y su cuerpo volvió a solidificarse y el dolor remitió dejando tras de sí una ola de alivio. — Buena suerte hija mía — Susurro casi con ternura la diosa.

La luz la envolvió y fue dolorosamente segadora y pudo escuchar y sentir su cuerpo nuevamente, la suave arena bajo sus manos y el abrazador sol sobre su espalda.

Kagome pestañeo tratando de despejar las luces brillantes frente a sus ojos hasta que pudo ver arena y más arena rodeándola, casi con temor al retorno del dolor Kagome se sentó lentamente y al mirar sus manos no pudo evitar en grito espantado al ver las diminutas palmas de sus manos. Era una niña... ¿Cómo demonios había ocurrido eso? Se preguntó en su mente, entonces las palabras de los dioses vinieron a ella como un balde de agua fría y comprendió que está había sido la solución de los dioses a lo que la perla había intentado hacerle sin éxito.

— Ellos realmente deben estar riéndose de mi — Se dijo Kagome imaginándose a los dioses riéndose a carcajadas de sus desventuras, mientras se pasaban las palomitas y refrescos sentados todos frente a una gigantesca pantalla plana full HD.

Con movimientos cautelosos Kagome miró alrededor de ella y casi se lanzó a chillar indignantemente de alegría al ver su fiel y gigantesco bolso que la había acompañado el último año tras Naraku y la perla, más la alegría le duró poco cuando comprendió que tendría que arrastrar aquella carga, pues su cuerpo era más pequeño aproximadamente del mismo tamaño de su bolso observó su predicamento por un momento mientras pensaba en una solución.

Si, los dioses se burlan de mi pensó abriendo uno de los bolsillos y sacando una botella con agua, tenía varias de esas botellas que había ideado con Sesshomaru y le durarían un par de semanas con una buena administración, sin demora empezó a revisar sus suministros de comida y concluyó que allí estaba su mayor problema, desde que ella había dejado de ir a su época no había vuelto a comprar más suministros, aún tenía un botiquín de primeros auxilios relativamente completo, una bolsa de frutos deshidratados, sus últimas diez barras de granola, cinco botellas de agua en sus envases especialmente hechizados por ella, que permitía llevar más líquido del que mostraba a simple vista, un envase mediano con carne seca, especias varias, su arco, carcaj con flechas y su ninjato, ropa, calzado de repuesto, productos de higiene, Sutras y varios kotodamas que había hecho con la intención de ponerle uno a Koga para que dejara de llamarla "su mujer" y otros que en la práctica había hecho, libros, fotos y varias cosas más que se había empeñado en conservar, e igual la comida sería el problema más grande, por otro lado lo compensaría con agua.

Con esa idea en mente Kagome empezó a cerrar sistemáticamente los cierres del bolso hasta que esté estuvo reducido a la mitad de su tamaño, e ignorando el sol que le abrazaba la espalda unió las palmas de sus manos en un claro gesto de oración y murmuró unas palabras por lo bajo, logrando que el bordado en el interior de su bolso diera un ligero zumbido, tras lo cual empezó a meter todo alegremente de vuelta a su lugar.

Si alguien la hubiera visto no habría comprendido como todas aquellas cosas habrían podido entrar en el ahora mediano bolso, especialmente las armas, tras mirar con irritación su largo cabello platino, lo recogió en una alta cola de caballo y se puso una de sus camisas sobre el diminuto cuerpo desnudo dándole varias vueltas a las mangas hasta sus diminutas muñecas y se puso varios pares de medias en los pies para no caminar sobre la arena ardiendo, luego tomó otra camisa y se la acomodo sobre el rostro como un pasamontañas mojando el área que cubría su boca, nariz y ojos, y una vez comprobó que estaba todo lo cubierta que podría estar dada la situación, cerró los ojos una vez más y se concentró buscando señales de vida, pues era obvio que ella necesitaba ayuda.

===E S D D===

Mientras avanzaba bajo el inclemente sol que aún con la precaria protección que tenía, seguía hiriendo su piel y ojos, Kagome no dejaba de pensar en lo que diría a aquellos quienes la encontrarán, no sabía dónde estaba, no sabía en qué época estaba, ni cuáles eran los peligros para ella, porque si de algo estaba segura era de que aquel lugar DEBIA ser peligroso, los dioses nunca habían dispuesto las cosas fáciles para ella antes, así que no esperaría un milagro ahora, ante el blasfemo pensamiento, ella podrá haber jurado que el viento llevaba hacia ella la risa de los dioses confirmando sus pensamiento.

