Admito, que me inscribí en este reto con ventaja, los moderadores no tienen idea que he escrito 25 drabbles cuyo título consiste en solo una palabra.

Kelly, ¡esta vez tiene otro enfoque además de la historia de OoT!

Este fic participa en el reto drabble "De la A a la Z" del foro Multifandom is the new Black.

¡Disfruten!


Sed

Había pasado tanta sed toda la vida, que cuando Ganondorf encontró con qué agotarla, no estuvo seguro de llegar a saciarse.

Ganondorf, el hombre, siempre supuso que la causa de sus ansias era provocada por la envidia que sentía cuando veía el territorio hyruleano extenderse hasta el horizonte, y mucho más allá de lo que sus ojos ambarinos vislumbraban. El manto verde que se extendía por la pradera de Hyrule parecía una burla al lado de las áridas tierras que él pisa; secas y sin rastro de vida más que sus propios habitantes; creación de la diosa de las arenas, no de Farore, dadora de vida, representante del valor: ¿por qué ella habría de dejarlos en un territorio tan marchito como en el que ellos vivían?

De niño, Ganondorf siempre había visto las virtudes que Hyrule poseía fuera del alcance de su mano, diminuta en aquel entonces, pero las lecciones que le daba el desierto era duras y se le quedaban marcadas a fuego en la memoria. Con el tiempo, Ganondorf ganó temple y fortaleza, aprendió a vivir sin tener que comer para saciarse, ni beber para calmar la sed, a enfrentarse a los inclementes rayos de sol y al calor abrasador.

Pero eso no significaba que había dejado de anhelar el toque de una brisa fresca en el rostro, ni el tacto refrescante del agua deslizándose por su garganta.

Cuando Ganondorf supo cómo obtener el poder necesario para hacerse con todo lo que anhelaba, no dejó que la posibilidad se le escapara de las manos, hizo todo lo posible para poseerlo, todo de lo que el tiempo le había demostrado era capaz. Y cuando lo obtuvo, cuando sus manos rozaron los tres triángulos dorados y la Trifuerza se dividió demostrándo que sus intenciones no eran del todo equilibradas, Ganondorf no dudó ni un instante que el poder terminaría de todas formas escogiéndolo.

Al aclamado rey de las gerudos el poder lo obnubiló, lo cegó en algunos aspectos, les despejó las dudas en otros. Resultó ser poder lo que más anhelaba y codiciaba, lo que más estaba deseoso de obtener y descargar.

Y quizá fuera por eso era que tiempo después Ganondorf dejó de ser hombre y se transformó en demonio, porque renunció a su condición humana para mantener en sus manos aquello que tanto trabajo y esfuerzo le había costado. Ganondorf rechazó el poco juicio que le quedaba por la necesidad que el poder ejercía sobre él, para derrotar al tal héroe y tener fuerzas suficientes para rebelarse contra las diosas del enemigo hyruleano.

Al final de cuentas, el héroe no terminó acabándolo, pero sí sellándolo. Lo condenó a permanecer encerrado y surgir para volver a ser derrotado. En la actualidad, Ganondorf convertido en Ganon, bestia sin mayor conciencia, esperaba el momento para salir de las profundidades y volver a obtener el único estimulante que tenía para ejercer todas sus fuerzas sobre Hyrule.

Sentía el cosquilleo en la garganta que antes le daba cuando solo requería de agua.