Nota: Este escrito pertenece a Naty akaSelector18perdón por tardarme tanto! Lo siento. Pero aquí tienes, con todo el fluff y la miel que tanto querías.

Advertencia: extremadamente fluff, lee bajo tu propio riesgo.


‹‹Galbi››

«Que se busquen jóvenes vírgenes y hermosas para el rey.Que nombre el rey para cada provincia de su reino delegados que reúnan a todas esas jóvenes hermosas en el harem de la ciudad de [...]. Que sean puestas bajo el cuidado de Diavel, el encargado de las mujeres del rey, y que se les dé un tratamiento de belleza.Y que se convierta en reina la joven que más le guste al rey.» Esta propuesta le agradó al rey, y ordenó que así se hiciera.

Sabe que ha alborotado a toda la guardia, y que los hombres se han movilizado por su causa. Pese a que siente la adrenalina recorriendo su cuerpo, Asuna no se detiene sino hasta llegar de nuevo a la casa de las concubinas y su figura menuda y glamorosa se pierde entre el resto de las pocas alborotadas mujeres que aún circulan por el harem. Le duele la mano, se la aprieta contra el pecho rogando que el dolor cese así puede pensar.

Necesita una coartada.

El palacio no tarda en convertirse en un caos, los guardias requisan todo recoveco buscándola, y ella toma el velo que aún enlazaba su cintura y lo coloca sobre su cabello. Buscan una mujer de cabellera de fuego y rostro distorsionado por las acciones violentas que acaba de cometer... Lo primero puede ocultarlo, lo segundo... necesita serenarse. Pero el dolor de la flecha es tan abrupto que apenas puede consigo. Ha actuado tan rápido que no se ha detenido a procesar lo ocurrido.

Termina de acomodar la seda sobre su cabeza cuando alguien le da un abrupto jalón, y de pronto se encuentra descubierta ante el lord rubio y de ojos claros que, según las habladurías de la corte es el hombre de confianza del rey.

—Jaque Mate —le dice divertido en lugar de estar molesto.

Pero ella está tan amedrentada que no reacciona hasta que otro guardia la toma del brazo herido, y éste no tiene reparos en tratarla como la delincuente que es, y la arrastra por ese lujoso corredor por el que ha escapado ya varias veces en el día.

Sabe que su suerte está echada, y que ni la diosa Stacia con toda su infinita misericordia puede librarla del tamaño de lío en el que se encuentra metida.

Y todo por cometer la audacia de liberar a su hermana de las manos de ese déspota rey.

Acción que, a sabiendas del castigo mortal que le espera, ha logrado llevar a cabo con éxito. Y mientras ella es llevada a la horca según sus presunciones, Shino se encuentra sana y salva camino a reunirse con la pequeña Yui.

Dos horas antes.

Sabe que la ha ligado. Actuar de esa forma contra su rey le vale unos años en la cárcel... eso como mínimo. Pero no contaba conque éste quisiera seducirla a ella; ¡A ella! Que, por favor, su aspecto no era mucho mejor que el de una pastora de ovejas. ¿Qué ha visto en que he despertado la atención del monarca de esa forma...?

Asuna cruza el patio lleno de guardias y pronto se pierde entre las doncellas que pueblan el harem. A pesar de su alarma parece que nadie está al tanto de lo que ha hecho, por lo que aprovecha esa ligera calma para buscar a su hermana.

Camina entre las hileras de jovencitas hasta que la encuentra; si al principio fue ella quien se sorprendió ante el cambio radical de Shino, esta vez es su hermana más joven la que quedó anonadada ante su nuevo aspecto. Claro, aún viste esa costosa túnica que las siervas le habían puesto para presentarla ante el rey.

Sin duda debe verse muy extraña porque en ese radio de muchachas próximas a ellas, todas se la quedan viendo.

—¿Asuna? ¿Eres tú?

Ella asiente con bochorno, y antes de que Shino siga con su parloteo la frena. Se inclina ante ella y le exige.

—Ten tus cosas listas.

Los ojos de la joven de corto cabello se abren de aprensión, pero sabe que no puede dar rienda al alud de preguntas que se gesta en su interior. Se queda inmóvil mirando fijamente los ojos ambarinos de su hermana pintados con Kohl.

—Yui nos necesita... —refiere la mayor y en sus palabras se transfiere la preocupación obvia que siente. Se sabe responsable de cuidar a sus hermanas, y también sabe que hará hasta lo imposible por mantenerlas juntas.

—¿Que...?

—Sólo ponte en alerta —dice otra vez sin entonación. Alza la mirada cerciorándose si alguien la está buscando por su anterior osadía. Pero todo luce calmo, demasiado, para su gusto.

Asuna se incorpora, el aroma a flores exóticas aún la acompaña y tiñe cada uno de sus movimientos. Dentro del harem es una más de las futuras amantes del rey, y eso le da la impunidad de moverse en los patios y en las habitaciones como desee.

