II

Jane daba vueltas en círculo alrededor de su mesa, no había nada que hacer, y eso la ponía de un humor de perros. Necesitaba acción, ¿por qué narices Maura tardaba tanto en comenzar la dichosa autopsia?

—¿Nada en desaparecidos? — preguntó por tercera vez a un concentrado Frost

—Nada… bueno sí dema…

—¡¿Tenemos algo?!— se emocionó Jane abalanzándose sobre la pantalla del ordenador de su compañero.

—No. Me refería a que hay demasiadas mujeres jóvenes de su rango de edad desaparecidas, necesitamos saber más. La edad concreta o los días que puede llevar desaparecida podrían ser de ayuda…

—Si tuviera esos datos, te prometo que te los daría—respondió Jane con demasiada brusquedad.

Frost la ignoró y siguió tecleando con insistencia.

—Parece que en ese barrio nadie ve ni oye nada— explicó Korsak — alguien en un coche o una furgoneta se para en medio de la carretera, saca un cadáver, lo posa delicadamente en el suelo y lo tapa con una manta ¿y nadie nota nada extraño? Así no hay quién haga este trabajo…

Jane dio a Korsak un golpecito cariñoso en la espalda y le invitó a un pedazo de brownie que su madre le había dado en la cafetería

—No debería, pero creo que me lo he ganado, llevo pateando la calle toda la mañana, menos mal que Frankie me ha ayudado.

—¿Por cierto dónde está Frankie ahora? — se extrañó Frost —¿Jane, para mí no hay brownie?, estoy dejándome los ojos en esto.

—Lo dejé hablando con el barrendero que llamó a emergencias, y no tengas morro tú no te mereces brownie, jugar con tu "aparatito" no es un verdadero trabajo.

—Entonces hazlo tú—sentenció Frost cruzándose de brazos

—No seáis críos— se mofó Jane, cediéndole el tupperware con el brownie al detective Frost para que se sirviera él mismo.

En ese momento el móvil de la detective vibró al recibir un mensaje.

—¡Por fin! Maura acaba de empezar la autopsia. Voy abajo. Seguid buscando en desaparecidos. Por favor chicos—mientras decía esto Jane ya había cogido su americana y se dirigía, casi a la carrera, hacia el ascensor.

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En la sala de autopsias Maura examinaba concentrada una herida que la víctima presentaba en el abdomen.

—¿Qué miras con tanta concentración? —la sobresaltó Jane

—No hables tan alto por favor

—¿Te sigue doliendo la cabeza? —preguntó Jane acercándose al portátil de Maura al lado del cual descansaba un vaso vació con restos de agua y alguna medicina— ¿Seguro que no montaste una fiesta después de que me fuera? ¿Algún asesino en serie, quizás? ¿o un técnico de bombas?

—No, y no se dice técnico de bombas. Acércate quiero que veas algo.

Jane se acercó y junto su cabeza a la de Maura, las dos estaban tan cerca que podían oír sus respectivas respiraciones. Jane se dio cuenta de que su cabello se fundía con el de Maura igual que en su inexplicable sueño. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Agobiada y acalorada se alejó dos pasos de la forense.

—¿Te pasa algo? — se extrañó Maura al notar la inusual conducta de su amiga

—Nada, solo que me hago vieja esperando.

—Numerosos estudios demuestran que la impaciencia está muy ligada a los trastornos de ansiedad, siendo a la vez causa y consecuencia de estos.

—De lo único que va a ser culpable mi impaciencia es de asesinato

—No trabajo cómoda bajo amenazas detective Rizzoli

—¡Maura!

—Está bien… Tengo varias cosas que comentarte. Acércate por favor.

Jane se acercó a Maura y sin darse cuenta se puso a aspirar su olor, roja como un tomate y rezando para que Maura no se hubiera dado cuenta trató de concentrarse en lo que la forense le estaba diciendo.

—Ves esa incisión de ahí, se hizo post mortem, la víctima ya estaba muerta cuando se lo hicieron.

—¿Y para qué le hicieron un corte y luego lo cosieron?

—Eso es lo curioso, la incisión esta sobre otra herida ya cicatrizada, una herida común en algunos trasplantes.

