Notas de autora: Este capítulo es otro de los monstros que escribí para esta historia. Va dedicado a mi hermana y en mención de su cumpleaños, ella estuvo esperando la actualización desde hace medio mes.

Advertencias: como siempre, que esto es Slash (relación chico x chico) y Mpreg (Men Pregnant)

Disclaimer: Los derechos no me pertenecen, solo la historia y los personajes originales.

00000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Y como bien lo dijo su abuela, todos aquellos compañeros antes esquivos a la presencia del moreno, cambiaron de actitud muy rápidamente, pasaron a ser atentos, cuidadosos y siempre procuraban estar cerca de Toothless. Su embarazo ya había salido a flote, una profesora lo menciono en medio de su clase casualmente como quien no quiere la cosa y luego todos lo habían vuelto a ver entre expectantes y asombrados, fue algo vergonzoso para Toothless, en especial porque después muchos chicos y chicas querían ver y tocar su barriga. Y si pensó que, si con saberlo ya eran molestos, ahora que su embarazo era de conocimiento público, los alfas se volvieron más agresivos –no con él, sino con quienes le molestaban –y sobreprotectores, y los omegas más melosos.

Al parecer, también habían hecho un acuerdo común de engordar a Tom. Por las mañanas alguien siempre le daba una barra de granola o fruta picada, y nunca dejaban que se negase, siempre ponían excusas de que tenían de más o que ya no querían. A la hora del almuerzo era algo similar, algunos ni siquiera ponían excusas, solo se acercaban sea donde sea que se encontrara –porque sí, por más que intentara ocultarse, lo encontraban –y le dejaban una bandeja con comida y se sentaban junto a él esperando que se lo comiera todo. Tampoco supo cómo carajos se enteraron de que el pescado era su comida favorita, pues también le llevaban pescado cocinado en infinidad de recetas distintas. Y no solo pescado, otras veces también incluían mariscos como: camarones, ostras, pulpos. No se quejaba, pero seguía pareciéndole extraño.

No entendía cómo un simple embarazo podía poner de cabeza a sus compañeros, de pronto se había vuelto el punto de mira, y cuando les preguntó el porqué de lo que hacían, ellos dijeron que simplemente sentían correcto hacerlo, y se sentían bien cuando estaban a su alrededor, era como estar en familia. Les hizo esa pregunta a todos los chicos y chicas que habían comenzado a acercarse a él y siempre respondían igual, una sensación de hogar. Tom se preguntó internamente si cuando el embarazo terminara también se acabarían los buenos tratos hacia él. Y al no tener respuesta, nuevamente llamó a su abuela.

-¿Qué sucederá cuando nazca Rigel? –Fue como comenzó Tom.

-Hola para ti también. –Dijo con gracia, Rosie –Primero dime a qué te refieres con eso.

-Hablo de mis compañeros. ¿Cuándo nazca Rigel saldrán de ese comportamiento extraño hacia mí?

-Oh, eso. En realidad, ya habrán formado un lazo contigo y por consiguiente seguirán con el bebé, lo tomaran como parte de ellos, la protegerán al igual que lo hacen contigo.

-Pero, no entiendo… ¿Qué pasa con sus propias vidas? Ellos son distintos, no todo el tiempo estarán conmigo y no es como si fuéramos amigos.

-A eso me refería con el lazo, puede que aún no lo notes, pero ya te estas familiarizando con sus presencias, los vas conociendo poco a poco y ellos después de un tiempo ya no se guiaran por el instinto sino por su propia voluntad, querrán estar contigo por simple comodidad. Obviamente no sucederá igual con todos, pero la mayoría querrá estar cerca de ti.

-Sabes, les pregunte por qué lo hacían, me refiero a la sobreprotección y a la comida que me regalan, y respondieron que les recordaba al hogar, que conmigo se sentían bien. ¿Por qué es eso?

-Antes ya te lo había dichocuando estabas en el hospital –que con todos esos supresores que les hacen tragar, también les suprimen la habilidad para percibir a otros Alfas y Omegas en su entorno, y también sus emociones a partir de sus olores. Me explicaré mejor, por ejemplo, cuando un Omega está deprimido su olor cambia a algo simple y ocre, tan fuerte que hasta puede decirse que es visible. Cuando un Alfa está enojado, su olor es agrio y picante, totalmente repelente que hace que tengas deseos de alejarte, uno sabe reconocer las emociones. Los jóvenes Alfas y Omegas de esta generación han perdido esa habilidad, pero sus instintos persisten y se hacen notar a la primera oportunidad, como sucede con tu embarazo.

-Sabes, quisiera poder sentir las emociones como tú dices, suena interesante y sería de mucha utilidad en la situación que me encuentro.

-Oh, pero eso es muy fácil, en especial ahora que ya no estas tomando supresores por tu embarazo. Medita, eso ayuda, y también trata de percibir tu entorno. Por las mañanas, cuando te levantes, cierra los ojos y respira, trata de saber qué o quiénes se encuentran a tu alrededor, comienza por algo sencillo, usa tu sentido del olfato más que nada. Otra forma es también oler plantas o esencias como el romero, la vainilla, cardamomo, eso liberará tu sistema.

-¿En serio? Me mandas a meditar. ¿No hay nada más rápido? –pregunto con un poco de desesperación en la voz.

-Sabes, la meditación se considera algo muy factible a la hora de liberar malas energías, tú deberías probarlo.

-Entonces sí hay atajo ¿he?

-Contigo no se puede. Pues sí, si existe un atajo. Te envaré un algo que hará que comiences a percibir a tus iguales. Solo que tú te atendrás a las consecuencias. Todo te parecerá más brillante y las emociones a tu alrededor te pondrán nervioso.

-Correré el riesgo.