Tiene el plan cuidadosamente trazado en la mente, y espera que todo le salga a la perfección. Necesita aprovechar esos segundos donde todavía es alguien ignota dentro del palacio. Cruza el jardín y la fuente de Stacia, a la que dirige una silenciosa plegaria rogando protección, y se encamina a otra parte de los aposentos. Esa que solo está destinada a las concubinas, y que difiere en lujo y clase al resto del harem.

Su ropaje lujoso que la distingue como algo más que una mera doncellas no llama la atención de los guardias apostados en las puertas, la creen una de las concubinas favoritas, por lo que asienten cuando ella los traspasa entrando a la ostentosa estancia.

El movimiento allí es menor, y el lujo desborda ante sus ojos que parpadean desorbitados. Por un momento se queda en el centro de la sala sin saber que hacer, siente el peso de la daga que esconde en la cintura de su falda, y esa sensación toma la decisión por ella haciendo que se mueva.

—¿Señora? —una voz ajena la hace sobresaltar —¿Necesita algo? Asuna voltea encontrando una sierva en actitud solícita, por su vestuario ésta la ha confundido con una habitante de ese harem.

—De... Debo dar un recado a la gran esposa real —manifiesta con mesura, haciendo lo posible por sonar convincente.

La sierva, una joven de lustroso cabello grisáceo, asiente y de un gesto le insta a seguirla. Lo que Asuna hace. El sonido de los cascabeles en sus pulseras acompañan sus pasos, no deja de acariciar el mango de la daga, aquella que hurtó y con la que amenazó al rey, la cual se encuentra debidamente escondida en su falda. Se repite que debe mantener la cabeza fría, y que todo lo que hará es por el bien de su familia, y el de esas mujeres que están prisioneras dentro de esa jaula de oro.

La sierva se abstiene y le hace un gesto silencioso de que espere. Se han detenido dentro de un saloncito agradable, antesala a una habitación espaciosa donde el aroma de los inciensos flota en el ambiente.

Asuna asiente sintiendo que sus manos tiemblan mientras su interlocutora se adentra a la recamara para anunciar su llegada. Oye la voz anunciante, amortiguada apenas por las paredes y advierte que su respiración se agita cuando el silencio se hace presente.

La puerta se abre, y una hermosa joven de corto y lustroso cabello negro azulado la mira expectante, casi con ansiedad.

—¿Tienes un mensaje para mí?

Una tiara dorada se pierde entre las hebras de su negro cabello, Asuna no tiene dudas, se encuentra ante la presencia de la reina. Esa reina que ha sido desechada por desobedecer deliberadamente las órdenes del monarca.

—Alteza... — se inclina graciosamente regalándole una caravana. La joven frente a ella no parece demasiado mayor. Asuna adivina que deben tener la misma edad —Tengo un recado para usted.

—¿De... de mi señor...? —se adelanta esperanzada.

Y la joven pelirroja no puede creer que el azar se lo haya dejado tan conveniente. Una sonrisa irónica se cuela en sus labios aún teñidos de carmín.

—Así es, el soberano me dijo que le transmitiera unas palabras... —¿Lo has oído Yulier? —pregunta la joven reina hacia la sierva que con la cabeza inclinada espera más órdenes —Puedes retirarte, trae una jarra de jugo de dátil para nuestra invitada... Asuna siente que sus dedos vuelven a temblar al oír la coartada que estaba esperando. Escucha los pasos de la doncella que se aleja.

—Mi señor no ha venido por aquí desde... — baja la vista, sin duda recordando los penosos hechos que la tienen confinada a ese lugar. Es obvio que ella aún lo ama —Desde hace mucho tiempo...

—No pierda las esperanzas, mi señora —le responde animosa.

—Una de las doncellas me confió que él esta buscando una nueva reina... —parece contrariada mientras repite esa información —¿Eso es verdad?

'Asi que ella no lo sabe...' Razona y no puede creer que a situación le sea tan conveniente. Relaja su rostro —Quizás sean simples habladurías.

La actitud de la soberana se suaviza, se permite sonreír en tanto baja sus defensas — Tienes razón — suspira —Entonces ¿qué es lo que tienes que decirme? —se le acerca con la duda bailando en sus ojos azules. Ignorante de la postura que de pronto adoptó su compañera.

Asuna casi que la siente acercarse, sus sentidos se agudizan previniendo su siguiente acción antes de que la doncella regrese y alerte a los demás de sus intenciones. Espera a que la soberana se detenga a su lado para extender su mano, aquella que lleva escondida la daga, y asiendo su muñeca, la dobla hacia atrás presionando la punta de su arma bajo sus costillas.

—¿Que... que haces...? —pregunta, y se detiene ante el pinchazo que hace que su ceño se frunza de dolor.

