A/N: ¡Hola a todos! Perdón por la larga espera, este capítulo ha sido difícil…

Disclaimer: Los personajes de Akagami no Shirayukihime no me pertenecen. La trama de esta historia sí (si queréis utilizarla, por favor, consultádmelo)

Capítulo 2: De trabajos remunerados y no remunerados

- El trabajo se entregará el día del examen final –decía la profesora Garrack mientras repartía las hojas con las instrucciones –. Podéis consultar la lista de parejas en el tablón al fondo de la clase. Buen fin de semana, nos vemos el lunes.

Con estas palabras, la profesora dio por finalizada la sesión de botánica del grupo 1. Comenzó a ordenar sus papeles mientras los alumnos se apresuraban a recoger los apuntes y corrían al fondo del aula a leer las listas de las parejas.

Entre el bullicio de personas, un estudiante de corta estatura repasaba y recogía sus apuntes en silencio, ajeno al ajetreo de su alrededor. Sus ojos azules escaneaban las hojas sobre el pupitre, mientras se pasaba distraidamente la mano por el pelo oscuro. Musitó entre dientes y apuntó algo en los papeles.

El aula se fue vaciando poco a poco. Entre las pocas personas que quedaban aún estaba Shirayuki, que se dirigió al estudiante que aún estaba sentado en la mesa.

–¡Hola! ¿Tu nombre es Riyuu, verdad? –preguntó cuando llegó a su altura. El joven estudiante alzó la mirada sorprendido y asintió.

–Yo soy Shirayuki, soy tu compañera para el trabajo por parejas –. Explicó con una sonrisa.

Riyuu volvió a asentir. Era un muchacho de pocas palabras, pero de una inteligencia apabullante. Era claramente el estudiante más joven del curso (y probablemente de toda la universidad), ya que apenas contaba con 12 años, pero era el más avanzado de la clase. No solía llamar la atención y muchos estudiantes se mostraban reacios a hablarle, intimidados por su inteligencia o envidiosos de sus logros. Sin embargo, Shirayuki no se contaba entre ellos.

Sostuvieron una breve conversación para determinar algunas tecnicidades respecto al trabajo por parejas mientras salían de la facultad. Riyuu asentía a las sugerencias de Shirayuki y compartía de vez en cuando las suyas. No necesitaron mucha discusión para ponerse de acuerdo, ambos tenían una idea aproximada de qué hacer y unos intereses similares.

El trabajo que tenían que presentar para final de la asignatura era un tanto complejo. Su nota representaba un 50% de la evaluación de la asignatura y proponía a los alumnos realizar un análisis sobre una planta dentro de un catálogo de 150 (que había presentado la profesora en el curso de la asignatura), determinar sus propiedades y usos y presentar uno de estos últimos junto a la entrega de la memoria.

Finalmente, se separaron, tras quedar que cada uno iría tanteando la investigación para luego decidir definitivamente en qué dirección esta avanzaría. Riyuu se fue a la biblioteca mientras que Shirayuki tomó otro camino que la sacaba del campus.

A 20 minutos a pie desde la puerta de la facultad y 30 minutos desde la residencia de Shirayuki, cruzando gran parte del campus hasta llegar a una de las calles circundantes, se encontraba Lyrias, una cafetería no muy grande, de decoración rústica y acogedor ambiente.

Shirayuki se dirigía allí por recomendación de una compañera de residencia, que al enterarse de que buscaba trabajo le había pasado el contacto de la propietaria. La "entrevista de trabajo", que había tenido lugar una semana atrás, apenas había durado 2 minutos, tras los cuales le habían invitado a merendar en la cafetería, mientras le presentaban a los otros empleados. A continuación habían firmado y se habían despedido.

Hoy era su primer día de trabajo, pues, y Shirayuki tenía que reconocer que estaba nerviosa.

–¡Hola! Bienvenida –. La saludó sonriente la camarera que le abrió la puerta del local. Llevaba el pelo recogido en una coleta alta y unos grandes pendientes triangulares

–Ves a dejar las cosas a dentro y a ponerte el uniforme, yo estaré contigo en un minuto.