-Entonces te lo enviaré por correo, creo que dentro de un día o dos lo podrás tener.

-Gracias, abuela. Por todo. Te llamo luego, me saludas al abuelo.

-Y tú me saludas a Anne, cuídate mucho.

-Lo haré. –y con eso colgó la llamada.

Tom se sentía un poco mejor con la plática, todas esas cosas sobre Alfas, Omegas y Betas que antes le parecían tontas, ahora parecían tomar más sentido y mucha más importancia. Decidió buscar por su propia cuenta un poco más de información, no le gustaba no saber nada.

000000000 HTHTHTHTHTHTHTH 0000000000000000

Anguila.

Eso era el súper remedio de su abuela para conseguir entender las emociones de los demás Alfas y Omegas. En cierta medida es cierto que había tomado gusto por los mariscos, y no solo el pescado, gracias a sus compañeros, pero ¿Anguila? ¿Eso siquiera se comía? Otra cosa era que no tenía ni idea de cómo cocinarla, y cuando le pidió ayuda a Anne ella también se vio extrañada.

-¿Por qué no le pides a alguno de tus fans que preparen la anguila? Más de alguno aceptará. –Había dicho Anne en son de broma.

Toothless, sin embargo, lo había tomado muy literal y el viernes, cuando preparó sus libros de texto y cuadernos, también empaco en una pequeña hielera la anguila congelada. Solo que pensarlo fue más fácil que hacerlo, había llegado el medio día y él seguía acarreando con el pequeño termo sin atreverse a preguntarle a alguien si le podían preparar la anguila, o por último que le dieran alguna receta. Pero eso tampoco funcionaría, a penas y si podía cocinar espagueti, arroz y huevos fritos, imaginarse siguiendo una complicada receta lo ponían nerviosos.

Estaba devanándose los sesos cuando alguien se sentó frente a él en la cafetería en la que se había ocultado ese día, por un momento había pensado que en esa ocasión no lo encontrarían. Al levantar el rostro se dio cuenta de que no eran ninguno de sus compañeros, solo el muchacho que ayudaba a su profesor, con el cual solo había medio platicado una vez.

-¿Deseas algo? –no pudo evitar ser cortante, no se sentía con ánimos para sonreírle a nadie.

-Solo acompañarte un rato, puedo ¿verdad?

-No. Estoy cansado, hastiado y no quiero a nadie intentando tocar mi estómago.

-Amm, no planeaba hacerlo. –Hiccup se sonrojo un poco ante la insinuación de Tom, sobre tocar su estómago.

-¿Entonces? –Tom frunció el ceño.

-Está bien, puedo sonar un poco entrometido, pero… te escuche hablar por teléfono y tu dilema con lo de preparar la anguila que has cargado toda la mañana. No te enojes, fue casualidad. –Se apresuró a aclarar el castaño.

Tom no respondió, solo acentuó más su ceño. ¿Cómo se atrevía ese tipejo a escuchar sus conversaciones a escondidas? Aunque razonando un poco, había dicho que fue por casualidad, él también muchas veces se había enterado de asuntos personales de sus compañeros "por causalidad", aunque ese no era el caso. Estaba enojado, y seguiría enojado si así lo quería.

-Te puedo ayudar, si quieres. Sé cómo prepararla. –y como si de magia se tratara, el ceño y la mala leche que se cargaba Tom se esfumaron con solo escuchar esas palabras.

-¿Puedes, en serio? –pregunto con un poco de esperanza.

-Sí. Cuando era pequeño me hicieron comer anguila muchas veces y vi como la preparaban. Es algo sencillo realmente. –Hiccup sonrió y Tom pensó que todo ese royo de las hormonas también habían atrapado al chico, aunque no estuviera ni cerca de su círculo habitual de compañeros.

-Y ¿Cuánto me cobraras o me pedirás algún favor?

-¡No! Nada de eso. –Se apresuró a negar Hiccup. –El lunes, después de la clase con el profesor Richard, te la puedo dar ya lista.

-¿Por qué hasta el lunes? –Pregunto con dudas Tom.

-Pues, solo ese día y los viernes es que coincidimos, y pensé…

-Sabes que bien podemos quedar mañana ¿verdad? No hallo sentido en esperar tanto. ¿Tienes libre? Porque si no es así, puede ser el domingo.

-Estoy libre después de las doce.

-Oh, en ese caso perfecto. Podemos vernos en una plaza o un restaurante.

-Cerca de aquí hay un parque, puede ser allí.

-¡Genial! –Tom pegó un brinco y después de anotar su número telefónico en un papelito, se lo entregó a Hiccup junto con el termo que contenía las anguilas. –Nos vemos mañana. ¡Llámame! –Gritó antes de salir corriendo.

Hiccup solo lo vio correr a distancia, pensando que para estar embarazado corría muy rápido. Y Toothless solo quería alejarse lo más pronto posible por si el chico se arrepentía a último minuto y decidía que no quería ayudarlo.

00000000000000 HTHTHTHTHTHTHTHTHTTHHTHT 00000000000000000000

Esa tarde, cuando estaban por cambiar turno en la radio, Tom le contó muy emocionado a Anne que ya tenía quien le preparara la dichosa anguila. La chica lo miro sorprendida porque en serio había tomado su idea.

-No lo decía en serio ¿Lo sabes, verdad?

-Pues broma o no, ya está hecho. Mañana en la tarde me veré con él cerca del parque que está por la universidad. –Decía Toothless mientras desenredaba los cables de los micrófonos y ajustaba el audio, esa noche habría un programa en vivo y quería tener todo preparado para que no hubieran errores ni fallos.

-¿Y cómo se llama el chico?

-Ehh, algo como Hichu, Hipo, o no tengo idea… -Anne puso los ojos en blancos ante el desinterés de su amigo.