—Lo siento mucho mi señora, pero esto es necesario. Si usted colabora... —hace presión en los huesos frágiles de la muñeca que retiene y la obliga a caminar hacia adelante, se ubica a su lado escondiendo la acción, tomando su brazo muy cerca —No va a ocurrirle nada. Todo esto es por una buena causa...

La soberana está pasmada ¿cuál buena causa sería esa?. Camina algo renuente, casi dando pequeños saltitos en tanto siente la rudeza con que la conducen.

Así atraviesan los numerosos corredores que surcan el interior de la casa de las concubinas. El hecho ha de parecer normal porque el resto de siervas y guardias no se alarma de ver a ambas caminando tan juntas.

Demasiado tarde Asuna se da cuenta que camina con su rostro descubierto, su idea inicial era cubrirse el cabello con el velo, pero la situación ha sucedido de otra forma, y ya no hay marcha atrás. Atraviesan el patio donde se erige la fuente de la diosa, hace ademan de detenerse pero la adrenalina que la recorre le insta a continuar hasta el final. Sus manos tiemblan otra vez en tanto se pierden entre el resto de las doncellas que miran con sorpresa a las recién llegadas, parece ser que la joven reina no se aventura a salir de sus aposentos con tanta regularidad.

—¿Señora? —una sierva hace ademán de acercarse, pero es detenida por el gesto terminante que ésta hace. Sin embargo la expresión abrumante de sus pupilas azules no cesan, y camina junto a Asuna quien le hinca con la punta de su puñal bajo las costillas. Como un recordatorio doloroso de lo que pasaría si no la obedece.

Siguen en línea recta, rumbo a las enormes puertas de azul y oro que se distinguen a la lejanía. Y la reina adivina a medias sus intenciones, voltea a verla de soslayo —¿Qué...?

—Por favor, solo coopere —le responde en un susurro.

A medida que se acercan las doncellas les abren paso viéndolas con curiosidad y cierta envidia. Los cuchicheos se suscitan conforme sus pasos trascienden, todas han reconocido a esa reina que ha sido desechada del trono, y la pregunta de saber qué hace en el patio se refleja en el ánimo de la mayoría.

La adrenalina se intensifica cuando de golpe Asuna se detiene en medio del camino, y sabiendo que cuenta con la atención necesaria, saca la daga del escondite y sin titubear la acerca al cuello de la soberana. La sangre le galopa feroz en los oídos cuando abre la boca.

—¡ESCUCHEN! ¡TENGO UNA PETICIÓN QUE HACERLES...! —su voz sale directa, sin quiebres, enfrentando el mar de doncellas expectantes, y más allá a los guardias que custodian las habitaciones —¡SI SE NIEGAN, CORTARÉ EL CUELLO DE LA REINA HASTA QUE SE DESANGRE POR COMPLETO...! —la nombrada retiene el aliento de tal forma que la pelirroja siente su tensión, pero intenta no darle importancia. Afirma el agarre sobre ella y prosigue antes de que el coraje la abandone —¡HE DICHO QUÉ...!

—¡DETENTE...! —una voz firme la abstiene en sus palabras. Se trata de ese hombre de color y altura imponente que la llevó ante el rey. Lo ve moverse entre las doncellas alarmadas hasta que se planta ante ella con decisión. Pese a su atuendo militar y aspecto férreo Asuna no se amedrenta. Sostiene sus ojos oscuros sin parpadear.

Aunque la procesión va por dentro.

En su mente miles de dudas y preguntas van y vienen, reclamando sus palabras, censurando sus acciones. Sabe que su hermana menor está en ese mar de ojos ávidos que la miran con pavor desde el frente, seguramente condenando su accionar y se sabe perdida apenas empezó a hablar. Su único consuelo es saber que Shino será libre si toda esa locura sale bien.

—Suelta a la reina y reduciremos tu castigo... — le dice con acento conciliador ese hombre de color. Pero en su tono suave se transfiere el acento inflexible de quien está acostumbrado a lidiar con insubordinados —Suéltala antes de que te hagas daño a ti misma... —insiste con cierto aburrimiento.

Y entonces Asuna siente que la adrenalina cobra nuevos bríos y fluye en su interior como un río desbocado. Da un paso hacia adelante, hacia el general y aprieta el filo en esa carne blanda, ocasionando el débil grito de su presa. Sus labios se abren en una sonrisa provocadora —He desollado animales múltiples veces, no creas que no sé como hacerlo... —su voz sale en un susurro firme —Basta con clavar el filo en este lugar...

—Espera... —otra voz interviene ahora; se trata de un muchacho rubio de grandes ojos turquesa que se detiene ante el general, coloca una mano en su hombro refrenando toda previa acción —Dijiste que tenías una petición que hacer... — intenta por todos los medios sonar tranquilo, aunque es obvia la tensión en su gesto —¿Puedes decirme cuál es...?