— Bien lo que faltaba, yo sabía que estaba loca antes, pero al menos no escuchaba a nadie riéndose de mí — Mascullo maldiciendo su débil cuerpo de seis o siete años, no estaría segura hasta no verse en un espejo.

Después de mediodía caminando casi sin descanso bajo el cruel sol sin sentirse más cerca de aquel punto donde sentía señales de vida, Kagome pudo ver cómo el cielo empezaba a oscurecerse con rapidez y el viento a soplar con fuerza y la temperatura bajar abruptamente, Kagome sólo reprimió las ganas de maldecir como un marinero y con rapidez abrió uno de los bolsillos de su bolso que antes no había abierto sabiendo que no había comida o agua allí y sacó su saco de dormir y se lo echó encima, para entonces el viento aullaba con furia y la arena lo cubría todo mezclado con diminutas bolas de granizo del tamaño de pelotas de golf las más grandes, respirar bajo el pesado sacó de dormir era una tarea agotadora y aplastar su bolso con su diminuto cuerpo para no perder lo que podía significar su vida o su muerte en el inclemente desierto era un trabajo aún más duro, pero Kagome era una luchadora y estaba aferrada a aquel saco y a su bolso con todos las fuerzas de su pequeño cuerpo, ella seguía teniendo casi dieciocho aunque su cuerpo dijera lo contrario.

Y así como había llegado, la tormenta de arena se había ido, agarrotada por el frío, el embate de la arena y la lucha por aferrase a sus cosas, Kagome se desenterró a si misma de la arena y tras ubicar una vez más a aquella señal de vida que ahora parecía más cerca, se obligó a ponerse de pie temblorosamente y a doblar su saco de dormir lo mejor que pudo y a meterlo a la fuerza en el bolsillo del que lo había sacado, y comiendo una barra de granola y varios tragos de agua siguió avanzando.

===E S D D===

Sabía según los reportajes de Discovery chanel que había visto, el desierto era frío de noche, pero no sabía que la temperatura podía caer bajo cero o cerca si podía ver el vaho de su aliento, maldijo internamente por no haber visto el programa completo cuando tuvo la oportunidad, pero no era como si pudiera saber entonces que necesitaría aquella información algún día, y allí estaba ahora envuelta en su saco de dormir una vez más, tenía una barra de energía y una tira de carne seca en su estómago acompañado de unos dos litros y medio de agua, se moría de frío y tenía hambre, sus poderes la obligaban a consumir más alimentos desde que Sesshomaru le dio de su sangre, así que aquella "comida" era un pobre substituto para la cantidad de nutrientes que ella necesitaba.

Casi cinco días y un par de tormentas después, Kagome comprendió por que le había sido tan difícil alcanzar a aquella fuente de vida, cuando tras pasar la gigantesca duna finalmente vio el grupo de coloridos carromatos con ruedas tipo oruga parecidas a los de los tanques de guerra que se arrastraban por la arena, rodeados por camellos, por hombres y algunas mujeres cubiertos por turbantes y armados y otros hombres guiando animales, su alivio había sido tal que había olvidado la edad que realmente tenía y había chillado a todo pulmón por ayuda y había visto con pasmoso sobrecogimiento como aquellos hombres y mujeres armados se habían convertido en borrones de color y a la velocidad que fácilmente podía compararse a la de los Youkai habían aparecido a apenas unos pasos de ella, armas desenfundadas y rodeándola y ella sólo se había quedado allí pasmada mirándolos boca abierta, y bien fuera por la obvia insolación, el hambre, la sed, el agotamiento, shock o todo junto, Kagome Higurashi, Shikon no miko, señora del Oeste, señora de la casa de la luna y guerrera consumada se desmayó indignamente ante las atónitas miradas de los seis sorprendidos ninjas nómadas del norte de Sunagakure.

No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente, pero cuando despertó estaba rodeada de personas que hablan en susurros, mientras tocaban sus cabellos liberados de su horrenda camiseta verde "Jaken" que siempre era reservada para casos de extrema emergencia, su piel no dolía pero sentía un ligero tirón familiar como cuando una herida acababa de ser sanada con youki o Reiki.

— No es un espíritu del desierto — Dijo una mujer junto a ella con un tono de clara irritación.

— Pero apareció de la nada — Contestó una voz de hombre con un deje de insistencia.

