Disclaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia es una traducción del fic Aftershocks, escrito por aria710.


Capítulo 21

Que se haga la luz

No había más que silencio.

Las ruidosas explosiones y golpes se detuvieron tan repentinamente que Bulma sintió que se encogía. El suelo temblaba y parecía que las nubes oscuras habían cubierto todo el cielo, como tinta en un charco de agua verde. El área a su alrededor lucía fragmentada. Grietas como telarañas parecían extenderse cada vez más sobre la superficie terrestre del planeta.

"Esto no puede ser bueno."

-¿Qué sucedió? ¿Dónde está Vegeta? –Bulma miró entre Yamcha y Krillin, pero ninguno respondió a su pregunta. En cambio, estaban mirando a otra persona que volaba hacia ellos, y Bulma inmediatamente se arrojó sobre el Saiyajin-. ¡Goku!

El guerrero la ignoró por completo y simplemente la alzó, lanzándola encima de su hombro.

-Vámonos.

Bulma lo golpeó en la espalda.

-¡Goku! ¿Qué estás haciendo? –estaba enojada y confundida. ¡Nadie la agarraba así! Bueno, nadie aparte de Vegeta, pero Goku ciertamente no tenía permitido hacerlo-. ¿Qué sucede contigo?

El Saiyajin la ignoró una vez más.

-Krillin, Yamcha, regresen a la nave. Gohan y Piccolo deberían estar allí –Goku finalmente se dirigió a ella-. Bulma, ¿todavía tienes las Esferas del Dragón?

Sus ojos azules se abrieron. Había olvidado que ella fue la que tomó las esferas, guardándolas en una cápsula que ahora estaba en su bolsillo. Todavía les quedaba un deseo por pedir.

-Sí, aquí están. ¿Por qué?

-Dáselas a Krillin.

-No puedo hacer eso en esta posición, Goku –protestó Bulma.

-Correcto –Goku cuidadosamente colocó a Bulma en el suelo, suspirando con frustración. Obviamente había algo que preocupaba al Saiyajin, tal vez algo más que la amenaza de Freezer.

Bulma sacó la cápsula de su bolsillo y se la arrojó a Krillin.

-Asegúrate de no perderlas.

-Se las entregaré al malvado alienígena en la primera oportunidad que tenga –se burló Krillin-. Vamos, Bulma. ¿Pero qué planeas hacer con ellas, Goku?

-Necesito que desees que todos regresen a la Tierra, excepto Vegeta y yo –la voz de Goku era severa, inflexible. Él se mantuvo firme sobre esta decisión, pero no impidió que Bulma protestara con vehemencia.

-No, por supuesto que no. ¿Te das cuenta de todo lo que está mal con ese deseo? ¡Es casi tan estúpido como la obsesión de Vegeta con la inmortalidad! –Bulma levantó las manos. No podía creer lo que estaba escuchando-. En primer lugar, ¡desear que todos, excepto tú y Vegeta, regresen a la Tierra significaría que estarías sacando a todos los Namekuseijin de su planeta! ¡Sin mencionar al propio Freezer!

-¡Oh sí! –Goku dejó caer su fachada seria por un breve segundo, pero rápidamente recuperó su estoicismo-. Desea que todos regresen a la Tierra excepto yo, Vegeta y Freezer.

-No entiendo, Goku –dudó Krillin-. Estamos aquí para ayudarte. Déjanos ayudarte...

-No. Ustedes tienen que salir de aquí ahora –Goku señaló las nubes arremolinándose en el cielo. Parecía que el dragón estaba a punto de ser convocado nuevamente, lo cual era imposible, ya que las siete Esferas del Dragón estaban en la mano de Krillin-. Freezer envió una explosión de Ki directamente al núcleo de este planeta. Dijo que solo tenemos una hora antes de que todo el planeta explote.

"¿Qué?"

El corazón de Bulma latía con fuerza, saltando en su pecho. No había escuchado correctamente, ¿verdad? ¿Este planeta estaba a punto de explotar y cabía la posibilidad de que su mejor amigo y Vegeta debieran quedar atrapados en él? De ninguna manera. No estaba pasando. Bulma se mordió el labio inferior, enfurecida con la suerte que le tocaba.