—Qui... ¡Quiero que dejen en libertad a todas las doncellas que pueblan el harem...! —contesta con absoluta firmeza.

¿Qué...? ¡No podemos hacer eso!

—Agil.

—Pero... señor, no podemos...

El grandote calla cuando el joven lord le hace un gesto de que guarde silencio. Se acerca todavía más hacia la valiente pelirroja que hinca con aquella navaja familiar el cuello de la reina. Inspecciona con genuino interés el mango labrado en piedras preciosas de aquella arma, sus cejas se arquean escépticas al reconocer el emblema, y contempla el rostro hermoso de la delincuente. En su expresión se adivina el temple de la resignación de un héroe anónimo, la adrenalina que la recorre es tan obvia que el muchacho siente admiración. Ni el soldado más valiente del escuadrón de su rey ha mostrado jamás tal templanza y determinación.

—No podemos hacer eso, señorita... —le responde franco —Va en contra de las órdenes de mi señor, el rey.

—¿Entonces son capaces de sacrificar a la gran esposa real por un puñado de simples doncellas? —increpa con un rugido, desviando la vista hacia las mujeres que siguen la escena con pavor y sorpresa.

Un silencio de muerte se cierne tras sus palabras por lo que ella aprovecha para hacer un ligero corte en la piel de la pelinegra que no puede evitar deshacerse en un doloroso gemido.

—¡Por favor...! —interviene la soberana, sus ojos azules parpadean llenos de lágrimas —¡Hagan lo que ella dice...!

Quizás comprende que su fin está cerca, y de que esa intrusa no tiene miedo de lo que sus acciones arrojen sobre ella...

—Reina Sachi... —susurra el general —Por favor mantenga la calma...

—Al parecer sus subordinados no valoran su vida, majestad... —acota con ironía la pelirroja —Me pregunto... ¿Cuál será la opinión del rey...?

Eugeo se pasa la mano por su cabello rubio, prolijamente peinado hasta el momento, y dando la espalda a la pelirroja ordena con voz a cuello.

—¡ABRAN LAS PUERTAS! ¡DÉJENLAS PARTIR...!

—¡Pero señor...! —el general desenvaina su espada en una acción vacía, los guardias que han oído las ordenes se apresuran a abrir las puertas que guían hacia la libertad. Ve la impotencia en el gesto del joven lord, no puede aceptarlo pero la astucia de una mujer les ha ganado de momento.

—¡SALGAN...! —la voz de Asuna se oye clara como un relámpago en una noche silenciosa —¡Son libres, ya no tienen que permanecer en esta jaula de oro a merced de un tirano...!

Y entonces poco a poco dos, tres, cuatro doncellas atraviesan la abertura con cierto resquemor. Pronto viendo el accionar de esas valientes, se forma un rugido y más jóvenes siguen el ejemplo escapando por esas puertas hacia la ciudad, hacia sus hogares.

—¡Y quiero que revoquen ese edicto! Que juren la libertad absoluta de esas doncellas... — exclama una última vez, y en este punto su voz se quiebra. Sus ojos parpadean brillantes viendo como la marea de mujeres circula entre ella y los guardias que impávidos observan como el patio se va vaciando si poder hacer nada al respecto.

Asuna divisa una cabellera castaña familiar entre las muchachas que corren hacia la ciudad más allá de las puertas, y para sus adentros ruega que no se detenga, los ojos de Shino atrapan los suyos en pleno escape. Ésta parece aterrada por la suerte de su hermana.

'No te detengas... ¡Huye! Me reuniré contigo apenas pueda...'una lagrima fugitiva escapa y desvía la vista 'Cuida de Yui...'

Y el alivio que siente al ver que Shino es libre, la obliga a bajar la guardia solo un momento. Entonces escucha un silbido extraño, y lo próximo que sabe es que una flecha ha impactado en su mano derecha, aquella que sostenía la daga contra la yugular de la reina. Suelta un grito de dolor y deja escapar a su presa que corre hacia los guardias quienes presurosos la reciben. Como puede Asuna se sujeta la mano chorreante de sangre y alza la vista para observar quien ha sido.

—¡Bien hecho Alice! —exclama con admiración el joven de ojos claros.

Sobre el tejado de las habitaciones se distingue la agraciada silueta vestida de azul, su largo cabello rubio danza con el viento mientras sostiene el arco tenso, apuntándola con otra flecha. Una que está lista para disparar.

Mira las puertas, pero estas ya están cerrándose... Pues claro, recuperada la reina no hay razón para seguir cumpliendo su orden. No hay escapatoria, Asuna lo sabe.

Y otra vez vuelve a desafiar las leyes, golpea con su mano buena el mentón del general y aprovechando su devaneo se pierde entre las pocas doncellas que no han podido escapar.