-¿Cómo es que no puedes recordar tan siquiera su nombre?

-¿Qué quieres que haga? Antes de hoy, solo había hablado con él una vez. El tipo es un completo desastre.

-Entonces se llevaran bien. –Anne sonrió y Tom solo frunció el ceño.

-Mejor deja de decir tonterías y ayúdame con los amplificadores.

-Uy, Uy, ya… Esas hormonas te tienen loco. ¿Un caramelito? Ando dulces de menta con chocolate. –Y para demostrarlo, la chica sacó una bolsita repleta con los dulces, y aunque Tom quiso ignorarla, los dulces lo llamaban.

-Bueno, -Anne alargó la "e" para darle efecto –me los comeré yo solita, total… -Pero antes de que terminara la frase, Tom le había arrebatado la bolsa con dulces.

-Eres un demonio ¿lo sabias?

-Yo también te quiero, Tooth.

-Sí, sí, sí, y por eso me atormentas tanto. –Tom abrió la bolsa y saco uno de los caramelos para comérselos.

-Entonces, ya me voy. Te vengo a traer media hora antes de que termine tu turno ¿vale? –Habían vuelto a cambiar los turnos en la radio, y Tom de nuevo estaba por las noches, por lo tanto Anne se había vuelto súper, mega, híper, protectora. Hasta había hablado con el director de la radio para que le pusieran dos asistentes extras que le ayudaran con los trabajos pesados, aunque en letras chiquitas Toothless veía "PROTEGER A TOM A TODA COSTA".

-Vale –suspiro el moreno -, te veo más tarde. Me traes algo rico.

-Hornearé pie de limón.

-Genial. –Tom sonrió y Anne se despidió de él con el usual beso en la mejilla.

El moreno siguió trabajando y llevándose a la boca de vez en cuando uno de los caramelos de menta con chocolate. No podía hacer mucho más que manejar los controles y supervisar la entrevista, que hablaba sobre la inauguración de un centro cultural en la facultad de Historia y Arte. Tom hizo nota mental de pasarse por el lugar una vez que el revuelo se hubiera acabado.

Sus compañeros iban y venían mientras ordenaban la bodega. A veces se quedaban escuchando un momento la entrevista y le hacían algún comentario a Tom o le pedían ayuda para saber dónde iban las cosas, luego retomaban su camino. Ya casi no era tan notorio como al principio, pero sus compañeros todavía seguían al pendiente de él. Tom ya hasta se había aprendido los nombres de los siete compañeros con los que trabajaba en la radio, se sorprendió al saber que Anne era la única chica del lugar y él, el único omega. Luego todos eran Alfa.

La entrevista había acabado bien, y Tom puso el programa regular de músicas por la noche, a esa hora no se atendían llamadas por lo que solo bastaba con poner el repertorio en aleatoria y cortar en el momento preciso para pasar los comerciales. La noche pasó tranquila entre charla y charla con André y Connor, a Tom le alegraba que ya no mencionaran tanto su embarazo y hablaran de cosas como la música o video juegos, hasta de las clases era válido para el moreno. En un momento de la noche Tom había alegado tener hambre y que Anne aún no aparecía con el pie que le prometió, esa fue como una señal para los dos chicos que al instante estaban llamando a la pizzería más cercana y pidiendo los gustos de Tom, él solo les siguió la corriente y pidió queso con peperoni, de igual forma los tres iban a dar dinero para pagarla.

Cuando dieron las once, Tom ya había cerrado el programa de músicas y los chicos estaban apagando el audio y los equipos. Tom tenía que esperar a Anne pero conociendo a la chica seguro se había quedado dormida. Cuando ya estaban listos para cerrar la radio, Anne apareció apresurada y sin aliento, Tom solo sonrió, si hubiera apostado habría ganado.

-Sabes, deberíamos comprarnos un auto. –Comento Tom.

-Definitivamente, de acuerdo. –Dijo la muchacha.

-Ya es muy noche para tomar un colectivo, ¿les parece si les doy un aventón? –Preguntó André, que era el único que tenía auto. Al escuchar la oferta, Anne y Connor saltaron para aceptar muy alegres, uno por no tener que caminar y la otra de no tener que pagar un taxi.

-Espérenme aquí entonces, iré por mi auto al estacionamiento.

Mientras esperaban, Anne sacó tres cajitas triangulares y le entregó una a Connor y otra a Tom.

-Como lo prometí, pie de limón.

-¿Para mí también? –El chico se sorprendió y Tom pudo ver un pequeño sonrojo casi oculto por la oscuridad de la noche.

-Por supuesto, también traje para André.

-En ese caso, toma –Connor le paso la pizza envuelta en servilletas que había sobrado de antes –Toothless pidió de queso y peperoni, no sé si te gusta.

-Gracias, y si me gusta, al menos comparto ese gusto con Tooth. –Anne sonrió y Tom pudo ver de nuevo como las mejillas del chico se coloreaban. Tom no era un experto en sentimientos, pero sabía notar cuando alguien estaba colado por otro alguien, y pensó en el trágico destino de Connor al poner su atención en Anne, la chica era lo más distraído en el mundo, si no le hablaban con peras y manzanas, no captaba las indirectas.

André apareció con su mustang del 69, rojo vino y Tom se apresuró a tomar el asiento del copiloto, así de esa forma Connor podría hablar mejor con la chica en los quince minutos de recorrido hasta su casa. Anne le dio la dirección a André y luego comenzó a parlotear de lo primero que se le vino a la mente, Tom solo se recostó en la ventana y dormito un poco.

-Y… ¿ya tienes nombre? –Tom abrió los ojos y vio a André, se habían detenido en un semáforo en rojo y el chico lo miraba de reojo. –Digo, para el bebé. –Ya se extrañaba Tom que no lo hubieran mencionado en toda la noche.