-¿Hablas en serio? ¿Pretendes quedarte en este planeta cuando está a punto de explotar? ¿Con Vegeta? ¡Absolutamente no, Son Goku! No permitiré que ambos mueran en este planeta –sintió que algo húmedo le nublaba la vista, pero lo ignoró, demasiado enojada con el Saiyajin frente a ella-. ¡No puedes hacer eso!

-No hay otra opción, Bulma. Por favor, confía en mí.

-¡No! ¡No quiero que arriesgues su vida de esta manera! Ya ha sufrido suficiente, Goku. ¡Lo quiero a salvo! –Ella pisoteó el suelo infantilmente con extremo enojo. Una hora. Solo tenían una hora para matar a Freezer y escapar-. Sabes que mi nave tarda 30 minutos en iniciarse de manera segura.

Goku asintió y le tocó el hombro con calma.

-Lo sé, Bulma.

-Y que primero deben enfrentarse a Freezer y matarlo. ¡Eso no será algo de cinco minutos!

-Entonces deja de discutir y ven conmigo.

Ella guardó silencio ante eso.

-¿Disculpa?

-¿Por qué no volvemos todos a la Tierra y dejamos que Freezer explote con el planeta? –Preguntó Krillin.

Goku sacudió la cabeza.

-No funcionará. Al parecer, Freezer puede sobrevivir en el espacio, y tan pronto como se dé cuenta de que todos nos fuimos y que nos llevamos las Esferas del Dragón, nos perseguirá. Sabe que venimos de la Tierra –el joven suspiró y Bulma vio el atisbo de preocupación en sus ojos oscuros. Estaba pensando en su familia, en Milk y su pequeña casa en las montañas. Goku probablemente estaba pensando en Gohan, que había visto más muerte y dolor de lo que cualquier niño de cinco años debiera ver. No podían permitir que el monstruo de llegase a la Tierra, no sin tratar de matarlo aquí primero.

-¿Quién pedirá el deseo, Goku? –Bulma estaba perdiendo la discusión. Odiaba esto, aborrecía absolutamente todo lo relacionado con este plan. ¿Pero qué más podrían hacer? Por mucho que quisiera creer que podía ayudar, no tenía ningún poder. Ella no tenía un laboratorio o algún invento que pudiera matar a Freezer. Bulma era inútil para ellos, y odiaba ese sentimiento.

-Piccolo puede.

Ella resopló, molesta con la situación.

-Piccolo es de la Tierra. Dudo que sepa hablar Namekuseijin cuando apenas acaba de llegar.

-Está atado a Kamisama, Bulma –Goku colocó su otra mano sobre ella, frotando sus brazos con preocupación-. Oye, debes confiar en mí. Me encargaré de todo. Después de todo lo que hemos pasado, ¿no tienes fe en mí?

Bulma sonrió a pesar de sí misma. Era increíblemente difícil creer que este era el mismo Goku que la había llamado bruja, el mismo niño en el bosque al que había golpeado una vez con su auto. Cuando bajó la cabeza, sus mechones azules taparon su rostro como una cortina. Esto era un completo desastre, y una parte de ella sentía que era su culpa. Fue su deseo lo que probablemente le recordó a Raditz la existencia de su hermano en la Tierra, lo que condujo a este peligroso y retorcido desarrollo de eventos. No se suponía que las cosas fueran así, ¿verdad? Sí, ella quería aventura, pero planetas explotando y amenazando la vida de dos de los hombres más importantes de su vida era demasiado. Espantoso.

Todo su pensamiento racional gritaba que era imposible sobrevivir esto, pero Bulma se encontró asintiendo.

-Sí, Goku.

-Entonces por favor ven conmigo –Goku la agarró por la cintura y luego se despidió de Yamcha y Krillin-. Pónganse en marcha, chicos. No dejen que Gohan regrese para palear. Sé que querrá hacerlo.

-No sé lo que estás tramando, Goku... pero espero que funcione –Krillin sostuvo con fuerza la cápsula en sus manos.