— Esta niña es lo suficientemente pequeña para pasar frente a la caravana entera sin ser detectada — Dijo la voz gruesa de un hombre con aire terminante.

— ¿Cómo sobrevivió sola al desierto, cuanto tiempo a estado allí afuera sola? — Pregunto la mujer que aún deslizaba los dedos por sus cabellos. Cuando los murmullos empezaron nuevamente Kagome decidió que debía "despertar" antes que el argumento del espíritu volviera y la echaran al desierto una vez más.

Cuando abrió los ojos se vio rodeada de varias mujeres de edades que variaban desde la veintena como la mujer junto a ella que acariciaba sus cabellos hasta la anciana con rostro risueño surcado de arrugas junto al hombre igual de viejo que estaba sentado junto a un hombre enorme de unos treinta años alto como un oso vestido de negro como su turbante adornado con una enorme turquesa redonda.

— Mira que ojos — Saludo con una exclamación de deleite la mujer que acariciaba su cabello señalándole a todos que ella había despertado, de inmediato el ambiente del lugar cambio de curiosidad a desconfiada tensión. — Hola cariño ¿Cómo te llamas? — Pregunto la mujer ayudándola a sentarse cuando Kagome hizo ademán de incorporarse, su piel aun ardía un poco a pesar del obvio intento de sanarla pero decidió no quejarse, no quería volver al yermo vacío del desierto, casi extrañaba a Naraku, "casi".

Cuando ella recorrió la habitación con la mirada pudo ver las variadas expresiones que iban desde la fascinación hasta la abierta desconfianza que rayaba en hostilidad, inconscientemente ella se acercó más a la mujer que no dejaba de acariciar su cabello como tratando de mantener en calma a un animal nervioso, comprendió tardíamente que ella era ciertamente como un animal nervioso rodeado por aquellos extraños.

— Mi nombre, es Kagome Higurashi — Contestó con toda la calma que pudo reunir.

— ¿Tus padres dónde están? — Preguntó entonces el hombre enorme que reconoció como el líder de aquel grupo por la cualidad que tenía de convertir una simple pregunta en una demanda de quien está acostumbrado a ser obedecido sin dudar, Sesshomaru le había dado un curso especializado para reconocer al tipo "Alfa" el único problema es que ella misma era un Alfa por eso tal vez se la pasan discutiendo amigablemente.

Ante la pregunta-demanda, Kagome recordó a su madre y a su familia no por primera vez desde que había llegado a aquel desierto y se permitió finalmente que la realidad de lo que su presencia en aquel lugar significaba, "Había perdido a su familia, ellos esperarían por ella, pero nunca regresaría a ellos, ellos la llorarían sin saber nunca que fue de ella", sin notarlo sus ojos se llenaron de una profunda tristeza y las lágrimas comenzaron a brotar sin parar incomodando al hombre.

— Están muertos, papá murió primero, mamá, el abuelito y mi hermano menor después — Contestó decidiendo seguir sus instintos, ella no estaba mintiendo, técnicamente había sido así, algo le decía que no estaba en el Sengoku, pero tampoco estaba en su época.

— ¿Cómo te salvaste tú? — Pregunto el hombre mirándola con desconfianza.

— El pozo me salvo — Dijo sin dar más detalles.

— ¿No te buscaron, como saliste del pozo? — Pregunto la anciana dedicándole una mirada de curiosidad y lástima, Kagome comprendió que ellos creían que su familia había sido asesinada y decidido que lo dejaría así.

— No sé si me buscaron, había donde meter los pies y salí — Contestó decidiendo tomar ventaja de la edad que aparentaba.

— ¿Cuántos años tienes?— Pregunto la mujer junto a ella, Kagome decidió mostrar seis dedos para señalar su edad, la mujer hizo un gesto de horror. — ¿Cómo sobreviviste sola allí afuera?

— Mama dice que soy un genio, ya se leer y escribir— Dijo Kagome con infantil orgullo, técnicamente no estaba mintiendo su IQ era ya elevado en su época y ahora con la edad que tenía, ella era más inteligente que cualquier niño de seis años en aquel lugar.