-Rigel. Es el nombre de una estrella. –Tom movió un poco su mano sobre su abultado estómago y sonrió.

-Muy interesante, Orion ¿cierto? –Tom asintió, un poco sorprendido porque reconocieran el nombre, usualmente las personas no sabían mucho sobre estrellas y constelaciones. –Mi hermano trabaja en el observatorio a las afueras de la ciudad y tiene un mapa estelar del tamaño de una pizarra de dos plazas, cuando era más pequeño me llevaba las noches que abrían lluvia de meteoritos, algún eclipse lunar o solo para ver las estrellas.

-Suena genial, yo nunca he estado en un observatorio.

-Podría pedirle a mi hermano que nos deje llegar una de estas noches, si quieres.

-No creo que le guste que lleves a extraños. –menciono Tom, aunque la idea de visitar el observatorio le parecía interesante.

-Mi hermano es un fanático de su trabajo, y si tiene la oportunidad de hablar de ello lo hace, estoy seguro de que le encantaría que fueras.

-¿Y podría invitar a alguien más?

-Tengo cupo limitado de cinco personas. –André sonrió y Tom le regreso la sonrisa.

-Solo hablo por Anne, creo que ella también estaría emocionada por ver las estrellas. –Tom miro a la chica por el espejo retrovisor, estaba distraída hablando hasta por los codos mientras Connor la miraba medio bobo.

-Como dije, cupo limitado de cinco personas.

-Está bien. ¿Cuándo trabaja tu hermano?

-Todas las noches, pero podemos programar la gira para el fin de semana, ¿Qué te parece?

-¿El domingo estará bien?

-Perfecto, le diré a mi hermano.

Connor fue el primero al que pasó dejando André, y por ultimo ellos. Tom y Anne le agradecieron por el aventón y se despidieron. La noche era helada y los dos chicos estaban cansados, lo bueno era que el día siguiente era sábado y podían dormir hasta tarde. Tom prefirió contarle a Anne sobre la visita al observatorio el día siguiente, en ese momento solo quería hacer las pases con su amada camita.

Se cambió a ropas más cómodas y se recostó con cuidado sobre uno de sus costados, una alarma sonó y se dio cuenta de que era su celular, le estaba avisando que mañana era día de consulta con el médico a las tres de la tarde. Tom enterró el rostro en la almohada, Áster lo regañaría si no asistía, pero tampoco quería dejar plantado al chico con el que quedó de verse en el parque. Aunque no dijeron hora concreta, el chico solo dijo que llamaría después de las doce de la tarde, tal vez el encuentro podía ser rápido y podría estar a tiempo para su consulta. Tom suspiro y se envolvió en las sábanas, ya mañana vería todo eso, ahora solo quería descansar.

000000000thththththththththththtth00000000000000000000

Tom se despertó a eso de las diez y media de la mañana. Anne ya se había levantado y había preparado panques con jugo de naranja. Desayuno con ella y mientras lo hacía le conto sobre lo de la visita al observatorio, y como se lo imaginó, la chica estaba encantada con la idea. Al parecer ella tampoco había visitado un observatorio en su vida.

-Entonces, cinco personas. ¿A quién más piensas invitar, además de mí?

-Seremos solo tú, André y yo. Nadie más.

-Pero que aburrido Tooth, ¿no sabes que entre más personas, más divertido es?

-Pues no, fíjate. Tú invita a alguien si quieres, yo me conformo contigo.

-Pues la verdad yo tampoco tengo a nadie a quien invitar. Supongo que seremos solo nosotros dos.

-¿Por qué no invitas a Connor? Ayer estabas muy animada hablando con él.

-Sí, pero… no lo conozco mucho y solo hemos coincidido en dos turnos y casi no habla.

-¡¿Pues quien podría hablar contigo pareciendo hurraca?! –puso los ojos en blanco Tom.

-¡No parezco hurraca!

-Sí lo haces, no sé cómo es que el chico ayer ni si quiera se molestó. Hasta parecía interesado en lo que hablabas.

-¿En serio?

-Eres todo un caso. –Tom suspiró y Anne iba a reclamar cuando su celular comenzó a timbrar. Al ver el número desconocido se extrañó, pero luego recordó que se suponía debía verse con el chico castaño esa tarde así que se apresuró a contestar.

-Hola, buenos días.

-Hola, emm ¿Tom?

-Él habla.

-Genial, no me confundí esta vez. Hola, Tom, soy Hiccup. Te llamaba para confirmar lo de esta tarde, ¿A las dos de la tarde estará bien?

-Sí, eh, acerca de eso. ¿Puede ser media hora antes, es que tengo un compromiso después?

-No hay problema, te parece ¿cerca de la fuente de colores? Estaré allí.

-¡Perfecto! Muchas gracias, nos vemos allá. –Tom escucho colgar la llamada y se apresuró a guardar el número para no perderlo.

-¿Era tu chico de las anguilas?

-No es mi chico, y sí, era por las anguilas.

-¿Y qué compromiso es ese del que hablabas?

-Tengo mi primera cita médica desde que salí del hospital. Áster fue muy específico en decir que me quería puntual.

-¿Qué? ¿Es hoy? ¡Pero en la tarde trabajo! Yo también quiero ir. –Anne hizo un puchero y por poco saca lagrimas falsas.

-Ni yo me acordaba, si no fuera por la alarma la hubiera dejado pasar.

-¿Puedo tener una copia de las fechas de las consultas? Así yo también sabré cuando podré ir contigo y cuando no.

Tom le su celular y le mostro su agenda, la fecha y la hora de cada consulta hasta el final de su embarazo.

-Según esto, faltan cinco meses más y por fin podremos conocer a Rigel. ¿Has pensado en un segundo nombre? ¿O solo será Rigel Black?