Asuna entiende esta vez que su suerte está echada.

Su mano duele horrible. El ardor es tan insoportable que apenas puede pensar. Ha quebrado el mango de la flecha pero aún lleva la punta incrustada en la carne, y necesita quitarla antes de que se provoque una infección.

De pronto sonríe para sí... ¿que importa si se infecta? No tiene escapatoria, y actualmente una infección es el menor de todos sus males.

Siente que alguien jala su cabello sin misericordia, y de pronto recuerda donde está. El dolor la ha anestesiado tanto que no ha reaccionado durante el paseo dentro del palacio. Pero ahora se da cuenta que está siendo escoltada por varios guardias, y el general , a quien ha golpeado impunemente, encabeza la marcha. El lord rubio y la chica de azul caminan detrás de ella sin quitarle la vista de encima.

¿A dónde se dirigen?

El salón donde realizó la danza horas atrás aparece ante sus ojos, y entonces comprende... Está a punto de enfrentar al rey. Ese rey al que golpeó cuando entendió que quería sobrepasarse con ella... y al mismo rey cuya esposa estuvo a punto de sacrificar para liberar a su hermana...

¿POR QUÉ NO ME SORPRENDE QUE SEAS TÚ LA CAUSANTE DE TANTOS MALES...?

Curioso... lo ve que está fúrico, pero apenas y puede escuchar sus palabras. La magnitud de lo que ha hecho; golpear al rey e intentar asesinar a la reina, cobra sentido en su embotada mente. Es una delincuente. Una peligrosa delincuente.

¡Como mínimo se merece la horca, majestad!

—¡Nada será suficiente para remediar el daño que esta agresora ha hecho al reino y a nuestro rey...!

Osar tocar a la reina... ¡No tiene perdón! ¡Es una afrenta!

—¡Ha contaminado a todo el reino con su insolencia...! Se ha burlado abiertamente de toda la guardia...

El dolor ya se ha vuelto francamente insoportable en este punto, tanto que dispara su mente y se pone a divagar... Si pudiera escapar... ¿hay alguna forma de lograrlo allí en ese salón lleno de gente que discute cual será su futuro?

Llévensela de aquí... —proclama esa voz semejante a un rugido —Estoy demasiado enojado para pensar... Agil hazte cargo... quiero a mis doncellas de vuelta...

Señor... me temo que eso es imposible... LordEugeo dio su palabra de libertad...

Pero Asuna no pudo seguir escuchando, alguien tomó su brazo herido y la obligó a salir a trompicones del salón real.

—Esto es sólo el comienzo, muchacha... —le sisea una voz cruel contra su cabello antes de jalarla de vuelta, esta vez por un pasillo oscuro que no conoce.

—Creo que esto te pertenece...

Kazuto gira en redondo ante la intrusa voz reconociendo a su amigo, el cual le arroja la daga que le fue hurtada. La atrapa en el aire y la contempla con cierto enojo, chasquea la lengua y la guarda en el cinto bajo su capa conservando el silencio.

—No quiero saber como esa bailarina la tenía en su poder, aunque puedo hacerme a la idea... —Eugeo ríe jocoso ante el obvio malhumor de su compañero —Por la diosa Stacia que jamás he visto tanta determinación y arrojo en una mujer...

—No la alabes, ha sido una deshonra para el reino y para mí... A estas alturas, el pueblo entero debe estar lleno de habladurías de como una simple muchacha se ha reído de la guardia del rey en su cara...

—Pues sí ha sido en extremo... relajante —le responde el rubio con acento ligero —Creo que esto te servirá para no fiarte de las bailarinas.

El monarca no responde. Se lo ve molesto, lo cual dista de la expresión triste que mantuviera los últimos días.

—¿Cómo está ella?

—¿La reina?

El joven rey niega con decisión —La prisionera. ¿Cómo está la prisionera?

—A la espera de un juicio como su majestad ha ordenado –responde el rubio con acento risueño.

Es una rea por lo cual le parece normal pasar la noche en esa celda oscura y pestilente. Su pequeña experiencia como pastora de ovejas cobijando los rebaños en esas noches sin luna lejos de su hogar la previnieron para ese momento, por lo que no tiene miedo de no ver más allá de su nariz.

Sin embargo la calentura que siente y la sensación de mareo constante la asustan bastante. Sabe que ha perdido sangre y no ha comido nada desde la mañana. No es algo de lo cual deba preocuparse, pronto dictarán sentencia y es consciente de que no le queda mucho tiempo. Su osadía le costará caro y solo ruega porque sus acciones no hayan alcanzado a Rika... Que Shino y Yui estén juntas y cuidándose la una a la otra...

'Diosa Stacia...'

Pero su mente está tan atontada que no puede acabar su plegaria. La humedad tibia que escurre de su mano herida la pone en un leve estado de alerta.