El Saiyajin sonrió y se fue volando, cargando a Bulma y apenas susurrando.

-Yo también.


-No entiendo.

-¿Qué no entiendes?

-Porqué tu papá era tan malvado.

Piccolo se cruzó de brazos ante la pregunta del niño Saiyajin y se sentó en el suelo.

-Olvídalo, Gohan. Esas cosas ya no importan.

Gohan se encogió de hombros y desenredó su cola, sintiéndose cómodo a pesar de su entorno.

-Volveremos a la Tierra pronto, ¿no?

El Namekuseijin a su lado no respondió. Piccolo parecía comprometido con sus propios pensamientos. E incluso comenzó a murmurar para sí mismo.

-Si entiendo –él asintió con la cabeza y Gohan parpadeó. Quizás Piccolo estaba más loco de lo que originalmente pensaba.

-Um, ¿Sr. Piccolo?

-Lo haré –el Namekuseijin se levantó y le indicó a Gohan que lo siguiera. Su atención parecía estar finalmente de vuelta en el mundo real-. Regresaremos a la Tierra muy pronto.

-¿Con quién estaba hablando, señor Piccolo?

-Kaiosama. Estaba escuchando el plan de tu padre de usar las Esferas del Dragón para enviarnos a todos de vuelta a la Tierra.

Eso no tenía ningún sentido. ¿Por qué su padre querría desperdiciar un deseo en eso?

-No entiendo...

-Pensé que eras inteligente, Gohan –Piccolo caminó hacia la puerta principal de la nave espacial, abriéndola para revelar el cielo ennegrecido y las montañas que se derrumbaban lentamente-. Siente el planeta...

Gohan parpadeó.

-No puedo hacer eso.

-Hay algo bajo tierra.

Sus ojos oscuros se agrandaron cuando captó una débil señal de energía.

-Es… una explosión de Ki.

-No es solo una explosión de Ki.

-¿Sr. Piccolo?

El Namekuseijin lo condujo hasta afuera.

-Gohan, es de noche en la Tierra –continuó.

-¿Está diciendo que ya es hora de dormir, señor Piccolo?

Él gruñó ante la idea infantil.

-Tu cola será un problema con la luna llena.

La extremidad peluda envolvió su torso una vez más, entendiendo el verdadero significado detrás de esas palabras.

-Puedo controlarlo, Sr. Piccolo. El tío Vegeta me enseñó a hacerlo.

-Tu cola podría resultar perturbadora para la población humana, Gohan –Piccolo de repente miró pensativo dentro de la nave y luego entró rápidamente, dejando a Gohan afuera. Él no estaba seguro de lo que estaba sucediendo. El planeta parecía casi enfermo. Una pequeña pero poderosa explosión de energía se estaba enterrando bajo la piel de Namekusei, consumiendo su fuerza vital.

Su pequeña cabeza se giró cuando sintió a Piccolo regresar con el cuerpo de Raditz. El niño corrió hacia él.

-¿Qué estás haciendo?

-Alguien debe agarrarlo mientras pedimos el deseo. De lo contrario se quedará aquí.

-¿Qué le está pasando a Namekusei, señor Piccolo?

Ignoró la pregunta y colocó a Raditz en el suelo. Con un corte limpio, Piccolo retiró la cola del cuerpo de Raditz y extendió su mano verde sobre la herida, cauterizando las terminaciones nerviosas.

-Él no aprendió a controlar su transformación, ¿verdad?

Gohan observó, confundido y un poco enojado.

-¿Por qué hiciste eso?

-Debo quitártela a ti también, Gohan. Sí, puedes controlarlo, pero ese lado de tu conciencia es completamente Saiyajin. Kaiosama me advirtió sobre esto. No matarás a tu familia o amigos, pero eso no evitará que dañes el planeta.

-Pero yo... –Gohan protestó, sacudiendo la cabeza-. Me gusta mi colita.

-Es una debilidad innecesaria.

Gohan sacudió la cabeza.

-Puedes entrenarla para no sentir nada...