-Por el momento solo es Rigel Black. Aun no se me ocurre uno que convine.

-Bueno, ya que seré la madrina, buscare algo bonito. ¿Quieres que te prepare algo para que meriendes en la tarde, o para que le lleves al doctor?

-Se me antoja pastel de piña.

-Ok. Puedes ir a bañarte entonces, yo me quedaré limpiando y preparando el pastel. –Tom le dio las gracias y se fue a alistar.

A mediodía, Anne ya le tenía preparado una cajita con el pastel de piña rebanado en seis partes y también le había empacado una cajita de juco como si fuera un lunch.

-¿Dónde consigues todas estas cajas? Siempre que preparas pasteles los empacas en cajas distintas.

-Yo las hago.

-¿No has pensado en poner tu propia panadería a domicilio? Se venderían muy bien. –Halagó Tom.

-Amm, no sé si tenga tiempo.

-Puedes venderlos también los domingos, es nuestro día libre, juntos podemos ir al parque, sería un buen ingreso extra. Hasta podría aprender a hacer cajas para ayudarte, porque pasteles… es para que queme la cocina.

-No seas así, Tooth. Has mejorado mucho aprendiendo a cocinar, bien podría aprender una receta o dos.

-Dejémoslo en veremos ¿sí?

-Como quieras.

-Nos vemos en la tarde, pasare por la radio cuando termine mi consulta.

-Te esperaré, entonces. –Anne le dio un beso en la mejilla a Tom y luego se acacho hasta la altura de su vientre. –Adiós a ti también, bebé, cuida de tu papi.

-Sabes que quien lo cuida soy yo ¿verdad?

-No importa, ella es un pequeño angelito. Y los angelitos siempre nos cuidan. –Anne le saco la lengua y Tom solo pudo rodar los ojos ante lo infantil que era la chica a veces.

THTHTHTHTHTHTH

Tom llego al parque con diez minutos de ventaja. Se sentó frente a la dichosa fuente y se puso a apreciar los árboles. Era un día muy bonito y tranquilo, no había muchas personas en el parque teniendo en cuenta que era sábado, aunque para Tom así era mejor, no había tanta bulla y podía leer un rato antes de que llegara Hiccup. El chico llego cinco minutos retrasado, pero no le dio mucha importancia.

-Hola. ¿Has esperado mucho?

-No realmente –respondió sincero el moreno –Y a ti ¿Cómo te va?

-Retrasos en el trabajo, pero ya estoy aquí. Ten, es la anguila. –Hiccup le pasó un recipiente envuelto en tela, todavía estaba caliente. –La prepare ésta misma mañana.

-Gracias, no sabía a quién pedirle ayuda. Será la primera vez que pruebo anguila y mi abuela no me mandó ni siquiera instrucciones de cómo prepararla.

-Entonces, te aconsejo que cuando la comas, lo hagas en un lugar donde te encuentres solo, tu casa preferiblemente.

-¿Por qué? ¿Qué pasa?

-Pues yo creí que ya habías comido anguila antes, por eso no lo mencioné. Pero si dices que tu abuela solo te la envió, así sin instrucciones, pues… En un beta no sucede nada, pero en alfas y omegas amplifica los sentidos.

-Eso ya lo sé, me lo explico mi abuela…

-No entiendes, se siente como si estuvieras drogado. No es algo que se toma a la ligera.

Tom se puso a pensar en lo que Hiccup le estaba diciendo, ¿su abuela no podía hablar claro? No, tenía que hacerlo experimentar solo.

-Oh, joder.

-No te preocupes, los efectos no tardan más de media hora.

-Pero, ¿si hago algo estúpido mientras estoy drogado?

-A ver, te dije que se asemeja a una droga, no que es una droga.

-¿Y tú como lo sabes?

-Cuando era pequeño me lo hicieron comer varias veces, por eso sé cómo se siente. Pero conmigo siempre estaba mi madre.

-Amm entonces, puedo decirle a Anne, ella me cuidará bien.

-Ella es la chica con la que estabas hablando el otro día ¿no es así?

-Sí. –Tom se fijó en la hora y vio que eran las dos y media. ¿Cuándo carajos había pasado el tiempo tan rápido? -¡Joder! Me tengo que ir, voy tarde a la cita y ahora la que me espera.

-Oh, yo te entretuve, si quieres puedo llevarte. Tengo auto, así te evitas una pelea, en tu estado no es bueno.

-Créeme, igual voy a tener pelea. Áster siempre me regaña por todo. Pero sí, acepto que me lleves.

Hiccup llevó a Tom hasta su auto y luego esperó a que le diera la dirección a la que iban.

-Es al hospital del centro.

Hiccup comenzó a manejar y se preguntaba por qué alguien tendría una cita en un hospital. Pero es que el chico lo había tomado por otro rumbo, creía que Tom iba a una cita de parejas no a una consulta con el médico.

-Y, ese Áster, ¿Es el papá del bebé o…? –Tom abrió los ojos y miró en shock a Hiccup.

-¡¿Qué?! ¡No! Solo es el doctor que me atiende.

-Pero tú dijiste te tenías una cita.

-Sí, una cita médica. –Tom, al darse cuenta del mal entendido estallo en carcajadas, Hiccup solo parecía tomate al haber metido la pata.

-Lo siento.

-Descuida, estoy acostumbrado a tratar con personas distraídas. –Tom soltó otra carcajada y Hiccup sintió morirse de la vergüenza.

Llegaron al hospital a tiempo para la cita médica de Tom, Hiccup de colado, siguiendo a Tom. Áster al ver a los muchachos no dijo nada, simplemente los guio hasta la sala donde le haría las preguntas de rutina al embarazado y luego irían por la ecografía.