— Solo tienes agua, carne seca, una bolsa vacía de lo que parecía ser frutos secos y esas barras extrañas, ropa y una manta — Señaló el hombre, levantándose y avanzando hacia ella con la desconfianza pintada en el rostro, Kagome se tensó y trato de apartarse pero la mujer que había estado junto a ella ahora le impedía moverse y ella comprendió con irritación que el plan siempre había sido calmarla para luego acorralarla, maldijo en su mente y miró aterrada y molesta al enorme hombre ahora agachado frente a ella moviendo las manos y los dedos a una velocidad impresionante murmurando palabras por lo bajo de lo que ella sólo pudo capturar la palabra "jutsu" completamente desconocida para ella.

— ¿Qué es eso que haces con tus manos?— Preguntó Kagome cuando el hombre paró de hacer esos movimientos y la miraba genuinamente aturdido.

— Son sellos para liberar mi chakra y ejecutar jutsus — Contestó el hombre ahora más relajado, mirándola con atenta curiosidad.

— ¿Jut-sus qué es eso? — Pregunto una vez más ganándose una mirada de total incredulidad.

— ¿No hay ninjas de donde tú vienes? — Preguntó el observando atentamente su reacción, cuando Kagome abrió los ojos como platos con total incredulidad, el hombre respiró con calma y su rostro duro se relajó un poco y le dedicó una diminuta sonrisa que lo volvió guapo de una forma dura.

— ¿N..Ninjas de verdad? — Soltó olvidando por un momento su situación ante la perspectiva de conocer en persona otro de los mitos que en su mundo no existían pero que aquí claramente si lo hacían, analizando rápidamente lo que el hombre había dicho, ese "chakra" debía ser esa energía que ella sentía en ellos y que era obvio que no era para nada la basura de la que se hablaba en su época. — No, en casa no hay ninjas, buenos están las tortugas ninjas pero es un dibujo animado y cómic así que no cuentan ¿verdad? — Contestó ella tan emocionada que las personas en la habitación comenzaron a reír por lo bajo murmurando el nombre del cómic al que su hermano había sido adicto al punto de gastarse su paga en figuras de acción de las tortugas.

— No creo que esas... tortugas ninjas no cuentan, mi nombre es Raja y la mujer junto a ti es Rani mi esposa — Dijo el hombre levantándose e intercambiando algunas palabras en murmullos, que fue suficiente como para que uno a uno se fueran presentando, al parecer había pasado alguna prueba no escrita.


Pronto aquel día aquellos nómadas retomaron su camino, y Kagome fue puesta bajo el cuidado y de Rani, y esta se había dado gusto en bañar, perfumar y vestir a Kagome como si fuera una muñeca, y después de haber peinado la platinada cabellera hasta que hacía daño mirarla del brillo que había adquirido bajo sus mimos, luego se había reunido con la otras mujeres en la noche para organizar la comida mientras los hombres marcaban el perímetro de seguridad para pasar la noche y se formaban las guardias, el grupo estaba ansioso de conocer al "espíritu del desierto" que los había alcanzado aquel día, muchos la miraban con abierta curiosidad, de la misma forma como ella los veía a ellos, Kagome había descubierto que bajo aquellos turbantes de colores habían cabellos incluso más exóticos que el suyo, según su opinión porque ¿En qué mortal había conseguido ella cabellos desde el tono azul bebé hasta el blanco, no platino como el de ella pero blanco nieve? Aun así ella notó que ellos parecían opinar que la exótica era ella, con sus ojos azules grisáceos clarísimos y sus cabellos platinos como el polvo de diamantes unido a su piel obviamente albina que le haría sufrir como los condenados en el duro clima del desierto.

Kagome había decidido que tal vez aquella era una oportunidad para vivir en parte la infancia que había perdido con la perla y Naraku, así que había tomado la decisión de permanecer bajo perfil y no mostrar ninguna habilidad fuera de lo común, los nómadas del norte de convirtieron pronto en lo más cercano que tenía a una familia.

El tiempo y durante los tres meses que llevaba viajando con la caravana había funcionado bien, había hecho amistad con los otros niños y niñas, las últimas la habían adoptado cuando vieron que en realidad no era diferente de ellas ( o al menos Kagome se esforzaba por no ser diferente de ellas) pronto se había unido a las niñas en aprender de las especias, a cocinar en el desierto y a hacer su parte de quehaceres, ayudando a lavar los utensilios tras las comidas y a recoger el campamento cada día, ella había notado que Raja no le había entregado su bolso durante las primeras dos semanas, obligándola a usar la ropa que las mujeres podían reunir de las otras niñas, más cuando ella había pedido su bolso él se lo había entregado sin dudar y aunque aún usaba la ropa que las mujeres habían reunido para ella saber que aún tenía sus cosas con ella la consolaba. A pesar del desastre que en realidad era su vida, Kagome empezaba a sentirse feliz entre aquellos nómadas, una vez pasabas sus maneras tribales ellos eran cariñosos y fieros protectores, ella había decidido que sentía segura con ellos.