'Me estoy desangrando...'

La inconsciencia la cobija en su oscuridad salvadora, el suelo de piedra se siente fresco como un bálsamo a su mejilla ardiente, y solo ruega que de ese sueño de muerte nunca pueda despertar. Se prefiere muerta por las fiebres que ver la sonrisa triunfante de ese rey cuando la cuelguen de la horca a la mañana siguiente, al salir el sol.

La conciencia le vuelve en la sensación de algo frío y suave cosquilleándole la frente con agrado. Se siente... bien. Y el dolor de su mano derecha parece un recuerdo lejano.

¿Estaría en el cielo?

Abre los ojos con premura y lo primero que ve es un alto techo de color blanco ornamentado con azul y oro. Vuelve la mirada y se descubre en un lecho amplio, sábanas blancas y perfumadas la cobijan como un capullo.

'¿Dónde estoy...?'

Quita su mano de debajo de las mantas y la examina; está vendada y descubre que puede mover los dedos con absoluta facilidad.

—Oh... mi señora por fin ha despertado... — manifiesta una voz intrusa, y Asuna se gira hacia ella descubriendo a una sierva, que presurosa se inclina en reverencia al notar que está mirándola —Iré a avisar al señor Diabel...

Y antes de que la pelirroja pudiera detenerla, la sierva sale del aposento a toda prisa, como si la noticia de su despertar fuera realmente importante. Asuna usando su mano buena se sienta en el lecho observando todo con confusión, se ve vestida con una enagua blanco que no recuerda haber usado la noche previa a su arresto.

Se encuentra en una habitación hermosa y lujosa, de eso no cabe duda. Una cama suave y cómoda, el aroma de flores silvestres se filtra por las ventanas abiertas cuyos velos rosados se sacuden con la brisa matinal. Un espejo inmenso ocupa la pared posterior, y a su lado se adivina un mueble el cual nunca ha visto. Hasta donde sus ojos contemplan desde su posición ve alfombras cubriendo el suelo en una suntuosidad que la asusta... ¿Acaso aún tiene fiebre?

Escucha pasos que se aproximan, y se pone en alerta, o lo más alerta que puede considerando que apenas acaba de despertar; un hombre de largo cabello claro recogido en una coleta se inclina ante ella y sonríe aliviado.

—¡Por fin ha recobrado la conciencia, mi señora! ¡Mandaré que le traigan el desayuno y preparen el baño! — se lo ve tan contento que Asuna no se atreve a contrariarlo —Con permiso, alteza...

Y así tan rápido como apareció finalmente desaparece dejando a la muchacha en ascuas.

'¿Al... alteza...?' repite en su mente. Y un escalofrío la recorre por entera. No se detiene a pensarlo demasiado; echa a volar las mantas y se corre a un costado de la cama para levantarse. Pero al parecer ha pasado demasiado tiempo confinada a ese lecho, sus piernas se sienten inútiles y no le responden.

—Si fuera tú no haría eso... estás demasiado débil y has perdido mucha sangre...—comenta una voz femenina con acento altanero.

Asuna observa por encima de su hombro y reconoce a la rubia aquella que le disparó la flecha. El recuerdo hace que involuntaria presione su mano vendada contra el pecho en afán de protegerse.

—No planeo hacerle daño, soberana... —dice risueña y se inclina más por obligación que por otra cosa.

Pero ésta ha dicho algo que...

—¿So... soberana...?

—Al parecer nuestra nueva reina no recuerda los últimos hechos... —sigue diciendo con una sonrisa impertinente. Luego como si recordara vuelve a inclinar la cabeza y se presenta. El gesto hace que su cabello del color del sol se derrame por sus hombros —Soy Alice, alteza. Dama de compañía y escolta de su majestad...

Asuna sigue tan contrariada que solo parpadea sin entender.

—¿Qué?

—Pues... Luego de la charada que montaste allá afuera debíamos salvar el honor de nuestro rey de alguna forma... —explica con esa sonrisa extraña a sabiendas que la otra no entiende —Y a Agil se le ocurrió la fantástica historia de que 'existió una doncella que estaba tan enamorada del soberano que desafió a la anterior reina por su osadía, y despejó el harem de toda doncella para que el rey la eligiera a ella...' —revolea los ojos —El pueblo es tan... romántico que acabó creyendo esa historia, y te aman... y ansían conocerte...

—¿QUÉ...?

—La plebe es fácilmente manejable, le entregas una historia de romance e intrigas y la creen sin dudar... —sigue narrando —Por supuesto, el rey ha quedado tan conmovido con tu gesto que no dudó ni un segundo en desposarte...

No sabe si aquello que la rubia esta diciendo con tanta displicencia es cierto o no... suena tan... irreal que, sin pensarlo, se pellizca el brazo bueno. Parpadea al sentir el ligero escozor, no está soñando. Sus sentidos le indican que aquella es la realidad...