-Esperen un momento aquí, volveré enseguida. -Áster salió de la habitación mientras los chicos se sumían en un extraño silencio.

-¿Por qué estás aquí? –Preguntó de pronto Tom.

-Emm, pues, dejaste la anguila y te seguí. Luego el doctor nos vio y nos jaló a los dos hasta aquí. Puedo irme, si lo deseas.

-No, ya que. Puedes quedarte. Así puedes llevarme en tu auto, me acabo de dar cuenta de que no traje mi billetera. ¿No tienes problema con eso, cierto?

-No, para nada.

-Bien.

-Bien.

Áster volvió cinco minutos después con una caja en las manos que dejo sobre el escritorio, se sentó frente a los chicos y comenzó con las preguntas, de una forma muy profesional.

-¿Cómo te has sentido las últimas semanas? ¿Han seguido los vómitos o los mareos?

-En realidad, han disminuido. Ya no son un problema por las mañanas, tampoco me afectan tanto los olores, a no ser que sean frutas.

-Eso está bien, ¿Has estado tomando tus vitaminas?

-Anne no permite que se me pase la hora, tengo una alarma para cada una de las pastillas que me recetaron. Así que sí, las he tomado todas. –Áster iba tomando apunte de todo lo que decía el moreno, asintiendo de vez en cuando.

-¿Cómo es tu dieta últimamente?

-Está a base de mariscos. –Tom sonrió y Áster le dio una larga mirada que decía "¿En serio?" –Desayuno usualmente leche, pan o huevos, y siempre almuerzo con algún platillo que lleve mariscos. Para la cena algo de granola o avena.

-¿y cómo llevas los antojos?

-¡Terribles! Siempre quiero algo dulce. Todo el tiempo. Pasteles, donas, caramelos, chocolates. Es un infierno dulce. –Dramatizó Tom. –Para controlarlo, simplemente como pequeños caramelos de menta o gomitas de azúcar que Anne me da. Sé que debo controlarme, pero los antojos son desesperantes.

-Con tal de no sobrepasar cinco pasteles al día, no le encuentro problema a que comas dulces. Todo sea que no descontroles tu dieta habitual, que por el momento está bien. Los mariscos tienen mucho hierro y fosforo, eso ayuda a la sangre y a tu bebé. La leche, avena y granola abastecen a tu cuerpo con el resto de nutrientes. Felicita a Anne de mi parte.

-¿Y a ella por qué? –Hizo un puchero, Tom

-Porque tú mismo me dijiste que es ella la que lleva el control de tus alimentos. Si de por ti fuera, tragarías todo a tu paso sin contemplaciones.

-¡Eso no es cierto!

-Permíteme diferir. –Áster sonrió y Tom le sacó la lengua infantilmente.

Hiccup, mientras tanto, escuchaba las preguntas y guardaba lo importante. Quería saber más acerca de los embarazos masculinos, pero no se atrevía a preguntarle al doctor por miedo a que lo quedaran viendo raro. Solo se quedó allí, escuchando y jugando con el bordecillo de su chaqueta.

-Bueno, Tom, ahora súbete a la balanza, voy a revisar tu peso y luego tu presión arterial. ¿Qué tan seguido te enojas o pierdes los estribos?

Al hacer esa pregunta, una tos se escuchó de fondo y cuando el doctor y Tom voltearon a ver, Hiccup intento ocultar su risa tras su mano.

-¿Algo que decir? –Instó Tom, con el ceño fruncido.

-Eh, no, nada. Solo, amm, un poco de tos. –y para corroborarlo, volvió a toser. –Pueden seguir en lo suyo.

Áster asintió, con una sonrisa bailando en los labios y Tom solo miro giro su rostro de mala gana de nuevo hacia al doctor para responder la pregunta.

-Estoy trabajando en ello.

-Necesito que seas más sincero, Tom. –El chico solo chasqueo su lengua y acentuó más su ceño.

-Está bien, suelo perder los estribos. ¡Pero no es mi culpa que todo el mundo sea tan idiota!

-¿Has intentado ejercicios de meditación? ¿Pintar? ¿Escribir? ¿Salir a pasear de vez en cuando?

-Estoy planeando un viaje al observatorio. ¿Eso cuenta?

-Siempre y cuando te guste, es perfecto. Debes relajarte, y no sofocarte tanto.

-Díselo a mis maestros. –Tom bufó y se cruzó de brazos.

Áster siguió con las revisiones en Tom y después de decirle que todo estaba en perfectas condiciones, al fin llegaba la parte que más le gustaba al moreno. La ecografía. Hiccup al ver que tanto el doctor como Tom iban a salir de la habitación, al fin se motivó a hablar. Además, no quería quedarse ahí solo en el consultorio.

-Emm, ¿Puedo…? Me preguntaba, digo, si no está mal… ¿Puedo ver también la ecografía?

-¿Qué? ¿Por qué? –Frunció los labios Tom, Hiccup podía ver el disgusto en su rostro. Áster por otro lado, solo tenía curiosidad por el chico.

-Nunca he visto nada parecido, me parece interesante. Yo creo… -Hiccup levantó su rostro y vio la expresión de Tom. –Creo que fue una mala idea. Olvídalo, esperaré aquí. –Dijo el pecoso, resignado. Sabía que el chico era bastante reservado en lo que refería a su bebé, obviamente no le gustaría que anduvieran de entrometidos en sus chequeos.

Oyó un suspiro y levantó de nuevo el rostro, Tom ya estaba caminando hacia la puerta y antes de salir volteó a ver al chico.

-Puedes venir, pero si dices algo estúpido, te tiraré lo primero que tenga a la mano.

Hiccup escucho una carcajada y miró al doctor que también se estaba dirigiendo hacia la puerta.