— Vamos Kag-chan hoy Rani va a bailar — Hitomi una de las niñas que la había adoptado y de lejos la más pendenciera de ellos, mientras arrastraba a Kagome de la muñeca adornada con varias pulseras de plata que le habían regalado.

— Hai, hai — Contestó Kagome dejándose arrastrar por la niña más grande de doce años y que junto a un pequeño grupo iría a Suna a presentar su examen para ser ninja y en el futuro defender su caravana y a Suna si el deber los llamaba.

Aquella noche era cálida, la luna llena le daba al desierto un aire etéreo y Rani la había vestido toda de blanco así que ella misma se veía como un ser de otro mundo aquella noche, Raja estaba allí en el círculo de fuego con los otros hombres de aquella tribu, y las mujeres estaban vestidas con trajes coloridos y hermosos pronto la música a empezó y las mujeres y los hombres empezaron a cantar y a aplaudir mientras las mujeres ejecutaban hermosos bailes que a Kagome le recordaban las películas hindúes que había visto por cable con Eri cuando irónicamente en una visita a casa y ella se había enfermado de verdad, Kagome estaba tan embelesada que ignoró por completo el malestar que se instaló en la fondo de su estómago hipnotizada por la belleza del baile de Rani y otras mujeres jóvenes, cuando la arena explotó de golpe bañándolos a todos y todo estalló en el caos Kagome sólo podía escuchar los gritos aterrados y la gente corriendo de un lado al otro empujándola hacia el desconocido peligro que la obligaría a ponerse una vez más bajo el foco de atención.

— Kagome, Kagome — Escucho a Rani gritar pero entre la nube de arena ella no podía ver mucho más que una fuente de energía frente a ella, entonces se encontró paralizada frente a un escorpión gigantesco que siseaba furiosamente agitando amenazadoramente su aguijonada cola.

— Kami Raja, la niña — Ladró uno de los hombres entonces casi en cámara lenta el escorpión atacó y Kagome se encontró viendo de repente a Rani mirándola con los ojos desmesurados de agonía y una diminuta sonrisa en los labios.

— Todo está bien — Murmuró Rani ante el horror de todos. Entonces algo dentro de ella colapso, Rani con sus amorosos ojos oscuros tan parecidos a los de su amada madre, Rani calmándola cuando despertó de alguna pesadilla de su vida anterior, cuidando de ella, dándole de comer siempre allí, mimándola.

— No...— Susurro inconscientemente dando un paso hacia ella con la diminuta mano derecha levantada hacia ella. — ¡NOOO! — Gritó con toda la fuerza de sus pulmones haciendo daño a los que más cerca estaban de ella, entonces el familiar calor de su Reiki se acumuló en su pecho y exploto desde dentro de ella iluminando la noche mientras ella continuaba mirando a la mujer ahora suspendida en el aire por el venenoso aguijón del escorpión que ante el contacto con su energía, chilló aterradoramente antes de desvanecerse en una pila de cenizas dejando caer a Rani frente a ella en un montón que convulsionaba por el veneno. Durante un segundo nadie emitió ninguna palabra pero cuando Kagome hizo ademán de tocar a Rani todos empezaron a gritar una vez más tratando de impedirle que la tocará más ella los mantuvo alejados con una fuerte kekkai.

— No la toques, monstruo — Ordenó Raja golpeando la barrera con su gran puño. Las ancianas trataban de decirle algo pero él no estaba prestando atención a nada más que a Rani que moría frente a él en manos de lo que el creía que era un demonio.

— No soy un monstruo, soy una sacerdotisa — Dijo Kagome genuinamente herida por las palabras que escuchaba de muchos de aquellos a los que ella estaba empezando a ver cómo su nueva familia, especialmente Raja, que reaccionó ante sus palabras como si ella le hubiese dado una bofetada. Sin mirar a alguno de ellos Kagome como sus manos sobre Rani y dejó ir su Reiki, destruyendo cada particular de veneno y sanando la herida desde adentro hacia afuera, uniendo células, vasos sanguíneos, hueso, músculo y piel sanando por completo el daño causado por el escorpión, antes de desmayarse lo último que vio fue a Rani, mirarla como si hubiera descubierto el secreto más grande del universo.