-¿Has completado este entrenamiento, Gohan?

Se estremeció bajo la mirada desconcertante de Piccolo.

-No…

-Entonces no podemos arriesgar ninguna debilidad. Tu poder reside en ti, no en tu transformación. Si Freezer viene a la Tierra, no tendremos oportunidad de entrenarte para fortalecer tu cola. Tendrás cosas mucho peores de que preocuparte.

A Gohan no le gustaba lo que Piccolo implicaba. Si Freezer alguna vez lograba llegar a la Tierra, eso significaría que su padre y Vegeta habían fracasado, y no podía imaginar eso. Tampoco podía negar la lógica del Namekuseijin.

-Hágalo rápido, por favor.

Cerró los ojos con fuerza, listo para aguantar el insoportable dolor, pero no sintió nada. Gohan escuchó su cola caer al suelo y abrió un ojo.

-¿Eso es todo?

-No estaba tratando de provocar dolor. Fue un corte limpio, aunque probablemente podría haberte causado un daño grave.

Gohan asintió con la cabeza. Eso fue lo que le sucedió a Vegeta.

-Ahora también podrás mezclarte con los terrícolas, en caso de que alguna vez decidas asociarte más con ellos –Piccolo volvió la cabeza hacia el cielo-. Hablando de terrícolas...

Yamcha y Krillin aterrizaron frente a los dos, y Krillin rápidamente desencapsuló las siete Esferas del Dragón. Reaccionaron la una con la otra, brillando inmediatamente.

-Hola chicos. No hay tiempo para explicaciones, pero básicamente...

Piccolo detuvo Krillin.

-Lo sé. Kaiosama ya me lo contó. Me informará cuando Goku haya completado su plan.

Fue entonces cuando Gohan se dio cuenta.

-¿Dónde está mi papá? ¿Y el tío Vegeta? ¿Y Bulma?

Yamcha suspiró.

-Mira, chico...

-Están distrayendo a Freezer mientras pedimos el deseo. Cuando lo hagamos, ellos también serán transportados de regreso a la Tierra, sin importar su ubicación –explicó Piccolo entrecerrando los ojos hacia Krillin y Yamcha, pero ninguno refutó sus palabras.

-Oh, está bien entonces –Gohan se sentó, con las piernas cruzadas en el suelo. Extrañaba la sensación de su cola detrás de él, pero el señor Piccolo tenía razón. Lo hacía sentir un poco más normal. La inquietud se extendió por su cuerpo, y concentró su visión en las esferas frente a él. En la oscuridad del planeta, el brillo que producían era casi hipnótico. Estaban temblando ligeramente, tan rápido que no se habría percatado si no las estuviera mirando tan de cerca. Tenía el presentimiento de que algo grande estaba a punto de suceder, y una parte de él estaba molesto porque no iba a estar ahí para verlo.


-Gran Patriarca.

El Namekuseijin más grande levantó la vista de su trono, sin sorprenderse pero molesto ante el intruso.

-Dende, ¿por qué estás aquí?

-Estás muriendo. Pude sentirlo... –el pequeño alienígena verde se acercó a su padre con cuidado, aún más decaído cuando escuchó la abrumadora tos escapar de la boca del anciano-. Pensé que podría curarte...

-Dende, arriesgaste mucho viniendo aquí. Tienes razón. Estoy muriendo.

Su rostro se sobresaltó ante la confesión.

-Entonces, por favor, Gran Patriarca, déjame ayudarte.

El gigante Namekuseijin sacudió la cabeza. Las arrugas profundas que cubrían su frente parecían agudizarse aún más cuando otra tos resonó por la gran sala.

-He aceptado mi destino. Los poderes curativos de los Namekuseijin tienen un límite. Me temo que ha llegado mi hora –levantó la mano-. No te preocupes por las Esferas del Dragón, Dende.

Fue entonces cuando Dende notó al otro Namekuseijin en la habitación.

-¡Jefe Muuri!

-Muuri será el nuevo Patriarca. Le estoy dando control sobre las Esferas del Dragón. Cumplirán el deseo de los terrícolas.