—¿El asesino robo sus órganos? ¿estamos ante una red de tráfico de órganos?

—No creo—explicó Maura palpando el cadáver— pero no te lo podré asegurar con seguridad hasta que no abra el cuerpo. Lo que sí puedo decirte seguro es que la persona que hizo esto—explicó Maura señalando con su mano enguanta a la herida—tiene nociones médicas.

—¿Hora de la muerte?

—Difícil de precisar…

—¿Vas a decirme algo que me sirva?

—Vuelves a mostrar síntomas clínicos de impaciencia y ansiedad.

—¡Me voy!
—Entonces te quedará sin conocer parte de la información

—¡Por favor Maura, no me hagas esto! ¡Suéltalo ya!
—Tus suplicas son enternecedoras. He notado una pequeña herida por pinchazo en el cuello, creo que a la víctima le inyectaron algo antes de matarla. He mandado nuestras de sangre al laboratorio para analizar.

—¿Arma homicida?

—Un objeto pequeño y punzante, trataré de hacer un molde de la herida para buscar en el ordenador posibles armas concordantes— Maura ahogó un bostezo.

—Si el asesino tiene conocimientos médicos ¿quizás un escalpelo?

—No voy a suponer.

— Gracias, y échate una siestecilla, no vayas a quedarte dormida aquí y te confundan con un muerto.

—Muy graciosa.

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— ¿Te pasa algo cariño? te noto muy apagada

Jane levantó la vista de su taza de café vacía, la cual contemplaba con absoluta tristeza.

—Nada mamá. Estoy preocupada por Maura, la noto rara. Y para colmo se me ha acabado el café.

—Eso último tiene fácil solución.

Ángela se alejó de la mesa que ocupaba su hija y ya detrás de la barra comenzó a "enredar" con la cafetera.

Frost entró en la cafetería corriendo

—Jane, has debido quedarte sin batería, llevo más de diez minutos llamándote.

Jane observó su teléfono extrañada.

—Sí, está apagado. Creía que lo había puesto a cargar anoche. ¡Vaya nochecita!

—Bueno no importa… He identificado a la víctima.

—¿En serio?

—Sí, me ha llevado mi tiempo, pero lo he conseguido. Aunque no lo podremos saber seguro hasta que la familia no identifique el cadáver, ya están de camino.

—Pues vamos entonces.

Jane salió a la carrera de la cafetería, dejando a Ángela llamándola a gritos, con una taza de café recién hecho en su mano derecha.

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Jane se acercó a la pareja que esperaba en la sala de descanso. Ella tenía los ojos húmedos y apretaba fuertemente un usado pañuelo azul. Él tenía la vista perdida, clavada en el reloj de la pared.

Jane se acercó a ellos con lentitud, tratando de no sobresaltarlos.

—Detective Jane Rizzoli—se presentó suavemente— siento muchísimo su perdida.

—Estaba de vacaciones, realmente creía que simplemente había perdido el móvil, y no se había molestado en ponerse en contacto con nosotros… Los jóvenes son a veces tan inconscientes. Pero al tercer día ya supe que algo malo pasaba— la mujer hablaba entrecortadamente, tratando de encontrar sentido a lo que pasaba.

—Después de tanto tiempo entre médicos…, consigue el trasplante y mure de esta manera…—agregó el hombre sin mirar cara de la detective— si supiera que mal nacido le ha hecho esto, juro que lo mataría con mis propias manos.

—Tranquilice señor Miller. Le prometo que haré todo lo que está en mi mano para encontrar al asesino de su hija y hacer que pague por ello. Ahora, si son tan amables de acompañarme a la sala de autopsias, sé que es difícil, pero necesitamos que uno de los dos identifique el cadáver su hija.

La mujer asintió en silencio, el hombre se levantó con la vista todavía fija en el reloj.

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Perdón por el retraso, voy a intentar seguir con esta historia hasta el final, pero entre el trabajo y los estudios me cuesta sacar tiempo para escribir. Aun así, me voy a comprometer a intentar subir un capitulo todos los domingos.

Gracias por leerme y por sus comentarios.