===E S D D===

Tres días después despertó sola en un carromato atada de manos y pies a esposas de metal con pergaminos que de nada servían con ella, hombres con gestos sombríos y ojos oscuros y acusadores le habían dado pan sin levadura y agua y habían observado mientras ella comía y se aliviaba en un tazón de barro, Kagome nunca se había sentido tan humillada en toda su vida, desde donde estaba podía sentir la tensión de la caravana, el silencio antinatural a lo que ella había conocido hasta entonces, para el quinto día la habían sacado del carromato y la habían llevado frente al resto de la tribu en lo que a su parecer era un juicio abierto, sus antiguos amigos la miraban asustados desde la seguridad de las faldas de sus madres, con las mismas expresiones llena de desconfianza, los hombres y algunas mujeres igual, solo los ancianos miraban a Kagome con comprensión y vergüenza.

— Eres un demonio, trajiste ese escorpión hasta nosotros y casi mataste a mi Rani — Declaró Raja mirándola con rabia, junto a él Rani la miraba con tristeza y clara impotencia. Alrededor todos empezaron a lanzar acusaciones que iban desde la pigmentación de su piel hasta su antinatural inteligencia, Kagome los observó a todos con el corazón roto, y vio a una pareja de ancianos que no había visto antes pero que al parecer eran importantes pues los ancianos de la tribu hablan apresuradamente y la señalaban constantemente mientras estos a su vez la observan con atención.

— ¿Que respondes a esa acusación niña? — Pregunto el anciano haciendo callar a todos sin siquiera ordenarlo directamente, Kagome estaba claramente impresionada, él no había necesitado llamar al orden o levantar la voz.

— ¿Que puedo contestar a una acusación, si ya he sido juzgada y condenada honorable anciano?, les dije que soy una sacerdotisa, destruí a la bestia y sané a Rani-sama, aun así despierto tres días después drenada de energía y adolorida por mis acciones, presa, amarrada y humillada por aquellos a los que hasta hace cinco días fueron lo más cercano a la familia que perdí... no puedo decir más de lo que ya dije, al final todos me han medido, cortado, pesado, juzgado y condenado, que así sea en manos de los Kami estoy, como siempre — Contestó Kagome con solemnidad mirado a la cara al anciano.

Los murmullos empezaron a levantarse pero un gesto de la anciana junto a él fue suficiente para callarlos.

— Grandes palabras para alguien tan pequeño, ¿Cuántos años tienes? — Pregunto la anciana mirando a Kagome con penetrante atención.

— Tengo seis años — Contestó Kagome ganándose un susurro de claro desdén del grupo de nómadas.

— ¿Por qué no les dijiste a esta caravana de tus habilidades? — Pregunto la mujer con calma, lanzándole una dura mirada de advertencia al resto de los nómadas.

— Mi abuelo dijo que no debía decirlo, porque alguien podía usarme para mal, o tratar de forzarme a tener bebés para obtener mis poderes — Contestó Kagome con la verdad, su abuelo si le había advertido de ese riesgo para ella, así que mientras más se adentraba en el mundo del Sengoku ella había sido más cuidadosa con sus habilidades, incluso Miroku, Sesshomaru y la anciana Kaede le habían advertido tener mucho cuidado.

Ante sus palabras los nómadas estaban perplejos y estaban empezando a sospechar que habían cometido un terrible error con la niña frente a ellos, se miraban entre ellos removiéndose con incomodidad.

— ¿A qué religión perteneces criatura? — Pregunto entonces una de las ancianas que había estado tratando de hacer entrar en razón a Raja aquella noche.

— Shintoista, Amaterasu-sama es la madre de las sacerdotisas del culto Shinto y Ame No Usume nuestra madrina y protectora — Contestó ella mirando a la anciana asentir.

— ¿Puedes sanar una herida pequeña para poder analizar tu energía? — Pregunto la anciana desconocida y Kagome asintió. — Quítenle esas esposas — Ordenó la mujer levantando comentarios de aquellos que aún no estaban convencidos, y Kagome decidió no revelar que aquellos sellos no estaban haciendo lo que fuera que se suponían debían hacer con ella.

Rani se levantó antes de que Raja pudiera detenerla y empezó a retirar los pergaminos y las esposas de sus manos y pies conteniendo el aire cuando vio lo que estás habían hecho a la sensible piel de la niña.