Dende parpadeó.

-¿Deseo? ¿Qué...

Los tres Namekuseijin se volvieron hacia la puerta al sentir el gran Ki presente. El niño se congeló y retrocedió ante la asombrosa fuerza de Freezer. La figura blanca y púrpura caminó hacia adelante, sus pasos resonando suavemente. Freezer chasqueó sus labios morados.

-Te reconozco, gusano. Estuviste allí en el primer pueblo con la Esfera del Dragón –sus ojos rojos dejaron de enfocar al chico para dirigirse a los otros dos Namekuseijin-. Su planeta está muriendo. Muéstrenme en dónde están y puedo detenerlo.

Era fácil adivinar que Freezer estaba mintiendo, pero Dende asintió lentamente de todos modos. Namekusei, su hogar, podía sentirlo sufrir, el insoportable daño extendiéndose a su núcleo. Pero Dende necesitaba alejar al monstruo de los dos ancianos. En ellos sostenían el futuro de un nuevo hogar.

-Por favor, señor, sígame –respondió el niño, luciendo de repente mucho más maduro.

XXX

Bulma había estado en silencio todo el viaje, y no es que él no lo hubiera esperado. Por lo que recordaba de cuando era una adolescente, la chica siempre había sido un poco temperamental, y aunque había madurado con los años, todavía no estaba más allá de sus ataques de ira. No es que pudiera culparla exactamente por estar molesta. La noticia que acababa de dejar sobre ella era un poco inquietante. Muy inquietante.

-Sé que esto debe ser demasiado que asimilar.

Ella no respondió directamente, y Goku suspiró. Estaba haciendo todo lo que podía. Esta era la mejor opción posible en la que su mente podía pensar, y por mucho que le hubiera encantado sacar a Freezer por su cuenta, no estaba seguro de poder aprovechar todo el poder que necesitaba. Mantenía viva dentro de él toda esa ira, todos esos momentos dolorosos y muertes de sus seres queridos, enterrados dentro de su espíritu, pero no estaba exactamente seguro de que pudiera sacarlo. Podría llevar un tiempo, y solo tenía menos de una hora.

Vegeta tenía que ayudarlo. O él tenía que ayudar a Vegeta, tal como lo prometió originalmente. Se volvió hacia Bulma, quien a pesar de que ella lo evitaba verbalmente, todavía estaba agarrada a su cuerpo con fuerza.

-Necesitas seguir lo que he planeado, ¿de acuerdo, Bulma?

Ella asintió débilmente y levantó la cabeza para colocarla sobre el hombro de la armadura Saiyajin.

-Me gusta tu nueva ropa, Goku.

-Yo me aseguraré de que esté bien, Bulma.

-Ha querido esto por tanto tiempo. Ese monstruo... ha estado...

-Relájate –intentó mantener la voz tranquila, pero no sabía cómo funcionaría todo al final. Su plan dependía de algo que no entendía completamente, solo una suposición, una corazonada. Y si funcionaba, ¿cómo saber si incluso sería suficiente?

Sus pequeñas manos se apretaron alrededor de él.

-La última vez que desaparecí sin explicación... Sé que lo lastimó mucho.

Goku la miró ante esa declaración. Siempre había pensado que habían ayudado a Bulma en ese entonces. La habían deseado de vuelta tan repentinamente que debió ser desconcertante.

-Pensé que te habíamos salvado.

-Pues, realmente no.

-Podrías habernos pedido que deseáramos a Vegeta de vuelta contigo.

-He pensado en eso.

Se preguntó por qué no lo había hecho. Quizás por Yamcha. Tal vez debido al riesgo de que Freezer los encuentre o que el propio Vegeta no fuera capaz de adaptarse a la cultura pacífica de la Tierra. No era algo que incumbiera a Goku, así que dejó de pensar en ello.

Bulma estaba esperando que él la consolara, que él le prometiera que no dejaría que Vegeta se lastimara nuevamente, pero no dijo nada para calmar sus pensamientos. El Saiyajin levantó la cabeza contra el viento cuando notó el Ki de Vegeta, a solo un par de millas de donde estaba volando Freezer.