–Gracias, Yuzuri –. Respondió Shirayuki. Se marchó hacia la trastienda, y casi había entrado en la cocina cuando una exclamación la detuvo en seco.

–¡Espera! Casi se me olvida –dijo atropelladamente la muchacha mientras rebuscaba en sus bolsillos. De ellos extrajo un pequeño objeto que lanzó a Shirayuki en un gesto fluido. Tras agarrarlo, la pelirroja comprobó que era una llave etiquetada con el número 3.

–Para la taquilla.

Tras la barra, una puerta lateral conducía a la trastienda, donde se encontraban, una vez pasada la cocina, los vestidores. De camino, Shirayuki saludó a Makiri, que ponía la cocina a punto para la tarde. También se cruzó con Suzu, que cargaba con un pedido que acababa de llegar; apenas podía asomar la cabeza por encima de las cajas y no parecía muy contento por ello. Él era también camarero, y solía encargarse del mostrador de comida para llevar, aunque Yuzuri sostenía que hacía más bien de " chico de los recados", para enojo del universitario.

En el vestidor, Shirayuki se puso el uniforme, que consistía en unos pantalones negros y un cómodo polo blanco con el logo del local, y guardó sus cosas en la taquilla. Cuando había salido del cambiador y se estaba colocando la placa con su nombre, entró Yuzuri.

–Veo que ya casi estás lista. Ten, esta es la distribución de zonas. Hoy yo me encargaré del lado de la izquierda y tú del de la derecha –explicó pasándole una hoja con un mapa –. Dentro de un cuarto de hora abriremos. Como esta primera hora suele ser tranquila, te voy a ir enseñando qué es lo que tienes que hacer.

A partir de ese momento, Shirayuki se encontró constantemente ocupada. Había un buen puñado de cosas que aprender, desde cómo apuntar las comandas hasta saber qué tipos de asuntos requerían avisar a un superior. Pronto descubrió que todas las pequeñas normas y procedimientos tenían una razón de ser: facilitaban y optimizaban el trabajo efectuado, para que dar un servicio excelente fuese más sencillo. Empezaba a comprender a qué se había referido su compañera de residencia cuando había dicho que en Lyrias el empleado estaba por encima del cliente, sin que este último lo supiera.

Lyrias era una cafetería sin grandes pretensiones, con el personal justo y necesario y un ambiente bastante familiar. Muchos de los clientes que la frecuentaban eran asiduos: se pasaban por el local como mínimo una vez a la semana para charlar, participar en algún evento de la casa o estudiar. Lo que resultaba en un espacio polivalente, donde la constante era siempre la comida y bebida.

A medida que pasaban las horas y afuera bajaba el sol, el establecimiento se fue llenando. Durante el "pico de las cinco" (como lo llamaba Yuzuri) se llegó a formar una cola delante del mostrador de comida para llevar, lo que tuvo un buen rato ocupado a Suzu. Por su parte, Yuzuri y Shirayuki iban ajustando y desajustando zonas, ya que, como había comentado Yuzuri entre risas en uno de sus descansos "los clientes no tienen la decencia de ocupar homogéneamente el local, van o todos a un lado o todos al otro".

–¿Así que eres la nueva camarera? –. Le preguntó a Shirayuki un universitario mientras ella le tomaba la comanda.

–Sí, de ahora en adelante voy a estar trabajando aquí –contestó ella una vez más.

Era el tema del día: Shirayuki había sido presentada a media docena de clientes, y la otra mitad se habían presentado ellos mismos. Tampoco habían faltado comentarios sobre el color de su cabello, pero no habían ido más lejos que de simples cumplidos. La clientela del café era de lo más variada: desde jóvenes como el que estaba atendiendo Shirayuki en ese momento, hasta hombres de mediana edad, como el señor de mirada severa que se había sentado en la zona de Yuzuri y al que todos se referían como "entrenador".

–¿Esto será todo? –preguntó.

–Ah, así es –respondió él, como despertando del estupor. Shirayuki retiró la carta de la mesa y desapareció hacia la cocina, ajena al azoramiento del cliente.