— Al primero que me detenga se muere, tontos, esta niña salvo nuestras vidas esa noche... si habríamos espantado el escorpión ¿pero a costo de cuántas vidas? Ella salvo MI vida y aun así hacen esto con ella, me avergüenzan todos ustedes, en especial tu marido, cuantos años has suplicado a la luna un hijo, la luna nos envía una estrella y a la primera la humillas, la hieres — Dijo Rani lanzando a los pies de Raja las esposas con la sangre seca de Kagome.

— No te molestes con él, ni con ellos por mí, todos temen lo que no comprenden él es tu esposo y aunque estés molesta ahora, lo quieres, no dañes tu amor por mí — Dijo Kagome calmando a Rani que la miro con los ojos llenos de las lágrimas que mojaban sus mejillas.

— No te merecemos — Dijo Rani dándole un apretado abrazo antes de volver junto a Raja que parecía avergonzado y herido.

— ¿Si no le importa honorable anciana, puedo sanar estas heridas? — Pregunto Kagome mostrándole las feas heridas causadas por el roce del metal contra su piel, la anciana asintió y se levantó junto al anciano y se acercaron al punto que podían tocarla, Kagome dejo ir su Reiki y sano sus heridas de inmediato sin dejar cicatriz alguna.

— Esto no es Chakra — Declaró la anciana con calma, dedicándole una mirada al anciano a su lado.

— Es Reiki, la energía sagrada que los dioses me han dado, para sanar, destruir la maldad y proteger— Dijo Kagome sintiéndose cada vez más deprimida, era peor que estar en el Sengoku y ser confundida/comparada con Kikyo. — ¿Que van a hacer conmigo? — Pregunto finalmente harta de estar bajo el escrutinio público, empezaba a comprender cómo se sentían los animales del zoológico bajo la curiosa mirada de los humanos.

— ¿Qué quieres decir mi lady? — Pregunto una de las ancianas de la caravana, sobresaltada como los demás por la calmada y resignada pregunta de Kagome que estaba frente a ellos con la dignidad de una reina escuchando a su corte.

— Soy pequeña, pero no estúpida, no me sacaron de mi exilio en ese carromato para decirme lo rara que soy, esto es un juicio y ya he dicho más de lo que debo para mi seguridad, ahora quiero saber qué van hacer conmigo, ¿Pena de muerte de qué tipo? — Declaró con tan antinatural seriedad que todos comprendieron el daño irremediable que habían hecho con sus acciones arbitrarias.

— ¿Tu de verdad creías que...? — Balbuceó Rani con espanto.

— ¿Qué más puedo esperar? — Contestó Kagome con un encogimiento de hombros en señal de resignación.

— Si lo deseas puedes quedarte con nosotros, si lo permites cuidaremos de ti lady Kagome— Ofreció la anciana frente a ella, sus ojos oscuros le sonrieron ella decidió que podía confiar en ella, pero no deseaba cargar a nadie con ella y los problemas que al parecer aún en aquel mundo parecía atraer.

— Solo Kagome, gracias pero solo me gustaría llevar mis cosas conmigo es lo único que me queda de mi familia — Dijo Kagome. De inmediato Raja busco el bolso de Kagome y lo coloco a sus pies sin decir palabra alguna.

Frente a ellos Kagome se puso por encima del sari en antaño blanco una camisa de algodón negro que le quedaba justo por debajo de las rodillas y empezó a sacarse el sari hasta que solo se quedó vistiendo la camisa, luego empezó a sacar sistemáticamente toda la ropa que las mujeres habían reunido para ella junto a las pulseras de plata que había estado usando aquella noche y otras pequeñas joyas que le habían regalado, una vez terminó se descalzó de las sandalias de cuero negro y apiló todo frente a Raja que estaba como el resto, perplejo y avergonzado.

— Que no se diga, que vine hasta aquí y me llevé algo más que el recuerdo más alegre y más triste de mi vida, gracias por todo Raja-sama, Rani-sama y a todos ustedes, espero que sí nuestros caminos se cruzan una vez más, que haya paz — Dijo Kagome dedicándoles un respetuoso saludo formal nómada antes de tomar su bolso y echar a andar hacia las dunas cubiertas por la noche, no podía quedarse allí ya no estaría a salvo.

— ¿No vas a maldecirlos? — Pregunto el anciano con curiosidad.