—¿Cuanto tiempo estuve inconsciente...?

—Cinco días —suelta un suspiro, y contempla su mano vendada, le hace un pequeño gesto culposo —Lamento haber hecho eso, pero debía detenerte de alguna forma... no es que la anterior reina me agrade, pero Kazuto sufriría mucho si algo malo le ocurriera.

—¿Kazuto? —repite dudosa.

—Es el nombre de tu rey, mi amor... —responde una voz masculina con acento irónico desde el umbral.

Y allí está. El flamante rey, ese que amenazó con su propio puñal... el que quiso sobrepasarse con ella antes de que toda la locura por salvar a su hermana se sucediera.

Se ve tan imponente. Tan... guapo, su mente no lo niega. Pero recuerda la lujuria con la que la veía bailar, y como su mano grande la había palpado desvergonzada cuando el capitán de la guardia la hubo dejado a su merced. Y luego ese grito que proclamaba lo que casi estuvo a punto de hacer con la reina.

Viste de negro y su piel blanca parece porcelana con los rayos del sol naciente. Sin duda luce como un ángel... ¿o cómo un demonio?. Parece muy joven, pero en sus ojos color plata se adivina la experiencia de una vida que no le ha resultado fácil.

—¿Has dejado de contemplarme esposa mía? —refiere irónico sonriendo de lado.

—No soy su esposa —lo contradice antes de siquiera pensarlo.

El joven ríe airoso y con expresión terminante se gira a la rubia quien se ha puesto de pie y espera nuevas órdenes —Retírate Alice, necesito hablar con la reina a solas...

—Mi señora aún está en proceso de recuperación y...

—No te lo pregunté.

La joven rubia inclina la cabeza en reverencia a ambos y sale de la habitación. Asuna sigue su salida y descubre los guardias que antes no estaban, apostados a las puertas de la alcoba. Vuelve su mirada hacia el monarca quien la contempla con seriedad. De pronto recuerda que se encuentra usando ropa de cama, y toma un extremo de las sabanas para cubrirse. Su modestia parece divertirlo.

—No planeo hacerte nada que no hayas hecho antes —dice jocoso —Pero eso será en su momento. Ahora quiero que te prepares, el pueblo ha aguardado cinco días para conocerte y no es propicio alargar esa situación...

—Yo no... —intenta negarse.

Pero Kazuto se acerca tanto hacia ella que Asuna retrocede como puede en el colchón —No estás en situación de negarte, pequeña delincuente... todavía puedo enviarte a la cárcel... O hacer que esa persona que tanto empeño tienes en proteger cumpla tu parte de castigo... ¿es lo que deseas?

La palidez que embarga a Asuna habla por sí sola. ¿Acaso él sabe de Yui? La sola idea hace que su corazón lata asustado.

Sonriendo triunfante ante su silencio, Kazuto se incorpora y camina confiado hacia la puerta —En media hora en la sala del trono —dice terminante y sale sin esperar respuesta.

Tras él, los hombros de Asuna se sacuden en impotencia.

No se encuentra del todo segura, pero Alice quien es su escolta la ha llevado hasta allí, a ese lugar donde días atrás encantara al público con su danza. No se siente preparada para interpretar un papel que entiende le queda demasiado grande. Pero las siervas que la atendieron pusieron especial atención en su atuendo; lleva un vestido etéreo en diversos tonos de azul, compuesto por varios velos que enmarcan su figura. Su cabello brilla y cae peinado a un costado de su cuello. Una preciosa diadema de oro pone en evidencia su nuevo estatus dentro del palacio.

Las criadas no han dejado de demostrarle respeto y admiración; la vistieron y la maquillaron con tanta devoción que no se sintió capaz de desairarlas. Obviamente todos dentro del castillo han creído ciegamente esa versión de la romántica historia dónde una doncella luchó por obtener el amor de su rey...

Para Asuna suena tan risible... e irreal.

Los guardias abren las puertas e inclinan la cabeza con respeto ante ella. Alice la empuja con un gesto, instándole a avanzar. El lugar está abarrotado de gente como aquella vez que bailó para el rey, y allí están las bailarinas entreteniendo al público, busca con la mirada a su amiga Rika y la ve allí reverenciándola. El deseo de acercarse a ella y preguntarle por sus hermanas la corroe... Pero ve al frente al monarca que la espera con el ceño fruncido como si estuviera molesto, por lo que desiste. La frialdad de sus ojos de acero la obliga a acelerar el paso lo más que puede. Se siente débil y endeble; en ese momento su presencia levanta murmuraciones por doquier, y la frase esa es la doncella que peleó por el amor del reyse oye nitidamente de boca en boca mientras la señalan.

Cuando hace ademán de detenerse en pleno camino, el monarca se acerca a ella y tomando su mano derecha, la cual aún conserva un ligero vendaje, la atrae de un tirón hacia él, hasta que es capaz de enlazar su cintura con su brazo.