En ese momento las campanillas de la puerta sonaron, dando paso a un bullicioso grupo de universitarios, que Yuzuri se apresuró a acompañar a la mesa que habían reservado. Todos los miembros del grupo llevaban cintas negras en la frente y más de uno saludó a algún cliente.

–Esto va animarse pronto –le comentó Yuzuri a Shirayuki cuando se le unió en la barra para pasar la comanda a cocina.

–Suzu, necesito que me ayudes a cargar con las bandejas, ven y deja a Makiri cocinar en paz.

Yuzuri pronunció estas palabras asomándose ligeramente por la ventana que conectaba con cocina, justo a tiempo de ver como el interpelado alzaba una ceja, parando su discurso a media frase. Se encontraba dentro de la cocina, hablando con Makiri despreocupadamente mientras éste giraba unos crépes en la sartén.

–Yuzuri, te recuerdo que estoy en mi descanso –dijo en tono seco con un centello desafiante y divertido en la mirada. Esto no amilanó a la camarera, que insistió de nuevo.

–Son veintitrés bebidas y cinco bandejas de nachos, no puedo con ellas sola. Después he de servir dos mesas más y Shirayuki también está ocupada –. Insistió ella. Suzu, suspiró con fingido dramatismo y entonces fue el turno de Yuzuri de alzar una ceja.

–Si insistes… –. Empezó a decir mientras despegaba su espalda de la pared donde se apoyaba.

–Ya que vas hacia allí, sácame los crépes de Shirayuki –. Le interrumpió Makiri despreocupadamente mientras preparaba a toda velocidad las bandejas de nachos.

–Y trae más hielo –. Añadió Yuzuri desde la barra, donde había comenzado a sacar vasos y servirlos.

Situada al lado de su compañera, Shirayuki pudo descubrir como se le escapaba una sonrisita mientras daba la espalda a la ventana.

–Perdonad… –. Comenzó a decir Suzu con tono irritado.

–Por favor – se apresuraron a contestar los interpelados con fingida inocencia. A estas alturas, el cocinero apenas podía contener la risa y Yuzuri sonreía de oreja a oreja.

Suzu alcanzó a las chicas en la barra murmurando por lo bajini algo parecido a "explotación laboral", palabras que Yuzuri fingió no haber oído. Entre servir una mesa y otra, Shirayuki pudo ver como preparaban el pedido, Yuzuri tomando el control de la situación y Suzu ayudándola y haciendo comentarios irónicos de tanto en tanto, que arrancaban sonrisas que Yuzuri intentaba ocultar en vano.

Shirayuki cruzaba la sala cuando de improviso oyó a alguien llamarle por su nombre. Se giró sorprendida y se encontró cara a cara con Zen. Llevaba en la frente una cinta negra y el pelo ligeramente despeinado.

–¡Hola! No sabía que trabajabas en Lyrias

–He comenzado hoy. ¿Sueles venir por aquí? –. Se interesó Shirayuki.

–Sí, bastante a menudo –contestó él –. Hoy hemos venido con los del equipo, para inaugurar el año.

Shirayuki se disponía a preguntarle por esto último, cuando un carraspeo a sus espaldas la interrumpió.

–¿Acaso no hay nadie aquí que pueda atenderme? –Al oír esa voz, un ligero escalofrío recorrió a la pelirroja.

–Perdona, la culpa es mía –se adelantó Zen a responder –. Nos vemos más tarde.

Shirayuki asintió y se dirigió al cliente que acababa de entrar: Raji Sherezade.

–¿En qué puedo servirle? –


A/N: Bueno, ¿qué os ha parecido? Cualquier duda, sugerencia etc... ¡Son bienvenidas!

En Navidad intentaré publicar otro capítulo, pero estoy de exámenes de la uni y no sé si tendré mucho tiempo para escribir... Ya se verá :)

Gracias por leer y comentar.

mutemuia: ¡Gracias a ti! Lo cierto es que cuando comentaste aún no había pensado cómo se podría vengar... Son buenísimas las sugerencias, por cierto xD

katty-sama: ¡Gracias! Sin duda en la Universidad de Clarines hay dos príncipes, uno con mejor fama que el otro, pero aún es pronto para decirlo. Ya veremos en los siguientes capítulos...