"Espero que esto funcione." Se dijo suavemente.

Se desvió del camino hacia Vegeta, utilizando una gran suma de energía para alejarse. Bulma notó el repentino cambio de dirección.

-Goku, ¿puedes explicarme lo que estamos haciendo? ¿O aunque sea... a dónde vamos?

-No más preguntas, Bulma. Por favor.

Ella resopló ante su respuesta inesperadamente abrupta, pero Goku no le prestó atención. No sabía cómo podría explicarle que estaba planeando matarla.


-Joder, se detuvo.

Vegeta atravesó el cielo rápidamente, pero no fue suficiente. El niño Namekuseijin y Freezer tenían un poco de ventaja, y el Príncipe Saiyajin necesitaba conservar gran parte de su energía. No quería arriesgarse a desperdiciar su Ki en volar solo para quedarse sin energía cuando se enfrentara nuevamente al demonio blanco. Sin embargo, Vegeta no entendía por qué Freezer se había detenido. Su Ki permaneció inmóvil durante aproximadamente un minuto, y luego saltó de nuevo, persiguiendo al Namekuseijin a través del paisaje verdeazulado.

"¿A dónde va?"

Bulma tenía las Esferas del Dragón, y estaba actualmente a salvo junto a los otros humanos; lo más lejos posible de Freezer. Solo esperaba que la mujer no protestara demasiado. Goku podía ser demasiado flexible con sus amigos. Pero incluso el aparentemente idiota Saiyajin entendía la importancia de mantener a sus amigos a salvo. Vegeta era la última persona que necesitaba recordarle eso.

El Namekuseijin se detuvo de nuevo, un poco más lejos, y Freezer hizo lo mismo. Ya estaba llegando, podía sentir los dos Kis cada vez más cerca cuando…

Vegeta parpadeó, deteniéndose en el aire.

Había otros dos Kis allí, sin incluir los dos Namekuseijin que había pasado hace unos momentos, ni tampoco los que pertenecían a Freezer y al niño. "¿Qué demonios, Kakarotto?"

Destellos de relámpagos brillaron en todo el cielo. Los acantilados comenzaron a derrumbarse, desmoronándose como arena seca. Este mundo se estaba acabando. Lo había visto muchas veces antes, pero nunca mientras estaba en el planeta. Los ruidos provenientes del núcleo de Namekusei eran casi ensordecedores. Vegeta inmediatamente dejó de enfocarse en los Kis que estaba rastreando para observar un asombroso rayo de luz en la distancia.

Su corazón se calmó de inmediato. El Dragón había sido convocado. Bulma no estaría cerca de este agujero infernal cuando finalmente explotara. "Menos mal". Suspiró Vegeta.

Era una cosa menos de la que necesitaba preocuparse. Vegeta aceleró contra el viento otra vez. Las otras dos señales de energía... le preocupaban. Obviamente una estaba suprimida y probablemente pertenecía a Goku. Pero la otra...

Era débil. Muy familiar. Y casi gritó al darse cuenta de quién se trataba.

¡La maldita mujer tenía que insistir en venir! ¿Que no confiaba en él? ¡Era una tonta como para pensar que podría ser más que un estorbo en esta situación!

-¡Maldición! –su Ki se disparó; la energía a su alrededor casi cambiando de azul a amarillo. Estaba tan cerca de ella... podía sentirla.

Kakarotto, el innegable, insufrible, idiota, la estaba llevando cerca de Freezer. Se acercaban a él cada vez más rápido. ¿Cómo dejó que sucediera esto? ¿Cómo podía no haberse dado cuenta de que la estaba trayendo aquí? ¡Debería haberse imaginado que ella era incapaz de mantener sus narices fuera de este asunto! Debería haberse dado cuenta de que la mujer...

Una increíble explosión de energía se elevó a través del cielo oscuro, luciendo casi negra, tal vez azul oscuro o púrpura en la tenue luz. Su garganta se secó cuando se dio cuenta de que no tenía idea de quién había disparado. Como si eso importara una mierda. Ese era el comienzo de una batalla y Bulma estaba allí.