-Tiene su carácter, ¿eh? Vamos, ya tenemos su permiso, mejor no hacerlo esperar y que se arrepienta. –Hiccup no esperó a que le dijeran dos veces y se apresuró a salir con el doctor, viendo caminar por delante a Tom.

-Él es muy extraño. –Se atrevió a mencionar Hiccup.

-Bueno, yo diría que es algo difícil de tratar, pero tiene su lado acaramelado. Y tu ¿por qué tanta curiosidad con ver al bebé?

-Pues, no solo es con el bebé. En sí, es con el hecho de que sea omega. Es la primera vez que veo a un omega masculino embarazado. Me llama la atención. ¿Eso es normal?

-No suelo ver a muchos jóvenes interesados en el estudio Alfa/Omega. ¿Algún tema en concreto que deseas tratar?

-Es algo vergonzoso.

-Un doctor tiene entera confidencialidad con sus pacientes.

-No soy uno de sus pacientes.

-Oh, pero el voto lo mantenemos siempre. –Áster sonrió conciliador al chico y Hiccup se encogió de hombros, decidiendo contarle un poco sobre sus problemas mientras seguían caminando por el largo pasillo.

-Mi familia, desde antes que yo naciera, siempre ha tenido una larga herencia de Alfas. Eso, hasta que llegué yo. Los doctores que me han tratado no encuentran el problema. Sé que no soy un beta, pero tampoco sé si soy Alfa u Omega. Mi familia no me tiene mucha estima, a excepción de mis padres, ellos simplemente dicen que mi cuerpo está dormido, que solo necesita un incentivo para despertar. No encuentro lógica en eso, pero no importa. El hecho es que desde pequeño he visto cómo funcionan las castas. Hasta una vez llegue a presenciar un lazo destinado. Mi mejor amiga, encontró a su pareja sin querer. El lazo era tan fuerte que ella dejo al chico con el que había pasado tres años de novios y con el cual se presentía que podría llegar a casarse. Comencé a investigar, tal vez de esa forma encontraba explicación para mi situación.

-Eso no explica la curiosidad por ver la ecografía. –murmuró Áster.

-Me agradan los niños, solo es curiosidad como dije. Además, él también me da curiosidad. –Hiccup señaló a Tom. –Aunque es evasivo muchas veces.

-¿Son amigos?

-Ni siguiera eso. Lo conocí por casualidad y hoy le di un aventón. Nada especial.

-Ya veo. –Áster tarareo y siguió caminando. Al cabo de un rato por fin llegaron a la sala de ecografías.

Tom se sentó en la larga silla y se subió la camisa como lo había hecho la vez anterior. Hiccup se sorprendió por lo redondo y grande del estómago. Con la ropa, Tom disimulaba su barriga, pero sin nada era impresionante.

-¿Cuántos meses tiene? –dijo antes de pensarlo.

-Bueno, esta pequeña va en su veinteava semana de gestación. En lenguaje para los mortales, es su quinto mes. –Hablo el doctor.

-¿Es una niña?

-Sip. Acércate, así podrás verla. –Hiccup observó a Tom como pidiendo permiso, y el moreno solo se encogió de hombros.

Un poco más confiado, Hiccup caminó hacia el otro lado de la pantalla para poder ver mejor la imagen. Áster estaba guiando el aparatito por todo el abultado vientre con delicadeza.

-Mira, Tom, ha crecido y parece que está comenzando a moverse.

-¿Cómo es que logra ver algo? Yo solo miro sombras. –Hablo Hiccup. Tom lo vio de reojo y entrecerró los ojos.

-Te dije que te tiraría algo si decías alguna tontería.

-Puedo mejorar la imagen, así lograras verla mejor. –Interrumpió Áster, antes de que Tom comenzara a destrozar la sala. Tecleó algunos botones y entonces la imagen se actualizo y ahora se miraba la forma del bebé aún en blanco y negro pero más estilizada y con mayor forma. Hiccup soltó un largo "Oh" y luego sonrió a la imagen.

-¿Por qué no me mostraste así la imagen la primera vez? –preguntó ofendido el pelinegro.

-Tú no preguntaste. –Áster se volvió hacia Hiccup y le dijo que se acercara un poco más. –Ahora escucharás los latidos de su corazón. –El doctor volvió a tocar otro botón y se escuchó fuerte y claro un repiqueteo. Iba muy rápido y a Hiccup le asombro mucho.

-¿Es normal que suene así?

-Completamente. Cuando llegue a los siente meses, ralentizará el ritmo.

-Wow…

-Disculpa. –Interrumpió Tom. –Yo soy el padre, ¿Por qué respondes a sus preguntas? Debería ser a mí a quien le estuvieras explicando eso.

-El chico tiene curiosidad, y tú no me has preguntado nada. ¿Algo que quieras saber?

-Sí. ¿Cuánto tiempo tengo antes de comience a rodar y tenga que pedir vacaciones en la radio?

-Tienes tres meses, máximo. Te costará hacer cosas como agacharte o levantar peso. Hasta caminar te parecerá molesto.

-Bien, comenzaré a hablar con Anne para ir a comprar un auto. No puedo seguir yendo de un lado a otro en el colectivo o a pie.

-Sé de un concesionario donde venden autos usados a buen precio y en buen estado. –Le dijo el doctor. Tom se lo pensó un poco y decidió que prefería algo nuevo, así que declino la oferta.

-Tengo ahorrado algo de dinero, y prefiero algo seguro. No es que menosprecie la idea, pero mis abuelos me han enseñado que es mejor siempre ir por lo bueno, aunque cueste un poco más.

-Buen consejo. Supongo que yo debería seguir los que me da mi esposo de vez en cuando. –Áster soltó una carcajada y Tom solo rodo lo ojos.