— No, necesitan más de una bendición, además para maldecir hay que ser una Kuro-miko y yo solo soy una miko en el camino de la luz, no de la oscuridad — Contestó alejándose sin mirar los rostros llenos de tristeza y vergüenza de aquella caravana.

Caminó por horas sin descanso alejándose de la caravana ahora sin comida y apenas agua pues hacía rato que sus reservas se habían acabado y no podía llenar por completo sus botellas sin comprometer las reservas de la caravana, Kagome se preguntó cuándo la atacaría la pareja que la había seguido, cuando durante el resto de la noche y madrugada nada pasó Kagome dejó caer su bolso frente a un grupo de cactus altos y gruesos, se sentó y espero, no tardó mucho en aparecer frente a ella un pareja de ancianos montados en su carromato seguidos por un par de camellos y varias cabras, sin más ambos desmontaron y armaron un pequeño campamento frente a sus agotados ojos.

— ¿Por qué me siguieron? — Preguntó Kagome finalmente deteniendo las acciones de aquellos ancianos que habían tratado de defenderla de las acusaciones de Raja y el resto de la caravana.

— No puedes sobrevivir sola al desierto, además nuestra hija te ama y cuidarte es lo único que podemos hacer para aliviar la pena de perderte — Contestó la anciana Indra mientras el anciano hacia una fogata.

— No tenían que hacerlo— Dijo Kagome tocando la arena junto a ella creando una barrera que los mantuviera lejos de los ojos curiosos.

Aquel arreglo duró un año completo y cada vez que se topaban con la caravana de Raja el ambiente se volvía tenso, Kagome se mantenía alejada de todos adelantando a los padres de Rani después de saludar a la mujer y a su esposo y alejarse sin darles tiempo a más que un leve asentimiento de parte de Raja, levantaba una kekkai sobre ella mientras los ancianos compartían con su única hija.

La anciana Indra era una antigua ninja médico de primera, y rápidamente había tomado a Kagome como su pupila, si bien decía ella no había nadie mejor dotado en el jutsu médico que Lady Tsunade de Konoha y Sannin legendaria, para Kagome se había abierto un nuevo mundo de sanación y conocimientos y ella no dejaría de pasar la oportunidad, aún más cuando comprendió que el choque de su Reiki y el youki de la sangre de Sesshomaru le había dado a ella ese "Chakra" que los ninja tenían, confirmando sus sospechas de una mezcla de razas.

Rolo el padre de Rani fue en su juventud un ninja de elite de rango de Anbu y al igual que Indra la tomó bajo su ala y le enseñó todo lo que sabía. Kagome absorbió de ellos todo el conocimiento que le ofrecieron y empezó a hacer sus propios descubrimientos y técnicas tanto de sanación como de combate ligado ligeramente con lo que ya conocía y su Reiki, tratando de mantenerlo en un nivel casi indetectable, ella no quería esa atención sobre ella y no estaba cómoda con la cantidad de gente que ya sabía de su habilidad.

Diez meses después de abandonar la caravana y gracias a su medicina y sus técnicas de curación, Rani dio a luz a un rechoncho bebé que llamó Sota en honor al hermano de Kagome e incluso Raja no tuvo queja alguna, demasiado feliz para dejar pasar que su primogénito no llevara su nombre.

Kagome había decidido que necesitaba más estabilidad y la oportunidad de adquirir más conocimientos y así se lo comentó a Indra la noche que ajándose hacia la caravana de Raja, Kagome tomó la decisión de pedirles que se quedaran con su hija y sus nietos pues Rani esperaba a su segundo retoño y ella sabía cómo sufrían los ancianos al separarse de ellos, aun así Kagome se había negado como siempre a volver a la caravana.

Tras mucho discutir incluso con Rani y Raja, Kagome se dirigió a Suna con una nota para lady Chiyo amiga íntima de Indra y tras leer la nota lady Chiyo y lord Ebizo su hermano, la habían recibido con los brazos abiertos y ella se había dedicado aprender formalmente de la anciana Chiyo, quien había sido la dama que había estado aquella noche un año y dos meses atrás en su juicio tribal y le había ofrecido un lugar en su casa y en la aldea de Suna.


Owari…


Por favor les agradecería mucho sus opiniones, les recuerdo que hago esto sin ánimos de lucro, y realmente me gustaría conocer sus opiniones, teniendo en cuenta el esfuerzo que hago para tejer una historia que comparto con ustedes.

Atte.: La autora