Voló salvajemente hasta que finalmente vio a Freezer y a Goku enfrentándose en la tierra agrietada debajo de él.

-¡Kakarotto! –gritó, ignorando a Freezer por completo. No podía sentirla. ¡No podía sentirla en ningún lado!-. Kakarotto, ¿dónde está ella? ¡Qué...

-¿Volviste por otra derrota, Vegeta?

El príncipe gruñó antes de volverse hacia el extraterrestre.

-Tú cállate la boca. ¡Ya te arrancaré la garganta, pero primero tengo que averiguar dónde demonios está ella! –Vegeta se sentía completamente colérico; el fuego y energía pura se canalizaban a través de cada músculo en su cuerpo.

Nunca se había sentido tan furioso, tan angustiosamente enojado.

-Vegeta... –Goku levantó las manos, pero había algo mal, algo pesaroso en su aspecto.

Vegeta se sintió enfermó.

-¿Qué pasó? –intentó mantener la voz baja, pero su ira fluía, incluso a través de su voz.

-Vegeta...

-¿QUÉ PASÓ, KAKAROTTO?

El aire se levantó de inmediato, haciendo levitar rocas gigantes de las mesetas demolidas. Freezer abrió mucho los ojos sorprendido, pero Goku... ¡qué demonios pasaba con él! Parecía estar a punto de sonreír.

-Bulma está muerta.

Por un breve momento, su energía desapareció por completo, y la cara de Goku se contorsionó en decepción. Vegeta no podía pensar con claridad. Ni siquiera podía escuchar o sentir el mundo que lo rodeaba.

El universo entero podría explotar y destruir todo en ese momento, por todo lo que le importaba.

-No es cierto.

Goku caminó hacia adelante, un ojo sobre Freezer.

-Lo siento...

Vegeta apareció de repente frente a él, cada músculo contraído.

-¡Ni siquiera trates de disculparte conmigo! ¿Entiendes lo que acaba de pasar? ¡La hiciste morir! La trajiste aquí, y ese monstruo la convirtió en... la convirtió... –formó un puño y golpeó Goku en la mejilla. El joven Saiyajin salió volando hacia atrás con sorpresa, deteniéndose a varios metros de su posición original.

Freezer azotó su cola detrás de él como un látigo.

-Ustedes, los monos, son entretenidos. ¿Pero están seguros de que quieren perder tanto tiempo discutiendo entre ustedes? El reloj está corriendo…

El Príncipe Saiyajin ignoró la cruel voz, la voz que lo atormentaba desde niño.

"Bulma."

Esto no podía estar pasando. ¡Estaban tan jodidamente cerca! ¡Se suponía que ella estaría a salvo, de vuelta en su estúpido planeta anticuado! No aquí. ¡No se suponía que muriera aquí! ¡Maldición!

-¡Kakarotto! ¡No he terminado contigo!

-¡Vegeta, por favor! –Goku se puso de pie, aún con aspecto insatisfecho-. ¡Necesito que me escuches!

Quería arrancarle la cabeza al otro Saiyajin. ¿Cómo esperaba que escuchara?

-Mira, Vegeta. El Super Saiyajin. Sé cómo hacerlo. Lo he hecho. Mira –Goku dio un paso atrás, aparentemente ignorando la ira tangible de Vegeta.

La curiosidad le hizo detenerse y mirar cómo Goku cerraba los ojos. El joven Saiyajin se estaba concentrando, buscando en sí mismo el legendario poder. Su Ki parpadeó, y Vegeta casi pudo sentir la dolorosa explosión de energía que emanó desde Goku. Oro parecía brotar del cuerpo ante él, e inmediatamente frunció el ceño.

-¡No!

Esto estaba completamente mal. Su corazón saltaba, su cabeza estaba en llamas. Podía sentir cada parte de su cuerpo expandirse y gritar, casi como si fuera a estallar. Y dentro de él, una emoción familiar impulsaba todo, una que apenas podía controlar.

Ira.