-¿Esposo?

-Oh, sí. ¿Quieres conocerlo?

Tom al escuchar eso comenzó a hacer señas y negar con la cabeza. Pero aunque lo intentó, el doctor ya estaba sacando una ristra de fotografías donde se miraba a un chico albino de ojos azules y en otras a un niño castaño.

-Él es Jack, y es el amor de mi vida. Y este pequeñuelo de acá es el fruto de nuestro amor. –Hiccup miraba al doctor y luego a Tom, que no paraba hacer muecas de fondo, imitando las acciones del hombre mayor. De vez en cuando hacia como si quisiera vomitar, esto le hizo mucha gracia al pecoso.

La perorata hubiera seguido si Tom no se hubiera aclarado la garganta e interrumpido al entusiasta doctor.

-¿Puedes imprimir las fotografías extra? Mis abuelos quieres tener su propia copias, están creando un álbum o algo así.

-Sí, por supuesto.

Cuando al fin salieron de la sala de ecografías, los chicos tuvieron que parpadear un par de veces para acostumbrarse a la luz blanca del pasillo. Áster los guio de nuevo a su consultorio y luego de darle el recetario de las siguientes vitaminas que debería tomar, le tendió la caja que había dejado sobre el escritorio desde el principio.

-Es para el bebé. –Fue la simple respuesta ante la mirada interrogatoria de Tom.

Al abrir la caja, Tom se encontró un pequeño dragón de peluche negro y con los ojos verdes. Tom lo miró muy asombrado y luego sonrió hacia el doctor. A Hiccup le pareció tierna la sonrisa que muy pocas veces se veía en el rostro ecuánime.

-Gracias. Es muy lindo.

-Puedes ponerle nombre, mi hijo siempre lo hace con sus peluches.

-Ya sabes que soy malo con los nombres. No me pidas nombrar a un peluche.

-Solo decía. No es estrictamente necesario. –Se burló Áster.

-Como sea. Si eso es todo, me voy.

-Nos vemos en la próxima consulta.

-Amju. Nos vemos.

Tom salió del consultorio y Hiccup después de una corta despedida hacia el doctor también salió detrás del chico, seguía pensando que para estar embarazado caminaba muy rápido. Tom pasó buscando sus vitaminas por la farmacia y luego se dirigieron hacia el estacionamiento, todo en completo silencio.

-Entonces, ¿Ahora hacia dónde? –Preguntó Hiccup una vez que estuvieron dentro del auto.

-A la radio de la universidad. Me veré con Anne allí.

-De acuerdo. –Hiccup encendió el auto y manejó hacia la autopista.

Mientras conducía, miraba de reojo como el moreno jugaba con el dragón de peluche. El muñequito le recordaba a una película que había visto de pequeño y entonces se le ocurrió un nombre.

-Chimuelo.

-¿Qué?

-Chimuelo, así puedes llamar a tu peluche.

Hiccup lo vio con grandes ojos asombrados y luego soltó una carcajada.

-¿Por qué llamaría de esa forma a mi dragón?

-Me recuerda al dragón que aparecía en una película que vi de pequeño. En realidad, se parecen demasiado.

-Sí, bueno, no fue causalidad que Áster me regalara este dragón negro.

-¿Ah, no?

-En lo absoluto. El sabe de mi apodo y de donde lo conseguí, por lo tanto buscó la manera de molestarme y a la vez ser lindo, con un simple regalo.

-¿Tu apodo es Chimuelo?

-Mis abuelos me lo pusieron en ingles, dicen que tenía más estilo. Toothless. -Tom sonrió.

-¿Cómo es que conseguiste tu apodo? -preguntó curioso, Hiccup.

-Mi abuelo me había comprado una colección de películas sobre dragones, allí aparecía un dragon que no tenía dientes (o parecía no tener dientes, pues los escondía) y el protagonista lo nombró "Chimuelo". Para ese entonces, yo estaba mudando mis dientes, y le dije a mis abuelos que yo era igual al dragón, porque tampoco tenía dientes. Ellos se rieron y comenzaron a llamarme así, luego el apodo muto, cuando crecí y me daba vergüenza que mis compañeros de la escuela lo escucharon. Chimuelo, cambió a Toothless, y se quedó así. No es una gran historia, pero Anne no paro de reírse por un buen rato. A mis abuelos también les encanta contar esa historia.

-Pues a mi me parece tierno.

-Supongo...

-¿Cómo lo llamaras entonces?

-Supongo que me quedaré con el nombre original, Chimuelo bastará.

-Buena elección. -Los chicos sonrieron.

Pasaron algunos minutos hasta que llegaron a la radio. Hiccup se detuvo frente a la puerta principal y esperó a que Tom bajara, pero éste no lo hizo, solo se quedó viendo hacia fuera de la ventanilla, perdido en sus pensamientos.

-¿Sucede algo? -preguntó preocupado, Hiccup.

-¿Te gustaría visitar un observatorio? Mañana por la noche, Anne y yo iremos a uno. EL hermano de uno de mis compañeros en la radio, trabaja allí. Hay cupo para alguien más. ¿Qué te parece?

-Pueees... nunca he estado en uno, y sería genial. ¿A qué hora sería?

-Iremos a las diez de la noche. Todavía queda arreglar los detalles de en donde nos veremos y si llevaremos algo para comer. Anne de seguro horneará algún pastel.

-Pues estupendo. Envíame un mensaje, puedo traer algo también, si quieres.

Tom se bajó del auto con una sonrisa, y se asomó por la ventanilla.

-Puedes traer lo que quieras. Nos veremos después.

-Hasta pronto.

Tom desapareció dentro del edificio de la radio, y Hiccup partió rumbo a su casa. Los dos chicos pensando en que había sido un día genial. De forma distinta cada uno.