Ni siquiera la mira durante la acción, pero advierte su voz ronca preguntando impávido junto a su oído —¿Cuál es tu nombre?

Ella lo mira con reproche, por algún motivo que no entiende se siente ofendida de semejante pregunta, por lo que opta por no responder.

Él insiste dándole un apretón malicioso a su mano aún herida —¿Cuál. Es. Tu. Nombre?

Asuna esconde la mueca de dolor que tal acción le acarrea y responde altiva —Pues averiguelo.

Entonces siente el fulgor de su mirar de acero, está furioso por su impertinencia. Contra todo pronóstico lo escucha reír malicioso antes de atraerla a su cuerpo con absoluta confianza. Hace un gesto terminante con su mano libre que detiene toda algarabía dentro del salón. Asuna se siente temblar cuando el silencio se hace presente. Oye la voz firme que ruge del pecho del joven que la aprisiona.

—Habitantes de la tierra, conozcan a la flor del desierto que ha conquistado al rey con su osadía y valor... —hace una pausa dramática y prosigue creando expectativa —¡La gran esposa real Asuna...!

La sorpresa embarga el rostro de la joven al oírle 'Así que si sabe mi nombre...' , pero ésta no dura mucho. El capitán de la guardia sale de la multitud con una copa en alto y proclama con orgullo —¡Un brindis por nuestra hermosa reina! ¡Que viva la reina Asuna...!

—¡Que viva nuestra reina! ¡Que viva el rey! —se une el lord rubio con otra copa en alto y sin dejar de sonreír. Muy pronto el resto de los invitados se hace eco de sus acciones y con sus copas en alto brindan por la nueva soberana que parpadea confusa ante tanta atención. Las vivas y las ovaciones cobran tal magnitud que toda la estancia se reproduce con su eco mareándola.

—Ahora debemos dar una muestra de amor para que cada invitado la vea y la repita animosamente entre el pueblo... —comenta indiferente el rey cerca de su oído, ajeno a su desconcierto. Ella alza la cabeza confundida ante sus palabras ¿a qué se refería? —Ver para creer... —musita con una sonrisa malintencionada, antes de atravesar la distancia que los separa y capturar sus labios en un beso lo suficientemente creíble que hace que el público estalle nuevamente en ovaciones.

Pero Asuna se queda pegada a su boca, notando la mirada pétrea clavada sobre ella con diversión. Él se separa sonriendo con fingida timidez y asiente a las felicitaciones de sus nobles y de la poca plebe que ha logrado entrar. Ella sigue confusa por lo que acaba de pasar. Kazuto le da otro apretón a su mano herida que la hace saltar levemente.

—Podrías fingir que realmente te agrado —susurra sin verla —Después de todo, la mentira dicha por mi capitán ha salvado tu pellejo de morir desangrada.

Aunque sabe que es verdad, Asuna no puede evitar sentirse humillada y avergonzada; sus ojos le escocen y teme echarse a llorar frente a toda esa gente. Alza su mano sana y la presiona contra él atrayendo su atención de inmediato.

—¿Qué haces?

—¡Su-suéltame!

El agarre se intensifica de modo que casi le hace daño.

—Parece que olvidas algo, Asuna —sisea su nombre con desprecio —Pusiste en vergüenza mi nombre, el reino y a toda mi guardia... Has desbaratado mis planes de conseguir una esposa, y a mi capitán le pareció grandioso que tú ocuparas el sitio de aquello que te empeñaste en destruir, no hay mejor castigo que convertirte en algo que odias ¿verdad?

Las lágrimas en los ojos amielados de la chica brillan con intensidad de modo que él no puede apartar de mirarla.

—Serás prisionera dentro de esta jaula de oro durante toda tu vida... —le sonríe soberbio —Tu vida, el aire que respiras, cada pensamiento que habita en tu mente, tu cuerpo y hasta cada uno de tus cabellos me pertenece, y dispondré de ti como me plazca. Porque me perteneces.


(Parte 2 de 3)

Nota:

Bueno, despues de casi medio año traigo el segundo cap de este dramón de comienzo de siglo...

Tenía la imagen de Kazu todo lindo y sexoso llenando de fluff todo el fic y... No sé que pasó! Jajajaja me salió un Kazu todo malote y sexy!

Prometo que el fluff vendrá en el siguiente cap que subiré a principios de Abril Dios mediante.

Espero les haya gustado esto.

Han visto la peli? Yo la tengo en una calidad super chafa pero aún así la amo y he fangirleado como no tienen idea.

En fin Nati espero te haya gustado esto. Fue hecho con cariño for ya.

Sumi Chan.


pd: Música que escuché para inspirarme 'SwordArt Online, Ordinal Scale— Vocal OST'