Estaba enojado, insaciablemente furioso. Bulma estaba muerta. La había dejado morir a manos del ser que más odiaba en el universo. Se suponía que debía protegerla, y ahora estaba muerta, su Ki indetectable, su cuerpo hecho cenizas, producto de un ataque de Ki.

Ella lo había amado. La única persona que alguna vez se atrevió a proferirle esas palabras se había ido antes de que tuvieran oportunidad. Nunca más volvería a tocar su cabello azul ni vería sus hermosos ojos de otro mundo. Ella se había ido, y con ella, una parte de su alma había sido arrancada.

Y ahora esto.

Su derecho de nacimiento, su poder, su destino estaba siendo arrebatado frente a él por el mismo hombre que había provocado la muerte de su mujer.

Vegeta frunció el ceño fuertemente. La energía a su alrededor lo estaba matando. Le ardían los poros, su sudor goteaba y se evaporaba sobre cada centímetro de su piel. Su cuerpo parecía que iba explotar, y no había nada que pudiera hacer para detenerlo.

Cuando su respiración se cortó por completo, solo pudo ver una luz dorada frente a él. Era tan brillante en su vista oscura, tan poderosa en comparación con el aura azul de Goku frente a él.

Estaba furioso, su voz aún áspera.

-Kakarotto... –En el último momento, sintió que su cuerpo casi se hacía pedazos, pero ahora... Ahora había una increíble oleada de poder encendiéndose en él.

Goku sonrió.

-Bien, lo lograste. Qué alivio.

"¿Qué?"

Había algo increíblemente primitivo despertando dentro de él. Se sentía sediento de sangre, vengativo, pero sabía que no debía usar este extraño y sensacional poder contra el Saiyajin frente a él. Especialmente cuando no entendía una maldita cosa de lo que decía.

-Increíble, wow. Tu Ki está por las nubes. Sin embargo, no estoy seguro de cómo me siento con respecto al cabello, no creo que yo luzca…

-¿De qué mierda estás hablando? –Vegeta se le acercó y Goku retrocedió.

-¿QUE ES ESTO? –gritó Freezer junto a ellos.

Vegeta se volvió hacia el tirano pero no sabía qué decir. No entendía lo que estaba sucediendo, estaba demasiado enfocado en su ira, su furia eterna.

-¿Esto? –Goku caminó junto a Freezer y le lanzó a Vegeta una sonrisa-. Creo que se llama el Super Saiyajin.

"¿Qué?"

-Y si no te importa, Vegeta, creo que me gustaría probar mi teoría ahora.

Estaba demasiado atónito para responder. Este poder en su cuerpo era asombroso. Nunca había sentido nada igual, nada parecido. Vegeta vio como Goku gritaba; el Ki amarillo de antes rodeaba por completo su cuerpo en destellos de fuerza brillante. Su cabello comenzó a brillar. Se había enderezado en picos verticales con una luz amarilla brillante. Goku abrió los ojos, revelando verde en lugar de negro.

-Eso es todo.

El joven Saiyajin se volvió hacia Freezer, que sudaba de miedo. Los ojos brillantes de Freezer parecían heridos, aterrorizados.

-¿Q-qué... cómo?

Goku sonrió y se cruzó de brazos.

-¡Pagarás por haber matado a mi hermano, por lastimar a mi hijo, por poner a todos mis amigos en peligro! –Su Ki aumentó, el viento alborotado golpeando a ambos Saiyajin-. Esto es lo que sucede cuando eres puro de corazón y te despierta la ira.

El alienígena sacudió la cabeza y miró a Vegeta.

-¡E-eso no puede ser! ¡El estúpido corazón del príncipe mono no es puro en absoluto!

Él sonrió antes de igualar el poder de pelea de Goku con un tifón de energía. Vegeta sonrió, deleitado en el creciente terror de Freezer.

-Tienes razón –dijo, desapareciendo y volviendo a materializarse justo en frente de Freezer. Más rápido de lo que podía imaginar, una mano de energía dorada envolvió el cuello del lagarto-. Soy solo pura ira.


Solo un capítulo más y el epílogo. No puedo creer que finalmente estemos aquí.